50 picogramos y 11 a ños

En ocasiones los números se muestran como las estrellas y se alinean para poner luz a la realidad oscura que los envuelve.
50 picogramos de clembuterol en la sangre de Alberto Contador han supuesto el rechazo unánime de la sociedad española a una decisión de un tribunal, en este caso deportivo, pero igualmente amparado por el silencio impuesto a sus decisiones, lo contrario siempre será peor, como si advirtieran de una amenaza nada aconsejable. 11 años de inhabilitación escritos con la sangre de Baltasar Garzón por el contrario han llevado, no a la división, esta ya existía, sino a la escenificación de un enfrentamiento mantenido históricamente a base de batallas, unas con victoria otras con pérdidas, todas con derrota para una convivencia que aún se apunta lejana. Ceder el escenario a unos para que luego estos te lo devuelvan cuando toque no es convivir, todo lo contrario es vivir en la marginalidad del “mientras tanto” intentando alargarla o acortarla según se esté en el proscenio o entre bambalinas, convivir es vivir todos juntos respetando las diferencias del otro y las normas que nos hemos dado, no viendo al diferente como una amenaza ni a sus ideas como un ataque.
Y para conseguir la convivencia no hay que partir de cero, sino de la igualdad, aquí las matemáticas no sirven, eso del borrón y cuenta nueva lo que nos dice es que se ha producido un error  que hay subsanar, no emborronar, sobre todo si debajo de él lo que se esconde es la injusticia.
Durante estos días se ha oído de todo para justificar la condena a Garzón, que es un juez estrella, que sus instrucciones eran incompletas y deficientes, que buscaba más el protagonismo mediático que la justicia en sus resoluciones… críticas en lo social, en lo político y en lo jurídico. Sin embargo nunca nadie lo denunció cuando, según sus argumentos, las actuaciones estaban repletas de irregularidades, ha tenido que ser ahora al iniciar la investigación de los casos de desaparecidos durante la dictadura de Franco, y al investigar la trama Gürtel de posible financiación ilegal del Partido Popular cuando las críticas se han convertido en denuncias, y las denuncias en sentencias condenatorias.
Argumentan que la sentencia es técnicamente intachable, aunque no todos los juristas coinciden en ese análisis, pero el problema no es ese. Faltaría más que además de las circunstancias de los hechos, del aval del Ministerio Fiscal y de otros magistrados que estaban investigando la trama Correa, que la sentencia no cubriera los requisitos formales del Derecho. La interpretación de los hechos da para que un mismo suceso pueda ser considerado de una forma o justo de la contraria según la posición de jueces y tribunales, de esto los recursos están llenos de pruebas, por lo que una sentencia ajustada a Derecho no quiere decir que refleje una verdad, sólo lo que se ha podido probar sobre la interpretación de los elementos de prueba admitidos, puesto que los no aceptados no han podido ser considerados.
La forma de presentar el resultado de la sentencia del Tribunal Supremo parece una victoria para muchos, y me pregunto ¿qué han ganado?. ¿Inhabilitar a un juez es una victoria…?, no lo creo, se han producido otras inhabilitaciones de jueces en estos últimos años y no ha habido ningún reflejo social, mediático ni político. Entonces tendrá que ser que el juez inhabilitado es Garzón, pero por qué se ve como un triunfo. ¿Por haber sido un juez estrella, por haber combatido el narcotráfico, por haber sido incansable con el terrorismo de ETA, por no haber cejado en la investigación de los GAL…? No parece que estas puedan ser las causas, porque las críticas que ha recibido a lo largo de su trayectoria han partido de sectores muy diferentes y nunca  de quienes ahora han interpuesto las denuncias que lo han conducido a la inhabilitación. Esto quiere decir, al margen de la mayor o menor carga emocional según los afectos que se le tuvieran, que lo que ha determinado esa sensación de victoria han sido los temas abordados en estas últimas investigaciones por el Juez Garzón: los desaparecidos del franquismo y la posible financiación ilegal del PP.
Si esto es así, y todo indica que lo sea, debemos estar muy preocupados si lo que buscamos es la convivencia y no arrebatar el escenario a nadie. Decía que para convivir debemos respetar las diferentes formas de pensar, creer y sentir, no imponer las nuestras, y convivir exige compartir. La “calle no es de nadie”, y por tanto nadie puede intentar dirigir el tráfico de las ideas, de las personas y de sus sentimientos si circulan dentro de la legalidad, una legalidad que debe ser interpretada desde esa referencia común, no desde las posiciones particulares de quien tiene la potestad de interpretarla, el tiempo de los hechiceros ya quedó muy atrás.
Y para alcanzar la convivencia, decía también, debemos partir de la igualdad, no de cero, y ello requiere encontrar referencias comunes, no bastan las buenas palabras y menos aún olvido. El olvido casi se logra sobre el desconocimiento, mucha gente en España no sabía nada de la represión del franquismo y, en consecuencia, no consideraba que el tema de la memoria histórica fuera importante, parecía una invención para desestabilizar, no una necesidad para crecer como pueblo. Han tenido que ser las víctimas reclamando justicia, y sobre todo humanidad, las que han movilizado a la sociedad para recuperar a sus seres queridos aún abandonados en cunetas y barrancos y poder darle descanso a su memoria y a sus recuerdos. El hecho de que ante algo tan obvio y humano como puede ser atender a esa sencilla exigencia se muestre tanto rechazo, ya es lo suficientemente ilustrativo para entender lo que detrás de esas conductas se esconde, y de cómo la reivindicación se percibe como un ataque o como una revisión de una sentencia que la victoria dictó. Y encima dicen que las víctimas se mueven desde el rencor… Sé que hay quien no quiere enfrentarse a esa realidad y explica lo sucedido por lo terrible de una guerra, pero ¿hay alguien que lo defienda, que no atienda a la demanda de las víctimas?, ¿hay todavía quien se siente identificado con lo que se hizo y defendió desde el franquismo?
Está claro que sí, no quiero parecer iluso. El problema que quizás no se haya valorado lo suficiente es que al hablar de la memoria  histórica todos recuerdan, los que sufrieron la violencia y los que la causaron, pero mientras que las víctimas sólo tienen la Justicia a su alcance, parece que los autores aún cuentan con elementos de la Administración de Justicia para seguir imponiendo su ley.
Un Estado Democrático de Derecho cuando pierde el segundo apellido no pasa a llamarse Estado Democrático sin más, sino que desaparece como tal en toda su dimensión. Ni es Estado, ni puede ser Democrático con la Justicia al servicio de determinados intereses, ni por supuesto puede ser de Derecho cuando este es manipulado por la Institución que ha de aplicarlo.
Todas estas circunstancias exigen una reflexión en voz alta, un debate del que pueden salir críticas a la sentencia y al tribunal que la ha dictado, y no debe escandalizarnos ni entender que supone un ataque o un debilitamiento de la democracia. Lo único que faltaba es que se haya superado el temor de lo divino y ahora impongamos el judicial. La independencia de los poderes no exime de la crítica, podrá exigirse un tratamiento más protocolario o institucional desde cada uno de los poderes, pero no desde la sociedad.
Pero como esto va de sorpresas, lo que llama la atención es que quienes aún no han cesado en sus críticas a  resoluciones judiciales o al Tribunal Constitucional por temas como la sentencia del 11-M, el auto del caso Faisán, o la sentencia del Estatuto de Cataluña, por ejemplo, ahora piden respeto y silencio, sobre todo silencio.
 

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