Educación para la Citizenship

Seré una víctima de la LOGSE, pero no termino de entenderlo. Nuestro sistema educativo es una ruina, no hay manera de que nuestros jóvenes logren aprender matemáticas, lengua, historia o conocimiento del medio por más horas que incluyan en el curso, y sin embargo una asignatura  como “Educación para la ciudadanía” no sólo es capaz de que aprendan todo su contenido, sino que también hace posible que cambien la forma de pensar e interpretar la realidad, lo cual no deja de ser admirable. De manera que todos los profesores hora tras hora, semana tras semana y así todos los trimestres no logran que enderecemos el inclinado informe Pisa, y en cambio, un par de horillas de vez en cuando de esa malévola asignatura consigue que cambiemos el mundo. No está mal. Lo mismo ocurre con los padres, que nos pasamos los días y las semanas intentando que nuestros hijos e hijas sean un poco más educados con un resultado más prometedor que exitoso, y en cambio el influjo de la “Educación para la Ciudadanía” los transforma en lo más profundo con tan sólo acercarse al aula. Algo debe tener esta asignatura cuando la bendicen de ese modo. La supresión de “Educación para la Ciudadanía” no se debe a una decisión de última hora, sino a la culminación de una estrategia que se puso en marcha desde el primer momento en que se planteo su inclusión en el programa educativo. Empezó mal al ser contrapuesta con la asignatura de Religión, y terminó fatal al incluir dentro de sus contenidos cuestiones sobre temas tan sensibles como es todo lo relacionado con la igualdad y la sexualidad, de hecho, no por casualidad, las críticas más feroces se las ha llevado lo que los bien educados ciudadanos que estaban en contra de ella pasaron a llamar “ideología de género”.  Daba igual que se estuviera hablando de valores constitucionales, lo importante era que se daba una visión diferente a muchos acontecimientos históricos que hasta el momento nos habían sido presentados desde la posición de quienes han salido beneficiados de ellos, y que se cuestionaban algunos valores y estructuras hasta ese momento reforzadas por el muro de silencio que las rodeaba. Con esos dos componentes, explicación de los hechos históricos de forma diferente y cuestionamiento del modelo uniforme de convivencia, no podía llegar muy lejos. Pero lo que resultaba inaceptable era la intencionalidad. Según se nos ha dicho, lo que en el fondo escondía la asignatura no era mejorar el conocimiento y por tanto la convivencia social, sino adoctrinar a la juventud para que el futuro cayera en las manos de las hordas antisistema. Un argumento sorprendente y paradójico. Cuando se habla de igualdad se dice que se hace desde la “ideología de género” y que busca adoctrinar a los jóvenes, en cambio cuando se guarda silencio en educación para que continúen los valores de la desigualdad y las conductas que nacen de ellos, como por ejemplo la violencia de género, no se considera que se hace en nombre de una ideología determinada y de unos valores concretos, ni tampoco que esté adoctrinando a nadie. Para quien critica la igualdad la difusión del modelo tradicional no es adoctrinamiento, cuando en realidad lo está haciendo con un objetivo claro y definido, que es no dar entrada a aquellos valores y referencias que puedan cuestionar el modelo histórico tomado como referencia universal en cada cultura, en cambio, todo lo que suponga una crítica a dicho modelo se ve como una interferencia externa que viene a romper la tendencia natural en los jóvenes de reproducir el modelo de siempre. Hay miedo a la libertad y miedo a los valores que vienen con ella, por eso preocupa dos horas a la semana de Educación para la ciudadanía, y por eso se le ataca con el fantasma de la ideología, para que se pueda continuar con el adoctrinamiento histórico del orden natural construido a su imagen y semejanza desde la ideología conservadora. Luego se preguntan que por qué se produce la violencia de género, o por qué hay racismo o se teme a otras religiones y creencias… La respuesta es fácil, si no nos enseñan a convivir como ciudadanos, cuando se producen conflictos y uno se cree en una posición superior a la del otro, la discusión no se entiende como una exposición de diferentes argumentos, sino como un ataque a lo que es el orden establecido. Y claro, cuando se ataca algo sagrado la respuesta siempre se mueve por los barrios de la violencia. La solución para esas posiciones es clara, suprimir la asignatura y todas sus derivadas, quizás por eso hayan suprimido el programa de las oposiciones de educación, porque entre sus temas había referencias a la igualdad, a la libertad, a las diferentes culturas y creencias… La situación era clara, no se trataba de unas oposiciones al uso, sino de oposiciones para “enseñar a educar en ciudadanía”, algo inadmisible en estos tiempos críticos. La otra opción es lo que hizo alguna Comunidad resistente e impartir la asignatura en inglés, eso de Educación para la Citizenship suena a otra cosa y, además, seguro que muchos no se enterarán del todo cuando se hable de equality, liberty and fraternity .

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