EL ” PLAN T “

La situación económica y social es grave y cada vez se alarga más, como la sombra de la duda al atardecer. Si ante cada opción para abordarla se hubiera propuesto un plan, comenzando por el “Plan A”, probablemente  ya habríamos dado varias vueltas al abecedario sin haber salido de un laberinto del que otros tienen la llave, salvo que hubiéramos decidido romper los muros que nos atrapan en esa espiral de razones y justificaciones. Pero cada mañana despertamos como marmotas ante los mismos argumentos y con la misma ausencia de soluciones, parece que sólo es posible el “Plan A” adoptado, y como mucho se pregunta por un posible “Plan B” que nadie  conoce.
Todo parece consecuencia de una especie de determinismo político en el que sólo se puede hacer lo que se puede hacer, más o menos fue lo que dijo Rajoy cuando manifestó que “hay que hacer lo que hemos hecho” (19-2-12), o lo que es lo mismo, que se ha hecho lo que hay que hacer, algo similar a las palabras del Ministro de Economía y Competitividad, Luís de Guindos el pasado 2-1-12, refiriéndose a las medidas adoptadas en el Consejo de Ministros anterior: “si no hubiéramos aprobado las medidas, nos las habrían impuesto otros”. No hay más opciones y cualquier alternativa es presentada como una irresponsabilidad y como un ataque contra el Gobierno, contra España (porque damos mala imagen), y contra, lo que me parece más grave, quienes están sufriendo de manera más intensa los golpes de la crisis.
No creo que la falta de una reforma laboral haya sido la responsable de la crisis financiera mundial ni de que los bancos españoles no tuvieran capital para créditos, tampoco creo que pueda explicar por qué la crisis y el paro han afectado a toda Europa y a las economías más ricas del planeta, ni entiendo que se pueda hablar de la situación del desempleo en España sin hacer mención a que la mayoría de los puestos de trabajo que existían (y que se han perdido) estaban sobre un andamio y en equilibrio inestable, de manera que cuando se le ha quitado uno de los puntos de apoyo todo se ha venido abajo. Olvidar esas obviedades para presentar un “Plan A” como única opción conduce al conflicto,  pues por muy coherente que sea y por muy claro que se tenga, al final no deja de ser la visión de una parte de la sociedad y del problema, y por tanto incompleta. La mayoría absoluta da más votos, pero no más razón.
La reacción de los sindicatos ha sido proponer alternativas, primero un Plan B, después un Plan C, le siguió un Plan D, luego el Plan E… pero no han conseguido nada. Ahora plantean un nuevo plan, un plan que ante la falta de alternativas y de diálogo han llamado “Plan T”, o lo que es lo mismo, un “plante”, un plante global o huelga general que, según las informaciones, no tiene como objetivo parar a España, sino sentarse para evitar, precisamente, que se pare.
No creo que el gobierno mueva ficha más allá de la escenificación, una huelga general es una especie de reconocimiento para determinadas posiciones, algo de lo que presumir ante sus socios, de hecho ya lo hizo Rajoy en Bruselas antes de cualquier insinuación sindical (31-1-12).  Y tiene razón cuando dice que no va a servir para nada ni que es lo que necesita España, ningún país necesita una huelga general nunca, pero se equivocan si piensan que todo este malestar se debe a la política de salón de una izquierda para ocupar la calle, las manifestaciones del 11M han sido muy significativas y demuestran lo contrario.
El consenso siempre es un éxito, no un fracaso. No se es más débil por alcanzar un acuerdo ni más fuerte por imponer una posición.

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