LA SUBIDA DEL ” IBA “


Sí, como lo oyen, a pesar de las afirmaciones de que no van a subir los impuestos, ha vuelto a subir el “iba”… y el “venía”. Y hablo en pasado porque muchas personas tendrán que quedarse quietas, otras paradas, por no poder soportar la presión de un lazo que se va cerrando poco a poco a través del incremento de los impuestos indirectos, eso al menos es lo que oigo en las estaciones de servicio de boca de muchos trabajadores y trabajadoras cuando pongo combustible en mi coche.
Ha subido la gasolina, el precio más alto de la historia (1’44 euros/litro), y los trayectos, el de ida y el de vuelta, se hacen un poco más cuesta arriba en este ascenso a la nada que nos hemos propuesto conquistar. Subir los impuestos indirectos es una injusticia más, y hacerlo del mismo modo en quien utiliza un vehículo como pieza de su trabajo y en quien lo usa para el ocio es un ataque a la economía que tanto preocupa.
No es fácil entender cómo se puede llamar de manera tan insistente al espíritu emprendedor y a la iniciativa de los autónomos para reactivar la economía, y luego adoptar medidas por las que no pueden “emprender” la aventura del trabajo, y si lo hacen la “autonomía” de viaje no va más allá de 30 días ante la imposibilidad de llenar el depósito.
Todo cambia sin que nada se mueva, y quizás sólo sea un experimento para aplicar luego al control de las comunidades: del mismo modo que el autónomo no se puede mover sin gasolina, si se le quita el combustible de la financiación a las comunidades su autonomía será menor. Da igual que tengan estatutos con más o menos historia y que su motor empresarial cuente con más o menos caballos, si carecen de combustible no podrán moverse con autonomía y dependerán de la nave nodriza del Estado. No hará falta un limitador de la velocidad, radares ocultos para multar ni techo de gasto descapotable, sólo dosificar la gasolina administrativa.
Hemos pasado del “lleno, por favor” al “ya no, por favor”… pero no en llano, sino en cuesta arriba y con frenos.

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