Paternidad

Hoy Elena Sevillanos ha publicado en el Extra de El País un reportaje titulado “Los rostros de la paternidad” del que formo parte junto a mis hijos Miguel y Manuel. El proceso de la entrevista y las fotos fue muy divertido y muy interesante, eso de hablar con Elena por Skype junto a mis hijos fue toda una experiencia, hasta el punto de que en un momento preferí salir de la habitación para que charlaran tranquilamente con ella. Lo pasamos bien y Elena ha sabido recoger ese ambiente en su texto. Me gustaría contribuir al debate que ha generado su artículo con unas breves anotaciones, habrá nuevas oportunidades para continuar hablando del tema.

Las mujeres han desarrollado la maternidad como parte de su identidad mientras que los hombres han ejercido la paternidad como una parte de sus obligaciones. Un hombre sólo era cuestionado como mal padre si no garantizaba el sustento de sus hijos e hijas y si no los protegía de las amenazas externas, daba igual que fuera él quien causara sus miedos en el interior del hogar. Era la figura del proveedor-protector vinculada a sus roles en  el ámbito de lo público.
Los tiempos han cambiado, los hombres no tanto, pero la mayoría quieren hacerlo. Algunos tienen miedos, casi todos dudas, otros temen perder los privilegios que ahora poseen, y muchos no ven qué obtienen con el cambio. Hace falta igualdad, no sólo intercambiar y asumir funciones. Enfrentarse a uno mismo es quizás el reto más difícil, por eso los hombres han huido tanto de su mirada, aprendieron a mirarse al espejo, pero no a verse… y prefieren ser eso que creen que son en lugar de tomar conciencia de lo que no son. La sombra de la masculinidad siempre es más larga que su figura, da igual lo alto que esté el sol.
Son padres porque tienen hijos e hijas, responsables porque dan protección, se sienten queridos porque imponen respeto, y necesarios porque mantienen el orden, pero nada de ello es lo que define a la paternidad. Cuando los hijos están fuera lo que echan en falta es el cariño y el afecto de quien tiene la generosidad de entregarlo, aunque al hacerlo esté mostrando lo débil que es. Esa es la fuerza y la grandeza de la paternidad responsable, de la paternidad afectiva más allá de lo biológico y lo material.
Las mujeres nos han entrenado en esa fuerza a través del ejemplo. Aún tenemos mucho que aprender y que aplicar en nuestras relaciones, y no está mal hacerlo con la humildad de quien está en deuda y con el reconocimiento hacia quien lo ha hecho de forma desinteresada.
Y por favor, que no se cuestione la maternidad y la libertad en las mujeres con debates dirigidos.
*Aquí os dejo el poema que se reproduce en el reportaje:
VIAJE
Tengo ganas de iniciar un viaje
contigo,
caminar a tu lado por
las tierras conocidas de la memoria
y el terreno amenazante
del amor,
ensañarte todo lo que no sé
y aprender de lo que tú conocerás
que yo no alcanzaré ya.
El tiempo que antes nos distanciaba
nos ha sentado en un mismo vagón
para esta etapa,
etapa de sueños incompletos, de miedos disfrazados,
de dudas seguras y de amor y emociones
con partidas y venidas…
Quiero iniciar este viaje que
me separará definitivamente de ti,
pero que antes nos unirá
para siempre.
Es el viaje de la vida,
hijo,
y el destino eres tú.

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