Aborto, huelga y libertad

La reforma laboral ha sido la confirmación de una estrategia basada en la altivez. Pocos dudan de la necesidad de reformas y de la urgencia de adoptar medidas para salir de la crisis y mejorar la economía, pero sí se cuestiona que sólo haya una forma de abordar los cambios y una única salida a la que dirigirse. La reforma laboral ha sido la demostración de una estrategia construida sobre el engaño, de hecho, si sólo existiera una forma de afrontar la situación no habría sido necesario mentir, y todo lo que ahora se ha llevado a cabo se habría planteado tranquilamente desde el principio, antes de las elecciones del 20N. El hecho de decir primero una cosa y después hacer otra es una clara demostración de la conciencia y necesidad del engaño.

 

Todo esto no es casualidad, y parte del esquema utilizado por las posiciones más conservadoras de la sociedad. Un esquema ideológico basado en la existencia de un orden natural construido sobre sus valores tradicionales, y en considerar dicha organización social superior a otras opciones y alternativas. Desde esa concepción, cualquier variación que modifique las referencias clásicas es considerada como un desorden que necesita ser corregido, y cualquier cuestionamiento un ataque que debe ser reprimido.

Se trata de un esquema de pensamiento que es aplicable a cualquier situación, como de hecho hemos visto en estas últimas semanas.

La crítica al matrimonio entre parejas del mismo sexo, que rápidamente apareció en la agenda política tras las elecciones,  lo que demuestra es el rechazo a la igualdad, algo propio en quien considera que su posición, ideas y valores son superiores, y que, por tanto, el resto no sólo son distintos, sino que, sobre todo, son inferiores. Para estas posiciones, los homosexuales no son “homo”, no son iguales a los heterosexuales y, en consecuencia, su unión no puede llamarse de la misma forma que la que vincula o consagra a un hombre y a una mujer, que es el único modelo válido para sus planteamientos.

Con el aborto hemos visto un esquema ideológico y argumental similar en las palabras del Ministro de Justicia, Ruíz Gallardón. No se ha discutido, como se hizo en otros momentos, sobre el embrión, el inicio de la vida, el día 14 o la semana 22, de lo que se ha hablado es de lo que significa ser mujer y cómo para la concepción conservadora llegar a ser “auténticamente mujeres” significa pasar por la maternidad,  de ahí que haya que hacer todo lo posible para que lo sean: sí a las ayudas, pero no al preservativo y a la píldora.

El planteamiento que se defiende no es que la mujer decida, sino hacerle entender que no hay alternativa y llevarla hasta el destino de la maternidad, que es su verdadera (y única) meta. Todo lo que no sea así es una “violencia de género estructural” que las obliga a abortar, como si su decisión fuera producto de la alienación producida por el feminismo.

Con la huelga del 29M se ha reproducido el esquema de pensamiento. Se ha dicho y repetido por parte de los Ministros y la Ministra del ramo que la huelga era una tontería y que no tenía sentido porque no se iba a modificar nada de la reforma laboral, demostrando una vez más cómo se parte de una posición de superioridad que niega al otro y las alternativas, en este caso a los trabajadores y a la adopción de otras medidas que protejan mejor sus derechos. Los trabajadores son presentados, una vez más, como esas personas que no saben lo que es mejor para sí mismos, y para ello se recurre a la idea tradicional de trabajador como persona sometida al patrón. El trabajador lo que tiene que hacer, según esta concepción, es obedecer y cumplir, no opinar, y menos reivindicar. Esa es la forma de ser “auténticamente trabajador”. Y como el esquema de pensamiento es el mismo, también aquí aparece un enemigo identificado. Del mismo modo que en los temas de igualdad y mujeres el feminismo es presentado como un elemento alienante, en el escenario laboral el movimiento obrero es exhibido como responsable de una “violencia sindical estructural” que lleva a los trabajadores y trabajadoras a la huelga que no desean, lo mismo que las mujeres llegan al aborto sin querer.

Cuando hay problemas la huelga no aparece como primera opción, lo mismo que no suele hacerlo el aborto, pero ambas conductas son consecuencia de la libertad de las personas que deciden atendiendo a las circunstancias que viven, las cuales nunca son accesibles del todo a través de los ojos ajenos. Si en lugar de criticar los resultados según afecten más o menos a las posiciones particulares se hiciera el esfuerzo de entender las motivaciones que llevan hasta ellos, seguro que estaríamos más cerca y podríamos ver lo mismo con nuestras miradas y, en consecuencia, encontrar un elemento de encuentro y una palabra para compartir.

Para quien parte de esa idea de superioridad y poder es más fácil criticar y reprimir, no sólo porque cree que resuelve su problema, sino porque se refuerza aún más en sus valores.

Aunque parezca paradójico, la única institución que lleva varios días de huelga es el Gobierno, que tiene la obligación y la responsabilidad de escuchar y de dialogar, aunque luego haga lo que estime oportuno, y no lo ha hecho. Lo dije y lo repito: “la mayoría absoluta da más votos, no más razón”.

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