Los Huevos Kirchner

La idea es original, poner un regalo rodeado de chocolate para reclamar el interés de los niños. Unos lo querrán por el regalo y otros por el chocolate, la mayoría por las dos cosas, aunque a veces nos sorprendan y una vez aclarado el misterio que guarda en su interior, dejen chocolate y regalo para otra ocasión u otro niño.

El caso es que el huevo de chocolate con su regalo dentro se ha convertido en todo  un clásico, y en unas ocasiones por el deseo de agradar al hijo o a la hija, y en otras por esa sensación de culpabilidad que acompaña a los padres cuando no han estado todo el tiempo necesario con sus hijos, el huevo con la sorpresa termina en manos de esos menores agradecidos.

En Argentina da la sensación que ha ocurrido algo similar. En unos momentos  de patriotismo reivindicativo y conmemorativo por las Malvinas, y con esa sensación que da no haber hecho todo lo posible, o no haber sabido hacerlo todo lo bien que hacía falta para evitar el enfado general, alguien ha tenido la idea de pararse de vuelta a casa para comprarle un regalo a los niños,  a ver si así  se les pasa el enfado y vuelven a querer a papá o a mamá. Y qué mejor regalo en una época de crisis y con la energía por las nubes, tanto por el precio como por el CO2 que libera, que la compañía Repsol-YPF. Una compañía conocida y solvente es más que un presente, es un futuro seguro y con agua caliente y calefacción central garantizada.

El problema es que para regalarlo antes se lo tienen que quitar a su dueño, y eso no está bien. La idea es buena pero no original, y además es ilegal. Quizás por esa razón al final han tenido que recurrir a un regalo de imitación, y claro, la calidad no es la misma. En lugar de ser de chocolate resulta que es de “chocolate del loro”, y lo que sonaba en su interior no era un pequeño juguete, sólo un garbanzo que alguien puso para confundir… La verdad es que se ha montado mucho lío, pero sólo había que haberse fijado en la envoltura para darse cuenta de que se trataba de un modelo de imitación. Los falsificadores siempre actúan del mismo modo, mantienen una estética similar y luego buscan un nombre parecido, como por ejemplo “Motorela” por Mortorola, “Mitusbishi” por Mitsubishi, “Ferarri” por Ferrari, o “Lacosta” por Lacoste… Lo dicho, sólo teníamos que habernos parado a leer despacio y darnos cuenta de lo que ponía, estaba muy claro, decía “Huevo Kirchner” en vez de “Huevo Kinder”. No hay que precipitarse, la imitación era buena, pero nada comparable al original.

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