La escopeta nacional

En 1977, Luis García Berlanga apuntó con la mira de su ingenio a la sociedad española de la época, y le disparó con su “Escopeta nacional” para mostrar después la pieza en esos espejos urbanos que eran las pantallas de cines solitarios repletos de gente. Muchas cosas han cambiado desde entonces, otras no. Ahora los espejos son los grandes escaparates comerciales y los cines aparecen en compañía de múltiples salas, pero están vacías y las pantallas tampoco son espejos, sólo ventanas por las que escaparnos a una realidad aún más virtual.

Hoy, 35 años después, la actualidad sigue protagonizada por esa “Escopeta nacional” que se reúne en cacerías para hablar del resto de la sociedad como si no formara parte de la suya, o que se junta en reuniones para dar caza a objetivos salvajes, lo que no estoy seguro es del título que le pondría Berlanga a la película si la rodara hoy, “La escopeta nacional” o “Los escopetas nacionales”.

“Las armas las carga el diablo”, dice el refranero popular, y como quien carga las armas suele estar cerca de quien luego las utiliza, lo que nos dice nuestra sabiduría es que hay quien se van de caza con el diablo para disparar juntos y después hablar de lo divino y de los humanos, por eso hay que andarse con cuidado. En estas últimas semanas se han producido dos sucesos de “escopeta nacional”, uno de los nietos del Rey se dispara en un pie, y luego el propio Rey se dispara en su imagen al acudir a una invitación para cazar elefantes en África rompiendo las reglas y una de las caderas  en  juego, es cierto que luego ha cogido el toro por los colmillos y ha pedido disculpas, pero la cicatriz permanecerá en su imagen para siempre como lo hará en el pie de Froilán. No son las primeras víctimas reconocidas de ese tipo de reuniones, una cacería fue la que le costó el cargo de Ministro de Justicia a Bermejo, y el juez que le acompañó, Baltasar Garzón, quizás fue en esa cacería donde se convirtió en la pieza que luego se cobraron.

La caza se diferencia en mayor o menor según el tamaño de las piezas y el tipo de arma y munición necesaria para acabar con sus vidas. Los cazadores, inmensa mayoría hombres, siempre la han defendido como una forma de mantener el equilibrio natural, entendiendo por equilibrio lo que ellos consideran que deben ser la distribución de los diferentes animales en la naturaleza, da igual que sea en la sierra de Cazorla o en la sabana de Botsuana, pero nunca he conocido a un solo cazador que cuando ha comentado que el fin de semana se va a una montería lo haga para mantener el ecosistema, todos hablan de matar animales y, sobre todo, de las comidas y bebidas que se montan alrededor de la cacería (quizás por eso lo llaman “montería”), mucho más prolongadas y estimulantes que las horas en espera de que aparezca un animal al que sacrificar.

Por eso es tan importante para ellos el testimonio gráfico y los trofeos, de nada vale ir de caza si al final no puedes mostrar lo conseguido, bien sean cornamentas, colmillos, cabezas o, simplemente, alguna foto al lado de alguien, o una trompa, porque hay quien coge trompas sin necesidad de ir a África ni enfrentarse a un elefante, y hay quien va al continente africano y, desafiando a la biología, se trae dos colmillos y dos trompas.

No quiero terminar como he empezado, hablando de cine, pues tendría que hacerlo de una película que se ha estrenado este fin de semana (20-4-12), “Los juegos del hambre”, la historia de una cacería entre seres humanos… Prefiero hablar de poesía y traer lo que escribió el gran poeta Ángel González al relatar cómo antes los humanos acudíamos a las virtudes de los animales para obtener una enseñanza que nos humanizara a través de las fábulas, y en cambio hoy son ellos los que se miran en nosotros para ser más animales… Escribe el poeta:

Ya nuestra sociedad está madura,

ya el hombre dejó atrás la adolescencia

y en su vejez occidental bien puede

servir de ejemplo al perro

para que el perro sea

más perro,

y el zorro más traidor,

y el león más feroz y sanguinario,

y el asno como dicen que es el asno,

y el buey más inhibido y menos toro.

A toda bestia que pretenda

perfeccionarse como tal

-ya sea

con fines belicistas o pacíficos,

con miras financieras o teológicas,

o por amor al arte simplemente-

no cesaré de darle este consejo:

que observe al homo sapiens, y que aprenda.

Es necesario aprender, y aprender de los errores, aunque muchos piensen que tenemos un Rey de fábula y que la monarquía va como un tiro.

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