Sarkopen

Las elecciones siempre sacan lo mejor de cada uno en democracia, el voto, pero luego la voz que sale cuando hablan las urnas se pone ronca y no hay quien la entienda, al menos eso es lo que parece al escuchar el análisis que se hace de los resultados.

Además del ya consabido mensaje de que todos han ganado, los que han sacado más votos porque sus votos suman más que los de los otros, y los que han perdido, porque  la caída de los votos ha sido menor de lo que se vaticinaba, ahora está muy de moda la crítica a las alianzas, pero no a todas, sólo a determinadas alianzas.

Si un partido de derechas establece un pacto con otro partido de derechas, entonces no se critica, porque es poner los intereses de la patria por encima de las cuestiones partidistas y mantener una visión de Estado. Ha ocurrido en Italia con Forza Italia y la Liga Norte, en Holanda, en Polonia, en algunas de nuestras Comunidades Autónomas… y todo el mundo lo entiende.  Si por el contrario la alianza es de civilizaciones o entre partidos de la izquierda, como ocurre ahora en Andalucía, entonces se trata de un complot contra el orden social que busca desestabilizar el país y llevarlo a la quiebra a través del desmembramiento de sus regiones, y de la bancarrota de sus arcas al pagar un estado del bienestar para que los vagos y maleantes de antes, de ahora y siempre puedan tener todo a su alcance sin dar ni golpe. El argumento es simple, pero funciona, y la vida que es muy compleja resulta muy fácil de entender según ese planteamiento.

Es lo que acabamos de ver de nuevo ante el resultado de la primera vuelta de las elecciones francesas, ha ganado Francois Hollande, representante del Partido Socialista, y, prácticamente, se dice que su victoria final supondría no sólo acabar con Francia, sino que también se acabaría con Europa. Y, por supuesto,  en este caso no se ve a Sarkozy como responsable de la crisis, cuando en España sí lo era Zapatero, en Reino Unido Gordon Brown,  en Alemania Merkel, en Portugal Sócrates, en Grecia Papandreu, en Italia Berlusconi…  y tampoco se ve nada mal, faltaría más,  que se pueda  producir algún tipo de acuerdo entre la ultraderecha de Le Pen y la derecha a ultranza de Sarkozy, en lo que sería un cambio de pareja en mitad del baile para formar el Sarkopen a costa del Merkosy, que quedaría para otra ocasión o para “El Cascanueces” de Tchaikovsky, entendiendo por “nueces” la cabeza de los ciudadanos.

Da igual lo que defiende Le Pen y, sobre todo, lo que ataca, y también que Sarkozy haya utilizado como carnaza a España durante su campaña,  lo importante son los valores patrios y la identidad en el carnet… aunque  sea en el país vecino.

Recuerdo un chiste que contaban cuando yo era un niño. Un profesor de francés le preguntaba a un alumno, ¿cómo se dice mesa en francés?, y el alumno que sabía el francés que deducíamos de las películas, contestó con seguridad: “Le mesé”. El profesor sorprendido le dio otra oportunidad, ¿y silla?, el niño volvió a responder de inmediato, “le sillé”. El maestro, un poco en broma disimula y le dice con gesto de aprobación, “muy bien, muy bien… veo que has estudiado mucho. Dime ahora cómo se dice <<las mangas del chaleco>>”. El chaval con ese aplomo que da la seguridad contestó: “le mangué de le chalequé”. A lo que saltó el profesor como si estuviera esperándolo: “Pues un ceré, que el chalequé no tiene mangué”. Estoy convencido de que si le hubiera preguntado al alumno que cómo se dice “pena”, habría dicho “le pen”.

Pues eso, una pena.

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