“Ya verás cuando venga tu padre…”


MADRE CORAJELas “drama mamás” se han puesto de actualidad
a raíz del libro de la periodista Amaya Ascunce, un libro que recoge muchas de las frases que las madres utilizaban al dirigirse a sus hijos y a sus hijas para educarlos. Creo que es un acierto, y la felicito por ello, mostrar parte de esa invisibilidad que ha envuelto  a casi todo de lo que las mujeres han hecho históricamente.  

No sé si la frase  que sirve como título al post (“ya verás cuando venga tu padre…”) forma parte de las muchas que ha escogido la autora para hacer el libro, pero era una de las habituales y, además, ayuda a entender el significado del resto de las frases al describir de manera gráfica  el contexto en que se pronunciaban.

Lo comento porque me sorprende el sentido que se le ha dado al libro y a muchos de los artículos que han aparecido en prensa a raíz de su promoción. Hablar de “drama mamás” en sentido negativo me parece desafortunado e incorrecto, también injusto, porque lo que recoge cada una de esas expresiones es la presencia y cercanía de las madres en la educación de sus hijos y de sus hijas, junto al afecto y al cariño que ponían en el cuidado, y también la presión y preocupación de tener que abordar unas tareas trascendentes y nada reconocidas, pero con la clara idea de que en cualquier momento se podían volver en su contra, incluso mucho tiempo después como algunos intentan hacer ahora. Recurrir al argumento  de la "mala madre" es algo habitual que tranquliza muchas conciencias y evita profundizar en otras razones que siempre incomodan por cuestionar algunos de los valores que forman parte de ese "orden natural" articial que tenemos. Ha ocurrido, por ejemplo, al explicar la conducta de algunos criminales en serie o para justificar la transmisión intergeneracional del machismo. Las mujeres pueden ser brujas o santas, todo depende de cómo lo interpreten los hombres.

Esa situación tan importante de educar a los hijos se acompañaba con frecuencia de una falta de autoridad reconocida, bien en la práctica o bien como posición moral, de ahí que ante un problema mayor se tuviera que recurrir a la figura del “padre ausente” para resolver el conflicto generado. La frase “ya verás cuando venga tu padre…” era la advertencia del castigo seguro, como si el padre fuera un tribunal de instancia superior que asumía una función ejecutora, más que juzgadora, pues no entraba a valorar lo ocurrido, sólo a aplicar la sanción correctora. HOMBRE INVISIBLE

Y el padre ausente entraba en casa y lo primero que oía era a su mujer desbordada por la conducta de los hijos y por el trabajo doméstico que decía: “…que sepas que tu hijo ha hecho…” y el padre sin más, es decir, sin mayor preocupación ni querer saber nada, actuaba en consecuencia ejecutando el castigo que él consideraba. Para muchos padres la educación era simplemente una tarea más en lugar de una responsabilidad.

Todo esto demuestra que el mando a distancia se inventó antes en el hogar que en la electrónica, igual que el control remoto, otra de las grandes aportaciones masculinas a las relaciones de pareja, sin embargo nunca nadie ha hablado de los “drama papás”, probablemente porque para muchos eso es ser un padre hecho y derecho, no un drama.

 

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3 thoughts on ““Ya verás cuando venga tu padre…”

  1. “A confesión de parte relevo de prueba” dice un viejo adagio legal. “Ya verás cuando venga tu padre” constituye entonces el testimonio fehaciente que exhibe contundentemente la ubicuidad del poder en la familia histórica y puedo afirmar sin error, que en la presente. Es declaración verbal que la mujer, constituía y conforma aun hoy dentro la institución matrimonial, la figura del manumitido de la sociedad romana. Una representación precisa que muestra desvergonzadamente el guión cruel, de un viaje que se inicia cuando abandona la omnipotencia paterna y aterriza en la servidumbre que le ofrece el matrimonio. Y observando ese escenario los hijos que aprenden desde el ejemplo, desarrollaban y desarrollan afectos por ese devenir y se adscribían y adscriben entusiastas a la institución del machismo puro y duro. “Ya verás cuando venga tu padre” es entonces el nombre: de una tragedia milenaria, de un catecismo impreso en el fondo de la historia, de un manual excelso del aprendizaje de esa ignominia llamada machismo. Drama que además no tiene visos de concluir, porque a estas alturas del Siglo 21, las mujeres hacedoras proverbiales de machos continúan empeñadas en fortalecer la tendencia; y tan fuerte es su determinación que en pro del statu quo, hasta orgasmos fingen.

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