Género masculinizante

MASCULINIZANTE-Cerebro¿De qué clase de género somos los hombres? Si analizamos algunos de los diferentes significados aceptados por la RAE podremos llegar a conclusiones interesantes. Por ejemplo, si tomamos el género como “conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres en común” (1ª acepción), seríamos un grupo humano en el que se incluirían las mujeres, aunque luego bien nos cuidamos de insistir en que no son iguales, pero al mismo tiempo, los hombres, que somos muy nuestros, no aceptamos a cualquier otro hombre como un semejante, y muchos no admiten como hombres “de verdad” a quienes son de otro color, de otra religión, de diferente orientación sexual… Si la referencia es la 2ª acepción (“modo o manera de hacer una cosa”), los hombres lo tenemos claro: las cosas hay que hacerlas “como Dios manda” o, según la versión más terrenal, “con un par…”. La 3ª acepción nos habla de la “clase o tipo a que pertenecen las cosas”, pero en esto los hombres a la hora de hacer cultura y sociedad hemos preferido hablar de clases más que de elementos comunes, algo que no deja de ser curioso; cuando interesa somos un mismo género, y cuando no, se destacan las diferencias entre las personas de “una clase” y las de otra, algo que nos lleva directamente a la 5ª acepción (“cualquier clase de tela”) para afirmar aquello tan nuestro de “¡vaya tela!”, y resaltar la composición tan particular que existe en la esencia de nuestras decisiones. 

La 6ª acepción nos lleva a las artes y dice que género es “cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras según los rasgos comunes de forma y contenido”, sin embargo no dice nada de las “malas artes” y de cómo lo masculino ha sido la única referencia para ordenar la sociedad destacando las diferencias, no los elementos comunes, y así establecer la desigualdad como referencia. Esta situación puede estar relacionada con la 7ª acepción, en este caso referida al mundo gramatical, que dice que es “clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho…”, pero de nuevo resulta más gráfico su extrapolación a la sociedad con tan sólo cambiar la “n” por la “h” para darnos cuenta de su verdadero significado en la “gramática de los hechos”, no solo de las palabras, quedando la definición como “clase a la que pertenece un hombre sustantivo o un prohombre por el hecho…” 

Vemos que la RAE ha recogido una gran cantidad de acepciones, algunas de ellas muy cercanas en cuanto a su significado, pero se resiste a incorporar la que hace referencia a la construcción cultural que atribuye roles y funciones distintas a hombres y mujeres, o lo que es lo mismo, según el criterio establecido por la propia RAE, se pueden diferenciar seres y especies sobre elementos biológicos o anatómicos, en cambio el ser humano que se caracteriza del resto de las especies por haber construido un hábitat propio que llega a definir su identidad, como es la cultura, no puede ser analizado sobre los elementos que diferencian su comportamiento y conducta dentro de ella. 

Esa no diferenciación no es casual, todo lo contrario. La cultura está construida sobre las referencias de quienes han estado en posición de hacerlo, y estos han sido los hombres. Por tanto lo masculino es tomado por lo universal, circunstancia que básicamente quiere decir actúa como referencia única o válida para dar sentido y significado a lo que sucede dentro del grupo. En consecuencia, cualquier distinción o matización que se haga dentro de ese marco exclusivo conlleva delimitar “lo de las mujeres” como algo distinto a lo general masculino, darle visibilidad y palabras, situación que como pueden ver levanta un gran rechazo. 

Desde este perspectiva tienen mucho sentido la mayoría de los comentarios que se han hecho a los posts que he subido al blog, y se entiende la beligerancia con que se ataca la propuesta para que se incluya una nueva acepción ampliamente utilizada en la sociedad castellano-parlante (algunos de los que se creen más originales y superiores en sus argumentos han insistido en que el diccionario es para toda Latinoamérica, y defienden con vehemencia la introducción de “beisbolero” para referirse a un deporte que sólo se practica en unos cuantos países, pero olvidan, desconocen o no quieren ver, que la palabra género se emplea en todos y cada uno de ellos de la misma forma que se hace aquí). Además, sus argumentos no van hacia la defensa de otras palabras que puedan incluir el significado que se pretende incorporar, simplemente se oponen porque lo interpretan como una cesión al feminismo, a las mujeres, a los progres, o los “malos hombres” como yo… lo cual no deja de resultar curioso. Están tan seguros de sus planteamientos y posiciones que temen que una sola acepción dentro de 10 que ya existen pueda romper todo lo que han construido, y que simplemente con ella se adoctrinen a las futuras generaciones. 

Pero al mismo tiempo no deja de tener algo de gracia. Dicen que la pretensión de incorporar una acepción es actuar desde la superioridad, y quienes lo impiden utilizando las estructuras e instituciones para que no se incluya sin más argumento que el no, esos no actúan desde la superioridad… Lo cual está en sintonía con las otras razones que también esgrimen cuando afirman que pretender incluir una nueva acepción es una cuestión de ideología, pero impedirlo no tiene nada que ver con la ideología… Curioso. 

Podrían disimular, y si están tan seguros de que es un sinsentido y que no aportaría nada, el propio desuso acabaría con una reivindicación “sin sentido”, como dicen, igual que ha ocurrido con tantas otras acepciones, algunas de ellas suprimidas en esta última actualización como ha ocurrido con una de las que hacía referencia a “rural”. 

Su posición y argumentos no son casualidad y sí tiene mucho de ideología, lo mío también, pero no en el sentido que se quiere trasmitir de ideología como una estructura de pensamiento rígida e impuesta, al menos en lo que a mí respecta el planteamiento parte de ideas, trabajo y reflexión, es lo que ocurre con las personas que manejamos más de una idea, por eso doy razones y argumentos que entiendo perfectamente que no sean compartidos, pero no voy despreciando a nadie como otros hacen desde su superioridad, de lo contrario no habría tanta agresividad en sus planteamientos ni se mezclarían con otros temas como la custodia compartida o la violencia. 

Lo relacionado con los hombres no se ve lo mismo que lo vinculado a las mujeres, y un ejemplo claro lo tenemos en la última actualización del diccionario, para que se entienda que no todo depende de la utilización de las palabras y que influye, y mucho, lo que se decide que es un buen o un mal uso. Desde que empecé a estudiar medicina en el año 1980 vengo escuchando el término “feminizante” para explicar la acción de determinadas sustancias que dan lugar a la aparición y desarrollo de caracteres sexuales secundarios femeninos, y antes de que yo estudiara muchas otras personas la utilizaban del mismo modo por su aplicación directa sobre las personas o sobre animales. Pues bien, en esta última actualización se ha introducido la palabra "masculinizante", pero no se ha hecho lo mismo con "feminizante". 

Está claro que los hombres tienen género y que es masculinizante, todo pasa por su visión de la realidad, y a pesar de su beligerancia y de su “valentía”, les da miedo y temen que se hable en versión femenina, no como alternativa, no se propone quitar nada, sino incluir lo que existe y permanece invisible y en silencio. 

Adelanto un pronóstico, antes o después se incluirá la acepción de género como construcción cultural, y será por el uso que ya existe, no por otras razones, y quienes se oponen se equivocarán al hacerlo, como antes se equivocaron al decir que matrimonio sólo era y podía ser la unión de un hombre con una mujer.

 

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Género y genéricos

GENERO Y GENERICOS
Eso de ahorrar en sanidad a costa de la salud no tiene mucho sentido.
Me recuerda aquello que contaban de dos hombres que se encuentran por un camino, uno a pie y otro sobre sobre un asno famélico. El primero de ellos sorprendido por la excesiva delgadez del animal pregunta, “¿pero qué haces con el burro para que esté en los huesos?”, a lo que contesta, “pues nada, que lo estoy acostumbrado a no comer”. El primer hombre, sorprendido por la respuesta, le replica, “entonces mátalo y que no sufra”, a lo que el dueño le dice, “para qué, para lo que come…” Con los medicamentos va a pasar igual, primero nos los quitan y después, cuando empeoremos y nos hagan falta, dirán que ya no son necesarios por habernos acostumbrado a vivir con achaques y sin fármacos. 

La situación no es tan sencilla ni lineal como la presentan. Si retiran medicamentos, la salud, que no es sólo la ausencia de enfermedad, si no un "estado completo de bienestar físico, psíquico y social", tal y como dice la OMS, empeorará y estaremos más enfermos. Y si estamos más enfermos será necesario gastar más en sanidad, así de claro. Es decir, vamos a pagar más por tener peor salud. 

Pero si la cosa no tiene mucho sentido como planteamiento general, aún lo tiene menos en lo particular. Sería difícil entender que una decisión de este tipo hubiera sido tomada por cualquier Ministerio, pero que lo haya hecho el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de Ana Mato, atenta contra la esencia de la responsabilidad de sus diferentes áreas. 

Ya hemos explicado que no actuar sobre los trastornos que se padecen lleva a un deterioro de la salud, con lo cual la medida va en contra de la parte Sanitaria del Ministerio. Por otro lado, tener que pagar para conseguir los medicamentos necesarios que lleven a alcanzar el estado de salud que se ha venido disfrutando gracias a la universalidad y gratuidad del sistema, es una medida que afecta fundamentalmente al bienestar de las personas más desfavorecidas, por lo que la parte Social del Ministerio queda seriamente cuestionada. Y la parte de Igualdad pierde todo su sentido cuando comprobamos que de las 16 categorías diagnósticas que ha establecido el Ministerio para excluir los fármacos, sólo en una de ellas la incidencia de la patología en cuestión es mayor en los hombres, mientras que en 10 la incidencia de los trastornos es más alta en mujeres, nada más y nada menos que en el 66’7% de todas las categorías. En las 5 restantes no se puede establecer su incidencia al tratarse de referencias vagas y muy generales (tos, diarrea, sequedad vías respiratorias altas…) 

A la vista de todo esto, no me extraña que no se quiera aceptar por la RAE ni por otros muchos la acepción “género” como construcción cultural. Como se puede ver la realidad no resiste el análisis de género y para una mayoría es preferible ocultarla antes que enfrentarse a ella, posición que lleva a una consecuencia  objetiva: A la injusticia de la desigualdad se une la agresión de las decisiones que se toman sin tener en cuenta cómo inciden sobre hombres y mujeres, y cómo afectan al objetivo de alcanzar esa justicia pendiente de la convivencia en igualdad. 

Pero la situación es aún más grave. Múltiples estudios, entre ellos los clásicos de J.C. Campbell, publicados en la prestigiosa revista médica The Lancet en 2002, han demostrado que las mujeres que sufren violencia de género acuden un 30% más en demanda de asistencia sanitaria, y lo hacen por problemas derivados del estrés crónico y manifestaciones como las infecciones de repetición de vías altas, dolores osteo-articulares inespecíficos, ansiedad, trastornos gastrointestinales, fibromialgia… patologías que son tratadas con muchos de los medicamentos ya retirados, y que ahora tendrán que ser costeados por las propias mujeres que sufren la violencia. 

Alguien debe tomar cartas en el asunto cuando el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad atenta contra la salud de la gente, contra los objetivos de las políticas sociales y contra la igualdad que se debe alcanzar; y lo que es aún peor, haciendo responsables de las consecuencias de sus decisiones a quienes las sufren. 

Género y genéricos, como se puede ver, no tienen muy buena relación, pero no todo va en contra de las mujeres, también han retirado las lágrimas artificiales y eso perjudica más a los hombres. Ya se sabe… “los hombres no lloran”, por lo que tendrán que gastarse unos cuantos euros para mostrar sus lágrimas de farmacia.

 

La RAE se las trae

RAE
La oposición de la RAE a reconocer el significado de género
como la construcción que la cultura hace de los roles y funciones asignados al sexo masculino y femenino, sólo puede entenderse por una voluntad manifiesta en no hacerlo, una negativa en contra del uso que ya es habitual en la sociedad y que queda de manifiesto al incluir en la última actualización del Diccionario otras palabras y acepciones menos utilizadas en ese lenguaje, que más que vivo parece medio muerto. Y tendrá que explicar por qué no lo hace al margen de repetir, como han hecho una y otra vez sus académicos, las acepciones actuales y de defender unas referencias y normas históricas que cambian cuando a la Academia le parece bien, pero sólo en aquello que consideran. No se puede decir que hay ideología en la petición de cambio, y negar que haya ideología en la resistencia al uso normalizado.

De lo contrario no tendría sentido que se incorporara la palabra “beisbolero” *(ver notal al final), para referirse a lo relacionado con el beisbol, deporte como que como todos ustedes saben levanta pasiones en nuestro país, y no hay lunes que las tertulias radiofónicas no queden reducidas a los comentarios sobre las carreras, los “bateados” o los “jomran” (home run) de los numerosos equipos que existen en nuestras ligas “beisboleras”. Y menos sentido tendría cambiar el léxico de una palabra para escribirla mal ortográficamente cuando el significado que se le da en la práctica se puede deducir claramente de su uso correcto, como ha ocurrido con “okupa”. Imagino que habrán pensado eso de que si “Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, de manera que si los jóvenes no aprenden a escribir bien, pues se cambia la forma de escribir la palabra y así se evita una falta de ortografía en las pintadas, que se ven mucho y cuando vienen los del informe Pisa quedamos fatal. 

Desde luego han trabajado lo suyo, pero algunas de las palabras y acepciones incorporadas llaman la atención en el contexto actual. No es de extrañar que hayan incluido “euroescepticismo” con la que está cayendo, pero al mismo tiempo mantienen su confianza en que todo se solucione con la ayuda de los socios al incorporar también “europeizador”. En cambio, parece de mal gusto que en plena crisis se incorpore la palabra “billonario” y que con el paro que hay en la construcción se haya incluido “gruista”. De todas formas, la influencia de esta economía en crisis ha sido importante en sus decisiones, al menos es lo que se deduce al introducir nada menos que nueve nuevas acepciones para la palabra “riesgo”, todas ellas sobre contextos económicos. 

Sin embargo, no ha variado su “acojonamiento” respecto a la palabra género. Dudas que no han tenido a la hora de incorporar las palabras “canalillo” y “culamen”, eso sí, sin sexo por delante para que cada uno las case con quien quiera, que ya el “matrimonio” permite todas las uniones. Quizás lo hayan hecho para estimular el deseo y el lenguaje de los hombres, tan afectados por las circunstancias, según se deduce de la publicidad que aparece en todos los medios sobre disfunciones eréctiles, y han buscado palabras “energizantes” y “masculinizantes” para contribuir a mantener el pabellón bien alto, aunque dudo que lleguen a los “ochomil” y que alcancen con ello una experiencia “orgásmica”

Seguro que estarán pensando que soy un poco “peñazo” con esto del género, pero es que es un tema del que se lleva hablando mucho tiempo, incluso a nivel político entre “peperos” y “sociatas”, y también entre miembros (nunca miembras) de otras fuerzas políticas que probablemente se sientan discriminados por no poder llamarse "izquierdaunidistas", "upeideros", "peneuvistas", "convergenciaunionistas", "bilduistas", etc, cuando los del PP y el PSOE tienen denominación de origen, al igual que “ugetistas” y “cenetistas”, pero no los "comosionobreristas"… 

Todo parece un poco “friki”, o quizás “isidril” por eso de la ubicación académica en la capital, y por aquello de la capital desubicada.  

Por más que se resista la RAE, el género también es la acepción que explica la atribución de funciones que la cultura asigna a cada uno de los sexos, no basta con decir que una persona es hombre o mujer para entender cuál es su identidad como tal, y sobre qué elementos se le reconoce si es un “buen hombre” o una “buena mujer” a partir de los referentes que la cultura ha establecido para valorarlos. No es lo mismo ser hombre o mujer en España que en China, en Iraq, en Namibia, en Argentina o en Vietnam… sin que ello signifique que su sexo sea distinto. 

Los estudios de género, basados en este significado, comenzaron en los años 60 en las universidades de Estados Unidos y Reino Unido, aunque existieron importantes antecedentes en otros países. En las universidades españolas se iniciaron en los años 80, o lo que es lo mismo, desde hace mas de 30 años se viene hablando del género con la acepción negada por la RAE, y por supuesto en sintonía con lo que se utiliza en otros países, de los que no dudamos en introducir nuevas palabras como ha ocurrido ahora con “racord”, “SMS”, “manga”… pero sí se oponen frontal y abiertamente a incluir género con esa acepción, sin que exista ninguna otra palabra que pueda sustituirla. 

Nos dicen que el lenguaje está vivo y que es el uso el que lo hace, pero para la RAE la palabra género está muerta. Da igual que se lleve usando más de 30 años en las universidades y en la calle, que tengamos una ley que habla y define de forma explícita la violencia de género, que nuestros Tribunales y Juzgados la incorporen a miles de sentencias, autos y resoluciones. Tampoco importa que en España se pongan más de 380 denuncias por violencia de género cada día con todas las declaraciones, conversaciones, comentarios e informaciones que se suscitan alrededor de la dicha palabra… nada de ello es razón suficiente para justificar la incorporación de la nueva acepción para género. 

La RAE niega su uso y lo impide, aunque a pesar de ello se utiliza de forma habitual y completamente normalizada, será porque "beisbolero", "okupa", "racord"  o "cenetista", entre otras, les impide atender a nuevas propuestas, o porque sólo tienen memoria “USB” y no recuerdan nada del debate que existe en nuestra sociedad. Tendremos que ir en el “papamóvil” a Roma a hacer “vaticanismo”, a ver si así tenemos más suerte. 

Menos mal que ha incluido "gayumbos". Entre lo económico, lo europeo, lo "friki" y lo "isidril", cada vez nos bajan más los pantalones a pesar de que nos aprietan más el cinturón, (paradojas de una crisis), pero ya no tendrá más consecuencias que la simple exposición de los "gayumbos"… Claro que si se entera la UEFA lo mismo nos pone una multa, como ha ocurrido en la Eurocopa… (efectivamente Euro-copa. La pela es la pela).

*(Las palabras que aparecen en rojo y entre comillas se corresponden con las nuevas incorporaciones que la RAE ha hecho al Diccionario de la Lengua Española)

 

Invierno

INVIERNO
Hoy comienza el verano pero muchos seguirán en invierno,
esa estación fría y gris que se apodera de nuestra mirada y nuestros bronquios para congelar imágenes y palabras, mientras nos conduce a la sala de espera de un tiempo que terminará por abandonarnos.

Hay muchos libros que hablan del invierno  cíclico que no se detiene, pero dos me han mostrado el invierno que se acumula en nuestros rincones a pesar de que la primavera herida, el verano expuesto y el otoño marchito logren ocultarlo de vez en cuando, son libros que hablan de ese invierno que permanece hasta hacer de los cálidos sentimientos un ramillete de fríos recuerdos guardados en formato JPG. 

Paul Auster nos trae en su “Diario de invierno” (2012) el viento gélido que recorre el pasillo de lo vivido, cuando la experiencia abre su ventana y deja entrar la corriente de aire que arrastra todo lo que permanece, aquello que como una bandera se agita sin desplazarse y señala los lugares habitados. Al final la vida es más destino que tiempo, y Paul Auster recoge esa fusión de los días con los lugares para hacer de ellos momentos, esos destinos que sólo pueden encontrarse en el mapa de nuestra vida.

Luís García Montero publicó su poemario, “Un invierno propio” (2011), cuando la borrasca de la crisis descargaba sobre los campos de nuestra sociedad, y borraba el maquillaje de la falsedad que otros habían pintado sobre nuestra conciencia. Sus poemas nos muestran desnudos ante nuestro individualismo, y ocultos en relaciones de alquiler que habitan edificios sin portero ni calefacción humana, en esa soledad compartida que muchos toman por convivencia.

Momentos y sentimientos se juntan en esos libros de invierno al comienzo de este verano para decirnos que la deuda es otra y el riesgo viene de dentro.

No podemos darle a la vida la trascendencia de la sucesión del tiempo, porque es todo lo contrario. La inercia vacía no conduce a ningún lugar si no guiamos el impulso. Por eso, en estos tiempos de "aires condicionados" por las circunstancias, no debemos confundir el inverno vivido con el invierno impuesto. 

El invierno vivido nace del interior de las emociones y cuenta con diferentes elementos:

– El tiempo transcurrido te hace sentir cerca de un final que puede estar lejano en lo formal, pero que ya no será muy diferente en lo vital.

– El calor interno, a diferencia de la primavera juvenil, del estío de la cosecha y del otoño de la duda o el arrepentimiento, nace también de la conciencia del destino.

– El contraste de todo lo que ha sido esa vida hibernada que no tuvo oportunidad de brotar o que no tuvimos el valor de sacar, también existe. Es la espera prolongada, la nueva oportunidad que no llega.

La vida mira hacia dentro cuando se cierran las puertas al exterior, es ahí, en ese diciembre de interiorismos, cuando tomamos conciencia de todo lo que decora y puebla nuestra vida… de la infancia cambiante, de la juventud acelerada, de la madurez insegura y eterna…

La vida es invierno porque antes no lo fue, así de simple; porque hubo un tiempo cálido y miradas que volaron y no volvieron, y es invierno vivido porque aún hay momentos para la esperanza, aunque sea en forma de nuevos recuerdos. Cuando sólo hay frío, cuando el viento corta la ilusión y los sueños no encuentran cobijo no es invierno, es un estado que viene de fuera, no una estación. Entonces es el invierno impuesto de los fríos sentimientos.

Hoy es invierno aunque ayer la primavera coloreara los campos y el verano haya comenzado a extender su alfombra ocre. Hoy es invierno porque nos han robado el presente y traicionado el compromiso de su entrega a domicilio. Ese fue el primer engaño… el presente no se recibe, se busca, y hemos de salir a encontrarlo cada día, como yo salgo a tu encuentro más allá del blanco y negro del recuerdo.

 

Nosotros los hombres

HOMBRES-1
Soy hombre, mis dos hijos son hombres, al igual que mi padre y tres hermanos de cuatro que somos.
La mayoría de mis amigos, y sin duda los más íntimos, son hombres, como lo son muchos compañeros de trabajo… No tengo nada contra los hombres y ninguno de ellos me ha dicho jamás que tenga algo en contra nuestra, sin embargo es algo que con frecuencia se utiliza como argumento para cuestionar algunas de las críticas que hago a esa forma de entender y ejercer la masculinidad, que la cultura y la sociedad que nace de ella nos impone a los hombres.

A lo largo de estas semanas se han producido algunos comentarios a los textos que he colgado en el blog que merecen compartir una reflexión, participación que agradezco con independencia del tono más o menos crítico en lo personal, sobre todo porque algunos son un ejemplo muy claro de lo que quiero explicar. 

En algunos de los posts que he subido al blog “Autopsia” he realizado críticas directas a conductas, argumentos, actitudes, modelos, estrategias… protagonizadas por hombres y, sobre todo, diseñadas a partir de unas referencias que permiten que dichas situaciones sean entendidas como parte de la normalidad y que, por tanto, no sean reprobadas, salvo que se traspasen ciertos límites, bien sea en la forma o intensidad de llevarlas a cabo, o en los muros que se levantan alrededor de ellas, unas veces muros de silencio otras paredes de despachos, hogares, bares o clubes. Y en muchos casos he puesto el ejemplo de cómo esas mismas conductas son justificadas cuando las lleva a cabo un hombre y magnificadas cuando las hace una mujer, como por ejemplo, las “denuncias falsas” por violencia o agresiones sexuales, o la propia violencia.

En ningún caso, ni nunca, he dicho ni diré nada de los dos argumentos que se insinúan en los comentarios que hablan de mi teórica “animadversión” hacia los hombres: uno de ellos es que parece que doy a entender que los hombres son malos por naturaleza y  las mujeres buenas, y el otro, que las conductas que crítico son presentadas como exclusivas de los hombres. Y no es así. Hay hombres buenos, maravillosos, pacíficos, entregados a los suyos, afectivos y afectuosos… y mujeres malas, violentas, abusadoras, dominantes, perversas… No estoy hablando de eso.

De lo que hablo es de cómo la cultura ha establecido identidades rígidas para hombres y mujeres, y de cómo bajo esa identidad se han asignado roles o funciones que llevan a darle significado a esas frases que hablan de “un hombre de verdad”, un “hombre hecho y derecho”, un “hombre que se viste por los pies”, un “hombre de pelo en pecho”… o a esas otras de “una mujer de bandera”, una “mujer 10”, una “buena madre”, una “buena esposa” y de cómo el reconocimiento de lo que se entiende que debe ser un hombre y lo que debe ser una mujer se interpreta de forma diferente, hasta el punto que cuando una mujer hace lo que un hombre “siempre debe hacer”, como por ejemplo, rebelarse frente a quien lo somete, lo obliga, lo controla e incluso lo maltrata, se la cuestiona como “mala mujer”, que es lo que ocurre en la mayoría de los casos de violencia de género. La mujer debe ser sumisa y el hombre debe ser combativo ante las mismas circunstancias y en el mismo escenario, situación que lleva a que las mujeres que no quieren vivir sometidas a los dictados de un maltratador sufran más violencia y puedan llegar a ser asesinadas, simplemente, por mantenerse en esa actitud crítica frente al hombre maltratador. Y no estamos hablando de unos pocos casos, son más de 600.000 las mujeres que sufren violencia de género cada año, y 628 las mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en los últimos nueve años, en cambio todavía hoy se cuestiona su realidad o se trata de mezclar con la violencia que sufren los hombres, los menores, los ancianos o cualquiera que pase por allí con tal de no reconocer la especificidad del grave problema de la violencia de género ni, por tanto, el significado de la misma. Ninguna otra violencia, ni por aproximación, se acerca a un número tan alto de víctimas que compartan las mismas características: mujeres que han mantenido una relación de pareja con un hombre, ese es el “riesgo” que corrían, y menos aún que los homicidios se produzcan en un ambiente tan lejano a lo que se conoce como “delincuencia habitual” o criminalidad. 

De eso hablo, y de los hombres y mujeres (es cultura, no genético, y por tanto también hay mujeres que intentan restar importancia a todo esto, algunas en puestos de responsabilidad para, teóricamente, evitarlo) que tratan de negarlo en su significado, minimizarlo en su dimensión, reducirlo en sus consecuencias e invisibilizarlo en su manifestación.

Y hablo de los hombres y critico a los hombres que guardan silencio, a los que se aprovechan de los privilegios robados a las mujeres por la desigualdad, a los que dicen con razón que las cosas “siempre han sido así”, a los que se sienten atacados cuando critico todo esto, pero no se sienten aludidos por todo lo que otros hombres hacen… Y hablo y critico a los modelos de poder que han surgido sobre los valores que los hombres se han otorgado a sí mismos y luego han hecho universales en la cultura, valores como la fuerza, el dominio, la competitividad, la acumulación de más poder, la violencia… No es que los humanos seamos así, es que el modelo patriarcal universalizado ha hecho la estructura de relaciones y la organización de la convivencia de esa forma.

Siempre habrá quien no quiera cambios y quien se enfrente a ellos, cuando las mujeres comenzaron a hablar de igualdad a finales del siglo XVIII también fueron criticadas por otras mujeres y por la mayoría de los hombres, algunas fueron asesinadas en la guillotina, como Olympe de Gouges por defender la igualdad, lo mismo que muchos blancos que se enfrentaron a la esclavitud o al apartheid sudafricano… sin embargo al final se consiguió romper esos muros de silencio e invisibilidad, aunque los problemas aún continúen.

Y seguiré hablando sobre los hombres y criticaré a los hombres que tratan de utilizarnos al resto para decir que ser hombres es lo que ellos hacen y defienden. Y lo haré también por mis dos hijos, Miguel y Manuel, y por todos los que quieran superar el límite impuesto de una hombría que nos reduce a ser lo que quieren que seamos, porque a diferencia de los que se sienten cuestionados cuando se critican esas referencias de la masculinidad, yo y muchos otros, confiamos en los hombres y estamos seguros de que lograran desprenderse de esa máscara que le dieron al entrar en este juego perverso de las identidades obligadas y rígidas.

No es de ahora, ya en 2005 escribí en la dedicatoria del libro “El Rompecabezas”: <<A los hombres que están dispuestos a descubrir que los valores y los sentimientos no van unidos a los cromosomas, para que pongan su esfuerzo en levantar la pesada losa que la cultura, como si fuese el caparazón de una lenta tortuga, ha depositado sobre ellos para atarlos al “ser como son”>>. Algunos hace años que llevamos trabajando en este tema… "aunque parezca extraño"

Algunos hombres malos

ALGUNOS HOMBRES BUENOS

El código de honor que imponen las circunstancias casi siempre ha sido impuesto antes por los hombres que las protagonizan con la confianza de que no sea necesario recurrir a él, pero si hace falta se utilizará para darle a la situación un valor trascendente que refuerce al grupo, incluso por encima de alguno de sus miembros.

Lo que ha ocurrido estos días con el FROB y con UPyD, denunciando a algunos de los responsables de los últimos problemas de los bancos, recuerda en cierto modo a la película dirigida en 1992 por Rob Reiner, “Algunos hombres buenos” (A few good men), y muestra ciertas claves de una masculinidad que pasa por mantener la cohesión y la camaradería dentro de una estructura organizada, sea a nivel familiar, laboral, relacional, organizativa, internacional… De este modo, por ejemplo, se permite que los hombres con poder se muestren campechanos y cercanos al resto cuando ellos lo decidan, pero no se permite ese trato en sentido contrario. Ellos pueden ser muy colegas, pero el resto sólo puede ser subordinado, la jefatura y el poder no lo pierden ni en bañador y los otros no lo ganan ni en smoking.

Esta estrategia conlleva dos consecuencias:

1. Siempre habrá un grupo de élite semipermeable al que sólo se puede acceder por transporte activo, o lo que es lo mismo, a través de mecanismos que se ponen en marcha desde el interior del grupo de poder, que elige y decide quien pasa y quien queda a la espera. Nunca dependerá de los méritos objetivos ni los logros alcanzados. Ellos deciden quién y cuándo entra, y quién y cuándo sale en una especie de “flujo de la posibilidad” que hace creer al resto que se puede llegar, pero en verdad es todo lo contrario.

2. Junto a esta dinámica está la táctica del “chivo expiatorio”. El poder siempre mira para adentro, y esa cohesión y camaradería se vuelve en rechazo y abandono para mantener al grupo intacto a costa de alguna pieza, es decir, de alguno de los suyos. Ocurre siempre en todas las estructuras de poder con esa referencia “tan de hombres” en su funcionamiento.

Lo expliqué con cierto detalle en el libro “El Rompecabezas” (2005) respecto a los maltratadores sobre la idea del “agresor perfecto”. Allí explicaba cómo el grupo de hombres se defiende negando la violencia de género y responsabilizando a las mujeres de la situación creada, pero cuando uno “mete la pata” y se deja descubrir, todos le dan la espalda, e incluso pueden ser los primeros en arrojarlo a esos pies de los caballos que supone el escarnio público.

Esta situación tan evidente en esos escenarios de violencia ocurre aún con más frecuencia en otros ámbitos muy masculinos, tales como la empresa, la política, la economía, las relaciones internacionales… y bajo esas referencias se actúa en consecuencia contra el miembro del grupo, bien sea un hombre, un grupo, un país… La estructura de poder se mantiene sobre la cohesión, y la cohesión sobre la exclusión del miembro que pone al grupo en evidencia.

Ha ocurrido hace unos días con el FROB (por cierto, el nombre me recuerda a las palabras inglesas “Fog” y “Frog”… será porque hay una especie de “niebla” que lo envuelve o porque nos ha salido “rana”), con la acción de UPyD o con la propuesta de Almunia para que se cierren algunos bancos. Ahora quienes no dijeron nada cuando los problemas existían, es más, o callaban o los defendían, piden su procesamiento, otros como el PP aún siguen defendiéndolos para mantener una cohesión que, al parecer, les interesa.

Quizás sea algo que estos mercados en masculino plural están intentando hacer con España, como antes lo hicieron con Grecia, Irlanda o Portugal, echarla del grupo para mantener más poder dentro de él. Algo parecido a lo que ha ocurrido en otro contexto de poder con el Presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, al principio todo eran apoyos y defensa, ahora, mientras camina hacia la dimisión, su sombra solitaria se ve nítida en el suelo del abandono. ¡Cosa de hombres!, el esquema de poder siempre funciona del mismo modo.

Cuando todo esto ocurre no debemos confundirnos, el problema no se ha resuelto, empieza a ser preocupante.

La herencia

LA HERENCIA
Recuerdo una viñeta que había en la pared del laboratorio de ADN forense de la Academia del FBI en Quantico, Virginia, me la encontraba cada día cuando andaba por allí con una beca de investigación, no sé si la habría colgado Jill Smerick o Alan Giusti, pero estaba justo entre sus mesas. En ella se veía a un niño sentado en el suelo al lado de una batidora de vaso sin tapa en la que había introducido una mezcla de leche, tierra y piedras, y después conectado. El estropicio que había formado en la cocina era mayúsculo. La madre, claramente enfadada y con ese gesto que anticipa el castigo, le preguntaba que a qué demonios se debía que hubiera hecho eso. El chaval, con una cara que reflejaba más la sorpresa por la pregunta que el susto por las posibles consecuencias, respondía con otra pregunta: “¿A un pobre material genético…?”

Estaba claro que no era la clase de respuesta que buscaba la madre, y menos aún sentirse reflejada en las causas del problema, de ahí que el dibujo apuntara a que ese niño tendría dificultades para superar el escenario creado.

En España está ocurriendo algo similar con la situación de la economía, y ante cualquier pregunta que se hace al Gobierno la respuesta siempre es la misma: “la herencia”, la última vez el pasado domingo cuando el Presidente Rajoy dijo que esto del rescate o de la línea de crédito tendría que haberse hecho tres años atrás, apuntando claramente a que se trata de una herencia que comenzó cuando ellos terminaron. Sin duda se trata de una herencia peculiar, hasta el punto de que ni siquiera  sigue las leyes de Mendel. 

En principio parece que el carácter dominante no está en la expresión, sino en la persona que utiliza el argumento, que ha de ser con poder y capacidad de dominar el contexto para que sus razones caigan con el peso de la gravedad de la propia situación generada con sus palabras. En lo que se refiere a la expresión, es decir, a los factores que influyen para que pueda manifestarse esa idea de “la herencia”, se muestra como heterocigótica al requerir que se presenten de forma simultánea dos elementos: por un lado la existencia de un problema o elemento negativo, y por otro que haya sido gestionado por un gobierno socialista, puesto que si el problema es heredado de un gobierno del PP, como por ejemplo en Murcia, en Madrid, en la Comunidad Valenciana o en Castilla y León, entonces la herencia no se expresa, y los problemas, que son los mismos, se deben a otras causas. Y tampoco vale que se haya recibido una gestión buena o positiva, en estos casos tampoco cuenta la herencia, lo hemos visto con Ana Mato respecto a las políticas de Igualdad, y a pesar de que un informe de “Social Watch” sitúa a España la séptima del mundo en el índice de equidad, eso ni se ha heredado ni existe.

La realidad no se hereda, no pertenece a nadie, simplemente continua. Ampararse en el argumento de la herencia para no asumir la responsabilidad actual o para culpabilizar a quien ya no puede adoptar las medidas frente a los problemas, es cobarde y demuestra una incapacidad, genética o adquirida, para enfrentarse a la situación. ¿Se imaginan que un empresario no pare de repetir que no puede mejorar los resultados de la empresa por la herencia recibida, o que un nuevo entrenador de un equipo de fútbol argumentara algo similar para justificar sus pobres resultados? Probablemente alguien le diría que no se les ha nombrado para eso, y que si no se ven capaces que no se hubieran presentado a la entrevista de trabajo, pero una vez que asumen la responsabilidad deben de ser coherentes y consecuentes con su decisión, o abandonar y dejar que alguien la asuma de cara al futuro, no mirando atrás. 

Ni cualquier tiempo pasado fue mejor, ni tampoco peor, simplemente fue, y en gran medida, que sea bueno o malo no dependerá sólo de su momento, sino de lo que hagamos mejor o peor en el presente.

La herencia debe ser el inicio, no la justificación de una vida… ni de una política.