Invierno

INVIERNO
Hoy comienza el verano pero muchos seguirán en invierno,
esa estación fría y gris que se apodera de nuestra mirada y nuestros bronquios para congelar imágenes y palabras, mientras nos conduce a la sala de espera de un tiempo que terminará por abandonarnos.

Hay muchos libros que hablan del invierno  cíclico que no se detiene, pero dos me han mostrado el invierno que se acumula en nuestros rincones a pesar de que la primavera herida, el verano expuesto y el otoño marchito logren ocultarlo de vez en cuando, son libros que hablan de ese invierno que permanece hasta hacer de los cálidos sentimientos un ramillete de fríos recuerdos guardados en formato JPG. 

Paul Auster nos trae en su “Diario de invierno” (2012) el viento gélido que recorre el pasillo de lo vivido, cuando la experiencia abre su ventana y deja entrar la corriente de aire que arrastra todo lo que permanece, aquello que como una bandera se agita sin desplazarse y señala los lugares habitados. Al final la vida es más destino que tiempo, y Paul Auster recoge esa fusión de los días con los lugares para hacer de ellos momentos, esos destinos que sólo pueden encontrarse en el mapa de nuestra vida.

Luís García Montero publicó su poemario, “Un invierno propio” (2011), cuando la borrasca de la crisis descargaba sobre los campos de nuestra sociedad, y borraba el maquillaje de la falsedad que otros habían pintado sobre nuestra conciencia. Sus poemas nos muestran desnudos ante nuestro individualismo, y ocultos en relaciones de alquiler que habitan edificios sin portero ni calefacción humana, en esa soledad compartida que muchos toman por convivencia.

Momentos y sentimientos se juntan en esos libros de invierno al comienzo de este verano para decirnos que la deuda es otra y el riesgo viene de dentro.

No podemos darle a la vida la trascendencia de la sucesión del tiempo, porque es todo lo contrario. La inercia vacía no conduce a ningún lugar si no guiamos el impulso. Por eso, en estos tiempos de "aires condicionados" por las circunstancias, no debemos confundir el inverno vivido con el invierno impuesto. 

El invierno vivido nace del interior de las emociones y cuenta con diferentes elementos:

– El tiempo transcurrido te hace sentir cerca de un final que puede estar lejano en lo formal, pero que ya no será muy diferente en lo vital.

– El calor interno, a diferencia de la primavera juvenil, del estío de la cosecha y del otoño de la duda o el arrepentimiento, nace también de la conciencia del destino.

– El contraste de todo lo que ha sido esa vida hibernada que no tuvo oportunidad de brotar o que no tuvimos el valor de sacar, también existe. Es la espera prolongada, la nueva oportunidad que no llega.

La vida mira hacia dentro cuando se cierran las puertas al exterior, es ahí, en ese diciembre de interiorismos, cuando tomamos conciencia de todo lo que decora y puebla nuestra vida… de la infancia cambiante, de la juventud acelerada, de la madurez insegura y eterna…

La vida es invierno porque antes no lo fue, así de simple; porque hubo un tiempo cálido y miradas que volaron y no volvieron, y es invierno vivido porque aún hay momentos para la esperanza, aunque sea en forma de nuevos recuerdos. Cuando sólo hay frío, cuando el viento corta la ilusión y los sueños no encuentran cobijo no es invierno, es un estado que viene de fuera, no una estación. Entonces es el invierno impuesto de los fríos sentimientos.

Hoy es invierno aunque ayer la primavera coloreara los campos y el verano haya comenzado a extender su alfombra ocre. Hoy es invierno porque nos han robado el presente y traicionado el compromiso de su entrega a domicilio. Ese fue el primer engaño… el presente no se recibe, se busca, y hemos de salir a encontrarlo cada día, como yo salgo a tu encuentro más allá del blanco y negro del recuerdo.

 

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One thought on “Invierno

  1. …”Mientras la ciencia a descubrir no alcance
    las fuentes de la vida,
    y en el mar o en el cielo haya un abismo
    que al cálculo resista,
    mientras la humanidad siempre avanzando
    no sepa a dó camina,
    mientras haya un misterio para el hombre,
    ¡habrá poesía!
    Mientras se sienta que se ríe el alma,
    sin que los labios rían;
    mientras se llore, sin que el llanto acuda
    a nublar la pupila;
    mientras el corazón y la cabeza
    batallando prosigan,
    mientras haya esperanzas y recuerdos,
    ¡habrá poesía!” …
    G.A. Bécquer

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