Minas y otros agujeros negros

MINAS
Todos somos un poco mineros,
 si miramos un mapa con los yacimientos minerales de nuestro país, sobre todo si nos alejamos unos años en el tiempo, dudo que hubiera alguna población sin una explotación minera en menos de 50 km a la redonda, por eso todos aprendimos a respetar un trabajo envuelto por el misterio del azar. Si el universo se creó en un agujero negro del espacio, la vida continuó gracias a los muchos agujeros negros que se hicieron en el terreno. 

El ser humano miró antes al suelo que al cielo, y aprendió pronto que para mantenerse en la superficie de la evolución tenía que profundizar en la tierra y sacarle el jugo mineral que contenía, era la forma de darle consistencia al mundo que empezaba a levantar, y de aportar energía para mantener el invernadero de la cultura a la temperatura adecuada para que creciera la humanidad que nos caracterizaba. Y creció y se extendió, es cierto que también lo hizo la inhumanidad y que en su nombre se han cometido las peores barbaridades, pero en todo momento la tierra fue leal y dio antes que el cielo aquello que se pedía a las alturas. Hemos ido superando épocas y etapas, pero aún no hemos sobrepasado ninguno de los periodos minerales que un día alcanzamos: seguimos en la edad del bronce, en la del cobre, en la del hierro… y hemos vuelto a la edad de las piedras en al camino. Nunca tuvimos una “edad del carbón”, aunque no dudamos en llamar a su consecuencia “Revolución Industrial”, quizás por esa prepotencia ganada con el tiempo de querer destacar más lo artificial que lo natural. 

Nací en Serón, en la provincia de Almería, un pueblo con minas de hierro (Las Menas), que trajeron riqueza y prosperidad a toda la comarca. Cerca estaban las minas de mercurio en Bayarque y las de talco en Somontín, y un poco más al Este las canteras de mármol de Macael, todo a menos de 20 km. El cultivo de la tierra se prolongaba con la minería, por eso el mundo rural, por mucho asfalto que le pusieran a sus calles y por muchos pabellones deportivos que levantaran, siempre permaneció unido a la tierra, y su gente prefería tener antes los ahorros invertidos en tierra que metidos en un banco. Ya no hay ahorros, los bancos no son de fiar y la tierra está abandonada

Las minas de hierro de Serón se cerraron en 1968, después le siguieron las de Bayarque y las de Somontín, el mármol se resiste, pero la crisis se está comiendo la esperanza como las polillas acaban con la madera. Cada vez que una mina se cierra los papeles se invierten, es como si la oscuridad que guarda en su interior saliera e invadiera toda la zona, y como si la ilusión y la alegría de su gente cayera por su boca hasta la profundidad más irrecuperable. En Serón, nada más cerrar las minas, la gente empezó a huir de la desesperanza y de la frustración. Comenzó una migración que se llevó lo mejor de nuestra tierra, que no era el hierro ni el mármol, tampoco el mercurio o el talco, a otros lugares de España y de Europa que crecieron con la iniciativa, la decisión, la determinación y la fuerza que nos faltó para salir de ese otro pozo que apareció en el lugar cuando se cerraron los de las minas. Atrás dejaron la soledad y las lágrimas, y unas casas cerradas a las que sabían que no regresarían nunca. 

En tan sólo dos años la población de Serón descendió un 30%, y en 15 años un 51%. Hoy, más de 40 años después, aún sigue descendiendo a pesar del gran esfuerzo y trabajo que se realiza desde el municipio. 

El cierre de las minas de carbón, tal y como se presenta, supone liberar esa oscuridad para hacer de sus comarcas un paisaje tenebrista y acabar con la vida que hoy las habita. Todo el mundo lo sabe porque, por desgracia, es parte del proceso histórico que viene sufriendo la minería con el argumento de la “rentabilidad” centrada en lo económico. Sólo recuerdo noticias de cierre de minas bajo la misma justificación, sin que haya dejado de ser necesario el mineral que se saca de ellas. Y cuando la mirada se aparta de las personas el significado es doble: Por un lado quiere decir que importan más los números, y por otro, que el olvido de las personas tiene dos protagonistas: no importa lo que ocurra con la vida de quienes salen de la mina, y no importa lo que ocurra con la vida de quienes entran en la mina en otros países donde no existen derechos ni protección suficiente de los trabajadores. 

La marcha minera que finaliza este miércoles en Madrid (11-7-12) no pide ningún privilegio, tan sólo continuar con uno de los trabajos más duros y de más riesgo, eso ya debería ser suficiente para que nos detuviéramos a pensar lo que hay detrás, y para entender la injusticia que se puede llegar a cometer si se saca la oscuridad de unas minas con la única opción de empujarla, como si fueran vagonetas cargadas de carbón, hacia un futuro aún más negro.

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3 thoughts on “Minas y otros agujeros negros

  1. Usted quiere cargar contra el Gobierno por el tema de las ayudas a la minería y como resulta que no es su materia decide hacer bulto con unas consideraciones sobre al vida, el universo y el propia trabajo de la minería carentes de cualquier rigor.
    Gozar de forma tan privilegiada de una plataforma como ésta le debiera hacer un poco más exigente con las cosas que dice y no largar por largar en temas que ni vienen a cuento ni usted da muestras de conocer lo más mínimo.
    En relación con su análisis sólo una pregunta: ¿si quien trabajase mayoritariamente en las minas fuesen mujeres hablaría usted de patriarcado, violencia y discriminación o como hace más arriba simplemente de injusticia?

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