Mientras

CRISIS WHAT CRISISTodo sucede mientras ocurren otras cosas y, sin embargo, parece que sólo pasa aquello que nos afecta de manera directa, incluso lo que sabemos que se produce a través de noticias que nos muestran distintos acontecimientos que transcurren al mismo tiempo que nuestra vida, cuando alcanzan nuestra conciencia lo hacen como parte del pasado, y da la sensación de que no nos afectan por lejanos o pretéritos.

La crisis ha llegado en el momento crítico que supone la desafección ciudadana de la política y la desconfianza en los políticos, no es cierto que esa distancia entre la política y la sociedad sea una consecuencia de la crisis, todo lo contrario, ha sido uno de los motivos para que esta pudiera fraguarse. Si recordamos las encuestas sobre el nivel de conocimiento social de los políticos y la valoración de su gestión, los resultados anteriores a la hecatombe económica no son muy distintos a los actuales: conocimiento escaso y gestión no aprobada, lo único que cambia en el ranking es el orden de las carteras y de los porta-carteras ministeriales.

Hace tiempo que los políticos se dieron cuenta de que el poder imperecedero estaba en la economía, y que la representación democrática terminaba siendo arrastrada por las ventiscas que levanta la voz del pueblo cada cuatro años. Por eso jugaron a ser parte de ese poder y a acercarse a grupos de interés que quedaban aún más lejos de los barrios ciudadanos, que ya hacía tiempo habían abandonado. Y cuando quienes vivían en esas zonas de lujo se dieron cuenta de la situación y del alejamiento de la política respecto al pueblo, entonces, y sólo entonces, tiraron del hilo de la crisis-trampa para atrapar a la política en una jaula y a los ciudadanos en otra.

Y no ha sido difícil, los políticos se encontraban solos, discutiendo entre ellos y jugando al “y tú más”, al “yo primero” o al “te vas a enterar”, mientras el pueblo estaba abandonado a su mala suerte.

Pero lo más grave no es la situación descrita, ni que pasen cosas contrapuestas de manera simultánea. Lo grave es que todo está ocurriendo como si no pasara nada, o como si lo que acontece no tuviera más remedio que ser así. Ahí es donde se encuentra la evidencia de que se trata de una crisis programada que ha necesitado la desactivación previa  de la crítica social, para poder llevarse el botín del Estado de Bienestar que con tanto trabajo y esfuerzo habíamos conseguido.

Nos han hecho creer que no nos merecemos la sanidad que tenemos, ni la educación que necesitamos, tampoco las ayudas a quien no tiene trabajo, ni a la dependencia… Nos han hecho pensar que es lo mismo ocho que ochenta y que donde antes había siete médicos ahora basta con uno, que donde trabajaban cinco profesores ahora no hace falta ninguno, que la Administración no puede pagarle a los funcionarios, pero sí puede hacerlo a empresas privadas que dan un peor servicio y tienen como prioridad el beneficio económico…

Pero no pasa nada… para lo que podía haber pasado, no pasa nada. La conciencia atenazada siempre piensa que las cosas pueden ser peor.

Y mientras ocurre todo lo demás…

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