Educación para la feligresía y segregación en las aulas (I)

FELIGRESIA Y SEGREGACION
Lo de “juntos como hermanos…” que cantábamos en misa de doce, a pesar de las críticas y de las risitas que se han hecho sobre el lenguaje no sexista,  debería ser sustituido por “juntos como hermanos y juntas como hermanas…” para adaptarlo a la propuesta de separar a los niños y a las niñas en aulas diferentes, y así evitar posibles confusiones (y mezclas).

En esta fina lluvia postconservadora que está cayendo, aunque tampoco faltan las tormentas, cada día llegan nuevas propuestas e iniciativas para alcanzar ese “volver a empezar” tan deseado. Da igual el ámbito en que nos encontremos (económico, laboral, sanitario, social, inmigración…), la idea es regresar a tiempos anteriores donde además de diferencias había distancia entre cada una de las partes y elementos implicados. Y si la intención es esa en ámbitos fríos e impersonales como los apuntados, lo relacionado con la Igualdad y la posición de las mujeres en la sociedad se ha convertido en la piedra angular sobre la que hacer descansar el modelo que se quiere imponer. La situación es muy sencilla, nada puede sostenerse en el nuevo diseño si no es con el regreso de las mujeres al desempeño de sus roles tradicionales de esposas, amas de casa y madres; podrán trabajar, por supuesto, pero sin abandonar esas tareas esenciales ni comprometer a los hombres más allá de la ayuda. El nuevo “estado del bienestar” pasa por la vuelta de las mujeres a la cocina y al cuarto de estar.

Ocurrió tras la grave crisis de la década de los 20 en el siglo pasado y el denominado “New deal”. El pacto, como han puesto de manifiesto Mink y Coontz,  se basó en la promoción de los empleos destinados a los hombres para mantener el modelo de familia tradicional, y obligó a que muchas mujeres permanecieran en el hogar sin poder desarrollarse profesionalmente. Y en 2012 ocurre de nuevo algo parecido con esta “crisis tan oportuna” y el replanteamiento del papel de las mujeres. Pero claro, ahora que no hay una diferenciación de puestos de trabajo entre hombres y mujeres no basta con promocionar determinados empleos. Ahora los esfuerzos se dirigen hacia otro objetivo, y todo indica que lo que se pretende es cambiar las mentalidades para que se presenten de manera diferente en los chicos y en las chicas, y que cada grupo asuma y elija desarrollar un papel distinto. Por eso la educación es tan importante, porque actúa como el vehículo transmisor de las referencias y valores que permiten marcar las identidades sobre la asunción de roles diferentes y específicos para cada sexo.

Hace unas semanas el ministro Wert anunció un cambio en el programa de Educación para la Ciudadanía, y ahora ha mostrado su oposición (con el debido respeto) a la sentencia del Tribunal Supremo que avala que el dinero público no se destine a educar separadamente a quien luego ha de convivir. Y, curiosamente, la modificación del programa de Educación para la Ciudadanía ha incidido en las cuestiones que la Iglesia Católica más ha cuestionado, y los colegios de educación segregada pertenecen a organizaciones religiosas de la Iglesia Católica.

El ministro Wert y el PP se equivocan al considerar que las personas son antes feligreses que ciudadanos, y la Iglesia se confunde al pensar que los feligreses en términos de creencias son buenos ciudadanos en términos de derechos, y que basta cumplir los mandamientos que llevan a otro mundo para vivir en este.

El Estado no puede permitir que las personas sean siluetas ciudadanas con apariencia correcta, pero vacías en cuanto a los valores de convivencia y respeto que parten de lo común y del marco constitucional que nos hemos dado. Habrá valores diferentes entre las distintas creencias, educaciones, culturas, costumbres, ideas… pero la fortaleza de la sociedad nace de ese interior ciudadano que lleva a convivir y a compartir lo común en el encuentro, no de la apariencia formal, y la educación debe potenciar ese encuentro, no dificultarlo. Lo demás, esos valores particulares, podrán dar mucha cohesión interna dentro de cada grupo, pero si no incorporan lo común terminarán en conflicto con los demás.

La última decisión que se maneja estos días no sólo pasa por el cambio de programa de la asignatura Educación para la ciudadanía, sino que busca (no sé si potencia) mantener la segregación de niños y niñas dentro de la educación con dinero público.

Al margen de no entender que la educación no sólo es la trasmisión de conocimientos y habilidades, y que su objetivo debe ser hacer de los chavales y las chavalas buenos ciudadanos con conocimiento y formación académica y profesional, por supuesto, pero también entendiendo y respetando la Igualdad y las diferencias existentes, especialmente las que históricamente han sido utilizadas como justificación de la desigualdad y de la distinta posición de hombres y mujeres, para que nunca sean base ni argumento para la discriminación. Y este objetivo se consigue mejor a través de compartir espacios, inquietudes, ilusiones, problemas, ayudas… en lugar de mantenerlos como seres extraños que permanecen separados como si cada uno fuera un problema para el otro, hasta que un día se encuentran en la plaza de un pueblo, en un parque o en un centro comercial. Los estudios realizados en adolescentes (entre ellos el más amplio llevado a cabo hasta ahora y   elaborado por el Ministerio de Igualdad en 2009), ponen de manifiesto que la alta incidencia de violencia de género de los 15 a los 18 años (9’2% de las chicas reconocen haberla sufrido y 13’1% de los chicos reconocen haberla ejercido), y lo que es más grave, la presencia de los valores y actitudes que justifican estas conductas. Pero también han revelado que las chicas y chicos con más formación y conocimiento en igualdad son las que menos violencia sufren, los que menos la ejercen, y los que resuelven los conflictos de manera pacífica, todo ello a pesar de que tanto el alumnado como el profesorado reconocen que apenas tienen oportunidad para abordar estos temas en clase. 

La solución no es, por tanto, cambiar el programa en lo referente a la igualdad (la tan criticada “ideología de género”, como la han llamado muchos), ni separar a los niños y las niñas en aulas distintas. Todo lo contrario, la solución para por seguir trabajando sobre la igualdad y en potenciar los programas que ayuden a entender que las diferencias no nos hacen mejores o peores, ni capacitados o incapacitados para desarrollar determinadas tareas y expresar ciertas emociones y sentimientos.

Pero está claro que no hay voluntad de trabajar en esa línea. Quienes defienden las posiciones tradicionales dicen que hablar de igualdad, de sexualidad, de género… es adoctrinar, mientras que lo que ellos proponen es educar. Y lo dicen quienes más han criticado al sistema educativo español, quienes no se han cansado de decir que con este sistema el alumnado no aprende lengua, matemáticas, historia, geografía… en cambio temen a lo mucho que pueden aprender con una simple asignatura que se imparte unas cuantas horas a la semana…

No dejar de ser curiosa esta forma de entender la realidad, ¿verdad?

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9 thoughts on “Educación para la feligresía y segregación en las aulas (I)

  1. Me parece excelente el planteo y la argumentación en CASI todo. El único detalle en el que disiento (que puede ser considerado nimio, o que quizá yo no interpreté adecuadamente), es respecto a separar tan drásticamente lo religioso de lo cívico. Ambas áreas se superponen complementariamente y son tan indispensables como el cerebro y corazón a un cuerpo físico. Obviamente que desde ambas áreas, los líderes y sus seguidores, suelen excederse en atribuciones y libertades. Pero de allí a separarlas como interpreté… es en lo que disiento. Porque sin creencia religiosa (de un “más allá” que dé sentido a la ética profunda y sostenida, en lugar de sólo aparentarla para evitar censura o sanciones de los demás), se pierde lo que permite a los demás postulados, teorías o creencias dar un sentido a la vida y coherencia, para no priorizar una vida nihilista, centrada en el hedonismo tan negativo y contraproducente para sí mismos como para el entorno.
    El otro detalle que sugiero considerar y reflexionar es cómo se utiliza -y lo que implica- el término “igualdad”. Porque se tiende a tomarlo en extremos absurdos, como que la mujer puede someterse a iguales esfuerzos físicos que el hombre (no es la norma natural), o que los hombres son naturalmente tan idóneos como las mujeres para hacerse cargo de recién nacidos (cuando ni siquiera pueden dar de mamar, porque no tienen glándulas mamarias). Todo tiene sus excepciones dentro de las generalidades y hay que tratar de evitar dar por obvio a lo que, evidentemente, demasiados no lo tienen claro, ya que hasta se confunde libertad con libertinaje, en derechos de toda clase, especialmente en los de género y sexuales.

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  2. Qué poca verguenza tienen el ministro Wert y sus secuaces al hablar de que la asignatura de “educación para la ciudadanía ” ideologizaba a los alumnos. ¿Qué mayor ideologización que la mera existencia de los colegios religiosos, que encima estamos subvencionando con dinero público? Esto es un auténtico escándalo en un estado laico como el nuestro. Está clara su estrategia de cargarse la educación pública, que es la única que garantiza la igualdad de oportunidades y la no ideologización de los alumnos, y la que tiene a los mejores profesionales (los que han pasado las oposiciones). Así dan negocio a sus amiguetes de la iglesia y adoctrinan convenientemente a nuestros niños y jóvenes (con el dinero de todos) Qué pena de país y de políticos.

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  3. Y LA LIBERTAD DE CULTO DONDE QUEDA??VAN A OBLIGAR A LOS MUSULMANES ,BUDISTAS ETC A ESTUDIAR RELIGION CATOLICA??SINO NO HAY EDUCACION??ESTO ES PARA HACER LA EDUCACION PAGA, TIENES DINERO TIENES EDUCACION,LOS QUE NO SOLO BURROS DE CARGA,QUE HORROR!!!!!

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  4. ANTES NOS DOMINABAN CON ARMAS AHORA LAS ARMAS SON PRIVAR DE EDUCACION Y ACENTUAR EL HAMBRE UN HOMBRE SIN LO ANTERIOR DEJA DE PENSAR ESO ES LO QUE QUIEREN UN PUEBLO SOMETIDO A LOS CEREBROS NAZIS

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