La lavadora


LAVADORAAl final todo termina con una lavadora. 
Da igual que el tiempo haya transcurrido con demasiada prisa o se haya detenido a ordenar los recuerdos antes de pasar definitivamente, al final, como si se tratase del remolino de un huracán, los restos de lo vivido terminan arrastrados por un lavado que borra los momentos que se revelaron más allá de nuestros cuerpos. Camisetas con la marca del carmín que reposó en su hombro, pantalones impregnados por la hierba de un parque, sábanas hundidas en el sudor que borraba el amanecer… todo parecía no acabar, mas al final todo es empujado por ese centrifugado antiarrugas que te devuelve a la realidad almidonada de la rutina y te encoge el corazón.

Este tiempo de verano es especialmente propicio para las lavadoras, da igual que sean de carga superior o frontal. Es tiempo de viajes, de encuentros, de excesos con la comida y la bebida, de deporte… También es momento de amor y pasión, de la liberación que impone la rigidez de lo previsto, y de dar espacio a la imaginación que termina por buscar un lugar, una persona o una excusa que se parezca al recuerdo que un septiembre precipitado no fue capaz de comprender, y abandonó a la deriva sin que el olvido pudiera arrastrarlo definitivamente mar adentro.

Es el regreso al verano que acompaña a cada verano que regresa, la segunda oportunidad para saldar las cuentas que se desprendieron del hilo de la vida y quedaron en algún lugar de una playa, una montaña o una plaza donde un grupo músico-vocal tocó esa canción que convirtió los días en un pasadizo para volver hasta ese momento, para saber que la vida también es parte de una mentira.

¿Se puede arrastrar de nuestra memoria aquello que un día dijimos no olvidar? 

El tiempo es la lavadora de la vida y las circunstancias el programa que la hacen girar a más o menos revoluciones, para presentar la ausencia blanca del olvido como prueba. Y aunque cada vez le ponen más lejía a los días para que todo sea borrado, siempre fracasa. El tiempo gira en una dirección, pero la memoria lo hace en sentido contrario y provoca un encuentro con los sentimientos que eleva la temperatura y mezcla los recuerdos con el vivir, en esa experiencia que nos hace ser también lo que un día vivimos. Por eso al final vuelve el verano como regresa el tiempo a su punto de partida, y con él regresamos a los instantes que dejaron la huella sobre la que hoy pisamos, a aquellos días que el tiempo no pudo vencer, ni el olvido someter.

A pesar de ello, siempre hay quien se despide antes con una lavadora que con un adiós, unas veces utilizan el argumento corto del lavado para prendas delicadas, otras las frías palabras del programa largo para blancos sucios, pero al llegar septiembre cambian el sonido intermitente de la olas que rompen en la arena ya solitaria, por el murmullo quejumbroso y continuo de una lavadora que busca eliminar los indicios de lo vivido.

Pero la vida mezcla los colores y las experiencias para que no se vayan del todo, para que permanezcan más allá de la intención. 

Nunca se empieza de cero ni se llega al blanco nuclear, que no nos engañen con anuncios de nuevos detergentes… si se busca y se compara, siempre se encuentra algo mejor.

AC

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