Los nuevos Herodes


HERODES
Herodes el Grande, allá por el siglo I antes de Cristo,
vio peligrar su reinado y actuó contra la amenaza ordenando acabar con la vida de aquellos niños que podrían desplazarlo del poder.

La cultura androcéntrica ha adoptado una posición similar a lo largo de la historia para defender los privilegios que los hombres se han dado a sí mismos, desde los más materiales y cercanos hasta los más trascendentales formados bajo los conceptos de autoridad y superioridad. Estos elementos son los que hacen que su palabra tenga más valor, que sus argumentos gocen de credibilidad, que sus decisiones se entiendan nacidas de la reflexión, que su opinión se acompañe de criterio… y todo por el simple hecho de ser hombres. Las mujeres pueden conseguir una situación similar, pero tendrán que demostrarlo cosa por cosa al no contar con esa especie de pack como ocurre con la versión masculina.

La presencia de la desigualdad en la sociedad actual, la perspectiva histórica de la reivindicación de la igualdad iniciada por el feminismo siglos atrás, y la radicalización del control a través de la crítica y de la violencia de género, demuestran, entre otras muchas cosas, esa realidad tan ocultada y negada.

Y del mismo modo que las mujeres han cambiado y muchos hombres con ellas para acercarse a la igualdad, aquellos otros hombres que quieren mantener los privilegios de la desigualdad también han modificado sus estrategias de control y dominio.

Hace años, la separación y el divorcio condenaban a las mujeres a una especie de “muerte o letargo social”. Ante el resto de la gente eran mujeres de cierta edad, que ya habían estado con un hombre, que se quedaban con la servidumbre de los hijos y que continuaban bajo el control del exmarido a través de la dependencia económica, la cual era utilizada para seguir imponiendo sus criterios y decidiendo por ellas. Para esa gente estas mujeres se convertían en una especie de “objeto usado”, y como tal perdían valor. Pero eso ya ha cambiado, y por eso muchos hombres que quieren seguir controlando a sus mujeres tras la separación han modificado su estrategia.

Ahora ven amenazado su poder, su autoridad y su libertad extendida sobre la de la mujer, e igual que hizo Herodes el Grande, buscan atacar a quien genera esa amenaza para seguir gozando de los privilegios de su status masculino o para dañar a la persona que osa enfrentarse a ellos. La amenaza es la mujer y el instrumento son los niños, por eso aquellos que se encuentran en esta situación ahora reivindican la custodia y la guarda de sus hijos. Lo cual no significa que todos los padres que quieren la custodia actúen bajo la misma motivación, por eso es tan importante adoptar las medidas de forma individualizada.

Hace unas semanas nos sobrecogieron las imágenes de unos hechos ocurridos en Cittadella (Italia). Un niño llamado Leonardo es separado a la fuerza de su madre por la policía antes de entrar al colegio, y llevado en contra de su voluntad a vivir con un padre al que no quiere ver. Y esto, que nos parece lejano y extraño, es lo mismo que está ocurriendo con frecuencia en España y en todos los países, bajo una de las muchas estrategias desarrolladas por el posmachismo.

Los hechos son objetivos: Hay niños y niñas que tras la separación no quieren ver a sus padres. Nadie cuestiona esta realidad. El problema está en la manipulación que se hace de esa situación para darle un significado que ataca a la mujer, al argumentar que se debe a que la madre manipula a los hijos para que odien a su padre. Y para darle más valor lo han revestido de elementos científicos, presentándolo como algo técnico y neutral bajo la denominación de SAP, “Síndrome de Alienación Parental”

Otro día hablaremos más despacio de él, pero de momento debe saberse que este “síndrome” no está aceptado por la comunidad científica internacional y que, por tanto, no está en ninguna de las clasificaciones mundiales de enfermedades y trastornos mentales, ni en el DSM-IV-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría, ni en la CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud. En nuestro país, además, hay un pronunciamiento crítico de la sociedad más relevante en psiquiatría, la Asociación Española de Neuropsiquiatría (25-3-2010) y del Consejo General del Poder Judicial tras uno de los cursos organizados sobre el tema

No debe confundirse el hecho de que haya científicos que lo defiendan con el hecho de que sea una entidad clínica aceptada por la ciencia, también hay científicos en contra de los programas de vacunación infantil, por ejemplo, y sus posiciones no son aceptadas por la comunidad científica, y mucho menos se adoptan decisiones desde las instituciones sanitarias que respalden esas ideas particulares, por muy argumentadas que estén. 

Lo que resulta más grave es que a pesar de que no sea una entidad clínica aceptada científicamente, se esté utilizando en los juzgados y que muchos jueces y juezas estén adoptando decisiones iguales a la que resolución que dio lugar a las imágenes de Italia. Lo terrible es que muchos niños y niñas sean arrebatados a sus madres y entregados a unos padres que rechazan, y que lo hagan para que vivan con ellos dejando de ver y contactar con la madre “hasta que se curen”. Esta es la consecuencia del SAP. 

La perversidad del SAP y de los padres que lo utilizan es tal que impide averiguar las verdaderas causas de por qué los hijos no quieran ver a sus padres, las cuales no están relacionadas con la manipulación de las madres. Muchos estudios han puesto de manifiesto que estas conductas están vinculadas a la reacción de los hijos tras la separación, pero también, y de hecho ocurre con más frecuencia, a la violencia que ha ejercido el padre contra la madre y contra ellos durante la convivencia. Este hecho es avalado por los datos de la Macroencuesta de 2011, realizada por el CIS y el Ministerio de Igualdad, en la que aparece que la mayoría de las mujeres que sufren violencia de género lo que hacen es separarse, no denunciar a su pareja. Cuando estos niños y niñas que han vivido la violencia se sienten seguros y a salvo de las agresiones del padre que han vivido, no quieren volver a verlo. Obligarlos a hacerlo en estas circunstancias causa un daño profundo en ellos, que en algunos casos ha llevado hasta el suicidio. 

Creo en los hombres y en su responsabilidad como padres, yo soy padre y sé lo que es el vínculo afectivo que se establece con los hijos y cómo debe sentirse un padre cuando se pierde el contacto con ellos tras la separación. También soy consciente del gran cambio seguido por muchos hombres, y que hoy son tan buenos padres como buenas madres son sus compañeras, y que todo ello se debe reflejar en las en las decisiones judiciales y en las medidas que se adopten tras una separación respecto a la guarda y custodia, entre ellas la custodia compartida por mutuo acuerdo. Pero también soy consciente de que, al igual que los maltratadores han utilizado a los hombres no violentos para camuflarse entre ellos y aparentar lo que no son, muchos posmachistas que buscan dañar a sus exparejas y seguir controlándolas, utilizan a estos padres que ejercen una paternidad afectiva y corresponsable para exigir medidas que le permitan seguir gozando de ventajas y privilegios. De hecho, si se paran a ver la situación de forma global, los mismos que defienden el SAP son los que pretenden que se adopte la custodia compartida impuesta, los que hablan de denuncias falsas en violencia de género, y los que cuestionan las políticas de igualdad… Todo al mismo tiempo que reivindican la custodia compartida como reflejo de la “verdadera igualdad”. Curioso, ¿no? 

La alienación parental no existe,  y los hombres debemos trabajar por la igualdad para que se nos reconozca, sencillamente, como iguales para todo, también para ejercer la paternidad y asumir las responsabilidades y obligaciones que conlleva, antes y después de la separación, si esta se produce. 

Que no nos engañen, el principal obstáculo para conseguirlo no son las mujeres ni la igualdad, sino aquellos hombres que quieren que todo siga como ha sido y la desigualdad. Herodes el Grande quedó atrás en la historia, no lo resucitemos.

 

PD. El contenido de este post no va contra los hombres. Cuestiona a aquellos hombres que utilizan los argumentos recogidos y llevan a cabo las conductas descritas, así como a los valores que han utilizado para hacerlo como parte de la "normalidad". El resto de los hombres (ranas o no) debemos cuestionar todo eso. No se trata de que dejemos de ser hombres, sino de sacar de la masculinidad esas conductas, ideas y valores que otros quieren imponernos como parte de la hombría. Ese es mi planteamiento. Que cada uno actúe como considere.


Advertisements

51 thoughts on “Los nuevos Herodes

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s