Los señoritos y la política


SEÑORITOS Y POLÍTICA
Las palabras esconden más historias que las horas que pasan,
 en definitiva el tiempo sólo es la caja donde se guardan los acontecimientos, pero las palabras siempre quedan como testigos que van de boca en boca para atar la realidad a un significado.

“Señorito” hace referencia, según el DRAE, al hombre que es amo de sus criados, pero también al que lleva una vida ociosa amparado por una determinada posición, la cual le permite vivir al margen de ciertas responsabilidades gracias al poder que cuenta y a la imagen que se han creado. Esto es lo que les facilita llevar a cabo una serie de comportamientos que son rechazados en aquellas otras personas que no alcanzan la “condición de señoritos”.

Todo surge de ese marco de significado que lleva a entender que su comportamiento forma parte de la posición que representa.

Cuando un señorito se levanta a las 11 de la mañana y se dirige con ostentación al bar de la plaza del pueblo para desayunar con una copa de vino y contar sus hazañas del día anterior, la gente que lo observa entiende que es algo que forma parte de su condición, en cambio él podría despedir a uno de sus empleados por retrasarse unos minutos al incorporarse a su jornada. Cuando el señorito escatima para pagarle a los trabajadores mientras derrocha el dinero en lujos innecesarios, todo el mundo ve antes al señorito que al abusador. Cuando un señorito decide dejar sin cultivar la tierra o cerrar una fábrica porque le resulta más rentable o porque no quiere problemas, muchos podrán estar más o menos disgustados, pero no dejan de entender que su decisión forma parte de lo que se podía esperar de él. Al final todas estas críticas en voz baja, o esos silencios a todo volumen, acompañados de la pasividad de la costumbre, son los que dan carta de naturaleza a esas conductas que tanto se cuestionan y a que permanezcan.

En el fondo, la idea de señorito es un estereotipo más que como tal viene a dar sentido a la realidad sobre determinados significados que, lógicamente, se han construido desde posiciones de poder para que todo sea armónico y coherente, y resulte como se espera. Y esta idea del señorito y de los estereotipos sigue muy vigente en la política española a la hora de valorar y juzgar la conducta de la derecha y de la izquierda. Y lo hace en el peor de los sentidos.

En primer lugar, porque parece que no son infrecuentes las personas que desde dentro de los principales partidos nacionales y autonómicos reproducen el modelo de poder actuando desde la idea de merecimiento y justificación en beneficio propio, como si fueran “señoritos de la política”, y en segundo término, porque la sociedad que da nombre y significado a la realidad, cree que algunas formas de actuar son más propias de la ideología relacionada históricamente con el poder social, no sólo político. De este modo se mira para otro lado más fácilmente cuando la conducta que puede llegar a ser corrupta se hace desde sectores conservadores, o cuando se privatiza la sanidad, o cuando se suprimen las ayudas a la dependencia, o cuando se retrocede en igualdad… Y luego se justifica con más facilidad una vez que ya se ha producido, incluso sin que un “¡que se jodan!” dirigido a quienes sufren el impacto de sus decisiones tenga consecuencia alguna. Por el contrario, esa justificación no sólo no existe en otros partidos, sino que su conducta se ve como una traición.

Las dos conductas son reprobables y condenables, pero el poso que dejan es diferente. No hay que irse muy lejos para ver la distinta valoración que se hace al acercarnos a la estrategia del “y tú más” que protagoniza la actualidad, para comprobar cómo se comparan cosas y casos muy diferentes (Bárcenas, Amy Martin, Pokemon, Mercurio…), sin detenerse en qué ha ocurrido en cada uno de ellos y sin analizar el significado de lo que representan. Todos están mal, pero todos son diferentes en su mal.

Pero quizás la consecuencia más llamativa y el diferente significado que se les da a estas conductas según las hagan unos u otros lo vemos en la propia sociedad. Y mientras que en Andalucía el PSOE perdió las últimas elecciones con una campaña electoral en contra que todo lo reducía a “los ERE”, en las Comunidades de Valencia, Madrid e Islas Baleares, a pesar de las evidencias judiciales de corrupción dentro de la trama “Gürtel”, los ciudadanos respaldaron una vez más a los gobiernos conservadores.

Todo intenta presentarse como si tuviera el mismo significado y como si la misma sociedad que no calla ante la evidencia del resultado último, no hubiera guardado un silencio connivente y no hubiera mirado hacia otro lado cuando comenzaba el abuso de poder.

Nada es casual, las mentiras que han seguido brotando sobre el terreno de la duda demuestran que lo que molesta no es aquello que los corruptos han hecho, sino que los hayan pillado. Es el juego de siempre en esta sociedad de poder y desigualdad, abandonar al compañero caído para seguir beneficiándose de lo alcanzado por él hasta que llegue el próximo.

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7 thoughts on “Los señoritos y la política

  1. Pues, sin duda, más alto se puede decir, pero no más claro. Quizás, necesitamos unos cuantos forenses para nuestras instituciones (o para todos nosotros, colectivamente) antes de dejarlas (o dejarnos) en manos de los necesarios reformadores. Lo que pasa es que no queremos saber qué pasa realmente antes de ponernos a arreglarlo. Y Lorente, por lo que se ve, escribe al contrario. Y se agradece, paisano.

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  2. A traves de los tiempos, en mi pais esa gente ha recibido diferentes calificativos(varios nombres para la misma m…), desde Chapetones(españoles), “palos gruesos”(no por el pene, sino por relaciones politicas), oligarcas, “gran cacao”(en la epoca de ese producto), caciques, blancos, “pelucones”, etc.; y si, han sido soportados y/o tolerados, hasta admirados y envidiados, tanto por costumbre, como porque siempre tenian relaciones con la “justicia”, por lo cual era inutil cualquier reclamo, cada camada de politicos que llega al poder, bota a la sociedad varios parasitos de esa laya, como renovacion de su especie, varias “cepas viejas” se anquilosan y decaen, muchos huyen con plata a Miami u otra gusanera.

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  3. El señoritismo forma parte de la “cultura” española desde siempre y bajo distintas apariencias. Pero no nos vamos a engañar, políticamente es transversal. La estructura y el funcionamiento de los partidos responden a ese caciquismo. Ya estoy harto de tanto maniqueísmo. Esto es como las religiones: cada uno cree que la suya es la buena y las demás las malas.
    Salud

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  4. Bonita definicion de señorito. Es curioso que el autor no se arranque a comentar la diferencia en las acepciones de las palabras señorito y señorita cuando habla de sexismo en el lenguaje.

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