Síndrome de Alienación Parental (SAP)


SAP-Sombra“Los alienígenas han invadido el planeta…”
podría parecer el comienzo de un relato de ciencia ficción con seres procedentes de otros mundos, pero la situación es más mundana. La invasión se ha realizado desde otro tiempo, desde el pasado arraigado en la desigualdad, y quienes lo han hecho nunca se han marchado del todo, siempre han utilizado el poder con sus argumentos e ideas. 

El posmachismo es la nueva versión del machismo tradicional que juega con las formas y el mensaje para defender lo mismo que hicieron sus antepasados sin formas ni mensaje, sólo con la violencia de palabra, obra y “misión”, pues todo se hacía en nombre del bien común y en defensa de las instituciones. Y entre esos nuevas estrategias está la del Síndrome de Alienación Parental, o lo que es lo mismo, la manipulación por parte de un progenitor de los hijos e hijas para indisponerlos y enfrentarlos contra el otro progenitor.

Si se han fijado, como buena estrategia posmachista, juega con dos elementos esenciales, la neutralidad y el cientificismo. Se trata de un “síndrome”, o lo que es lo mismo, de un “producto de la ciencia”, y lo puede ejercer tanto el padre como la madre. De este modo superan las críticas iniciales, aquellas que, por ejemplo, se levantaron contra un antecesor del SAP, otro “síndrome” que fue denominado con todo el descaro “Síndrome de la Madre Maliciosa”. Cuando todo se les puso en contra por la falacia científica y por la formas de plantearlo aprendieron que ya no podían utilizar el ataque directo a las mujeres, que la sociedad había cambiado y que tenían que revestirse de neutralidad. Eso ocurría a mediados de los 80, y desde entonces han ido trabajando en el SAP con más éxito social, aunque con las mismas dificultades nacidas de su naturaleza, de ser una construcción ideológica que pretende controlar a las mujeres tras la separación.

El SAP juega con los mitos y prejuicios que históricamente han impregnado la percepción social sobre la actitud y personalidad de las mujeres, y lo hace al poner en valor la perversidad y la malicia que son capaces de desarrollar por interés personal, sin considerar a nada ni a nadie. En definitiva, se trata de aplicar esa idea sobre la “maldad” de las mujeres a los casos prácticos de las relaciones de los hijos e hijas con sus padres tras la separación.

Por eso no es casual que se empezara a utilizar cuando las leyes de “divorcio no culpable” posibilitaron que las mujeres pudieran separarse y rehacer sus vidas, pues hasta entonces  para hacerlo tenía que demostrar la “culpa” del marido, algo prácticamente imposible cuando la prueba era su palabra frente a la de ellos. A partir de ese momento la situación cambio de forma significativa. Antes, tras la separación la mayoría de los hombres “entregaban” los hijos a las madres y no pasaba nada cuando no respondían con responsabilidad ante las obligaciones que tenían como padres, por eso no había SAP. Pero cuando todo cambió, y las mujeres no quedaban atrapadas en el cuidado de los hijos, ni dependientes en la distancia del exmarido porque la ley les obligaba a pasar la pensión por alimentos, muchos hombres sorprendidos empezaron a desarrollar otras tácticas para mantener ese control.

El SAP parte del hecho objetivo de que los hijos e hijas no quieren ver al padre tras la separación, y lo que hace es dar una explicación coherente con las referencias culturales a esa conducta. Y esa es la trampa. 

Es una trampa porque lo que hace el SAP es evitar que se investigue cuáles pueden ser las verdaderas razones para que los hijos e hijas muestren ese rechazo al padre. Desde el momento en que en sede judicial se comprueba esta actitud en los hijos, estos son separados de la madre “manipuladora” y entregados al padre “herido”, creándoles  un trauma que será difícil de superar. De manera que la propia estrategia del SAP conlleva no profundizar en lo ocurrido.

En todo este contexto hay un detalle que no suele tenerse en cuenta, y es que la mayoría de las mujeres que sufren violencia de género salen de ella a través de la separación, concretamente la Macroencuesta de 2011 indicó que el 73.4% lo hacían de este modo. La situación es clara. Todas estas mujeres acuden a un Juzgado de Familia para separarse sin decir que han sufrido violencia por parte de sus maridos, violencia que los niños han visto y sufrido y que genera una conducta de rechazo hacia el agresor (el padre), que sólo ponen de manifiesto cuando se sienten seguros, es decir, tras la separación.

Esta es la causa más frecuente del rechazo de los hijos hacia el padre, la violencia de género previa. Luego hay otras razones que han sido puestas de manifiesto por múltiples estudios, pero todo choca contra el muro del SAP.

El Síndrome de Alienación Parental es una trampa y es una manipulación interesada al amparo de la cultura de la desigualdad. El SAP no existe. No está aceptado por ninguna de las clasificaciones mundiales de trastornos y enfermedades mentales, ni por el DSM-IV-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría, ni por la CIE-10 de la OMS, y por lo tanto no debería aceptarse como categoría diagnóstica en los Juzgados, como ahora se hace. Así lo ha recomendado el propio CGPJ, pero muchos Jueces y Juezas continúan aceptándolo. La independencia judicial se lo permite, pero también es exigible un papel más activo del Ministerio Fiscal y una respuesta profesional por parte de los equipos forenses (Medicina, Psicología y Trabajo Social).

El hecho de que haya científicos que lo defiendan no significa que sea una categoría científica, eso dependerá del cumplimiento de los criterios establecidos por la comunidad científica, no de las ideas u opiniones de unos cuantos científicos. Y hoy por hoy no se acepta.

A mi me parece perfecto que esos científicos continúen su trabajo para intentar que se admita el SAP, lo mismo que hay otros que intentan que se incorpore un nuevo fármaco que está en fase experimental. Pero del mismo modo que ese fármaco no se puede utilizar hasta que no sea aceptado, el SAP no debería ser utilizado en los Juzgados hasta su reconocimiento por la comunidad científica.

No es casualidad que se acepte y se tomen decisiones a partir de su diagnóstico, pues en definitiva viene reforzar la ideología de la desigualdad. Lo mismo que no es casualidad que quienes defienden y apoyan la existencia del SAP sean los mimos grupos de hombres y posiciones ideológicas que cuestionan la Ley Integral contra la Violencia de Género, que hablan de denuncias falsas, de custodia compartida impuesta, de discriminación de los hombres…  No deja de ser llamativo que quienes hablan de denuncias falsas utilicen la falacia del SAP como argumento para que se imparta Justicia.

Todo ello demuestra cómo el SAP forma parte de ese “paquete de medidas” desarrollado por el posmachismo para atacar a las mujeres tras la denuncia de violencia de género, y para mantener las referencias de la desigualdad.

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“Bigotría”

BIGOTRIA
No existe la palabra en castellano, tenemos muchos sinónimos (intolerancia, odio, desprecio, burla, ofensa, humillación…), aunque ninguno alcanza el sentido último que guarda esta palabra utilizada en otros idiomas.

El origen de la palabra viene de “bigot”,  y se remonta al siglo XVI, al parecer en Francia. Se refería a los “hipócritas religiosos” que utilizaban el nombre de Dios para justificar sus acciones, cuando en realidad su vida no tenía nada que ver con sus predicados. El argumento que daban era: “No, by God” o “By God”, y eso al final quedó como “bigot”. Y bigotría la actitud y conducta que se hacía sobre esas referencias.

En la actualidad la bigotría no es una actitud pasiva que se muestra ante la exigencia de determinadas circunstancias, todo lo contrario. Se trata de una posición que lleva a la acción por medio del desarrollo de conductas aisladas, estrategias compartidas, iniciativas políticas, campañas sociales… caracterizadas por los siguientes elementos.

  • Parten de una ideología asentada sobre unos valores considerados superiores al del resto de la sociedad, generalmente amparados por la historia y la tradición.
  • La posición, ideas, valores… no coincidentes con los suyas son tomadas como un ataque o como una amenaza que hay que combatir.
  • Se acompañan de una carga emocional que produce una mezcla de idea sobrevalorada propia del fanatismo y sentimientos de odio, rechazo, ofensa…
  • La  forma de abordar esa situación es a través de la acción, de una respuesta contra quienes son considerados como inferiores y como una amenaza.

La presencia de una actitud compartida por un amplio sector de la sociedad significa que hay elementos comunes sobre los que se concentran dichas sentimientos e ideas, no se trata de personas que tengan un rechazo particular a determinados elementos, como puede haber alguien que “odie determinadas formas de música”, o “ciertas manifestaciones culturales”, o “algunas costumbres o tradiciones”… La bigotría, esa ideología y sentimientos de odio,  se construye y se dirige contra personas a partir de la raza, el género, la orientación sexual, la nacionalidad u origen geográfico, la religión, el status socio-económico… 

Como pueden ver no es casualidad. No hay inocencia en la en la configuración de la realidad, aunque todavía haya quienes justifiquen estas conductas cuando se habla de medidas e iniciativas para erradicarlas, y digan que por qué hay que actuar a favor de determinados orígenes raciales (subsaharianos, árabes, latinoamericanos, orientales…), o facilitar las medidas contra la discriminación de las mujeres y contra la violencia que sufren, o por qué considerar la homosexualidad  de la misma forma que la heterosexualidad… Todas estas personas adoptan una teórica posición neutral y olvidan que cuando los Derechos Humanos hablan de no permitir la discriminación sobre el sexo, la raza, las creencias, la ideología… lo que están reconociendo es que históricamente ha habido discriminación y violencia en nombre de esos elementos. Y olvidan, no por casualidad, que quienes han sufrido esa discriminación y violencia no ha sido cualquiera, sino aquellas personas situadas en una posición inferior por la desigualdad que ha caracterizado a nuestra cultura, es decir, las mujeres, los homosexuales, los que han tenido una ideología y unas creencias diferentes a las consideradas como adecuadas, los extranjeros, los de grupo étnico distinto…

La neutralidad con la que ahora quieren abordar la desigualdad, la discriminación y la violencia que sufren quienes son víctimas  de esa situación sólo muestra su realidad y la presencia de una bigotría silenciada y maquillada con los argumentos de una actualidad falsa y traidora. No quieren que cambien nada, ni siquiera la violencia, por eso sus argumentos se reducen a ¿por qué hacer algo contra la violencia que sufren las mujeres y no contra la que padecen los hombres?, ¿por qué adoptar medidas y dar cobertura sanitaria a los inmigrantes cuando nos faltan tantas cosas a los nacionales?, ¿por qué facilitar el credo de otras religiones cuando ellas no facilitan el cristianismo en sus países?, ¿por qué hacer cooperación y desarrollo fuera de nuestras fronteras cuando hay necesidades aquí?… Todos son argumentos que no proponen nada en positivo, sólo que no se haga nada a favor de quienes consideran inferiores y merecedores de todo lo peor.

Vivimos un momento y una sociedad donde la biogotría adora a los nuevos fanáticos, y en la que la violencia se ha ampliado hasta las iniciativas políticas. Está claro que la Real Academia Española, tan ocupada en no aceptar la acepción social y cultural de la palabra género, no va a aceptar la palabra bigotría, y probablemente su uso tampoco será un argumento  para su aceptación, pero si aceptaran el silencio ante las conductas que la caracterizan como uso, tendrían que admitirla en mayúsculas.

Darwinismo político

DARWINDéjenme que lleve el tema al terreno de la ironía, de lo contrario sería dejarlo en el dramatismo agónico de las oportunidades que van muriendo poco a poco en una sala de espera.

De las dos grandes teorías de la evolución humana, la postulada por Darwin y la que presentó Lamark, la darwinista se presenta sin una dirección definida, en el sentido de que los cambios en las especies se producen por mutaciones al azar, y luego son las modificaciones que mejor se adaptan al medio las que se transmiten a la descendencia y se mantienen. La idea de Lamarck era la contraria, es el medio el que hace que aparezcan las modificaciones necesarias para sobrevivir, y quien las adquiera tendrá más probabilidades de hacerlo en mejores condiciones.  

La naturaleza es darwinista, pero la cultura es lamarckista.

Las sociedades modifican el hábitat de la cultura y la ciudadanía se va adaptando a esos cambios que nacen de la convivencia y la educación, y según el resultado obtenido dichos cambios permanecen, desaparecen o se modifican en otro sentido. Si embargo, últimamente las cosas han cambiado, y como en las sociedades hay quien le gusta jugar a Dios (y cada vez más), desde las posiciones de poder se introducen mutaciones (cambios que afectan directamente a las personas) para elegir quienes deben permanecer y reproducirse, y quienes deben de tener más dificultades para sobrevivir en el hábitat diseñado.

Se produce así una interacción entre la mutación que introduce la decisión política y el hábitat creado por otra serie de acciones previas, y esta interacción da lugar a una adaptación o, por el contrario, a una situación inadaptada que terminará por afectar la supervivencia en igualdad de esos individuos.

La última mutación que ha introducido el Gobierno ha sido no formar en las técnicas de trasplante a los equipos médicos de las Comunidades que no se ajusten el déficit. Se ve claramente la acción directa de la mutación sobre las personas en un hábitat previamente modificado a través de la medida general del “déficit”. Las consecuencias son claras, y se unen a los cambios introducidos con anterioridad.

Los recortes del Gobierno en Sanidad no afectan a todas las personas de manera directa. En lo inmediato repercuten sobre aquellas caracterizadas por una serie de elementos, entre ellos, la enfermedad, la edad avanzada, el carácter crónico de la patología que padecen, la infertilidad, la identidad sexual que busca una intervención para cambiar el sexo biológico, la existencia de un fracaso en algún órgano que requiere ser trasplantado…  Después, todos estos factores individuales se combinan con una serie de elementos sociales del hábitat que envuelven a las personas afectadas, entre ellos, fundamentalmente, la pobreza o la escasez de recursos económicos, o ser inmigrante sin papeles.

De alguna manera, nos trasmiten la idea de que se trata de “personas en mal estado”, puesto que si estuvieran sanas  y su “moralidad” no las llevara a plantear, por ejemplo, un cambio de sexo o una fecundación artificial, no necesitarían nada de eso y no se verían afectadas por los recortes. Y también se insinúa que se trata de “ciudadanos de segunda” (de esos del “¡que se jodan!”), puesto que si se hubieran esforzado tendrían recursos económicos y podrían acceder a todas esas prestaciones a través de la sanidad privada.

Todo ello conduce a un “darwinismo político” marcado por una ideología que se considera superior, y que da la sensación que entiende que son sus individuos los que deben reproducirse con ventaja para evitar la amenaza de la proliferación de otros que puedan acabar con el hábitat de sus valores y tradición.

Se produce así una "selección natural de manera artificial". Los más pobres, enfermos, y necesitados de asistencia… desaparecerán del terreno de la salud y de la procreación, mientras que los más ricos y saludables podrán seguir desarrollándose, teniendo descendencia y extendiéndose de manera que sean mayoría en la sociedad. Es un mecanismo de selección artificial lamarckista que introduce la mutación darwinista para mantener su educación, sus valores e ideas y trasmitirlas a las "nuevas generaciones". Es el darwinismo social dirigido desde las políticas de gobierno.

Soy consciente de que podría ser un guión para un telefilme, lo triste es que se trata del simple relato de la realidad.

El humo ciega los ojos

FUMATA BLANCA
No deja de ser curioso que sea el humo de una estufa el que anuncie la buena nueva de la elección del Papa, en una Iglesia acostumbrada a presentar con la luz de la llama la ventura de los acontecimientos y la presencia simbólica de la divinidad.

Quizás sea la distancia necesaria para mostrar que se trata de una decisión humana, nacida de la combustión de opiniones e intereses prendida por "la llama del Espíritu Santo". No lo sé, pero sin duda el humo que asciende por los cielos vaticanos puede cegar los ojos y ocultar dos de los elementos que caracterizan el momento: el silencio y el secretismo. Todo lo que esconde el silencio genera dudas, y todo lo que guarda el secreto levanta sospecha cuando sus consecuencias afectan a toda la sociedad.

En eso la Iglesia, con todos mis respetos, aún anda confundida y con frecuencia entra en contradicciones

Empieza por ser la “Santa Madre Iglesia”, pero quien la dirige es el “Santo Padre” en soledad, sin madre a su lado para mantener esa referencia de la figura paterna y materna que tanto se reivindica en lo terrenal. Y luego continúa con toda una liturgia dirigida a lo público, pero al mismo tiempo manteniendo en lo privado la esencia de sus decisiones y posicionamientos.

No se puede ser Iglesia sin la participación de las mujeres en igualdad con los hombres. Estamos en el siglo XXI, no en el I, y por mas explicaciones que se den, y por más interpretaciones que se hagan sobre el papel dado a las mujeres dentro de la Iglesia, si no es en igualdad con el de los hombres, se trata de una decisión injusta. Y si no es justa en este mundo, dudo que pueda serlo en cualquier otro, sobre todo cuando la actitud de Jesucristo en su tiempo respecto a las mujeres y a su protagonismo fue revolucionaria.

Hoy son las mujeres las que sostienen a la Iglesia, no hay nada más que acercarse a cualquier parroquia para comprobar que la gran mayoría de las personas que asisten a las misas son mujeres, y todas las que atienden al párroco y cuidan de la parroquia son mujeres. Si su papel histórico y actual es relevante, su posición debe ser relevante.

La otra contradicción para hacer de la Iglesia una institución moderna y actual debe basarse en la participación de los fieles y creyentes en las decisiones que se adoptan. De esta manera andará más cerca de la realidad y de las cuestiones que surgen en las nuevas circunstancias sociales. Los Gobiernos democráticos nacen de la voluntad del pueblo, de la decisión de los mismos fieles que luego van a los templos con sus creencias y sus ideologías, y eso debe ser respetado más que cualquier dictadura de misa y comunión diaria. No se puede interpretar el presente con las referencias de hace veinte siglos, ni pueden valorarse las decisiones  a partir de la interpretación de mensajes ocultos como si estuviéramos en la época de los hechiceros.

Vivir atrapado en el tiempo siempre produce conflictos y consecuencias que afectan de manera directa a los fieles y creyentes en un doble sentido. Por una parte porque los condiciona a seguir sus directrices y mandatos, lo cual supone renunciar a decisiones individuales que consideran más adecuadas con tal de no faltar a la Iglesia. Y por otra, porque obliga a una gran parte de esos creyentes a escenificar el ritual de la religión (misa los domingos y fiestas de guardar, confesión, comunión, bautismo de los hijos e hijas, contraer matrimonio, funerales…) sin que en la práctica sigan la doctrina en algunas de las cuestiones esenciales que se indican desde los púlpitos (uso de anticonceptivos, vivir la sexualidad al margen de la reproducción, matrimonio homosexual, interrupciones del embarazo cuando les afecta…). Todo ello genera en muchas de estas personas una frustración, incluso la vivencia religiosa de “estar en pecado”, sin que encuentren solución y alivio ni siquiera en la religión.

Desde la instituciones de la Iglesia se repite con frecuencia que “Iglesia somos todos”, habría que insistir en la idea de que “Iglesia somos todos y todas”, aunque a muchos les suene cargante y repetitivo, pero más vale insistir en lo necesario que darlo por sabido cuando todo indica que no se conoce.

El Papa Francisco tiene un gran reto por delante y mucha historia por detrás, veremos qué pesa más. Yo le deseo todo lo mejor.

Populismo y democracia

POPULISMO
Ha ocurrido en Italia, como antes lo hizo en otros países de la Unión Europea y como también sucedió en España con personajes como Ruiz Mateos y Jesús Gil, y ahora en muchos ayuntamientos, unas veces en forma de mal menor llamando a lo pintoresco o a lo gracioso, otras en forma de mal mayor cuando es la ultraderecha la que aparece para ocupar una parte del centro de la actualidad.

Lo que me sorprende de todo esto es que se presente la situación como un fracaso de la democracia, como un error del pueblo, como la demostración de los peligros de la soberanía popular… y no como un fracaso de la política y de los políticos. 

La responsabilidad de un pueblo en democracia es participar en la decisión de Gobierno, es cierto que luego la acción de gobierno debería contar más con la decisión del pueblo y, sobre todo, no ir contra ella con incumplimientos, pero su primera responsabilidad como pueblo es decidir a través del voto, lo cual puede llevar a la opción de no votar ante las propuestas y alternativas que se le presentan.

¿Se equivoca el pueblo ante cada una de estas decisiones? Para el político profesional todo es un error cuando no sale reconocido como él cree merecer, es decir, cuando no sale elegido, pero si se analiza la situación vemos que se equivocan más los partidos políticos que quien decide no darles su apoyo, y mantenerse lejos de las urnas o acercarse para votar una opción populista.

Cualquiera de esas dos posibilidades lo que quiere decir es que la situación es tal que la sociedad entiende que esas opciones son tan válidas (populismo o abstención) como votar a los partidos tradicionales, y como es algo que no gusta, rápidamente se ve como un error. Pero ¿no es un error acceder al poder con un programa electoral que se incumple e, incluso, llegar a hacer lo contrario a lo comprometido? ¿Y no es un error no saber (o no poder) explicar unas decisiones tomadas cuando se estaba en el Gobierno, o criticarlas y apartarse de ellas de cara al futuro como si no hubiera pasado nada?. ¿Y no es un error limitar la ideología al líder de turno, como si con cada persona cambiara la esencia de los valores "com-partidos"?

El “sí pero no” del Gobierno es un error, y el “no pero sí” de la oposición es otro error, quizás no para sacar más o menos escaños, pero sí para que la sociedad desconfíe y crea que sus palabras y proyectos son tan válidos como el populismo o la abstención.

De todo ello se deduce que el pueblo es bastante más responsable en su compromiso que  los partidos políticos. La sociedad no falta a su responsabilidad de actuar ante los problemas de la realidad y ante la conciencia de que hace falta un Gobierno. Quizás exista una necesidad de creer, de ahí que sólo cuando la mentira tras la mentira o el fracaso de la desilusión se instaura se decida por otras opciones, pero eso demuestra que no es una creencia en el futuro, como en las religiones, sino la conciencia de responder ante el presente.

Hegel habló del fin de la historia a partir del final de las ideologías, pero como la historia se repite el final reaparece en un remake con escenarios diferentes y protagonistas distintos. Los partidos políticos no pueden abusar del compromiso con una ideología que luego se traiciona, ni llamar a una responsabilidad democrática que luego resulta intrascendente. El pueblo no puede ser el invitado de piedra en una democracia, él siempre es el anfitrión. Su protagonismo no puede reducirse a su papel estelar en las informaciones sobre las consecuencias de la mala gestión política, ni al hecho de haber sido víctima de un engaño.

El populismo nunca es el ascenso de la demagogia a la política, sino el descenso de la política a la nada. No estamos al final de la historia, no han acabado las ideologías, pero si es cierto que se han difuminado sobre una serie de intereses que sólo buscan el poder por el poder, el espacio donde todo se convierte en un instrumento

No estamos al final de nada, sólo al principio de un nuevo ciclo… Sólo será el final si no somos capaces de comenzar una nueva forma de hacer democracia donde la participación y la presencia de la sociedad sea directa, no por representación. 

A más responsabilidad más compromiso. No necesitamos una política paternalista.

El Papa bisiesto

PAPA BISIESTO
No lo sé, pero probablemente si febrero hubiera tenido 29 días la renuncia del Papa se habría materializado un día más tarde.

El año bisiesto con un día más en la ubicación actual se introdujo en el siglo XVI, para corregir las pequeñas diferencias de tiempo que se producen al tomar la traslación de la Tierra en 365 días exactos, cuando en realidad son 355 días, 6 horas y 9’2 minutos. Cada día se pierde un poco sin contabilizar, y ese poco cada cuatro años es todo un día para que febrero, ese mes niño que siempre quiso crecer como los demás, sueñe que puede hacerlo y que puede llegar a ser como el resto de sus hermanos.

Y probablemente algo así le ha ocurrido a Benedicto XVI. El Papa en su reflexión ha sufrido esos ajustes entre lo que es y lo que aparece como cierto a lo largo de su pontificado, para al final abandonarlo como ese febrero que envejece antes que el resto al no haberle dado oportunidad de crecer.

Las informaciones que han salido indican que la decisión de Benedicto XVI ha sido más obligada que decidida. Es cierto que al final nace de su voluntad, pero la voluntad de cada uno empieza en las circunstancias que lo envuelven, y la libertad para decidir se pierde conforme la persona adquiere más poder sin perder la conciencia. Sólo el inconsciente es verdaderamente poderoso, ese es el drama de nuestra cultura.

Y su tiempo ha girado como la sombra del obelisco de la plaza de San Pedro, y la sombra se ha alargado en cada giro para invadir los oscuros pasillos del Vaticano, y cada pequeño desajuste sombrío entre el cielo y la Tierra han hecho que el Papa haya acumulado motivos para hacer de su papado un periodo incompleto, un pontificado que podría haberse alargado hasta el día 29 de febrero si el año hubiera sido bisiesto, o hasta que la renuncia improrrogable de la muerte le hubiera obligado, como lo ha hecho durante siglos con sus antecesores.

No deja de resultar curioso cómo una renuncia vital puede ser más preocupante que la renuncia mortal.

La renuncia del Papa a su papado guarda otras renuncias. No sabemos a qué más ha renunciado, lo que sí es seguro es que aquello, y aquellos, que le han hecho renunciar continúan activos y presentes, y seguirán con el nuevo Papa (quizás tome el nombre de Benedicto XVII para hacer olvidar lo que ha hecho el actual, lo mismo que Juan Pablo II hizo olvidar lo ocurrido con Juan Pablo I).

Benedicto XVI nos advirtió de quienes instrumentalizan el nombre de Dios, y seguro que tampoco se refería a nadie que está en “desiertos lejanos”. La conclusión es clara, si Dios es un instrumento las creencias son una esclavitud, la cuestión entonces es, ¿quién es el amo?

Podría haber sido un 29 de febrero, pero ha sido el 28 de febrero de 2013, y el tiempo cíclico que deja horas sin contabilizar y momentos sin contar nos dirá lo que en verdad anuncia la renuncia.