Paro cardiaco


CORAZON-Paro cardiacoSeis millones de parados no sólo son 6 millones de personas sin trabajo.
Es mucho más, lo que sucede es que el lenguaje al que recurre la política no sólo no explica la realidad, sino que intenta evitarla para hacer pasar una cosa por otra. De lo contrario esa máxima que parece imperar en la actualidad, que dice que “todo debe ocurrir como si no sucediera nada, para que así nadie sea responsable de lo que no pasa”, sería ineficaz.

Seis millones de parados significa el fracaso de la economía, y el fracaso de la economía de un país quiere decir que el Estado ha fracasado en el aporte de energía a los principales órganos que deben mantener viva a la sociedad. Y el fracaso del Estado en ese ámbito significa que el Gobierno impulsor de las políticas, máxime si cuenta con una mayoría absoluta en el Parlamento que no le rechista y hace callar a la oposición, es incapaz. Y si en lugar de reconocer que no le han salido bien las cuentas y que se ha encontrado con “circunstancias imprevistas”,  insiste en la misma línea de trabajo y su máximo responsable, el propio Presidente, se congratula y afirma que el Gobierno “hace lo que tiene que hacer”, lo que quiere decir no sólo es que no está capacitado para abordar el tema, sino que además es imprudente, osado o cómplice de esos resultados, porque en definitiva confirma que todo forma parte de un plan nacido de la voluntad, no de la accidentalidad de un día a día imprevisible.

Lo expliqué en un post anterior ("Anemia" http://blogs.elpais.com/autopsia/2012/08/anemia.html) tomando como referencia al plano individual. Insistiré ahora recurriendo de nuevo al ejemplo de la salud pero en el plano social.

Imagínense una enfermedad infecciosa que produce una epidemia que va acabando con la vida de las personas, y que trasladado al plano social significa que va “matando de forma paulatina los puestos de trabajo”. Piensen por un momento que esa epidemia es muy grave (en realidad se trata de una pandemia, puesto que no sólo afectó a nuestra país, aunque aquí lo hizo con mayor intensidad debido a sus especiales circunstancias de vulnerabilidad), hasta el punto que en 2011 había producido casi 5 millones de “muertes en puestos de trabajo”. 

Ante el grave problema social, un nuevo equipo médico se hace cargo de la situación bajo la promesa de que su mera presencia, en un mensaje más bíblico que real, iba a suponer la curación, pero además cambia el tratamiento y reforma una serie de elementos no sólo para evitar que se produjeran más muertes, sino también para conseguir “resucitaciones”, una especie de sacar del coma a quienes estaban en el tránsito entre la muerte clínica  y la muerte real.

Pasa el tiempo, hacen las reformas necesarias según su diagnóstico y aplican su terapia, pero no obtienen ningún resultado y la situación empeora, hasta el punto de que en vez de 5 millones las “muertes” se elevan hasta más de 6 millones. 

Entonces, en lugar de estudiar si hay algo que no está funcionando bien, y está claro que debe haberlo, se recurre a argumentos como el de la “herencia” o al “y tú más”.

Veamos un poco por fases lo sucedido. Al iniciar su actividad el equipo del “Dr. Rodríguez Zapatero” había unos 2’2 millones de “muertes de puestos de trabajo”, cuando terminó su tratamiento, después de una evolución irregular de la enfermedad, con mejorías y empeoramientos, había 5 millones. Es decir, en casi 8 años se produjo un incremento de 2’8 millones, o lo que es lo mismo, de unos 350 mil casos por año. La llegada mesiánica del “Dr. Rajoy” y de sus medidas salvadoras ha supuesto que en un año se hayan producido, aproximadamente, 1’2 millones de “muertes de puestos de trabajo”, todo ello a pesar de que conforme hay menos puestos, resulta más difícil en teoría que se pierdan, pues es de suponer que los que resisten son puestos en sectores más sólidos y consolidados.

A pesar de ello, el parte médico del equipo gubernamental habitual habla de que hay signos positivos, que el déficit baja y que el dinero nos cuesta menos, que es como decirle a un enfermo que se está muriendo del corazón que le han bajado el ácido úrico y que los triglicéridos apuntan bien, lo cual es sin duda es positivo… siempre y cuando logre sobrevivir. Ante eso, la sociedad enferma de falta de trabajo y con los cadáveres de los puestos fallecidos por las calles se indigna y dice que eso no es lo prometido, ni para lo que se hicieron las reformas. Que en todo momento hablaron de reducir el paro y aumentar los puestos de trabajo, no de otra cosa. 

Pero como todo ocurre como si no sucediera, tampoco pasa nada. Y en lugar de atender a los enfermos se dedican a reformar el sistema sanitario y a culpabilizar a los pacientes por enfermar, en una actitud que recuerda el “¡que se jodan!” que se oyó en el Congreso.

Increíble, ¿verdad? Si fueran los responsables de un sistema hospitalario y ante el balance de su gestión respondieran, “en este último año han muerto 1’2 millones, pero hemos conseguido bajar el ácido úrico y los triglicéridos de los que aún siguen vivos, y quizás a final de año logremos hacer descender también las cifras del colesterol malo”. Si eso sucediera de este modo estarían todos cesados.

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“Renazismiento”

RENAZISMIENTO
Me sorprende que las referencias al nazismo aumenten conforme pasa el tiempo y se alejan los acontecimientos históricos que lo caracterizaron. Estamos ante un renacimiento del recurso al nazismo,  y no creo que sea el azar, la irreflexión o la precipitación de un día a día siempre acelerado los responsables de esta situación. Ya lo saben, encabeza este blog, “no creo en la inocencia de la casualidad”, hoy tampoco y en este tema aún menos.

Y lo mismo que me sorprende me preocupa. El nazismo siempre ha tenido quienes lo han defendido como justificación y quienes lo han minimizado mediante la negación. El negacionismo hace referencia a quienes a pesar de las evidencias, de los documentos gráficos, de los testimonios personales y de los hechos probados por una justicia que tuvo que enfrentarse a una de las mayores crueldades de la humanidad, negaron la realidad y la revistieron con elementos que no pertenecían a ella, para que quien no quisiera ver pudiera ir de ciego sin miedo a tropezar.

Es cierto que el tiempo terminar por dar la razón, pero también empieza por ocultar las causas que permanecen ancladas en momentos inamovibles y lejanos, de manera que con frecuencia determinados acontecimientos quedan descolgados de su contexto para permanecer flotando en la ingravidez de la nada, sin significado ni gravedad que los atraiga a la realidad. Y me temo que eso lo que está ocurriendo en la actualidad.

Cuando alguien llama a los escraches nazismo, cuando al feminismo se le denomina “feminazismo”, cuando al hablar de la interrupción voluntaria del embarazo se acude a lo que hicieron los nazis como comparación, o cuando alrededor de  otros muchos temas se recurre a la Alemania Nazi, lo que se hace no es darle gravedad a unos hechos actuales que todo el mundo conoce y puede valorar, lo que en verdad se acepta es que lo que hicieron los nazis, para esas personas que lo mencionan sin pudor, no fue tan grave. De lo contrario no cometerían la irresponsabilidad de asociar una cosa con otra, ni tendrían la desvergüenza de tomar acciones aisladas como una generalidad que identifique hechos puntuales con un nazismo conocido históricamente por el exterminio de los judíos y gitanos, y por llevar a la humanidad a su Segunda Guerra Mundial.

Pero las consecuencias del recurso al nazismo no se quedan sólo en esa falta de reconocimiento del horror generado por los nazis, sino que al compararlo con hechos como los mencionados, lo que se hace es distorsionar la imagen debilitada por el tiempo y emborronada por quienes de forma interesada han intentado cambiar la historia,  para que al final también parezca que el nazismo no fue tan grave. Son las dos formas de ocultar una realidad, negarla o hacerla pasar por otra.

El problema no sólo está en el terminología de unos hechos pasados, el problema siempre se esconde en su significado. El significado a la postre es como el alma capaz de darle vida a la realidad inerte, basta con que se insufle el hálito vital a través de la actualidad para que resucite la esencia de las cosas y vuelvan a nacer. 

Por eso no es casual que las referencias al nazismo partan de posiciones ideológicas de una derecha de la que también se desprenden sin solución de continuidad agrupaciones y partidos políticos de ultraderecha, identificados con algunas de las propuestas del nazismo y sus valores, autoproclamados como neonazis e identificados con sus símbolos. Ya están sentados en los Parlamentos de países democráticos de la UE, como ha ocurrido en Francia, en Grecia, en Austria, en Holanda, en Bélgica, en Finlandia, en Suecia… y cómo puede ocurrir en cualquier otro país si se sigue alimentando el odio con la mentira y ocultando el pasado con la negación o la minimización.

Pero no nos confundamos, y lo mismo que hay quien niega directamente el horror nazi mientras que otros lo disimulan, a la hora de defender las propuestas ultras hay quienes lo hacen directamente como partidos de ultraderecha, y quienes disimulan para no parecerlo, pero sin renunciar a sus valores e ideas. Ni es oro todo lo que reluce, ni ausencia todo lo que no se ve.

Un futuro que nazca de la negación será mentira, y si el mañana es alimentado por el odio y el enfrentamiento habrá violencia. Vivir la mentira del presente sobre el conflicto para alcanzar un mañana falso y violento no debe ser el proyecto común de una sociedad. Y los responsables políticos no deberían jugar a eso ni de palabra, ni de obra, ni por omisión.

Peleas

PELEASUna frase muy masculina que se repite desde la más tierna infancia es esa de, “¿quieres pelea?”, y resulta muy significativa porque actúa como una especie de liberación para quien la dice. Quien se dirige a otro con esas palabras cree que los hombres vamos por la vida buscando bronca, y pone la responsabilidad de la agresión en la otra persona, cuando en realidad es él quien interpreta la actitud del otro como un ataque.

Esa actitud, por cierto, es muy característica en los maltratadores, y con ello no digo que todo el que la comparta sea un maltratador, ni que el maltratador que no la tenga deja de serlo, simplemente que en ellos es frecuente. Aunque a muchos les de rabia que sea Médico Forense y que haya intervenido en los casos de violencia de género con las víctimas y los agresores, y que en consecuencia conozca la realidad de ambos de manera directa y lleve estudiándola 25 años, algo que no puede decir todo el mundo, la realidad es así, y lo que forma parte de ella es esa actitud referencial en los maltratadores que los lleva a justificarse con lo de, “es que mi mujer se empeña en llevarme la contraria”. O lo que es lo mismo, “busca pelea".

Para esta gente (los hombres y las mujeres que comparten esas ideas), la opinión y la posición de los demás es un ataque, una provocación o directamente una agresión. Cualquiera que no repita lo que ellos dicen los están atacando, otro ejemplo lo tienen muy cercano, si ven los comentarios a los posts o mi cuenta de Twitter (@Miguel__Lorente), entre otras lindezas hay quien pide para mi un “juicio de Nuremberg” y que sea juzgado en el “Tribunal Internacional de Derechos Humanos”. 

Y como se pueden imaginar, ni busco atacar a nadie ni pretendo convencer a ninguno. Pero tampoco voy a callarme cuando se intenta pasar una realidad por otra, y cuando lo que se busca con esa estrategia es que muchas mujeres sigan sometidas por hombres maltratadores (no todos los hombres), y que la cultura siga defendiendo la desigualdad como una forma de articular las relaciones que se producen en ella. Si hay quien lo ve como un ataque el problema está en su percepción, no en mi acción.

Y para que se entienda aquello que planteo doy argumentos. Desde las otras posiciones por el contrario sus palabras están llenas de insultos, ridiculizaciones, intentos de descrédito y desprestigio… que como pueden imaginar ni me afectan ni me importa. Creo que los define muy gráficamente y que revelan aquello que precisamente quieren ocultar, con lo cual resulta muy práctico para explicar de lo que estoy hablando.

Y como ya decía en el anterior post, el tema de las denuncias falsas levanta ampollas porque es la forma de cuestionar todo lo que se hace para erradicar la violencia de género y la desigualdad, y de presentar esa crítica de forma aparentemente neutral y objetiva. De este modo esconden una ideología que al mismo tiempo se encargan de poner en quienes trabajamos para acabar con esta violencia con razonamientos tan profundos como llamarnos “feminazis” (tienen obsesión con la Alemania de Hitler –nazismo, juicios de Nuremberg…-), hembristas (ellos que no aceptan la palabra género porque no la reconoce la RAE, no tienen pudor en inventarse una ad hoc. Eso es coherencia)…

Por eso rápidamente han saltado con sus insultos y su teoría de la conspiración (hemos pasado de la "conspiración judeo-masónica" a la "conspiración feminazi de género"), pero en ningún caso han dicho nada de la razón principal del post, que parte de comentarios en otros posts anteriores que afirmaban que el 70’8% de los hombres son inocentes tomando como referencia el informe del CGPJ que recoge que el 63’4% de los hombres son condenados.

Y por supuesto que dan razones y presentan cálculos, de lo contrario sería un error que todos podemos cometer. Ellos no se equivocan y elaboran unos cálculos que forman parte de una manipulación para alimentar sus posiciones, que parten de la idea de que “las mujeres son malas y perversas”,  “que la violencia también es ejercida por las mujeres”, “que todo esto es un montaje para que a través de las denuncias las organizaciones de mujeres reciban más subvenciones”, “que se busca acelerar la separación y quedarse con la casa, los niños y la paga”, “que se pretende acabar con la familia”, “que lo que se quiere es atacar a los hombres”… Como ven no hay error, sino un refuerzo a sus posiciones de partida. Es más, cuando recojo los datos del CGPJ que indican que las medidas civiles sobre el tema de menores y domicilio son bajas, dicen que vuelvo a manipular. Pues para que ustedes decidan reproduzco la foto de la nota del CGPJ (pág. 3) en la que, sumadas, suponen 23.515 (un 16’6% de todas las medidas civiles). Por cierto, si las ponemos en relación con todas las sentencias, o con todas las sentencias condenatorias, o con todas las denuncias, como a algunos les gusta, suponen un porcentaje muy bajo (concretamente el 2’3%). ¿Se puede deducir de esos datos (16’6%) que las mujeres denuncian para “quedarse con los hijos, la casa y la paga”?. Yo creo que no. 
COMENTARIO-CGPJ-Medidas civiles

 

Lo que me sorprende es que, según su razonamiento, para ellos no habría discusión si el 100% de los hombres fuera condenado. ¿Es eso lo que plantean?, ¿es esa la forma que tienen de defender a los hombres y la paternidad?

Por ello insisto en los datos del post anterior, que por cierto, además de llamarme de todo no han demostrado que sean incorrectos. Veamos algunos de los argumentos que aparecen en los comentarios a “Cantos rodados”. Muy pocos entran ya en los números, pero hay uno que recoge muy bien su razonamiento para alcanzar sus conclusiones, y que reproduzco en la siguiente foto para que vean que no manipulo nada: 

COMENTARIO-Manipulacion DF

Y como pueden ver en la foto que tomo del post "Cantos rodados" (también pueden leerlo directamente), lo primero que hago es partir del número total de denuncias. Pero eso es lo de menos, lo importante y lo que queda es lanzar la acusación de manipulación.  CANTOS RODADOS-Denuncias VG

 

 

Insisten, como ven, que la condena o absolución se considere respecto a todas las denuncias, no respecto a las sentencias, la cuestión es ¿cómo se puede hablar de inocencia o culpabilidad en aquello que no se analiza?. Si realmente no hubiera violencia en esos casos “archivados” no se habrían producido homicidios después de que, por desgracia en demasiadas ocasiones, se hubiera retirado la denuncia. Y si la denuncia fuera el elemento cierto que demuestra la violencia no tendríamos que aproximadamente el 80% de las mujeres asesinadas por sus parejas no hayan interpuesto denuncia antes. 

Yo no puedo interpretar nada, ni siquiera reproducir los argumentos que ellos dan cientos de veces cuando toman los sobreseimientos por “hechos no ocurridos”, incluyendo las renuncias, la falta de pruebas, las declaraciones de las mujeres nada claras por las críticas que han recibido hasta llegar al juzgado… todo eso que es conocido y que he visto personalmente es una interpretación excesiva, en cambio afirmar las condenas por “menoscabo psíquico” son por un “simple insulto o empujón”, como ellos indican, no por años de humillaciones y vejaciones es conocimiento. Decir que las razones del arrepentimiento son principalmente esas presiones que reciben de sus propios entornos es una manipulación, pero afirmar que nacen de una denuncia falsa por “despecho y venganza”, como ellos hacen, es ciencia… No me extraña que lo que decimos los demás sea una manipulación cuando ellos lo tienen tan claro. Y como todo eso no basta, pues alguno no se corta y viene a justificarlo hablando de “personalidad querulante” para que de nuevo sea la neutralidad de la ciencia la que les de la razón, como antes decían que las mujeres  maltratadas tenían “personalidad masoquista” y que en el fondo les gustaba que las maltrataran. Todo está muy claro, como pueden ver.

Por cierto, ¿cuántas denuncias han interpuesto contra esas mujeres que los han denunciado falsamente?, es de suponer que habrá cientos de miles de denuncias contra ellas. Y ¿cuántas de esas mujeres mentirosas han sido condenadas?, imagino que del mismo modo concluirán que esas denuncias que ellos han interpuesto y que no han terminado en condena son también fasas, ¿o ahora no vale su argumentación?

La gente que trabajamos para acabar con la violencia de género somos las primeras personas que estamos en contra de las denuncias falsas, sólo tienen que detenerse y ver el daño que hacen, aunque sean menos del 1%. En ningún caso decimos que no existan, pero pasar de ese bajo porcentaje al 70% es una burda manipulación que resulta increíble por muchas vueltas que le den a sus cálculos, sobre todo cuando la realidad sigue siendo tan dura y tan cierta. Por ello insisto una vez más, no niego las denuncias falsas, no estoy en contra de los hombres, soy consciente de que las mujeres también ejercen violencia y que pueden ser tan malas como los hombres malos, creo en la paternidad y es fundamental, por eso creo que hay que trabajar por la igualdad, entre otras cosas para romper con los estereotipos que vinculan a las mujeres a la maternidad de proximidad y a los hombres a la paternidad a distancia… Pero para conseguir todo eso hace falta trabajar por la igualdad, no atacarla cuando a mí me haya ido mal.

Porque lo que se deduce de todos los comentarios y argumentos es que estamos ante experiencias personales muy dramáticas para muchos de ellos, que yo respeto. Pero no justifican que arremetan contra todo y contra todos. La realidad no es la realidad de cada uno, esta forma parte de lo común. Tú puedes posicionarte a partir de tu experiencia, pero no puedes hacer pasar esa experiencia como la de todo el mundo, ni siquiera muchas experiencias individuales unidas forman toda la realidad. Deben entenderlo. 

Sobre todo cuando en estos últimos días la violencia de género ha matado a dos mujeres, a otra la ha herido gravemente, a dos hombres (un hijo y la pareja de su exmujer), y dos asesinos se han suicidado. Sólo uno de de las tres mujeres atacadas había denunciado. ¿Quién miente?

Cantos rodados (Las denuncias falsas y sus números)

CANTOS RODADOSSi se dan cuenta no hace falta poner lo de “violencia de género”, la simple mención a las denuncias falsas hace que todo el mundo entienda que estamos hablando de ella. Eso es un logro que ya han conseguido los posmachistas.

El debate podría parecer una canción de los Rolling Stones, de esos “cantos rodados” que  decían aquello de “no puedo obtener satisfacción” (I can’t get no satisfaction…), pues los posmachistas, al igual que lo hacían los trovadores medievales, van de medio en medio y saltando por las redes para contar su historia,  a ver si a base de repetirla alguien, además de ellos, se la cree y así sentirse satisfechos. Por eso ahora han cogido como líder mediático a otro canto, esté con mayúscula y acento, Toni Cantó, que no canta como el Jagger, pero al menos en este tema dio el cante.

El posmachismo es en sí mismo una falacia, puesto que se presenta como una aparente superación del machismo y en defensa de la igualdad, cuando en realidad es su continuidad con un nuevo traje hecho a medida (no quiero pensar dónde ni con qué dinero se pagó), y con un nuevo lenguaje.

La nueva troupe posmachista necesita variedad, decir lo mismo, de la misma forma y por los mismos cansa, ellos lo saben. Por eso le echan imaginación y modifican el mensaje, las caras y las voces para que en esa selva de ideas los camaleones siempre pasen desapercibidos. Pero a lo que nunca han renunciado es al argumento de las “denuncias falsas”, y no renuncian por varias razones. Por un lado porque juega con la imagen tradicional de la perversidad y maldad de las mujeres, cercana a cualquiera; por otro porque es una forma de cuestionar la realidad cada vez más visible y conocida de la violencia de género, si aquello que se ve se dice que no es cierto, el significado que conlleva no será tan grave; y en tercer lugar, porque cuentan con números para poder manipular, algo muy propio del posmachismo, y así reforzar los dos primeros mensajes.

Y como se sienten muy fuertes y muy respaldados por la acción y por la omisión de quienes hablan y de los que callan, pues últimamente se han lanzado a la re-presentación de los datos de los informes del CGPJ para demostrar su verdad y su razón. Claro, pasando previamente por los fogones de una cocina que sólo pisan para aderezar la realidad con la salsa agria y amarga de la falsedad. El ejemplo es claro.

Recurren al “Informe del Observatorio del CGPJ sobre la evolución de las denuncias de julio de 2005 a junio de 2012”, que recoge 1.034.613 denuncias (963.471 por delitos y 71.142 por faltas). 

Los primero que llama la atención es que el número de mujeres agredidas que han denunciado ha sido de 656.212, mientras que el total de los hombres denunciados fue de 714.412, lo cual indica que algunos hombres maltratadores han agredido a más de una mujer, nada más y nada menos que 58.200, algo que demuestra que el problema está en los hombres que entienden que la violencia es una forma adecuada de imponer su criterio, y no en las mujeres que se encuentran con ellos.

En la información que da el CGPJ nos encontramos las sentencias condenatorias, las absoluciones, y los sobreseimientos. Y es aquí donde comienza el guiso numérico de las denuncias falsas, para luego terminar con una sopa de letras en forma de diferentes argumentos.

Los sobreseimientos que se produjeron fueron 328.167, es decir un 31’7% del total de las denuncias, algo que es interpretado por el posmachismo como demostración de la falsedad de la denuncia. La realidad es la contraria, son las presiones de los entornos familiares, los miedos, las dudas, la dependencia emocional… la que lleva a retirar la denuncia. Los mismos que dicen que quitar la denuncia indica falsedad, son los que callan cuando en algunos de estos casos se ha producido el homicidio, reflejando la verdad de la violencia que había detrás y su gravedad. 

El total de sentencias condenatorias representa el 63’4%, y fueron dictadas por las Audiencias Provinciales (AP) y los Juzgados de Violencia sobre la Mujer (JVM), que mantienen porcentajes muy diferentes. Las condenas por las AP son del 80’5% y las de los JVM el 52’1%, diferencia que está relacionada con la mayor gravedad de la violencia en los casos que llegan a las Audiencias y, por tanto, por el menor margen a la interpretación sobre la realidad de la violencia.

Por otra parte, a la hora de valorar la "no condena" también hay que considerar que la violencia de género se produce tras las paredes del hogar, sin testigos presentes, y que no siempre se denuncia de inmediato, lo cual dificulta alcanzar el convencimiento suficiente para romper la presunción de inocencia que  ampara al hombre denunciado. A pesar de estos factores limitantes, y de la necesidad de contar con elementos de prueba muy sólidos, el porcentaje de sentencias condenatorias, como apunta el informe, es del 63’4%.

Parece bastante claro, ¿no?, pues el posmachismo pasa de la realidad de un 63’4% de hombres condenados a la ficción de un 70’8% de hombres inocentes. Y se quedan tan a gusto, e incluso llaman a Tony Cantó para contárselo.

El mito de las denuncias falsas se alimenta con datos como este.  Pero no crean que se lo inventan de la nada, tienen que darle cierta verosimilitud, de lo contrario sería fácilmente cuestionable. Los posmachistas obtienen ese dato al sumar el número de sentencias absolutorias (que toman directamente como hombres inocentes, cuando en realidad significa “hechos no probados”, algo muy distinto “hechos a no ocurridos”), y el número de sobreseimientos (que igualmente toman por “hechos no ocurridos”, cuando las razones de la retirada de la denuncia está en la presión que sufren las mujeres).

He ahí la falacia de las denuncias falsas en la parte cuantitativa que sale del guiso numérico. Luego está la sopa de letras de los argumentos, que son bastante incongruentes y contradictorios, pero da igual, porque cada uno alimenta el mito con un razonamiento, y como de lo que se trata es de desgastar, no de hacer una valoración racional y profunda, todos resultan de utilidad. Veamos algunos de estos argumentos:

  • Se dice que la Ley Integral criminaliza a los hombres, y luego demuestran incongruentemente que la mayoría de los denunciados son absueltos. No parece que los criminalice mucho.
  • Comentan que más de la mitad de los hombres son condenados “por conformidad”, es decir, que reconocen los hechos sin necesidad de que se celebre el juicio. Pero luego van diciendo que la mayoría de los hombres son condenados por la presión de la “ideología de género”.
  • Ignoran los estudios del CGPJ y de la FGE que evidencia que las denuncias falsas representan menos del 1% de las denuncias. Con diferencia el delito con menos denuncias falsas. Ellos prefieren sus "maravillosos" datos.
  • Intentan mostrar la situación como un problema general, pero al final terminan  hablando de su “caso personal”, bien porque se sienten víctimas de una denuncia falsa (algunos hasta con condena), y otros (y otras) porque conocen a alguien que la ha sufrido.
  • Presentan las denuncias falsas como un instrumento para quedarse con la casa, con los hijos y para facilitar la separación, cuando según los datos del CGPJ apenas se adoptan medidas civiles sobre los menores y el uso del domicilio,  y cuando la inmensa mayoría de las mujeres salen de la violencia  a través de la separación, no de la denuncia (73%, según la Macroencuesta de 2011).

La sopa de letras da para alimentar a un regimiento, pero como un botón sirve de muestra, valga la cucharada de los datos recogidos y la evidencia de sus contradicciones corrosivas dirigidas a desgastar todo lo que supone la igualdad y el trabajo para erradicar la violencia de género.

Lo curioso es que, además, luego dicen que quienes manipulamos e intentamos imponer nuestra ideología desvirtuando la realidad somos quienes trabajamos con datos objetivos para conseguir una sociedad mejor, que sólo puede pasar por convivir en paz y en igualdad. Y es que los cantos rodados siempre van ladera abajo, como la piedra de Sísifo.

Nuevo virus mortal (HVxTL)

Virus-2
Lo de la gripe aviar es un estornudo primaveral comparado con el nuevo virus que han encontrado en África, concretamente en la región del Congo. Algunos ya lo comparan con el Ébola y con otros microorganismos letales.

La investigación ha sido desarrollada por un equipo multidisciplinar formado por científicos de Bélgica, Holanda, Reino Unido y Canadá, y el trabajo se ha publicado en el último número de la revista The International Journal of Scientific Journals.

El descubrimiento tiene gran importancia por el hallazgo en sí del virus, al que han denominado HVxTL (aunque ya se apunta en el propio trabajo que puede haber más de una cepa, la HVxTL-1 y la HVxTL-2), y por lo curioso de su ciclo vital, completamente distinto a lo conocido hasta ahora, y posiblemente la razón de que haya permanecido oculto a los ojos de la investigación científica.

El virus habitualmente contagia a un parásito, un gusano que vive en las aguas estancadas de la región. Al ser consumidas sin hervir, algo habitual en la zona, el gusano pasa al organismo para acantonarse en el interior del cuerpo humano, donde termina de desarrollar su ciclo vital. Sería algo parecido a lo que ocurre con la hidatidosis y la formación del quiste hidatídico, en este caso el parásito pasa a sangre a través de la vía digestiva y se acantona en el hígado, donde desarrolla el quiste y desde donde puede afectar a otros órganos, entre ellos el cerebro, ocasionando lesiones neurológicas que afectan al comportamiento.

En el caso del HVxTL, por eso resulta tan llamativo, el parásito con el virus se acantona en la próstata y se desarrolla bajo el estímulo favorecedor de la testosterona y de algunos de sus metabolitos. Por eso afecta fundamentalmente a hombres, aunque también se han descrito algunos casos en mujeres que padecen enfermedades androgenizantes con mayores niveles de testosterona.

El desarrollo de la infección hace que los virus vayan multiplicándose dentro del parásito hasta que se produce su muerte, y con ella la salida de los virus a sangre. La viremia da lugar a una alteración sistémica con afectación de otros órganos, aunque debido a su afinidad por los receptores relacionados con las endorfinas suele afectar de manera principal al cerebro. Las lesiones neurológicas que ocasiona son las responsables de las alteraciones de conducta que se describieron en las personas afectadas, y que hasta ese momento se relacionaban con trastornos mentales.

Este daño cerebral es el que justifica los cambios conductuales caracterizados por un cuadro de desinhibición en el que la violencia no suele faltar. Lo que llama la atención es que se suele presentar sobre todo en hombres de cierta edad, al parecer porque el ciclo completo requiere un periodo largo de incubación y evolución, exige también la presencia de niveles elevados de testosterona y un tejido prostático con cierta madurez para que el parásito pueda acantonar con facilidad. Esto lleva a que sean las mujeres las que sufran de forma principal, aunque no exclusiva, la violencia de los infectados, puesto que las condiciones para el desarrollo de la infección coinciden con circunstancias vitales de convivencia en pareja o familia.

Nos encontramos ante lo que puede ser una nueva enfermedad, aún si denominar, y dada la gravedad del cuadro desde el punto de vista individual y colectivo, la OMS ha pedido aumentar las investigaciones y adoptar una estrategia global que contemple el tratamiento con antiparasitarios y antivirales, y la prevención mediante la purificación de las aguas para cortar el ciclo y la educación.

Como se puede ver, el conocimiento científico nos muestra y explica la realidad, y cuáles son las causas de muchos de los resultados que vemos, algo fundamental para mejorar como sociedad. Este nuevo descubrimiento es un ejemplo más que nos permitirá quitarle espacio a todo lo que afecte la salud pública y a la convivencia, algo que claramente  no va en contra de nada ni de nadie, sólo de la mejora y del progreso  de la sociedad.

Las siglas del virus HVxTL son las iniciales que se corresponden con “Hombres Violentos por Todos Lados”, puesto que no sólo es en África donde está el problema. El reservorio, ese gusano en el que habita para  luego infectar a la sociedad es el machismo, y el órgano donde vive a la espera de manifestarse son los hombres machistas y violentos que alimentan al gusano y a los virus.

Y por supuesto que no es el único virus, ni siquiera el más numeroso, y por ejemplo también está el HMxTM (Hombres Maravillosos por Todo el Mundo) y el PRSF (Padres Responsables Sin Fronteras)… y así una lista interminable, pero no podemos negar la existencia del HVxTL ni el daño que causa. 

Es otra forma de explicarlo para que quien quiera entenderlo lo entienda, aunque soy consciente de que no es un problema de capacidad de entendimiento, sino de ideología y de voluntad de no comprender.

Quienes lo entiendan lo verán fácil y para quienes no lo entiendan seguiremos explicándolo, en ese sentido no hay ningún problema

Mujeres asesinas

MUJERES ASESINAS
Últimamente hay hombres que se afanan en presentar la violencia que ejercen las mujeres como si se tratase de una novedad, como si al hablar de violencia de género no se reconociera que hay mujeres que también utilizan la violencia, y que pueden hacerlo con resultados dramáticos. Por ello ante cada “presunto homicidio” de una mujer por su pareja (estos homicidios siempre son presuntos), en lugar de condenar lo ocurrido o mostrar su rechazo, se dedican a recopilar “homicidios seguros” (en estos homicidios nunca hay dudas) de mujeres que matan a hijos, parejas, vecinos… como si descubrieran una situación que para nada es nueva.

Olvidan que hemos crecido en un mundo bañado por una cultura en la que la maldad de las mujeres siempre empujaba las mareas que traían y llevaban los acontecimientos hasta la orilla de la realidad. No hacía falta hablar de la violencia que las mujeres causaban porque esta formaba parte de la maldad consustancial a su condición de mujer.

Nuestra educación ha partido del mito de Eva perversa y la mitológica Pandora, capaces de labrar el destino de la humanidad sobre su ambición, y ha continuado con otros ejemplos mucho más cercanos en la historia y parecidos a lo que ocurre en la actualidad. Desde pequeños nos han transmitido relatos como el de Dalila que seduce y lleva a la muerte a Sansón, el de la bella Salomé que no pide otra recompensa a Herodes Antipas que la cabeza de Juan el Bautista, o el de la atractiva Judith, capaz de llevar a la embriaguez física y emocional al general babilónico Holofernes y de hacerle perder la cabeza, también emocional y físicamente… 

Podríamos continuar sin temor a perdernos. En el imperio de la maldad de las mujeres tampoco se pone nunca la luz de la crítica social, ellas siempre aparecen como las estrellas invitadas capaces de expresarla en cualquier circunstancia y ocasión hasta su grado más extremo. Estas referencias son las que han hecho que haya habido una visión común a la hora de considerar a las mujeres en cada momento histórico, y que en ella no hayan faltado las acusaciones generalizadas hacia ellas como brujas, envenenadoras, vampiresas, parricidas, “viudas negras” o “ángeles de la muerte”. 

Sin embargo, esa misma cultura no ha transmitido la idea del hombre como un ser perverso y ambicioso, como una persona capaz de utilizar la violencia con esa carga de intencionalidad, premeditación y alevosía que busca circunstancias especialmente vulnerables para vencer acabar con la vida de la otra persona. Es cierto que hay múltiples episodios de hombres violentos, de reyes de gran crueldad o de militares insaciables en sus conquistas, pero la mayoría de ellos están relacionados con otras circunstancias de poder o grandes empresas para la sociedad donde la posición de cada hombre se diluye. Y cuando no es así, cada caso es el ejemplo paradigmático que demuestra que se trata de una excepción, de un error o de una alteración del orden. Y por supuesto, no hay una referencia histórica ni un sentimiento en la cultura que presente a los hombres como maltratadores, homicidas de sus parejas ni violadores, aunque si cada episodio fuera un adoquín se podría haber pavimentado cualquiera de la principales vías del Imperio Romano. Parece que la violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja empezó con la Ley Integral.

Cualquier joven al llegar a la adolescencia tiene una idea clara de lo malas que pueden ser las mujeres y de lo valientes que llegan a ser los hombres. Y cualquier persona se puede dar un paseo por la historia del arte para ver reflejados los grandes episodios de la violencia de las mujeres, mientras que difícilmente encontrará alguno relacionado con la violencia de género.

La situación es clara, a pesar de que la violencia ha venido protagonizada históricamente por los hombres, y de que hay una violencia estructural y normalizada que se dirige de hombres a mujeres, hasta el punto de que, incluso, durante años ha sido recogida como una figura específica de nuestro Código Penal (el uxoricidio), para atenuar las penas al marido que mataba a su mujer, la imagen de perversidad y de maldad se ha colocado en la violencia que ejercen las mujeres. Esto hace que la referencia cultural no la justifique ni minimice, sino que, al contrario, la amplifique.

Por eso no es casualidad que ahora, en pleno siglo XXI, cuando la sociedad empieza a identificar y reconocer esas circunstancias específicas de la violencia que ejercen los hombres contra las mujeres amparándose en la complicidad de la relación de pareja o de las justificaciones sociales, muchos hombres y algunas mujeres salten como locos ante cualquier homicidio que comete una mujer, por ejemplo, el que llevó a cabo hace unos días una madre que mató a sus dos hijos en Barcelona (7-4-13), o el último caso de una chica de 17 años de Jaén (11-4-13) que ha ocultado su embarazo y tras dar a luz el recién nacido ha sido encontrado muerto. En cambio, esos mismos hombres y mujeres se unen al silencio histórico que ha secuestrado la crítica social frente a la violencia que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia en forma de desigualdad, de discriminación y de agresiones y homicidios de todo tipo.

Las mujeres también asesinan, nadie dice que no lo hagan, y las mujeres también pueden ser muy crueles, nadie dice que no lo sean. Lo que la violencia de género plantea no es el uso exclusivo de la violencia por los hombres, ni que en las relaciones de pareja sólo sean estos los que la ejercen; la libertad da para mucho, también para que lo hagan las mujeres. 

Lo que la violencia de género plantea es la existencia de una serie de factores estructurales levantados por la cultura patriarcal (androcéntrica, machista, de la desigualdad… como queremos llamarla), que permiten que sea el hombre quien imponga las referencias dentro de una relación de pareja y que, luego, para mantener el orden que considera adecuado pueda llegar hasta la violencia como parte de esa normalidad. Y más tarde, cuando el hombre es denunciado, esas mismas circunstancias que facilitan la conducta violenta, son las que hablan de denuncias falsas, minimizan lo ocurrido, insinúan que “algo habrá hecho ella”… y llegan, incluso, a justificar el homicidio de la mujer con argumentos como los celos, el alcohol, las drogas, el crimen pasional, o los trastornos psicológicos. 

Curiosamente, ¡oh casualidad!, no existe esa misma respuesta ni reacción ante la violencia que pueda llevar a cabo una mujer. Nadie dice eso de “mi mujer me pega lo normal”, ni comentan lo de “algo habrá hecho él”, ni mucho menos hablan de denuncias falsas sin un hombre acude a un Juzgado, tampoco hablan de alcohol, drogas o trastornos mentales… Y no lo hacen porque las “mujeres son malas y perversas”, mientras que los hombres son directos y van de frente, incluso con la violencia por delante.

Estos hombres tan machos y machistas que se dedican a recordar los homicidios que comenten las mujeres, hacen ahora justo lo mismo que han hecho otros hombres a lo largo de la historia, algunos desde antes de La Biblia, intentar demostrar lo malas que son las mujeres para quedar ellos como buenos y justificar su violencia como una defensa. Y debemos agradecer sus esfuerzos, porque cada vez quedan más en evidencia y ponen de manifiesto la realidad de la violencia de género, y la necesidad de abordarla como una violencia diferente al resto de las violencias interpersonales en cuanto a sus motivaciones, objetivos y circunstancias.

Marca España


MARCA ESPAÑAMe llama la atención la idea de “Marca España”
que tanto se oye últimamente, y que tanto se utiliza ante cualquier acontecimiento para justificar todo lo que se hace y lo que no se hace, la última para cuestionar la imputación de la Infanta Cristina en el caso Noos. “Marca España”, una nueva versión del viejo “Spain is different” con la idea de atraer a gente de fuera con el reclamo de lo que no somos, y para sacar al exterior algo procedente de España, pero que no es España.

España es diferente, cierto; y España es una marca, eso también es verdad. Y la diferencia de España está precisamente en su marca, en esa muesca que un día dejamos en la culata del tiempo justo antes de que terminara de pasar, y que como si fuera el gancho de un bucle nos hace desfilar por el mismo lugar una y otra vez, casi a la misma hora y por el lado de los siempre, que esperan pacientes para poner la zancadilla y hacernos caer.

España está marcada por ese pasado no borrado, por esa historia hecha presente que recuerda a todo el mundo y a toda voz quién tiene la razón y quién debe someterse a sus dictados. España está marcada por el silencio de aquellos que tuvieron que alimentarse con sus palabras no pronunciadas, y por la ausencia de quienes tuvieron que cavar con sus propias manos la tierra donde desaparecieron. Las mismas manos que poco a poco labraron el curso de los días para sembrar la semilla de la libertad, y luego recoger la cosecha de una democracia que muchos quisieron presentar como maná caído del cielo, como si hubiera surgido de la nada. 

España está marcada por el sin perdón de la memoria y la culpa del olvido para que nadie sepa de dónde vienen estos lodos, ni a donde nos llevan corriente arriba en el tiempo. 

España es transición sin transitar, el lugar perfecto para esconder el odio entre los dientes apretados de aquellos que no querían cambios ni dejar de llevarse el bocado, la tajada y el tajo. 

¿La marca España?

Sólo es hacer pasar una cosa por otra.  La verdadera España, ésta que ahora quieren arrinconar sin recursos ni oportunidades, no es una marca. La verdadera España es la historia de su gente, de toda su gente, no sólo de quienes contaron el cuento de la historia terminada. Es el relato de las personas que ahora se vuelven a marchar, de las que echan porque si no serían devoradas por esos dientes manchados por el sarro del odio que un día tragan y otro vomitan, como rumiantes insaciables.

Esa España prepotente y de gafas de sol en despachos a media luz ha echado ya  a muchos jóvenes, a gente que quiero, ha borrado sus caras de nuestra mirada y colocado pantallas táctiles entre nosotros. Y a la gente que queda la quiere con una sonrisa limosnera, a ver si así alguien siente lástima y les da algo y pueden llegar a un mañana del que también han sido desahuciados. 

Pero la ausencia no es soledad, y cada partida es un motivo más para luchar por borrar esa marca, una nueva razón para abrirle las puertas a quienes salieron de su tierra, una ilusión renovada para que España sea España y toda su gente, ya sin marcar.

El futuro está marcado en el reencuentro, de eso no hay duda, y ello requiere compartir. Pero todavía hay muchos aferrados a esa marca España que no quiere renunciar a sus privilegios y a su poder. Gente que prefieren arrastrar a la España marcada antes que desmarcarse de ella, por eso no es fácil el reto, y por ello no hemos de desfallecer, tampoco caer en sus trampas.

AC