La familia y uno más, el aborto

FAMILIA Y UNO MAS
Cuando el argumento se basa en la falacia el planteamiento defendido no suele ser cierto.
Es algo que no falla y que estos días, a raíz de la reforma de “Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo” para convertirla de nuevo en una “ley del aborto”, se pone de manifiesto en quienes defienden este sendero iluminado iniciado por Gallardón. 

El argumento de quienes avalan la reforma de la Ley del aborto del Gobierno del PP es sencillo, de ahí su eficacia y el sellado de poros que consigue ante cualquier otro planteamiento: Quien está en contra de esta reforma está en contra de la vida, en contra de la familia, en contra de las mujeres, en contra de los hombres, en contra de la religión, en contra de la iglesia… O lo que es lo mismo, quienes defienden que las mujeres puedan decidir sobre si continuar con un embarazo no deseado o no, están a favor de la muerte, de la destrucción de la familia, de la desnaturalización de las mujeres, de la devaluación de los hombres, de la desaparición de la religión y del desahucio de la Iglesia.

Y no es cierto.

Nadie está a favor del aborto, de lo que se está a favor es de que la mujer pueda decidir interrumpir un embarazo no deseado y evitar todas las consecuencias que nacen de él, que no sólo será un niño o una niña. Un embarazo no deseado dura toda la vida, no sólo nueve meses, y una mujer que no quiera continuar con un embarazo no puede ser condenada ni “prisionera” de su propio cuerpo, porque otros decidan que el embarazo debe continuar en nombre de unas razones que no se defienden del mismo modo cuando se refieren a la vida fuera del útero, ni en todas las circunstancias cuando está dentro de él.

Y por tanto nadie está en contra de la vida, al contrario, darle a las personas el valor de poder decidir sobre la propia vida y su trascendencia en sociedad, es valorar la vida y empezar a construir una sociedad en la que solución al aborto pase por la prevención a través de la educación en general y de la educación sexual en particular. Sin miedos ni culpas, sin condenas celestiales ni críticas terrenales. 

Negar la realidad no la resuelve, la puede ocultar, pero no solucionar. La historia de la humanidad ha venido acompañada del aborto y de su prohibición, y en cambio no se ha solucionado el problema ni se han evitado los embarazos no deseados. Basta recordar que ya en el siglo V antes de nuestra era, el Juramento Hipocrático comprometía a los nuevos médicos a no practicarlo, y que en estos 26 siglos el argumento general ha sido el mismo sin que nada se haya resuelto. Hoy,  la reforma de Gallardón nos sitúa en el mismo lugar y ante lo que es seguro será el mismo resultado: Continuarán los embarazos no deseados y los abortos.

Si la Iglesia, las religiones y los sectores conservadores de la sociedad hubieran dedicado el mismo esfuerzo que han puesto en prohibir, en culpar, en condenar, en discriminar… a concienciar, responsabilizar, liberar y convivir,  tendríamos una sociedad más rica en saber, consciente de las consecuencias de cada decisión, e igualitaria en las relaciones, lo cual haría de ella una sociedad mucho mejor. Y probablemente habría muchos menos embarazos no deseados y abortos.

Pero la decisión ha sido la contraria, y cada vez se ha ocultado más la sexualidad y se ha señalado con más ímpetu al pecado del sexo. Y cuando ha habido iniciativas para educar en convivencia y cambiar estas referencias, como lo ha sido la asignatura “Educación para la ciudadanía”, se la ha atacado como si fuera el mismo demonio, hasta el punto de decir de ella que adoctrinaba a la juventud… Todo ello no deja de resultar paradójico. Ahora resulta que hablar de igualdad, educación sexual, de prevenir la violencia de género… es considerado como adoctrinamiento, y hacer lo contrario y defender la desigualdad y sumisión de las mujeres, esconder la sexualidad tras el pecado, y no romper con los roles que llevan a la violencia, es considerado como educación. ¿Para qué tipo de ciudadanía es esa educación?, ¿para qué tipo de sociedad es esa ciudadanía? 

El domingo 29-12-13 el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, volvió a utilizar a la familia para atacar a las familias, como si su idea de familia, de amor, de respeto y de convivencia fueran las únicas. Y no deja de llamar la atención que lo hiciera hablando de una “cultura de tristeza”, cuando desde pequeñitos nos enseñaban en religión que la “vida es un valle de lágrimas” y que “nacemos para morir”, y recurriendo al argumento de la  “transitoriedad”, cuando nos explicaban que el sentido de esta vida estaba en la “otra vida”, y que en este vivir sólo vamos de paso. 

Entiendo que defienda y refuerce con esas ideas su concepto de “familia cristiana”, lo cual es muy respetable, pero me sorprende que desde la religión se intente imponer, no presentar y llamar a él, sino imponer su modelo de familia, de vida,  de muerte… o de lo que sea. ¿Dónde está el prójimo al que tanto se refiere?, ¿dónde la libertad?

Hace unos días Manuel Lucas escribió un artículo de opinión en “elalmeria.es” (http://www.elalmeria.es/article/opinion/1674903/regresaremos/futuro.html), y nos decía que cuando estaba de médico en Beas de Segura (Jaén), allá por los 70, una familia del pueblo perteneciente al Opus Dei fue a su consulta para pedirle que firmara un manifiesto en contra del aborto. Él se negó y sufrió la crítica y el desprecio dentro y fuera del centro de salud. Tiempo después el mismo matrimonio acudió de nuevo a la consulta para pedirle información sobre clínicas en Londres donde pudiera abortar su hija… 

El problema del aborto está ahí  como lo ha estado siempre. Con la actual “Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo”, que sí aborda el tema de educación sexual y de la prevención de los embarazos no deseados, en el último año descendió un 5% el número de abortos . El resultado es claro: La solución al problema pasa por la educación y la prevención que hagamos en los próximos años, no con la prohibición  que se lleve a cabo durante los próximos siglos.

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Los hombres, la vida y el aborto

HOMBRES-VIDA Y ABORTO
Soy consciente de que toda afirmación contiene algo de reduccionismo,
y que quien no quiere ver ni aceptar la realidad siempre mira antes la parte reducida que la afirmada. Nada de lo que está ocurriendo alrededor de la reforma de la actual ley sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo sucede al margen de los valores e ideas que nos hemos dado para convivir en sociedad. La gran diferencia entre ellos es que mientras que la visión conservadora se trata de imponer al resto de las personas, la alternativas progresistas entienden que la diversidad exige el respeto a las diferentes posiciones.

El origen de los planteamientos utilizados para mutar la ley del aborto está en la defensa de la vida, y esta se hace desde el concepto de vida que manejan desde esas posiciones conservadoras. Un concepto inalcanzable porque para ellas no está definido sobre cuestiones humanas, sino sobre referencias divinas. Es como un dogma de fe aplicado a la sociedad y, por tanto, inaccesible a la argumentación racional. La vida pertenece a Dios, y todo es vida mientras Él no diga lo contrario.

El problema no está en lo que dice Dios, sino en lo que los hombres interpretan. Y lo que los hombres hacen, más que fe y confianza en la divinidad, lo que demuestra es una gran desconfianza en ella, por eso la cultura, que viene ser a los hombres lo que la Naturaleza es a Dios, cada vez ha ido quitándole más espacio a lo divino que se esconde tras las nubes, y lo ha ido incorporando al polvo del terreno del día a día. No por casualidad la cultura es una creación a imagen y semejanza de los hombres que ha seguido una estrategia perfecta: primero la crean como una tierra prometida a sí mismos, y luego se nombran dioses de ella.

Ya no se busca llegar a Dios por las obras realizadas en vida, sino llegar a ser Dios por medio de ellas, o lo que es lo mismo, cobrar la recompensa en esta vida y dejar para la otra el finiquito.

La vida pertenece a Dios, eso lo dejan muy claro, pero en ningún momento de la historia, tampoco en el presente, han vacilado en recurrir a la muerte a través de la violencia, de las guerras, de la criminalidad… con el fin de reforzar sus valores e ideas. Y también a sus dioses y creencias.

Y en ningún momento de la historia, en el presente tampoco, han dudado en sacrificar y someter a las mujeres como vírgenes, como pecadoras o santas, como esposas, como madres, como esclavas… para perpetuar un sistema en el que la vida de un no nacido tiene más valor que la vida de las mujeres, y en el que la vida de muchos nacidos es abandonada a una muerte segura pero “fortuita”, como si fuera el accidente de unas circunstancias admitidas de las que todo el mundo conoce que sólo se sale a través la muerte… Niños y niñas que mueren de hambre, de frío, por enfermedades incurables tras unas semanas de vida llena de sufrimiento, por la violencia de sus entornos, por el tráfico de seres humanos y la explotación sexual y laboral consecuente…

Y no es casualidad que en este rio revuelto la Iglesia, pescadora de seres humanos, se posicionara a través del Arzobispado de Granada sobre lo que considera que debe ser la vida de las mujeres en la sumisión; o lo que es lo mismo, que se limiten a lo que los hombres decidan e impongan en cualquier contexto creado por esa cultura machista: en el individual, en el relacional, en el familiar y en el social. 

Como tampoco debe sorprendernos que en estas interferencias de colores que pone la Navidad sobre la realidad, el mismo Arzobispado aporte ahora la versión masculina a la idea con el libro “Cásate y da la vida por ella”. Aquí no hay que defender la vida, sino darla. Las mujeres no pueden dar su vida por los hombres porque sus vidas no les pertenecen, ya quedaron en manos de los hombres cuando estos decidieron dejarlas como una especie de “electrodomésticos biológicos y sociales” programados para hacer aquello que ellos digan. 

El escenario descrito nos muestra cómo el concepto de vida se ha elaborado sobre las referencias de unos hombres que definen la identidad de las mujeres en la aplicación de sus funciones biológicas a la cultura y sociedad que ellos han construido. Por eso son hombres los que deciden sobre qué hay que decidir y quien puede tomar esas decisiones, y por ello son hombres los que utilizan el argumento de la vida para que las mujeres no decidan. No debe sorprendernos todo esto cuando, además, el comité de expertos creado por Gallardón para asesorar sobre la reforma del aborto ha estado formado por siete hombres y una mujer.

El aborto no es un problema de las mujeres, como no lo es la violencia de género ni la discriminación, todos son problemas de la sociedad androcéntrica construida sobre la injusticia y la desigualdad que las mujeres sufren, pero que deterioran el proyecto común que debe ser la sociedad. Las mujeres deben decidir en aquellas cuestiones que les afecten de manera directa, pero todos, hombres y mujeres, debemos decidir e implicarnos en la consecución de la Igualdad, y en la definición de una nueva realidad en la que la solución a los problemas se plantee desde la prevención, no desde su ocultación o negación.

Divide más y vencerás otra vez

FRAGMENTOS
Lo escribí hace tiempo y hoy vuelvo a insistir, “todo está pasando como si no pasara nada”… Es la estrategia del Gobierno y del PP a través de los continuos cambios que están introduciendo con el claro objetivo de volver a una sociedad de clases jerarquizada sobre dos referencias, por un lado la mezcla de una serie de valores, ideas y creencias compartidas, y por otro, el poder económico que se tenga.

Su estrategia es hábil y permite evitar el rechazo frontal que se puede producir ante la instauración de esta estructura, puesto que su construcción se basa en dos elementos funcionales. Por un lado, la permeabilidad, al presentar cada una de las "clases" creadas como vasos comunicantes, no como compartimientos estancos, de manera que un “pobre” puede llegar a ser rico, aunque luego siempre será considerado como un “nuevo rico”, es decir, como alguien diferente a los ricos de toda la vida, aunque ya no lo sean. Y por otro, aunque no se tenga ese poder económico, si se tienen las ideas, valores y creencias del grupo de referencia, de alguna manera esa persona también es considerada como “uno de los nuestros”.

El Gobierno pretende instaurar esa sociedad "clasificada" en la que los de arriba siempre tengan mejores vistas y facilidades, y que los de abajo no sólo tengan más problemas para progresar, sino que además deban pedir permiso para hacerlo. De este modo sus ideas, valores, creencias, principios… se verán reforzados por su vinculación al éxito y por el amparo divino, y sus asuntos económicos se verán potenciados por un nuevo diseño dirigido a que las necesidades y la dependencia de la mayoría de la sociedad sufraguen y paguen sus lujos y riquezas con la hipoteca de su propia pobreza y limitaciones. Si la gente tiene que invertir en pagar la atención médica y sanitaria, los medicamentos, los análisis, la educación, los servicios sociales, los asuntos judiciales… no contará con dinero ni posibilidades para emprender nuevos retos, salvo el de la emigración, que esa puerta siempre está abierta bajo la idea de “enemigo que huye, puente de plata”.

El objetivo de imponer un cambio de modelo está claro en otras tácticas que sigue el Gobierno, entre ellas la utilización de la crisis económica para culpabilizar a quien plantea un modelo de sociedad distinto. Por dicha razón utiliza los problemas de la realidad para atacar a la izquierda en general, y muy especialmente al PSOE, curiosamente no tanto a otras propuestas “más a la izquierda”, porque sabe que esas no le hacen sombra. Y lo ha conseguido, hoy la mayoría de la sociedad piensa que la culpa de todo la tienen las "personas que han vivido por encima de sus posibilidades" y el partido que ha permitido que eso ocurra.

Para seguir adelante con su idea de cambios y culpas, necesita que la sociedad perciba la realidad sobre dos referencias. Una de ellas es el miedo de la población, objetivo que ha conseguido a través de las medidas incluídas en sus reformas, y que luego ha prolongado bajo la amenaza de nuevas acciones y el recordatorio de que “todo puede ser peor”. La otra referencia que busca conseguir es que la población perciba su capacidad de premiar, y es lo que veremos a partir del año próximo con algunas de las reformas que supondrán bajar impuestos, subir salarios, aumentar algunas ayudas… Todo forma parte de un plan concebido al detalle que, además, no es la primera vez que se ha utilizado, ya lo hizo Aznar, aunque ahora es cierto que se ha ido mucho más lejos para evitar cualquier posibilidad de reacción y cambio.

Lo que sorprende es que no se haya detectado esta estrategia desde la oposición ni desde muchos sectores críticos de la sociedad, o al menos no se responda como si se conociera,  y que la realidad venga caracterizada por reacciones puntuales y ocasionales a cada una de las decisiones que se adoptan. Reacciones importantes y necesarias, pero que terminan por agotarse conforme los medios de comunicación dirigen su atención a cada una de las nuevas medidas planificadas que, gota a gota, BOE  a BOE, van saliendo. 

La situación es tal que hasta en las críticas se cae en la trampa y se habla de “pobres energéticos”, “pobres sanitarios”, “pobres en alimentación”, “pobres de vivienda”, “pobres dependientes”, “pobres en la educación”… para referirse a las personas que no pueden afrontar económicamente los costes de cada una de esos servicios y necesidades en cuestión, cuando en realidad son las mismas personas las que son “pobres de todo”, una especie de “pobres integrales” que no pueden asumir los gastos de lo que supone el vivir y que tienen que ir limitando el uso de cualquiera de esas necesidades. Uno no es pobre para pagar los medicamentos y rico para costearse la calefacción, ni otro es pobre para que sus hijos e hijas puedan estudiar tras retirarle la beca, y rico para poder comer y vivir dignamente….

El Gobierno y el PP han conseguido que veamos la realidad fragmentada y atada a la deriva de unos días que terminan por pasar, y que la luz de final del túnel sea siempre la esperanza que nos lleve, no a avanzar hacia ella, sino a quedarnos quietos contemplándola.

Ahora ha vuelto a ocurrir con la nueva Ley sobre el Aborto del Ministro del Gobierno del PP, Alberto Ruíz-Gallardón, y la reacción ha sido la misma: respuesta crítica social y promesa política en la oposición de que será modificada en cuanto lleguen al Gobierno, como antes sucedió con la ley de educación, con las cuestiones sanitarias, con la dependencia, con las tasas judiciales, con los recortes en los servicios sociales…

Y está bien que ocurra así como reacción al gobierno autoritario que sufrimos, pero también hay que llamar a la conciencia crítica y reflexiva de la sociedad y a su posicionamiento sobre su dignidad. No se trata de que los partidos nos digan lo que es bueno, sino que la sociedad le diga a los partidos lo que quiere y que les exija por ello. 

La democracia no puede ser un pack que permita que las personas voten por el caramelo de “bajar el paro”, y que luego el Gobierno no haga lo prometido y sí lo que no ha planteado. ¿Qué clase de contrato social es ese?.

En democracia no se puede construir la convivencia sobre la mentira y la desconfianza, ni plantear los objetivos y el progreso social sobre las referencias de unos pocos. Al futuro se llega con todas las personas unidas de la mano, la sociedad no puede vivir en dos tiempos a la vez… Otra cosa distinta es pretender no salir del pasado.

Los Obama, los cuernos y los celos

OBAMAS-CELOS
No han tardado en calificar de “ataque de cuernos” la reacción de Michelle Obama ante la conducta de su marido, Barak Obama, junto a la Primera Ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, y el Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron. 

La imagen era un poco surrealista: un funeral en un estadio de fútbol, un intérprete del lenguaje de signos para personas que no pueden oír que escucha voces y ve ángeles (esperemos que por lo menos fueran “angelitos negros”, como los de Machín), toda una tribuna de autoridades enmarcada por el luto y la seriedad, y unos jefes y jefa de Estado sonriendo en el dolor de la pérdida y haciéndose fotos de tres en tres para recordar. 

La única que parecía armónica con el significado del momento era Michelle Obama, cuyo gesto claramente mostraba la incomodidad ante el comportamiento de su Barak, y reflejaba su crítica hacia lo que estaba sucediendo justo a su lado.

Si hubiera sido Michelle Obama la que hubiera estando haciendo risitas y fotos en mitad de una tribuna de autoridades todas serias, probablemente las mismas personas que la tachan de celosa la llamarían infantil y dirían que estaba fuera de lugar. Y si su marido hubiera mantenido un gesto serio dirían de él que es una persona responsable, no celosa.

Pero como ha ocurrido al contrario, la valoración ha sido diferente. La interpretación dada ha situado la reacción de Michelle Obama dentro del espacio relegado al “ataque de cuernos” y a los “celos”, y por supuesto cuestionando esa reacción como propia de una chiquilla. Incluso, en algunos medios de comunicación, teóricamente serios, la han llegado a llamar "hembra alfa".

Curiosamente nadie, ni siquiera los analistas políticos más finos, la han interpretado como la respuesta de una persona responsable, molesta e incómoda por la conducta impropia de un marido que en medio del funeral de una persona referente para la humanidad, y con más de medio mundo mirando, se pone a hacer tonterías como si fuera un adolescente en la parada mientras llega el autobús para ir a la highschool.

Al final la historia tiene dos protagonistas, las dos mujeres y las dos malas. Los hombres, como cantaba Luis Eduardo Aute, pasaban por allí y no se pudieron resistir. Una de ellas la dama del Norte, que con su cabellera rubia deslumbró a Obama y a Cameron y los atrapó entre los megapíxeles de su móvil, y la otra la primera dama del Oeste, tan dominante y controladora que es capaz de corregir y retener a su marido sólo con la mirada y el "ya hablaremos cuando lleguemos a casa".

Es lo de siempre, parece que quien da sentido a la realidad de una pareja es el marido, no la mujer. Ella sólo tiene que adaptarse a los acontecimientos. Toda esta reacción me ha recordado una especie de chiste que contaban en Estados Unidos cuando andaba por allí con una beca de investigación en el FBI para estudiar el ADN en su aplicación forense. Bill Clinton había sido elegido Presidente y todo el mundo veía el gran influjo y la responsabilidad que había tenido en el proceso Hillary Clinton.

Cuentan que iban de viaje en coche por una de esas carreteras de la América profunda, y en mitad de una recta infinita en medio de un desierto paran a echar gasolina. Mientras Bill se queda en el surtidor poniendo la gasolina, Hillary entra en la estación de servicio a pagar y a comprar unos refrescos.

Al salir encuentra que ha llegado otro coche y que su marido estaba hablando de manera muy amigable con una atractiva mujer un poco más joven que ellos. Se despiden de manera cariñosa, se monta en el coche junto a Hillary y reinician el viaje.

Al poco tiempo Hillary le pregunta, “¿quién era esa mujer?”; y Bill contesta un poco presuntuoso, “No era nadie… una antigua novia que tuve en la universidad”… Y al comprobar que Hillary no comentaba nada más, continúa… “¿Te das cuenta, cariño, de que si me hubiera casado con ella ahora sería la primera dama del país?”. En ese momento, muy despacio, Hillary gira la cabeza, lo mira tranquilamente y con una sonrisa de medio labio al más puro estilo de Harrinson Ford, le dice: “Si te hubieras casado con ella ahora no serías el Presidente de los Estados Unidos”…

No creo que Michelle Obama estuviera celosa ni que sufriera ningún ataque repentino de cuernos, ella ha demostrado más que de sobra que está como mínimo a la misma altura que su marido, y en ocasiones, incluso por encima de él. La última vez el pasado día 10-12-13 en el Soccer City stadium de Johanesburgo en el funeral de Nelson Mandela, mientras Barak Obama se comportaba como un crío.

Mandela y la “reconciliación”

MANDELALa primera vez que estuve en una reunión europea sobre la necesidad de adoptar medidas que permitieran compatibilizar la vida laboral de los hombres con la vida familiar, me llamó la atención que mientras que en nuestro país hablábamos de "conciliación" en Europa se hablara de "reconciliación” del trabajo con la familia. 

 Pensé, ¿pero cómo se van a reconciliar con las tareas domésticas y el cuidado, si nunca antes han conciliado?… Era como regresar a un lugar donde nunca se estuvo, o una forma de ocultar la irresponsabilidad de no haberlo hecho.

Ahora que Nelson Mandela ha fallecido en plena juventud de su libertad, con tan sólo 23 años de edad libres, todo el mundo reconoce su papel en la reconciliación del pueblo sudafricano y su compromiso con la paz para evitar lo que se anunciaba como una guerra civil. 

Pero ¿qué reconciliación se produjo si nunca antes el pueblo sudafricano había vivido conciliado?

La grandeza de Mandela está en su inteligencia, confianza y determinación, pero su ejemplo también debe ser tenido en cuenta como reflejo de una actitud y decisión habitual en quienes han sufrido el golpe de la injusticia y el impacto de la violencia de determinados regímenes y gobiernos. Ha ocurrido en muchos países, y también sucedió en el nuestro con la transición.

El esquema se repite de manera invariable, quienes han sufrido el daño, la violencia, el escarnio público, la ausencia como destino y la injusticia como condición, son los que han de "reconciliarse" con quienes han sido sus agresores, opresores y verdugos. Nunca ocurre al contrario para que sean quienes han generado al daño los que respondan de manera voluntaria por lo realizado, y así iniciar una nueva etapa de verdadera conciliación.

La reconciliación basada en la no exigencia de responsabilidad por parte de quien ha sufrido la violencia y opresión no permite la convivencia sobre lo común, pues no puede haber proyecto compartido entre quienes tienen unos valores que llevaron a ejercer la opresión y quienes defienden unos ideales que los hicieron ser sometidos. La aparente normalidad es tan sólo la escenificación de quienes no tienen más remedio que aceptar el cese de una violencia manifiesta, para continuar con el control y el sometimiento a través de los diferentes mecanismos levantados sobre un poder que en ningún momento es desarticulado con esa falsa reconciliación representada.

Quienes han ejercido la opresión desde el poder que da la injusticia no renuncian a él cuando cambian las circunstancias, tan sólo se adaptan a ellas, como han hecho a lo largo de la historia para mantenerlo. 

El poder ni se crea ni se destruye, se transforma. Esa similitud con la energía resulta muy práctica a la hora de entender su verdadera esencia. De hecho necesita transformarse para perpetuarse, en esto también es evolutivo, en el sentido de cambiar para permanecer en los cambios. No son las personas con poder ni las instituciones con poder, estas pueden ser sustituidas por otras, en ocasiones completamente diferentes, es el propio poder el que permanece sobre la estructura que le da sentido y beneficios, por ello está más arraigado a determinadas ideologías y creencias históricamente instaladas sobre referencias de autoridad. 

El poder moderno con su capacidad adaptativa y su presencia invisible cuenta con cuatro componentes esenciales: el técnico, el dispositivo, el coercitivo y la manipulación.

El poder técnico se basa en el control y uso de un volumen de conocimiento e informaciones superior a otros, algo que se refleja de manera directa en el control de determinados medios de comunicación. El poder de disposición se refiere al control de los recursos que otros necesitan para conseguir sus objetivos, por lo que en cierto modo los hace dependientes de él y fácilmente subordinables. El poder de coerción representa la amenaza o la utilización de medios capaces de perjudicar de forma directa a otros en cualquiera de las esferas de su interés (económico, morales, afectivo, material…), por lo que a la dependencia une el posible castigo en caso de no seguir sus posturas. Y el cuarto elemento es el poder de manipulación que actúa, no ya directamente sobre el objetivo de su interés por medio de la subordinación, la información o el castigo, sino de forma indirecta al limitar la posibilidad de cuestionar al poder o al impedir que ni siquiera se forme esa conciencia crítica.

En la Sudáfrica tras Mandela el gobierno puede estar en manos de quienes antes fueron oprimidos y discriminados, pero el poder siguen en las mismas manos blancas e invisibles que mantienen a la mayoría de la población negra sometida, y a la minoría blanca en las posiciones más altas de la sociedad.

Ocurre en muchos países de América Latina o en cualquier rincón de nuestro planeta donde el poder arraigó sobre la injusticia y el abuso.

Y sucede en nuestro país hoy, donde los poderes de antaño continúan condicionando la política y la realidad a través de toda una estructura de poder que nadie desmontó y que aún en la actualidad cuenta con la bendición de la superioridad

Mandela evitó el enfrentamiento y sustituyó en su gente la emoción del odió por el sentimiento de la esperanza, pero no pudo modificar los valores, las ideas ni las creencias de quienes se creen superiores y elegidos para dirigir el destino de un pueblo, que como tal debe ser sumiso y agradecido. Su mérito estuvo en esos primeros momentos, y mi admiración por él nace de su ejemplaridad, pero una vez superada esa fase inicial debe construirse un futuro común sobre la Justicia, la Igualdad, la Libertad, la Dignidad y el resto de Derechos Humanos, de lo contrario no habrá un proyecto compartido.

El olvido no es justicia, ni la justicia puede olvidar. El perdón no significa aceptar ni tampoco ignorar, todo lo contrario, se basa en el reconocimiento de los hechos, no en su negación. Y desde el punto de vista social la conciliación debe contemplar la reparación de las víctimas y la garantía de no repetición.

Y hoy, en Sudáfrica, en Latinoamérica y en España, quienes antes fueron opresotres ahora viven bajo una estructura de poder que no busca reparar a las víctimas de su injusticia y represión, y menos aún pretende garantizar que no se repita su abuso, simplemente continúan con él de otra forma y esperan cualquier oportunidad para volver a hacerlo de forma más directa e intensa…

El mejor homenaje a Nelson Mandela es continuar lo que él inició, y alcanzar de manera pacífica la justicia social y la verdadera reconciliación que él buscaba.

En canal

EN CANAL
Sintonizar los canales no siempre significa ver bien lo que se observa en ellos
, y cuando lo que se hace es ajustarlos, aún mucho menos. Depende de con qué o quién se establezca esa sintonía, y cuáles sean los ajustes que se lleven a cabo.

El cierre de Canal 9 en la Comunidad Valenciana ha sido muy representativo de la instrumentalización de los medios de comunicación por parte de determinados sectores de poder que, a su vez, están relacionados con los diferentes gobiernos y partidos.

La decisión última del cierre  se basa fundamentalmente en una cuestión de utilidad más que de dinero, como suele ser habitual en estas situaciones. Ninguno de los recortes llevados a cabo, de las Consejerías suprimidas, ni de los Ministerios fusionados, han afectado a aquellos sectores o elementos que un gobierno considera esenciales o estratégicos. Todo se limita a lo accesorio o prescindible, y Canal 9, por las razones que sean, ha sido considerado “no necesario”.

Algunas de esas razones se deducen ahora a raíz de las protestas de sus trabajadores y trabajadoras, otras eran de sobra conocidas en todo lo que se refiere a su mala gestión y a los escándalos que la han acompañado. Y de todo ello me preocupa de manera muy especial las denuncias sobre las manipulaciones que les obligaban a realizar, para desinformar sobre cuestiones del día a día que afectaban al Gobierno valenciano o a su partido.

No quiero parecer un iluso, pero me preocupa porque es algo que no debería hacer un Gobierno, pero, sobre todo, que no deberían permitir los profesionales de los medios de comunicación. La política puede establecer directrices de actuación, prioridades o líneas de trabajo, y apoyarlas con más o menos presupuesto, pero no puede decir lo que deben hacer quienes trabajan en los medios. Es algo que se entiende perfectamente para otros sectores, por ejemplo el sanitario. El Gobierno de turno podrá desarrollar planes y programas de actuación en el ámbito de la sanidad, pero ante una persona enferma no puede ser el Gobierno quien decida si operarla o no, y qué tipo de intervención llevar a cabo. 

Eso que se entiende de forma clara para otros ámbitos, es algo que, según han denunciado en Canal 9, se ha hecho de forma frecuente con la información y que muchos profesionales han aceptado “obligados por las circunstancias”. A pesar de todo ello, y no por casualidad, la decisión ha sido el cierre del canal. 

Cuando un medio de comunicación falta a su responsabilidad principal de informar a la sociedad, esta percibe el problema y deja de confiar en el medio, con lo cual este pierde influencia y se hace prescindible. Por eso tampoco es casual que la confianza de la sociedad en los medios sea muy baja, concretamente, según el Barómetro del CIS de marzo de 2013, se sitúa en un 5’1. Y si una sociedad no confía en quien tiene que aportarle las referencias para posicionarse ante los problemas y la gestión que los gobiernos hacen de ellos, ¿cómo puede decidir y qué valor tiene lo decidido?

Algunos medios han jugado al poder por el poder y van a perder, es cuestión de tiempo.  Los nuevos predicadores  no buscan informar ni entretener, sino retener a las  personas frente al “aparato de turno” (televisor, radio u ordenador) para que el medio sea rentable con la publicidad, y para que la persona no piense en otras cosas, por eso lanzan la información adaptada a la que cada uno quiere escuchar. De este modo conseguirán, precisamente, lo contrario a lo que se supone, y en lugar de una conciencia crítica en la ciudadanía predominará una conciencia acrítica.

Es por ello que muchos medios se han empeñado en abrir en canal a la sociedad para ir directamente al corazón amarillo y evitar que llegue la sangre roja al cerebro. Se busca la información como entretenimiento y el entretenimiento como información para que las mentes sean planas como las pantallas de plasma.

De lo contrario es difícil entender cómo los mismos medios que pusieron el grito en el cielo, en las pantallas y en el papel por la “liberación” de asesinos y violadores a raíz  del rechazo de la doctrina Parot, sean los mismos que corren de manera desesperada para conseguir entrevistar en exclusiva a Miquel Ricart tras salir de prisión, uno de los asesinos y violadores de las niñas de Alcásser.

Todo vale mientras todo sirve… El problema es que la utilidad de la información no está en su uso por los medios, sino por la sociedad.

Como continúe la cosa por esa senda vamos a tener que recurrir a “cataplasmas”, como antes hubo “catavenenos”.