En canal

EN CANAL
Sintonizar los canales no siempre significa ver bien lo que se observa en ellos
, y cuando lo que se hace es ajustarlos, aún mucho menos. Depende de con qué o quién se establezca esa sintonía, y cuáles sean los ajustes que se lleven a cabo.

El cierre de Canal 9 en la Comunidad Valenciana ha sido muy representativo de la instrumentalización de los medios de comunicación por parte de determinados sectores de poder que, a su vez, están relacionados con los diferentes gobiernos y partidos.

La decisión última del cierre  se basa fundamentalmente en una cuestión de utilidad más que de dinero, como suele ser habitual en estas situaciones. Ninguno de los recortes llevados a cabo, de las Consejerías suprimidas, ni de los Ministerios fusionados, han afectado a aquellos sectores o elementos que un gobierno considera esenciales o estratégicos. Todo se limita a lo accesorio o prescindible, y Canal 9, por las razones que sean, ha sido considerado “no necesario”.

Algunas de esas razones se deducen ahora a raíz de las protestas de sus trabajadores y trabajadoras, otras eran de sobra conocidas en todo lo que se refiere a su mala gestión y a los escándalos que la han acompañado. Y de todo ello me preocupa de manera muy especial las denuncias sobre las manipulaciones que les obligaban a realizar, para desinformar sobre cuestiones del día a día que afectaban al Gobierno valenciano o a su partido.

No quiero parecer un iluso, pero me preocupa porque es algo que no debería hacer un Gobierno, pero, sobre todo, que no deberían permitir los profesionales de los medios de comunicación. La política puede establecer directrices de actuación, prioridades o líneas de trabajo, y apoyarlas con más o menos presupuesto, pero no puede decir lo que deben hacer quienes trabajan en los medios. Es algo que se entiende perfectamente para otros sectores, por ejemplo el sanitario. El Gobierno de turno podrá desarrollar planes y programas de actuación en el ámbito de la sanidad, pero ante una persona enferma no puede ser el Gobierno quien decida si operarla o no, y qué tipo de intervención llevar a cabo. 

Eso que se entiende de forma clara para otros ámbitos, es algo que, según han denunciado en Canal 9, se ha hecho de forma frecuente con la información y que muchos profesionales han aceptado “obligados por las circunstancias”. A pesar de todo ello, y no por casualidad, la decisión ha sido el cierre del canal. 

Cuando un medio de comunicación falta a su responsabilidad principal de informar a la sociedad, esta percibe el problema y deja de confiar en el medio, con lo cual este pierde influencia y se hace prescindible. Por eso tampoco es casual que la confianza de la sociedad en los medios sea muy baja, concretamente, según el Barómetro del CIS de marzo de 2013, se sitúa en un 5’1. Y si una sociedad no confía en quien tiene que aportarle las referencias para posicionarse ante los problemas y la gestión que los gobiernos hacen de ellos, ¿cómo puede decidir y qué valor tiene lo decidido?

Algunos medios han jugado al poder por el poder y van a perder, es cuestión de tiempo.  Los nuevos predicadores  no buscan informar ni entretener, sino retener a las  personas frente al “aparato de turno” (televisor, radio u ordenador) para que el medio sea rentable con la publicidad, y para que la persona no piense en otras cosas, por eso lanzan la información adaptada a la que cada uno quiere escuchar. De este modo conseguirán, precisamente, lo contrario a lo que se supone, y en lugar de una conciencia crítica en la ciudadanía predominará una conciencia acrítica.

Es por ello que muchos medios se han empeñado en abrir en canal a la sociedad para ir directamente al corazón amarillo y evitar que llegue la sangre roja al cerebro. Se busca la información como entretenimiento y el entretenimiento como información para que las mentes sean planas como las pantallas de plasma.

De lo contrario es difícil entender cómo los mismos medios que pusieron el grito en el cielo, en las pantallas y en el papel por la “liberación” de asesinos y violadores a raíz  del rechazo de la doctrina Parot, sean los mismos que corren de manera desesperada para conseguir entrevistar en exclusiva a Miquel Ricart tras salir de prisión, uno de los asesinos y violadores de las niñas de Alcásser.

Todo vale mientras todo sirve… El problema es que la utilidad de la información no está en su uso por los medios, sino por la sociedad.

Como continúe la cosa por esa senda vamos a tener que recurrir a “cataplasmas”, como antes hubo “catavenenos”.

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3 thoughts on “En canal

  1. Bueno, hay que reconocer que es complicado, pero si los ciudadanos no nos dejamos engatusar, la basura mediática tiene los días contados. Sé que es muy difícil, pero hay una palabra que puede dar muchas pistas y se pueden encontrar muchos libros dedicados a ella, que, eso sí, requieren un esfuerzo, pero vivir y que no lo usen a uno de felpudo es un enorme esfuerzo. La palabra es ética.

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  2. La ilegalización del PP daría un vuelco absolutamente positivo a la política española.
    Si perseguimos cambiar la Constitución ¿Por qué no hacer inadmisible la perversión política y definirla, tal como se ha definido la limitación del Deficit Público constitucionalmente?
    A partir de la eliminación del PP español, durante unos 30-40 años, podría haber un balón de oxigeno a la ética política, a la promoción del debate social en torno a ideas desvinculadas de intereses corporativos, a la promoción del pensamiento democrático sin lealtades ideológicas, a una transparencia leal a principios fundamentales y, un largo etc.
    Al cabo de ese tiempo, tras 30 o 40 años de higiene democrática, podría autorizarse a la derecha española a participar en la vida política. Entonces, comenzar a hacerles seguimiento perennemente, a fin de detectar el más remoto vestigio de franquismo-fascismo que, son tan característicos de esta gente, desde que se fundaron como Alianza Popular y cada vez más en la actualidad.
    El PP daña, si contemplamos su origen, su trayectoria, su ideología y su hacer y desempeño. Daña a la democracia y al país. Es un partido tóxico, con gente tóxica, con propósitos diferentes a los que pregonan. De ahí, el empeño de algunos de sus representantes, de vendernos su enfoque malsano, pregonando el “progreso” que ha significado para el mundo, la ideología del PP, generalizando y asociando como suyas, aquellas cosas que no tienen ninguna conexión con la ideología del PP y la ultraderecha española
    Es obvio que hay todo un empeño en un segundo renacer. Lo hacen sin complejos. Tan solo, mírese hacia atrás, un par de años.
    Alemania está legislando al respecto. ¿porque nosotros no podríamos estar libres del franquismo-facismo, en un lapso de 60-80 años?

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