Los hombres, la vida y el aborto

HOMBRES-VIDA Y ABORTO
Soy consciente de que toda afirmación contiene algo de reduccionismo,
y que quien no quiere ver ni aceptar la realidad siempre mira antes la parte reducida que la afirmada. Nada de lo que está ocurriendo alrededor de la reforma de la actual ley sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo sucede al margen de los valores e ideas que nos hemos dado para convivir en sociedad. La gran diferencia entre ellos es que mientras que la visión conservadora se trata de imponer al resto de las personas, la alternativas progresistas entienden que la diversidad exige el respeto a las diferentes posiciones.

El origen de los planteamientos utilizados para mutar la ley del aborto está en la defensa de la vida, y esta se hace desde el concepto de vida que manejan desde esas posiciones conservadoras. Un concepto inalcanzable porque para ellas no está definido sobre cuestiones humanas, sino sobre referencias divinas. Es como un dogma de fe aplicado a la sociedad y, por tanto, inaccesible a la argumentación racional. La vida pertenece a Dios, y todo es vida mientras Él no diga lo contrario.

El problema no está en lo que dice Dios, sino en lo que los hombres interpretan. Y lo que los hombres hacen, más que fe y confianza en la divinidad, lo que demuestra es una gran desconfianza en ella, por eso la cultura, que viene ser a los hombres lo que la Naturaleza es a Dios, cada vez ha ido quitándole más espacio a lo divino que se esconde tras las nubes, y lo ha ido incorporando al polvo del terreno del día a día. No por casualidad la cultura es una creación a imagen y semejanza de los hombres que ha seguido una estrategia perfecta: primero la crean como una tierra prometida a sí mismos, y luego se nombran dioses de ella.

Ya no se busca llegar a Dios por las obras realizadas en vida, sino llegar a ser Dios por medio de ellas, o lo que es lo mismo, cobrar la recompensa en esta vida y dejar para la otra el finiquito.

La vida pertenece a Dios, eso lo dejan muy claro, pero en ningún momento de la historia, tampoco en el presente, han vacilado en recurrir a la muerte a través de la violencia, de las guerras, de la criminalidad… con el fin de reforzar sus valores e ideas. Y también a sus dioses y creencias.

Y en ningún momento de la historia, en el presente tampoco, han dudado en sacrificar y someter a las mujeres como vírgenes, como pecadoras o santas, como esposas, como madres, como esclavas… para perpetuar un sistema en el que la vida de un no nacido tiene más valor que la vida de las mujeres, y en el que la vida de muchos nacidos es abandonada a una muerte segura pero “fortuita”, como si fuera el accidente de unas circunstancias admitidas de las que todo el mundo conoce que sólo se sale a través la muerte… Niños y niñas que mueren de hambre, de frío, por enfermedades incurables tras unas semanas de vida llena de sufrimiento, por la violencia de sus entornos, por el tráfico de seres humanos y la explotación sexual y laboral consecuente…

Y no es casualidad que en este rio revuelto la Iglesia, pescadora de seres humanos, se posicionara a través del Arzobispado de Granada sobre lo que considera que debe ser la vida de las mujeres en la sumisión; o lo que es lo mismo, que se limiten a lo que los hombres decidan e impongan en cualquier contexto creado por esa cultura machista: en el individual, en el relacional, en el familiar y en el social. 

Como tampoco debe sorprendernos que en estas interferencias de colores que pone la Navidad sobre la realidad, el mismo Arzobispado aporte ahora la versión masculina a la idea con el libro “Cásate y da la vida por ella”. Aquí no hay que defender la vida, sino darla. Las mujeres no pueden dar su vida por los hombres porque sus vidas no les pertenecen, ya quedaron en manos de los hombres cuando estos decidieron dejarlas como una especie de “electrodomésticos biológicos y sociales” programados para hacer aquello que ellos digan. 

El escenario descrito nos muestra cómo el concepto de vida se ha elaborado sobre las referencias de unos hombres que definen la identidad de las mujeres en la aplicación de sus funciones biológicas a la cultura y sociedad que ellos han construido. Por eso son hombres los que deciden sobre qué hay que decidir y quien puede tomar esas decisiones, y por ello son hombres los que utilizan el argumento de la vida para que las mujeres no decidan. No debe sorprendernos todo esto cuando, además, el comité de expertos creado por Gallardón para asesorar sobre la reforma del aborto ha estado formado por siete hombres y una mujer.

El aborto no es un problema de las mujeres, como no lo es la violencia de género ni la discriminación, todos son problemas de la sociedad androcéntrica construida sobre la injusticia y la desigualdad que las mujeres sufren, pero que deterioran el proyecto común que debe ser la sociedad. Las mujeres deben decidir en aquellas cuestiones que les afecten de manera directa, pero todos, hombres y mujeres, debemos decidir e implicarnos en la consecución de la Igualdad, y en la definición de una nueva realidad en la que la solución a los problemas se plantee desde la prevención, no desde su ocultación o negación.

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10 thoughts on “Los hombres, la vida y el aborto

  1. Si yo fuera mujer, lo que propondría es una “Ley de Esterilización Obligatoria para Hombres contrarios al Aborto”…muerto el perro, se acabó la rabia…si no puedes dejar embarazada a tu mujer, no tendrás que temer que ella aborte…¿qué te parece, Gallardón?
    De hecho, yo soy hombre y estoy esterilizado; y me sometí a la operación con mucho gusto: nunca quise tener descendencia y tampoco me parecía justo condenar indefinidamente a mi pareja a soportar el peso de la anticoncepción por medio de la píldora ni ningún otro medio, digamos “compartido”…ustedes saben a los que me refiero…
    Y aquí estoy, y no me he arrepentido ni un segundo de esa decisión. Así que animo a los hombres concienciados con el problema a que asuman su carga de responsabilidad no solo de boquilla, sino con hechos palpables. Que al mismo tiempo que luchan por abortar esta demencial reforma de la legislación, que se dirijan a su CAP y demanden una esterilización a cargo de la SS…¿razón?…salud mental del embarazado (como decía el c@#$%^o del Marhuenda en una tertulia hace poco)…
    P.D. Fantástico artículo, sr. Lorente. No sería capaz de añadirle o quitarle una coma.

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  2. Para mí hay dos cosas claras. Una, que matar un ser humano constituye un asesinato; y otra, que la mujer que haya decidido abortar va a hacerlo, en un hospital o por medio de los cuarenta medios que se han utilizado toda la vida. Otra cuestión, o quizá la misma, es si el Estado debe meterse en determinadas zonas de la vida privada. Pero ésto es un problema antiquísimo, que nos llevaría muy lejos y que, por otra parte, probablemente no tiene solución.

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  3. Miguel Lorente me encanta. Todos sus artículos son magníficos. Como mujer comprometida con la igualdad (estoy estudiando el grado universitario de igualdad de género) creo que hacen falta muchos hombres como él en este duro camino hacia la igualdad que juntos debermos trazar, mujeres y hombres. Gracias por tus palabras.

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  4. Y en cuanto al aborto, lo que está en juego no es la vida, sino nuestra libertad de poder elegir, nuestro derecho, nuestra dignidad como personas. Nosotras amamos la vida como el que más (o más que algunos de derechas que van a misa y se confiesan, y que quizá en un momento dado no tendrían escrúpulos en propiciar un aborto, si les tocara de cerca a una hija por ejemplo). Quizá yo no sería capaz de hacerlo, no lo sé. Lo que sí sé, es que defiendo por encima de todo el derecho a poder hacerlo bajo la circunstancia que sea, por edad, por violación, por equivocación, ninguna mujer, ni ninguna ley debería obligar a lo contrario. Eso es algo muy personal. Sobre la violencia de género dijimos aquello de “lo personal es político o público”, es decir, que a todos-as nos incumbe. Pues esto también. Es un problema social. No podemos callar, ni estar sumisas ante este retroceso en nuestros derechos. Y no olvidemos que un aborto pasa por el cuerpo de la mujer, es un trauma, siempre, un riesgo a su salud, siempre. Claro que hay que aconsejar, claro que hay que ver las circunstancias, que no se arrepienta de hacerlo, pero también que si desea hacerlo, lo puedo hacer con total garantía y libertad, sin coste alguno. Repito, es un problema social de todas y todos y no podemos consentir que lo prohiban o lo censuren de esa manera. Al fin y al cabo, solo se trata de controlar la sexualidad humana y el placer de las mujeres, eso siempre lo ha tenido muy claro la iglesia, que se nutre de crear miedo, miedo al infierno, miedo a la muerte….así que creo que debemos enfrentarnos a todos nuestros miedos y luchar por nuestra libertad en todos los ámbitos y no dejarnos avasallar de esta manera. A por todas!!!

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  5. La solución es fácil… la castración, empezando por los políticos que convierten las ideas en un gran negocio electoral. Traer seres al mundo para que mueran de hambre (como en África) o para que mueran en las guerras creadas por los políticos, o para que vivan como semi-esclavos en esta hipócrita sociedad, es suficiente para quitarle la careta a esos farsantes.

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  6. Se habla mucho de ‘elección’ (ver comentario de Anna Carbonell, por ejemplo), sin caer en la cuenta de que lo que se presenta como una elección implica de manera obligatoria el matar a otro ser humano.
    Y eso es grave, se mire por donde se mire: Matar no es un acto éticamente ‘neutro’. Cualquiera lo reconoce sin necesidad de religión ninguna. Por eso precisamente hay un ‘derecho a la vida’, que es el primer derecho de todo ser humano. Y que está por delante de cualquier otro, porque los derechos tienen también una estructura y prioridades, dado que pueden colisionar unos con otros (basta con asistir a una junta de vecinos para verlo: el ‘derecho’ a hacer fiestas de unos versus el ‘derecho’ a descansar de otros, etc.)
    Así que lo que se contrapone aquí no es ‘mi derecho a elegir lo que hago frente a lo que me quiere imponer el legislador’, sino más bien ‘mi derecho a elegir lo que hago frente al derecho a vivir de otro ser humano’.
    No es el resto del mundo el que quiere imponerme qué debo hacer… sino que en mi decisión de abortar estoy colisionando de manera directa con otro derecho: el que tiene otro ser humano a vivir. Ésa es la cuestión fundamental.
    Aunque ya dice el refranero que no hay mejor ciego que el que no quiere ver….

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  7. Respetando siempre todas las opiniones y el comentario de (Pablo), tengo que decir que… a qué podemos considerar un “ser humano” a un óvulo fecundado? No, yo creo que no. Y además, esa vida que dices que se quita está dentro de nosotras, es nuestro cuerpo, y nosotras decidimos, o acaso no tenemos que estar 9 meses alimentándolo y sufriendo? Yo soy madre, y fue una experiencia preciosa, parto incluido, que no lo cambio por nada, pero fue una hija deseada. Sin embargo, creo que no hay peor cosa que un hijo-a no deseado-a, a cuantas niño-as se maltrata? o se traen al mundo para hacerlos sufrir ? Pues no, mejor no hacerlo. Es tan complejo como casos pueden haber, yo no defiendo el aborto como tal, sino que como he dicho defiendo el derecho que como mujeres tenemos a decidir sobre nuestro cuerpo, claro que sí! Eso siempre. Y quizá, sino se prohibiesen tantas cosas, no se intentarían transgredir tantas normas. Cuando más se intenta controlar a la ciudadanía es peor, como con la ley de la seguridad ciudadana, patética. Y el no querer que Cataluña haga un referendum. Como dice Cayo Lara, dejad que se manifiesten, que digan lo que opinan, tanto miedo a todo, xd! Que viva la libertad de expresión!! en todas sus manifestaciones.

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  8. Suelen salir siempre estas dos argumentaciones que comenta Anna: que el óvulo fecundado no es un ser humano, y que durante la duración del embarazo el feto forma parte de mi cuerpo, y por lo tanto yo -como mujer- puedo disponer sobre él como lo haría sobre el largo de mi cabellera.
    La primera duda quizás se entienda mejor mirando ‘hacia atrás’. Es decir: ¿Cuándo soy un ser humano ‘real’? ¿Cuándo merezco ‘vivir’? ¿A partir de los 18? Hay gente que comete terribles asesinatos antes y no por ello se les mata. ¿A partir del nacimiento? Pues un niño recién nacido no parece tener mucha capacidad de raciocinio ni independencia ¿dónde ponemos el límite entonces? ¿en el funcionamiento del cerebro? ¿o de los pulmones? ¿y por qué en ese momento, y no antes o después?. A los humanos nos gusta poner límites administrativos para separar ‘estadios’ de la vida (la infancia hasta los 9, la pubertad hasta los 17, la mayoría de edad a los 18…) cuando la realidad es más bien una realidad de continuidad y no de ‘saltos’.
    El límite mínimo inicial lo pone la genética: a partir de la fecundación del óvulo estamos ante una vida humana en desarrollo, distinta de la de la madre y de la del padre (aunque provenga de ambos). Y es difícil salirse de ahí, salvo que uno crea -de todo hay en la viña- que de un óvulo de mujer fecundado con un espermatozoide masculino puede salir un repollo o un Invizimal
    El que el ser humano se desarrolle en una primera fase en el interior de la mujer se debe a nuestra propia naturaleza como vivíparos: también los monos, e incluso los ratones pasan por el mismo proceso.
    Pero la valoración del ser humano que la mujer lleva dentro como ‘parte de su cuerpo’ es una valoración que cualquiera que haya tenido padres no puede calificar de cierta. Yo no me considero ‘parte de mi madre’, sino una persona completamente diferente de ella. Y supongo que a todo el mundo le pasa igual. Para los que hemos tenido hijos, la experiencia de vivir el otro lado es igualmente reveladora: yo no puedo decir que ninguno de mis hijos es parte de mí o es igual a mí, ni a mi mujer. Ni entre ellos. Son completamente distintos a su madre, con distintas capacidades, virtudes y defectos.
    La única diferencia entre el hijo que nos discute si puede o no ir al cine con sus amigos, y el que llevamos dentro los primeros nueve meses, es el factor tiempo. El mismo tiempo que sí le damos al niño recién nacido para que aprenda a comer, o a hablar, o a andar… y nos parece un tiempo lógico y necesario para su normal desarrollo ¿no se lo damos para que pueda llegar a nacer?
    A mí me gusta pensar en términos temporales, porque me ayuda a validar mis propios pensamientos: cuando pienso en si cortarme el pelo o las uñas, o si quitarme un poco de barriga mediante una liposucción, el tiempo no cambia nada. Dentro de unos años esas partes de mi cuerpo seguirían siendo igual de mías. Más largas, quizás, pero siguen siendo parte de mí. Así que puedo decidir lo que quiera sobre ellas, porque sólo me atañen a mí y a nadie más. Nadie me pedirá nunca responsabilidad por acciones hechas u omitidas con ellas.
    El óvulo fecundado no sigue el mismo patrón. En nueve meses estará fuera de forma natural, en unos años se independizará totalmente de mí… y puede que hasta me envíe a una residencia de ancianos o me deje abandonado en una gasolinera. Pero el que pueda hacer cosas distintas a las que yo quiero, que incluso me perjudiquen hoy (problemas de trabajo o de relación social) o en el futuro (gasolinera)… no me autoriza a disponer de su vida, como tampoco lo haría con la de mi vecino del 5º por muy desagradable que sea. Que lo es.
    Por cierto: aun siendo propio y no afectar a nadie más, ningún cirujano autorizaría a nadie a extirparse el pulmón, o el brazo, sin haber causa médica vital para ello. La medicina, nos dirá cualquier galeno, tiene como objetivo curar de enfermedades, y nada más. Por eso no lo hacen. De nuevo son cosas muy distintas a cortarse el pelo o las uñas… y sobre las que no parece haber discusión.
    Por último queda la sagrada libertad de expresión. Estoy de acuerdo en ello: expresarse educadamente debe ser siempre libre, porque en la discusión de las ideas todos ampliamos nuestros horizontes. Pero las ideas son eso: ideas. El aborto no es una idea, sino un acto. De manera que sería demagógico utilizar la libertad de expresión para pedir libertad para abortar… porque abortar no es expresar una idea, sino matar a un ser humano que sólo necesita tiempo para mostrarse como tú y como yo…

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  9. “Claro que hay que aconsejar, claro que hay que ver las circunstancias, que no se arrepienta de hacerlo, pero también que si desea hacerlo, lo puedo hacer con total garantía y libertad, sin coste alguno.”
    Lo de ‘sin coste alguno’ pues tampoco. Porque lo que se fomenta es eso justamente. Lo que ‘no cuesta’.
    Para qué tomar medidas ANTES, si luego todo se ‘arregla’ con la píldora del día después (una bomba de hormonas ) mes sí, mes también, o con un aborto…Más cómodo para los hombres que así tienen más ‘gustito’, que el condón es un fastidio… Y conozco casos. No lo digo en teoría.
    Hay que centrarse en prevenir los embarazos no deseados, hacernos responsables ANTES de que pasen las cosas.
    Creo que con la excusa de apoyar a la mujer, termina perjudicándosela.

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