La suma de todos los miedos

SUMA TODOS MIEDOS
Europa se ha convertido en un lugar donde guardar todos los miedos que nos acompañan
como sombras que proyecta la realidad, una especie de casa encantada (encantada de conocerse a sí misma), donde los temores que la habitan nos hacen mirar por las ventanas para averiguar de dónde vienen los ruidos que se escuchan, cuando en verdad suenan en su interior.

Europa tiene miedo a dejar de ser Europa, pero tiene aún más miedo a serlo de verdad, por eso se ha convertido en una especie de confesionario donde cada uno va a contar aquello que es incapaz de decir en su país, o a pedir súplica por lo que ha hecho mal a la espera de encontrar el perdón de los sumos sacerdotes y sacerdotisas. De este modo la penitencia de los recortes no será excesiva, y el pecado de lo que la religión de la austeridad considera que es “vivir por encima de las posibilidades”, se puede redimir.

Quizás por ello Europa aún no ha sido capaz de salir de esa isla donde la trasladó el dios Zeus cuando la secuestró, y cree que puede hacerlo aumentando el territorio país a país para hacer de la isla un continente, sin dotar de un significado ni de elementos comunes su interior. Pero ese es su error. Europa es más un contenido que un continente, por eso será igual de pequeña aunque aumente el número de Estados Miembros de la Unión, como sigue siendo pequeño un bonsái con independencia de que el macetero que lo contiene sea cada vez más grande.

Europa sigue secuestrada por Europa, y lo curioso es que pide como rescate a la propia Europa… No se da cuenta de que quienes están llegando ahora a su interior no son los acompañantes ni la bella dama que situó la mitología griega en la isla de Creta, sino troyanos de la ultraderecha que crece en al ambiente oscuro y húmedo de la incertidumbre, la frustración, la impotencia, la indignación… para habitar el miedo original que acompaña a la idea de Europa.

Da la sensación de que más que un proyecto común, una referencia hacia la que confluir y unos elementos que compartir, la Unión Europea se creó con el miedo de quienes sentían sus economías amenazadas por grandes potencias y monedas lejanas, y que es ese miedo el principal factor que ha influido en su configuración y desarrollo. Por eso se han ido sumando países bajo criterios exclusivamente económicos, nada de políticas y derechos, de eso siempre habrá tiempo para no hacer lo suficiente. Y hoy, 57 años después de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), y 22 de Maastricht, esos elementos que llevaron a la decisión de unir las fronteras de los países que fueron el germen de la Unión Europea, continúan bajo las mismas referencias: el miedo y el mercado. 

La diferencia después de este tiempo es que hoy el miedo está dentro del Parlamento de la Unión, representado por los anti-europeístas y euroescépticos, y que el mercado se ha transformado en un mercadeo en el que lo que se compra y se vende son los propios Estados Miembros.

En 1992 Tom Clancy publicó su novela “La suma de todos los miedos”. El 24 de agosto de ese mismo año tuve la oportunidad de hablar con él en la Academia del FBI en Quantico, donde fue a dar una conferencia, y donde yo me encontraba desarrollando un proyecto de investigación. Tras la charla me firmó el libro y compartimos algunas palabras, me dijo que el miedo siempre se suma para restar capacidades y oportunidades…

Sólo hay que ver el resultado de las recientes elecciones al Parlamento Europeo para darnos cuenta de que aún no hemos superado el miedo inicial, ni lo haremos mientras dejemos que continúe siendo el miedo una de las referencias para decidir; y mientras los grandes partidos se asusten más de la Igualdad que de la violencia, la homofobia, el racismo, la xenofobia… y tantos otros males de nuestro tiempo que anidan allí donde el miedo llama al odio.

Se equivocan de “enemigos” y de estrategia. Los partidos van a Europa hablando de la política nacional, y luego, cuando ya todo está decidido, regresan a lo nacional hablando de Europa.

Mientras no cambiemos de perspectiva, Europa seguirá siendo una excusa y un problema, en lugar de una razón y una solución. Y eso exige entender a Europa como un contenido, ver el contenido como las personas que la habitan, y el proyecto común como la convivencia sobre unas mismas referencias que nos enriquezcan desde la diversidad y la diferencia, y nos hagan crecer, no sólo ganar.

Y para alcanzar esa meta, la pregunta que debemos hacernos no es “cuánta Europa queremos”, sino “qué Europa queremos”. Una vez que hayamos respondido a esa cuestión, lo demás será sencillo.

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10 thoughts on “La suma de todos los miedos

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  2. Escribo esto con gran tristeza, pero la respuesta a “qué Europa queremos” se acaba de dar recientemente. Nos gusten los resultados o no. A través de votaciones democráticas.

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  3. Mi hipótesis es que en España se ha hablado poco de Europa porque a la agenda de los partidos mayoritarios les interesaba seguir sentados en sus sillones de privilegios, viviendo del amiguismo, de los puestos asignados a dedos por los mentores del partido. En ocasiones, enriqueciendose considerablemente. Acosta del dinero público, naturalmente.

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  4. Por cierto, echo en falta algún post que nos explique lo de Magdalena Alvarez. Desde la perspectiva de la Igualdad, como no puede ser de otra forma.

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  5. Gracias por este post. Muy interesante.
    8888 Resulta usted muy cansino, ¿por qué no se va con su música y sus devaríos a otra parte?

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  6. Lo tiene usted fácil, Indomables. Empiece a leer los comentarios por el autor, y cuando vea 8888 saltese el comentario correspondiente. He de advertirle, sin embargo, que en alguna ocasión ha habido personas que han usado (usurpado es quizás un término demasiado dramático) el apodo 8888 para felicitar a don Lorente, pedir perdón en mi nombre, etc. No era yo el que escribiía, pero en fin, me resultó halagador que usaran mi apodo como argumento de autoridad. Caray, divago. El caso es que si se salta los comentarios de 8888 tal vez se pierda los que haya hecho e algún correligionario suyo del club de palmeros del femifascio. En fin, lo dejo a su buen criterio. Un saludo (musical, naturalmente).

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  7. Sí, tiene razón. Manda cojones hay quien no aprende ni quiere aprender. No lea usted los comentarios de los demás y deje ya de entorpecer el derecho a la libertad de expresión, no sólo del autor sino de quienes lo siguen. ¿A usted cuánto le pagan por estar jodiendo aquí la paciencia del personal? Recuerde su frase favorita: “en el (presunto) amor y en la Guerra; todo vale”. Si esto es una usurpación, ¡vamos! ¡Anímese! Tenga cojones y denúncieme!!! (Así, de paso, todos/as podremos saber su verdadera identidad: “crudo” y cía)
    En todo caso, no está de más que a uno de vez en cuando le den de su misma medicina.

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  8. No se preocupe: dentro del apodo 8888 cabemos todos. Es un halago que interpreto como falta de argumentos por su parte. Pero a lo mejor los tiene, ojo, y se los calla. En cualquier caso, siéntase libre de seguir usándolo: espero que la gente atienda más al contenido que al apodo. Quisiera, eso sí, responder a su pregunta, y aclarar un par de malentendidos suyos.
    La respuesta a su pregunta es: cero coma cero. Eso es lo que me pagan por mis comentarios críticos: nada. Aquí, que yo sepa, la única persona que ha sacado algún provecho económico del asunto de los géneros es el señor Lorente. Si ha sido de buena o de mala fe, no lo sabemos. De entrada, lo normal es pensar que ha sido de buena fe. Aunque teniendo en cuenta los lazos directos que ha tenido con la política, y todo lo que hemos estado sabiendo últimamente sobre ese ámbito, nunca se sabe. Sí sabemos que le dieron por enchufe un puesto para el que no estaba objetivamente cualificado; y también sabemos que asignó a dedo recursos públicos que deberían haber sido sometidos a concurso. Hasta qué punto ha hecho algo ilegal, a sabiendas o no, corresponde a otros juzgarlo. Supongo que lo hace de buena fe. La buena fe no quita, por supuesto, que argumente muchas chorradas de dudosa validez empírica.
    Un malentendido que quisiera aclarar es aquél sobre que mi frase favorita es que “en el amor y en la guerra, todo vale”. Creo que me confunde con otro comentarista. Ahí le recomiendo que no se fíe de las primeras impresiones: yo, por ejemplo, de entrada pensé que su comentario estaba escrito por el propio señor Lorente, mosqueado porque le recuerde con frecuencia su desconocimiento científico sobre el proceso de la falsación, y cómo ésta es relevante a la hora de argumentar lo que él argumenta. Como digo, no me fie de mi primera impresión, y un rápido análisis estilístico me sugirió que usted no es el señor Lorente, porque él al menos pone los signos de puntuación correctamente.
    Otro malentendido es aquél que habla de no leer los comentarios de los demás. Yo le sugería al anterior comentarista que, si tanto le molestaban mis comentarios, no los leyera. Por supuesto, cada uno es libre de leer y de comentar, y yo le enfatizaba esa libertad. Interesantemente, la frase de usted no me lo plantea a mí como sugerencia, sino que me ordena que no comente y que no lea comentarios. No sé si ahí le ha salido el ramalazo del femifascio, o ha sido sencillamente que con las prisas la frase no le ha salido tan buena como le hubiera gustado. Me quedo con lo segundo, y me resulta fácil hacerlo: para saber sobre quién recae la carga de la prueba no me hace falta saber su sexo. Si fuera feminista, la decisión sería un poco más difícil.
    El tercer malentendido es aquél que considera que escribir comentarios críticos entorpece la libertad de expresión. En mi opinión, es justo lo contrario. Me da la impresión que, con su invitación en términos imperativos a que yo deje de comentar, es usted quien intenta entorpecer la libertad de expresión. Le seré sincero: cuando hablo de femifascio, no es por casualidad.
    Por último, una pequeña reflexión con respecto a su apetencia por saber mi verdadera identidad: teniendo en cuenta que usa usted a sabiendas el apodo que ya usaba otra persona, quizás no sea usted la persona más indicada para pedir identificaciones. Por favor, no me malinterprete. Ya le dije que en el 8888 cabemos todos: usted, yo, y 8886 más. Pero quisiera traer esa paradoja a su atención.
    Saludos verdaderamente igualitarios, espero que no le quemen.

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