El hijo del Rey

DON JUAN CARLOS Y DON FELIPE
El hijo del Rey no tiene padre, sólo antecesor,
lo cual no deja de sorprender. Una institución caracterizada por la continuidad de la sangre y la herencia de padres a hijos, sólo en ocasiones a hijas, llegado el momento prescinde del factor que hace posible la sucesión, y la paternidad queda perdida por los pasillos de La Zarzuela bajo el argumento de "no restarle protagonismo" al nuevo Rey, Felipe VI.

Hablando de ordinales, no es, precisamente, el sexto sentido, ese considerado tan femenino, el que caracteriza la decisión tomada. Don Juan Carlos debe ser padre antes que rey, y en un momento tan trascendente como es que un hijo adquiera la responsabilidad de la Jefatura del Estado no debería estar ausente, debería acompañarlo como padre, e incluso como antecesor en la corona.

Él, que le ha dado todo el protagonismo que tiene Don Felipe, es el heredero por ser su hijo, no por méritos propios, aunque ahora tenga muchos reconocimientos, no puede quitarle ninguno en una ceremonia; él que la ha dado lecciones de rey a domicilio para que llegara este momento, no puede faltar a su primera clase, y él, Don Juan Carlos, que consiguió que su padre, Don Juan, fuera rey sin reinar, y que ha logrado que él mismo siga siéndolo después de finalizar reinado, no puede ausentarse cuando su hijo comienza el suyo. No es una razón de Estado el que lo haga, sino de amor.

Cuando hablamos de una cultura patriarcal que toma lo masculino como referente universal para organizar la convivencia y darle significado a la realidad, hablamos de todas estas cosas que se han hecho y valorado a imagen y semejanza de los hombres,  de esos detalles de pelo en pecho y voz grave que relatan la historia y deciden qué es lo mejor. Y en las instituciones (civiles, religiosas y militares) de este universo masculino es donde se guardan, más que en ningún otro espacio, la esencia de esos valores e ideas androcéntricas. 

No es casualidad que durante siglos la sucesión monárquica haya sido sólo entre los hombres de la familia, y que la aceptación de las mujeres en la línea sucesoria viniera provocada por la defensa de los privilegios que se acababan en ausencia de varones, no de la mano de su reconocimiento. Las mujeres siempre han sido admitidas bajo criterios de necesidad no de reconocimiento. Por eso no debe sorprendernos que la figura del rey se presente fría y distante respecto a su hijo, a quien entiende más como un empleado que como tal hijo. Resulta curioso ver cómo la monarquía está dispuesta a renunciar antes a símbolos como la corona, el cetro  y el mantón de armiño, que mostrar los sentimientos y las emociones entre un padre y un hijo. Un rey debe ser fuerte, y todavía hay quien entiende las emociones como expresión de debilidad y como atributo femenino. 

La Reina Doña Sofía sí estará. Una madre no puede abandonar a su hijo en momentos como el teatro de Navidad del colegio, ni en su coronación como Rey. La madre debe estar para poner los sentimientos y las lágrimas que caracterizan a un país, aunque cada ciudadano y cada ciudadana tengan razones diferentes para sus lágrimas.

Si la Corona quiere mantenerse en la cabeza del pueblo, no sólo en la del rey, debe empezar por hacerse más humana a través de los sentimientos y la proximidad, los mismos que juntan a las familias alrededor de mesas camillas y las sientan en las butacas del salón de actos de los colegios. La divinidad de los monarcas y los glóbulos azules quedaron en los libros de historia, y hoy lo que hace grande a los líderes es su humanidad y la razón en sus decisiones, no la sinrazón de esconder la paternidad, y menos en nombre de un hijo.

Un padre nunca está de más ni puede restarle protagonismo al hijo o a la hija, si lo hace no será problema del padre ni del hijo, sino de quien así lo entiende. ¿Cuál es el mensaje que nos mandan con esta decisión, que el rey Felipe VI no va a participar en muchas de las actividades ni en la educación de la Princesa Leonor, que si lo hace le va a “restar protagonismo”?

Uno de los grandes problemas de la cultura de la desigualdad ha sido desplazar a los hombres de las tareas de cuidado y enseñarles a ocultar sus sentimientos a los hijos e hijas. El cariño y el afecto era para las madres, los padres debían basar su paternidad en la protección y el sostenimiento material de la familia a través del trabajo fuera de casa. Las emociones, la sensibilidad, las dudas, la inseguridad, el miedo… no eran propias de “hombres de verdad”, eso era cosa de mujeres o de “medio-hombres”. Por ello los hombres-hombres han caminado por la historia sin una mano que coger, sin un abrazo en el que refugiarse, y sin un beso que entregar… Todo su cuerpo y su alma debían estar disponibles para llevar una corona, un taxi, un camión, un fonendo, un tiralíneas, una pala o un pico… En esas cosas sí que es cierto que “todos los hombres son iguales”.

La paternidad afectiva ha sido un precio muy caro que los hombres aún pagan, pero muchos, en lugar de acercarse a la igualdad para ejercer las responsabilidades del cuidado y el afecto como lo hacen las mujeres, ahora se quejan y dicen que la sociedad los discrimina frente a las madres, sobre todo tras las separaciones y las decisiones sobre las custodias. Y resulta sorprendente que en lugar de resolver el problema de una manera definitiva, se embarquen en conflictos que sólo avivan el desencuentro. ¿Qué se puede esperar de una cultura que ha establecido la desigualdad de las mujeres fundamentalmente sobre el papel de madres y cuidadoras? Si se busca que la sociedad y las instituciones entiendan que la paternidad y la maternidad se desarrollan con la misma responsabilidad y obligaciones, como ocurre hoy día en muchos casos, habrá que cambiar los valores de la desigualdad que todavía vinculan a las madres con el cuidado, como vemos cada día a la hora de renunciar al trabajo para cuidar a la familia, y como se observa en las puertas de los colegios y en la sala de espera de las consultas de pediatría.

Queda mucho trayecto por recorrer, pero con la queja y los obstáculos que se intentan poner desde muchas posiciones no se va a recorrer antes, y debemos ser conscientes de que mientras persista la desigualdad continuarán sus manifestaciones, por eso hay que ir a sus raíces.

Hoy el debate sobre la Corona está abierto en nuestra sociedad, y la razón principal, revestida de múltiples argumentos, en su desubicación en el tiempo. Toda la estrategia que se busca desde la Casa Real es modernizar la monarquía, pero mal van si entienden que esa modernización pasa por apartar a un padre de un acto trascendente para su hijo.

Está claro que el próximo jueves día19 Don Juan Carlos rey no le va a restar protagonismo al Rey Felipe VI, pero nadie podrá evitar que  la mirada de Don Felipe se pierda por el hemiciclo intentando localizar a su padre, como tampoco podrán impedir que Don Juan Carlos busque una excusa en La Zarzuela para encerrarse en su despacho, encender la televisión y decir en voz baja, “hay que ver qué bien lo está haciendo mi hijo, su abuelo estaría orgulloso”.

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10 thoughts on “El hijo del Rey

  1. Con lo interesante que es el artículo, ni un comentario. Es curioso. Se me ocurren varias cosas. Que la familia real no es el modelo de la familia ideal que nos han estado vendiendo desde hace años sino el claro ejemplo de una familia desestructurada. Padre ausente y adúltero, madre sumisa pero profesional, o sea, haciendo ver que no ve, todo sea por la institución familiar, o real, hijos que callan, por cobardía o por miedo o por interés en este caso, corrupción, algún caso de adicción a las drogas… En EE.UU., ya habrían hecho una serie de muchos capítulos y estaríamos enganchados. En España, el 19 de junio, empezará una nueva era con Felipe VI. Ay, qué risa.

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  2. Siempre que se toma a la mujer madre como referencia de “la renuncia”, “el sacrificio” o el modelo de cómo ejercer el cuidado de los hijos, me surgen una serie de preguntas… Para empezar, por ejemplo, cuando una mujer “renuncia al trabajo” para cuidar a la familia… ¿quién suministra el imprescindible y vil metal que garantice dichos cuidados? Porque si la madre no trabaja, no hay ingresos, ¿no es así? ¿No se da el caso entonces que por cada mujer que “renuncia” hay un hombre que asume una carga mayor de trabajo y de responsabilidad para con su familia? ¿Y que ese hombre es, a su vez, menos libre y es más esclavo de su vinculación laboral? ¿Y que ese hombre, gracias al dinero que gana para su familia, está de forma efectiva cuidando de su familia? ¿Por qué se empeña usted en invisibilizar la importancia de su labor? ¿Por qué se menosprecia su referencia como la de un buen padre? ¿Por qué la paternidad se evalúa en las consultas de pediatría y en las puertas de los colegios y no en aquellos lugares donde se gana el necesario e imprescindible dinero que paga los libros de texto, las medicinas y los cuidados médicos? Deje ya de tomarnos el pelo.

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  3. “En lugar de acercarse a la igualdad para ejercer las responsabilidades del cuidado y el afecto como lo hacen las mujeres, ahora se quejan y dicen que la sociedad los discrimina frente a las madres”. Cualquier profesor le dirá – y más si el alumno es adolescente – que cuando quiere ver un verdadero cambio de actitud en el alumno, hay que hablar con el padre y no con la madre. Porque precisamente en ese “afecto” que tanto le seduce a usted se esconde la peligrosa sobreprotección, a la que son tan proclives las madres. Sobreprotección que tienen que combatir los padres si quieren educar personas equilibradas, obligados en muchos casos a adoptar actitudes más duras de lo que desean para compensar el “efecto materno”.
    ¿Necesita pruebas? http://www.acfc.org/acfc/assets/documents/research_pdf's/Nielsen_SP_Nov_2011.pdf Los estudios de rendimiento escolar indican que los hijos de familias monoparentales con custodia materna son los que peores resultados obtienen. Ahí tiene usted los beneficios de una educación basada en sus queridos valores femeninos. Los mejores resultados los obtienen las familias intactas. Le siguen las familias con custodia compartida. Le siguen las custodias monoparentales paternas. A la cola, las familias monoparentales con custodia materna. Nada garantiza mejor el desarrollo de un niño que un equilibrio entre valores maternos y valores paternos. Cuando hay desequilibrio, los valores maternos son los que arrojan peores resultados. Eso es un hecho.
    ¿Y esto por qué? Eric Fromm lo explica de forma muy simple. El amor materno es incondicional. El amor paterno es condicional. La sociedad, el día a día, la vida fuera del hogar, es, basicamente, condicional. La condición para tener un salario es trabjar. La condición para que sean amables contigo es que seas amable con los demás. El amor paterno, por tanto, es el que mejor te da las herramientas para desenvolverte en el día a día. Aunque no te las da todas, claro. Ahí es donde entra el amor materno.
    La sociedad actual tiene la manía de pedir dinero a cambio de alimentos y servicios, y dicho dinero se obtiene en el mercado laboral, mercado este en el que “las emociones, la sensibilidad, las dudas, la inseguridad, y el miedo” no son valores particularmente bien considerados. Y eso no va a cambiar. Y no lo va a hacer porque la sociedad es cada vez más competitiva. Cada vez somos más y cada vez hay menos recursos. No es precisamente un clima que fomente pensamientos utópicos…

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  4. Perdona Amor Paterno pero yo me crié sola con mi madre y siempre saqué Sobresaliente en todo y fui la mejor de mi clase. Así que mejor no generalizamos ¿no?

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  5. “El hijo del Rey no tiene padre, sólo antecesor” + “Don Juan Carlos debe ser padre antes que rey”
    Las curiosas divagaciones del sr. Lorente. No se aclara mucho. Lo que sí está claro es que tiene que encajar en alguna parte su habitual perorata sobre el patriarcado.

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  6. Amor Paterno dixit: ” Los estudios de rendimiento escolar indican que los hijos de familias monoparentales con custodia materna son los que peores resultados obtienen.”
    Ay, ese rollo de “según los estudios”. La inmensa mayoría de las familias monoparentales están formadas por madre y descendencia. Es evidente que una familia, en principio, funciona mejor con dos progenitores que con uno, independientemente del sexo.

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  7. Me-alegra_reconozca,por-fín_tesis_esgrimidas_por_una_mujer.No_obstante:Le_recomiendo_mejor_el_trabajo_de_1_catedrática_españolaCastresana, Amelia
    Título: Catálogo de las virtudes femeninas :de la debilidad histórica de ser mujer versus la dignidad de ser esposa y madre / Amelia Castresana
    Editorial: Madrid : Tecnos, 1993….Aquí_se_explican_muchas_que_usted_suele_pasar_por_alto.

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  8. @Presunto o presunta: Yo no rechazo las ideas según el sexo de quien las emite. Yo rechazo las ideas falaces, como en el caso del Sr Lorente, sin mirar sexos ni géneros (esto último va con coña…). A quien, por cierto, la realidad ha venido a desmentirle el contenido de este artículo a no ser que crea que el abrazo público del rey a su hijo y la emoción de su gesto se deba a la dudosa influencia de esta columna en el rey abdicado…
    En cualquier caso: Agradezco la referencia que aporta y trataré de consultarla, aunque ya el título me molesta. La debilidad de la mujer no es histórica. Es biológica. Y me temo que ya solo esa diferencia de concepto es un mal punto de partida. Pero no por ello dejaré de leerlo.

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  9. “Todo es Relativo”. Respecto a la supuesta “debilidad biológica” de las mujeres, en general, como género específico dentro del género humano, ya sabe… Depende; hay mujeres y mujeres. En todo caso, se lo digo como Técnica en la materia, en la condición física entran en juego diferentes variables de las que la Fuerza física, es sólo una de ellas. Así, p.ejm, en dicha condición física (biológica), intervienen además, la Flexibilidad, la Agilidad, la Resistencia, etc. Es cierto que, en la persona promedio, el varón adulto suele poseer mayor fuerza muscular o fuerza FÍSICA, que la mujer adulta. Sin embargo, las mujeres por regla general suelen poseer por naturaleza una mayor Flexibilidad, cualidad también muy importante en el conjunto de la condición física.
    Por otra parte, respecto a la Fortaleza Psíquica, esto ya es otro cantar…En mi opinión, las mujeres, poseemos por lo general una mayor fuerza interior.
    En todo caso, todas estas cualidades físicas son susceptibles de cultivar.
    Para finalizar, no creo que sea en absoluto “traspolable” un estudio concreto realizado en EE.UU. a la realidad Española.

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