Violaciones de película

VIOLACIONES PELICULALo hemos repetido varias veces, el machismo es cultura, y la cultura tiene la capacidad de condicionar los comportamientos y conductas, es decir, de que ocurran unas cosas y no otras; pero sobre todo tiene una capacidad que a la larga se muestra más importante ante la variabilidad de las circunstancias y los cambios sociales, la de dar significado a lo ocurrido. 

De esta manera, cuando se produce algo que supera los límites impuestos por las propias referencias de la cultura, como por ejemplo puede ser la violencia de género, la cual es situada como parte de las conductas que se pueden producir en de las relaciones de pareja para “restablecer el orden alterado a través del comportamiento de las mujeres”, el machismo no se siente “descubierto” en su estrategia de violencia y sumisión, y aporta referencias para justificar lo ocurrido. Estas referencias van desde la actitud de la “mala mujer”, hasta la pérdida de control del “buen hombre”, pasando por los factores externos vinculados al alcohol y las drogas.

De este modo la violencia de género queda invisibilizada dentro de las relaciones de pareja, y justificada cuando supera los límites impuestos por la propia cultura.

Pero, además, el machismo, es decir, nuestra sociedad, cuenta con un mecanismo de seguridad muy eficaz por si falla al anterior, algo habitual ante el cambio social y la actitud cada vez más crítica ante la violencia de género. Ese mecanismo de seguridad es la creación de estereotipos.

En violencia de género el estereotipo es una mujer con un ojo morado y hematomas por diferentes partes del cuerpo, y el agresor un hombre con problemas con el alcohol, en paro. El estereotipo mejora si ambos tienen un nivel socio-cultural bajo, y no digamos ya si son extranjeros.

Estas circunstancias permiten situar la violencia de género, no en la voluntad del hombre que la ejerce a partir de las referencias de la cultura de la desigualdad, sino en ese contexto problemático y conflictivo particular. De este modo, no se ve como un problema social, sino como una cuestión propia de esos ambientes.

Da igual que los estudios de la Organización Mundial de la Salud digan que las lesiones son lo menos importante, y que sean otras alteraciones físicas y psíquicas las que caractericen a la violencia de género. Da lo mismo que más del 70% de los casos sean agresores españoles y que no influya el alcohol, al final prevalece la idea del estereotipo.

Y lo hace hasta el punto de que henos tenido sentencias judiciales donde se ha argumentado sobre esa idea. Recordemos la de Carmina Ordoñez donde se decía que no había malos tratos porque no tenía el “perfil de mujer maltratada”; o aquella otra de Barcelona donde entre los razonamientos para negar la violencia de género la sentencia recogía que la víctima iba “vestida a la moda”. Y eso que aparece de manera explícita en una sentencia, es la misma idea que se maneja a la hora de tomar decisiones durante la instrucción, porque no es un problema individual, sino un problema social construido por la cultura.

Con la violencia sexual ocurre lo mismo, el estereotipo de una violación está construido sobre la idea del ataque de un desconocido a una mujer joven, (generalmente “una mala mujer”), en un lugar oscuro y solitario, y que utiliza un grado extremo de fuerza para vencer su voluntad, ocasionándole importantes lesiones físicas, tanto en la zona genital como en el resto del cuerpo. Todo lo que no encaje en esa idea, encuentra resistencias para ser creído, incluso para ser investigado, como, al parecer, ha ocurrido en el caso de Málaga.

La realidad no sólo no es esa, sino que se aleja mucho de ese estereotipo respecto a la violencia sexual. Por encima del 70% de las violaciones son cometidas por hombres del entorno de la víctima (Horvath y Brown, 2006) y en el 80% no aparecen lesiones graves (Anderson et al, 2006). De hecho, en ese mismo trabajo se concluye que no hay diferencias significativas respecto a la presencia de lesiones genitales en las relaciones consentidas y en la violaciones, resultado que explica cómo en la mayoría de los casos no es la fuerza física el elemento que caracteriza las agresiones sexuales. La forma de vencer la voluntad de la víctima se basa más en la amenaza y en el uso de sustancias tóxicas. En este sentido, un reciente trabajo de Carlos García Caballero publicado en la Revista Española de Medicina Legal (2013), demuestra que la presencia de sustancias tóxicas en las violaciones ocurridas de 2010 a 2012 representan el 37%. Todos estos factores hacen que con cierta frecuencia, muchas víctimas de violación tengan miedo y dudas a denunciar lo ocurrido, y que en ocasiones lo hagan días después tras haberlo comentado con alguna amiga o familiar.

La diferencia entre lo esperado y la realidad es la que lleva a la duda y al cuestionamiento de las propias mujeres, pues la misma cultura también ha creado estereotipos para responsabilizar a las mujeres de las posibles agresiones sexuales que sufran. Es lo que demuestra el ICM (2005), la mayor encuesta del Reino Unido sobre el tema, donde la población considera culpable de la violación a la mujer si flirtea (33%), si viste ropa sexy (26%), si ha mantenido relaciones con varios amigos del grupo (22%), o si consume bebidas alcohólicas (30%). Y es el mismo sentido de las recomendaciones que ha dado el Ministerio del Interior para que sean las propias mujeres quienes eviten el riesgo que generan los hombres agresores.

Tenemos lo que Kelly (2005) definió con relación a la violencia sexual, como una “cultura del escepticismo”, que no acepta la realidad de las agresiones sexuales y sus causas, y que luego, cuando se producen los casos, pasa a ser una “cultura de la culpabilización” que pone la culpa en la propia mujer que ha sufrido la violencia por haber o no haber hecho algo.

Decía Bertillon, un criminalista francés de finales del XIX, que “sólo se ve lo que se mira, y sólo se mira lo que se tiene en la mente”, si no tenemos en la mente las múltiples formas de presentarse la violencia sexual y sólo esperamos el estereotipo creado, difícilmente la veremos e investigaremos las evidencias e indicios que podrían llevar a encontrarla.

El resultado de esta “ceguera selectiva” en violencia de género es la impunidad y la instrumentalización de la falta de pruebas para atacar a las propias víctimas con el argumento de las “denuncias falsas”, idea creada por la cultura y que también está en los profesionales, a no ser que el estudio y el conocimiento la desplacen, pues son partícipes de la misma cultura. Les pongo un ejemplo.

En 2005, en una reunión de Médicos Forenses, mostré un informe de urgencias de un hospital donde el ginecólogo de guardia, ante una posible agresión sexual, escribe: “Aviso al forense de guardia y no se presenta”. Pregunté que cómo era posible que ante unos hechos tan graves no se acudiera a la llamada de un especialista que había visto indicios hasta el punto de llamar al forense de guardia. Los forenses de la reunión, primero con cara de sorpresa por mi pregunta, y luego con una ligera sonrisa en los labios, me respondieron: “Pero hombre Miguel, todo el mundo sabe que cuando una mujer denuncia una violación es mentira”. Ese fue el razonamiento.

La situación ha cambiado mucho, tanto a nivel de formación y especialización como de actitud, pero no podemos olvidar que las referencias culturales están presentes en todas las personas, y que la única forma de superar los estereotipos es el conocimiento.

Esa es la actitud que lleva a los hombres a sentirse cuestionados (incluso criminalizados) cuando se apunta la posibilidad de que un hombre haya ejercido violencia de género. La misma actitud que justifica el archivo de un posible caso de violación en 48 horas sin haber investigado muchos de los elementos que se apartan del estereotipo y que son más frecuentes, y el mismo recelo que lleva a muchos a entender que investigar para aclarar la verdad es sinónimo de condenar.

Está claro que la simple duda sobre lo que los hombres dicen o hacen, para muchos, es una agresión, tanto que prefieren dudar de que se haya producido una violación antes que aclarar la verdad de la inocencia que tanto defienden.

 

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6 thoughts on “Violaciones de película

  1. Hay una frase suya que lo describe a usted perfectamente: “si […] sólo esperamos el estereotipo creado, difícilmente la veremos e investigaremos las evidencias e indicios que podrían llevar a encontrarla”.

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  2. Hay otra frase suya que ilustra muy bien su pensamiento fascista: “prefieren dudar de que se haya producido una violación antes que aclarar la verdad de la inocencia que tanto defienden”. Hasta donde yo sé, en un Estado de Derecho no le corresponde al denunciado demostrar su inocencia. Sustituye usted el principio jurídico del “in dubio pro reo” por el principio feminazi del “in dubio pro femina”.

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  3. Por cierto, si en el 70% de los casos los agresores son españoles, y el 10% de la población española es de origen extranjero, la incidencia de estos delitos en los extranjeros es aproximadamente el 400% de la incidencia en españoles. Más o menos el mismo ratio de incidencia que el de hombres/mujeres para este tipo de delito. ¿Establecemos penas más duras dependiendo de la nacionalidad, o eso es racismo o xenofobia? Si es racismo y xenofobia, ¿por qué con la LVG no hablamos de sexismo y androfobia? Ya que habla usted de referencias culturales, no estaría de más preguntarse qué referencias culturales son las que se usan para defender penas distintas por el mismo acto jurídico. Ya que habla usted de investigar para aclarar la verdad, tampoco estaría de más que la ley estableciera los agravantes correspondientes (voluntad de dominación, etc), que se aplicaran sin distinción de sexo, y que naturalmente se tuvieran que demostrar, como debería ser normal en un Estado de Derecho. Las referencias culturales son ineludibles, y las suyas me temo que son las del femifascio.

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  4. Por último, en el aeropuerto de Barajas dan por megafonía el siguiente mensaje con cierta frecuencia: “Mantengan sus pertenencias controladas en todo momento”. En otros centros en el extranjero dicen directamente que se tenga cuidado con los carteristas. ¿Entiendo bien que las autoridades están culpabilizando a la víctima del robo? Yo creía que estaban dando consejos de prevención sensatos, pero, en fin, me pica la curiosidad saber si considera usted que se está enviando el mensaje de que la culpa no es del carterista sino de quien es robado.

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  5. JOJOJOJOJO menudo repaso que le has dao 8888, y eso que no has ni mencionado otra mas de las multiples mentiras de este payaso(y que me perdonen los payasos por relacionarlos con tamaño demagogo) como esta “Los forenses de la reunión, primero con cara de sorpresa por mi pregunta, y luego con una ligera sonrisa en los labios, me respondieron: “Pero hombre Miguel, todo el mundo sabe que cuando una mujer denuncia una violación es mentira”. ” Esto Lorente es difamacion, no solo se inventa usted esta comnetario(no te lo crees ni tu)sino que basa su argumentacion en supuestos comentarios fansatsiosos e imposibles de probar. Quieres HECHOS??? AHI TIENES LA DENUNCIA FALSA DE LA FERIA DE MALAGA

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