¡Negro!… ¡Y tú blanco!

NEGRO Y BLANCONo es lo mismo llamar a un subsahariano, “negro”, que él llame a un occidental “blanco”; como no es igual decirle a un romaní, “gitano”, que este responda “y tú payo”; ni tampoco llamar a un joven, “marica, homosexual”, y que él diga “y tú heterosexual”…

Para que un insulto basado en las características de la persona pueda ser considerado como discriminación, la persona en cuestión debe pertenecer a un grupo históricamente discriminado, lo dice el Tribunal Constitucional y así lo recogen las Declaraciones Internacionales sobre Derechos Humanos… Y los hombres nunca han sido discriminados como hombres…

Sin embargo, los enemigos de la Igualdad, en su desesperado intento de generar confusión, curiosamente, recurren a ella para intentar reducir al absurdo las propuestas que buscan corregir la injusticia existente, presentando a los hombres como víctimas de estos cambios. Es la estrategia del posmachismo.

Por eso frente al machismo ellos hablan de “feminismo y de hembrismo”, con relación al patriarcado asesino que ocasiona más de 60 homicidios de mujeres al año, responden con el “matriarcado que da más años de vida media a las mujeres”; ante la violencia de género hablan de la “violencia que sufren los hombres y los suicidios que cometen empujados por las mujeres”; frente a la brecha salarial y la mayor ocupación laboral de los hombres, contestan con los “accidentes laborales y que son hombres los que bajan a la mina y suben a los andamios”… Ante cada manifestación de la desigualdad responden con una situación de la que responsabilizan a las mujeres, cuando en verdad son partes del mismo contexto violento creado por una sociedad competitiva y enfrentada.

De ese modo, todo queda cubierto por una aparente neutralidad que intenta presentar la realidad como una deriva involuntaria del tiempo, o como un accidente debido al exceso de velocidad que dicen propiciado por quienes buscan la Igualdad.

Es la esencia del posmachismo, crear confusión y con ella lograr un doble objetivo. Por un lado, desvincular la situación actual de las referencias históricas del machismo, para así quitarle el significado a la realidad y que no se entienda como consecuencia de la desigualdad, sino como una serie de conductas aisladas. Y por otro, desarticular las medidas dirigidas a corregir la desigualdad y a promocionar la Igualdad.

Como se puede ver, una estrategia interesada y elaborada. Si se logra cuestionar que la situación actual, donde existe violencia de género, discriminación, abusos… contra las mujeres por parte de los hombres se debe al modelo de sociedad desigual, es decir, al machismo, entonces cada uno de los casos perderá significado sobre esas referencias comunes impuestas por la cultura, y todo parecerá como un accidente de las circunstancias o como conductas aisladas de una serie de hombres.

Bajo esa idea, las medidas dirigidas a corregir la desigualdad no serían necesarias, puesto que para ellos no existe una base cultural ni ideológica detrás y, en consecuencia, lo que habría que hacer es, sencillamente, aplicar el mismo tipo de medidas a mujeres y hombres. Sin embargo, este planteamiento es una trampa, a pesar de sonar muy bien en nuestra sociedad al presentarse con el argumento de que la “igualdad real” es dar lo mismo a los hombres que a las mujeres. Ya lo comentamos en “El posmachismo y la igualdad punto cero”, pero la situación continúa bajo las mismas referencias.

Esta trampa tiene una doble consecuencia:

  1. No corrige la desigualdad existente. Si se da lo mismo a quien está en una posición de superioridad que a quien lo está en inferioridad, a partir de ese momento se podrá evolucionar al mismo ritmo, pero el primero desde una posición superior y el segundo desde una posición inferior.
  2. Si no se modifican las causas de esa desigualdad, es decir el machismo, sus ideas y valores continuarán actuando, y a pesar de dar lo mismo a las dos posiciones, la desigualdad se incrementará aún más al contar con un contexto (normalidad, orden natural, “lógica social”…) que beneficia a quienes ocupan la posición de poder que los ha llevado a la superioridad.

Por eso, de manera interesada, el machismo presenta las medidas dirigidas a corregir la desigualdad y a promocionar la Igualdad como un ataque y como “falsa igualdad”. Es lo que dicen respecto a las cuotas, a las medidas de acción positiva para facilitar que las mujeres lleguen donde les ha sido imposible por los obstáculos; lo que comentan de la Ley Integral que busca acabar con la violencia de género, lo que hablan de las medidas de conciliación que pretenden acercar la paternidad y la maternidad a hombres y mujeres… Todo se presenta como un ataque a los hombres y como una falsa igualdad, porque para ellos la igualdad es “que todo siga igual”, tal y como ha sido hasta ahora. Es absurdo, pero funciona porque es el machismo el que da significado a la realidad desde su posición referente.

En definitiva, vemos que con su estrategia consiguen tres grandes objetivos:

  1. Confundir sobre el significado de la realidad y su sentido para que todo parezca un accidente, y que la sociedad se mantenga distante al problema y no se posicione.
  2. Atacar a quien busca la Igualdad para no tener que contrarrestar sus ideas y propuestas. Si quien las dice está desacreditado, inventando intereses económicos o de otro tipo, no hace falta argumentar sobre sus razones, tan sólo hacer referencia a esas criticas creadas ad hoc.
  3. Presentarse como víctimas inocentes de quienes buscan intereses y beneficios particulares, y de ese modo justificar el tono agresivo y violento de sus acciones como respuesta a los ataques previos.

Por eso el machismo insiste en hacer borrón y cuenta nueva cuando se habla del pasado, porque el borrón oculta el significado de la violencia machista y la desigualdad que la envuelve, y porque en la cuenta nueva siempre aparecen cuantiosos beneficios.

Por más que se empeñen muchos hombres, no es igual el machismo que el feminismo, del mismo modo que no es lo mismo llamar a un subsahariano, “negro”, a que él te llame “blanco”, como tampoco tiene el mismo significado insultar con un “hijo de puta” que con un “hijo de gigoló”… Sólo las mujeres, la raza negra y las mujeres que ejercen la prostitución han estado históricamente discriminadas.

Los hombres nunca han sido discriminados como hombres. Ha habido y hay muchos hombres oprimidos y sometidos, pero lo son por otros hombres que abusan de un poder y una superioridad construidos originariamente sobre la desigualdad de las mujeres.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s