Machismo “non sequitur”

El machismo es la gran mentira capaz de crear una realidad, y luego desaparecer en ella para que todo suceda aparentemente al margen de su influencia; hasta el punto de hacer creer que son las circunstancias, la costumbre, la tradición, las “personas individuales”… las que, dependiendo de la situación, explican los resultados y acontecimientos de su realidad.

Así nadie es responsable de nada, lo vemos en violencia de género, en la que a pesar de los asesinatos repetidos año tras año, todavía intentan presentar cada uno de ellos como producto de su contexto particular, negando las circunstancias comunes a todos ellos. Y lo vemos cuando los hombres se sienten atacados al hablar de una violencia que protagonizan otros hombres, hasta el punto de criticar las medidas dirigidas a acabar con una violencia que hace que cada año 60 hombres asesinen a 60 mujeres y 600.000 hombres maltraten a un número similar de mujeres, sólo por considerar que van “contra todos los hombres”. Por lo visto, para ellos esos crímenes no son un problema social y prefieren cualquier cosa antes que cuestionar el “nombre del hombre”, incluso impedir las medidas específicas dirigidas a evitar la violencia que sufren las mujeres como consecuencia del machismo. Ellos piden medidas generales dirigidas contra la “todas las violencias”, aunque se pierda eficacia y se dejen sin abordar los elementos específicos y los factores de riesgo concretos de la violencia de género.

Cuando muchos hombres se sienten atacados al hablar de machismo y dicen con agresividad que se está generalizando el problema a todos los hombres, lo que demuestran es que son machistas y que en verdad se sienten identificados con esas referencias que cuestionan, pues de lo contrario no se verían afectados por esas críticas, como no lo hacen muchos otros hombres. Pero, además, es que al referirnos a la violencia de género hay que hablar de hombres, pues nos referimos a una violencia que forma parte de la cultura creada sobre la referencia de los hombres, y dirigida a mantener su orden como un comportamiento considerado parte de la normalidad. Por eso se trata de una conducta reservada y desarrollada por los hombres que lo decidan a partir de esas referencias, por lo tanto, hablar de violencia de género es hablar de hombres que la llevan a cabo, de hombres que callan ante ella, y de la complicidad social que la permite como una de las muchas conductas “propias de hombres”. Referirse en estas circunstancias a “los hombres” no es un error ni significa que “todos los hombres” sean maltratadores, lo mismo que cuando se dice que “los españoles almuerzan y cenan tarde” no significa que “todos” los españoles lo hagan.

El machismo muestra toda su violencia y poder en este tipo de estrategia de la confusión, pero el mismo tiempo revela con su actitud que ha sido descubierto, y que el feminismo y la Igualdad avanzan de manera decidida para desenmascarar su mentira y los privilegios construidos sobre la injusticia. Por eso responden con tanta beligerancia ante los argumentos y las personas que los cuestionan, mientras callan ante la violencia contra las mujeres de cada día.

Siempre han contando con poderosas herramientas para conseguir mantener la imposición de su cultura, una de ellas ha sido la violencia normalizada e invisibilizada, y otra el peso de su palabra para hacer verdad todo lo que digan. Pero claro, como ya no pueden decir, al igual que hacían antes, que los hombres son el centro del universo, que las mujeres son inferiores intelectualmente, o que están predispuestas a la obediencia y al cuidado, aunque todavía haya algún romántico que lo diga públicamente, lo que hacen con su posmachismo de la confusión es recurrir a la falacia, pues saben que en ellos no se ve como tal mentira.

Y el machismo es especialista en lo que los griegos llamaban “falacia non sequitur”, basada en alcanzar la conclusión a partir de una premisa falsa, generalmente relacionada con la afirmación realizada por otra persona, pero que en verdad no ha dicho. Por ejemplo, si alguien dice estoy en Japón, sería falaz afirmar que esa persona ha dicho que está en Tokio, pues estar en Japón no significa que se esté en esa ciudad, por muy típica y poblada que sea.

Por eso el machismo recurre a sus falacias non sequitur para intentar poner en boca de otras personas lo que no han dicho, pero que él necesita para poder justificar su violencia y ataques contra esas personas y las ideas y valores que representan.

Es uno de los argumentos que más utilizan en su estrategia de presentar a los hombres como víctimas de una especie de “conspiración feminista intercontinental” basada en la falacia non sequitur. Por eso cuando se dice que los autores de la violencia de género son hombres o que el machismo está protagonizado por hombres, los machistas aplican su falacia y dicen que se ha afirmado que “todos los hombres” son maltratadores y que “todos los hombres” son machistas, aunque luego sean tan incongruentes que se dedican a atacar a otros hombres y los llamen “traidores”, “feminazis”, “planchabragas” o “manginas” por “no ser hombres de verdad”. ¿No dicen que la Igualdad considera a todos los hombres machistas…? Absurdo, pero ellos son así.

Es lo que ha ocurrido estos días cuando hemos hablado de un modelo de sociedad machista basado en la desigualdad y en la violencia, especialmente contra las mujeres por ser la desigualdad de género la esencia de su construcción, pero que luego extienden a otras circunstancias en las que el diferente se considera un enemigo, hasta el punto de que el 95% de los más de 500.000 homicidios que se producen cada año son cometidos por hombres, tal y como reflejan los informes de Naciones Unidas. En lugar de detenerse a reflexionar sobre estas situación y ver la relación entre machismo y otras violencias, saltan al ataque e intentan generar confusión a través de una falacia non sequitur al afirmar que se ha dicho que todos los hombres son maltratadores, que todos los musulmanes son terroristas, que todos los colombianos son narcotraficantes… o que la única violencia que importa es la dirigida contra las mujeres para beneficiar al “lobby feminista”… Siempre usan el mismo argumento falaz con distintas justificaciones con el objeto de desviar la atención del problema estructural.

Si para los machistas el machismo no tiene nada que ver con los problemas que existen en la sociedad construida sobre sus referencias, ¿por qué les preocupa tanto, entonces, que se trabaje en el análisis de las posibles relaciones entre ese “machismo inocente” y las consecuencias que se producen?

Ya no engañan a nadie aunque sigan utilizando sus posiciones de poder, de manera que debemos agradecer estos ejercicios agresivos y violentos que ponen de manifiesto la estrategia que los deja en evidencia. Mientras ellos se dedican a todo ese juego la Igualdad avanza, y cada día hay más mujeres y más hombres que rechazan al machismo, a los machistas y a su violencia.

“Los Machonautas”

“LOS MACHONAUTAS” (Machistas de playa -IV-)

No hay nada como el verano para navegar, es la estación idónea para subirse a una nave y surcar las aguas de los mares y el aire de las ideas, que durante el resto del año permanecen retenidas por las esclusas de las circunstancias. Y eso lo saben muy bien los machistas de playa, ellos que son los dueños del tiempo de la historia, son conscientes de que el calor ablanda los días y hace de ellos una especie de chicle elástico que se estira sin límite para pegar conciencias y cerrar los párpados a la realidad. Por eso, a pesar de su retiro y de su distancia estival, se dedican a navegar por las redes y estar en todos y cada uno de los lugares donde un “macho” sea necesario para decir “lo que es verdad y mentira”, y para corregir cualquier afirmación que se haga desde el feminismo o en nombre de la Igualdad. Son los “Machonautas”, la marina del machismo, y siempre están atentos, pues para ellos cualquier “serpiente de verano” es la misma a la que Eva le pisó la cabeza para salir victoriosa de su encuentro.

Los “Machonautas” surcan dos tipos de aguas, las del machismo y la de las redes sociales. Navegan por el machismo para redescubrir el mismo destino una y otra vez y no sentirse fracasados en sus viajes a ningún lugar. Por medio de esa estrategia aparentan traer de cada uno de esos destinos algún fruto con el que sus seguidores se sientan estimulados en su lucha, pero como siempre visitan los mismos prejuicios, los mismos mitos, los mismos estereotipos… lo que hacen, como expertos manipuladores que son, es cambiar el nombre de sus viajes para así presentarlos como lugares diferentes… De ese modo, unas veces dicen que han ido hasta la tierra del “hembrismo”, otras al territorio de las “personas feminazis”, en otras ocasiones hablan de que han llegado hasta el “país de las denuncias falsas”, que está justo al lado de la “selva de las amazonas violentas”, y que por tanto, también dicen visitar con frecuencia… El mensaje que traen siempre es el mismo, pues viajan a bordo de la nave del machismo, pero en cada ocasión lo presentan como algo distinto al cambiarle el nombre.

El otro tipo de aguas por el que viajan los “Machonautas” es el de las redes sociales, unas aguas que con demasiada frecuencia corren bravas, pero que ellos siempre se encargan de volver turbulentas por eso de la ganancia que obtienen los “pecadores” en las aguas revueltas.

Entran en las redes como los cuatreros en los poblados de las películas del viejo Oeste, disparando “a siniestro y a siniestro”, pues suelen ser muy respetuosos con todo lo situado a la derecha, y como hacen las buenas bandas, en cuanto uno comienza a disparar todos los demás lo siguen a ver quién es capaz de pegar más tiros en menos tiempo. No tienen miedo a herir a alguien, saben que el shérif está de parte del cacique de lugar y sus secuaces.

Los “Machonautas” tienen espíritu invasor, dado su carácter agresivo y violento, por eso en sus viajes se meten en cuentas ajenas para atacar a las personas que las crearon, y para lanzar su mensaje colonizador desde ellas, puesto que sin esas invasiones no tendrían la posibilidad de que alguien se detuviera ante sus palabras. Y son tan paradójicos y simples, que a pesar de entrar en las cuentas para atacar a quienes no piensan como ellos, dedicándose a insultarlos y cuestionarlos con todo tipo de argumentos falaces, luego se muestran ofendidos por los mensajes de Igualdad que se lanzan desde esas cuentas. La situación es tan surrealista que, a pesar de ser ellos los violentos y los invasores, exigen que se retiren todas las medidas dirigidas a impedir sus invasiones y conquistas, y a acabar con sus privilegios.

Todo ese trabajo que se toman es porque los “Machonautas” pretenden controlar el viaje iniciado por la sociedad para dejar atrás el continente del machismo. Saben que no es una deriva ni es un accidente, que el feminismo se reveló frente a quienes presentaban el universo como un plato plano, y afirmaban que más allá del machismo sólo había un abismo oscuro lleno de dragonas y serpientes, y que hoy la luz de la equidad y el movimiento de las estrellas del universo de la Igualdad han revelado que los hombres no son el centro del universo ni de nada, salvo de su propia determinación. Que el machismo levantó el androcentrismo para dominar a las mujeres y a toda aquella persona que fuera diferente a sus ideas, valores, creencias, pensamientos… pero que ese universo era un mundo y oscuro, sin más luz que las hogueras en las que se dedicaban a quemar a toda aquella persona o idea que lo cuestionara.

Hoy los “Machonautas” son los guardacostas de las islas que aún mantienen bajo su control, y los polizones que se introducen en otras naves y lugares para actuar como troyanos y confundir con todos los frutos tóxicos que traen del lugar de siempre del machismo. Pero hoy el mar sabe a Igualdad y el aire huele a equidad, un ambiente irrespirable para ellos, por eso, a pesar de todo lo que se mueven y viajan, son los propios “Machonautas” con sus palabras y argumentos quienes muestran a diario que su mundo ya no existe, aunque su amenaza persiste.

Este verano debemos ayudarlos con la Igualdad para que se vayan lejos y para siempre.

Los “Machiringuitos”

LOS “MACHIRINGUITOS”  (Machistas de playa -III-)

Los “machiringuitos” son como la canción del verano cuando había veranos con canción, una especie de música de fondo y de omnipresencia playera para poner la bandera azul de sus partes en la zona de costa donde habitan.

Son los machistas de chiringuito, esos que presumen de no bajar a la playa, que dicen que su frontera está en la terraza del bar, y que todo lo que continúa más allá de ella es una especie de exceso o de pérdida de tiempo. Su destino es otro y su misión más alta. Actúan como una especie de vigilantes de la playa, pero desde fuera de la playa. Su objetivo es controlar a la gente que baja cada día al mar, a la que van poniendo nombre conforme se familiarizan con su presencia a lo largo de los días. Dos son los destinatarios fundamentales de su vigilancia, las mujeres y los hombres, y en ambos casos con dos grupos bien definidos.

En el caso de las mujeres, se suelen detener en todas aquellas que son merecedoras de su atención por su físico, a las que rápidamente cosifican y acompañan de todo tipo de comentarios que giran a su vez sobre dos referencias generales, por un lado su cuerpo y las partes del mismo que más les atraen, las que toman por el todo para denominar a la mujer por medio de ellas (la de las tetas de ese modo, la del culo de aquel otro, la de los labios estos, la de las piernas aquellas…); y por otro, lo que harían con ellas gracias a su virilidad. Luego está el otro grupo de mujeres, con las que no harían nada, pero a las que también se encargan de criticar, bien por su físico, por su vestimenta y complementos, por la familia… o por cualquier otro motivo.

En el caso de los hombres, llevan a cabo comentarios con un doble objetivo, aunque bajo un mismo argumento. La atención la centran, sobre todo, en aquellos hombres que consideran unos “calzonazos y sometidos a sus mujeres”, de los que se ríen por bajar “cargados” con la sombrilla, las silletas, la nevera… aunque luego se sienten a la sombra de la silleta a beber cerveza mientras esas “mujeres dominadoras” están pendientes de ponerle protección a los niños, de acompañarlos a bañarse, de jugar en la arena con ellos… Pero también se detienen sobre los hombres jóvenes con cuerpos musculados y deportistas, a quienes directamente consideran homosexuales o sin personalidad por someterse a los dictados de la moda femenina que niega los elementos identificativos de los hombres de toda la vida. De ahí que con frecuencia se pongan ellos mismos como modelo haciendo alusión entre risas a su barriga y al “trabajo que le cuesta” mantenerla. El argumento común es que ni los hombres del primer grupo ni los del segundo son “hombres de verdad”, dejando reservada esa categoría para sí mismos, a esta especie de vigilantes de la playa y la masculinidad desde la terraza del chiringuito.

Su momento estelar es el periodo que abarca desde la bajada a la playa y la subida, esas horas de la mañana en las que el tránsito de gente disminuye, y en las que no resulta tan fácil ir de una persona a otra con la crítica en los labios. Es el momento del “ponme otra caña” y la tertulia, el instante en el que repasan la actualidad y resuelven todos los problemas con su claridad de ideas y su contundencia argumental. Su frase favorita es “yo acababa con… (la inmigración, las feminazis, el paro, la corrupción…) en cinco minutos”, da igual que cada uno plantee acciones diferentes, incluso contrarias, al final lo importante es la fratría y la coincidencia de que acaban con el problema en esos cinco minutos.

Y claro, con esa nitidez en la mirada, la Igualdad y todo lo relacionado con ella es uno de sus temas de discusión esenciales. Para ellos, como buenos machistas, todo lo que está pasando es una deriva incontrolada que tenía que haberse resuelto en esos “cinco minutos” mucho tiempo atrás, para haber evitado lo que ahora está pasando y que las mujeres “quieran ser como los hombres”. Los “machiringuitos”, como otros machistas, piensan que todo lo que sucede es producto del “lobby feminazi” que pretende aniquilar al “hombre de verdad”, a ese que es capaz de poner a la mujer en su sitio sin complejo alguno, y que lo hacen para enriquecerse con las subvenciones unidas a las políticas de Igualdad, y así obtener beneficios con los que “comprar” otras voluntades para acumular más poder.

La consecuencia de esas ideas es un planteamiento de la Igualdad como una especie de cruzada contra los hombres bajo argumentos como que los hombres “no tienen presunción de inocencia”, que “les quitan los hijos”, que “los denuncian falsamente para quedarse con todo lo que han conseguido a base de trabajar”, que “los llevan al suicidio por divorcios abusivos”…

Curiosamente, y a pesar de toda la capacidad que demuestran cada día y de la terrible realidad de la violencia de género, los “machiringuitos” nunca han planteado en sus conversaciones acabar con ella “en cinco minutos”.

A veces, cuando hay wifi en el chiringuito o al despertar de la siesta, entran en las redes sociales con bastante vehemencia para repetir sus ideas y resumir parte de lo que han tratado por la mañana en su reunión a pie, pero fuera, de playa.

Su reunión en el chiringuito suele terminar cuando uno de ellos hace alusión a que se tiene que ir porque de lo contrario la parienta le va a echar la bronca por llegar tarde a comer. Todos se reconocen en esa sentencia y se despiden hasta el día siguiente con la promesa de que habrá más. Más de lo mismo, como el propio machismo.

 

Los “Feminarcis”

Los “FEMINARCIS” (Machistas de playa -II-)

El machismo es narcisismo. Los hombres machistas se tienen en tan alta estima que continuamente están compitiendo contra otros hombres y contra sí mismos para ser más hombres, llegando incluso al homicidio para quedarse con el premio de su poder y la exclusividad de sus objetos de deseo, entre ellos las mujeres.

Desde los primeros estudios que se llevaron a cabo sobre maltratadores, el narcisismo apareció como uno de los rasgos de personalidad más frecuentes, rasgo que refleja esa percepción de superioridad idealizada que tienen, y que aumenta cuando la ponen en relación con las mujeres, a las que desprecian como el joven Narciso de la mitología hacía. Por eso el narcisismo del machismo está construido en contraste sobre las mujeres, de manera que es un “feminarcisismo” o “ferminarcismo”, y ellos son unos “feminarcis” que atacan y desprecian a las mujeres para ganar peldaños en esa escala de valores machista que tanto juego da a los hombres que ascienden por ella.

Porque el narcisismo de los hombres que siguen los dictados del machismo es tan alto que sus referencias son los propios hombres, las mujeres son parte del escenario que disfrutan como hombres, pero no personas consideradas de igual a igual. Por eso ser hombres es “ser considerado como tal por otros hombres”, no es una condición biológica, ni de entrada tampoco lo es social, pues en esa identidad no cuenta la opinión de las mujeres, sino la de aquellos hombres que ellos reconozcan como tales, de ahí que sea una identidad grupal que, luego, se extiende a lo social bajo las referencias masculinas que comparten el grupo y la sociedad.

Sin embargo, a pesar del reconocimiento del grupo, el sentido de esa masculinidad y hombría cobra todo su significado por medio de las mujeres, al ser ellas la referencia común a cualquier hombre y circunstancia para sentirse más hombres, y para que otros hombres los admiren o envidien por ese éxito con las mujeres. Es lo que vemos en noticias que sin otra justificación que el propio relato, hablan de las novias que ha tenido un deportista, un cantante, un actor… o las que se detienen en la pareja de un político, un escritor, un profesional… ensalzando la belleza, elegancia, saber estar… de esa mujer. Los hombres son más hombres exhibiendo mujeres, mientras que las mujeres son más cuestionadas cuando se habla de sus parejas. No por casualidad, uno de los factores de riesgo más importante es la separación, y esa idea de “tú eres mía o de nadie” que manejan los asesinos para no verse degradados como hombres.

Todo ello forma parte de ese “feminarcisismo” que crea “ferminarcis” que presumen de hombría, ego y virilidad en contraste con las mujeres, pero en compañía y en relación a las mujeres.

Y aunque hay feminarcis con cualquier tipo de personalidad y carácter, sus comportamientos y actitudes más habituales suelen ser más “refinadas” que las de los “chupaycalla”, pues en el fondo se sienten representantes y garantes del sistema. La misoginia está presente, pero habitualmente recurren para mostrarla a esa superioridad natural de los hombres que hemos visto en el Parlamento Europeo, donde se dijo que “los hombres son más fuertes y superiores intelectualmente a las mujeres”.

Habitualmente recurren a argumentos “técnicos” o pseudo-científicos basados en manipulaciones y tergiversaciones de todo tipo, de ahí que aparezcan razonamientos y ejemplos desde cualquier ámbito de la sociedad: la biología (inferioridad e incapacidad), la economía (justificación de la brecha salarial), el mercado laboral (precariedad o el argumento de que “los hombres tienen problemas de paro por la incorporación de las mujeres”)… Su odio a las mujeres se incrementa paulatinamente conformen comprueban el cambio social que ellas lideran y protagonizan, y al comprobar cómo esa transformación está desvelando y poniendo en evidencia las falacias históricas de la construcción machista, y los privilegios que se han reservado para ellos. Por eso su reacción es muy beligerante en lo individual, pues muchos de ellos ya se han encontrado de frente con este cambio social y con mujeres que no están dispuestas a ser sometidas; y muy estratégica en lo grupal, generando la nueva táctica del machismo para intentar detener o reconducir esa transformación social por medio de la confusión, estrategia de la que el posmachismo, repleto de feminarcis, hace gala a diario.

Son muy activos en las redes sociales, especialmente mostrando datos y estadísticas manipuladas para reducir las consecuencias de la desigualdad, y para presentar a los hombres como víctimas y a las mujeres como malas, perversas y violentas. Entre los mensajes más habituales está el de las denuncias falsas, el de que las mujeres son tan violentas como los hombres, el que manipulan a los hijos para enfrentaros a los padres tras la separación… Y también inventan historias paralelas de personas, organizaciones y asociaciones para que la Igualdad parezca un complot que busca enriquecerse y atacar a los hombres.

Son estos feminarcis los que llaman a las políticas de Igualdad “feminazismo” y a las personas que la defienden, especialmente a las mujeres, “feminazis”. Como se puede observar, su odio y su violencia está a flor de piel, y no por casualidad sus referencias las tienen en regímenes fascistas con los que, por lo visto, se sienten muy identificados y cercanos.

Ya sabéis, son los feminarcis y están encantados de conocerse a sí mismos.

 

Los “Chupaycalla”

LOS “CHUPAYCALLA” (Machistas de playa -I-)

Algunos machistas además de serlo han de parecerlo. Son machistas que van marcando paquete con su actitud, y mostrando la musculatura de su agresividad y violencia a través de la camiseta sin mangas y ajustada con la que les gusta vestir sus ideas. Ante la falta de argumentos recurren a la violencia y al ataque seguros de su fuerza y, sobre todo, de su poder, de esa posición que les hace percibir que si usan la violencia los van a justificar o la situación hará que le echen la culpa a la propia mujer agredida. Ellos lo tienen claro y perciben que no les va a pasar nada.

Por eso presumen de sí mismos y van delimitando el territorio con cada uno de sus pasos, como si fueran descendientes del caballo de Atila, para que la hierba no crezca allí donde ellos ponen su huella. Necesitan la intimidación para sentirse hombres y confunden el temor que levantan con el respeto que creen que les tienen.

Son los que defienden al “hombre de verdad”, a ese hombre “hecho y derecho”, al que “se viste por los pies”, y al hombre “de pelo en pecho”, aunque ahora algunos se depilen para salir mejor en los selfies que les gusta subir a las redes para mostrar su virilidad a través de gestos y acciones.

Son los que piensan que “el hombre malo resulta más atractivo”, y los que dicen que las mujeres de verdad quieren a hombres como ellos porque las hacen sentirse mujer-mujer. Esa es la idea de mujer que tienen, las ven como el complemento directo, amoldadas a su vida y decisiones, o como el complemento circunstancial de lugar y momento para utilizarlas según decidan ellos desde esa idea de superioridad que manejan como excusa, para así imponer sus “síes” sobre los “noes” de las mujeres sin remordimiento.

Su pobreza ética se manifiesta en sus conductas y en la necesidad de exhibirse, como ha ocurrido en las fiestas de San Fermín con las chapas y camisetas de contenido machista y misógeno, entre ellos el “chupa-y-calla” que tan bien los define, y que no han dudado de exhibir.

Esa misma pobreza es la que los hace ir en grupo para reforzarse y potenciar mutuamente su conducta y actitud. Por eso el ambiente de fiesta y diversión es su espacio natural, pues es en ellos donde encuentran toda clase de elementos para justificar su construcción sobre las mujeres que “provocan”, que “dicen no cuando quieren decir sí”, que “buscan hombres como ellos”… Y por eso, cuando no hay fiestas a la vista acuden siempre a los mismos bares y lugares de ocio donde toman confianza con dueños y clientes para sentirse reconocidos. Es allí donde les ríen las gracias machistas que comentan y les aplauden las imágenes y mensajes que muestran en sus móviles de última generación. Es su manera de sentirse superiores sobre los superiores.

En las redes sociales dan continuidad a ese exhibicionismo machista, y sus mensajes se mueven entre el odio palpable a las mujeres y su cosificación. Cuando han tenido algún problema de pareja se muestran especialmente violentos, aunque no necesitan experiencias personales para solidarizarse con los “hombres de verdad” que critican la Igualdad y las leyes contra la violencia de género. Los vemos a diario entre esa agresividad y rabia.

Son los “chupaycalla”, un tipo de machista que en estos tiempos de playa tiran de toalla y bronceador para salir al aire, aunque en verdad ellos están quemados por dentro. Hay que estar atentas y atentos, pues en estas fechas se muestran con especial intensidad por nuestro litoral, y desde allí por cualquier lugar.

 

Machistas de playa

El machismo no se va de vacaciones, todo lo contrario, aprovecha las vacaciones del resto para lanzar con más intensidad sus mensajes por tierra, mar y aire desde cada uno de los destinos que ocupan sus representantes más significativos. Ese cambio de hábitos en los lugares de vacaciones facilita que se desprendan de parte de su camuflaje y modifiquen la indumentaria argumental, y como ocurre con las prendas de vestir, aparecen más ligeros de ropa, menos cubiertos en sus formas y mas naturales, sin la rigidez del traje y la corbata que intentan dar a sus razonamientos durante el resto del año.

Por eso merece la pena hacer un recorrido por esos espacios y lugares para conocer mejor al machismo y, de ese modo, poder identificar a los “machistas de playa” en sus diferentes formas y expresiones.

A lo largo de los próximos días iremos describiendo algunos de los más significativos, entendiendo que no se trata de compartimentos estancos, y que puede haber combinaciones de más de una de las formas en algún machista en particular, que se mostrará de un modo u otro atendiendo a las circunstancias del momento.

La casa de Juana

Juana Rivas está en la calle, no está en casa de nadie. Es cierto que cada día duerme en el hogar y en el corazón de tantas y tantas personas que han entendido su decisión antes que la aplicación literal de un convenio de hace 37 años, pero ella está en la calle, porque cuando una persona víctima de violencia tiene miedo de acudir a la Justicia significa que queda a la intemperie del Estado y desamparada en sus derechos. Y si esto ocurre, el problema está en la Justicia, no en la persona que duda de ella.

Resulta muy significativo que desde las posiciones del machismo se pida la aplicación directa y automática del Derecho, como si fuera un frío bisturí que viniera a seccionar las circunstancias de estos días, sin entrar en el “pequeño detalle” de que el padre que reclama la devolución de sus hijos ha sido condenado por violencia de género, que Juana Rivas denuncia que la situación de violencia ha continuado hasta el punto de tener que salir huyendo con sus hijos, y que el regreso de los niños con el padre conlleva un riesgo mientras no se resuelvan las circunstancias actuales. Esta situación defendida públicamente por muchas personas y asociaciones que hablan a diario de que el 80% de las denuncias en violencia de género son falsas, sin más razón que sus propias manipulaciones, que afirman que las mujeres hacen esas denuncias para quedarse con “la casa, los niños y la paga”, que dicen que las mujeres son tan maltratadoras como los hombres… no es casual, no es nada casual, puesto que lo que pretende es mantener los privilegios de los hombres y potenciar los mitos que facilitan la sumisión de las mujeres. Unos privilegios que, entre otras cosas, llevan a que sólo el 5% de los maltratadores sea condenado, y a que un padre maltratador se presente como víctima y la mujer como delincuente.

Toda esa reacción machista se sustenta sobre dos mitos fundamentales, el primero dice que “un maltratador no tiene por qué ser un mal padre”, y el segundo, que “las mujeres son malas y perversas” desde Eva, y como consecuencia de esa maldad innata denuncian a los hombres para hacerles daño y beneficiarse desde el punto de vista material.

Si la sociedad y la Justicia entendieran que la violencia de género produce un impacto grave en la salud y en el desarrollo de los niños y niñas que la viven, como demuestran los estudios científicos, no se entendería que la demanda del padre condenado por maltrato conllevara la aplicación automática de una convenio de 1980, cuando no se hablaba de violencia de género, y menos en el ámbito del Derecho. Y si la sociedad entendiera que las mujeres no denuncian falsamente para fastidiar a los hombres, de hecho ocurre lo contrario y sólo se denuncia un 20% del total de casos de violencia de género, tampoco hablaría de Juana como de una madre que “ha secuestrado” a sus hijos.

Pero la cosa va más lejos aún. Si esa misma sociedad entendiera lo que es la violencia de género, no podría caer en la trampa que lleva a recurrir a un Derecho de otra época (1980) para decir que la solución habría sido “pedir permiso” al padre para traerse los hijos a España. ¿Alguien que conozca la violencia de género puede considerar que la mujer que la sufre debe pedir permiso al maltratador? ¿Alguien cree que le daría ese permiso cuando el objeto de la violencia de género es someter y retener a la mujer a su lado? ¿Alguien piensa que al hacerlo y plantearle su decisión al maltratador no se dispararía el riesgo de una agresión grave o mortal, como indican los instrumentos de valoración del riesgo?

Lo que ha sucedido con Juana es lo mismo que ocurre con las mujeres víctimas de violencia de género a diario. Más del 70% de ellas salen de la violencia a través de la separación, y lo hacen dejando al maltratador atrás y huyendo con sus hijos para poder escapar de la violencia, pero a diferencia de Juana, esas mujeres viven en el mismo país que sus maltratadores y no se aplica el convenio de La Haya, pero, como se puede ver, su reacción no es muy diferente a la de Juana.

El Derecho debe tener en cuenta las circunstancias sobre las que se aplica, de lo contrario no será Justicia. No debemos confundir lo legal con lo justo, el machismo quiere la ley sin adaptarla a las circunstancias porque el propio machismo es la ley. Y lo es en sus conductas al actuar “por norma”, y en la aplicación de las leyes redactadas históricamente desde su visión de la realidad. Unas leyes que hasta entrada la Democracia exigían a las mujeres pedir permiso al marido para trabajar o viajar al extranjero, situación que ha cambiado en lo formal, pero que, como se observa, continúa en las mentalidades que el machismo conserva vigentes.

Por eso el machismo está tranquilo, sabe que la realidad le da la razón porque es él quien la determina y quien luego le da significado. Lo hemos visto recientemente en la aprobación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, un acuerdo que recoge múltiples medidas para las víctimas, pero al mismo tiempo mantiene el artículo 416 de la LECrim que permite que el 70% de los pocos casos denunciados no llegue a juicio. Y lo vemos ahora en el caso de Juana Rivas, en el que se pide aplicar un convenio de hace 37 años bajo la referencia de su solidez histórica, pero, ¡oh casualidad!, cuando hablamos de casos como el de Juana dentro de nuestro país, las mismas voces que defienden el Derecho histórico se olvidan de él, y no dudan en aplicar el invento del SAP (Síndrome de Alienación Parental) para quitarle los hijos e hijas a las madres, cuando ni siquiera la ciencia ha reconocido ese mal llamado síndrome, y cuando la causa más frecuente del rechazo de los hijos al padre tras la separación es la violencia de género durante la convivencia, una situación nada improbable de ver en los Juzgados de Familia cuando, como hemos apuntado, más del 70% de las mujeres maltratadas salen de la violencia por la separación, no por la denuncia.

Al final el machismo y su Derecho lo tienen claro, bien por el peso histórico o bien por la realidad virtual que crea, la mujer es mala y los niños deben ir con el padre maltratador. La construcción machista es tan perversa, que incluso el hecho de que la mujer sea maltratada ya la presenta como una mala madre, puesto que para el machismo sólo las “malas mujeres” sufren violencia.

La Justicia también debe de reflexionar sobre sus respuestas ante la violencia de género, una Justicia desde la que jueces y juezas, la mayoría aún ejerciendo, elevaron más de 500 demandas de amparo al Tribunal Constitucional tras la aprobación de la Ley Integral, y que no da la respuesta que requieren las víctimas cuando el año pasado el 36% de las mujeres asesinadas había denunciado previamente sin obtener la protección que pedían y necesitaban. Desde los Tribunales y Juzgados deben pensar a quién hacer caso, si al machismo que llama a todas estas normas democráticas “leyes feminazis” o a quien sólo quiere Igualdad y Justicia

Juana está a la intemperie, y eso significa que está bajo las inclemencia del machismo, pues el machismo actúa cada día, a todas horas, desde la normalidad. No necesita circunstancias extraordinarias.

Acabar con esta realidad exige erradicar al machismo, no le demos más vueltas. Confiemos en que la Administración de Justicia sea consciente de las circunstancias que envuelven al caso de Juana Rivas y sus hijos, y resuelva en justicia.