La casa de Juana

Juana Rivas está en la calle, no está en casa de nadie. Es cierto que cada día duerme en el hogar y en el corazón de tantas y tantas personas que han entendido su decisión antes que la aplicación literal de un convenio de hace 37 años, pero ella está en la calle, porque cuando una persona víctima de violencia tiene miedo de acudir a la Justicia significa que queda a la intemperie del Estado y desamparada en sus derechos. Y si esto ocurre, el problema está en la Justicia, no en la persona que duda de ella.

Resulta muy significativo que desde las posiciones del machismo se pida la aplicación directa y automática del Derecho, como si fuera un frío bisturí que viniera a seccionar las circunstancias de estos días, sin entrar en el “pequeño detalle” de que el padre que reclama la devolución de sus hijos ha sido condenado por violencia de género, que Juana Rivas denuncia que la situación de violencia ha continuado hasta el punto de tener que salir huyendo con sus hijos, y que el regreso de los niños con el padre conlleva un riesgo mientras no se resuelvan las circunstancias actuales. Esta situación defendida públicamente por muchas personas y asociaciones que hablan a diario de que el 80% de las denuncias en violencia de género son falsas, sin más razón que sus propias manipulaciones, que afirman que las mujeres hacen esas denuncias para quedarse con “la casa, los niños y la paga”, que dicen que las mujeres son tan maltratadoras como los hombres… no es casual, no es nada casual, puesto que lo que pretende es mantener los privilegios de los hombres y potenciar los mitos que facilitan la sumisión de las mujeres. Unos privilegios que, entre otras cosas, llevan a que sólo el 5% de los maltratadores sea condenado, y a que un padre maltratador se presente como víctima y la mujer como delincuente.

Toda esa reacción machista se sustenta sobre dos mitos fundamentales, el primero dice que “un maltratador no tiene por qué ser un mal padre”, y el segundo, que “las mujeres son malas y perversas” desde Eva, y como consecuencia de esa maldad innata denuncian a los hombres para hacerles daño y beneficiarse desde el punto de vista material.

Si la sociedad y la Justicia entendieran que la violencia de género produce un impacto grave en la salud y en el desarrollo de los niños y niñas que la viven, como demuestran los estudios científicos, no se entendería que la demanda del padre condenado por maltrato conllevara la aplicación automática de una convenio de 1980, cuando no se hablaba de violencia de género, y menos en el ámbito del Derecho. Y si la sociedad entendiera que las mujeres no denuncian falsamente para fastidiar a los hombres, de hecho ocurre lo contrario y sólo se denuncia un 20% del total de casos de violencia de género, tampoco hablaría de Juana como de una madre que “ha secuestrado” a sus hijos.

Pero la cosa va más lejos aún. Si esa misma sociedad entendiera lo que es la violencia de género, no podría caer en la trampa que lleva a recurrir a un Derecho de otra época (1980) para decir que la solución habría sido “pedir permiso” al padre para traerse los hijos a España. ¿Alguien que conozca la violencia de género puede considerar que la mujer que la sufre debe pedir permiso al maltratador? ¿Alguien cree que le daría ese permiso cuando el objeto de la violencia de género es someter y retener a la mujer a su lado? ¿Alguien piensa que al hacerlo y plantearle su decisión al maltratador no se dispararía el riesgo de una agresión grave o mortal, como indican los instrumentos de valoración del riesgo?

Lo que ha sucedido con Juana es lo mismo que ocurre con las mujeres víctimas de violencia de género a diario. Más del 70% de ellas salen de la violencia a través de la separación, y lo hacen dejando al maltratador atrás y huyendo con sus hijos para poder escapar de la violencia, pero a diferencia de Juana, esas mujeres viven en el mismo país que sus maltratadores y no se aplica el convenio de La Haya, pero, como se puede ver, su reacción no es muy diferente a la de Juana.

El Derecho debe tener en cuenta las circunstancias sobre las que se aplica, de lo contrario no será Justicia. No debemos confundir lo legal con lo justo, el machismo quiere la ley sin adaptarla a las circunstancias porque el propio machismo es la ley. Y lo es en sus conductas al actuar “por norma”, y en la aplicación de las leyes redactadas históricamente desde su visión de la realidad. Unas leyes que hasta entrada la Democracia exigían a las mujeres pedir permiso al marido para trabajar o viajar al extranjero, situación que ha cambiado en lo formal, pero que, como se observa, continúa en las mentalidades que el machismo conserva vigentes.

Por eso el machismo está tranquilo, sabe que la realidad le da la razón porque es él quien la determina y quien luego le da significado. Lo hemos visto recientemente en la aprobación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, un acuerdo que recoge múltiples medidas para las víctimas, pero al mismo tiempo mantiene el artículo 416 de la LECrim que permite que el 70% de los pocos casos denunciados no llegue a juicio. Y lo vemos ahora en el caso de Juana Rivas, en el que se pide aplicar un convenio de hace 37 años bajo la referencia de su solidez histórica, pero, ¡oh casualidad!, cuando hablamos de casos como el de Juana dentro de nuestro país, las mismas voces que defienden el Derecho histórico se olvidan de él, y no dudan en aplicar el invento del SAP (Síndrome de Alienación Parental) para quitarle los hijos e hijas a las madres, cuando ni siquiera la ciencia ha reconocido ese mal llamado síndrome, y cuando la causa más frecuente del rechazo de los hijos al padre tras la separación es la violencia de género durante la convivencia, una situación nada improbable de ver en los Juzgados de Familia cuando, como hemos apuntado, más del 70% de las mujeres maltratadas salen de la violencia por la separación, no por la denuncia.

Al final el machismo y su Derecho lo tienen claro, bien por el peso histórico o bien por la realidad virtual que crea, la mujer es mala y los niños deben ir con el padre maltratador. La construcción machista es tan perversa, que incluso el hecho de que la mujer sea maltratada ya la presenta como una mala madre, puesto que para el machismo sólo las “malas mujeres” sufren violencia.

La Justicia también debe de reflexionar sobre sus respuestas ante la violencia de género, una Justicia desde la que jueces y juezas, la mayoría aún ejerciendo, elevaron más de 500 demandas de amparo al Tribunal Constitucional tras la aprobación de la Ley Integral, y que no da la respuesta que requieren las víctimas cuando el año pasado el 36% de las mujeres asesinadas había denunciado previamente sin obtener la protección que pedían y necesitaban. Desde los Tribunales y Juzgados deben pensar a quién hacer caso, si al machismo que llama a todas estas normas democráticas “leyes feminazis” o a quien sólo quiere Igualdad y Justicia

Juana está a la intemperie, y eso significa que está bajo las inclemencia del machismo, pues el machismo actúa cada día, a todas horas, desde la normalidad. No necesita circunstancias extraordinarias.

Acabar con esta realidad exige erradicar al machismo, no le demos más vueltas. Confiemos en que la Administración de Justicia sea consciente de las circunstancias que envuelven al caso de Juana Rivas y sus hijos, y resuelva en justicia.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s