“Mujeres curvys” y “hombres plus”

La realidad se ha convertido en una página más del muestrario de las representaciones, sin más autenticidad que el deseo o el rechazo, ni más valor que el significado que demos al vacío que muestra.

Para una parte de la sociedad lo importante es verse reflejada en la foto del catálogo, no importa tanto cómo aparezcan ni el sentido que se de a su aparición, lo cual es razonable cuando a lo largo del tiempo han permanecido fuera de la visibilidad que ahora permiten las circunstancias y los medios sociales, pero no es suficiente. 

Y no lo es porque los mismos elementos que han llevado a invisibilizar a determinados grupos de la sociedad continúan en manos de quienes lo han hecho, por que son ellos los dueños del muestrario. Cuando ahora vemos un cambio y la inclusión de nuevas personas con sus identidades y circunstancias, comprobamos que no obedece a una nueva manera de entender la realidad, sino a la necesidad de evitar que se produzca un conflicto que afecte al propio muestrario  y a la manera de organizarnos en sociedad a partir de su normalidad cultural, que es la que decide quién aparece o no y cómo lo hace.

El modelo androcéntrico ha hecho de la pluralidad y la diversidad un catálogo lleno de personas y elementos para mostrarse a sí mismo en lo que no es. Nada nuevo, por otra parte, es lo que ha hecho históricamente al mostrar su idea de hombre en los diferentes contextos donde se desarrolla, su idea de mujer en los escenarios reservados para ellas, o su concepto de familia en las pautas que la caracterizan, marcos que han ido cambiando y adaptando a las diferentes circunstancias y exigencias que se han hecho desde la propia sociedad, pero sin renunciar en ningún momento a las ideas y valores que definen su modelo. 

El problema más trascendente no es que manipulen y engañen con su estrategia, sino que lo aceptemos como válido y que nos quedemos en las formas sin entrar en el fondo.

En la estrategia androcéntrica las personas que son presentadas en su diversidad no aparecen por ser como son, sino por no ser como la mayoría, y con frecuencia lo hacen reproduciendo los estereotipos que previamente les han asignado, para, de ese modo, cambiar el catálogo sin que cambie la realidad.

No hay duda de que la visibilidad y la visualización de las personas que han sido ocultadas bajo la crítica social es esencial, pero no podemos caer en la trampa de quienes utilizan la adaptación como mecanismo de supervivencia social, y rechazan la evolución y la transformación.

He visto como se han criticado buenos libros sobre Igualdad por su portada sin atender a la calidad de su contenido, y también he sido testigo de críticas generales a conferencias por algunas expresiones utilizadas de manera puntual, sin destacar todas las aportaciones interesantes que se hicieron en ellas. Y por supuesto que las críticas estaban justificadas, pero no como la esencia del libro o de la charla en particular, sino como una cuestión menor dentro de ellas.

En cambio, en otras ocasiones veo como determinados mensajes que reproducen los mandatos androcéntricos juegan a la perfección con todas las claves del momento para evitar su cuestionamiento, pero sin renunciar al contenido machista, y no levantan las mismas críticas.

Un ejemplo lo tenemos en la publicidad con las mujeres denominadas “curvys”, que aparecen para romper con la imagen estereotipada del cuerpo de las mujeres, pero lo hacen bajo las mismas claves y jugando con su cosificación y la imagen sexy de las mujeres como forma de reconocimiento. La situación es tan forzada y artificial que no tiene una representación similar en el lado masculino, y los hombres “entrados en carnes” no suelen protagonizar tanta publicidad ni son presentarlos como una referencia sexy o atractiva de la masculinidad.

Para empezar, los hombres no son “curvys”, sino que se les suele llamar “hombres plus”, una denominación que, aunque provenga de “plus size”, al final lanza el mensaje de que un hombre relleno es “plus”, o sea, más, mientras que una mujer rellena es curvy, es decir, sexy o “gordita”.

Por otra parte, la diferencia entre la imagen de un “hombre plus” de los que se ven en publicidad y algunos hombres de gimnasio hipermusculados es mínima, pudiendo pasar uno por otro perfectamente, al tiempo que el mensaje que gira alrededor de la valoración de los dos, es que se trata de “hombres fuertes”. Por su parte, una mujer “curvy” marca distancia respecto a las no consideradas como tales, y traslada la idea de que una está dentro de los cánones androcéntricos y mientras que la otra está “gorda”. El elemento que integra a las dos mujeres es la cosificación de su cuerpo (“curvy” o no), mientras que a los hombres (“plus” o no), es su fuerza.

Quizás por ello la mayoría de los “hombres plus” anuncia productos para la barba y “ropa exterior”, mientras que la mayoría de las “mujeres curvys” anuncia cremas para el cuerpo y “ropa interior”.

El machismo es adaptativo, no debemos caer en sus trampas. Lo aceptable siempre es un paso en la transformación hacia lo justo, no una forma de gestionar la injusticia.

La paternidad y Juana Rivas

A Juana Rivas no se la juzga (ni social ni, al parecer, judicialmente) por haber sustraído a sus hijos Gabriel y Daniel, sino por haber pecado contra la paternidad.

Hagan un ejercicio, miren atrás y traten de recordar el nombre de un hombre que haya actuado contra la madre a través de sus hijos, incluso asesinándolos, y vean si la respuesta social y judicial en forma de comentarios y opiniones es tan dura y continuada en el tiempo como lo es con Juana Rivas. ¿Alguien recuerda el nombre de alguno de los padres que años atrás asesinaron a sus hijos e hijas, alguno de los cuales ya estará fuera de prisión? Nadie se acuerda del padre que mató a sus dos hijas en Castellón en septiembre de 2018, ni del que asesinó a su hijo a golpes con una pala en A Coruña en mayo de 2017, ni de tantos otros… se los juzgó o enterró cuando se suicidaron, y se acabó el tema. Parece que con recordar a José Bretón como un “monstruo”, no como un padre asesino, es suficiente.

A los hombres los juzgan por los hechos que realizan, a las mujeres por lo que son. 

Esa es la razón por la que el nombre de Juana Rivas se conoce en cualquier lugar, y ella lleva viviendo la condena paralela de la crítica desde que decidió poner en manos de la justicia la denuncia por violencia de género antes que la entrega de sus hijos. Porque Juana Rivas no huyó de la justicia, acudió y confió en ella con el criterio que consideró más urgente. Se pudo equivocar en su decisión, de hecho ha sido condenada, pero a ella no se la juzga por su error, sino por la carga de intencionalidad que se le da a su decisión, que no ven como el intento (equivocado o no) de proteger a sus hijos, sino como una forma de hacer daño a su exmarido y padre de los niños.

La cultura androcéntrica no es la consecuencia de lo que los siglos han ido modelando a partir del barro inicial de los tiempos, sino el molde original que da forma y sentido a todo para que las piezas encajen dentro de su modelo con independencia del momento histórico. 

Por eso lo de “dios creó al hombre” resume muy bien de dónde venimos y dónde estamos. Ni siquiera la tan valorada maternidad, que es presentada como la esencia de la identidad de las mujeres y pilar de nuestra familia, es considerada como algo directamente relacionada con lo divino. A la hora de la verdad, quien crea es el dios hombre de los hombres para dar un sentido de propiedad a lo creado.

De ahí que, puestos a crear, lo primero que se hizo fue un hombre, que es lo importante. Luego vendría lo demás, es decir, la mujer, para eso están las 24 costillas, por lo que una más o una menos daba igual. Podrían haber utilizado una falange, que tenemos 56, pero ya vieron que eso de “la falange” podía hacer falta en el futuro para otras cosas.

Por eso el dios hombre crea un hombre, es decir, a “uno de los nuestros”, y establece esa referencia como mandato de la masculinidad y de la cultura. Y luego los hombres todopoderosos, después de hablar entre ellos, crean a una mujer para que engendren lo de los hombres, que siempre les pertenecerá por copyright.

Bajo esa idea la maternidad es presentada como una especie de “corta y pega” de la paternidad, que fue la primera creadora. Quien ve la maternidad bajo esas referencias piensa que es un mal plagio de una paternidad creadora, capaz de hacer una persona en un instante y a partir de algo tan extraño como una costilla o un puñado de barro. 

Y Juana Rivas osó enfrentarse a esa paternidad divina, de ahí la reacción que todavía la acompaña y la dureza de quienes utilizan la justicia, no para aplicar el derecho, sino para expresar sus opiniones e ideas. Lo vimos en la sentencia condenatoria cuando, literalmente, se decía para insinuar que la denuncia de Juana por violencia de género era falsa, “no es extraño, como muestra la práctica, que en algunos casos, se recurra a esta vía como medio de obtener ventajas procesales”, todo ello a pesar de que lo que dice la “práctica” por medio de la FGE es que las denuncias falsas no llegan al 1%. Y del mismo modo, para justificar que su exmarido no era un maltratador, recoge: “la experiencia en este tipo de sucesos, muestra que los maltratadores habituales, que, efectivamente desarrollan una forma de tortura, suelen ser personas de mente atávica y primigenia, con escasos mecanismos de autocontrol y empatía, que contagian todo su entorno con un hábito de causar daño que no pueden controlar”. O sea, que si un hombre no tiene una mente “atávica y primitiva” no es un maltratador.

Si un alumno o alumna pusiese eso en un examen sobre violencia de género respecto a los agresores estaría suspenso, pero en cambio, sí se puede poner entre los argumentos de una sentencia para dejar sin libertad y sin hijos a una mujer durante años.

Pero la cosa no acabó ahí. La situación continúa ahora cuando en los motivos utilizados para rechazar la suspensión de la condena de Juana, se la sigue presentando como una mala madre, y el juez se permite recuperar una situación sucedida en marzo de 2017 que ya entonces se demostró que no tenía nada que ver con unos abusos sexuales.

El procedimiento seguido en el Tribunal Ordinario de Cagliari con el número 8072/2016 lo explica perfectamente. En él se recoge que el hijo de Juana fue llevado al pediatra por presentar dolor de estómago y molestias en la zona perianal. La exploración del pediatra determinó desde el primer momento que se trataba de un cuadro de estreñimiento que producía esas molestias, y que las heces endurecidas por el problema del tránsito intestinal, al llegar a la zona perianal ocasionaban una ligera dilatación. Aún así, ante el dato objetivo de la dilatación, se puso en marcha el protocolo establecido para descartar la posibilidad de que se tratara de un abuso sexual.

Ojalá se actuara del mismo modo ante las denuncias que interponen las madres por abusos sexuales.

En cualquier caso, el estudio físico y psicológico que se realizó descartaron los abusos.

Cuando un juez trae a colación este argumento en 2021, ¿qué es lo que quiere decir?, ¿que quienes actuaron en 2017 prevaricaron? ¿No dice nada para que se tomen medidas contra el hombre que pudo llevar a cabo el abuso sexual sobre el hijo de Juana¿, ¿sólo se la cuestiona a ella?

El veredicto está claro: Juana Rivas es culpable, tanto por lo que ha hecho como por lo que no ha hecho. 

Para el machismo las mujeres podrán engendrar y parir, pero sólo los hombres pueden crear a través de su paternidad divina, por eso ellos, además de padres se presentan como dueños. 

Y Juana ha osado enfrentarse a esa paternidad divina públicamente, y de paso ha puesto de manifiesto todo lo que el sistema tiene preparado para defenderla y mantener la injusticia social del machismo.

“Spaindemia” y el 8M

El “machoconservadurismo” todavía no se ha enterado de que la infección por el coronavirus ha afectado a todo el planeta. Dos años después de su inicio, de más de 261 millones de personas infectadas por todo el globo y de 5 millones de muertes, siguen pensando que el problema se limita a España, como si la pandemia en realidad hubiera sido una “Spaindemia”.

Esta percepción puede deberse a dos circunstancias, o creen que de todo lo que ocurre por lo largo y ancho del planeta sólo importa lo que sucede en nuestro país, o bien piensan que España es el mundo. Es lo que tiene partir de una idea de patria definida por la triple referencia de “una, grande y libre”, que al final entienden que “una es única”, “grande es planetaria”, y “libre es decir y hacer lo que quieran”. 

Y no es así, por más que les moleste a muchos la realidad que tenemos. Por eso desconsideran los informes emitidos por la OMS durante este tiempo, la evolución de la pandemia por todo el planeta, y las diferentes olas que se han producido como consecuencia de la interacción del virus y sus variantes con la situación social y las medidas sanitarias adoptadas, entre ellas la vacunación.

Todo ello podría parecer que se debe a una falta de conocimiento, pero esa no es la razón. El “machoconservadurismo”  sabe muy bien todo lo que hace porque su estrategia es clara y se basa en los dos elementos que definen su posición: por un lado, la historia como fundamento de su planteamiento conservador, y por otro, la construcción androcéntrica como principio sobre el que dar sentido a la realidad. Esta doble referencia (conservadurismo y machismo) busca mantener la construcción cultural que los hombres han decidido y, por tanto, atacar todo aquello que cuestione al modelo o que actúe en contra de la normalidad definida por él.

Y la amenaza más importante para una construcción levantada sobre la desigualdad que los hombres han decidido, es la igualdad que proponen las mujeres feministas. Por eso el “machoconservadurismo”  utiliza cualquier oportunidad que se presente con el objeto de conseguir ese doble objetivo de consolidar su modelo y atacar a las mujeres y al feminismo.

Un ejemplo lo tenemos con su “Spaindemia” y el 8M. Desde el principio intentaron relacionar la evolución de la infección en España con las manifestaciones del 8M, sobre todo en Madrid por la visibilidad y repercusión que tenía sobre toda España y el extranjero, por ello no dudaron en cuestionar a distintas ministras y políticas feministas que hablaron sobre el tema. En cambio, nunca dijeron nada, y siguen sin hacerlo, sobre los partidos de fútbol y competiciones deportivas que se disputaron ese mismo día, ni de las misas y actos religiosos que se celebraron, tampoco de las actividades culturales y concentraciones de personas en espacios de ocio… para ellos todo se limita y se reduce al 8M y las mujeres. 

Así lo han hecho en repetidas ocasiones a lo largo de este año y medio, y ahora con las declaraciones de la ministra Yolanda Díaz han vuelto a retomar la iniciativa como si fuera una nueva ola de su estrategia.

No se dan cuenta de que al revisar la hemeroteca aparecen una serie de inconsistencias en su planteamiento general que demuestran, una vez más, que todas estas declaraciones sólo buscan alimentar el odio que la propia cultura machista genera contra las mujeres. 

Yolanda Díaz ha declarado que el 15 de febrero de 2020 ya era consciente de la gravedad de la pandemia porque vio la situación en Italia. Sin embargo, la prensa italiana recoge que en los primeros casos de COVID-19 se confirman el 31-1-20 en dos turistas chinos que se encontraban en Roma. Una semana después, es decir, sobre el 7 de febrero, se diagnosticó el primer caso de la enfermedad en una persona italiana, concretamente en un hombre que fue repatriado desde la ciudad china de Wuham, foco de la pandemia. Tras este tercer caso se identificaron 16 más en Lombardía el 21 de febrero, y al día siguiente hubo 60 más y se produjo la primera muerte (22-2-20).

El día 2 de marzo había cuatro zonas en Italia según las diferentes restricciones adoptadas, y hasta el 9 de marzo no se extendió la cuarentena a todo el país. Por su parte la OMS determinó que la COVID-19 podía caracterizarse como una pandemia el 11-3-20.

Es decir, el confinamiento en España se produjo cinco días después que en Italia, a pesar de la evolución seguida en ese país, y 3 días más tarde de que la OMS declara la pandemia. Las dos fechas fueron tras el 8M.

Todo ello refleja que durante los primeros momentos se entendió que la presencia del virus podía ser abordada con actuaciones locales y parciales, y que el fracaso de las mismas y la rápida evolución seguida en los distintos países llevó a entender la gravedad y dimensión verdadera del problema.

Es cierto que existían elementos que podrían haber hecho pensar que la situación era grave y que las medidas se pudieron adelantar, pero tratar de utilizar el resultado de la pandemia como ataque al 8M y todo lo que representa, incluso ahora que tenemos las referencias temporales de cada una de las decisiones y consecuencias, sólo demuestra que lo único que le importa al “machoconservadurismo” es defender su modelo a través del ataque a las mujeres. 

En todo ello se refleja muy bien la estrategia del “negacionismo” y su cara B del “afirmacionismo”, una estrategia que utilizan para evitar enfrentarse a la verdad incómoda que supone reconocer que el modelo androcéntrico es el responsable de la injusticia social de la desigualdad que vivimos. Por un lado, usan la negación de la violencia de género a pesar de que es parte objetiva de la realidad, y por otro, afirman que el 8M fue determinante en la evolución de la pandemia cuando es conocido que no lo fue.

Para ellos la pandemia comenzó el “8 de marzo de dos mil siempre” y todavía siguen en ese día.