Principio de indeterminación (en verso)

Nunca hemos sabido muy bien dónde íbamos, tampoco de dónde veníamos ni quiénes éramos, el camino lo hacíamos al andar, la amistad nacía con las palabras y las historias las dibujaba el relato,   pero todo podría haber sido distinto y también verdad.   Ahora que creíamos haber alcanzado algún lugar, nos esconden la verdad en la duda, la negación afirma con cada no y el arrepentimiento es quien nos guía. Nada es lo que era ni tampoco será, sólo el azar brinda la oportunidad que no tenemos, y quizás tampoco sea cierta.   Estamos al principio de la indeterminación, justo al final de todo.

Domingo de dolores

Esta noche ha sido el cambio horario de la primavera, pero a diferencia de otros años, en Andalucía nos hemos adelantado una hora y cinco días para hacer de esta jornada un “domingo de dolores”.
Hoy las calles huelen al incienso de la reflexión y al humo de los argumentos quemados al pedir el voto con el que meter el tiempo en una jaula. Un domingo de elecciones es como pasear por un campo de batalla, como caminar entre lo acabado y lo que no se desea, todo parece un poco irreal, como si en verdad nada de lo vivido días atrás hubiera sucedido o fuera a ocurrir: carteles con las fotos de los candidatos colgados como farolillos de feria, vallas publicitarias caducadas, mensajes y eslóganes sin ya sentido, promesas que seguirán siendo promesas… Hoy todo el ruido previo se transforma en el silencio de la voz del pueblo pronunciada con el lenguaje de signos del voto. Hoy la voz es el voto, mañana los votos serán la voz.
No sabemos aún si ayer sábado fue una jornada de reflexión o de inflexión, pero lo que sí sabemos es que hoy será ese “domingo de dolores”, el día en que muchos verán frustradas sus expectativas, y en el que sus sueños volverán a ser guardados dentro de un tarro de cristal en la alacena de las oportunidades. También será un “domingo de resurrección” para otros, para quienes hayan logrado sobrevivir a la muerte anunciada de las encuestas, para esos proyectos e ideas que parecían alejarse a la deriva del tiempo.
Hoy, día 25 de marzo de 2012, día de elecciones autonómicas en Andalucía, es, sencillamente, un día más. Uno de esos días en que la democracia se hace grande y el pueblo crece. Mañana, cuando todos hayamos ganado, cuando todas hayamos triunfado, lo importante será seguir creciendo juntos y trabajar más que nunca por nuestras ideas y nuestros compromisos.

Que no nos confundan, si no lo hacemos en primera persona, lo harán otros por nosotros.
(AC)

Toulouse (Lautrec)

No sabría muy bien cómo calificar lo ocurrido estos días atrás en Toulouse con Mohamed Merah, un bala perdida que termina asesinando y escribiendo su biografía con la sangre de los demás.
El pintor Toulouse-Lautrec (1864-1901) fue algo parecido a un corresponsal de su época destinado a  ambientes de cabarets y prostitución. Se produjo una especie de simbiosis que permitió que él quedara oculto (padecía un enanismo debido a una acondroplasia), al tiempo que lograba que esos espacios  pudieran ser contemplados más allá de las sombras y los reflejos que los envolvían, y sin el olor a humo que los difuminaba. Su pintura fue todo lo contrario: luz, color, expresión y la alegría que siempre llegaba tarde a la cita. Quizás por eso parte de su obra más reconocida fueron los carteles que anunciaban esos locales, una forma de negar lo que vivía con la pintura y de ocultar la verdad de esos lugares.
Lo que ha ocurrido en la ciudad francesa que da nombre al condado del pintor (era de familia aristocrática y heredó el condado de Toulouse-Lautrec-Montfa) podría tener un significado parecido a la obra del artista.
La corta vida de Mohamed Merah demuestra que los asesinos se hacen a partir de una serie de decisiones voluntarias más o menos potenciadas y favorecidas por ciertos contextos e influencias, y que la trascendencia de muchas de las causas por las que terminan matando, con frecuencia sólo son la última fase de una carrera delictiva reorientada a partir de determinadas circunstancias, no un planteamiento inicial. Y en todo este proceso de nuevo aparece la cárcel como un centro de formación y especialización que lleva a “progresar adecuadamente” hasta el crimen, y a alcanzar el reconocimiento dentro de un grupo, aunque este sea una organización criminal. Hablar de “lobo solitario” cuando las ideas son compartidas es un error o la parte inicial de un relato que debe llegar más lejos.
La conducta de las autoridades francesas se ha parecido a uno de esos carteles de Toulouse-Lautrec. El espectáculo del directo protagonizado y propiciado por las autoridades, con su presidente Nicolás Sarkozy a la cabeza, ha confundido la transparencia con la exposición. Una cosa es favorecer la necesaria información, y otra muy distinta aprovechar la situación para exhibirse en el tiempo y en los detalles. Estoy convencido de que si el asesino en lugar de ser de origen argelino hubiera sido francés, no se habrían recreado tanto en la operación policial y política.
También ha llamado la atención el estridente silencio de la ultraderecha francesa, probablemente la que más se ha alegrado con lo ocurrido, seguro que muchos de sus miembros estarán frotándose las manos: Se ha producido un ataque contra la comunidad judía y lo ha hecho “un moro”, o lo que es lo mismo para ellos, se han matado dos pájaros de un tiro: “menos judíos y más odio contra los árabes y el islam”.
Esos pensamientos son los que pueden llegar a ser muy peligrosos, quizás no vayan en moto con una pistola en la funda y una cámara en el pecho, pero son muchas las cámaras que los apuntan y aún más las palabras que disparan al aire, balas perdidas que terminan por impactar y matar la convivencia.
Henry Toulouse-Lautrec murió alcohólico y enfermo mental (un día llegó a disparar a las paredes de su casa bajo un delirium tremens al creer que estaban llenas de bichos),  lo que vivió no se correspondió con lo que soñó y enloqueció antes de marcharse definitivamente. La sociedad puede terminar alienada si lo que vivimos no se corresponde con lo que deseamos y si no buscamos el objetivo de lo común. El miedo atenaza, ataca la cohesión social y aparta a las personas de los proyectos compartidos, y el mensaje que han lanzado las autoridades francesas es el del miedo vestido con la amenaza del riesgo.
Al menos Toulouse-Lautrec pintaba carteles llenos de luz, color y vida, aunque el interior de los locales guardara muchas de las miserias de la sociedad de su época. Estos días en Toulouse las autoridades han pintado la situación justo al contrario.

” The Artist ” y la crisis

El pasado 27 de febrero se celebró la Gala de los Oscar en el Teatro Kodak de Los Ángeles con el triunfo incontestable de la película “The Artist”. Si alguien de otro planeta la hubiera seguido, probablemente habría concluido que la crisis global que está sufriendo la economía terrícola es tan grave, que hasta hemos tenido que volver a las películas de bajo coste en blanco negro y mudas, y pensaría que es el reflejo de una sociedad que se ha quedado muda y sin blanca ante un presente tan negro.
La realidad es la contraria, y en el fondo la película “The Artist” guarda una enseñanza que puede ser extrapolada a otros ámbitos de la vida con el mismo éxito que ha cosechado la película francesa.
Pongámonos en situación: Hay crisis en el mercado cinematográfico, las películas cada vez son más caras de producir, necesitan un alto componente tecnológico para hacerlas atractivas, a pesar de ello cada día hay menos espectadores, bien sea por la crisis económica o por la crisis crónica que siempre se ha achacado al cine, pero, además, últimamente todo se ha visto potenciado por las descargas ilegales a través de Internet. La conclusión es clara, se necesitan soluciones para contrarrestar esta tendencia. Entonces llega alguien con su propuesta: Hacer una película de metraje largo, en blanco y negro y muda, sí como se oye, hoy, en pleno siglo XXI, en la época del 3D y de la infografía digital, la solución que se propone es el blanco y negro y la ausencia de diálogos.
Todos los planteamientos teóricos de los grandes especialistas y tecnócratas del cine habrían descartado con datos la propuesta: absurda, irreal, ridícula, desfasada, idealista, estúpida… No creo que le hubieran dedicado otro tipo de adjetivos.
Pongámonos ahora en otro escenario: la economía mundial está en crisis, no hay dinero para invertir, las finanzas siguen jugando en otra liga, la falta de liquidez lleva al cierre de  empresas y negocios, aumenta el paro, los países están endeudados y el déficit los asfixia. Ante esta situación, los tecnócratas y expertos ya han dado su solución en tecnicolor y con grandes y altisonantes palabras: una nueva versión de “Eduardo Manostijeras” para recortar todo lo que despunte y cortar las cabezas pobladas por la crítica. ¿El resultado?, habrá que esperar a la Gala de los Oscar del año que viene, pero de momento ni la economía sale de la crisis ni la gente entra en el trabajo.
El verdadero éxito de la película “The Artist”, con independencia de su calidad, ha sido demostrar que existe más de una forma de hacer las cosas, y que cuando se hacen bien, incluso las más alejadas de la ortodoxia, pueden ser exitosas. Estoy seguro de que en economía existen otras formas de abordar la crisis y que pueden tener más éxito que todos los planteamientos tecnócratas e interesados que nos están diciendo lo de siempre con un nuevo guión y en un escenario diferente. Me recuerdan a “Rocky” Balboa, todo músculo y poca cabeza, con sus seis películas sobre la misma historia golpeando las miradas de una sociedad expectante, que al final termina en el k.o. de la memoria para volver a levantarse medio sonada cuando escucha la cuenta del tiempo que se acaba.
El éxito de la vida está en la capacidad de creer que hay otras formas de abordar la realidad y en afrontarlas, pero necesitamos “artistas” que lo planteen, y una sociedad que participe. En la película de la democracia todos los ciudadanos y todas las ciudadanas somos extras… somos extraordinarios.
Es la única película en la que el público es el protagonista. Que no nos engañen, lo demás, por mucho color que tenga y por más imágenes en 3D que aparezcan, es conciencia ficción.

El cambio

No recuerdo una campaña electoral que no haya girado alrededor de la idea del “cambio”. Cambio en quien gobierna y cambiar al que gobierna, ese es el planteamiento básico. Da la sensación de que lo conseguido es un error y que el tiempo se equivoca en su deriva hasta el presente, hay que cambiar de rumbo y, sobre todo, de personas.
Reivindicar lo alcanzado parece que es la demostración de no haber sido capaz de conseguir algo más, y lo que falta siempre pesa más que lo obtenido. No importa qué se ha hecho ni porqué se ha llevado a cabo eso en lugar de otra cosa, las campañas son el  momento para echar en cara y en falta. Quizás deba ser así como parte del juego democrático, pero si debemos admitir esa escenificación arrojadiza para sacar los colores del otro, y así, paradójicamente, destacar los propios, también debemos tener memoria de lo que ha seguido a cada una de las campañas cuando se obtiene la confianza para gobernar, bien sea en continuidad o con un nuevo partido en el gobierno.
Las campañas electorales no pueden ser un ejercicio pirotécnico de promesas ni un juicio acusador en el que todo lo malo sólo es responsabilidad de quien ha gobernado. Así fueron las campañas de mayo y noviembre de 2011 y los resultados del cambio no parecen que hayan cambiado mucho la situación, salvo el color de los gobiernos municipales, autonómicos y hasta el nacional, que no es poco, pero insuficiente para que cambien las circunstancias que llevaron a muchos ciudadanos y ciudadanas a cambiar su opción de voto: cambiaron de partido, cambiaron de decisión y fueron a votar cuando no lo iban a hacer, y otros que sí tenían pensado ejercer su derecho, cambiaron y al final no votaron. Todo ello forma parte del cambiar para cambiar una realidad, algo propio de la democracia, que no debe confundirse con el “cambio por el cambio”, es decir, cambiar como si el simple cambio de gobierno fuese el objetivo y no el medio para alcanzar la meta de mejorar la situación social.
Lo dije en su momento antes de las elecciones del 20N, “al PSOE no se le va a votar por lo que no ha hecho, y al PP se le va a votar por lo que no va a hacer”. El Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero no era el responsable directo de la situación económica de España, podría haberla gestionado de otra forma y, sobre todo, no haberse traicionado a sí mismo, pero la situación a día de hoy sería prácticamente la misma. Si el Gobierno del PSOE hubiera sido responsable de la crisis significaría que habría tenido los instrumentos para evitarla, y si esto hubiera sido así, toda Europa y los responsables de la economía mundial habrían venido nuestro país a buscar esa solución a los problemas económicos. Por desgracia el escenario no era ese, y el problema es más grave, profundo y extenso que lo que determinadas voces interesadas presentan, lo cual significa que el Gobierno del PP no va resolver la situación económica sin que se modifiquen el resto de factores internacionales que influyen en nuestro contexto. Sólo hay que ver las noticias que hablan más de Bruselas que de Moncloa, lo cual es lo suficientemente significativo, y escuchar las palabras de Rajoy, que de presentar un futuro despejado y claro ha pasado a ponerlo lejos y oscuro.
Ahora estamos en una situación similar ante las elecciones de Andalucía (Asturias parece que puede esperar). Los andaluces y las andaluzas tomarán la decisión más sabia el día 25 de marzo, de eso no hay duda, lo que sí debemos evitar, o al menos alertar de esa posibilidad, es que se den referencias falsas y argumentos equivocados para que cada andaluz pueda elaborar su decisión. El pasado lunes, en Andalucía, en los actos de la conmemoración del bicentenario de la Constitución de las Cortes de Cádiz, el Rey manifestó que “la nación estuvo muy por encima de sus autoridades en 1812”, ¿por qué se duda de que no lo esté hoy?
Andalucía ha cambiado mucho en estos años porque no ha parado de progresar, y seguirá haciéndolo después del 25M, no sobre promesas de cambio, sino con el esfuerzo y el trabajo de su gente. Eso es lo que decidirá, sabiamente, el próximo domingo.

Tiroteos

La violencia que se produce en las calles del mundo sale de las casas donde habitan los violentos, no al contrario. No son los problemas de la gente en el trabajo, en sus relaciones con otras personas o en determinados ambientes los que meten la violencia en las casas.
En estos últimos meses se han producido tiroteos en diferentes lugares del planeta dejando víctimas en calles y lugares públicos. El día 12-3-12 un soldado estadounidense mató a 16 civiles en Afganistán, 6 días después se produjo un tiroteo en un Club de Don Benito, ciudad de Badajoz, acabando con la vida de tres personas, y al día siguiente otro tiroteo en una escuela judía de Toulouse dejó 4 muertos, tres de ellos niños. Estos son los casos más recientes, podemos retroceder y encontramos el tiroteo ejecutado por Anders Behring Breivik el 22-7-11 en un campamento de verano de Oslo, o el tiroteo del 11-3-2009 en la escuela alemana de Winneden, en el que un estudiante graduado el curso anterior mató a 15 personas, 9 de ellas estudiantes del centro.
Son tiroteos “indiscriminados” en lo que a lo sorprendente del suceso se une lo incomprensible del significado. No se entiende que alguien en “su sano juicio” pueda llevar a cabo una acción de ese tipo, y esa búsqueda de una explicación con frecuencia oculta las claves para entender por qué se han producido.
Nadie sale a la calle con un arma y se pone a pegar tiros de forma indiscriminada. Es cierto que en la elaboración de la conducta pueden influir factores psicopatológicos que la sitúen dentro de la irracionalidad, pero no es nada frecuente que sea esta circunstancia la que de lugar a este tipo de conductas. El análisis de lo ocurrido quizás tampoco pueda revelar las motivaciones últimas del autor, pero sí muestra la intencionalidad y algunos de los objetivos a la hora de materializarla.
Un ejemplo lo tenemos en los casos comentados. El soldado norteamericano no disparó contra sus compañeros, como ha ocurrido en otras ocasiones en los campamentos de las misiones militares en el extranjero, sino que lo hizo contra la población a la que responsabilizaba de muchos de los problemas que tenía, y el homicida de Don Benito disparó contra quien se había enfrentado sobre problemas que quizás no vinieran de cerca. Pero, sin duda, donde aparecen unos elementos más específicos es en casos como el de Toulouse, Alemania y Oslo.
En estos tres sucesos el tiroteo forma parte de una conducta claramente elaborada y dirigida a producir un daño sobre unas personas concretas, bien por tratarse de determinados individuos con los que mantiene un conflicto, bien por formar parte  de un grupo definido o bien por encontrarse en un lugar contra el que quiere actuar por medio del atentado. En el tiroteo de la escuela de Toulouse destaca el componente xenófobo al atentar específicamente contra la población judía, y no por casualidad coincide con un ambiente preelectoral en el que la ultraderecha francesa no para de lanzar mensajes contra los extranjeros, con versiones antisemíticas desde posiciones neonazis que habitan su amparo. El tiroteo en la isla Utoya de Oslo se produjo contra jóvenes socialdemócratas por parte de un ultraderechista como es Breivik, no fue un ataque contra veraneantes, ni contra gente joven por no compartir las  conductas ni las actividades de ocio que llevan a cabo los jóvenes hoy día, fue un atentando contra sus ideas y contra sus valores. Finalmente,  el autor del tiroteo en el instituto alemán de Winneden mató 9 estudiantes, todo el mundo fue consciente de un resultado que generó un gran impacto y dolor, pero muy poca gente se paró a pensar por qué fueron 8 chicas y un chico los asesinados.
Vemos tres casos similares en cuanto a resultado pero muy diferentes en su significado, uno de ellos con una motivación racista, otro dirigido contra una ideología y el tercero sexista. Los tres parecidos, los tres diferentes, y en todos ellos un elemento común: la voluntad del asesino de llevar a cabo el tiroteo movido por el odio a una población, a una ideología y sus valores o a las mujeres.
Lo curioso es que cuando los medios de comunicación preguntan a algún testigo sobre lo ocurrido, todos describen el sonido seco de las detonaciones y el silbido de las balas al romper el aire, pero nadie ha escuchado nunca los golpes de determinadas palabras y el silbido que dejan en su estela hasta llegar a quienes luego ejecutan lo que ellas dictan, a pesar de que esos tiroteos dialécticos son más frecuentes y repetidos.
Que nadie busque esas palabras en calles deshabitadas, en barrios bajos ni en arrabales, las palabras de la violencia salen de las casas donde habitan los violentos, y caminan junto al silencio de quienes las consienten.

San José, ni padre, ni obrero

Como la memoria es frágil hace años que nos pusimos a conmemorar días para anclar los recuerdos voladores a una realidad que también va de paso, para que allí donde nos llevaran los vientos y los acontecimientos pudiéramos tener una excusa o una razón para no olvidar. Y con ese argumento empezaron a escogerse días para todo y para todos, quizás también con  la idea de no dejar ninguna fecha para los verdaderos olvidados, aquellas personas y hechos que comenzaron a desaparecer antes de que acabaran con ellos. Hay días para el trabajo, para lucha contra el cáncer, para las mujeres, para la erradicación de la violencia de género, para los Derechos Humanos, para muchas enfermedades, para la Paz… casi todos ellos alrededor de una fecha con un significado especial sobre el motivo de la conmemoración. En España el día del padre comenzó a celebrarse, según leo, en 1948 por iniciativa de Manolita Vicente, maestra del Barrio del Belmonte en Madrid, aunque la fecha no coincide con la celebración de la paternidad en otros países, de hecho la mayoría lo hacen el tercer domingo de junio. Sin embargo, no termino de entender porqué se hizo el 19 de marzo, día de San José Obrero. San José de Nazaret, según la propia historia del cristianismo, era el esposo de la Virgen María pero no el padre de Jesús, y las circunstancias de su trabajo como carpintero extrapoladas a las referencias actuales, no serían las de un obrero asalariado, sino más bien las de un empresario autónomo. De manera que la tradición nos dice que ni padre (biológico) ni obrero, sin embargo, el 19 de marzo es el día de San José Obrero y se celebra el Día del Padre. Evidentemente, no tiene mayor importancia, pero sí puede servir para que entendamos la arbitrariedad de muchas decisiones que hacen de lo insustancial algo trascedente, y la voluntad de tantas otras para erradicar de la memoria colectiva determinados acontecimientos que quedan enterrados bajo la celebración de otros. Hoy (19-3-12) se une otra efeméride a las celebraciones de la jornada al conmemorarse el bicentenario de la Constitución de las Cortes de Cádiz. En esta ocasión sí acertaron al llamarla “la Pepa”, puesto que el hipocorístico Pepe se asoció al nombre de José al aparecer en los textos las iniciales “P.P.” junto a San José, para hacer referencia a que era el “Padre Putativo” de Jesús. Mucho han cambiado las cosas desde entonces, y si hoy si alguien viera las iniciales “PP” junto a un nombre seguro que preguntaría, ¿este qué es, diputado o senador? Nota del Autor: Respeto todas las celebraciones de este día y los sentimientos que las acompañan, mis palabras sólo pretenden estimular la reflexión sobre el significado de las decisiones y acontecimientos.