“Por el hecho de ser hombre”

Muchos hombres se pierden en la expresión que resume la construcción cultural del género en la frase “por el hecho de ser mujer”. Dicen que es carente de sentido, que no significa nada, o que es como decir que “hay cosas que pasan porque pasan” o “cosas que son como son”. Parece que su superior capacidad intelectual, tal y como recogen los postulados machistas en boca de uno de sus portavoces, el eurodiputado Janusz Korwin-Mikke, no es capaz de llegar a la concreción, aunque quizás todo se deba a las interferencias que en sus cerebros producen palabras como “mujer”, “Igualdad” o “género”.

Lo digo porque esos mismos hombres y esas mismas posiciones machistas no tienen ningún problema, ni tampoco les genera duda alguna a la hora de entender su significado, cuando afirman que los hombres son denunciados falsamente por sus parejas “por el hecho de ser hombres”o que han perdido la presunción de inocencia “por el hecho de ser hombres”, o que tras separarse no les dan la custodia de sus hijos “por el hecho de ser hombres”, afirmando, curiosamente, que se las dan a las mujeres “por el hecho de ser mujeres”Aquí no tienen problema en emplear la frase, por lo visto todo lo que sea cuestionar o atacar a las mujeres es válido.

Esta situación refleja dos hechos:

  • El primero, el poder que le otorgan a su palabra para definir lo que es y no es de manera interesada. De ese modo, si ellos dicen que el argumento resumido en la frase “por el hecho de ser mujer” no tiene sentido, pues no lo tiene; y si afirman que la idea de que las cosas que les ocurren a ellos les pasan “por el hecho de ser hombres”, pues entonces sí tiene sentido y profundidad.
  • La segunda, es la demostración de que el machismo y su desigualdad actúa de forma que las mujeres, “por el hecho de ser mujeres”, sufren una serie de consecuencias negativas basadas en la construcción de la normalidad (discriminación, brecha salarial, precariedad laboral, acoso, abusos, violencia de género…), y que los hombres, “por el hecho de ser hombres”, tienen una serie de privilegios sostenidos sobre esa construcción..

Parte de la estrategia actual del machismo va dirigida a ocultar esta construcción tan ventajosa para los hombres, por eso no les gusta la expresión “por el hecho de ser mujer”, pues aceptarla significa entender que lo que le ocurre a millones de mujeres en sus relaciones personales, familiares, laborales, sociales… no es un problema particular de cada una de ellas ni de determinadas circunstancias, sino consecuencia de las referencias de una cultura machista que crea el marco y el contexto necesario para que luego puedan suceder dentro de esa normalidad cómplice. Pero, además, como se observa en sus propios argumentos cuando se refieren a las circunstancias que ellos afirman que les pasan a los hombres, reconocer que hay una desigualdad, discriminación y violencia contra las mujeres que forma parte estructural de la cultura machista y que, en consecuencia, se dirige contra ellas “por el hecho de ser mujeres”, supone aceptar que quienes ejercen esa discriminación y violencia para mantener la desigualdad inspiradora son hombres, y lo hacen “por el hecho de ser hombres”es decir, por seguir las referencias que esa cultura ha puesto a su alcance para llenarse de razones y argumentos a la hora de actuar se ese modo, y después encontrar justificaciones para minimizar sus consecuencias. Si no fuera así, el impacto que produce la violencia de género, con una media de 60 mujeres asesinadas al año, no permitiría que el debate estuviera en la derogación de la ley que la combate; si embargo, desde el machismo se permiten cuestionarla e intentar ocultar la violencia contra las mujeres entre otras violencias.

Y todo ello tiene una derivada más. Si los hombres “por el hecho de ser hombres” actúan contra las mujeres “por el hecho de ser mujeres” tiene que ser para algo. Ya sabemos que el “por algo”, esa motivación para actuar, surge de las referencias culturales, y ahora comprobamos que los objetivos pretendidos a partir de esos motivos también son inspirados por el mismo contexto, y son de dos tipos. Por un lado, defender su imagen y condición de hombre como expresión de lo que supone su orden jerarquizado, y por otro, mantener los privilegios que conlleva esa posición. Nada es casual, si el machismo se molesta tanto en atacar a la Igualdad y al feminismo es por algo y para algo.

El machismo se siente dueño de la palabra, por eso se permite darle el significado que beneficia a muchos hombres, y para ello no dudan en decir lo mismo y lo contrario, por eso no dudan en negar que las agresiones y los asesinatos de mujeres por violencia de género no se dirigen contra ellas “por el hecho de ser mujeres”, sino por determinadas circunstancias; y, sin embargo, lo que les pasa a los hombres, sea lo que sea, les ocurre “por el hecho de ser hombres”.  Muchos creen que hacerse pasar por víctimas de la realidad oculta su responsabilidad como autores de ella, y que esconder las motivaciones que surgen al amparo de la cultura del machismo a la hora de agredir a las mujeres, hace desaparecer su responsabilidad como agresores. Pero se equivocan, ya no engañan a nadie.

La realidad que ha creado el machismo ha actuado a lo largo de toda la historia contra las mujeres, y hoy tenemos una doble referencia que lo demuestra: que los hombres se han comportado de ese modo “por el hecho de ser hombres”y que esa realidad está llena de ejemplos y casos de lo que “muchos hombres han hecho”.

 

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El fracaso del machismo

Los machistas han comenzado a salivar en cuanto han visto que los partidos de la derecha están cocinando una serie de medidas para limitar las políticas de Igualdad y contra la violencia de género, y así andan, salpicando con sus fluidos las redes y medios.

Nada nuevo respecto a los machistas, que desde el primer momento vieron que la Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG) era un instrumento eficaz para responder ante su violencia de género, tanto sobre los casos como sobre las causas, pero sí respecto a la política, donde un partido accidental es capaz de situarse por encima del Tribunal Constitucional para decir que la LIVG es inconstitucional, y se atreve desde su posición mínima, no sólo minoritaria, a enmendar lo que la soberanía popular a través de sus representantes ha aprobado y ratificado por unanimidad en diferentes ocasiones. Interesante ejercicio de democracia el del machismo.

Todo ello demuestra que andan un poco de los nervios y que el machismo ha fracasado en su intento de mantener la desigualdad como normalidad, y la violencia contra las mujeres como un tema privado e invisible para que los hombres puedan continuar con sus privilegios, entre ellos negar esa violencia de género y mezclarla con otras formas de violencia interpersonal para que pase desapercibida su responsabilidad social y criminal.

Hoy se denuncia más violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja y en la vida pública, circunstancia que demuestra el fracaso del machismo violento en sus formas y en su fondo.

Pero no sólo se denuncia más, también ha aumentando la violencia de género en la sociedad, como demuestran las Macroencuestas. El machismo es cultura, no sólo conducta, una cultura de poder levantada sobre las referencias de los hombres, y como tal tiene tres instrumentos para condicionar la realidad: la influencia, el premio y el castigo. El fracaso del machismo se ha traducido en una pérdida de su capacidad de influir y premiar, por lo que en un intento de mantener sus privilegios y de castigar a quienes los cuestionan ha recurrido al incremento de la violencia.

Sin embargo, como su capacidad de manipular en nombre del orden dado es tan alta, ahora intentan presentar ese incremento del número de casos como un fracaso de la ley, como si la ley fuera la que diera las pautas para maltratar, y como si el machismo estuviera feliz de ceder sus posiciones de poder sin resistirse, y como si la desigualdad construida sobre su idea de “inferioridad e incapacidad” de las mujeres hubiera sido para ellos un error.

El fracaso del machismo es tan manifiesto que en estos 15 años de Ley Integral contra la Violencia de Género sus argumentos no han variado, tan sólo han sido repetidos. Entre esas razones que han dado para cuestionarla, destacan las siguientes:

  1. El número de homicidios no ha disminuido a pesar de medidas establecidas. Un planteamiento trampa basado en dos errores:
    1. Por una parte, comparan los homicidios anteriores a 2003 con los de los años siguientes a la LIVG, cuando en cada uno de esos periodos se medía algo diferente. Antes de la LIVG el concepto jurídico existente era el de violencia doméstica o familiar, por lo que muchos de los homicidios de mujeres en parejas sin convivencia (novios o exparejas) no se contabilizaban. Curiosamente, es a esta referencia a la que nos quieren llevar ahora para volver a ocultar la violencia contra las mujeres.
    2. El segundo error es contabilizar los homicidios en términos absolutos, sin considerar el grupo de población en el que se producen (el número de mujeres maltratadas), y si este es mayor o menor. Al haber aumentado el número de mujeres que sufren violencia machista debido a la reacción del machismo, la tasa de homicidios ha disminuido un 42%, y lo ha hecho en gran medida debido a los cambios sociales en cuanto a concienciación, e institucionales en cuanto a respuesta y atención, gracias a la LIVG.
  2. El número de mujeres maltratadas ha aumentado. Ya hemos comentado que este incremento de la violencia machista es consecuencia del machismo, no de las iniciativas que buscan erradicarlo. El objetivo de la violencia de genero es el control y el sometimiento de las mujeres a los dictados del hombre, y del mismo modo que los machistas no aplican la violencia explícita y directa sobre las mujeres que “hacen lo que ellos dicen”, el cambio social y la conciencia crítica de las mujeres que cuestionan esa imposición  ha llevado a que los hombres utilicen más la violencia. Una situación que requiere más medidas y tener en cuenta este proceso dinámico, pero que es responsabilidad única del machismo.
  3. Críticas sobre el presupuesto invertido. Tal y como hemos explicado, las políticas desarrolladas han permitido sacar a la luz la violencia y las agresiones que sufren las mujeres por parte de los hombres, y ha facilitado que muchas mujeres hayan salido de la violencia a través de la denuncia, pero también, y de forma mayoritaria, por medio de la separación y el divorcio. Este proceso en gran parte se ha debido a los recursos que la LIVG y otras iniciativas han desarrollado sobre la concienciación, información, asistencia, atención, protección… si no hubieran existido recursos ninguna de esas medidas podrían haberse aplicado para que las mujeres puedan vivir libres y sin violencia.
  4. Argumentos para confundir y desviar la atención. El machismo siempre ha desarrollado diferentes estrategias para mantener su status y privilegios, es lo que tiene el poder, la capacidad de hacer cosas diferentes sin que se vean incongruentes ni resten. Por eso, al mismo tiempo que piden derogar la LIVG hay quien pide incluir en ella a los hombres, da igual el sinsentido del planteamiento, lo importante es la crítica y la confusión. Y en esa confusión es donde el posmachismo insiste con argumentos sempiternos como el de las denuncias falsas, la violencia que sufre los hombres, o la idea de que “violencia es violencia”… todo ello con la idea de conseguir dos objetivos:
    1. El primero es ocultar la violencia contra las mujeres entre otras violencias para que no se conozca bien su dimensión y consecuencias, tal y como sucedía en 2003 antes de la LIVG.
    2. El segundo va dirigido a desviar la mirada del origen y significado de la violencia contra las mujeres para ocultar la construcción del machismo y esa normalización que existe detrás de ella. Hablar de violencia doméstica o familiar, además de mezclar y confundir las distintas violencias, sitúa el problema en el escenario, ese ambiente familiar o doméstico, en lugar de hacerlo en la construcción de género que da lugar a la violencia contra las mujeres.
  5. El elemento manipulador y “desesperado” del machismo se aprecia de forma objetiva cuando entre sus argumentos para cuestionar una ley introducen el ataque a las personas, organizaciones y movimientos que comparten la aplicación de dicha norma. Una situación tan “desesperada” la del machismo que no dudan en introducir los clásicos ataques a las “Ministras de Zapatero”, pues no soportan que mujeres jóvenes, valiosas y capaces, como Bibiana Aído y Leire Pajín, hayan sido las responsables de desarrollar e implementar gran parte de las políticas que han llevado al fracaso del machismo.

Su fracaso está claro, si la LIVG no fuera exitosa para erradicar la violencia contra las mujeres y para ayudar a consolidar la Igualdad, el machismo no se molestaría en cuestionarla ni en pedir que se derogue, y si esta ley no fuera tan buena en sus objetivos, tampoco habría sido premiada en 2014 por Naciones Unidas, el World Future Council y la Unión Interparlamentaria, como una de las mejores leyes del mundo.

La violencia del machismo es el gran drama que aún tenemos que padecer como consecuencia de su realidad, aunque ahora sea una realidad fracasada. Pero el siguiente paso es la erradicación del machismo para que ya no exista ni como fracaso, y el feminismo y una sociedad democrática lo van a conseguir.

El “amigo invisible”

El machismo es la realidad invisible que nos oprime en la libertad engañada, y los machistas son “los amigos invisibles” que regalan la sorpresa de cada día bajo las referencias de la desigualdad.

Hacer de la injusticia social del machismo invisibilidad y convertir a todos los machistas en invisibles, incluso en amigos, en personas cercanas a las que no se le cuestiona su “machismo ordenado”, es decir, la proporcionalidad de su machismo atendiendo a las circunstancias que lleva a que, dependiendo del momento, el comentario, el chiste o la imagen a través del whatsapp sea interpretada como adecuada, es el gran logro de su construcción.

El machismo es cultura y la cultura es normalidad, no excepcionalidad, y para lograrlo la estrategia del machismo se basa en invisibilizar su construcción limitando su realidad a determinados resultados bajo dos condiciones, que sean conocidos y que hayan superado el umbral de intensidad definido por la normalidad. La estrategia no falla: si la violencia es grave pero no se conoce, no existe; y si la violencia se conoce pero no es grave, no es verdad.

De ese modo logra mantener a la sociedad ajena a la realidad que da lugar a la violencia de género, y cuestiona sólo el resultado cuando supera el nivel considerado aceptable en un determinado momento. La estrategia no niega la violencia que sufre un número determinado de mujeres, es imposible hacerlo ante la objetividad de su resultado, pero sí permite limitarla a ciertas circunstancias del contexto o de los agresores para apartarla de esa construcción cultural, que niega las causas comunes y esconde la violencia bajo el umbral considerado.

Al machismo nunca le ha importando mostrar, incluso exponer y vapulear públicamente a los agresores cuando son descubiertos, esa estrategia del “chivo expiatorio” permite que unos pocos reciban un reproche y una sanción grave para que el resto de los hombres permanezcan con sus privilegios en una cultura machista que no es cuestionada como tal. Nadie puede acusar de complicidad o pasividad a quien actúa de ese modo, ni a quienes ahora piden la “prisión permanente revisable” para determinados asesinos de género y violadores, pero sin decir nada ni pedir que se actúe sobre las circunstancias de una sociedad machista capaz de generar asesinos y violadores que van aprendiendo a serlo a través del acoso, del abuso, de las agresiones… que inician en sus relaciones sociales y de pareja desde edades muy tempranas, como demuestran los estudios al reflejar la presencia de la violencia de género desde las relaciones adolescentes. Ninguno de esos agresores sale de la nada, todos ellos son socializados en la cultura machista que discrimina y codifica a las mujeres.

La construcción es tan eficaz que integra a las propias víctimas en esa “ocultación” de la violencia que sufren, como cuando manifiestan (44%) que no denuncian porque la violencia que sufren “no es lo suficientemente grave” (Macroencuesta 2016), es decir, que es “normal” y forma parte del mobiliario de la relación de pareja, siempre y cuando no supere un umbral colocado por la propia sociedad que la justifica, y que mueve hacia arriba o hacia abajo según las circunstancias del momento, pero nunca la hace desaparecer, puesto que desde la construcción machista el objetivo no es erradicar la violencia de género, sino ocultarla más o menos bajo los argumentos, razones y justificaciones que se consideren oportunos en cada momento. Por eso cada vez que se habla de violencia contra las mujeres en lugar de incidir en su gravedad y en sus resultados objetivos, se intenta desviar la atención y se recurre al relato de las “denuncias falsas”,de que “las mujeres también maltratan”,de que “la vida de un hombre vale lo mismo que la vida de una mujer”, que “violencia es violencia y no hay que hacer distinciones”…Se imaginan que ante la información de la DGT sobre accidentes de tráfico alguien dijera que “también hay accidentes laborales”, que “la vida de un conductor no vale más que la vida de un trabajador”, que “accidentes son accidentes y no hay que hacer distinciones”, que hay “accidentes falsos para cobrar las indemnizaciones del seguro”… no tendría sentido ni sería aceptado, sin embargo en violencia de género son argumentos habituales  que no sólo se aceptan, sino que, además, forman parte del debate social para legislar sobre la materia.

El objetivo del machismo está conseguido, la mayor parte de la violencia contra las mujeres permanece invisible, tanto que representa un problema grave sólo para el 1% de la población (CIS), a pesar de que asesina a 60 mujeres de media y maltrata a 600.000 cada año. Y cuando sale a la zona visible de la realidad, los propios “mecanismos” que la ocultan actúan para responsabilizar a las mujeres que la sufren y para justificar a los hombres que la llevan a cabo, presentando cada caso como consecuencia de circunstancias puntuales y propias del contexto particular: una fuerte discusión, el alcohol o las drogas, el trastorno mental, la provocación, la mala suerte… En definitiva, presentarla como si se tratara de un accidente, planteamiento que no deja de sorprender, puesto que mientras que en la economía, en el deporte, en las elecciones… todo se ve como parte del proceso que se va desarrollando en el tiempo hasta dar unos determinados resultados, en violencia de género, donde tenemos ejemplos diarios de la desigualdad, discriminación, cosificación y violencia contra las mujeres, se insiste en la idea de “hecho aislado”, de “accidente”, “de circunstancias”… que ocultan al machismo que hay detrás de cada uno de ellos y de toda la estructura que esconde primero, y luego justifica y contextualiza los resultados que produce: acoso, abuso, agresiones, violaciones, homicidios…

El machismo es el amigo invisible de la desigualdad y el enemigo visible de la Igualdad, la convivencia y la justicia social… Y ya saben lo que dice la sabiduría popular: “dime con quién andas y te diré quién eres”.

 

Vox y la Tercera Ley de Newton

La cultura es el hábitat de la convivencia como la naturaleza es el de la vida. Entre las dos hay elementos comunes y diferencias importantes basadas en el distinto significado de cada una; así, mientras que la naturaleza es un proceso “natural” sometido a las leyes del universo, la cultura es una construcción artificial bajo las leyes de los hombres, unos hombres que en su día decidieron lo que es bueno y necesario para organizarse y relacionarse, es decir, para vivir en desigualdad y con una serie de privilegios sobre las mujeres y cualquier otra persona a la que consideren inferior.

El aprendizaje y la interrelación entre naturaleza y cultura a través del mandato de los hombres ha llevado a entender que gran parte de las claves del poder está en la dominación, y que su estrategia debe basarse en la adopción de sus leyes para adaptarlas a las de la cultura, desde la Ley de la Gravedad que da peso a lo cuantitativo, a la Teoría de la Relatividad que luego se lo quita según interese al poder. Y entre ellas no falta la “Tercera ley de Newton”, conocida como “principio de acción-reacción”.

Sorprende que en este contexto, desde la política y los muchos análisis que se han hecho estos días no se vea esta dinámica, y se crea que la causalidad sólo está en el valor de las acciones, como si toda la sociedad fuera homogénea y como si desde la diversidad y pluralidad que la caracteriza se reaccionara siempre del mismo modo frente a propuestas e iniciativas. Se entiende, por ejemplo, que “nunca llueve a gusto de todos”, por muy necesaria que sea la lluvia y por muy suave que caiga para que no se produzcan daños, pero, en cambio, no se entiende que ante las políticas que garantizan  derechos, corrigen injusticias y mejoran la convivencia, haya quien las interprete como una “inundación” de sus ideas, valores, creencias, costumbres… y se reaccione con la misma agresividad y violencia que interpretan en esas medidas “invasoras” a favor de los Derechos Humanos.

La convivencia se basa en trabajar por lo común, no sólo proponer medidas al espacio compartido desde cada una de las posiciones. Convivir en un pueblo no es encontrarse en la plaza pública, sino lograr vivir la idea de pueblo en cada calle y en cada casa.

El auge de la ultraderecha y la llegada de Vox al Parlamento de Andalucía tiene varias causas, pero creo que la primera es esa “Tercera ley de Newton” ante situaciones, iniciativas, políticas… en definitiva, ante determinadas acciones que se han desarrollado, y que desde esa extrema derecha se consideran como un ataque a sus ideales y a su ideología.

Esta reacción a determinadas acciones concretas la vemos en sus propios argumentos y en las razones dadas por los dirigentes de Vox para justificar sus propuestas y su “necesaria presencia”. Todo gira alrededor de esa idea “trumpiana” de “lo mío primero”, y lo mío no es solo la idea de territorio o país, sino que quien piensa de ese modo sobre el territorio piensa también que “mis valores son primero”, “mis ideas primero”, “mis creencias primero”, “mi color de piel primero”, “mi sexo primero”… y por lo tanto, cuando se produce una acción diferente a esa visión egocéntrica, androcéntrica, etnocéntrica, geocéntrica… ellos reaccionan y apoyan a quienes defienden esas ideas y valores.

Esa es la fuerza de Vox, dividirlo todo en cuestiones particulares y unirlas bajo elementos simbólicos cargados de romanticismo, o sea, de subjetividad y de las referencias seguras del pasado.

Por eso, frente a la situación en Cataluña generada por el independentismo reacciona y alza la idea de una España “grande y libre”, ante la ley de Memoria Histórica reacciona y pide el olvido interesado, frente a las autonomías reacciona y plantea el Estado centralizado del pasado, ante Europa reacciona y copia aquello de “España primero”, frente a la “izquierda bolivariana de los <<Podemitas>>”reacciona y presenta su ultraderecha franquista, y ante la Igualdad reacciona y reivindica el machismo formal (no sólo funcional), y dominador de las esferas públicas y privadas…

Todas son cuestiones concretas sazonadas con los problemas económicos de ahora, y acompañadas de los elementos de temporada (corrupción política, desesperanza, percepción de amenaza, de que no hay salida…) y sobre todo miedo, mucho miedo, pues el miedo es el ruido de la política. Como se puede observar, no se trata sólo de una reacción global que sucede en toda Europa, el auge de la ultraderecha europea y Vox ya existían hace 4 años y entonces no hubo un apoyo en las urnas. Toda reacción necesita un enganche con la realidad, y Vox ha sabido canalizar los miedos y la preocupación sobre las acciones concretas que se han llevado a cabo estos últimos años y algunos acontecimientos ocurridos, para aglutinar la reacción en sentido contrario, además de aprovechar la visibilidad que se le ha dado y la pesca de insatisfacción a través de las “redes sociales de arrastre”.

A diferencia de muchas de las propuestas de los otros partidos, que parten de un diagnóstico más general y proponen soluciones más difusas (mejorar la educación, mejorar la sanidad, desarrollar la Ley de Dependencia…) el mensaje de Vox no es nada abstracto, todo lo contrario, es pura concreción sobre la destrucción: hacer desaparecer las Comunidades Autónomas, acabar con la Ley de Memoria Histórica, quitarle la autonomía a Cataluña, derogar la Ley Integral contra la Violencia de Género, echar a los inmigrantes…, pues parte de unos hechos objetivos sobre los que reacciona para alcanzar situaciones que ya han existido en el pasado. La referencia objetiva es doble, tanto en la causa como en la solución.

La situación se complica a partir de ahora. Ya se ha roto el miedo a identificarse con sus ideas y propuestas, o simplemente a aceptar su diagnóstico de la situación, lo vemos en las matizaciones que hacen desde el PP y Ciudadanos, pero sobre todo en algunos tertulianos que refuerzan sus argumentos sin pudor en los debates. No hay que olvidar que Vox juega con toda la construcción cultural histórica que ha mantenido como referencias sus postulados: machismo, centralismo, xenofobia, homofobia… No necesitan cambiar nada, sólo generar duda para que la gente se quede donde ha estado. A Vox no se le puede vencer en una especie de partida de partidos, la forma de lograr que la democracia vuelva a los valores comunes recogidos en la Constitución es convencer a la gente para que los apoye desde el compromiso, no sólo con los votos.

Creer que las manifestaciones, críticas, campañas… los puede debilitar es desconocer las razones por las que han llegado al Parlamento andaluz, cuanto más se les ataque más sólida será su reacción y más numerosos los apoyos, pues en definitiva se les estará dando la razón al demostrar que los sectores que ellos presentan como ilegítimos e interesados, y que consideran que se están enriqueciendo con el dinero de todos para intereses particulares (izquierda radical, feministas, animalistas, ecologistas, extranjeros…), están preocupados por su llegada. En definitiva, la “prueba del nueve” para Vox.

Vox significa menos democracia, por lo tanto la solución es más democracia, y hoy por hoy eso supone más Igualdad y definir un modelo de sociedad basado en el respeto y la convivencia, no sólo poner en marcha medidas para alejarnos de la desigualdad y su injusticia.

 

 

Tanga y tongo

La Justicia de Irlanda ha absuelto a un hombre acusado de violación al aceptar como justificación, entre otros argumentos, que la víctima llevaba “un tanga con un lazo por delante”…

Hemos pasado de la minifalda al tanga, alguien podría pensar que es un avance en los argumentos utilizados dentro las decisiones judiciales y en las deliberaciones de los jurados a la hora de justificar que no ha existido una violación, pero en realidad los hechos demuestran que no sólo no se ha avanzado, sino, todo lo contrario, que hemos retrocedido. La situación es clara, quedarse atrás y con el mismo tipo de razonamientos cuando la sociedad ha cambiado y avanzado de manera decidida hacia la Igualdad, es estar más lejos de la realidad, no dentro de ella, y la consecuencia también es directa: hoy, al igual que ayer, lo que prevalece en la investigación de la violencia sexual (y de la violencia de género de manera global), es el cuestionamiento de la víctima en lugar de la conducta del agresor.

El razonamiento a la hora de llevar a cabo las investigaciones de los casos de violencia que se ejercen sobre las mujeres en cualquiera de sus circunstancias y contextos, parece partir de una estrategia clara y común, con independencia del rincón del planeta en el que se realice. Y en lugar de investigar los elementos denunciados desde una posición científica y tomando como referencia la denuncia, como se hace en cualquier otro delito, lo que se hace en violencia de género es seguir los siguientes pasos:

  1. Cuestionar la palabra y la credibilidad de las mujeres para poner en duda los hechos denunciados.
  2. Ver qué elementos de “honorabilidad”, “respeto”, “consideración”, “honradez”… tiene el hombre denunciado para así cuestionar con más fuerza la palabra de la mujer.
  3. Identificar los beneficios que puede obtener la mujer a través de la denuncia de ese hombre, bien desde el punto de vista material o como “venganza” por situaciones vividas. De ese modo se confirma la hipótesis primera basada en que no hay que dar mucho crédito a la palabra de las mujeres, dispuestas a cualquier cosa con tal de salirse con la suya, tal y como marca el mito de la “mujer perversa”.
  4. Analizar la conducta de la víctima durante los hechos denunciados para utilizar cualquier elemento en su contra, bien sea llevar un “tanga con un lazo por delante”,“una minifalda”, “un escote generoso”o haber ”consumido bebidas alcohólicas”.
  5. Estudiar al comportamiento y la historia de la víctima para traer al presente situaciones del pasado que vuelvan a cuestionarla a ella y a exculpar al agresor.
  6. Si, finalmente, todo ello es insuficiente y no da resultado,  entonces,  a modo de plan B, se recurre a los mitos sobre el agresor y se dice que actuó bajo el efecto del alcohol o de alguna sustancia tóxica, que padece algún problema mental, o se echa mano de un argumento más posmoderno, muy de moda en la actualidad, y se dice que se trata de un “hombre malo”.

Lo hemos visto en la sentencia de Irlanda, pero lo vemos también en el caso de “la manada”, en el de Juana Rivas o en tantos otros.

El resultado final afecta a la investigación a través de todos los sesgos, prejuicios y estrategias aplicadas, lo cual conduce con gran frecuencia a la impunidad de los agresores y a criticar a las mujeres con independencia del resultado de la sentencia. Ellas siempre son malas y perversas con independencia de que ellos sean inocentes o culpables.

Se imaginan que desde los Servicios de Urgencias se dijera que una persona no sufre neumonía porque acude a la consulta poco abrigada, o que es imposible que a otra persona le duele la cabeza porque entra con unos auriculares conectados al móvil… Sería inadmisible, y si lo hicieran tendrían consecuencias por malpraxis profesional, sin embargo, cuando este tipo de razonamientos de traslada a la Justicia y a la investigación criminal en los casos de violencia de género parecen admisibles.

No es casualidad que los acontecimientos vengan caracterizados por esos elementos y que ocurra en cualquier lugar del planeta, pues en todas las sociedades la cultura que define las identidades, las relaciones interpersonales y da significado a la realidad es el machismo. Y la violencia contra las mujeres forma parte de ella, tal y como recoge la OMS cuando muestra que el 30% de las mujeres del planeta sufrirán violencia por parte de su pareja o expareja en algún momento de su vida, y como reflejan los informes de Naciones Unidas al revelar que cada año unas 45.000 mujeres son asesinadas en el contexto de las relaciones de pareja y familiares.

Todo ello es un tongo a los Derechos Humanos y la convivencia. Y debemos ser conscientes que si no se hace algo para evitarlo, se está haciendo para que continúe este engaño del machismo y toda su violencia presente y futura.

 

“Machismamente”

Si actuar desde la maldad es hacerlo malvadamente, desde la inconsciencia es hacerlo inconscientemente… actuar desde las referencias del machismo es comportarse “machismamente”.

La clave para erradicar el machismo de nuestra sociedad pasa por entender que no se trata de una serie de hombres con una mente machista “atávica y primigenia”, como apunta el juez en la sentencia que condena a Juana Rivas, una mente que los puede llevar desde discriminar y abusar hasta a maltratar y asesinar. La clave está en tomar conciencia de que se trata de hombres que de manera consciente e interesada deciden actuar imponiendo a las mujeres su visión de la realidad, y desde ella su criterio a la hora de desempeñar las diferentes funciones y roles, y de ocupar los tiempos y espacios que previamente les otorgan. Y para conseguirlo se dotan de diferentes instrumentos, unos que actúan “por las buenas” (control social, reconocimiento, reputación, integración, aceptación…), y otros “por las malas” (violencia, discriminación, crítica, rechazo, exclusión…)

Los machistas son conscientes de que toda esa construcción es injusta y está mal, por eso se han dado una cultura que la normaliza bajo diferentes justificaciones y argumentos.

Y cada uno de esos hombres necesitan de todos los demás, pues un hombre solo en defensa de esos argumentos y de esa construcción, por muy macho que sea sería sólo un “hombre solo”; y los hombres están acostumbrados a estar “solos ante el peligro”, como Gary Cooper, pero no a estarlo frente a la verdad de una desigualdad histórica y toda su injusticia secular. Por eso necesitan al grupo, y el grupo a la cultura que los define, ese patriarcado funcional y práctico que es el machismo. A partir de ahí todo es más sencillo y sólo tienen que actuar “machismamente”.

Esa situación hace que sus argumentos suenen creíbles a pesar de quedar huecos de significado, como por ejemplo sucede cuando dicen que la “Ley Integral contra la Violencia de Género” va “contra los hombres”, y que los hombres son condenados por el hecho de ser hombres. Y es cierto que la aplicación de esa ley condena a hombres, pero no por el hecho de serlo, sino por ser maltratadores, “detalle” que obvian en su argumentación de manera interesada. Sería como decir que el Código Penal va “contra las personas” porque cualquier persona puede ser condenada. A nadie se le ocurriría ver en el Código Penal una amenaza, sino un instrumento para la convivencia, porque todo el mundo sabe que dicho código se aplica sobre las personas que delinquen, no sobre las personas por el hecho de vivir en sociedad.

Entre sus argumentos estelares nunca falta igualar las diferentes violencias interpersonales sobre su resultado, para así esconder el machismo y la construcción cultural que lleva a la violencia de género desde la normalidad. De ese modo ocultan que se trata de uno de los instrumentos necesarios para mantener la desigualdad (y, por tanto, los privilegios de los hombres), esconden también su dimensión (600.000 mujeres maltratadas al año y 840.000 menores viviendo en los hogares donde sufren esa violencia –Macroencuesta 2011-), y diluyen su gravedad más extrema, las 60 mujeres asesinadas y los 4 niños y niñas asesinadas de media cada año. Y todo ello como parte de una “normalidad” que hace que sólo el 1’9% de la población considere esta realidad entre los problemas graves de la sociedad (CIS, septiembre 2018).

Al machismo no le interesa que se ponga al descubierto toda esa estructura social de la desigualdad que tantos beneficios les reporta, desde los económicos hasta la impunidad (sólo de condena a un 5% de todos los maltratadores). Por eso intentan por todos los medios que no se hable de violencia de género, pues hacerlo significa dejar al descubierto los elementos y las claves de esa construcción de poder.

Nunca han pedido, y siguen sin hacerlo, que se adopten medidas legislativas para proteger a las víctimas de la “violencia de las mujeres” ni de la violencia doméstica, sólo piden que se supriman las medidas dirigidas a abordar los elementos específicos de la violencia que sufren las mujeres desde la normalidad social y cultural. Nunca han hablado ni se han preocupado de esas violencias hasta que no se ha hablado de violencia de género, y si se suprimiera la “Ley Integral contra la Violencia de Género” con todo el sistema de protección que se ha desarrollado a partir de ella para todas las violencias, y quedaran las víctimas desprotegidas, tampoco dirían nada, como no lo decían antes de 2004.

El machismo busca esconder la violencia que los machistas producen entre el resto de las violencias, por eso les interesa tanto equipar el resultado para esconder su significado. ¿Se imaginan que alguien criticara las actuaciones de la Dirección General de Tráfico bajo el argumento de que sólo tienen en cuenta los accidentes de tráfico, pero no los accidentes laborales cuando cada año también producen miles de víctimas?. ¿Se imaginan que dijeran que “por qué va a valer menos una víctima de un accidente de trabajo que una víctima de un accidente de tráfico”, o que afirmaran que las asociaciones de víctimas de tráfico lo que buscan es enriquecerse con las subvenciones, y que cuanto más accidentes y víctimas mejor para ellas porque reciben más dinero?… Sería absurdo e inaceptable, ¿verdad?… Pues son los argumentos que utilizan a diario contra la violencia de género.

Las personas que tienen una “mente machista” y aquellas otras que actúan “machismamente” intentan que la realidad siga dominada por la injusticia y la desigualdad, pero eso ya es parte del pasado. La sociedad, gracias a la Igualdad, mira libremente al futuro sin el yugo del machismo.

 

Serás hombre… o no serás

Identificar a una persona parece algo sencillo, basta con describir cómo es su aspecto, el color de sus ojos, cómo tiene el pelo, la forma de su nariz… para llegar a saber quién es. Pero cuando todo eso es falso o puede ser escondido tras características que no se corresponden con la realidad, entonces hay que irse a elementos profundos y ocultos a las miradas para saber de quién se trata. Así ocurre cuando los acontecimientos han hecho desaparecer esos elementos externos o cuando se ocultan detrás de disfraces preparados para la ocasión, y tenemos que acudir a una referencia inamovible como puede ser analizar el esqueleto, bien de forma directa o por medio de radiografías que lleven la mirada detrás de las barreras intercambiables. Es desde esa referencia estable desde la que luego se puede reconstruir la identidad de la persona estudiada.

Pero la identidad no sólo es el soporte biológico que individualiza a la persona del resto del grupo, la vida en sociedad también aporta un componente cultural y relacional a la identidad que permite conocer su vinculación a las referencias que esa sociedad ha establecido para las personas que la forman. Y del mismo modo que existe una parte variable que se puede adaptar a las circunstancias, también hay elementos que forman parte estructural de su esencia que sostienen la identidad social y cultural, una especie de esqueleto sobre el que descansan los elementos que le hacen sentirse parte del grupo y ser reconocido como tal por el resto.

El documental de Isabel de Ocampo, “Serás hombre”, nos muestra parte de ese esqueleto de la identidad social de los hombres.

Isabel de Ocampo ha sabido prescindir de lo superficial, de aquello que es fácil de disimular, esconder y negar, y ha diseccionado la masculinidad hasta llegar a esos “huesos” que sostienen la construcción de la identidad de los hombres. Una identidad que, bajo sus redes, ha llevado a prostituir a las mujeres a lo largo de toda la historia, y a ofrecérselas a otros hombres para que hagan uso de ellas para  reforzar su hombría en gestos que van desde el padre o el familiar que lleva a su hijo a “acostarse con una puta” para que “se haga hombre”, hasta aquel otro hombre que acude a ella para sentir el poder de una identidad levantada sobre el sometimiento de las mujeres.

El documental nos da tres claves para entender que “serás hombre o no serás nadie”, que en un mundo de hombres es mucho peor que no ser nada.

La primera clave se centra en mostrar la identidad masculina que se revela en el consumo de prostitución. Isabel de Ocampo establece un diálogo entre dos hombres, uno de ellos un antiguo putero o “prostituyente”, y otro el hijo de una prostituta que quedó embarazada de un cliente del que nunca supo nada más, y al que busca para intentar encontrarse a sí mismo.

Es un diálogo al que se incorporan otras voces de hombres como si fueran un coro, y que muestran diferentes elementos de una vida en la que los hombres se desenvuelven sin problemas a pesar de todas las contradicciones del día a día gracias a la “coherencia” de su identidad. Es un diálogo muy de hombres, de sus complicidades, sus jerarquías y su poder, que comienza de forma muy gráfica cuando el putero acude a su antiguo club y otro hombre se dirige a él como “Don Rafael”.

Otro de los pilares de ese diálogo y del documental es el uso de un lenguaje que representa una realidad “normalizada” gracias al camuflaje de las palabras, capaz de esconder significados y revelar consecuencias de todo tipo, desde ese respeto tan masculino que se guardan entre sí los hombres hasta las amenazas implícitas, desde las eufemismos que llevan a presentarse como “empresario de la noche” hasta la crítica a las mujeres al hacerlas responsables de su situación y afirmar que hay que “putearlas”… Putear a las putas.

La segunda clave es el modelo de sociedad y cultura que da sentido a esa masculinidad putera y “prostituyente” capaz de esclavizar a las mujeres para empoderar aún más a los hombres. Las “mujeres son billetes”afirma el protagonista en un momento del documental, expresión que refleja a la perfección la doble condición que le otorgan a las mujeres: la de objeto y la de mercancía. Son personas que pueden ser usadas y explotadas para obtener beneficios, tanto materiales con el dinero que obtienen a través de su esclavización, como personales en el reconocimiento que nace del ejercicio de la masculinidad. Porque el poder no lo da el escenario, sino la escenificación de la identidad.

Bajo esa idea, el protagonista comenta que las mujeres son las primeras interesadas en la prostitución y que los hombres acuden como el que va a un cepillo y echa una limosna. Todo forma parte del juego de la normalidad que impide que los hombres se cuestionen nada que pueda hacerlos dudar de su masculinidad, ni de un modelo de sociedad tan rentable para ellos, aunque luego tengan que colorear la realidad en blanco y negro con luces de neón. Es lo que un día me comentó el poeta Luis García Montero cuando hablábamos de cómo los jóvenes ahora prefieren irse de putas porque “ahorran dinero”,Luis me dijo, “ahorran dinero y ahorran sentimientos”.Y esa es otra parte esencial de esta masculinidad machista que desvincula a los hombres de las emociones: alejarlos de los sentimientos y esconder la injusticia y todo el daño que produce bajo la normalidad y la teórica libertad de las mujeres.

Es lo que lleva al otro protagonista, a pesar de toda su rabia,  a “respetar” al putero, porque al final hay algo que hace sentir que es más importante ser hombre ante otros hombres, que ser hijo, o padre, o hermano, o amigo…

Y la tercera clave que nos aporta Isabel de Ocampo es la representación de las mujeres que hace la cultura machista a través de la prostitución.

Las mujeres son creadas, definidas y utilizadas por los hombres, su voz sale del silencio y lo hace para volver a él a través de la asunción de su realidad. Y mientras que los hombres aparecen presentados bajo diferentes formas de entender la masculinidad, planteando una distinción y una graduación antitética que lleva a entender que lo malo y lo negativo no es consecuencia de los hombres, sino de determinadas circunstancias, las mujeres son presentadas por la cultura como una misma realidad y condición que luego se manifiesta de forma diferente en cada una de ellas. Y es desde esa condición desde la que se decide ser puta o “decente”, esposa o amante, pecadora o santa… pero siempre como mujeres que deciden ser de una forma u otra porque todas están en ellas.

El documental nos lleva por esas noches de neón que iluminan las mañanas de cada día, y en las que los hombres se visten de empresarios, de amigos, de hijos o de padres, en busca de mujeres a las que poder someter bajo precio para que otros hombres vean lo hombres que son al hacerlo, y así todos juntos sostener el modelo que les da la identidad y el poder.

Isabel de Ocampo lo ha reflejado a la perfección: “o serás hombre… o no serás”.