Huelga de hambre. Huelga de hombre

mujeres-huelga-de-hambre-vgOcho mujeres (Gloria, Martina, Patricia, Marian, Susana, Sara, Sonia y Celia), están en huelga de hambre contra la violencia de género en la Puerta del Sol desde el día 9 de febrero.

Es terrible que ocho mujeres tengan que jugarse la vida para que no las maten, que necesiten llamar a la muerte para poder vivir, que tengan que detener sus vidas al Sol para que no les alcance la sombra de la violencia.

Y mientras todo eso sucede, cada hombre que las mira deja que todo transcurra como una anécdota, como si la desigualdad fuera una accidente y la violencia una sorpresa, como si nada de lo que está sucediendo fuera con él, como si su silencio ante el machismo y su violencia fuese suficiente, como si su voz no pudiera cambiar la realidad y sus palabras señalar a aquellos otros hombres que las utilizan para maltratar, o que las callan para que hable la complicidad.

La ausencia de los hombres en la lucha contra la violencia de género y la desigualdad no es un accidente, es la firme determinación de continuar con el modelo de sociedad machista que los sitúa en una posición de poder a costa de los derechos de las mujeres, de ahí la coherencia entre la ausencia de hombres en la solución del problema y su presencia protagonista en la violencia que ejercen contra las mujeres, y en la sociedad que convive con ella como parte de la normalidad.

Que 700.000 mujeres maltratadas y 60 asesinadas cada año sólo sea un problema grave para el 1’8% de la población, además de lo terrible del resultado es mentira, porque ese porcentaje no refleja el verdadero posicionamiento de la sociedad, sino la respuesta de las mujeres que se revelan frente a esa violencia. Pues son ellas quienes forman la mayoría de ese porcentaje mínimo, como son ellas las que llenan las calles contra la violencia, las que gritan con sus minutos de silencio, las que se revelan frente a la pasividad, la distancia y la desidia de una sociedad machista que no duda en dejar que los hombres llenen las redes de palabras contra las propias mujeres y las personas que se revelan frente a su modelo androcéntrico, al igual que lo hacen contra las leyes y medidas que buscan conseguir la Igualdad.

Y mientras ocho mujeres están en huelga de hambre para que el resto pueda vivir en paz y alimentarse de Igualdad, un oligoelemento esencial en la dieta de la democracia sin el cual resulta imposible la convivencia, la mayoría de los hombres están en huelga de brazos caídos y palabras alzadas para no hacer nada por la Igualdad.

La transformación social a favor de la Igualdad está siendo protagonizada y liderada por las mujeres, por ello muchos hombres se resisten y algunos reaccionan con más violencia para conseguir con ella lo que antes lograban por medio de la normalidad y el control social, de ahí que el resultado de este cambio haya sido más violencia. Así lo demuestran las Macroencuestas cuando recogen que en 2006 las mujeres que sufrían violencia eran 400.000 y en 2011 fueron 600.000.

El resultado es claro, la violencia de género aumenta porque los hombres están luchando de manera directa y activa contra la transformación de la sociedad que lleva a la Igualdad. Ese aumento de la violencia no es un fracaso de las medidas dirigidas a alcanzar la Igualdad, todo lo contrario, es una demostración de que ante ese éxito en el cambio, quienes han ocupado una posición de poder injusta construida con el recurso a la violencia, están aumentando su uso para intentar evitar esa transformación de la sociedad, al tiempo que desarrollan otras estrategias posmachistas para generar confusión e incidir por esa doble vía (violencia y confusión), en el objetivo último de impedir el cambio.

La realidad es clara: existe desigualdad, discriminación, abuso y violencia contra las mujeres, y mientras que ellas están en la acción y en la huelga para erradicar el machismo que defiende esa realidad, los hombres están en huelga para no cambiarla y en el activismo para perpetuarla.

Y ese activismo machista existe por acción y omisión, pues todos los hombres que se justifican con el “yo no soy machista” y el “yo no soy maltratador”, están permitiendo que otros lo sigan siendo bajo la normalidad y la impunidad. Su pasividad es la constatación de su “huelga de hombre” en un cambio que empieza por uno mismo. Si cada hombre espera a que cambien “los hombres” para entonces cambiar ellos también, nunca habrá una masculinidad diferente a la tradicional. Ese primer paso es individual y hay que darlo con la determinación de hacer de la sociedad un lugar más justo, como ya lo han hecho muchos de ellos con la intención de ser hombres con la Igualdad como parte de su identidad, no sólo de su vocabulario.

Las mujeres y el feminismo nos muestran cada día el camino, sólo tenemos que seguirlas. Hoy las ocho mujeres que están en huelga de hambre para erradicar la violencia de género, son un ejemplo más de su firme determinación en conseguir la Igualdad para toda la sociedad, también para los hombres ajenos a ese objetivo.

Hoy, de nuevo, las mujeres, representadas por estas ocho compañeras (Gloria, Martina, Patricia, Marian, Susana, Sara, Sonia y Celia), son un ejemplo de su apuesta por la convivencia y la democracia. Gracias y toda mi solidaridad, compromiso y admiración por cada día.

 

Machismo hinchable

muneca-hinchable-chileEl machismo se infla y se desinfla según la ocasión, de esa manera se puede llevar de un lado para otro y utilizar en diferentes contextos sin generar excesivos problemas. El ejemplo más reciente lo tenemos en lo sucedido el pasado 13 de diciembre en la cena de la “Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, cuando su presidente, Roberto Fantuzzi, regaló una muñeca hinchable al Ministro de Economía de Chile, Luis Felipe Céspedes, como idea para estimular la economía.

El machismo presente en esos hechos sólo es la culminación de la decisión tomada por las mentes henchidas de machismo que primero tuvieron la idea, y después mandaron comprar la muñeca, la inflaron con su aire lleno de C02, la llevaron a la cena, la escondieron hasta el final, y a los postres, como si se tratara de una dulce decisión, se la entregaron entre risas al Ministro junto a una serie de complementos muy acordes con la muñeca protagonista.

Reconozco que al ver la foto del momento en los medios junto a las referencias al Presidente de la “ASEXMA”, al no conocer con anterioridad la organización, lo primero que pensé por las siglas es que se trataba del Presidente de la “Asociación de Sexistas y Machistas”, después comprobé que no era así, lo cual me sorprendió más aún.

Todos los hombres que participaron del momento con la idea, la conducta, la actitud y las risas que inflaron el ambiente de machismo, luego se desinflaron con las típica falsedad de las palabras impuestas que hicieron referencia a las “disculpas”, al “error”, a la “intrascendencia de los hechos”… toda una serie de frases hechas para quitarle importancia a lo ocurrido sin cuestionar las razones y circunstancias que llevaron a que sucediera. Ya nadie recuerda ninguna de esas frases, pero todo el mundo guarda la imagen de una muñeca hinchable en manos de un Ministro sonriente como argumento para estimular la economía.

¿Creen ustedes que esos mismos hombres están ahora hablando en privado de su error y su equivocación, o más bien estarán haciendo bromas y risas sobre su “genial idea de regalar la muñeca”, al tiempo de criticar el “feminazismo” existente que no admite ni una simple broma?.

La conducta del Presidente de ASEXMA (“Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, para evitar confusiones), refleja la idea de que la economía es “cosa de hombres” y que, por tanto, son los hombres los señores de la economía, de ahí el tipo de “estímulos” que consideran oportunos para levantar la economía y lo que haga falta. Por eso no es casualidad que Joan Rosell, Presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), dijera hace unas semanas que “la incorporación de las mujeres al mercado laboral era un problema”, dando a entender que, de algún modo, llegan para “quitarle” el trabajo a los hombres.

No debemos caer en la trampa de darle más credibilidad a la palabra forzada de las excusas que a los hechos consecuentes con todas las conductas y decisiones que se toman a diario en nombre del machismo en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, uno de los más importantes, sin duda, el de la economía. Quienes consideran que una “muñeca hinchable” es una buena forma de representar el estímulo que necesita la economía de un país, son los mismos hombres que dirigen una economía donde las mujeres apenas están representadas en los puestos de dirección de las empresas, y en la que, por el contrario, están sobrerrepresentadas en el desempleo, en las reducciones de jornada para el cuidado de hijos, hijas y familiares, en la precariedad laboral… Una economía en la que para acceder muchas de ellas tienen que sufrir toda una serie de insinuaciones y cuestionamientos sobre si tienen novio, si están casadas o si piensan tener hijos; y todo para llegar a un ambiente laboral en el que sufren acoso sexual y de otros muchos tipos, y en el que, cuando logran permanecer, cobran menos que los hombres por realizar el mismo trabajo como reflejo de la desigualdad y la discriminación que existe en la sociedad.

Todo eso es el machismo, no sólo la muñeca hinchable del Presidente de ASEXMA, (insisto, “Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, no “Asociación de Sexistas y Machistas”). Hoy el machismo se ha adaptado a los tiempos para conseguir mantener la estructura de poder jerarquizada sobre la referencia de los hombres sin necesidad de prohibir, limitar o impedir de manera directa el acceso de las mujeres a los espacios públicos que antes sí les estaban vedados bajo argumentos de todo tipo, desde el de la “incapacidad” al de la “falta de una experiencia y formación” que les eran negadas previamente, pasando por la necesaria autorización del marido o el control social que las criticaba por trabajar y abandonar la familia para ello.

El posmachismo, que es la nueva estrategia del machismo, juega con todas esas referencias de la normalidad para mantener el machismo, y criticar sólo los excesos que superan un determinado umbral considerado como inaceptable por la sociedad, pero sin cuestionar todo lo que sucede por debajo del mismo. Es lo que ha ocurrido ahora con la muñeca hinchable de ASEXMA, que ha recibido las críticas por “inaceptable”, pero al mismo tiempo se mantiene sin cuestionar todo el machismo que hay en la empresas y en la economía. Es lo mismo que sucede con la violencia que sufren las mujeres, que sólo se cuestionan las agresiones graves o los feminicidios, sin levantar una crítica sobre los miles de casos de maltrato que se producen cada día, ni sobre el machismo que los alimenta a todos ellos.

Al final la realidad permanece indemne y el machismo se infla y se desinfla según la ocasión, pero nunca desaparece. No tiene sentido que una sociedad critique la escena de la muñeca hinchable y no cuestione la estructura de una economía en la que las mujeres sufren la brecha salarial, la precariedad, la exclusión, el abuso, el acoso… La escena de la muñeca hinchable es inaceptable, pero más aún lo es toda la discriminación que sufren las mujeres en el mercado laboral y en la sociedad.

Todo forma parte de la desigualdad social construida por la cultura machista, y la casualidad no es inocente. ¿Ustedes creen que Roberto Fantuzzi, presidente de ASEXMA, habría sido capaz de regalar al Ministro de Economía un muñeco de piel negra para justificar la necesidad de un régimen similar al de la esclavitud o la explotación laboral con vistas a estimular la economía? No se habría atrevido a hacerlo, y si lo hubiera hecho, ni el Ministro ni ninguno de los presentes se habría reído con la broma. Es más, seguro que ya se habrían producido consecuencias graves sobre los responsables por haberla llevado a cabo.

Lo terrible del episodio de la muñeca hinchable es que es la expresión de la nueva etapa que ha inaugurado Donald Trump con su “machismo exhibicionista”y que ahora vamos a ver con mucha más frecuencia en forma de episodios de machismo inflado y explícito, algo que un tiempo atrás no se atrevían a hacer.

Y el problema no está en esas escenas, sino en lo que reflejan, en todas las ideas y valores machistas que seguirán utilizando la economía, la educación, las creencias, las costumbres, la tradición… para mantener la desigualdad y su injusticia social como parte de una normalidad que se entiende necesaria para la convivencia.

Por eso el compromiso debe ser trabajar para erradicar el machismo, no sólo algunas de sus expresiones. La crítica al machismo y a los machistas no es opción, es razón.

 

Hombres Trump

trumpDonald Trump no es una excepción ni tampoco un hombre raro, tan sólo es un hombre normal que hace y dice lo que muchos hombres normales dicen y hacen en el contexto donde cada uno de ellos se relaciona.

Los comentarios sexistas de Trump y su manera de presentarse ante el resto de amigos como un “hombre capaz”, es la forma habitual en que muchos hombres hablan de las mujeres que están cerca de ellos, y a las que consideran en una posición inferior por ser mujeres y por estar situadas en una estructura de relación jerárquica donde ellos mandan: lo hacen empresarios con empleadas, directivos con secretarias, profesores con alumnas, chavales de fiesta con chavalas en las fiestas… Cuando las circunstancias permiten a los hombres interpretar que se encuentran en una posición de superioridad por ser hombres, por el cargo, o porque el espacio les pertenece, aunque en realidad no sea así, la idea de las mujeres como objetos que pueden usar se potencia de manera exponencial a la interacción de esos tres elementos (hombre, jerarquía, espacio), tanto más cuanto mayor sea ese factor objetivo de poder.

Y cuando esa superioridad se construye sobre el dinero y la política, la sensación de poder para hacer lo que uno quiera, que refleja Donald Trump en sus palabras de vestuario de hombres, es absoluta; porque dinero y poder político son dos elementos objetivos de poder en nuestra sociedad en cualquier circunstancia, no sólo para determinados contextos.

Por eso lo de Donald Trump no es una excepción, todo lo contrario, es parte de la normalidad que cada hombre une a su espacio de relación de manera diferente en razón de sus circunstancias y posibilidades, es cierto que lo hacen con hechos distintos en cada ocasión, pero el significado en todos esos espacios es el mismo. Cuando Trump dice que si eres “rico y famoso” puedes hacer lo que quieras con una mujer, lo que está diciendo no es que puedes hacer lo que quieras con cualquier mujer, sino que siempre encontrarás una mujer para hacer con ella lo que quieras. Es lo mismo que ocurre con el profesor y las alumnas, con el empresario y las empleadas o el directivo con las secretarias; no será con cualquier alumna, empleada o secretaria, pero parten de la base que siempre habrá alguna mujer en esos espacios de relación con la que hacer lo que ellos quieran en virtud de su posición como hombres jerárquicamente superiores. Por eso el machismo ha creado una cultura que permite establecer una estructura de desigualdad y complicidad desde la que poder desarrollar conductas de acoso y abuso generalizadas sobre las mujeres, hasta alcanzar objetivos particular en una determinada mujer del grupo acosado. Y de ahí las trampas para que la cosificación de las mujeres continúe, incluso jugando para que sean ellas mismas las que decidan hacerlo, como antes lo ha hecho para aceptar la violencia y la discriminación como algo normal.

Si no existiera esa normalidad cómplice basada en lo que la cultura machista ha interpretado como parte de la habitualidad, no sería posible que las palabras de Trump resultaran creíbles ni que el acoso formara parte de la realidad como parte de esas estructuras masculinas de relación en el trabajo. Del mismo modo que tampoco sería posible que en mitad de las calles de una sociedad machista las mujeres aún tengan que soportar el hostigamiento de los piropos y el abuso de los rozamientos y tocamientos en los autobuses, el metro, las colas y en cualquier lugar donde la aglomeración de gente permita a los hombres camuflar su intención. El diseño resulta tan eficaz que cuando se denuncian estas conductas se vuelven contra las mujeres que las sufren por exageradas, por provocadoras o por mentirosas.

Por eso el poder da poder, porque cuanto más poder se tiene, y Trump tiene mucho poder, como el profesor en la universidad, el empresario en su empresa, el directivo en el consejo… más difícil resulta creer que el abuso se ha producido, no por la integridad del hombre con poder, sino por la cosificación de las mujeres que la propia cultura crea junto a los estereotipos apuntados alrededor de la maldad, la provocación, la manipulación… El razonamiento que se hace cuando se conocen casos de abuso en estas circunstancias cuestiona su realidad, y sitúa la culpa en las mujeres mediante el encumbramiento del hombre. El argumento viene a ser algo así como que “la mujer, la alumna, la trabajadora, la secretaria…” lo ha denunciado falsamente (algo propio de la perversidad de las mujeres), porque un hombre con ese poder (Trump, el profesor, el empresario, el directivo…) puede tener a cualquier mujer sin necesidad de acosar a ninguna.

El diseño es perfecto porque está preparado para que el acoso, el abuso y la violencia se produzcan en contextos de relación donde los hombres por ser hombres cuentan con esa superioridad cultural de entrada, a la cual se unen las estructurales del contexto y las sociales del reconocimiento que la misma cultura propicia.

Si toda esa construcción no formara parte de esa estructura machista que da reconocimiento y prestigio como hombres a aquellos que llevan a cabo estas conductas, no habría necesidad de contarlo en un vestuario de hombres, en un café con hombres, o antes de empezar una reunión de hombres; ni de hacer vídeos y difundirlos para que otros hombres los vean. Todo forma parte de la ruta masculina de reconocimiento y confirmación que demuestra de lo que algunos hombres son capaces para que otros sigan el camino trazado por ellos.

En el fondo, ese tipo de conductas no son muy diferentes a lo que cada día sucede a través del Whatsapp por medio de mensajes referentes al sexo y a las mujeres que comparten muchos grupos de hombres. Es cierto que en esos envíos y en las imágenes que muestran no son ellos los protagonistas, pero sí lo son del relato que cuentan a partir de ellas.

Trump no es una excepción, quizás sería bueno recordar lo que dijo otro hombre “rico y famoso de la política” que se comportó de manera similar. Me refiero a Silvio Berlusconi cuando descubrieron las fiestas que montaba en su finca de Villa Certosa con otros hombres ricos y famosos de la política. Berlusconi fue muy elocuente al decir, “en el fondo, los italianos quieren ser como yo”. Lo triste es que tenía razón.

Pero también somos muchos los hombres que no pretendemos ser como ellos y que creemos que la Igualdad nos hace mejor como hombres, y sobre todo, hace mejor a una sociedad donde la convivencia se base en el respeto, la Paz y la Igualdad. Conseguirlo exige decir no al machismo y decir sí a la Igualdad y al feminismo.

 

. El 21 de octubre se celebra en Sevilla una marcha de los grupos de Hombres por la Igualdad y se conmemora el décimo aniversario de aquella primera manifestación en la que muchos hombres abandonaron el silencio y la pasividad para trabajar y comprometerse con la Igualdad y contra las imposiciones del machismo. Os esperamos.

Mandela y la “reconciliación”

MANDELALa primera vez que estuve en una reunión europea sobre la necesidad de adoptar medidas que permitieran compatibilizar la vida laboral de los hombres con la vida familiar, me llamó la atención que mientras que en nuestro país hablábamos de "conciliación" en Europa se hablara de "reconciliación” del trabajo con la familia. 

 Pensé, ¿pero cómo se van a reconciliar con las tareas domésticas y el cuidado, si nunca antes han conciliado?… Era como regresar a un lugar donde nunca se estuvo, o una forma de ocultar la irresponsabilidad de no haberlo hecho.

Ahora que Nelson Mandela ha fallecido en plena juventud de su libertad, con tan sólo 23 años de edad libres, todo el mundo reconoce su papel en la reconciliación del pueblo sudafricano y su compromiso con la paz para evitar lo que se anunciaba como una guerra civil. 

Pero ¿qué reconciliación se produjo si nunca antes el pueblo sudafricano había vivido conciliado?

La grandeza de Mandela está en su inteligencia, confianza y determinación, pero su ejemplo también debe ser tenido en cuenta como reflejo de una actitud y decisión habitual en quienes han sufrido el golpe de la injusticia y el impacto de la violencia de determinados regímenes y gobiernos. Ha ocurrido en muchos países, y también sucedió en el nuestro con la transición.

El esquema se repite de manera invariable, quienes han sufrido el daño, la violencia, el escarnio público, la ausencia como destino y la injusticia como condición, son los que han de "reconciliarse" con quienes han sido sus agresores, opresores y verdugos. Nunca ocurre al contrario para que sean quienes han generado al daño los que respondan de manera voluntaria por lo realizado, y así iniciar una nueva etapa de verdadera conciliación.

La reconciliación basada en la no exigencia de responsabilidad por parte de quien ha sufrido la violencia y opresión no permite la convivencia sobre lo común, pues no puede haber proyecto compartido entre quienes tienen unos valores que llevaron a ejercer la opresión y quienes defienden unos ideales que los hicieron ser sometidos. La aparente normalidad es tan sólo la escenificación de quienes no tienen más remedio que aceptar el cese de una violencia manifiesta, para continuar con el control y el sometimiento a través de los diferentes mecanismos levantados sobre un poder que en ningún momento es desarticulado con esa falsa reconciliación representada.

Quienes han ejercido la opresión desde el poder que da la injusticia no renuncian a él cuando cambian las circunstancias, tan sólo se adaptan a ellas, como han hecho a lo largo de la historia para mantenerlo. 

El poder ni se crea ni se destruye, se transforma. Esa similitud con la energía resulta muy práctica a la hora de entender su verdadera esencia. De hecho necesita transformarse para perpetuarse, en esto también es evolutivo, en el sentido de cambiar para permanecer en los cambios. No son las personas con poder ni las instituciones con poder, estas pueden ser sustituidas por otras, en ocasiones completamente diferentes, es el propio poder el que permanece sobre la estructura que le da sentido y beneficios, por ello está más arraigado a determinadas ideologías y creencias históricamente instaladas sobre referencias de autoridad. 

El poder moderno con su capacidad adaptativa y su presencia invisible cuenta con cuatro componentes esenciales: el técnico, el dispositivo, el coercitivo y la manipulación.

El poder técnico se basa en el control y uso de un volumen de conocimiento e informaciones superior a otros, algo que se refleja de manera directa en el control de determinados medios de comunicación. El poder de disposición se refiere al control de los recursos que otros necesitan para conseguir sus objetivos, por lo que en cierto modo los hace dependientes de él y fácilmente subordinables. El poder de coerción representa la amenaza o la utilización de medios capaces de perjudicar de forma directa a otros en cualquiera de las esferas de su interés (económico, morales, afectivo, material…), por lo que a la dependencia une el posible castigo en caso de no seguir sus posturas. Y el cuarto elemento es el poder de manipulación que actúa, no ya directamente sobre el objetivo de su interés por medio de la subordinación, la información o el castigo, sino de forma indirecta al limitar la posibilidad de cuestionar al poder o al impedir que ni siquiera se forme esa conciencia crítica.

En la Sudáfrica tras Mandela el gobierno puede estar en manos de quienes antes fueron oprimidos y discriminados, pero el poder siguen en las mismas manos blancas e invisibles que mantienen a la mayoría de la población negra sometida, y a la minoría blanca en las posiciones más altas de la sociedad.

Ocurre en muchos países de América Latina o en cualquier rincón de nuestro planeta donde el poder arraigó sobre la injusticia y el abuso.

Y sucede en nuestro país hoy, donde los poderes de antaño continúan condicionando la política y la realidad a través de toda una estructura de poder que nadie desmontó y que aún en la actualidad cuenta con la bendición de la superioridad

Mandela evitó el enfrentamiento y sustituyó en su gente la emoción del odió por el sentimiento de la esperanza, pero no pudo modificar los valores, las ideas ni las creencias de quienes se creen superiores y elegidos para dirigir el destino de un pueblo, que como tal debe ser sumiso y agradecido. Su mérito estuvo en esos primeros momentos, y mi admiración por él nace de su ejemplaridad, pero una vez superada esa fase inicial debe construirse un futuro común sobre la Justicia, la Igualdad, la Libertad, la Dignidad y el resto de Derechos Humanos, de lo contrario no habrá un proyecto compartido.

El olvido no es justicia, ni la justicia puede olvidar. El perdón no significa aceptar ni tampoco ignorar, todo lo contrario, se basa en el reconocimiento de los hechos, no en su negación. Y desde el punto de vista social la conciliación debe contemplar la reparación de las víctimas y la garantía de no repetición.

Y hoy, en Sudáfrica, en Latinoamérica y en España, quienes antes fueron opresotres ahora viven bajo una estructura de poder que no busca reparar a las víctimas de su injusticia y represión, y menos aún pretende garantizar que no se repita su abuso, simplemente continúan con él de otra forma y esperan cualquier oportunidad para volver a hacerlo de forma más directa e intensa…

El mejor homenaje a Nelson Mandela es continuar lo que él inició, y alcanzar de manera pacífica la justicia social y la verdadera reconciliación que él buscaba.

¡Tranquilo Cañete!


ARIAS CAÑETE
Parece que el ministro Arias Cañete se ha mosqueado un poco
con las críticas que se han vertido  por el nombramiento de su hija como Subdirectora en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Y no se le ocurre otra cosa que arremeter contra las ministras de Zapatero, desde la Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega hasta la primera legislatura con Magdalena Álvarez, haciendo escala en Nueva York para atacar a esos dos iconos del anti-zapaterismo como son Bibiana Aído y Leire Pajín. (Arias Cañete critica a las Ministras de Zapatero)

Y resulta triste que un señor ministro no tenga más argumentos que el “y tú más”, por otra parte muy típico del Gobierno actual, y aún más que triste que, encima, lo haga recurriendo a mentiras tan burdas y repetidas como que las exministras no poseen estudios. 

Lo primero que se le pide a un ministro o a una ministra es que sepa comportarse, lo segundo es que esté bien informado para poder decidir, y lo siguiente es que adopte una decisión adecuada a partir de esa información… Desconozco si el ministro Arias Cañete se ha tomado muchos yogures caducados o si es que está probando otros productos que han superado la fecha de caducidad y se encuentran en mal estado, para así ampliar el plazo de consumo o declararlos directamente “imperecederos”, como sus ideas y declaraciones. El caso es que tras la demostración de nepotismo en el nombramiento de su hija no se ha comportado como era de esperar en un ministro que ha utilizado su posición, primero para que se produzca el nombramiento, y luego, cuando la sociedad ha reaccionado con indignación, para atacar con falsedades a personas que tuvieron una responsabilidad de gobierno en nuestro país. Ministras que se dedicaron a trabajar por toda la sociedad, no a criticar desde sus puestos  a los exministros del Gobierno de Aznar. 

Y encima, como no puede echarle la culpa a la herencia, arremete contra “este país” y saca la teoría de la conspiración como argumento, sin darse cuenta en su delirio que la primera reacción vino de la mano de la propia sobrina de De Guindos, Beatriz, que al enterarse del nombramiento de su hija como sucesora y darse cuenta del juego que había detrás, presentó su dimisión.  (Dimite Beatriz De Guindos)

Arias Cañete debe tener muchas razones para estar orgulloso de su hija, no lo dudo, de hecho las críticas que se han vertido no han sido contra ella ni en lo referente a su preparación, sino contra un nombramiento al margen de toda transparencia y motivado más por el apellido que por la igualdad de oportunidades… Claro que probablemente el problema sea ese, la Igualdad y el sarpullido que levanta en determinadas personas e ideologías. De hecho, no es casualidad que sólo unos días antes un consejero de la Radiotelevisión Andaluza propuesto por el PP, José María Arenzana, se haya permitido insultar en su Facebook a la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, y al Presidente Evo Morales sin que el PP ni nadie haga nada.

La imagen del Gobierno de España guardando silencio ante estas descalificaciones machistas de nuestro Ministro Cañete también es bastante gráfica. ¿No tienen nada que decir las ministras de Rajoy, no tienen nada que decir los otros ministros de Rajoy, no tiene nada que decir Rajoy, aunque sea a través de una pantalla de plasma? La "marca España" queda marcada por el hierro del machismo cuando a las situaciones como la protagonizada por Arias Cañete le sigue el silencio cómplice. Quizás no hagan subir la prima de riesgo, pero seguro que aumenta el riesgo de que nos vean como primos. ¿Qué imagen de seriedad damos como país cuando todo un señor ministro arremete falazmente contra las ministras de un Gobierno anterior, porque no le ha salido la jugada de nombrar a dedo a su hija?. Espero también las preguntas parlamentarias de los partidos de la oposición en este sentido. No se puede defender la Igualdad y callar ante los ataques machistas de un ministro.

Arias Cañete debe rectificar y pedir perdón, y si no lo hace él alguien debería exigírselo o mandarlo a reflexionar, de lo contrario debemos entender que el Gobierno con su presidente a la cabeza está de acuerdo con las falacias y los insultos de su ministro. El Gobierno es libre de actuar como considere, por supuesto, pero los ciudadanos y ciudadanas también somos libres de decidir quién nos representa.

Y un consejo para don Miguel Arias Cañete, no coma usted tanto yogur caducado, parece que da lugar a efectos secundarios… Lo de las duchas frías que también propone quizás sea recomendable antes de hacer determinadas declaraciones.

Muchos y machos


MUCHOS Y MACHOS
La conciencia de injusticia no significa la renuncia a ella,
tan sólo que las motivaciones para actuar necesitarán ser más  intensas.

La Pamplona de San Fermín no queda tan lejos de tantos otros lugares donde la idea del “todos a una”, o lo que es igual, de "cada uno a lo de todos” se pone de manifiesto como parte de  la masculinidad tradicional para justificarse en lo realizado. Y como su ámbito de relación principal es el espacio público, su reconocimiento ha de hacerse en esa sociedad sumisa a sus dictados y creyente en la religión de la desigualdad.

Los hombres que toman esas referencias de la cultura necesitan ser hombres y sentirse como tales en el reconocimiento de los demás, no tanto en lo que hacen de manera anónima y desconocida. Por eso es tan común contar con espacios de relación y oportunidades donde los hombres puedan intercambiar sus historias de masculinidad (el momento de la cerveza, la pausa del café, unos chatos de vinos, las copas tras la reunión…) y así sentirse más hombres en los gestos y palabras que los demás les dicen mostrando su apoyo, cuando no su admiración. Y por ello lo primero que hace un hombre cuando logra algo que lo sitúa en una lugar importante como hombre, según marca la tradición, es ir a contárselo a otros hombres. Una de esas historias que siempre se han difundido  es la de Luis Miguel Dominguín, cuando después de estar con Ava Gadner la dejó en el hotel ante la necesidad de contárselo a sus amigos, algo no muy lejano a lo que otro hombre, ya en nuestros días, hizo con el video de Olvido Hormigos, mostrarlo a otros para presumir de hombría.

Y por eso molesta tanto que las mujeres se unan a esos espacios de hombres donde la masculinidad se renueva en cada comentario, generalmente de componente sexista. De lo contrario no tendría sentido tanto sentido y rechazo a su incorporación.

Pero como decía al principio, el reconocimiento de la injusticia no lleva a su renuncia, por eso cuando saben que su imagen como hombres pasa por  una conducta ilícita o ilegal buscan la compañía de otros hombres para que la complicidad se traduzca en parte de esa normalidad inclinada, que tan buena sombra y cobijo les ha dado a lo largo de la historia.

La violencia de género, o sea, la violencia que los hombres ejercen contra las mujeres a partir de las referencias que la cultura ha levantado como razones y justificaciones, es una de las conductas que explican a la perfección esta situación. 

La violencia en el ámbito de las relaciones de pareja se ejerce para que la mujer cumpla con los  parámetros que cada hombre que la ejerce ha tomado de la cultura, y de esta manera ser reconocido públicamente como un buen marido y padre, o lo que es lo mismo, como un buen hombre. Y cuando su estrategia de control falla o siente que su mujer no se ajusta a lo que se espera de ella, y él se siente cuestionado por la actitud “rebelde” y “provocadora” de la mujer, máxime si su decisión avanza hasta la separación, algunos de ellos las asesinan. Esa idea de reconocimiento público llega hasta la conducta asesina, hasta el punto de que la mayoría de estos asesinos rubrican su homicidio con una llamada a su reconocimiento como hombre “hecho y derecho” a través de la entrega voluntaria a la Policía o Guardia Civil (aproximadamente lo hace un 78%), o por medio del suicidio (un 17% de los homicidas por violencia de género se suicida tras matar a la mujer). Las dos conductas son característica del  denominado “crimen moral”, en los que los autores asumen lo realizado y están dispuestos a “pagar” su precio social, unos con la condena, otros con su vida, dependiendo de otras circunstancias individuales. Pero los dos reivindican su hombría con la conducta seguida.

Las imágenes que se han visto estos días sobre lo ocurrido en las fiestas de San Fermín, donde unas mujeres eran desnudadas y abusadas sexualmente por parte de una jauría machista son otro ejemplo de esa conducta que muchos hombres justifican en el grupo, y que presentan como refuerzo de la hombría de cada uno de ellos. Salvando las distancias y las circunstancias, no son tan diferentes a otras imágenes de hombres en un lapidación o en ejecutando a una mujer considerada adúltera. Es el grupo el que actúa, el “todos a una” bajo la idea de que es la voz de todos en defensa de su todo.

Pocos hombres se hubieran atrevido por sí solos a hacerlo uno a uno, pero todos juntos son algo más que la suma de los individuos que llegaron a la plaza. Y a partir de ese momento cada uno intenta ir un poco más lejos para contarlo y comentarlo cuando se reúnan. “Yo le he arrancado la camiseta”, “yo le he quitado el sujetador”, “yo le he roto el pantalón”, “yo le he tocado una teta”… cada uno contará su historia y todos se sentirán después un poco más hombres tras esa catarsis colectiva.

El componente cultural en esta conducta está en su repetición en diferentes lugares y fechas, en todos bajo el mismo patrón, y en la reacción que, ¡oh casualidad!, muchos  hombres han tenido tras lo ocurrido. Ninguno de ellos, de estos que se sienten “muchos y machos” ha cuestionado la agresión que esos hombres han llevado a cabo, todo lo contrario. Rápidamente han mostrado imágenes en las que en las que en circunstancias similares, pero no iguales, una mujer aparentemente consentía los tocamientos. Lo cual revela dos cosas, por una parte las trampas que la propia cultura machista coloca a las mujeres para que participen, actúen y se comporten del modo que los hombres quieren, y luego las culpabilicen por haberlo hecho, ya lo vimos en otro post sobre la provocación (http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/05/provocación.html). Y por otro lado, cómo para estos “muchos y machos” el consentimiento de las mujeres es algo intrascendente que no merece ser respetado, el famoso “las mujeres dicen no cuando quieren decir sí”, que traducido a la realidad significa, “si yo digo sí, da igual que la mujer diga no”.

Dos cuestiones para finalizar, la primera, ¿investigarán a partir las imágenes los posibles abusos sexuales que se hayan podido producir, como ocurre con otros teóricos delitos en los campos de fútbol o en las manifestaciones?. La segunda, ¿esa es la idea de hombres que defienden los posmachistas y las posmachistas, es ese el concepto de ser racional que manejan, esos son los que deben ser la referencia en la familia, en los consejos de administración, en la política…?

Yo soy hombre, mis hijos son hombres,  y respeto y quiero a los hombres, como respeto y quiero a las mujeres, de ahí que defienda la Igualdad, pero no me identifico con estos machos, por muchos que sean.

Tradición y traición

TRADICION-TRAICION
Con frecuencia, y a falta de verdaderas razones, la tradición ha sido la justificación utilizada para mantener lo inaceptable, de ahí que cuando se pone de manifiesto que tal o cual celebración o conducta es una barbaridad, siempre se recurre al argumento de, “es una tradición”.

Muchas veces el “siempre ha sido así” lo que en realidad demuestra es que “nunca debería haber sido de ese modo”.

Siendo obvio que venimos de un tiempo anterior y de unas costumbres que antecedieron a las actuales, no sólo en lo festivo y en las celebraciones, también, y fundamentalmente, en nuestra forma de organizarnos en la sociedad y de entender el papel de unos y otros, de hombres y mujeres, de adultos y niños, de gente del país y gente de fuera, con unas ideas y con ideas distintas, de un credo o de otro… sorprende que nos olvidemos de todo eso que ha existido antes, como si no influyera, y que sólo nos acordemos de la tradición cuando se produce un conflicto alrededor de hechos puntuales, y generalmente ajenos a la convivencia del día a día. Ha ocurrido ahora con el “toro de la Vega” o con los “bous al carrer” o con las corridas de toros, y sucedió antes con la “cabra arrojada desde un campanario”, con la “decapitación de aves y ardillas”, con la “caza del cochinillo engrasado”… Y por supuesto que son una tradición, por eso no tienen sentido cuando todo cambia menos la repetición desubicada del rito. Entonces no es tradición sino sentimentalismo, quizás algo de idealismo romántico, pero, sobre todo, crueldad. 

La tradición nos es la mera repetición de una conducta, significa mantener vivos unos valores que ayudan a reforzar elementos de identidad y convivencia en ese lugar. Y hoy la mayoría de las tradiciones festivas que conllevan maltrato y crueldad con animales lo único que hacen es dar un espectáculo de crueldad, que sólo refuerza la figura y los valores, como hemos visto entre sus protagonistas, de una masculinidad tradicional construida sobre la fuerza y la violencia.

Curiosamente, también se habla de valores tradicionales para defender la desigualdad entre hombres y mujeres, entre comunidades autónomas, entre países, entre creencias, entre ideas… y para reivindicar privilegios y abusar en su nombre del desigual-inferior. Incluso en los casos más graves, como ocurre con la violencia de género y la mutilación genital femenina, se ha invocado a la tradición y a la costumbre. El “siempre ha sido así” ha permitido jugar con el tiempo como aliado y con el silencio que rodeaba a la costumbre como cómplice, de ahí su permanencia. 

Por eso ha existido un control estrecho de las tradiciones, no sólo para mantenerlas en su sentido, sino para evitar que pierdan el significado y su manifestación aleccionadora. Y por ello se ha cuidado mucho, por ejemplo, que las mujeres no participen en esas esferas masculinas (desfile en Alardes, sociedades gastronómicas, festejos crueles con animales…), y menos aún que cambien su papel en el día a día, que resulta aún más grave y trascendente para "la tradición y los tradicionalistas".

La tradición también es traición. Es traición porque actúa contra la evolución del pueblo, contra el progreso y el desarrollo de la sociedad, porque impone una rigidez donde hay flexibilidad, y porque empuja a los hombres como autómatas a repetir lo que ya sólo es un rito sin sentido, y en muchos casos con crueldad y dolor.

El pasado no es incompatible con el presente cuando hay adaptación. El cambio, el avance, el progreso, el desarrollo, el dejar atrás lo que ya sólo es un lastre inhumano también es tradición, más que todo lo que permanece, pues si por algo nos caracterizamos los humanos es por la capacidad de superación basada en la razón, no en la fuerza.