Cuando de pronto se hace tarde

PRONTO TARDE-RELOJUn forense con frecuencia mira a la vida desde la muerte, la ve desde detrás cuando todo era ir hacia delante, desde ese “ya es tarde” que suena a lamentación y a excusa… por eso no termina de entender por qué la gente espera tanto para nada. Pero también ve que el problema no queda reducido a hechos puntales, de ahí que se sorprenda de que la vida se haya acostumbrado a pagar el precio de vivir con la calderilla de las muertes de otros, y de que todo ello se traduzca en la mentira de intentar hacer cambiar el pasado hablando de futuro.

El Gobierno del PP se caracteriza en muchas de sus decisiones por ese llegar tarde a la realidad y luego querer negarla sobre la culpa de unos pocos, en lugar de reconocerla e intentar cambiarla para todos. El problema de las élites es ese, considerar incapaces a quienes no han podido llegar hasta donde ellos, y al mismo tiempo, por si acaso, ponérselo difícil o impedírselo directamente, no vaya a ser que lo logren. 

Veamos algunos ejemplos: 

– El ministro más gallardo del Gobierno, Ruiz Gallardón, se encuentra con crímenes horrendos y en lugar de trabajar para prevenir el delito y los crímenes, ha decidido que unos pocos paguen mucho con el aumento de las penas. 

– El Ministro de Economía, Luís de Guindos, aplica la economía terminal de la austeridad y como no le salen las cuentas y el déficit no entra en razones, aplica la teoría de la oscuridad que rima con austeridad. De este modo nadie sabe si habrá rescate o no, y tampoco da a conocer del todo cómo serán las ayudas a los bancos. 

– La Ministra de Sanidad, Ana Mato, abandona a la sanidad pública, abandona a sus profesionales y, por tanto, abandona a las personas enfermas. Y cuando la salud se convierte en un problema recurre a empresas privadas que la gestionen "ante lo abandonado que está el sector"

– El Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, actúa de modo parecido, y como la amnistía fiscal no recauda lo previsto, congela pensiones y vidas sin que nadie lo esperara. 

– La Ministra de Trabajo, Fátima Báñez, también se encuentra de repente con que una reforma laboral que facilita el despido (¡oh sorpresa!) genera más paro. Ahora ya es tarde, pero aconseja emigrar. 

– El Ministro de Educación, José Ignacio Wert, hace una reforma a partir de unos supuestos que no son ciertos, como es todo lo relacionado con el bilingüismo, y aprovecha para llevar a cabo una contra-reforma sobre unos supuestos que son mentira, como es que la Educación para la Ciudadanía resta protagonismo a los padres, o que impone ideologías y valores ajenos a la convivencia. 

– Y como el problema no es de puestos ni posiciones, sino de ideas, el Ayuntamiento de Madrid con Ana Botella al frente, tras la tragedia del Madrid Arena impone las normas y requisitos que deberían haber sido respetadas con anterioridad. 

– También ha ocurrido con Díaz Ferrán, empresario de empresarios, modélico y ejemplar, que un día al abrir la puerta de sus Rolls Royce se dio cuenta de que era una calabaza, pero todos veían vestido al emperador desnudo. 

Cuando se toma lo frecuente y lo habitual por lo común, sin entender que lo común es lo de las personas y lo demás tan sólo circunstancias, y que personas hay muchas y muy diferentes, el resultado suele sorprender por imprevisto y por negativo. Entonces la política se convierte en el arte de gestionar los problemas, y sólo una pequeña parte de los esfuerzos se dirigen a promocionar la convivencia y lo de todos. Justo lo contrario a lo que debería ser. La democracia se hace con todas las personas y para toda la sociedad, no por unos pocos y para unos cuantos. 

El tiempo siempre avisa, casi todo lo que ocurre de repente obedece más a la ceguera de quien se encuentra de bruces con ello, que a la ausencia de signos e indicios que advertían que podía pasar. La inteligencia y la razón, no sólo las emociones, que tan de moda están ahora, deben guiar las decisiones políticas para prevenir muchos de los problemas y para anticiparnos a sus manifestaciones. Pero cuando la política está a lo suyo, cuando se mueven en clave interna, sin contar con la sociedad, y sólo busca vencer al otro con el titular de un diario o un informativo, sin ser conscientes de que nada de eso tiene trascendencia en la vida ciudadana, la realidad se convierte en un muro impenetrable e infranqueable en el que todo acaba por terminar.

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Monstruo


MONSTRUO-1Un monstruo es un ser cruel y perverso
que actúa contra el orden de la naturaleza. José Bretón es un monstruo, si nos atenemos a los indicios que se han conocido sobre la desaparición y muerte de sus hijos. Pero es mucho más que un monstruo, y también mucho menos. 

Es mucho más porque habitualmente la monstruosidad se identifica con lo anormal, con la coincidencia de una serie de características que forman el conjunto de ese ser monstruoso y, por tanto, como alguien limitado a una serie de circunstancias alrededor de una conducta. La monstruosidad de José Bretón no ha estado sólo en los asesinatos que presuntamente ha llevado a cabo, sino en utilizar los elementos que la cultura levanta y luego muchos repiten para llegar hasta esa última acción que hace olvidar todo lo que la ha antecedido. De esta forma, con la normalidad como argumento, ha ido más lejos y ha montado toda una estrategia que le permite superar el hecho concreto, y darle un significado a partir de las ideas y decisiones. Así, lo que podría haber sido una conducta criminal aislada se convierte en una escenificación de sus ideas. 

Y también es mucho menos que un monstruo, porque lo que lo define y caracteriza no es la crueldad de un momento o la perversidad de una acción, sino la maldad entre buscada en esa normalidad. 

Considerarlo un monstruo, sin más, es una forma de tranquilizarse, pues exige dos condiciones. Por un lado, la reunión de requisitos particulares y, de alguna manera, excepcionales que, por tanto, están ausentes en la mayoría de los hombres. Y por otro lado, saber que reúne esos requisitos, es decir, conocer que es él el autor de la crueldad y, en consecuencia, tenerlo detenido y retenido para que no vuelva a actuar. Como observamos, es un monstruo porque su crueldad obedece a unas características elementales, y porque está en una jaula para que todos podamos ver lo malo que es. Y todo ello genera tranquilidad en la doble circunstancia: por estar enjaulado y porque no hay otros hombres como él. Esta tranquilidad es la que desvía la mirada de los factores comunes a otros casos, la que olvida que se ha producido en un contexto de violencia de género, y la que impide identificar factores de riesgo que puedan ser utilizados para prevenir futuros casos.


MONSTRUO-2Y me sorprende esta actitud porque es muy habitual ante hombres violentos que actúan contra sus parejas y contra sus hijos de forma especialmente grave. Estos hombres rápidamente son calificados como monstruos, calificativo excluyente para quien no comparta los requisitos exigidos, y genérico, en cuanto que se puede aplicar a estos agresores o a cualquier otro criminal (terrorista, pedófilo, narcotraficante…). Ocurrió, por ejemplo, con Josef Fritzl, el llamado “monstruo de Austria”, que secuestró y violó a su hija durante 24 años, llegando a tener siete hijos-nietos, o con el colombiano Luís Alberto Garavito, el “monstruo de Génova”, que mató a 147 niños. Y ha vuelto a ocurrir con José Bretón. 

MONSTRUO-3-VNSin embargo, de ahí mi sorpresa, cuando es una mujer la que actúa de forma similar y mata a su pareja o a sus hijos, aunque no sea de forma especialmente violenta, no se la llama con un adjetivo ni un sustantivo que reúna esa doble condición de excepcionalidad y de ser una denominación genérica e inespecífica, sino que habitualmente se hace con palabras que definen conductas vinculadas sólo a las mujeres o que implican una sanción formal. Así, es habitual llamar “viuda negra” a la mujer que mata a su pareja, como ocurrió en el caso de la española Estíbaliz Carranza, también conocida como la “heladera asesina” o la “baronesa de hielo”, que mató a dos maridos en Austria. Y a la mujer que mata a sus hijos se la denomina "parricida", añadiendo a continuación el nombre del lugar donde comete el crimen, como la “parricida de Santomera” (2009) o “la parricida de Lloret de Mar” (2010). Y aunque esta denominación haga referencia a una situación genérica, indica una calificación formal y jurídica, que muestra el rechazo y la sanción sin apelativos ni espacio para atenuantes. 
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La sorpresa aumenta al comprobar que conductas más infrecuentes, como son las que hacen referencia a la violencia que ejercen las mujeres, tienen un nombre propio y específico basado en su condición de mujeres (viudas negras), o formal (parricidas), mientras que las conductas de los hombres, más frecuentes y habituales, o no alcanzan calificación alguna o se muestran acompañadas de excepcionalidad y de forma genérica…  

Justo igual que el monstruo del lago Ness, excepcional y un monstruo como todos los monstruos. 

Algo deberíamos aprender de todo esto.