Machismo hinchable

muneca-hinchable-chileEl machismo se infla y se desinfla según la ocasión, de esa manera se puede llevar de un lado para otro y utilizar en diferentes contextos sin generar excesivos problemas. El ejemplo más reciente lo tenemos en lo sucedido el pasado 13 de diciembre en la cena de la “Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, cuando su presidente, Roberto Fantuzzi, regaló una muñeca hinchable al Ministro de Economía de Chile, Luis Felipe Céspedes, como idea para estimular la economía.

El machismo presente en esos hechos sólo es la culminación de la decisión tomada por las mentes henchidas de machismo que primero tuvieron la idea, y después mandaron comprar la muñeca, la inflaron con su aire lleno de C02, la llevaron a la cena, la escondieron hasta el final, y a los postres, como si se tratara de una dulce decisión, se la entregaron entre risas al Ministro junto a una serie de complementos muy acordes con la muñeca protagonista.

Reconozco que al ver la foto del momento en los medios junto a las referencias al Presidente de la “ASEXMA”, al no conocer con anterioridad la organización, lo primero que pensé por las siglas es que se trataba del Presidente de la “Asociación de Sexistas y Machistas”, después comprobé que no era así, lo cual me sorprendió más aún.

Todos los hombres que participaron del momento con la idea, la conducta, la actitud y las risas que inflaron el ambiente de machismo, luego se desinflaron con las típica falsedad de las palabras impuestas que hicieron referencia a las “disculpas”, al “error”, a la “intrascendencia de los hechos”… toda una serie de frases hechas para quitarle importancia a lo ocurrido sin cuestionar las razones y circunstancias que llevaron a que sucediera. Ya nadie recuerda ninguna de esas frases, pero todo el mundo guarda la imagen de una muñeca hinchable en manos de un Ministro sonriente como argumento para estimular la economía.

¿Creen ustedes que esos mismos hombres están ahora hablando en privado de su error y su equivocación, o más bien estarán haciendo bromas y risas sobre su “genial idea de regalar la muñeca”, al tiempo de criticar el “feminazismo” existente que no admite ni una simple broma?.

La conducta del Presidente de ASEXMA (“Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, para evitar confusiones), refleja la idea de que la economía es “cosa de hombres” y que, por tanto, son los hombres los señores de la economía, de ahí el tipo de “estímulos” que consideran oportunos para levantar la economía y lo que haga falta. Por eso no es casualidad que Joan Rosell, Presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), dijera hace unas semanas que “la incorporación de las mujeres al mercado laboral era un problema”, dando a entender que, de algún modo, llegan para “quitarle” el trabajo a los hombres.

No debemos caer en la trampa de darle más credibilidad a la palabra forzada de las excusas que a los hechos consecuentes con todas las conductas y decisiones que se toman a diario en nombre del machismo en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, uno de los más importantes, sin duda, el de la economía. Quienes consideran que una “muñeca hinchable” es una buena forma de representar el estímulo que necesita la economía de un país, son los mismos hombres que dirigen una economía donde las mujeres apenas están representadas en los puestos de dirección de las empresas, y en la que, por el contrario, están sobrerrepresentadas en el desempleo, en las reducciones de jornada para el cuidado de hijos, hijas y familiares, en la precariedad laboral… Una economía en la que para acceder muchas de ellas tienen que sufrir toda una serie de insinuaciones y cuestionamientos sobre si tienen novio, si están casadas o si piensan tener hijos; y todo para llegar a un ambiente laboral en el que sufren acoso sexual y de otros muchos tipos, y en el que, cuando logran permanecer, cobran menos que los hombres por realizar el mismo trabajo como reflejo de la desigualdad y la discriminación que existe en la sociedad.

Todo eso es el machismo, no sólo la muñeca hinchable del Presidente de ASEXMA, (insisto, “Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, no “Asociación de Sexistas y Machistas”). Hoy el machismo se ha adaptado a los tiempos para conseguir mantener la estructura de poder jerarquizada sobre la referencia de los hombres sin necesidad de prohibir, limitar o impedir de manera directa el acceso de las mujeres a los espacios públicos que antes sí les estaban vedados bajo argumentos de todo tipo, desde el de la “incapacidad” al de la “falta de una experiencia y formación” que les eran negadas previamente, pasando por la necesaria autorización del marido o el control social que las criticaba por trabajar y abandonar la familia para ello.

El posmachismo, que es la nueva estrategia del machismo, juega con todas esas referencias de la normalidad para mantener el machismo, y criticar sólo los excesos que superan un determinado umbral considerado como inaceptable por la sociedad, pero sin cuestionar todo lo que sucede por debajo del mismo. Es lo que ha ocurrido ahora con la muñeca hinchable de ASEXMA, que ha recibido las críticas por “inaceptable”, pero al mismo tiempo se mantiene sin cuestionar todo el machismo que hay en la empresas y en la economía. Es lo mismo que sucede con la violencia que sufren las mujeres, que sólo se cuestionan las agresiones graves o los feminicidios, sin levantar una crítica sobre los miles de casos de maltrato que se producen cada día, ni sobre el machismo que los alimenta a todos ellos.

Al final la realidad permanece indemne y el machismo se infla y se desinfla según la ocasión, pero nunca desaparece. No tiene sentido que una sociedad critique la escena de la muñeca hinchable y no cuestione la estructura de una economía en la que las mujeres sufren la brecha salarial, la precariedad, la exclusión, el abuso, el acoso… La escena de la muñeca hinchable es inaceptable, pero más aún lo es toda la discriminación que sufren las mujeres en el mercado laboral y en la sociedad.

Todo forma parte de la desigualdad social construida por la cultura machista, y la casualidad no es inocente. ¿Ustedes creen que Roberto Fantuzzi, presidente de ASEXMA, habría sido capaz de regalar al Ministro de Economía un muñeco de piel negra para justificar la necesidad de un régimen similar al de la esclavitud o la explotación laboral con vistas a estimular la economía? No se habría atrevido a hacerlo, y si lo hubiera hecho, ni el Ministro ni ninguno de los presentes se habría reído con la broma. Es más, seguro que ya se habrían producido consecuencias graves sobre los responsables por haberla llevado a cabo.

Lo terrible del episodio de la muñeca hinchable es que es la expresión de la nueva etapa que ha inaugurado Donald Trump con su “machismo exhibicionista”y que ahora vamos a ver con mucha más frecuencia en forma de episodios de machismo inflado y explícito, algo que un tiempo atrás no se atrevían a hacer.

Y el problema no está en esas escenas, sino en lo que reflejan, en todas las ideas y valores machistas que seguirán utilizando la economía, la educación, las creencias, las costumbres, la tradición… para mantener la desigualdad y su injusticia social como parte de una normalidad que se entiende necesaria para la convivencia.

Por eso el compromiso debe ser trabajar para erradicar el machismo, no sólo algunas de sus expresiones. La crítica al machismo y a los machistas no es opción, es razón.

 

El “señoritismo”

SANTOS INOCENTESCon frecuencia se habla de “populismo”, pero nunca de “señoritismo”. 

Definir la realidad según la interpreta quien ocupa las posiciones de poder permite describirla de manera interesada a sus necesidades y conveniencia, y de ese modo perpetuar la desigualdad y las ventajas que les proporciona. El resultado es muy variado y diverso, lo hemos visto, entre otros escenarios, en las pasadas elecciones.

Durante este tiempo hemos oído calificar de “populismo” todas aquellas propuestas que tienen un impacto directo, casi inmediato, sobre cuestiones y problemas que afectan a quienes cuentan con menos recursos y oportunidades para afrontarlos, especialmente si la propuesta, además, impacta en quienes ocupan las posiciones de poder y reconocimiento en nuestra sociedad. El mensaje que se manda con esa consideración “populista” suele ser doble: por un lado la imposibilidad de llevarla a cabo, y por otro la inconveniencia o inoportunidad de hacerlo, dadas las consecuencias negativas que tendría para el “sistema”.

De este modo la crítica es doble, por una parte sobre su mentira, y por otra sobre el hipotético daño que ocasionaría en caso de que se pudiera realizar, de ahí que la consecuencia inmediata sea presentar al populista como “mentiroso y peligroso”. A partir de ese momento ya no hace falta ningún otro argumento, se desacredita a la fuente por “populista” y se evita tener que contra-argumentar sobre lo propuesto, o tener que plantear iniciativas que resulten más prácticas o interesantes para la sociedad. Y quien actúa de ese modo es, precisamente, quien dispone de más medios y recursos para sacar adelante múltiples iniciativas para abordar las cuestiones que intentan resolver las propuestas consideradas “populistas”.

El populismo queda de ese modo identificado como el espacio al que recurren quienes no tienen la capacidad, la preparación o la responsabilidad para actuar con “sentido de Estado” y en nombre del “bien común”, y sólo lo harán en busca del interés personal, incluso sin importarle destruir el Estado si fuera necesario. El populismo, por tanto, no es sólo la propuesta puntual, sino que además se convierte en el espacio donde situar cualquier medida que actúe contra el orden social establecido sobre las referencias de una cultura desigual, machista y estructurada sobre referencias de poder levantadas a partir de determinadas, ideas, valores y creencias.

Nadie cuestiona ese orden dado como un contexto interesado que carga de significado a la realidad, cuando en verdad actúa de modo similar al espacio considerado como “populismo”, pero a partir de las ideas, valores, objetivos e intereses de quienes han tenido la posibilidad de decidir en su nombre qué era lo que más interesaba al conjunto de la sociedad, haciendo de sus posiciones la “normalidad” a través de la cultura. Y del mismo modo que se ha identificado con “lo del pueblo” aquello que de alguna manera se considera contrario al orden establecido, hasta el punto de considerarlo “populismo”, deberíamos aceptar como “señoritismo” el espacio y las referencias dadas en nombre de la cultura jerarquizada y desigual que define posiciones de poder sobre el sexo, las ideas, la diversidad sexual, el grupo étnico, las creencias, el origen, la diversidad funcional… Un “señoritismo” que juega con una imagen opuesta al “populismo” al presentar sus iniciativas como las únicas capaces de resolver los problemas, por ser propuestas y desarrolladas por personas preparadas y responsables. De ese modo se defiende la élite operativa y la esencia ideológica.

Las consecuencias son muy amplias y diversas, puesto que hablamos de la normalidad y la cultura, pero centrándonos en lo ocurrido en las elecciones, no sólo en estas últimas del 26J, pero sí sobre algunas de las cuestiones que se han planteado tras sus resultados, podemos ver cómo actúa el juego entre “populismo” y “señoritismo”.

Subir los impuestos a quienes más tienen y se aprovechan de la legislación para cotizar menos, cuestionar la precariedad laboral, pedir una educación y una sanidad públicas y de calidad, hablar de dependencia, exigir medidas contra la violencia de género, reclamar medios contra la corrupción… todo eso es populismo. En cambio, mantener un sistema fiscal que ahoga a clases medias y bajas, facilitar el desarrollo de la sanidad y la educación privada, incluso con segregación en las aulas, olvidarse de las personas mayores y dependientes más allá de la caridad, recortar los recursos para erradicar la violencia de género, permitir que la corrupción se resuelva por medio del olvido… todo ello no se considera “señoritismo”, aunque es reflejo de ese orden de ideas y valores en armonía con la parte conservadora que la propia cultura defiende como esencia de presencia y continuidad.

Y no sólo es que las políticas conservadoras y tradicionales no se ven como algo ajeno a la propia normalidad y cultura, sino que, además, cuando son descubiertas como algo contrario al interés común y cuando sus resultados son objetivamente negativos, la posición de quien las lleva a cabo y el significado que se les da no adquiere el nivel de rechazo y exigencia de responsabilidad, por haber sido realizadas por quienes tienen una cierta legitimidad para actuar de ese modo, y porque quedar integradas dentro de otras medidas y políticas que presentan como positivas para la sociedad y el sistema.

El ejemplo de esta situación lo tenemos en lo que ocurre cada día en muchos pueblos. Cuando el “señorito del pueblo” o un empresario se levanta a las 12 del mediodía y se va directamente a tomarse un vino al bar de la plaza del pueblo, nadie lo cuestiona porque se entiende que esa conducta forma parte de su condición, algo que no aceptarían en un trabajador. Algo parecido sucede, por ejemplo, ante las críticas a algún mensaje lanzado por representantes de la Iglesia (rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo, propuestas de salud sexual y reproductiva, impuestos que no paga…), que se consideran como un ataque a la libertad religiosa, pero cuando desde la Iglesia se cuestiona la política y se llama a la desobediencia civil a las leyes de Igualdad, se dice que es libertad de expresión.

Cada cosa tiene un significado diferente dependiendo de lo que afecte al modelo pero, además, si las propuestas coinciden con él son consideradas propias y adecuadas, y por tanto, no cuestionables ni motivo para exigir responsabilidad a quien las haga por entenderlas como parte de ese contexto de “señoritismo”.

Y no es que se acepte el resultado negativo cuando se produce, pero no se entiende con la suficiente entidad como para cuestionar al contexto o al partido político que la lleva a cabo. Es lo que hemos visto con los casos de corrupción en el PP, que no les pasa factura electoral por entender que son “cosas que suceden donde se mueve mucho dinero” y que “no es un problema del modelo de organización, aunque haya sido permisivo y ausente, sino de unos pocos que lo han traicionado”.

Esa valoración y justificación es imposible en otros partidos y contextos en los que los casos de corrupción no forman parte de las posibilidades que les otorga el reconocimiento de su normalidad. Es lo del señorito del pueblo y el trabajador, si un trabajador se levanta a las 12 y se va al bar de la plaza a tomarse un vino es considerado un gandul o un borracho, algo que nunca se dirá del señorito.

¿Alguien ha hablado en esta legislatura de los coches oficiales, del número de asesores de Moncloa, del inglés de Rajoy, de la ropa o las parejas de las ministras del Gobierno, de las colocaciones de los ex-ministros, como por ejemplo Wert en Paris…? Todo eso forma parte del “señoritismo”, y mientras no se modifiquen las referencias de una cultura desigual y machista, una gran parte de la sociedad siempre será condescendiente con el poderoso, con sus ideas, valores y creencias que configuran el “señoritismo”.

 

Caos y orden

CAOS Y ORDEN-FEl poder es falaz y siempre juega a la confusión para sacar beneficio de las “aguas revueltas” de la realidad. El poder se presenta como orden y el orden como previsible, y esa previsión le otorga credibilidad a quien lo plantea… Todo sucede tal y como está previsto, y todo el mundo ocupa el lugar que le corresponde en la estructura diseñada por el poder para llevar a cabo las funciones asignadas. Esta misma organización ya nos indica que el poder parte del “a priori” y el convencimiento de que no todo el mundo puede hacer todo, y que aquellos que hacen algo, no lo pueden realizar en cualquier lugar y circunstancia. Y no pueden porque el poder se basa en que hay capacidades vinculadas a la condición de las personas que él luego gestiona a través de las casillas del tiempo y de los espacios. Pero el poder no puede presentarse con ese argumento ni reivindicando el logro del orden que exige, si lo hiciera se mostraría a sí mismo como un fracaso, pues la propia diversidad y pluralidad de opciones de esta época “post e intra-globalización”, demostrarían su ineficacia ante el “desorden funcional” existente. El poder hoy es “promesa de orden”, no orden en sí mismo. El poder se presenta hoy con el argumento de que sólo desde las posiciones respaldadas por la tradición y los valores conservadores de la derecha se puede alcanzar el orden necesario para convivir, y que dicha convivencia sólo se puede garantizar según su modelo. Por eso el poder se reafirma en la idea de, “o yo el caos”. En todo este juego, hay dos cuestiones importantes:

  1. El poder juega con ventaja al partir de la idea de orden construida sobre el modelo conservador que ya está instaurado en lo funcional (convivencia, tipo de relaciones, jerarquías, valores, roles, espacios…) De manera que el peso de la historia se presenta como argumento de veracidad y evidencia de eficacia, afirmando que “si hemos llegado hasta aquí con ese modelo, el modelo funciona”. De ese modo, la realidad refuerza su estructura y descarta cualquier otra alternativa, que es presentada como un caos y un viaje a lo desconocido.
  2. Al contrario de lo que pueda parecer, al poder y a la derecha ejecutora del mismo le interesa el caos, no el orden. Si el poder es hoy “promesa de orden”, dado que el orden que venden es imposible, cuanto más caos, más necesidad de que actúe el poder y sus instrumentos conservadores para caminar hacia el orden prometido.

Estas dos cuestiones hacen que el poder ejecutor en la política y en lo social sea fluctuante, necesita ceder para luego recuperar más; no es un error, sino parte de su estrategia. Ya no es posible un poder continuado como ocurría con las dictaduras o con las sociedades democráticas desinformadas, aunque aún se intente jugar con estos dos elementos para acaparar más poder funcional. El juego democrático lleva a la fluctuación y a la cesión, algo que es asumido y forma parte de la táctica que lleva a que a la larga siempre gane; es como en la bolsa, los valores de las grandes empresas unos días suben otros bajan, pero al final el balance de resultados siempre arroja beneficios. El verdadero poder, ese poder abstracto, no está en las personas, en los bancos, en las empresas, y menos aún en los gobiernos. El poder abstracto es el sistema que permite que todo suceda de modo que resulte beneficiado quien forma parte del ejercicio político y social que reproduce sus valores, ideas, creencias… consiguiendo de ese modo reducir todo lo posible a una única opción. Y ese sistema de poder abstracto se está adaptando a las nuevas circunstancias. Ahora juega con los acontecimientos que él ha provocado para controlar a las propias democracias con estructuras supranacionales e instrumentos económicos y financieros que escapan a los controles establecidos. Todo ello le permite agitar la realidad y generar un “caos controlado” para que no se le vaya de las manos, y para que la opción siempre sea volver a la mano del poder, no agarrarse definitivamente a ella. Eso no interesa. La situación se ha potenciado en estos últimos tiempos debido a varias razones, entre ellas tenemos:

  • El mecanismo de agitación utilizado en esta última fase, la llamada “crisis económica”, ha impactado sobre cuestiones esenciales de la vida y sobre la dignidad de las personas, lo cual ha generado miedo en una parte de la sociedad, pero también un rechazo de la injusticia social que hay detrás.
  • Existe una mayor conciencia crítica por parte de la sociedad sobre los problemas existentes y su significado.
  • Tenemos una mayor diversidad y pluralidad social, circunstancia que dificulta que un modelo de valores sea aceptado como único e incuestionable.
  • Hay un mayor conocimiento sobre posibles alternativas.
  • Todo ello ha llevado a un cuestionamiento de la esencia del propio poder y de la injusticia que genera, no sólo de las formas, los tiempos y los espacios, como ocurría antes. Para una parte significativa de la sociedad hoy es más importante salir de ese modelo que continuar en él, y no lo vive tanto desde el punto de vista del resultado en lo material, sino como posición ética.

Ante estas circunstancias críticas con el poder, él lo tiene fácil: Generar más caos y amplificar su significado a través del miedo, para hacer que su “promesa de orden” sea más querida y seguida. Está ocurriendo con Grecia y la UE, pero también en España tras los resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas. La cesión del poder tradicional que se ha conseguido no se puede entender como una victoria de la izquierda ni como alternativa alguna, si no se fundamenta en un modelo de sociedad diferente, más allá de las propuestas urgentes que se hagan, por muy “revolucionarias y radicales” que sean, y por muchos cambios que se produzcan en las formas de ejercer la política. El poder conservador de la derecha es adaptativo, hará lo que tenga que hacer para seguir igual. Su poder no está en las corbatas ni viaja en los coches oficiales, los símbolos son importantes, pero el cambio de rito no cambia el mito… Sobre todo cuando comprobamos que quien más está renunciando a su esencia y símbolos es la propia alternativa de la izquierda. La izquierda tiene que dejar de ser sólo reactiva y pasar a ser más proactiva. Es la forma de alcanzar un nuevo orden social que no llame caos a la diversidad y a la pluralidad, y que radique en las personas, no en determinados partidos políticos.

PIB, Putas y Ladrones

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Me van a perdonar la expresión, pero ahora resulta que el PIB, o sea, el “Producto Interior Bruto”, esa referencia que nos dice cuánto valemos económicamente, está relacionado con ciertas actividades al margen de la legalidad, y no sólo con la formalidad de los contratos. Por lo que se ve, parece que el PIB se puede interpretar bajo dos referencias: como ese “Producto Interior Bruto” de la economía,  y como la “Brutalidad Interior de un País”, recogida sobre la referencia de la prostitución y determinadas formas de delincuencia que giran alrededor del tráfico de drogas, también el de personas para alimentar a la primera, y el contrabando.

Da la sensación que para algunos el “bienestar” significa “estar bien”; y qué mejor para “estar bien”, deben pensar desde esos planteamientos, que estar en los brazos de una meretriz y bajo los efectos placenteros de alguna sustancia cautivadora… Puede parecer una broma, pero el planteamiento es bastante  peligroso por su significado y por sus consecuencias. Pues bajo la idea de que “todo suma” se llega a la conclusión de que “todo vale”, y así pasamos de un “Estado del bienestar” a un “Estado de beneficencia” donde sólo pueden los que tienen, y a los que no tienen se les deriva a la caridad y a la ilegalidad, y de ese manera hacerlos más culpables.

Un país debería avergonzarse de su delincuencia y de la prostitución alimentada a través de la trata de mujeres explotadas laboral y sexualmente, no presumir de ellas. Sabíamos que las mafias internacionales y la criminalidad organizada estaban cambiando el tráfico de armas por el tráfico de drogas y personas, pero no pensábamos que se llegaría hasta este punto.

Y no sorprende que haya ocurrido cuando la crisis económica propiciada por un capitalismo depredador y agotado en su imaginación financiera, ha hecho que el negocio se vuelva sobre las propias personas para intentar arrebatarles parte de su dignidad y hacerlas así más sumisas. Hombres y mujeres han tenido que ceder en todo (en salud, educación, trabajo, dependencia, bienestar, sentimientos, tierra, tiempo, autoestima…) para continuar en la nada más fría y profunda. En ese pozo que han vuelto a cavar en la historia para ocultar el daño y los abusos, y de esa manera responsabilizar de su destino a las propias víctimas por medio de la invisibilidad y la negación; es lo que sucede con el franquismo, lo que afirman los terroristas sobre sus “objetivos”, o como responde una parte de la sociedad cuando se enfrenta a la violencia de género.

Quien tiene el poder tiene “su solución”, y parte de esa solución pasa por culpar a las propias víctimas (del franquismo, del terrorismo, de la violencia de género… o de lo que sea, basta con que la agresión parte de una posición de poder). Por eso necesitan los pozos y las fosas, porque en ellos entierran la realidad y a las personas bajo las condiciones impuestas, y porque de ellos desentierran la amenaza y los miedos de siempre; unos miedos que pasan por la jerarquía, las clases, la desigualdad, y el destino como castigo.

Y por ello la historia se repite, porque no cambia, sólo aguarda su oportunidad para reaparecer. No es casualidad que sea en épocas de crisis cuando surgen esos fantasmas que la cultura, sus ideas tradicionales y valores sempiternos, guardan en la estantería de la necesidad hasta que entienden que hacen falta de nuevo.

El ejemplo lo tenemos en lo que está ocurriendo.

Los mensajes que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida vuelven a cobrar actualidad, pero ahora suman en el PIB. Siempre hemos oído a hombres decir, “si le falta para comer a mis hijos, yo me pongo a robar”, y con ello nos enseñaban a ser hombres bajo esos valores y conductas. Pero también hemos oído la versión en femenino, que no iba de robos, precisamente… “si le falta comida a mis hijos, yo me meto a puta”, mostrando el camino de lo que una “buena mujer” debe hacer por sus hijos en caso de necesidad.

Las mujeres no deben robar ni los hombres prostituirse, entre otras cosas porque unas y otros no lo tendrían fácil. Las mujeres como ladronas se encontrarían con hombres que defenderían con fuerza y violencia lo suyo, tal y como les han enseñado; y los hombres como gigolós no tendrían tanta clientela en una cultura que juega con los espacios, los tiempos y los significados de las cosas y conductas.

Ahora vemos que el Estado no es inocente en todo esto tampoco. No lo es por promover esas conductas, ideas y decisiones, al construir y alimentar una cultura de desigualdad donde los roles de hombres y mujeres vienen condicionados por identidades construidas sobre los valores del androcentrismo, y donde los caminos están perfectamente dibujados para unos y para otras, incluso en los casos más graves de necesidad que surgen de las crisis. Y no es inocente tampoco, por ser receptor y beneficiario de esas actividades que suceden al margen de lo que debe ser la convivencia en igualdad, libertad y dignidad.

Y parece que el Estado “no lo hace mal del todo” cuando en la Memoria de la Fiscalía General de 2012, los robos con violencia e intimidación han aumentado un 14’5%, y los robos con fuerza en casas habitadas se han incrementado un 19’1%. Por su parte, las Organizaciones de Mujeres que trabajan en los entornos de la prostitución informan que hay más prostitutas, que cada vez son más jóvenes, y que cada vez hay más mujeres explotadas víctimas de trata entre ellas.

No es extraño que todo esto se traduzca en “producto interior bruto”, pues en definitiva representa la brutalidad que habita el interior de una sociedad producto de la cultura machista.

La suma de todos los miedos

SUMA TODOS MIEDOS
Europa se ha convertido en un lugar donde guardar todos los miedos que nos acompañan
como sombras que proyecta la realidad, una especie de casa encantada (encantada de conocerse a sí misma), donde los temores que la habitan nos hacen mirar por las ventanas para averiguar de dónde vienen los ruidos que se escuchan, cuando en verdad suenan en su interior.

Europa tiene miedo a dejar de ser Europa, pero tiene aún más miedo a serlo de verdad, por eso se ha convertido en una especie de confesionario donde cada uno va a contar aquello que es incapaz de decir en su país, o a pedir súplica por lo que ha hecho mal a la espera de encontrar el perdón de los sumos sacerdotes y sacerdotisas. De este modo la penitencia de los recortes no será excesiva, y el pecado de lo que la religión de la austeridad considera que es “vivir por encima de las posibilidades”, se puede redimir.

Quizás por ello Europa aún no ha sido capaz de salir de esa isla donde la trasladó el dios Zeus cuando la secuestró, y cree que puede hacerlo aumentando el territorio país a país para hacer de la isla un continente, sin dotar de un significado ni de elementos comunes su interior. Pero ese es su error. Europa es más un contenido que un continente, por eso será igual de pequeña aunque aumente el número de Estados Miembros de la Unión, como sigue siendo pequeño un bonsái con independencia de que el macetero que lo contiene sea cada vez más grande.

Europa sigue secuestrada por Europa, y lo curioso es que pide como rescate a la propia Europa… No se da cuenta de que quienes están llegando ahora a su interior no son los acompañantes ni la bella dama que situó la mitología griega en la isla de Creta, sino troyanos de la ultraderecha que crece en al ambiente oscuro y húmedo de la incertidumbre, la frustración, la impotencia, la indignación… para habitar el miedo original que acompaña a la idea de Europa.

Da la sensación de que más que un proyecto común, una referencia hacia la que confluir y unos elementos que compartir, la Unión Europea se creó con el miedo de quienes sentían sus economías amenazadas por grandes potencias y monedas lejanas, y que es ese miedo el principal factor que ha influido en su configuración y desarrollo. Por eso se han ido sumando países bajo criterios exclusivamente económicos, nada de políticas y derechos, de eso siempre habrá tiempo para no hacer lo suficiente. Y hoy, 57 años después de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), y 22 de Maastricht, esos elementos que llevaron a la decisión de unir las fronteras de los países que fueron el germen de la Unión Europea, continúan bajo las mismas referencias: el miedo y el mercado. 

La diferencia después de este tiempo es que hoy el miedo está dentro del Parlamento de la Unión, representado por los anti-europeístas y euroescépticos, y que el mercado se ha transformado en un mercadeo en el que lo que se compra y se vende son los propios Estados Miembros.

En 1992 Tom Clancy publicó su novela “La suma de todos los miedos”. El 24 de agosto de ese mismo año tuve la oportunidad de hablar con él en la Academia del FBI en Quantico, donde fue a dar una conferencia, y donde yo me encontraba desarrollando un proyecto de investigación. Tras la charla me firmó el libro y compartimos algunas palabras, me dijo que el miedo siempre se suma para restar capacidades y oportunidades…

Sólo hay que ver el resultado de las recientes elecciones al Parlamento Europeo para darnos cuenta de que aún no hemos superado el miedo inicial, ni lo haremos mientras dejemos que continúe siendo el miedo una de las referencias para decidir; y mientras los grandes partidos se asusten más de la Igualdad que de la violencia, la homofobia, el racismo, la xenofobia… y tantos otros males de nuestro tiempo que anidan allí donde el miedo llama al odio.

Se equivocan de “enemigos” y de estrategia. Los partidos van a Europa hablando de la política nacional, y luego, cuando ya todo está decidido, regresan a lo nacional hablando de Europa.

Mientras no cambiemos de perspectiva, Europa seguirá siendo una excusa y un problema, en lugar de una razón y una solución. Y eso exige entender a Europa como un contenido, ver el contenido como las personas que la habitan, y el proyecto común como la convivencia sobre unas mismas referencias que nos enriquezcan desde la diversidad y la diferencia, y nos hagan crecer, no sólo ganar.

Y para alcanzar esa meta, la pregunta que debemos hacernos no es “cuánta Europa queremos”, sino “qué Europa queremos”. Una vez que hayamos respondido a esa cuestión, lo demás será sencillo.

El universo contractivo de la Justicia

UNIVERSO JUSTICIA
El pasado martes (11-2-14) vivimos en nuestro Parlamento un ejemplo de lo que podríamos considerar el “universo de la justicia”, un universo que al igual que el espacio sideral está en movimiento, si bien en sentido contrario. Y mientras nuestras galaxias se expanden, el universo de la Justicia se contrae y empequeñece.

Por un lado asistimos a la limitación de la “Justicia Universal”, o lo que es lo mismo, a la imposición de criterios particulares para impedir que la Justicia prevalezca, y por otro, a la imposición de un criterio personal sobre la conciencia de muchos diputados y diputadas que habían manifestado sus críticas, y hasta rechazo, a la reforma del aborto planteada por el Ministro Gallardón, refrendada después por Rajoy y su Gobierno, y respaldada ahora por todo el PP. 

En los dos casos se pone de manifiesto una instrumentalización de la Justicia para defender aquello que se considera importante, no para la sociedad, sino para una parte de ella que obtiene beneficios a través de estas imposiciones. En definitiva, lo que se ha hecho es, por un lado, dar libertad a los criminales, y por otro, limitar los derechos de las personas para ejercer su libertad en un marco de convivencia plural y diverso, e imponer unos límites a esa convivencia en nombre de una unas ideas, de una moral y de unas creencias que son muy respetables, pero que no pueden obligar a quien no las comparta.

Las consecuencias de estas decisiones no se reducen sólo al hecho en sí de la restricción, sino que con ellas se producen injusticias difícilmente aceptables y asumibles en una democracia y en un universo social que pretende girar alrededor de los Derechos Humanos. No hablamos de situaciones futuribles y abstractas, sino de realidades concretas que llevan a que sus consecuencias sean inmediatas. En el caso de la limitación de la Justicia Universal se facilita que los crímenes contra la humanidad no se investiguen y que, por tanto, sus autores utilicen la Justicia para defender su impunidad. Y la reforma del aborto conlleva que las mujeres queden reducidas a una especie de “electrodomésticos” obligándolas a ser madres en contra de su voluntad, como si una consecuencia tan trascendente pudiera imponerse sin contar con su decisión.

Quien entiende que el universo es un error porque gira alrededor del sol, no de su propio planeta moral e ideológico, como cree que debería ser, todo lo ve desde esa distancia que pone colores a los planetas (azul la Tierra, rojo Marte, rayado Júpiter, Venus blanco…) y que impide mirar a los ojos de quien convive a su lado. Lo único que pretende es inclinar todavía más el eje de rotación hacia su parte para sacar aún  más ventaja de su poder.

Pero cometen un pequeño error.  Olvidan que ha sido el ideal de justicia el que ha movido la expansión de lo humano dentro de la humanidad, el que ha hecho el planeta más habitable, el que ha borrado fronteras y derribado dictaduras… Un ideal al que no renunciará nunca nuestra especie ni nuestras sociedades, por más que especulen ahora con la moral ante el fracaso de sus ideas.

Si echan un vistazo a la historia se darán cuenta de que las sociedades han ido ganando progresivamente en libertad y en derechos, y ello significa que lo han hecho arrebatando espacio a quienes desde el poder actuaban en contra. No ha sido una evolución lineal ni constante, tampoco pacífica, en ella ha habido fases de expansión y otras de contracción, como si el corazón que nos inunda el cuerpo de emociones y sentimientos hubiera nutrido también nuestras acciones como pueblos, pero el tiempo le ha dado la razón a la libertad y la igualdad.

La sociedad cada vez es más consciente de su papel y más fuerte en sus ideales, aún así, quien se cree ungido para imponer sus criterios sobre los “impulsos de una masa descarriada” también sabe que el escenario es más complejo, y que necesita mecanismos e instrumentos de control cada vez más sofisticados  y directos, algo que ahora está consiguiendo con la ayuda de la economía. No por casualidad la crisis ha traído los vientos secos del pasado, y no por casualidad entre los argumentos dados para crear este nuevo universo contractivo de la justicia se ha recurrido a las razones económicas. En el caso de la justicia universal tras la imputación del expresidente chino Hu Jintao, por las consecuencias económicas sobre nuestro país dadas las relaciones comerciales con China y la deuda adquirida por su economía, y en la reforma del aborto porque, según afirman, el nacimiento de más niños y niñas será un revulsivo económico.

Cualquier argumento es deplorable para defender la injusticia, pero sin duda una de los mayores es el económico. Lo de cambiar euros por derechos raya, sencillamente, la miseria moral. Ahora que Stephen Hawking dice que no existen los agujeros negros en el espacio, no me extrañaría que se hubieran mudado al universo social.

 

La energía se crea, destruye y transforma


EMC2
Nos engañaron,
o al menos no  nos contaron toda la verdad cuando nos dijeron eso de que “la energía no se crea ni se destruye, que sólo se transforma”. Puede ser que sea cierto desde el punto de vista físico y desde la asepsia de un laboratorio en condiciones controladas, pero en la vida real la energía no empieza en un tubo de ensayo, sino que se crea a través de la obtención de sus fuentes.

Y nos mintieron porque para que exista esa energía “que no se crea ni se destruye” ha de obtenerse la fuente capaz de generarla, y en ese proceso de obtención la energía sí destruye bosques, selvas, fondos marinos… y todo lo que se ponga a su alcance, y transforma sus hábitats en esquilmados parajes donde llegan vehículos todoterrenos lujosos, de los que se bajan ejecutivos con gafas de sol, botas Timberland relucientes, y chalecos del Coronel Tapioca repletos de bolsillos por llenar. Son los ejecutivos que al ver su huella en el terreno piensan eso de “un pequeño paso para mi, y que le vayan dando a la humanidad”.

Y conforme llegan los vehículos salen los viaductos para llevar la fuente de energía a las plataformas y refinerías donde la transforman en el combustible que creará la energía falaz. Aunque en eso de la transformación no mintieron del todo, pues todo este proceso es capaz de transformar la “fuente de energía” en “fuente de ingresos”, que hacen subir como un geiser el capital de compañías y de algunas personas que antes ni sabían que existía en el planeta esa región explotada.

Y no es teoría. En estos últimos días hemos visto cómo la energía está dispuesta a destruir el parque de Yasuní en Ecuador, una parte de la selva amazónica declarada reserva mundial de la biosfera por la ONU en 2008, con el beneplácito de su Presidente, Rafael Correa, que se ha comportado como un secuestrador y ha retenido ese trozo de biosfera a cambio de pedir un rescate a la comunidad internacional de 2700 millones de euros. “O me dais el rescate o mato el Parque de Yasuní”, parece que ha dicho para así  poder bañarse en su sangre, como hacían los vampiros de Transilvania. Las razones que da el Presidente es que necesita dinero para luchar contra la pobreza.

Un poco más al Norte, el Presidente de México, Peña Nieto, va a aprobar una reforma que permitirá que la empresa petrolera Pemex explote yacimientos de crudo y gas en aguas profundas. El argumento que utiliza Emilio Lozoya, director de la empresa, es que México está en la disyuntiva de “quedarse rezagado por décadas o ir hacia la modernidad”.

Y un poco más al Este, en las Islas Canarias, el Gobierno español apoya la explotación de unos yacimientos frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura, y también lo explica alrededor de los beneficios que supondrá para Canarias. Pero para darle un poco de mas morbo, juega con la rivalidad hacia Marruecos e insinúa que si no lo hacemos nosotros lo harán, como ya lo están haciendo, desde las costas de enfrente. 

Al final todo se reduce a beneficios económicos de unos pocos a costa de unos muchos y de la destrucción de espacios naturales que son fuente de vida y de tiempo, pues el futuro se mide en días, no en lujos ni en comodidades. Parece que la relatividad de Albert Einstein y su fórmula que explica la constancia de la energía, la conocida ecuación E=mc2 , también sirve para demostrar otra constante en el mundo energético: la obtención de fuentes de energía (E) es igual al “money” (m)  que se obtiene, por la cara al cuadrado (c2) de quienes explotan el presente y lo hacen saltar por los aires a cambio de un poco más de poder.

La lucha por las fuentes de energía ha sido una constante en la historia que ha generado más guerras, luchas y muertes  que la mayoría de los motivos que habitualmente se identifican con las “declaraciones de guerra”. Pero también, muchas de las “declaraciones de paz”, de esa teórica ausencia de conflictos, están construidas sobre la injusticia y la desigualdad de unas dictaduras que someten a sus pueblos, y que están mantenidas por los mismos intereses de quienes están dispuestos a destruir el planeta con tal de conseguir un palco VIP para ver el día del juicio final. No tenemos nada más que mirar dónde se han producido los últimos conflictos armados y en qué lugares hay enfrentamientos en la actualidad para entender su relación con la energía y el poder.

Alguien tendría que haber considerado en su día el “tráfico de energía” como el tráfico de armas, de personas o de otros elementos y circunstancias que generan todo un mercado ilícito a su alrededor, y actúan como fuentes constantes de conflictos y violencia.

La humanidad debe protegerse de la marionetas del poder y del vértigo del presente. El debate sobre la energía no debe basarse sólo en lo que contamina o destruye por su utilización, ni siquiera en lo que destruye para ser obtenida. El debate debe comenzar sobre la necesidad de renunciar a vivir una vida en la que nos han hecho entender la calidad como comodidad, y el bienestar como “estar bien”.

No falta energía, lo que sobra son usos superfluos de la energía.

Recuerdo un programa de televisión de mi infancia y la canción que lo presentaba. El programa era “Un globo, dos globos, tres globos”, y la canción, que se hizo muy popular, decía aquello de “…la Tierra es un globo donde vivo yo…” La conclusión es clara, si pinchamos el globo en el que vivimos todo acabará, como un día acabó ese programa.