“Machismo antimachista”

El domingo 10-9-17, El País Semanal publicó un artículo de Javier Marías titulado “Feminismo antifeminista”, en el que muestra su enorme “preocupación” por las dificultades que tiene el feminismo para avanzar en la sociedad, y cuestiona por ello, paradójicamente, al propio feminismo y a muchas feministas, no al machismo ni a los machistas, cuyos planteamientos defiende y justifica cuando tiene ocasión.

Y por si no quedara clara su intención, lo hace en un terreno “caracterizado por su compromiso con la Igualdad y la búsqueda de oportunidades para hombres y mujeres”: el deporte. El argumento no es nuevo, y lo que cuestiona son dos decisiones tomadas sobre la imagen de las mujeres que proyecta la competición, y lo hace a partir de la teórica libertad que tienen a la hora de elegir y decidir lo que ellas quieran. No estaría mal que leyera el libro de la profesora Ana de Miguel, “Neoliberalismo sexual”, sobre el mito de la libre elección; mientras tanto continuaré con mi exposición.

Uno de los dos ejemplos que toma es el de las azafatas de La Vuelta, después de que la organización haya decidido cambiar el protocolo y sus funciones. Para él, las azafatas en el ciclismo, e imagino que las animadoras en el baloncesto, las paragüeras en el motociclismo, las recogepelotas en el open de tenis de Madrid… son mujeres que deciden libremente hacer estas funciones tan trascendentes para esos deportes, que además no pueden hacer los hombres ni tampoco mujeres que no resulten sexis ni atractivas, por lo visto debe haber un extraño circuito cerebral que lleva a que las no cumplen ese canon estético no tengan capacidad para tomar ese tipo de decisiones, algo que no deja de ser curioso. La situación viene a ser similar a lo que ocurre con muchos trabajadores, que también “eligen libremente” firmar contratos de unas pocas horas por 400 €, y luego trabajar más de 10 horas cada día, o de aquellas otras mujeres que afirman lo de “mi marido me pega lo normal”. Para él, en ningún caso, ni en el de las azafatas ni en el de los trabajadores, el contexto y las circunstancias, cada uno con sus elementos y motivos, influye en ese tipo de decisiones.

Algo similar a lo ocurrido en el segundo ejemplo que utiliza Javier Marías. En él cuestiona la decisión de la Asociación Profesional de Mujeres Golfistas (LPGA), por establecer un código de vestimenta para sus jugadoras. No comenta nada el autor de la presión de las marcas comerciales sobre algunas jugadoras, curiosamente sólo aquellas que “dan la talla”, para que vistan ropa sexi y actúen como maniquís andantes por la hierba con sus prendas sin que les importe su juego, algo que sí preocupa a la Asociación de Golfistas, como no podía ser de otro modo. Parece que para Javier Marías la libertad pasa porque las mujeres hagan aquello que, ¡oh casualidad!, los hombres quieren que hagan. Y cita a la jugadora Paige Spiranac como precipitante de esta decisión, dada la envidia que levanta ante otras jugadoras por lo que gana y por lo famosa que es debido a su físico. Da la sensación que hablar de juego en el golf femenino no importa y, en cambio, sí que la atención se centre en las curvas de las jugadoras ensalzadas por la ropa de temporada que las marcas comerciales presentan para vender más, no para que jueguen mejor. Quizás proponga que en lugar de entrenar el “drive” o el “approach” lo que tienen que hacer es subir la falda o bajar el escote, seguro que algunas ganan más y son más famosas. Y si terminan el hoyo 18 con un estriptis, más aún.

Imagino que tampoco ha leído la entrevista en la que la propia Paige Spiranac se derrumba por el  ciberacoso machista que sufre … Eso no tiene importancia, ¿verdad?.

Coincido con Javier Marías en que el código de vestimenta y las multas no son la solución. La solución pasa por apartar las referencias del machismo a la hora de determinar la realidad. Pues es esa “normalidad” del machismo la que lleva a la cosificación de las mujeres, tanto de forma individual como en grupo, y a partir de ella a que muchos hombres desarrollen conductas violentas en sus diferentes formas: acoso, abuso, violencia sexual, violencia en la pareja… En todos estos casos la violencia se produce después de un proceso que los anglosajones denominan “deshumanización del objeto de la violencia”, y que aquí se conoce como “cosificación”. La conclusión es sencilla, cuanto más cosificadas estén las mujeres en la sociedad, más fácil resulta que los hombres que lo decidan libremente inicien su conducta violenta contra ellas.

La libertad que ha conseguido el feminismo a lo largo de la historia se traduce en capacidad de elegir, puesto que sin esa posibilidad para la elección la libertad se queda en el enunciado. Por eso es importante que no se confunda la libertad que tienen hoy las mujeres para decidir vestir y comportarse como quieran, con una obligada adaptación a los espacios y formas que impone el machismo para seguir reforzando la imagen tradicional de las mujeres.

Comparar, como hace Marías con insistencia, los planteamientos feministas con las posiciones religiosas del catolicismo y del islam demuestra algo más que desconocimiento, y pasa a ser un ataque directo al feminismo que él pretende defender y a las feministas que lo hacen verdad cada día. Y todo ello basado sólo en el relato de los hechos comentados, sin analizar su significado. A ver si resulta ahora que apoyar la sexualización de algunas jugadoras en el golf y besar a las azafatas al final de cada etapa es el “verdadero progresismo”.

Seguro que no habría dicho nada si la LPGA hubiera prohibido jugar a alguna golfista con velo o hijab, como tampoco dijo nada cuando el rector de la Universidad Libre de Bruselas sugirió a las estudiantes llevar “vestido o falda y un escote bonito” en la ceremonia de graduación.

La libertad sin Igualdad sólo permite que el machismo se mueva de forma libre por su territorio. La Igualdad no busca un retroceso, sino romper con las referencias del machismo que llevan a interpretar la realidad y darle significado según le interese.

Hoy hay un machismo revestido de aparente antimachismo. Ese “machismo antimachista” es el posmachismo, su nueva estrategia para generar confusión y que todo siga igual, como siempre.

 

 

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Educación para la feligresía y segregación en las aulas (y II)


SEGREGACION-1La historia no se repite, simplemente no cambia,
son las personas que se acercan a ella las que descubren como nuevo aquello que no ha dejado de estar ahí, aunque es cierto que no siempre con la misma visibilidad.

Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el posconservadurismo y el posmachismo, un día me detendré más despacio en ellos, pero hoy sólo me centraré en dos de sus  principales características: la aparente neutralidad y el cientificismo

Los planteamientos que se hacen desde estos nuevos púlpitos laicos parten de la base de que todas las propuestas e iniciativas que se han realizado para modificar las referencias tradicionales, nacen de ideologías cerradas y limitadas que quieren imponer sus valores a toda la sociedad en contra del orden establecido, que es presentado como neutral y descargado de ideología, de ahí que a lo de los demás lo llamen adoctrinamiento y a lo suyo educación. Pero como este planteamiento es limitado y choca frontalmente con posiciones socialmente aceptadas (matrimonio entre personas del mismo sexo, políticas de igualdad, lucha contra la violencia de género sin culpabilizar a las mujeres ni presentarlas como autoras de denuncias falsas, nuevos modelos de familia, utilización de anticonceptivos, recurso a técnicas de reproducción asistida, aborto, nuevas formas de vivir la sexualidad…), se recurre al cientificismo, es decir, a la utilización de datos e informaciones provenientes de trabajos científicos o pseudo-científicos para, de este modo, justificar sus planteamientos. Algunos de estos ejemplos de manipulación lo tenemos en afirmaciones como “el 70% de las sentencias por violencia de género no son condenatorias, lo cual significa que el 70% de las denuncias son falsas”, “el 80% de la sociedad está a favor de la custodia compartida, por lo que el 80% de la sociedad está en contra de otros modelos de custodia y a favor de la compartida en cualquier circunstancia”, o hace tan sólo unos días con las declaraciones del congresista Todd Akin al afirmar que “como en la mayoría de las violaciones no se produce un embarazo, el hecho de que la mujer esté embarazada demuestra que no se ha producido una violación”. Casi siempre actúan del mismo modo, se trata de coger un dato aparentemente científico y darle una interpretación interesada para justificar sus planteamientos, otras veces el propio estudio ya parte con el sesgo de la ideología, pero el resultado es el mismo. Es la forma de proceder desde el posconservadurismo y su “neoadoctrinamiento”.

La propuesta y defensa de segregar a niñas y niños en las escuelas, y de hacerlo con dinero público entra de lleno en esta estrategia, incluso muchos la intentan presentar como un nuevo descubrimiento capaz de resolver todos los problemas que existen en la sociedad. Sin embargo, algunos olvidan que la canción de “los niños con los niños y las niñas con las niñas” no es nueva, y que venimos de un modelo educativo donde la separación de niños y niñas era lo habitual, por eso han cambiado de táctica y han pasado a  utilizar los razonamientos posmachistas del posconservadurismo.
SEGREGACION-2

Los planteamientos para defender la segregación en la educación parten de dos grandes argumentos, por una parte los científicos, y por otra los formales o legales, pero en verdad ambos son parte de la manipulación.

1. ARGUMENTOS CIENTÍFICOS

El razonamiento es superficial y lineal, de ahí que aparezca tan obvio: Se recurre al dato científico de que el cerebro femenino evoluciona de manera distinta al masculino, especialmente en lo referente al lenguaje, a la expresión de las emociones y a la audición, y que todo ello repercute en el aprendizaje, y a partir de ahí se dice que es mejor educar separadamente a niños y niñas. El mayor defensor de estas propuestas es Leonard Sax, médico y psicólogo estadounidense, que curiosamente ha montado todo un negocio alrededor de la educación diferenciada para niños y niñas. Esto no es un problema en sí mismo, salvo por los estudios y trabajos verdaderamente científicos que critican sus conclusiones y propuestas, entre los que destacan los realizados por Mark Liberman, profesor de Lingüística y Ciencias Informáticas de la Universidad de Pennsylvania. Estos estudios han demostrado que las informaciones de Sax no se sostienen desde el punto de vista científico, y que los trabajos que defienden la separación de niños y niñas no se han diseñado teniendo en cuenta las diferentes variables que influyen en el aprendizaje, ni han sido realizados sobre una muestra amplia y adecuada. Cuando se han llevado a cabo siguiendo el método científico han  concluido que las diferencias que aparecen en los distintos grupos son interindividuales, no intersexos. Es decir, demuestran que las distintas personas, con independencia de si son niños o niñas, poseen características diferentes y siguen un ritmo de aprendizaje variable, pero no que dichas diferencias se deban al hecho de pertenecer al grupo de las niñas o de las niños.

Las diferencias existentes entre niños y niñas (anatómicas, funcionales, neurológicas, conductuales…) no son suficientes para establecer una distinción entre niños y niñas, tampoco para justificar la segregación en las aulas, y menos aún pueden considerarse de manera aislada a los factores sociales y culturales, que son las que le dan significado y los que permiten dirigir el comportamiento de chicos y chicas de manera distinta.

Los razonamientos de Leonard Sax y la justificación para segregar a niños y niñas, como podemos comprobar, no se sostienen desde el punto de vista científico.

2. ARGUMENTOS FORMALES

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y el ministro Wert como máximo responsable,  se agarran a la Convención de la UNESCO para defender la educación segregada, al recoger en su artículo 2 que esta práctica no debe considerarse como discriminación. El debate puede ser largo y extenso, pero desde el Ministerio no tienen en cuenta un par de detalles. Por un lado, puede haber coincidencia en que no sea discriminatoria si se garantiza el acceso en igualdad a la educación y si la segregación parte de una decisión particular de las familias dentro de un marco educativo general, que impida que cualquier niño o niña pueda verse afectado por no poder acceder en igualdad a la educación, como consecuencia de la existencia de colegios o aulas segregadas. De hecho nunca se ha prohibido en España ni se ha planteado suprimirla, lo que se plantea es que si se trata de una decisión particular que no tiene ventajas formativas, como han demostrado los estudios, y en cambio sí puede influir en la convivencia, no sea sufragada con el dinero público, máxime cuando en los colegios de educación segregada, más que en el aprendizaje académico, en lo que se insiste es en la transmisión de unos determinados valores, ideas y creencias, totalmente respetables en una democracia, pero ajenos a lo que desde los presupuestos del Estado se debe promover

Por otro lado, lo que olvida el Ministerio y el ministro es que la Convención de la UNESCO, al hacerse desde Naciones Unidas debe tener en cuenta la situación de la educación a nivel global. Y la situación a lo largo y ancho del planeta  muestra que en determinadas culturas, y debido a la influencia de algunas religiones, la única forma de permitir el acceso a la educación de las mujeres es a través de su separación en aulas o colegios diferentes. Naciones Unidas no puede dificultar la educación sobre una cuestión que necesita del primer paso de la escolarización, puesto que el resultado ya es conocido: Las niñas no accederían a la escuela. Que este argumento sea utilizado por el Gobierno de España en 2012 resulta bastante pobre y preocupante.


SEGREGACION-3Como se puede observar no hay razones serias para mantener la segregación en la educación con dinero público, salvo las que legítimamente parten de la ideología y las creencias. Por eso sorprende que desde las posiciones que menos han hecho por promover la Igualdad y acabar con la situación de discriminación social de las mujeres, que manifiestan que no deben ser ellas las que decidan sobre las cuestiones que le afectan de manera íntima, personal y directa, que históricamente han pedido paciencia y resignación para afrontar los problemas que le afectan, que en muchos casos han retrasado la solución de esos problemas a otra vida… ahora defiendan la segregación por el bien de las mujeres, para que las chicas no se vean lastradas por el retraso en el desarrollo de determinadas capacidades de los chicos, y para que estos no se sientan acomplejados ante el avance de ellas. No es muy coherente, y cuando la coherencia está ausente la duda se convierte en sospecha.

La idea de mujer como complemento del hombre y volcada al cuidado a través de los roles de madre, esposa y ama de casa, como decíamos en el post anterior, podrá hacer de ellas muy buenas feligresas, pero la ciudadanía se vive en términos de derechos, y estos han de ser iguales para hombres y mujeres.

 

Educación para la feligresía y segregación en las aulas (I)

FELIGRESIA Y SEGREGACION
Lo de “juntos como hermanos…” que cantábamos en misa de doce, a pesar de las críticas y de las risitas que se han hecho sobre el lenguaje no sexista,  debería ser sustituido por “juntos como hermanos y juntas como hermanas…” para adaptarlo a la propuesta de separar a los niños y a las niñas en aulas diferentes, y así evitar posibles confusiones (y mezclas).

En esta fina lluvia postconservadora que está cayendo, aunque tampoco faltan las tormentas, cada día llegan nuevas propuestas e iniciativas para alcanzar ese “volver a empezar” tan deseado. Da igual el ámbito en que nos encontremos (económico, laboral, sanitario, social, inmigración…), la idea es regresar a tiempos anteriores donde además de diferencias había distancia entre cada una de las partes y elementos implicados. Y si la intención es esa en ámbitos fríos e impersonales como los apuntados, lo relacionado con la Igualdad y la posición de las mujeres en la sociedad se ha convertido en la piedra angular sobre la que hacer descansar el modelo que se quiere imponer. La situación es muy sencilla, nada puede sostenerse en el nuevo diseño si no es con el regreso de las mujeres al desempeño de sus roles tradicionales de esposas, amas de casa y madres; podrán trabajar, por supuesto, pero sin abandonar esas tareas esenciales ni comprometer a los hombres más allá de la ayuda. El nuevo “estado del bienestar” pasa por la vuelta de las mujeres a la cocina y al cuarto de estar.

Ocurrió tras la grave crisis de la década de los 20 en el siglo pasado y el denominado “New deal”. El pacto, como han puesto de manifiesto Mink y Coontz,  se basó en la promoción de los empleos destinados a los hombres para mantener el modelo de familia tradicional, y obligó a que muchas mujeres permanecieran en el hogar sin poder desarrollarse profesionalmente. Y en 2012 ocurre de nuevo algo parecido con esta “crisis tan oportuna” y el replanteamiento del papel de las mujeres. Pero claro, ahora que no hay una diferenciación de puestos de trabajo entre hombres y mujeres no basta con promocionar determinados empleos. Ahora los esfuerzos se dirigen hacia otro objetivo, y todo indica que lo que se pretende es cambiar las mentalidades para que se presenten de manera diferente en los chicos y en las chicas, y que cada grupo asuma y elija desarrollar un papel distinto. Por eso la educación es tan importante, porque actúa como el vehículo transmisor de las referencias y valores que permiten marcar las identidades sobre la asunción de roles diferentes y específicos para cada sexo.

Hace unas semanas el ministro Wert anunció un cambio en el programa de Educación para la Ciudadanía, y ahora ha mostrado su oposición (con el debido respeto) a la sentencia del Tribunal Supremo que avala que el dinero público no se destine a educar separadamente a quien luego ha de convivir. Y, curiosamente, la modificación del programa de Educación para la Ciudadanía ha incidido en las cuestiones que la Iglesia Católica más ha cuestionado, y los colegios de educación segregada pertenecen a organizaciones religiosas de la Iglesia Católica.

El ministro Wert y el PP se equivocan al considerar que las personas son antes feligreses que ciudadanos, y la Iglesia se confunde al pensar que los feligreses en términos de creencias son buenos ciudadanos en términos de derechos, y que basta cumplir los mandamientos que llevan a otro mundo para vivir en este.

El Estado no puede permitir que las personas sean siluetas ciudadanas con apariencia correcta, pero vacías en cuanto a los valores de convivencia y respeto que parten de lo común y del marco constitucional que nos hemos dado. Habrá valores diferentes entre las distintas creencias, educaciones, culturas, costumbres, ideas… pero la fortaleza de la sociedad nace de ese interior ciudadano que lleva a convivir y a compartir lo común en el encuentro, no de la apariencia formal, y la educación debe potenciar ese encuentro, no dificultarlo. Lo demás, esos valores particulares, podrán dar mucha cohesión interna dentro de cada grupo, pero si no incorporan lo común terminarán en conflicto con los demás.

La última decisión que se maneja estos días no sólo pasa por el cambio de programa de la asignatura Educación para la ciudadanía, sino que busca (no sé si potencia) mantener la segregación de niños y niñas dentro de la educación con dinero público.

Al margen de no entender que la educación no sólo es la trasmisión de conocimientos y habilidades, y que su objetivo debe ser hacer de los chavales y las chavalas buenos ciudadanos con conocimiento y formación académica y profesional, por supuesto, pero también entendiendo y respetando la Igualdad y las diferencias existentes, especialmente las que históricamente han sido utilizadas como justificación de la desigualdad y de la distinta posición de hombres y mujeres, para que nunca sean base ni argumento para la discriminación. Y este objetivo se consigue mejor a través de compartir espacios, inquietudes, ilusiones, problemas, ayudas… en lugar de mantenerlos como seres extraños que permanecen separados como si cada uno fuera un problema para el otro, hasta que un día se encuentran en la plaza de un pueblo, en un parque o en un centro comercial. Los estudios realizados en adolescentes (entre ellos el más amplio llevado a cabo hasta ahora y   elaborado por el Ministerio de Igualdad en 2009), ponen de manifiesto que la alta incidencia de violencia de género de los 15 a los 18 años (9’2% de las chicas reconocen haberla sufrido y 13’1% de los chicos reconocen haberla ejercido), y lo que es más grave, la presencia de los valores y actitudes que justifican estas conductas. Pero también han revelado que las chicas y chicos con más formación y conocimiento en igualdad son las que menos violencia sufren, los que menos la ejercen, y los que resuelven los conflictos de manera pacífica, todo ello a pesar de que tanto el alumnado como el profesorado reconocen que apenas tienen oportunidad para abordar estos temas en clase. 

La solución no es, por tanto, cambiar el programa en lo referente a la igualdad (la tan criticada “ideología de género”, como la han llamado muchos), ni separar a los niños y las niñas en aulas distintas. Todo lo contrario, la solución para por seguir trabajando sobre la igualdad y en potenciar los programas que ayuden a entender que las diferencias no nos hacen mejores o peores, ni capacitados o incapacitados para desarrollar determinadas tareas y expresar ciertas emociones y sentimientos.

Pero está claro que no hay voluntad de trabajar en esa línea. Quienes defienden las posiciones tradicionales dicen que hablar de igualdad, de sexualidad, de género… es adoctrinar, mientras que lo que ellos proponen es educar. Y lo dicen quienes más han criticado al sistema educativo español, quienes no se han cansado de decir que con este sistema el alumnado no aprende lengua, matemáticas, historia, geografía… en cambio temen a lo mucho que pueden aprender con una simple asignatura que se imparte unas cuantas horas a la semana…

No dejar de ser curiosa esta forma de entender la realidad, ¿verdad?

Género masculinizante

MASCULINIZANTE-Cerebro¿De qué clase de género somos los hombres? Si analizamos algunos de los diferentes significados aceptados por la RAE podremos llegar a conclusiones interesantes. Por ejemplo, si tomamos el género como “conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres en común” (1ª acepción), seríamos un grupo humano en el que se incluirían las mujeres, aunque luego bien nos cuidamos de insistir en que no son iguales, pero al mismo tiempo, los hombres, que somos muy nuestros, no aceptamos a cualquier otro hombre como un semejante, y muchos no admiten como hombres “de verdad” a quienes son de otro color, de otra religión, de diferente orientación sexual… Si la referencia es la 2ª acepción (“modo o manera de hacer una cosa”), los hombres lo tenemos claro: las cosas hay que hacerlas “como Dios manda” o, según la versión más terrenal, “con un par…”. La 3ª acepción nos habla de la “clase o tipo a que pertenecen las cosas”, pero en esto los hombres a la hora de hacer cultura y sociedad hemos preferido hablar de clases más que de elementos comunes, algo que no deja de ser curioso; cuando interesa somos un mismo género, y cuando no, se destacan las diferencias entre las personas de “una clase” y las de otra, algo que nos lleva directamente a la 5ª acepción (“cualquier clase de tela”) para afirmar aquello tan nuestro de “¡vaya tela!”, y resaltar la composición tan particular que existe en la esencia de nuestras decisiones. 

La 6ª acepción nos lleva a las artes y dice que género es “cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras según los rasgos comunes de forma y contenido”, sin embargo no dice nada de las “malas artes” y de cómo lo masculino ha sido la única referencia para ordenar la sociedad destacando las diferencias, no los elementos comunes, y así establecer la desigualdad como referencia. Esta situación puede estar relacionada con la 7ª acepción, en este caso referida al mundo gramatical, que dice que es “clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho…”, pero de nuevo resulta más gráfico su extrapolación a la sociedad con tan sólo cambiar la “n” por la “h” para darnos cuenta de su verdadero significado en la “gramática de los hechos”, no solo de las palabras, quedando la definición como “clase a la que pertenece un hombre sustantivo o un prohombre por el hecho…” 

Vemos que la RAE ha recogido una gran cantidad de acepciones, algunas de ellas muy cercanas en cuanto a su significado, pero se resiste a incorporar la que hace referencia a la construcción cultural que atribuye roles y funciones distintas a hombres y mujeres, o lo que es lo mismo, según el criterio establecido por la propia RAE, se pueden diferenciar seres y especies sobre elementos biológicos o anatómicos, en cambio el ser humano que se caracteriza del resto de las especies por haber construido un hábitat propio que llega a definir su identidad, como es la cultura, no puede ser analizado sobre los elementos que diferencian su comportamiento y conducta dentro de ella. 

Esa no diferenciación no es casual, todo lo contrario. La cultura está construida sobre las referencias de quienes han estado en posición de hacerlo, y estos han sido los hombres. Por tanto lo masculino es tomado por lo universal, circunstancia que básicamente quiere decir actúa como referencia única o válida para dar sentido y significado a lo que sucede dentro del grupo. En consecuencia, cualquier distinción o matización que se haga dentro de ese marco exclusivo conlleva delimitar “lo de las mujeres” como algo distinto a lo general masculino, darle visibilidad y palabras, situación que como pueden ver levanta un gran rechazo. 

Desde este perspectiva tienen mucho sentido la mayoría de los comentarios que se han hecho a los posts que he subido al blog, y se entiende la beligerancia con que se ataca la propuesta para que se incluya una nueva acepción ampliamente utilizada en la sociedad castellano-parlante (algunos de los que se creen más originales y superiores en sus argumentos han insistido en que el diccionario es para toda Latinoamérica, y defienden con vehemencia la introducción de “beisbolero” para referirse a un deporte que sólo se practica en unos cuantos países, pero olvidan, desconocen o no quieren ver, que la palabra género se emplea en todos y cada uno de ellos de la misma forma que se hace aquí). Además, sus argumentos no van hacia la defensa de otras palabras que puedan incluir el significado que se pretende incorporar, simplemente se oponen porque lo interpretan como una cesión al feminismo, a las mujeres, a los progres, o los “malos hombres” como yo… lo cual no deja de resultar curioso. Están tan seguros de sus planteamientos y posiciones que temen que una sola acepción dentro de 10 que ya existen pueda romper todo lo que han construido, y que simplemente con ella se adoctrinen a las futuras generaciones. 

Pero al mismo tiempo no deja de tener algo de gracia. Dicen que la pretensión de incorporar una acepción es actuar desde la superioridad, y quienes lo impiden utilizando las estructuras e instituciones para que no se incluya sin más argumento que el no, esos no actúan desde la superioridad… Lo cual está en sintonía con las otras razones que también esgrimen cuando afirman que pretender incluir una nueva acepción es una cuestión de ideología, pero impedirlo no tiene nada que ver con la ideología… Curioso. 

Podrían disimular, y si están tan seguros de que es un sinsentido y que no aportaría nada, el propio desuso acabaría con una reivindicación “sin sentido”, como dicen, igual que ha ocurrido con tantas otras acepciones, algunas de ellas suprimidas en esta última actualización como ha ocurrido con una de las que hacía referencia a “rural”. 

Su posición y argumentos no son casualidad y sí tiene mucho de ideología, lo mío también, pero no en el sentido que se quiere trasmitir de ideología como una estructura de pensamiento rígida e impuesta, al menos en lo que a mí respecta el planteamiento parte de ideas, trabajo y reflexión, es lo que ocurre con las personas que manejamos más de una idea, por eso doy razones y argumentos que entiendo perfectamente que no sean compartidos, pero no voy despreciando a nadie como otros hacen desde su superioridad, de lo contrario no habría tanta agresividad en sus planteamientos ni se mezclarían con otros temas como la custodia compartida o la violencia. 

Lo relacionado con los hombres no se ve lo mismo que lo vinculado a las mujeres, y un ejemplo claro lo tenemos en la última actualización del diccionario, para que se entienda que no todo depende de la utilización de las palabras y que influye, y mucho, lo que se decide que es un buen o un mal uso. Desde que empecé a estudiar medicina en el año 1980 vengo escuchando el término “feminizante” para explicar la acción de determinadas sustancias que dan lugar a la aparición y desarrollo de caracteres sexuales secundarios femeninos, y antes de que yo estudiara muchas otras personas la utilizaban del mismo modo por su aplicación directa sobre las personas o sobre animales. Pues bien, en esta última actualización se ha introducido la palabra "masculinizante", pero no se ha hecho lo mismo con "feminizante". 

Está claro que los hombres tienen género y que es masculinizante, todo pasa por su visión de la realidad, y a pesar de su beligerancia y de su “valentía”, les da miedo y temen que se hable en versión femenina, no como alternativa, no se propone quitar nada, sino incluir lo que existe y permanece invisible y en silencio. 

Adelanto un pronóstico, antes o después se incluirá la acepción de género como construcción cultural, y será por el uso que ya existe, no por otras razones, y quienes se oponen se equivocarán al hacerlo, como antes se equivocaron al decir que matrimonio sólo era y podía ser la unión de un hombre con una mujer.

 

La RAE se las trae

RAE
La oposición de la RAE a reconocer el significado de género
como la construcción que la cultura hace de los roles y funciones asignados al sexo masculino y femenino, sólo puede entenderse por una voluntad manifiesta en no hacerlo, una negativa en contra del uso que ya es habitual en la sociedad y que queda de manifiesto al incluir en la última actualización del Diccionario otras palabras y acepciones menos utilizadas en ese lenguaje, que más que vivo parece medio muerto. Y tendrá que explicar por qué no lo hace al margen de repetir, como han hecho una y otra vez sus académicos, las acepciones actuales y de defender unas referencias y normas históricas que cambian cuando a la Academia le parece bien, pero sólo en aquello que consideran. No se puede decir que hay ideología en la petición de cambio, y negar que haya ideología en la resistencia al uso normalizado.

De lo contrario no tendría sentido que se incorporara la palabra “beisbolero” *(ver notal al final), para referirse a lo relacionado con el beisbol, deporte como que como todos ustedes saben levanta pasiones en nuestro país, y no hay lunes que las tertulias radiofónicas no queden reducidas a los comentarios sobre las carreras, los “bateados” o los “jomran” (home run) de los numerosos equipos que existen en nuestras ligas “beisboleras”. Y menos sentido tendría cambiar el léxico de una palabra para escribirla mal ortográficamente cuando el significado que se le da en la práctica se puede deducir claramente de su uso correcto, como ha ocurrido con “okupa”. Imagino que habrán pensado eso de que si “Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, de manera que si los jóvenes no aprenden a escribir bien, pues se cambia la forma de escribir la palabra y así se evita una falta de ortografía en las pintadas, que se ven mucho y cuando vienen los del informe Pisa quedamos fatal. 

Desde luego han trabajado lo suyo, pero algunas de las palabras y acepciones incorporadas llaman la atención en el contexto actual. No es de extrañar que hayan incluido “euroescepticismo” con la que está cayendo, pero al mismo tiempo mantienen su confianza en que todo se solucione con la ayuda de los socios al incorporar también “europeizador”. En cambio, parece de mal gusto que en plena crisis se incorpore la palabra “billonario” y que con el paro que hay en la construcción se haya incluido “gruista”. De todas formas, la influencia de esta economía en crisis ha sido importante en sus decisiones, al menos es lo que se deduce al introducir nada menos que nueve nuevas acepciones para la palabra “riesgo”, todas ellas sobre contextos económicos. 

Sin embargo, no ha variado su “acojonamiento” respecto a la palabra género. Dudas que no han tenido a la hora de incorporar las palabras “canalillo” y “culamen”, eso sí, sin sexo por delante para que cada uno las case con quien quiera, que ya el “matrimonio” permite todas las uniones. Quizás lo hayan hecho para estimular el deseo y el lenguaje de los hombres, tan afectados por las circunstancias, según se deduce de la publicidad que aparece en todos los medios sobre disfunciones eréctiles, y han buscado palabras “energizantes” y “masculinizantes” para contribuir a mantener el pabellón bien alto, aunque dudo que lleguen a los “ochomil” y que alcancen con ello una experiencia “orgásmica”

Seguro que estarán pensando que soy un poco “peñazo” con esto del género, pero es que es un tema del que se lleva hablando mucho tiempo, incluso a nivel político entre “peperos” y “sociatas”, y también entre miembros (nunca miembras) de otras fuerzas políticas que probablemente se sientan discriminados por no poder llamarse "izquierdaunidistas", "upeideros", "peneuvistas", "convergenciaunionistas", "bilduistas", etc, cuando los del PP y el PSOE tienen denominación de origen, al igual que “ugetistas” y “cenetistas”, pero no los "comosionobreristas"… 

Todo parece un poco “friki”, o quizás “isidril” por eso de la ubicación académica en la capital, y por aquello de la capital desubicada.  

Por más que se resista la RAE, el género también es la acepción que explica la atribución de funciones que la cultura asigna a cada uno de los sexos, no basta con decir que una persona es hombre o mujer para entender cuál es su identidad como tal, y sobre qué elementos se le reconoce si es un “buen hombre” o una “buena mujer” a partir de los referentes que la cultura ha establecido para valorarlos. No es lo mismo ser hombre o mujer en España que en China, en Iraq, en Namibia, en Argentina o en Vietnam… sin que ello signifique que su sexo sea distinto. 

Los estudios de género, basados en este significado, comenzaron en los años 60 en las universidades de Estados Unidos y Reino Unido, aunque existieron importantes antecedentes en otros países. En las universidades españolas se iniciaron en los años 80, o lo que es lo mismo, desde hace mas de 30 años se viene hablando del género con la acepción negada por la RAE, y por supuesto en sintonía con lo que se utiliza en otros países, de los que no dudamos en introducir nuevas palabras como ha ocurrido ahora con “racord”, “SMS”, “manga”… pero sí se oponen frontal y abiertamente a incluir género con esa acepción, sin que exista ninguna otra palabra que pueda sustituirla. 

Nos dicen que el lenguaje está vivo y que es el uso el que lo hace, pero para la RAE la palabra género está muerta. Da igual que se lleve usando más de 30 años en las universidades y en la calle, que tengamos una ley que habla y define de forma explícita la violencia de género, que nuestros Tribunales y Juzgados la incorporen a miles de sentencias, autos y resoluciones. Tampoco importa que en España se pongan más de 380 denuncias por violencia de género cada día con todas las declaraciones, conversaciones, comentarios e informaciones que se suscitan alrededor de la dicha palabra… nada de ello es razón suficiente para justificar la incorporación de la nueva acepción para género. 

La RAE niega su uso y lo impide, aunque a pesar de ello se utiliza de forma habitual y completamente normalizada, será porque "beisbolero", "okupa", "racord"  o "cenetista", entre otras, les impide atender a nuevas propuestas, o porque sólo tienen memoria “USB” y no recuerdan nada del debate que existe en nuestra sociedad. Tendremos que ir en el “papamóvil” a Roma a hacer “vaticanismo”, a ver si así tenemos más suerte. 

Menos mal que ha incluido "gayumbos". Entre lo económico, lo europeo, lo "friki" y lo "isidril", cada vez nos bajan más los pantalones a pesar de que nos aprietan más el cinturón, (paradojas de una crisis), pero ya no tendrá más consecuencias que la simple exposición de los "gayumbos"… Claro que si se entera la UEFA lo mismo nos pone una multa, como ha ocurrido en la Eurocopa… (efectivamente Euro-copa. La pela es la pela).

*(Las palabras que aparecen en rojo y entre comillas se corresponden con las nuevas incorporaciones que la RAE ha hecho al Diccionario de la Lengua Española)

 

Señoras y señores, damas y caballeros, todos y todas

Nunca ha existido problema en utilizar un lenguaje “poco económico” cuando se refería a situaciones o personas que, paradójicamente, al ser nombradas no se las reconocía tanto como individuos, sino como pertenecientes a un grupo o status que venía a demostrar la desigualdad. El resultado era el mismo, la mención explícita del masculino y femenino, tal y como se exige ahora en las recomendaciones no sexistas, pero el significado completamente distinto. Cuando alguien dice “señoras y señores” o “damas y caballeros” suena bien, pero cuando dice “buenas tardes a todos y a todas” se nos dice que se está empleando mal el lenguaje porque el masculino incluye al femenino, porque el lenguaje es economía, porque resulta malsonante hacer referencia explícita a los hombres y a las mujeres cuando ya se sabe que los primeros incluyen a las segundas… Todo son justificaciones para no querer ver que cuando nos referimos a las mujeres como “señoras” o como “damas” en realidad no se está destacando tanto su condición de mujeres como su status asociado a un hombre, bien sea por ser amadísimas esposas de un señor o caballero, o bien por pertenecer a una familia de rancio abolengo adquirido sobre la figura, actual o pasada, de un hombre. La Real Academia Española ha vuelto a sacar un informe crítico con las guías y recomendaciones para usar un lenguaje no sexista en el que la inclusión de la mujer se haga con la justicia de su presencia, no con la consideración hacia el hombre que la “apadrina”. Estamos de acuerdo en que puede resultar complejo y poco funcional, pero dejemos que se usen a ver cómo responde la sociedad. Lo que no puede hacer la RAE es decir que el lenguaje lo hace el uso, y que cuando se pretende usar de forma diferente diga que no se puede usar. No puede hacerlo cuando ha sido mucho más condescendiente con la mala utilización de palabras que al final se han admitido con un significado completamente diferente, casi opuesto, como ocurre con la palabra de frecuente uso médico-forense “lívido”, que tradicionalmente significaba “congestionado, amoratado, abotargado” y que el mal uso ha llevado a aceptarla con significado de “pálido”, es decir, justo lo contrario. Creo que debemos dar una oportunidad a llamar a las cosas por su nombre, a los señores, señores, a las damas, damas, y a todos y todas, todos y todas. Las quejas de la Academia por no contar con ella para las guías y recomendaciones son comprensibles pero merecidas. Soy de la opinión  de que debe incorporarse al debate, pero si cada vez que se plantea un uso diferente de las palabras la Academia en lugar de entender las circunstancias históricas que han llevado a esa construcción del masculino como universal, se hubiera preocupado de aportar ideas para mejorar la forma de llamar a la realidad, probablemente sería uno de los principales referentes a lo hora de dirigir este debate. Se imaginan un médico o una médica que no fuera partidario de las vacunas, que los hay, y que luego se quejara porque no lo llamaran para diseñar el calendario vacunal. Pues eso.