El universo contractivo de la Justicia

UNIVERSO JUSTICIA
El pasado martes (11-2-14) vivimos en nuestro Parlamento un ejemplo de lo que podríamos considerar el “universo de la justicia”, un universo que al igual que el espacio sideral está en movimiento, si bien en sentido contrario. Y mientras nuestras galaxias se expanden, el universo de la Justicia se contrae y empequeñece.

Por un lado asistimos a la limitación de la “Justicia Universal”, o lo que es lo mismo, a la imposición de criterios particulares para impedir que la Justicia prevalezca, y por otro, a la imposición de un criterio personal sobre la conciencia de muchos diputados y diputadas que habían manifestado sus críticas, y hasta rechazo, a la reforma del aborto planteada por el Ministro Gallardón, refrendada después por Rajoy y su Gobierno, y respaldada ahora por todo el PP. 

En los dos casos se pone de manifiesto una instrumentalización de la Justicia para defender aquello que se considera importante, no para la sociedad, sino para una parte de ella que obtiene beneficios a través de estas imposiciones. En definitiva, lo que se ha hecho es, por un lado, dar libertad a los criminales, y por otro, limitar los derechos de las personas para ejercer su libertad en un marco de convivencia plural y diverso, e imponer unos límites a esa convivencia en nombre de una unas ideas, de una moral y de unas creencias que son muy respetables, pero que no pueden obligar a quien no las comparta.

Las consecuencias de estas decisiones no se reducen sólo al hecho en sí de la restricción, sino que con ellas se producen injusticias difícilmente aceptables y asumibles en una democracia y en un universo social que pretende girar alrededor de los Derechos Humanos. No hablamos de situaciones futuribles y abstractas, sino de realidades concretas que llevan a que sus consecuencias sean inmediatas. En el caso de la limitación de la Justicia Universal se facilita que los crímenes contra la humanidad no se investiguen y que, por tanto, sus autores utilicen la Justicia para defender su impunidad. Y la reforma del aborto conlleva que las mujeres queden reducidas a una especie de “electrodomésticos” obligándolas a ser madres en contra de su voluntad, como si una consecuencia tan trascendente pudiera imponerse sin contar con su decisión.

Quien entiende que el universo es un error porque gira alrededor del sol, no de su propio planeta moral e ideológico, como cree que debería ser, todo lo ve desde esa distancia que pone colores a los planetas (azul la Tierra, rojo Marte, rayado Júpiter, Venus blanco…) y que impide mirar a los ojos de quien convive a su lado. Lo único que pretende es inclinar todavía más el eje de rotación hacia su parte para sacar aún  más ventaja de su poder.

Pero cometen un pequeño error.  Olvidan que ha sido el ideal de justicia el que ha movido la expansión de lo humano dentro de la humanidad, el que ha hecho el planeta más habitable, el que ha borrado fronteras y derribado dictaduras… Un ideal al que no renunciará nunca nuestra especie ni nuestras sociedades, por más que especulen ahora con la moral ante el fracaso de sus ideas.

Si echan un vistazo a la historia se darán cuenta de que las sociedades han ido ganando progresivamente en libertad y en derechos, y ello significa que lo han hecho arrebatando espacio a quienes desde el poder actuaban en contra. No ha sido una evolución lineal ni constante, tampoco pacífica, en ella ha habido fases de expansión y otras de contracción, como si el corazón que nos inunda el cuerpo de emociones y sentimientos hubiera nutrido también nuestras acciones como pueblos, pero el tiempo le ha dado la razón a la libertad y la igualdad.

La sociedad cada vez es más consciente de su papel y más fuerte en sus ideales, aún así, quien se cree ungido para imponer sus criterios sobre los “impulsos de una masa descarriada” también sabe que el escenario es más complejo, y que necesita mecanismos e instrumentos de control cada vez más sofisticados  y directos, algo que ahora está consiguiendo con la ayuda de la economía. No por casualidad la crisis ha traído los vientos secos del pasado, y no por casualidad entre los argumentos dados para crear este nuevo universo contractivo de la justicia se ha recurrido a las razones económicas. En el caso de la justicia universal tras la imputación del expresidente chino Hu Jintao, por las consecuencias económicas sobre nuestro país dadas las relaciones comerciales con China y la deuda adquirida por su economía, y en la reforma del aborto porque, según afirman, el nacimiento de más niños y niñas será un revulsivo económico.

Cualquier argumento es deplorable para defender la injusticia, pero sin duda una de los mayores es el económico. Lo de cambiar euros por derechos raya, sencillamente, la miseria moral. Ahora que Stephen Hawking dice que no existen los agujeros negros en el espacio, no me extrañaría que se hubieran mudado al universo social.

 

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Divide más y vencerás otra vez

FRAGMENTOS
Lo escribí hace tiempo y hoy vuelvo a insistir, “todo está pasando como si no pasara nada”… Es la estrategia del Gobierno y del PP a través de los continuos cambios que están introduciendo con el claro objetivo de volver a una sociedad de clases jerarquizada sobre dos referencias, por un lado la mezcla de una serie de valores, ideas y creencias compartidas, y por otro, el poder económico que se tenga.

Su estrategia es hábil y permite evitar el rechazo frontal que se puede producir ante la instauración de esta estructura, puesto que su construcción se basa en dos elementos funcionales. Por un lado, la permeabilidad, al presentar cada una de las "clases" creadas como vasos comunicantes, no como compartimientos estancos, de manera que un “pobre” puede llegar a ser rico, aunque luego siempre será considerado como un “nuevo rico”, es decir, como alguien diferente a los ricos de toda la vida, aunque ya no lo sean. Y por otro, aunque no se tenga ese poder económico, si se tienen las ideas, valores y creencias del grupo de referencia, de alguna manera esa persona también es considerada como “uno de los nuestros”.

El Gobierno pretende instaurar esa sociedad "clasificada" en la que los de arriba siempre tengan mejores vistas y facilidades, y que los de abajo no sólo tengan más problemas para progresar, sino que además deban pedir permiso para hacerlo. De este modo sus ideas, valores, creencias, principios… se verán reforzados por su vinculación al éxito y por el amparo divino, y sus asuntos económicos se verán potenciados por un nuevo diseño dirigido a que las necesidades y la dependencia de la mayoría de la sociedad sufraguen y paguen sus lujos y riquezas con la hipoteca de su propia pobreza y limitaciones. Si la gente tiene que invertir en pagar la atención médica y sanitaria, los medicamentos, los análisis, la educación, los servicios sociales, los asuntos judiciales… no contará con dinero ni posibilidades para emprender nuevos retos, salvo el de la emigración, que esa puerta siempre está abierta bajo la idea de “enemigo que huye, puente de plata”.

El objetivo de imponer un cambio de modelo está claro en otras tácticas que sigue el Gobierno, entre ellas la utilización de la crisis económica para culpabilizar a quien plantea un modelo de sociedad distinto. Por dicha razón utiliza los problemas de la realidad para atacar a la izquierda en general, y muy especialmente al PSOE, curiosamente no tanto a otras propuestas “más a la izquierda”, porque sabe que esas no le hacen sombra. Y lo ha conseguido, hoy la mayoría de la sociedad piensa que la culpa de todo la tienen las "personas que han vivido por encima de sus posibilidades" y el partido que ha permitido que eso ocurra.

Para seguir adelante con su idea de cambios y culpas, necesita que la sociedad perciba la realidad sobre dos referencias. Una de ellas es el miedo de la población, objetivo que ha conseguido a través de las medidas incluídas en sus reformas, y que luego ha prolongado bajo la amenaza de nuevas acciones y el recordatorio de que “todo puede ser peor”. La otra referencia que busca conseguir es que la población perciba su capacidad de premiar, y es lo que veremos a partir del año próximo con algunas de las reformas que supondrán bajar impuestos, subir salarios, aumentar algunas ayudas… Todo forma parte de un plan concebido al detalle que, además, no es la primera vez que se ha utilizado, ya lo hizo Aznar, aunque ahora es cierto que se ha ido mucho más lejos para evitar cualquier posibilidad de reacción y cambio.

Lo que sorprende es que no se haya detectado esta estrategia desde la oposición ni desde muchos sectores críticos de la sociedad, o al menos no se responda como si se conociera,  y que la realidad venga caracterizada por reacciones puntuales y ocasionales a cada una de las decisiones que se adoptan. Reacciones importantes y necesarias, pero que terminan por agotarse conforme los medios de comunicación dirigen su atención a cada una de las nuevas medidas planificadas que, gota a gota, BOE  a BOE, van saliendo. 

La situación es tal que hasta en las críticas se cae en la trampa y se habla de “pobres energéticos”, “pobres sanitarios”, “pobres en alimentación”, “pobres de vivienda”, “pobres dependientes”, “pobres en la educación”… para referirse a las personas que no pueden afrontar económicamente los costes de cada una de esos servicios y necesidades en cuestión, cuando en realidad son las mismas personas las que son “pobres de todo”, una especie de “pobres integrales” que no pueden asumir los gastos de lo que supone el vivir y que tienen que ir limitando el uso de cualquiera de esas necesidades. Uno no es pobre para pagar los medicamentos y rico para costearse la calefacción, ni otro es pobre para que sus hijos e hijas puedan estudiar tras retirarle la beca, y rico para poder comer y vivir dignamente….

El Gobierno y el PP han conseguido que veamos la realidad fragmentada y atada a la deriva de unos días que terminan por pasar, y que la luz de final del túnel sea siempre la esperanza que nos lleve, no a avanzar hacia ella, sino a quedarnos quietos contemplándola.

Ahora ha vuelto a ocurrir con la nueva Ley sobre el Aborto del Ministro del Gobierno del PP, Alberto Ruíz-Gallardón, y la reacción ha sido la misma: respuesta crítica social y promesa política en la oposición de que será modificada en cuanto lleguen al Gobierno, como antes sucedió con la ley de educación, con las cuestiones sanitarias, con la dependencia, con las tasas judiciales, con los recortes en los servicios sociales…

Y está bien que ocurra así como reacción al gobierno autoritario que sufrimos, pero también hay que llamar a la conciencia crítica y reflexiva de la sociedad y a su posicionamiento sobre su dignidad. No se trata de que los partidos nos digan lo que es bueno, sino que la sociedad le diga a los partidos lo que quiere y que les exija por ello. 

La democracia no puede ser un pack que permita que las personas voten por el caramelo de “bajar el paro”, y que luego el Gobierno no haga lo prometido y sí lo que no ha planteado. ¿Qué clase de contrato social es ese?.

En democracia no se puede construir la convivencia sobre la mentira y la desconfianza, ni plantear los objetivos y el progreso social sobre las referencias de unos pocos. Al futuro se llega con todas las personas unidas de la mano, la sociedad no puede vivir en dos tiempos a la vez… Otra cosa distinta es pretender no salir del pasado.

Amanece, que es poquísimo… (100 años del nacimiento de Camus)

AMANECER-CAMUS
Si algo debemos echar en cara a la política, es haber apartado al pueblo de la democracia y haberla convertido en una escenificación programada, rígida, fría y automática.

Durante años el sistema ha comprado el voto con promesas cada vez más materiales e inmediatas, y ha confundido a la sociedad para que entendiera su compromiso como delegación, no como participación.

De este modo todo el mundo estaba aparentemente contento, la política gestionaba una época de bonanza a favor de “poderes  extraterrenales”, y la sociedad recibía su precio a través de la medidas pustas en marcha a demanda de determinados grupos y necesidades. No había relación, ni interacción, ni continuidad entre la ciudadanía y quien luego debía gestionar sus vidas. Sólo promesas y salarios. 

Bajo este esquema  los Gobiernos y los representantes han servido más a sus propios partidos e intereses que al pueblo, que estaba de vacaciones democráticas en su lugar de retiro diario.

La organización del modelo era propia de una estructura de poder donde en apariencia todo el mundo salía beneficiado, pero en realidad, mientras que los elementos que decidían e influían salían reforzados de este proceso, quienes cedían su presencia en la delegación cada vez quedaban más debilitados.

La crisis ha sido una voladura controlada de los restos que aún quedaban del “estado del bienestar” para consolidar este modelo, no para modificarlo, y así establecer en plantilla una asignación de funciones clara y definida a cada uno de los elementos del juego basada en la desigualdad y en el status. De este modo, el poder queda por encima de las nubes del día a día, la política se sitúa en la parte intermedia como brazo ejecutor, y el pueblo, como siempre, a ras de suelo y atrapado por el barro de las circunstancias y la amenaza de que todo puede ser peor.

No deja de ser significativo que al final de todo este proceso la idea que predomina es que la izquierda es peligrosa y conduce a derivas críticas, cuando todo ha surgido desde posiciones bajo el modelo ultraneoliberal de la derecha. Lo inaceptable en democracia es vivir por debajo de las posibilidades de participación, no por encima de los bienes materiales, pero eso se silencia para buscar la culpa redentora y dejar a la sociedad en los márgenes de la decisión y en la estación de servicio de la pasividad.

Con lo que no contaba esta estrategia era con el despertar del pueblo, con ese salir del coma inducido al que fue sometido, es cierto que su despertar se ha debido más al inmenso ruido que han hecho los platos rotos de la crisis, que a una toma de conciencia sobre la realidad de la situación y su significado. Quizás por eso determinados medios de comunicación  liberan el gas tóxico de la desinformación a diario como si fuera un gas sarín, pero ni así logran ya adormecer a la sociedad.

La distancia a la política, esa llamada desafección, no es de ahora. Ahora se ha tomado conciencia de lo lejos que se había situado la política de la sociedad, y es ahora cuando se debe comenzar un cambio que lleve a una mayor participación y compromiso del pueblo como responsable democrático. Y eso exige mirar por lo común y por la convivencia, lo cual implica tener un modelo, puesto que no todo es posible, ni todo lo posible es factible de manera simultánea. Sólo desde un modelo podremos progresar, lo demás será vegetar.

Y para ello hace falta compromiso y generosidad, se acabaron los lunes al sol y la resignación del amanecer “que no es poco”. Siempre hay que tener en cuenta las circunstancias de los demás, pero quien marca los días y las noches en democracia será la acción del pueblo, no el reloj ni el péndulo del poder. Ello no significa que todo tenga que hacerse por consenso, pero sí considerar las diferentes circunstancias de la realidad y las distintas necesidades y demandas para que la política no se un arma arrojadiza, y que sea la libertad y la responsabilidad las que guíen las decisiones de la sociedad, no la prohibición y la imposición.

Amanecer es poquísimo, es lo mínimo, lo obligado, la condición para todo lo demás… Por dónde salga el sol de la política y hacia dónde dirija su luz no es una cuestión de astros, sino de decisión a través de la participación ciudadana.

Hoy, 8-11-2013, se cumplen 100 años del nacimiento de Albert Camus, y creo que las palabras que pronunció al recoger el Premio Nobel en 1957 son perfectamente aplicables a nuestro tiempo. Dijo Camus:

“Cada generación , sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizá sea aún más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones frustradas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; cuando poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer; cuando la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión, esta generación ha tenido en sí misma y alrededor de sí misma, que restaurar, a partir de sus negaciones, un poco de lo que hace digno el vivir y el morir”

Desde aquella mitad del siglo XX, en poco más de 50 años hemos sido capaces de volver a crear esos dioses, ideologías y poder que Camus decía acabados… pero al igual que entonces no hemos sabido hacer una revolución, por supuesto pacífica, pero revolución. Todo ello nos dice que este amanecer de la crisis que ya alumbran algunos sólo será el comienzo de un nuevo ocaso… salvo que hagamos algo por evitarlo.

De momento, como la generación de Albert Camus, debemos evitar que deshagan lo que queda del mundo que nos hemos dado para convivir, y justo después debemos recoger su testigo para rehacer un mundo más justo, igualitario y pacífico… Es nuestra responsabilidad. 

El posmachismo (I)


POSMACHISMO-IEl posmachismo es una de las últimas trampas que la cultura patriarcal ha puesto en práctica
. Su objetivo es claro, busca jugar con la normalidad como argumento y hacerlo, paradójicamente, en nombre de la igualdad. Para los posmachistas todo lo que sea corregir la desigualdad, que lógicamente se dirige a atender a las mujeres que sufren sus consecuencias, es presentado como un ejemplo manifiesto de desigualdad por no contemplar dentro de esas medidas a los hombres. Incluso llegan a presentarlas como un ataque contra ellos, puesto que muchas de estas iniciativas buscan modificar privilegios que la cultura les ha concedido, es decir, los privilegios que los hombres se han dado a sí mismos.

El posmachismo lo tiene fácil porque juega en campo propio. Pretende que continúen las mismas referencias tradicionales, no otras, y para ello su estrategia es generar cierta confusión y desorientación, porque esa desorientación se traduce en duda, la duda en una distancia que lleva a que la gente no se posicione respecto al tema en cuestión, esta distancia se convierte en pasividad, y la pasividad en que todo continúe como estaba, es decir, bajo las referencias de la desigualdad.

Por eso el posmachismo no plantea alternativas y sólo critica aquello que viene a cuestionar las referencias y valores tradicionales. Es fácil, si se critica aquello que cuestiona a la desigualdad, y de ese modo se genera una duda, el resultado es que permanece la desigualdad. Por ejemplo, si se habla de violencia de género el posmachismo plantea como argumento que hay muchas “denuncias falsas” que las mujeres utilizan para sacar beneficios en contra de los hombres, y al separarse “quedarse con la custodia de los niños, la casa y la paga”. Como se puede ver, no niega la existencia de violencia de género, pero generan la duda sobre su realidad al cuestionar su dimensión y al decir que todo ello es producto del interés del feminismo y determinadas organizaciones de mujeres que se ven beneficiadas al imponer su visión particular de la realidad. Y para ello se aprovecha de la ventaja que da jugar con el mito tradicional de la “mujer mala y perversa” que la cultura ha puesto al alcance de cualquiera cuando lo necesite.

“Nosotros no somos así”, dicen los posmachistas ante los argumentos más directos y frontales del machismo clásico, pero persiguen lo mismo y lo consiguen con más eficacia al cambiar el mensaje en la forma y en el contenido.

Los elementos que predominan en la estrategia posmachista son la neutralidad, el cientificismo, el interés común, el argumento del beneficio económico para quien defiende la igualdad, la idea de imposición y adoctrinamiento como parte de una ideología excluyente, y el ataque personal y descrédito de quienes se posicionan en contra del posmachismo.

La teórica NEUTRALIDAD en sus planteamientos pretende marcar distancias con las iniciativas que se proponen desde los movimientos a favor de la igualdad y el feminismo. El posmachismo dice que ellos no quieren beneficiar a hombres ni a mujeres, que ellos buscan lo mejor para todos, y de este modo hacen una crítica directa a las medidas de igualdad dirigidas a las mujeres, como si éstas fueran parte de un privilegio por ser mujeres, cuando en realidad son actuaciones dirigidas a abordar las consecuencias sufridas por la desigualdad, bien sean en forma de violencia, discriminación, o cualquier otro tipo. Es como si un programa de salud basado en la vacunación de las personas en riesgo ante una enfermedad infecto-contagiosa fuese criticado por no vacunar a toda la población. No tiene sentido y resulta ridículo, pero estos mismos planteamientos cuando se hacen en temas de igualdad suelen tener mucha receptividad al jugar con los valores y los prejuicios existentes. 

El CIENTIFICISMO también busca romper con la posición del feminismo y de la igualdad. El posmachismo parte de la base que la igualdad es un planteamiento ideológico, no una realidad, puesto que para ellos la realidad está en la desigualdad y en la distribución desigual de funciones entre hombres y mujeres. Para reforzar sus propuestas y marcar distancia de un teórico planteamiento ideológico, recurren al dato, y para ello manipulan estudios y resultados de manera que sean sintónicos con los que plantean desde su posición ideológica. Por ejemplo, los estudios del Consejo General del Poder Judicial indican que aproximadamente el 30% de las sentencias por violencia de género no son condenatorias, y el posmachismo concluye sobre este dato que el 30% de las denuncias son falsas al no traducirse en condenas. Con ello generan la confusión en la sociedad e indican que las denuncias falsas están presentes en un porcentaje elevado del total, cuando en realidad una sentencia no condenatoria no indica que la denuncia haya sido falsa, simplemente que los elementos de prueba existentes no son suficientes para romper la presunción de inocencia que ampara al acusado. Pero da igual, lo importante es generar confusión y hacer que se dude de la realidad de la violencia de género.

El INTERÉS COMÚN parte del juego anterior y pretende reforzar la idea de que el posmachismo es quien en verdad defiende la igualdad buscando lo mejor para toda la sociedad, para hombres mujeres, niños y niñas, no como las medidas de igualdad que "sólo se centran en las mujeres y que, incluso, se dirigen contra los hombres". 

Pero además, por si todo esto fuera poco, al margen del cuestionamiento implícito a sus propuestas, el planteamiento posmachista incluye dos elementos críticos directos hacia la igualdad que cuentan con mucha receptividad en el momento actual.

Uno de ellos es la referencia al BENEFICIO ECONÓMICO DE QUIEN DEFIENDE LA IGUALDAD. Todo se presenta como una forma de “ganar dinero”, de “beneficiar a las organizaciones afines o a gente cercana”, o de poner en marcha servicios que no sirven para nada salvo para “colocar a los amigos y a las amigas”. Y por supuesto, todo ello en detrimento de otros recursos, programas, ayudas… que sí son necesarias. El argumento económico siempre es eficaz, pero en tiempos de crisis económica ha encontrado una receptividad añadida que al unirse a los otros argumentos facilitan la pasividad, cuando no el rechazo directo de las iniciativas a favor de la igualdad.

El otro argumento “de moda” es hablar de “ADOCTRINAMIENTO”. Para esas posiciones hablar de igualdad sólo es un instrumento “atractivo” para conseguir imponer una ideología y unos valores al resto de la sociedad, por eso hablan de “ideología de género” y han tomado la palabra “género” como sinónimo de todo lo malo, dogmático y radical, para plantear la amenaza en estos términos y hablar de adoctrinamiento. Esta posición refleja de forma muy gráfica cuál la imagen de la realidad.

La extensión de su planteamiento se ve como transmisión de los valores aceptados, lo cual se entiende como “educación”, mientras que transmitir la igualdad como valor y corregir las consecuencias de la desigualdad se ve como “adoctrinamiento”. De este modo se llega a la paradoja de que hablar de los valores y de las referencias que luego dan lugar a la violencia de género, a la discriminación, al aislamiento y alejamiento de las mujeres de la vida pública… es educar, mientras que lo contrario y permitir una sociedad más justa y pacífica es adoctrinamiento. http://blogs.elpais.com/autopsia/2012/12/adoctrinamiento.html

El otro elemento característico es el DESCRÉDITO Y ATAQUE DE LAS PERSONAS QUE SE POSICIONAN A FAVOR DE LA IGUALDAD. La idea es sencilla, si se desacredita a esa persona lo que diga o proponga no tendrá valor, por eso nunca faltan los insultos personales, la invención de historias profesionales y vitales paralelas o las referencias a la actuación por interés económico, con lo cual cierran el círculo y potencian el descrédito. Es algo de lo que ya he hablado en este mismo blog, ¿recuerdan el post “Mis adorables machistas” http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/02/mis-adorables-machistas.html?

Puede parecer extraño o exagerado, pero ocurre a diario. No paran, se sienten victoriosos en un momento en el que los recursos que permitían ir contra la corriente del tiempo y la historia han desaparecido, y en el que la ideología conservadora sopla con intensidad tormentosa.

Dense una vuelta por los comentarios de este blog o por mi cuenta de Twitter (@Miguel__Lorente) y lo verán en persona y en personas.

El metabolismo, la economía, el paro y la crisis


METABOLISMO-PARO
La economía
hace referencia al conjunto de elementos que funcionan de manera coordinada para mantener un sistema, sea este financiero, biológico o de otro tipo, por eso muchas veces al referirnos al organismo se habla de una economía entendida como unidad funcional. Y aunque pueda parecer mucha la distancia entre una economía financiera y la fisiología corporal, en verdad guardan algunas referencias comunes.

En el cuerpo tenemos órganos que funcionan como bancos, existen estructuras que se dedican a construir para que otras partes puedan afincarse en ellas y desarrollar su vida biológica, también hay células que intercambian sustancias para beneficiarse mutuamente, escenas de préstamos como si fuesen alquileres y sistemas que controlan todo ese proceso. Todo funciona como una economía destinada al interés común del sistema, que en este caso es la persona, y aunque hay situaciones en las que la propia biología trata de beneficiarse generando algún que otro desequilibrio, el control es tan estrecho que suele corregirse sin que genere problemas considerables.

Cuando el proceso fisiológico se mantiene en el tiempo bajo esas referencias equilibradas se produce un crecimiento del sistema. La persona crece en lo biológico y en lo emocional, y se produce una maduración que enriquece y consolida al propio conjunto de la estructura. En cambio, cuando el proceso se acelera al incorporar elementos extraños que buscan algún interés particular, como ocurre, por ejemplo, cuando se come en exceso, en lugar de crecer lo que hace es engordar. Aumenta de tamaño en alguna de sus partes, generalmente las que actúan como bancos donde se guardan las reservas generadas en exceso, pero no hay crecimiento ni maduración. Tampoco suele ser equilibrado ni estable, de manera que, al margen de los problemas que se producen por el desequilibrio, cuando acaba el aporte calórico el sistema empieza a echar mano de las reservas y se produce un adelgazamiento, que si es muy rápido da lugar a problemas para la salud.

La economía durante el periodo de los gobiernos de Aznar no creció, sólo engordó. Es verdad que aumentó el tamaño de determinadas partes del sistema, como fue el trabajo en la construcción y en sectores relacionados, pero no lo hizo de manera equilibrada ni de forma estable. La estrategia fue crear puestos de trabajo a costa de sacar a muchos estudiantes de las aulas y de debilitar otros sectores laborales atraídos por la gallina de los huevos de oro de la construcción y la especulación. Es cierto que todo ello hizo que el sistema adoptara una imagen más aparente, y que mientras aumentaban los kilos muchos pensaran que el tejido adiposo era una buena inversión, pero la burbuja que ascendía en el aire estaba llena de aire y grasa. De hecho la cifra de paro apenas se modificó tras las medidas iniciales, sólo hay que ver las gráficas para observar que con Aznar en 1996 continuó la tendencia iniciada en 1993, favorecida por las nuevas circunstancias. De hecho el paro continuó descendiendo durante la primera legislatura de Zapatero hasta que la crisis económica mundial impactó en nuestro país, e hizo estallar esa burbuja blanda e insustancial que teníamos en el aire, a pesar de los ladrillos y cemento que la rodeaban. Lo único que ocurrió en ese periodo de Aznar es que se crearon más puestos de trabajo en los sectores relacionados con la construcción, como aumentan los michelines cuando se come en exceso sin que se incremente la estatura de la persona, pero no se creó un verdadero tejido económico.
PARO REGISTRADO 

La economía engordó, no creció, y confundir crecimiento con engorde suele traer consecuencias negativas para la salud, además de demostrar una falta de responsabilidad. Es lo que ocurre cuando a los pocos meses de nacer te encuentras con unos padres conocidos que felices te muestran al bebe y comentan, “mira que grande está”; y lo que está es gordo, no grande, con todo lo que conlleva para su salud.

Y como la situación de la economía se trató de un proceso de engorde, en cuanto desaparecieron las calorías de la construcción y el aporte de vitaminas y proteínas que traen las finanzas, la economía comenzó a adelgazar y a tirar de las reservas, hasta quedarse vacías y sin recursos que aportar a un organismo cada vez más debilitado.

Ahora, encima del hambre que pasamos, nos dicen que la solución para recuperar a la debilitada economía es no comer, facilitar aún más la pérdida de kilos y hacer flexiones ante los gurús del metabolismo en señal de agradecimiento. Nos hablan de dietas de la alcachofa o de recetas venidas del extranjero, como la de la Dra. Merkel o el Dr. Mercado, de comida china… todo menos probar la “pasta”, que queda reservada para los señores de la economía.

Lo que sorprende es que en todo este proceso, ahora que tenemos casi 6 millones de personas en paro, la culpa parece que está en quien no puede trabajar. Quien está en paro es porque no tiene un puesto de trabajo, y si no hay puestos de trabajo es porque las condiciones para su creación y mantenimiento no se están abordando. Y no se hace porque hay una actitud generalizada de “aprovecharse” de la crisis para un beneficio particular

Todo el mundo está esperando a que sigan bajando los precios para comprar una vivienda, un coche, para hacer un viaje, o para adquirir otras cosas… Todo el mundo está esperando que los restos de la burbuja toquen tierra para saber dónde está el suelo y, entonces, actuar. Y muchos empresarios, el gobierno que los apoya y los bancos que los respaldan han adoptado la misma actitud, están esperando para ver cuándo pueden conseguir el objetivo de que los trabajadores y trabajadoras “trabajen más por menos dinero”. Lo dijo el ejemplar empresario Díaz Ferrán y otros muchos lo han repetido: “la solución está en trabajar más y ganar menos”… Ganar menos los trabajadores, porque los beneficios empresariales no paran de engordar con esa receta.

En esto de la economía tampoco hay recetas mágicas. Necesitamos una dieta equilibrada para que cada órgano, aparato y sistema haga su trabajo, si intentamos mejorar el sistema sin tener en cuenta los órganos y aparatos que lo forman nos equivocaremos, lo mismo que si queremos mejorar el mercado laboral pensando sólo en las empresas y no tanto en quienes tienen que hacerlas funcionar.

Tasas, crisis, recortes y violencia de género

TASAS-CRISI-VGVaya por delante mi reconocimiento a la actual Delegada del Gobierno para la Violencia de Género, Blanca Hernández Oliver. La evolución seguida por el número de homicidios por violencia de género durante 2012 demuestra que se puede erradicar esta violencia,  y que el instrumento que nos hemos dado para conseguirlo, la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, conocida como Ley Integral, es una buena herramienta.

Quienes años atrás la criticaban sistemáticamente, incluso la presentaban como causante de más violencia, y aprovechaban cada homicidio para recordarlo, ahora, de nuevo, tendrán que callar como deberían haberlo hecho en otros años cuando las estadísticas fueron similares.

La sociedad española no es más o menos violenta por la crisis o por factores generales cuando hablamos de una violencia estructural y construida sobre las ideas y valores de una cultura, que lleva a entender que los hombres pueden controlar y corregir a sus parejas. Elementos como la crisis actúan como “estresantes sociales” y  condicionan la respuesta ante la violencia y la forma de llevarla a cabo, pero no la generan. Por lo tanto, es importante separar una vez más, como tantas veces hemos insistido, la violencia contra las mujeres de las circunstancias económicas, laborales, sociales, familiares… estas circunstancias no son la causa de la violencia, aunque sí pueden influir en que se produzca de una determinada forma y se reaccione ante ella según ese contexto.

La verdadera dimensión de la violencia de género en España la reveló la Macroencuesta, 2011, realizada por el CIS y el Ministerio de Igualdad, y puso de manifiesto que cada año son 600.000 las mujeres que sufren esta violencia, de las cuales aproximadamente un 20% denuncian. También mostró que la mayoría de las mujeres que salen de la violencia lo hacen directamente a través de la separación, concretamente un 73%.

La cuestión es ¿cómo está influyendo la crisis en la violencia de género?. Hay dos grandes mecanismos que inciden en la dinámica de las relaciones violentas, y con ello los matices de la respuesta.

Por un lado la crisis está restando posibilidades de autonomía a las mujeres al dificultar contar con un trabajo y una independencia económica para salir de la relación violenta, lo cual está llevando a una disminución de las separaciones, tanto de las parejas en las que hay violencia como en las que esta no se produce. Y por otro lado, la crisis ha recortado muchas ayudas y recursos dirigidos a la asistencia, atención, información, asesoramiento… de las mujeres víctimas de violencia, cuando no directamente las oficinas y organismos para llevar a cabo estas funciones. Esto hace que las mujeres maltratadas, ya con problemas de autonomía e independencia, tengan aún más dificultades para salir de la relación violenta.

La situación es clara: La violencia de género continúa y, de no hacer nada, aumentará al permanecer la relación violenta y al percibir el agresor de que “aquí no pasa nada, ni me denuncian ni se separa”. Y esta situación es muy grave por dos motivos básicos. Por una parte, por su significado y por el daño que está produciendo a cientos de miles de mujeres y a sus hijos e hijas, recordemos que los niños y niñas expuestos y sufriendo esta violencia son 840.000 cada año (¡el 10'1% de nuestra infancia!). Y por otra, porque está actuando como reservorio para que en cuanto se modifiquen las circunstancias y las mujeres puedan salir de las relaciones violentas, el riesgo de homicidio se dispare.

Los maltratadores no van a cambiar sus ideas y conducta por cuestiones económicas, ni los políticas de igualdad están avanzando como para que la sociedad adquiera más conciencia crítica frente a esta violencia. La desigualdad continúa y las justificaciones de la violencia de género permanecen, por eso debemos insistir en los factores estructurales para acabar con las causas que dan lugar a ello y que al final terminan en el homicidio. Los homicidios por violencia de género son una manifestación más que se influye por elementos concretos relacionados con esta violencia, pero que actúan de manera independiente a lo que es el ejercicio de una violencia que busca el control y el sometimiento de las mujeres a las ideas y dictados del agresor.

La disminución del número de homicidios está en relación con los siguientes factores:

Dificultad para separarse y disminución del número de separaciones

Percepción de que no hay ayudas y sí más dificultades para salir de la violencia y de la relación violenta, como por ejemplo ocurre con los recortes y con las tasas para separarse, máxime si tenemos en cuenta que el 73% de las mujeres maltratadas salen de la violencia por la separación, no por la denuncia.

Disminución de la crítica y de la instrumentalización política  del “fracaso de la Ley Integral” ante cualquier homicidio. Esta circunstancia fue utilizada con frecuencia por el PP en la oposición y por un sector mediático e institucional de la sociedad, para intentar hacer “responsables” de los homicidios al Gobierno del PSOE  y a su ley.

– Reducción del conflicto social y de la duda sobre la realidad de la violencia de género al bajar la intensidad del argumento de las “denuncias falsas”.

Continuidad de las políticas y medidas (salvo las que se han recortado) que se venían desarrollando en prevención (campañas de concienciación, Teléfono 016…), protección (pulseras contra el maltratador, teleasistencia móvil…), atención a los menores, formación…

Las circunstancias son delicadas por haber llevado de nuevo la violencia a una invisibilidad que la hace pasar por inexistencia, y por el hecho de que muchas personas puedan creer que ya se ha conseguido parar a los violentos. Pero ellos siguen ahí, y están ejerciendo la violencia con una sensación de impunidad aún más alta.

Ahora es el momento para avanzar en prevención y para cambiar las referencias de una cultura que siempre ha sido cómplice con la violencia de género. Suprimir elementos de la educación como la asignatura de Educación para la Ciudadanía, recortar en servicios y ayudas para los víctimas, no dirigir políticas de igualdad para los hombres, poner tasas a las mujeres maltratadas que denuncian y a las que no denuncian, no contar con el conocuimiento y la experiencia de las organizaciones de mujeres no es la forma de conseguirlo. Todo lo contrario, es una forma para que la violencia de género y sus homicidios nos “vuelvan a sorprender” cuando cambien las circunstancias económicas que atrapan a las mujeres dentro de la relación violenta.

Y de nuevo será tarde, mucho más tarde.

50 sombras de Brey

SOMBRAS BREY
Si hay algo que no falta alrededor de Mariano Rajoy Brey son las sombras. Quizás acostumbrado al clima de su Galicia natal y a esas nubes enraizadas en sus cielos, ha echado de menos caminar junto a su sombra a lo largo de su vida, y ahora con frecuencia busca habitar la sombra en lugar de la luz de las cosas claras y directas. Hay sombras en su gestión, sombras en la comunicación, sombras en sus silencios y ausencias, sombras en las promesas, sombras en sus dudas, sombras en la confianza… Y el resultado de todo ello es sombrío. Es cierto que la sombra no es oscuridad, pero se aproxima más a ella que al resplandor de la verdad.

Nos han dicho tantas veces que vivimos en un túnel y que la luz que se observa al fondo es la salida, cuando en verdad sólo era una estación de servicio de Repsol, que han conseguido que cada día amanezca antes la sombra que el sol. La sociedad se ha convertido en una especie de sociedad durmiente a la espera de un apuesto príncipe o de un empresario bien puesto que nos rescate de nuestro letargo con un beso traidor. Así han hecho de la esperanza destino, y de la salida la puerta de entrada a la sala de espera. 

Nada de lo que se presenta al final será diferente a lo que ya tenemos en cuanto a las condiciones de vida y convivencia. No habrá mejores contratos laborales, ni la sanidad privatizada volverá a ser pública, ni regresarán las ayudas a la dependencia, ni aumentarán los recursos para promocionar la igualdad y ayudar a las mujeres maltratadas. Tampoco se pondrán en marcha programas dirigidos a los hombres en estas materias, ni desaparecerán las tasas judiciales, lo mismo que no habrá una educación para la ciudadanía ni respetuosa con las diferencias… Nada de eso es coyuntural, todo forma parte de la sombra que ya se ha instalado y en la cual viviremos. La única diferencia que se plantea es disminuir el número de personas desempleadas, algo fundamental, por supuesto, pero se hará a costa de la precariedad y de la sumisión que genera la amenaza y la culpa: “o esto o la nada”. Será la gran mentira que ilumine la “sombra eterna”.

Un panorama demasiado oscuro para que no se aprecie en él la larga sombra del ciprés que se eleva en la puerta del camposanto donde enterraron, a escondidas y después de matarlo, al Estado del Bienestar. Un Estado que molesta a quien entiende que la convivencia debe ser una cuestión de mérito, no de justicia, y que la solidaridad se basa en la compasión, no en los derechos.

El debate sobre la salida de la crisis, de cuándo saldremos de ella, del lugar al que nos conducirá, de cómo lo conseguiremos… es importante, pero lo más trascendente es “con quien lo haremos”. La respuesta a esta cuestión es clara y rotunda: la salida a la crisis ha de hacerse con la participación de la sociedad, pues es la única forma de superar la “crisis de la vivencia”, ese estado emocional que ha atenazado a la sociedad a través del miedo para que quien lo genera se presente como el único capaz de dominarlo.

Y la participación de la sociedad, siempre clave y necesaria, ahora es más importante que nunca, puesto que sólo desde lo común se podrá dar respuesta a todo, aunque en un primer momento la respuesta sea “no hay respuesta”, pero la habrá cuando tras las prioridades se puedan abordar el resto de los problemas. Todo el mundo está dispuesto a ceder por el bien común, como la propia crisis está demostrando, pero será difícil ceder en lo esencial para que unos pocos puedan acceder a lo superficial y al lujo.

La injusticia siempre es injusticia, no basta contar con una teórica aceptación o contrato en el que se acepte vivir en esas condiciones que no son de justicia. La voluntad viciada, máxime si nace en un engaño manifiesto, no legitima a nadie ni a ninguna mayoría para hacer de espaldas al resto lo que desde esa parte se considere, más bien todo lo contrario. La falacia de una mayoría es más falacia, no menos. 

Mariano Rajoy Brey no puede jugar, como lo hace Christian Grey "con sus sombras" a que el resultado de las elecciones sea una especie de contrato por el que la sociedad española le autoriza a desarrollar políticas que ocasionan dolor y sufrimiento a una gran parte de esa sociedad. La democracia es transparencia, luz y taquígrafos, para que la ciudadanía pueda saber y decidir en consecuencia, no juegos de alcoba ni bailes de salón.

Ni “50 sombras de Grey” para ocultar el sometimiento, ni “50 sombras de Brey” para atenazar a la sociedad.