Los exámenes de septiembre y las denuncias falsas

2+2=5
Septiembre es un mes de encuentros,  de retornos, de volver a empezar proyectos o de retomar temas que la crecida del verano separó y llevó a orillas diferentes. Por eso hay muchas personas que se citan en septiembre para continuar o para iniciar algunos de esos nuevos proyectos, y otras que no pueden salir de este mes porque forman parte de su escenario. 

Es algo que ocurre, por ejemplo, con los estudiantes que no han aprobado las asignaturas durante el resto del año, pero también con otras muchas personas que tienen asignaturas pendientes en su vida. Cada septiembre la apertura oficial del año judicial demuestra que una de esas asignaturas pendientes de mucha gente es la Igualdad y, como si se tratara de un examen, tenemos la oportunidad de poner en contraste algunas de las respuestas que dan estas personas a lo largo del curso, con el resultado del problema que presenta el Fiscal General del Estado en la pizarra pública de la Memoria de la Fiscalía.

Así, entre otras cosas, podemos comprobar el nivel del conocimiento del posmachismo y deducir parte de su estrategia. La cuestión que se plantea son las denuncias falsas en violencia de género, a lo que los posmachistas y las posmachistas responden que suponen un 80% del total (aproximadamente), y la respuesta correcta dada por el Fiscal General en la Memoria de la Fiscalía es… 0.024% Ooooohhhh!!!!! Han vuelto a suspender, y lo hacen con un “muy deficiente”. 

Y no será porque no se lo trabajan, se pasan todo el año haciendo cálculos con sus fórmulas peculiares, pero al final la verdad de su falacia se demuestra en sus propios argumentos, en esa forma de concluir que todo lo que no sean sentencias condenatorias son denuncias falsas. Circunstancia que también pone de manifiesto su gran desconocimiento de la violencia de género y de las mujeres que la sufren al ignorar la situación psicológica de las víctimas, el peso del control social, y el impacto que las amenazas y presiones de los entornos tienen a la hora de retractarse o de retirar una denuncia. A ellos les da igual todo eso, sólo les importa tener argumentos para cuestionar la realidad de la violencia de género. 

Lo cierto es que estos chicos y chicas del posmachismo ni progresan ni hacen las cosas adecuadamente, piensan que con alimentar sus argumentos entre ellos y tomar algún caso que encaje en sus planteamientos es suficiente, y que con ello pueden cambiar la realidad que ni siquiera se atreven a mirar. Una realidad que han ignorado históricamente (imagino que también habrán suspendido en Historia), y que sólo les ha preocupado cuando los cambios sociales y las leyes han cuestionado su posición de privilegio e impunidad.

El planteamiento es tan incoherente que pretenden defender la “presunción de inocencia” de los hombres denunciados con la “presunción de culpabilidad” de las mujeres que denuncian. Y curiosamente no lo cuestionan en ningún otro delito ni sobre ninguna otra denuncia, sólo las que hacen las mujeres por violencia de género. Sin duda una visión muy democrática y muy respetuosa con los Derechos Humanos y la Igualdad.

Todo forma parte de su estrategia para mantener su estatus, sus privilegios y su distancia frente a la asunción compartida e igualitaria de responsabilidades y derechos. De hecho sólo hay que ver su reacción ante el dato recogido en la Memoria de la Fiscalía General del Estado, ese que sitúa las denuncias falsas en violencia de género en el 0.024% del total, y las realmente comprobadas con sentencia condenatoria a las mujeres que las han interpuesto, en el 0’0045%. 

Lo primero que hacen es decir que es mentira porque según sus cálculos, esos que todo lo que no sea condena es falso, el porcentaje que a ellos les sale es diferente, después, como ven que por ahí no van muy lejos, atacan a la Ley Integral y la ponen como causa de las denuncias falsas que, curiosamente, la Memoria de la FGE dice que apenas existen. A continuación, como ven que tampoco es muy eficaz esa crítica, pasan a decir que la Ley Integral sí, pero no para mujeres, que debe extenderse a toda la familia, como si la violencia contra las mujeres fuera un problema de familia y no de cultura machista. Al final, como ven que se les desmoronan los argumentos empiezan a recurrir a otros temas y a tomar otras derivadas, entre las que no faltan las separaciones, el llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) la custodia de los hijos e hijas, y la panacea de la “custodia compartida impuesta”, como si todas las mujeres victimas de la violencia de género estuvieran conviviendo, con hijos e hijas y con problemas en la custodia, o como si todas las mujeres que se separan y tienen problemas en la forma de deshacer lo compartido y en la forma de mantener las relaciones con los hijos e hijas, fueran víctimas de violencia de género.

Sólo buscan desarrollar la estrategia de la confusión propia del posmachismo. Mezclarlo todo para que nada sea en sí mismo ni tenga el significado que la cultura le ha dado. La desorientación y la confusión conducen a la distancia, la distancia a la pasividad, la pasividad a no posicionarse ni actuar en contra de los elementos que facilitan la violencia de género que existe, y esa ausencia en la acción se traduce en continuidad de la desigualdad, de sus valores y de sus consecuencias, entre ellas la violencia.

Todo forma parte del precio que se debe pagar para que ellos mantengan sus privilegios. Para ellos es más importante el 0.024% de denuncias falsas que el hecho de que el 80% de las mujeres que sufren violencia no denuncien, les da igual que el 80% de las mujeres asesinadas nunca hayan denunciado tampoco, y que el 20% de las que al final denunciaron hayan sido asesinadas, quizás porque no las creyeron del todo al pensar que se trataba de una denuncia falsa para quedarse con la “paga, la casa y los niños”.

Podrán seguir con sus argumentos, críticas y ataques, como pueden comprobar la sociedad cada vez es más conocedora de su mentira, y cada día es más consciente de la desigualdad y de la violencia que genera. El año que viene, en septiembre, volverán a ser examinados, y me temo que sus calificaciones no variaran mucho.

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“Custodia asistida”

CUSTODIA ASISTIDA
Podría haber titulado este post como “Reproducción compartida”, a la postre el sentido que reflejan las últimas decisiones del Gobierno sobre las técnicas de reproducción asistida y la custodia compartida es el mismo, para él hay cosas de dos que sólo pueden ser de dos, y en esto de la reproducción y del cuidado de los hijos y de las hijas, con independencia de las circunstancias, lo que empieza con un espermatozoide y un óvulo debe continuar con un hombre y una mujer.

Y como el Gobierno se sabe culpable al cambiar la situación existente hasta el momento, ha aprobado estas medidas justo al borde de ese agujero negro en que se convierte agosto. No es casualidad que mientras que cada vez se exige más espacio para el resto de los Derechos Humanos (más Libertad, más Justicia, más Dignidad…), se pida una mayor limitación para la Igualdad, no sólo en su desarrollo, sino también quitándole espacio a lo ya conquistado.

El pasado viernes (19-7-13) el Gobierno aprobó la custodia compartida como régimen preferente aún en contra de la opinión del padre y la madre, y la prohibición de aplicar técnicas de reproducción asistida a mujeres. Sí, ya sé que se pueden aplicar a muchas mujeres, pero no sólo a mujeres, tiene que ser a mujeres con un hombre al lado. Las mujeres no pueden ir solas en eso de la reproducción, tampoco pueden hacerlo a la hora de decidir qué hacer con el embarazo, ni  ahora al tomar la decisión de quedarse embarazadas, en todas esas circunstancias necesitan a un hombre, y no sólo para "poner la semilla".

Y de nuevo estas medidas del Gobierno ni aumentan ni mejoran las prestaciones ni derechos de los ciudadanos, y menos aún de las ciudadanas, lo único que hacen es imponer su moral y restringir la libertad y la igualdad de muchas de ellas.  Es lo mismo que plantean con la reforma de la llamada “ley del aborto” y como querían hacer con la que posibilita los matrimonios entre personas del mismo sexo. Ninguna de las leyes existentes obliga a nadie. No obligan a la custodia individual, ni obligan a mujeres que no comparten una relación con un hombre a utilizar la reproducción asistida, ni obligan a interrumpir un embarazo, ni obligan a que las personas del mismo sexo que mantienen una relación contraigan matrimonio. En cambio sus contra-reformas sí obligan a que muchas de estas personas no puedan ejercer sus derechos en igualdad ni disfrutar de su libertad, que es la de todos, por la ideología de un Gobierno que mira más al cielo que a la realidad.

Y todo ello es respaldado por un sector de la sociedad que comparte esa ideología, algo que es legítimo y respetable, pero que adopta una actitud referencial o paranoide, algo que no es verdad (recordemos lo del “adoctrinamiento” http://blogs.elpais.com/autopsia/2012/12/adoctrinamiento.html). Esa actitud referencial es la que les hace entender que la libertad e igualdad se plantea como un ataque contra aquellas personas, instituciones o situaciones que han estado amparadas por la injusticia de la desigualdad, las cuales no sólo buscan defender determinados valores, sino que pretenden mantener privilegios concretos. Ninguna de las medidas y políticas de igualdad van contra la familia, los hombres, la religión, la vida, la sociedad… como muchos pretenden defender creyendo que al darle un sentido trascendente a la defensa de sus posiciones materiales tienen más razón, cuando en verdad lo que hacen es quedar en evidencia y demostrar cómo defienden una moral que a ellos les vienen bien y les reporta beneficios de todo tipo.

Y de nuevo, el Ministro que dijo aquello de “la maternidad libre hace a las mujeres auténticamente mujeres" http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/03/27/actualidad/1332870291_231347.html, sitúa la referencia de su decisión en los hijos y en la madre por delante de la mujer. Lo cual, una vez más, limita la libertad y la decisión de las mujeres y las somete a sus funciones sociales como madres, pero no de cualquier manera, sino tomando como referencia “lo natural”.

El mensaje es claro, hay que tener hijos, pero como Dios manda, y eso supone tomar como referencia lo de siempre. Es la idea tradicional de familia como institución dirigida a la procreación, y la de la persona que procrea y cuida en la familia como madre. Todo queda dirigido a ese fin social en el que el hombre es el garante de que las cosas sean como son y de que las mujeres hagan lo que tienen que hacer.

Sorprende que el Gobierno regule antes a favor de su ideología que de la realidad. Según los datos del INE, alrededor del 88% de las familias monoparentales están formadas por mujeres, lo cual indica que hay circunstancias diversas, algunas de ellas tristes y dolorosas, que llevan a que mujeres sin la presencia de un hombre puedan criar y educar a sus hijos e hijas, lo cual debería ser una referencia para que las mujeres pudieran tener a través de los medios necesarios los hijos que desean nacidos del amor.

Lo mismo ocurre con la imposición de la custodia compartida como referente en contra de la opinión de los padres y de las madres. La única explicación que tiene la medida aprobada por el Gobierno es pensar que la mayoría de las mujeres utilizan a los hijos como un instrumento para hacer daño a sus exmaridos, tomando casos puntuales, que siempre los hay, por lo general. Aparece de nuevo la imagen de la mujer mala y perversa para desvirtuar la realidad, de lo contrario no tiene sentido que se imponga a la fuerza algo que se puede conseguir de mutuo acuerdo en la actualidad, como ocurre con la custodia compartida. Otro día hablaremos más despacio de la custodia compartida, pero el hecho de que la mayoría de las custodias de mutuo acuerdo las tengan las madres es coherente con el hecho de que cuando no existe ese acuerdo entre los progenitores el juez o la jueza decida lo mismo, máxime al comprobar que las puertas de los colegios, las consultas de los pediatras, la salida de las academias de idiomas, de música o de danza… están llenas de madres, no tanto de padres. Las mismas madres que renuncian a su trabajo y a la jornada completa para el cuidado de sus hijos e hijas.

Si muchos hombres tienen que esperar a que la justicia obligue a compartir la custodia para ejercer su paternidad, algo no funciona en la sociedad, y algo están haciendo mal esos hombres cuando en lugar de trabajar por la Igualdad  para romper el estereotipo de mujer-madre, y de responsabilizarse en el cuidado de los hijos e hijas del mismo modo que lo hacen muchas mujeres, lo único que dicen  es que se sienten discriminados por decisiones injustas que nacen de la idea que otros hombres como ellos han labrado en la conciencia colectiva al pasarse toda la historia diciendo que las “mujeres poseen el instinto maternal y condiciones naturales para ejercer el cuidado de los hijos”, justo lo mismo que dice el Ministro de Justicia. Lo que no esperaban estos hombres es que pudieran hacerlo sin un hombre a su lado

La decisión del Gobierno se puede resumir en esa idea de  “custodia asistida”. Las mujeres han de ser custodiadas y asistidas para que sean lo que tienen que ser. Las mujeres deben ser vigiladas y dirigidas en sus decisiones, de lo contrario no sólo puede ir contra los hombres, sino que puede hacerlo contra el "orden natural". 

Las mujeres viven una situación social de “libertad con desconfianza”. La sociedad no se ha fiado de ellas para que puedan ejercer las mismas funciones que los hombres y las ha recluido en el hogar y la maternidad bajo el control y la asistencia de un hombre. No lo digo yo, que también, lo dice y lo demuestra la historia. Y ahora de nuevo se quieren cambiar las consecuencias sin modificar las causas. Como siempre.

Los nuevos Herodes


HERODES
Herodes el Grande, allá por el siglo I antes de Cristo,
vio peligrar su reinado y actuó contra la amenaza ordenando acabar con la vida de aquellos niños que podrían desplazarlo del poder.

La cultura androcéntrica ha adoptado una posición similar a lo largo de la historia para defender los privilegios que los hombres se han dado a sí mismos, desde los más materiales y cercanos hasta los más trascendentales formados bajo los conceptos de autoridad y superioridad. Estos elementos son los que hacen que su palabra tenga más valor, que sus argumentos gocen de credibilidad, que sus decisiones se entiendan nacidas de la reflexión, que su opinión se acompañe de criterio… y todo por el simple hecho de ser hombres. Las mujeres pueden conseguir una situación similar, pero tendrán que demostrarlo cosa por cosa al no contar con esa especie de pack como ocurre con la versión masculina.

La presencia de la desigualdad en la sociedad actual, la perspectiva histórica de la reivindicación de la igualdad iniciada por el feminismo siglos atrás, y la radicalización del control a través de la crítica y de la violencia de género, demuestran, entre otras muchas cosas, esa realidad tan ocultada y negada.

Y del mismo modo que las mujeres han cambiado y muchos hombres con ellas para acercarse a la igualdad, aquellos otros hombres que quieren mantener los privilegios de la desigualdad también han modificado sus estrategias de control y dominio.

Hace años, la separación y el divorcio condenaban a las mujeres a una especie de “muerte o letargo social”. Ante el resto de la gente eran mujeres de cierta edad, que ya habían estado con un hombre, que se quedaban con la servidumbre de los hijos y que continuaban bajo el control del exmarido a través de la dependencia económica, la cual era utilizada para seguir imponiendo sus criterios y decidiendo por ellas. Para esa gente estas mujeres se convertían en una especie de “objeto usado”, y como tal perdían valor. Pero eso ya ha cambiado, y por eso muchos hombres que quieren seguir controlando a sus mujeres tras la separación han modificado su estrategia.

Ahora ven amenazado su poder, su autoridad y su libertad extendida sobre la de la mujer, e igual que hizo Herodes el Grande, buscan atacar a quien genera esa amenaza para seguir gozando de los privilegios de su status masculino o para dañar a la persona que osa enfrentarse a ellos. La amenaza es la mujer y el instrumento son los niños, por eso aquellos que se encuentran en esta situación ahora reivindican la custodia y la guarda de sus hijos. Lo cual no significa que todos los padres que quieren la custodia actúen bajo la misma motivación, por eso es tan importante adoptar las medidas de forma individualizada.

Hace unas semanas nos sobrecogieron las imágenes de unos hechos ocurridos en Cittadella (Italia). Un niño llamado Leonardo es separado a la fuerza de su madre por la policía antes de entrar al colegio, y llevado en contra de su voluntad a vivir con un padre al que no quiere ver. Y esto, que nos parece lejano y extraño, es lo mismo que está ocurriendo con frecuencia en España y en todos los países, bajo una de las muchas estrategias desarrolladas por el posmachismo.

Los hechos son objetivos: Hay niños y niñas que tras la separación no quieren ver a sus padres. Nadie cuestiona esta realidad. El problema está en la manipulación que se hace de esa situación para darle un significado que ataca a la mujer, al argumentar que se debe a que la madre manipula a los hijos para que odien a su padre. Y para darle más valor lo han revestido de elementos científicos, presentándolo como algo técnico y neutral bajo la denominación de SAP, “Síndrome de Alienación Parental”

Otro día hablaremos más despacio de él, pero de momento debe saberse que este “síndrome” no está aceptado por la comunidad científica internacional y que, por tanto, no está en ninguna de las clasificaciones mundiales de enfermedades y trastornos mentales, ni en el DSM-IV-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría, ni en la CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud. En nuestro país, además, hay un pronunciamiento crítico de la sociedad más relevante en psiquiatría, la Asociación Española de Neuropsiquiatría (25-3-2010) y del Consejo General del Poder Judicial tras uno de los cursos organizados sobre el tema

No debe confundirse el hecho de que haya científicos que lo defiendan con el hecho de que sea una entidad clínica aceptada por la ciencia, también hay científicos en contra de los programas de vacunación infantil, por ejemplo, y sus posiciones no son aceptadas por la comunidad científica, y mucho menos se adoptan decisiones desde las instituciones sanitarias que respalden esas ideas particulares, por muy argumentadas que estén. 

Lo que resulta más grave es que a pesar de que no sea una entidad clínica aceptada científicamente, se esté utilizando en los juzgados y que muchos jueces y juezas estén adoptando decisiones iguales a la que resolución que dio lugar a las imágenes de Italia. Lo terrible es que muchos niños y niñas sean arrebatados a sus madres y entregados a unos padres que rechazan, y que lo hagan para que vivan con ellos dejando de ver y contactar con la madre “hasta que se curen”. Esta es la consecuencia del SAP. 

La perversidad del SAP y de los padres que lo utilizan es tal que impide averiguar las verdaderas causas de por qué los hijos no quieran ver a sus padres, las cuales no están relacionadas con la manipulación de las madres. Muchos estudios han puesto de manifiesto que estas conductas están vinculadas a la reacción de los hijos tras la separación, pero también, y de hecho ocurre con más frecuencia, a la violencia que ha ejercido el padre contra la madre y contra ellos durante la convivencia. Este hecho es avalado por los datos de la Macroencuesta de 2011, realizada por el CIS y el Ministerio de Igualdad, en la que aparece que la mayoría de las mujeres que sufren violencia de género lo que hacen es separarse, no denunciar a su pareja. Cuando estos niños y niñas que han vivido la violencia se sienten seguros y a salvo de las agresiones del padre que han vivido, no quieren volver a verlo. Obligarlos a hacerlo en estas circunstancias causa un daño profundo en ellos, que en algunos casos ha llevado hasta el suicidio. 

Creo en los hombres y en su responsabilidad como padres, yo soy padre y sé lo que es el vínculo afectivo que se establece con los hijos y cómo debe sentirse un padre cuando se pierde el contacto con ellos tras la separación. También soy consciente del gran cambio seguido por muchos hombres, y que hoy son tan buenos padres como buenas madres son sus compañeras, y que todo ello se debe reflejar en las en las decisiones judiciales y en las medidas que se adopten tras una separación respecto a la guarda y custodia, entre ellas la custodia compartida por mutuo acuerdo. Pero también soy consciente de que, al igual que los maltratadores han utilizado a los hombres no violentos para camuflarse entre ellos y aparentar lo que no son, muchos posmachistas que buscan dañar a sus exparejas y seguir controlándolas, utilizan a estos padres que ejercen una paternidad afectiva y corresponsable para exigir medidas que le permitan seguir gozando de ventajas y privilegios. De hecho, si se paran a ver la situación de forma global, los mismos que defienden el SAP son los que pretenden que se adopte la custodia compartida impuesta, los que hablan de denuncias falsas en violencia de género, y los que cuestionan las políticas de igualdad… Todo al mismo tiempo que reivindican la custodia compartida como reflejo de la “verdadera igualdad”. Curioso, ¿no? 

La alienación parental no existe,  y los hombres debemos trabajar por la igualdad para que se nos reconozca, sencillamente, como iguales para todo, también para ejercer la paternidad y asumir las responsabilidades y obligaciones que conlleva, antes y después de la separación, si esta se produce. 

Que no nos engañen, el principal obstáculo para conseguirlo no son las mujeres ni la igualdad, sino aquellos hombres que quieren que todo siga como ha sido y la desigualdad. Herodes el Grande quedó atrás en la historia, no lo resucitemos.

 

PD. El contenido de este post no va contra los hombres. Cuestiona a aquellos hombres que utilizan los argumentos recogidos y llevan a cabo las conductas descritas, así como a los valores que han utilizado para hacerlo como parte de la "normalidad". El resto de los hombres (ranas o no) debemos cuestionar todo eso. No se trata de que dejemos de ser hombres, sino de sacar de la masculinidad esas conductas, ideas y valores que otros quieren imponernos como parte de la hombría. Ese es mi planteamiento. Que cada uno actúe como considere.