Tú abdica, que yo me encargo de todo lo demás

REY CORAZONESComo diría el mismísimo Joaquín Sabina, “para decir con dios a los dos nos sobran los motivos” Al Rey le sobran años, compromiso, presión, viajes, soledad, familia real, mensajes televisados, altares y tribunas, silencios, desfiles y credenciales, tropas que revisar y trapos sucios que lavar… de todo ello ha tenido de sobra. Y le faltan días, abrazos, compañías sin regimientos, aceras que caminar, filas y colas que esperar, hijos e hijas en lugar de herederos, llamarle reina a su nieta en vez de princesa… De nada de eso ha tenido suficiente.

Por su parte, al pueblo le sobran tronos intermitentes, coronas descorazonadas, palacios de cristal blindado, yates a la deriva, amistades peligrosas… Y le faltan espejos para mirarse, jardines en los que meterse, Coronitas con las que brindar, papeletas que resolver, príncipes de corazones, reinas de colores… y tantas otras cosas.

Si se observa despacio, en verdad no hay tanto desencuentro entre uno y otro, entre el pueblo y su rey, al final es más una cuestión de principios que de finales inesperados y sorpresivos… Y aunque han sido casi 40 años, su reinado se puede resumir en dos frases que pronunció cuando los micrófonos miraban para otro lado, y salió el plebeyo que todo rey lleva dentro, el que con frecuencia pone la cabeza sobre la que se deposita la corona. Una de ellas fue el “hablando se entiende la gente” que le dijo a Ernest Benach como un “hasta luego”, a sabiendas de que podría ser “hasta nunca” por parte de cualquiera de los dos; y la otra fue el “por qué no te callas” a Chaves, pura majestad en una cumbre borrascosa de palabras heladas y afiladas, como el granizo de la primavera que apedrea al verano que se acerca por el camino de los días.

Quizás por eso cuando la gente ha dejado de hablar y de entenderse, y cuando los silencios son más amenazantes y gélidos que esas granizadas de palabras precipitadas por las borrascas sociales y políticas, entonces el rey ha dicho me voy…

Me voy y dejo a mi hijo a cargo del negocio, que tiene más manejo con el Whatsapp y con el Twitter, esos nuevos medios llenos de silencios con los que se entiende la gente… Quizás piense que su hijo es el príncipe azul que tanto esperaba la democracia para emanciparse de un pasado, que hasta ahora no la ha dejado salir de casa más allá de las 10 de la noche, ni acudir a determinados lugares… Quizás sólo sea eso… No lo sé, pero lo veremos.

Hasta ahí todo bien dentro de la lenta lógica de palacio, lo que no queda tan claro es el momento, ni siquiera los motivos que ha barajado su majestad. Si uno aprende algo cuando mira las decisiones políticas de trascendencia, es que nadie da “puntadas sin hilo”, y cuando el rey de la monarquía “juancarlista” decide poner fin, no a su reinado, sino al propio “juancarlismo”, hasta ahora la única garantía real, y decide comunicar su abdicación una semana después de unas elecciones europeas que han agitado al sistema y a sus instituciones, dos semanas antes de un mundial que hará olvidarnos de todo menos del árbitro del último partido, unas semanas antes de que, quizás, imputen a su hija Cristina… Cuando todo eso está por suceder, y quizás algo más, no puede ser casual que un rey abdique, así, de repente y por boca de un Presidente de Gobierno. Alguien busca más que se olviden algunas cosas en lugar de que se recuerden otras.

Por de pronto las infantas dejarán de ser parte de la familia real, con lo cual no imputarán a uno de sus miembros, la juventud crítica con la monarquía se sentirá más cerca de su rey y de su “reina del pueblo”, y Rajoy estará muy contento cuando ha declarado que “este es el mejor momento” para la abdicación.      http://politica.elpais.com/politica/2014/06/02/actualidad/1401702157_721435.html

No creo en la sorpresa primaveral de una decisión tomada en enero, según ha declarado el propio rey, y tampoco pienso que se haya hecho por generosidad. Todo forma parte de unas circunstancias que no nos han explicado y que debemos conocer antes de que se dé nada por supuesto. La situación es extraña, quizás por ello se empeñan en explicar al mismo tiempo lo importante y lo irrelevante que es la figura del rey.

Alguien ha escrito un guión para el playback que estamos escuchando, pero no suena del todo bien, por ello deben explicarnos las causas reales de esta abdicación, y no taparlas con el boato de la coronación ni con la repetición de los goles de la selección.

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La suma de todos los miedos

SUMA TODOS MIEDOS
Europa se ha convertido en un lugar donde guardar todos los miedos que nos acompañan
como sombras que proyecta la realidad, una especie de casa encantada (encantada de conocerse a sí misma), donde los temores que la habitan nos hacen mirar por las ventanas para averiguar de dónde vienen los ruidos que se escuchan, cuando en verdad suenan en su interior.

Europa tiene miedo a dejar de ser Europa, pero tiene aún más miedo a serlo de verdad, por eso se ha convertido en una especie de confesionario donde cada uno va a contar aquello que es incapaz de decir en su país, o a pedir súplica por lo que ha hecho mal a la espera de encontrar el perdón de los sumos sacerdotes y sacerdotisas. De este modo la penitencia de los recortes no será excesiva, y el pecado de lo que la religión de la austeridad considera que es “vivir por encima de las posibilidades”, se puede redimir.

Quizás por ello Europa aún no ha sido capaz de salir de esa isla donde la trasladó el dios Zeus cuando la secuestró, y cree que puede hacerlo aumentando el territorio país a país para hacer de la isla un continente, sin dotar de un significado ni de elementos comunes su interior. Pero ese es su error. Europa es más un contenido que un continente, por eso será igual de pequeña aunque aumente el número de Estados Miembros de la Unión, como sigue siendo pequeño un bonsái con independencia de que el macetero que lo contiene sea cada vez más grande.

Europa sigue secuestrada por Europa, y lo curioso es que pide como rescate a la propia Europa… No se da cuenta de que quienes están llegando ahora a su interior no son los acompañantes ni la bella dama que situó la mitología griega en la isla de Creta, sino troyanos de la ultraderecha que crece en al ambiente oscuro y húmedo de la incertidumbre, la frustración, la impotencia, la indignación… para habitar el miedo original que acompaña a la idea de Europa.

Da la sensación de que más que un proyecto común, una referencia hacia la que confluir y unos elementos que compartir, la Unión Europea se creó con el miedo de quienes sentían sus economías amenazadas por grandes potencias y monedas lejanas, y que es ese miedo el principal factor que ha influido en su configuración y desarrollo. Por eso se han ido sumando países bajo criterios exclusivamente económicos, nada de políticas y derechos, de eso siempre habrá tiempo para no hacer lo suficiente. Y hoy, 57 años después de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), y 22 de Maastricht, esos elementos que llevaron a la decisión de unir las fronteras de los países que fueron el germen de la Unión Europea, continúan bajo las mismas referencias: el miedo y el mercado. 

La diferencia después de este tiempo es que hoy el miedo está dentro del Parlamento de la Unión, representado por los anti-europeístas y euroescépticos, y que el mercado se ha transformado en un mercadeo en el que lo que se compra y se vende son los propios Estados Miembros.

En 1992 Tom Clancy publicó su novela “La suma de todos los miedos”. El 24 de agosto de ese mismo año tuve la oportunidad de hablar con él en la Academia del FBI en Quantico, donde fue a dar una conferencia, y donde yo me encontraba desarrollando un proyecto de investigación. Tras la charla me firmó el libro y compartimos algunas palabras, me dijo que el miedo siempre se suma para restar capacidades y oportunidades…

Sólo hay que ver el resultado de las recientes elecciones al Parlamento Europeo para darnos cuenta de que aún no hemos superado el miedo inicial, ni lo haremos mientras dejemos que continúe siendo el miedo una de las referencias para decidir; y mientras los grandes partidos se asusten más de la Igualdad que de la violencia, la homofobia, el racismo, la xenofobia… y tantos otros males de nuestro tiempo que anidan allí donde el miedo llama al odio.

Se equivocan de “enemigos” y de estrategia. Los partidos van a Europa hablando de la política nacional, y luego, cuando ya todo está decidido, regresan a lo nacional hablando de Europa.

Mientras no cambiemos de perspectiva, Europa seguirá siendo una excusa y un problema, en lugar de una razón y una solución. Y eso exige entender a Europa como un contenido, ver el contenido como las personas que la habitan, y el proyecto común como la convivencia sobre unas mismas referencias que nos enriquezcan desde la diversidad y la diferencia, y nos hagan crecer, no sólo ganar.

Y para alcanzar esa meta, la pregunta que debemos hacernos no es “cuánta Europa queremos”, sino “qué Europa queremos”. Una vez que hayamos respondido a esa cuestión, lo demás será sencillo.

Homo sapiens, “mujer habilis” *

CAÑETE-VALENCIANO
Los “escarabajos llaman soles a sus hijos”, y los machistas llaman inteligencia a aquello que los hombres hacen… al menos es lo que se deduce de la “sabiduría popular”. La historia está llena de estas trampas que han venido a justificar lo que previamente se ha considerado como adecuado y correcto, nada es casual, por eso la repetición ha sido uno de los elementos que más definen la normalidad. 

Ya se sabe, “quien parte y reparte, se lleva la mejor parte”, y los hombres han diseñado una cultura androcéntrica en la que aquello que hacían ellos era lo importante, lo necesario, lo trascendente… lo inteligente. Lo demás lo podía hacer cualquiera, pero como no había nadie más, sólo hombres y mujeres, pues asignaron a las mujeres todas esas tareas asimiladas a base de repetición, cuyas circunstancias invariables llevaba a que se aprendieran sin mayor problema, sólo era cuestión de más o menos tiempo. 

El Homo habilis vivió hace  1’6 millones de años, pero para muchos hombres las mujeres nunca superaron ese periodo evolutivo, y hoy aparecen como el eslabón que demuestra que hubo un día en que todo el género humano pasó por esa parte de la cadena. Sus funciones no requieren inteligencia, sólo habilidad para llevarlas a cabo, por eso para ellos todo sigue como entonces.

Las declaraciones de Cañete no son una excepción; no lo son en él, que ya ha echado mano de ese tipo de argumentaciones, y no lo son en la sociedad, donde muchos hombres y mujeres siguen pensando que las mujeres no alcanzan el nivel ni la capacidad de los hombres, bien sea porque no pueden debido a “limitaciones propias de su condición”, o bien porque, aun pudiendo, sus “obligaciones” con la maternidad, el cuidado y el afecto… no deben hipotecarse para ocupar espacios que no les corresponden.

La trampa de esta cultura que toma lo masculino por universal ha buscado argumentos de todo tipo para mantener la desigualdad en el tiempo, y la biología ha sido su principal aliada al haber situado sobre ella la esencia de las funciones de hombres y mujeres. En los hombres la fuerza y la razón, en las mujeres la maternidad y las emociones, de ahí que insista tanto en todo lo relacionado con ese referente objetivo y palpable centrado en el cuerpo y en la mente de las mujeres. 

Una de las polémicas más serias en este sentido se produjo en febrero  de 2005, cuando Lawrence Summers, entonces Presidente de la Universidad de Harvard, sugirió que las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino podían ser un factor para explicar la baja presencia de mujeres en el mundo de la ciencia. Por aquella época basó su planteamiento en el tamaño del cerebro (los hombres siempre a vueltas con el tamaño de ciertas partes anatómicas), el cual podía conducir a una inteligencia inferior. La polémica se zanjó con múltiples estudios y trabajos que demostraron que no había relación alguna ente el tamaño y la función cerebral, menos aún con la inteligencia, y que, de hecho, las funciones del cerebro masculino y femenino son muy similares.

Sin embargo, dichos estudios también demostraron la existencia de algunas diferencias estructurales, bioquímicas y funcionales entre los dos cerebros, por lo que muchos científicos se acogieron a ellas para mantener la teoría, no de la diferencia, sino de la superioridad masculina, a pesar de que la mayoría de estos estudios se hicieron con animales de laboratorio. ¿Ciencia?, no, cultura; que es la que da un significado previamente concebido.

Las diferencias en el funcionamiento cerebral son objetivas, por ejemplo, aquellas relacionadas con la respuesta emocional, con ciertas habilidades, o con algunas funciones cognitivas influidas por las hormonas sexuales, que pueden llevar, según algunos estudios, hasta conductas innatas en la selección de juguetes y juegos, así como a distintas formas en la manera de responder ante determinados estímulos. Las estructuras implicadas en algunas de estas diferentes respuestas funcionales del cerebro han sido relacionadas con la amígdala, el hipocampo, y con la liberación de serotonina, dopamina y adrenalina.

Todo ello demuestra la existencia de diferencias en el modo de percibir la realidad y de responder ante ciertos estímulos, especialmente relacionados con el estrés y las emociones, pero en ningún caso, como afirman la mayoría de los científicos, pueden servir para justificar desigualdades y, menos aún, discriminación sobre las mujeres. Por otra parte, estos trabajos  también indican que hay cerebros masculinos con conexiones similares a las del cerebro femenino, y viceversa; por lo que no se puede concluir que dichos hallazgos condicionan el comportamiento y la conducta global, y menos aún las identidades masculina y femenina.

La conclusión es justo la contraria, y lo que demuestran estas diferencias es la necesidad de contar con todos las capacidades humanas existentes para resolver los problemas que se puedan presentar en sociedad. 

Esa es la trampa principal, tomar todo aquello relacionado con las mujeres como inferior, no como diferente, y, en  consecuencia, no considerarlo en igualdad para enriquecer y mejorar a toda la sociedad y a la propia cultura que nos define.

Pero no es un error. Las consecuencias de la desigualdad para hombres y mujeres son objetivas, y mientras que los primeros viven su “superioridad intelectual”, económica, laboral, directiva, empresarial, profesional, académica… las mujeres la sufren doblemente: por tener que soportarla desde la injusticia que supone, y por no poder acceder a esos espacios en igualdad para desmontar los mitos y sus trampas. 

El ejemplo más cercano de que no se trata de un error lo tenemos en las reacciones a las declaraciones de Arias Cañete por parte de su entorno; no sólo no ha rectificado ni las ha criticado, sino que ha actuado como un coro para reforzarlas o matizarlas, pero siempre bajo su enunciado principal de la “superioridad intelectual” de los hombres sobre las mujeres.

Y es que, tal como dice otras de las referencias de la “sabiduría popular”, las cosas y las personas van “del caño al coro”, y ahora parece que lo hacen “del Cañete al corete” orquestado de voces.

 

* Tomado del capítulo: “Laberintos y neuronas. La trampa cerebral” del libro “Tu haz la comida, que yo cuelgo los cuadros” (Crítica, 2014)

El poder, la derecha y la izquierda

PODER DERECHA E IZQUIERDA
El poder es inaccesible en sí mismo,
no se sabe muy bien quién lo tiene ni dónde está y sólo se manifiesta en determinados ámbitos que representan una parte de él. Es lo más parecido a la idea clásica de Dios, nadie lo había visto, pero todo el mundo lo había sentido en alguna ocasión y todo el mundo le temía. No por casualidad lo llamaban el “Todopoderoso” y a sus obras milagros.

Hoy el poder se ha situado a nivel terrenal, “el cielo puede esperar” y por ello las religiones han pasado a mandar mensajes para este mundo en lugar de elevar oraciones para el otro, ahora buscan más ir con el “mazo dando” que  con el “a Dios rogando”.

Pero el poder tiene muchos pretendientes, y los partidos políticos, solos o en compañía, se disputan una parte del poder para influir en la sociedad y facilitar su transformación y desarrollo en el sentido que consideran más adecuado. Y cuando lo consiguen, la forma de ejercerlo nos aporta una información muy interesante sobre las distintas maneras  de entender la realidad y los objetivos que pretenden desde cada una de las posiciones políticas.

A raíz de algunos acontecimientos ocurridos estos días pasados, resulta curioso ver cómo hay más diferencias entre el PP y el PSOE en la lucha por el poder que en la forma de ejercerlo. 

En la derecha, los principales conflictos internos se producen cuando está en el ejercicio del poder, mientras que en la izquierda los problemas se presentan cuando pierde el poder. Y estas diferencias en los tiempos en que se producen los enfrentamientos internos en la derecha y en la izquierda, muestran que el poder no se percibe ni se entiende de la misma manera.

Como decía, el PP presenta sus enfrentamientos más intensos cuando está en el gobierno: Por ejemplo, el PP de Madrid es una olla a presión con claros problemas dentro de la organización regional y con el partido a nivel nacional, situación  que se observa a diario en las manifestaciones del Presidente de la Comunidad, de la Presidenta del Partido, Esperanza Aguirre, de la alcaldesa, de algunos senadores, de Ruiz Gallardón… Por otra parte, Cospedal está a muerte con Sáenz de Santamaría, como se ha puesto de manifiesto en la designación del candidato a la Junta de Andalucía, o como ha salido en mas de una ocasión por los nombramientos de sus maridos. En Valencia continúan las luchas entre la batalla original de los seguidores de Zaplana y Camps y las cenizas de Fabra y lo que queda de Fabra;  y en el País Vasco también ha surgido otro enfrentamiento claro entre el sector más tradicional de Mayor Oreja y la nueva dirección respaldada por Génova.

El PSOE, por el contrario, presenta sus conflictos fuera del ejercicio del poder, incluso hasta el punto de respetar en relativa paz el tiempo de gobierno ejercido por una persona a la que después ignora, como ha ocurrido con José Luis Rodríguez Zapatero. El enfrentamiento en el PSOE surge al margen del poder y se manifiesta en las primarias, donde los movimientos son claros, y a veces no exentos de cierta dureza, para elegir a la persona que competirá por el poder. Pero a partir de ese momento, con más o menos críticas y convencimiento, no suele haber una guerra clara ni enfrentamientos abiertos.

Imagino que se podrán hacer muchos análisis e interpretaciones, pero hay dos que me gustaría plantear.

Un primer análisis gira sobre la idea, ya comentada en otro post, que se tiene en los sectores de la derecha sobre el poder como un estado natural en ellos, lo cual lleva de manera directa a que haya determinadas personas que crean que son ellas las que se merecen estar en el uso del poder y no otras, de manera que cuando su pensamiento no coincide con la práctica se produce el conflicto.

La otra está directamente relacionada con el uso que se hace del poder. Si alguien se pelea por el poder dentro de una misma organización durante su ejercicio, lo que demuestra es que el proyecto común no existe o no importa, y que lo que se busca son los beneficios particulares, del tipo que sean, que se pueden obtener para uno mismo o los suyos.

La izquierda parte de la situación contraria, la idea que se tiene en un sector de la sociedad es que son unos intrusos en el poder, una especie de ocupas, y por ello desde la propia izquierda se evitan las fisuras que puedan debilitar su ejercicio.

Pero quizás lo más destacado es la otra consecuencia. Al no partir de la idea preconcebida de que el poder pertenece a ciertos elementos, tampoco hay una clara concepción de que determinadas personas son las que han de desarrollarlo, se piensa que unos pueden hacerlo mejor que otros, pero no en términos de merecimiento. Esta forma de entender la situación hace que las primarias faciliten este debate y que sea el conjunto de la organización el que decida, no que una persona imponga a otra a partir de esa idea de que “el poder soy yo e invisto a quien considero”. 

La situación que se deduce de estas circunstancias es que en la izquierda pesa más el proyecto común y el interés social que el beneficio particular, de ahí las importantes diferencias que se observan en uno y otro partido.

El problema básico que se observa en el fondo de la situación comentada es que en la práctica ni el PP ni el PSOE obtienen el poder, sino tan sólo una parte de él, aquella que corresponde al ejercicio de las funciones de gobierno, con todas las relaciones que se establecen con otros ámbitos de poder. Esto hace que a la postre se busque contentar a esos otros espacios de poder, y que en ocasiones la izquierda renuncie de manera voluntaria  a algunos de sus compromisos para mantener al poder contento y en armonía, o que, incluso, reproduzca actitudes y tome derivas similares a las de la derecha.

No por casualidad se dice que el PSOE se derechiza cuando desarrolla una segunda legislatura, y no es casual tampoco que una parte de la sociedad diga que PP y PSOE son lo mismo. 

Está claro que no lo son, pero además de no serlo, no deben parecerlo, ni dentro ni fuera del ejercicio del poder. Cuando todo se mezcla todo se confunde, y mientras que la derecha no se desgasta por mostrarse tal y como es, la izquierda no sólo queda en evidencia, sino que además queda deslegitimada.

El universo contractivo de la Justicia

UNIVERSO JUSTICIA
El pasado martes (11-2-14) vivimos en nuestro Parlamento un ejemplo de lo que podríamos considerar el “universo de la justicia”, un universo que al igual que el espacio sideral está en movimiento, si bien en sentido contrario. Y mientras nuestras galaxias se expanden, el universo de la Justicia se contrae y empequeñece.

Por un lado asistimos a la limitación de la “Justicia Universal”, o lo que es lo mismo, a la imposición de criterios particulares para impedir que la Justicia prevalezca, y por otro, a la imposición de un criterio personal sobre la conciencia de muchos diputados y diputadas que habían manifestado sus críticas, y hasta rechazo, a la reforma del aborto planteada por el Ministro Gallardón, refrendada después por Rajoy y su Gobierno, y respaldada ahora por todo el PP. 

En los dos casos se pone de manifiesto una instrumentalización de la Justicia para defender aquello que se considera importante, no para la sociedad, sino para una parte de ella que obtiene beneficios a través de estas imposiciones. En definitiva, lo que se ha hecho es, por un lado, dar libertad a los criminales, y por otro, limitar los derechos de las personas para ejercer su libertad en un marco de convivencia plural y diverso, e imponer unos límites a esa convivencia en nombre de una unas ideas, de una moral y de unas creencias que son muy respetables, pero que no pueden obligar a quien no las comparta.

Las consecuencias de estas decisiones no se reducen sólo al hecho en sí de la restricción, sino que con ellas se producen injusticias difícilmente aceptables y asumibles en una democracia y en un universo social que pretende girar alrededor de los Derechos Humanos. No hablamos de situaciones futuribles y abstractas, sino de realidades concretas que llevan a que sus consecuencias sean inmediatas. En el caso de la limitación de la Justicia Universal se facilita que los crímenes contra la humanidad no se investiguen y que, por tanto, sus autores utilicen la Justicia para defender su impunidad. Y la reforma del aborto conlleva que las mujeres queden reducidas a una especie de “electrodomésticos” obligándolas a ser madres en contra de su voluntad, como si una consecuencia tan trascendente pudiera imponerse sin contar con su decisión.

Quien entiende que el universo es un error porque gira alrededor del sol, no de su propio planeta moral e ideológico, como cree que debería ser, todo lo ve desde esa distancia que pone colores a los planetas (azul la Tierra, rojo Marte, rayado Júpiter, Venus blanco…) y que impide mirar a los ojos de quien convive a su lado. Lo único que pretende es inclinar todavía más el eje de rotación hacia su parte para sacar aún  más ventaja de su poder.

Pero cometen un pequeño error.  Olvidan que ha sido el ideal de justicia el que ha movido la expansión de lo humano dentro de la humanidad, el que ha hecho el planeta más habitable, el que ha borrado fronteras y derribado dictaduras… Un ideal al que no renunciará nunca nuestra especie ni nuestras sociedades, por más que especulen ahora con la moral ante el fracaso de sus ideas.

Si echan un vistazo a la historia se darán cuenta de que las sociedades han ido ganando progresivamente en libertad y en derechos, y ello significa que lo han hecho arrebatando espacio a quienes desde el poder actuaban en contra. No ha sido una evolución lineal ni constante, tampoco pacífica, en ella ha habido fases de expansión y otras de contracción, como si el corazón que nos inunda el cuerpo de emociones y sentimientos hubiera nutrido también nuestras acciones como pueblos, pero el tiempo le ha dado la razón a la libertad y la igualdad.

La sociedad cada vez es más consciente de su papel y más fuerte en sus ideales, aún así, quien se cree ungido para imponer sus criterios sobre los “impulsos de una masa descarriada” también sabe que el escenario es más complejo, y que necesita mecanismos e instrumentos de control cada vez más sofisticados  y directos, algo que ahora está consiguiendo con la ayuda de la economía. No por casualidad la crisis ha traído los vientos secos del pasado, y no por casualidad entre los argumentos dados para crear este nuevo universo contractivo de la justicia se ha recurrido a las razones económicas. En el caso de la justicia universal tras la imputación del expresidente chino Hu Jintao, por las consecuencias económicas sobre nuestro país dadas las relaciones comerciales con China y la deuda adquirida por su economía, y en la reforma del aborto porque, según afirman, el nacimiento de más niños y niñas será un revulsivo económico.

Cualquier argumento es deplorable para defender la injusticia, pero sin duda una de los mayores es el económico. Lo de cambiar euros por derechos raya, sencillamente, la miseria moral. Ahora que Stephen Hawking dice que no existen los agujeros negros en el espacio, no me extrañaría que se hubieran mudado al universo social.

 

La sociedad incapaz y la redención

SOCIEDAD-REDENCIONLas posiciones conservadoras siempre han tenido un halo redentor… Es cierto que éste surge más de la compasión que del compromiso, pero es esta circunstancia la que las lleva a moverse entre la salvación y la redención.

La derecha se ha presentado como la salvadora de la deriva de un mundo empujado por la izquierda hacia el abismo que supone sacarlo de su órbita androcéntrica y teocéntrica (valga la redundancia)…  Dios creó al mundo e hizo al hombre a su imagen y semejanza, y el hombre, para no ser menos, se hizo dios y creó su mundo (el patriarcado) a imagen y semejanza propia.

En este diseño la mujer no cuenta mucho, salvo como ladrona de costillas en el Paraíso y usurpadora de funciones y espacios en la Tierra, o lo que es lo mismo, pecadora de principio a fin… De ahí la necesaria redención masculina.

La concepción androcéntrica de la sociedad se basa en la jerarquización de las personas, los contextos, las ideas, las creencias, las costumbres… Cada elemento tiene un valor diferente que va sumando en las personas que lo integran como parte de su identidad y comportamiento. Y para las posiciones androcéntricas sus ideas, valores, creencias… no sólo tienen un valor superior al resto, sino que dicho valor es tan elevado que debe ser impuesto al resto de la sociedad para evitar su deriva. Así es su generosidad.

De este modo siempre encuentran razones para la desigualdad y la discriminación, cuando no son las ideas son las creencias, cuando no son las creencias pues son los valores, y cuando no es nada de lo anterior se recurre al color de la piel, a la orientación sexual o el origen de la persona… Siempre hay algún motivo, y con frecuencia muchos, para defender su status y la consecuente inferioridad del resto.

Y en todo este entramado, las mujeres, que de entrada ya hemos dicho que cuentan poco, son situadas en una posición inferior a la de los hombres y dependientes de ellos de manera doble. Por un lado porque su función principal es aportar estabilidad al modelo, y en particular a los hombres con quienes comparten una relación, y por otro, porque deben ser controladas para que no hagan aquello que no deben, pues en el fondo el temor a las mujeres es doble: se les teme por lo que pueden dejar de hacer, y se les teme por lo que pueden llegar a hacer fuera de ese control.

Y claro, como no siempre la parte conservadora hace y deshace de manera directa, cuando la izquierda introduce medidas de progreso social sobre la responsabilidad, la igualdad y la libertad de las personas, llega la derecha con su manto redentor para salvar a la sociedad de su pecado levógiro.

La actitud de la derecha representa el gobierno de las élites, el poder en su esencia, la presión de lo que debe ser, el “¡que se jodan!” de Andrea Fabra. La derecha se siente ungida para gestionar el destino de un país y de una sociedad porque su modelo se basa en una en una explicación racional del sentido de la vida a partir de referencias divinas, donde no queda espacio para la casualidad ni la espontaneidad. Todo tiene un fin y una función. Cuenta con un principio que se inicia en el origen de la propia vida, sabe perfectamente el camino a seguir, y conoce el final ansiado que conduce al mundo de la salvación, justo donde todo comienza y  donde se cierra el círculo. Y para que esto ocurra de ese modo cada cual está encasillado en su papel y función, del que nadie debe salirse para que no haya sorpresas. De manera que el hombre ha de ser hombre, la mujer mujer, el obrero obrero, el inmigrante ha de ser inmigrante, el enfermo enfermo… y así todo el mundo. O lo que es lo mismo, cada persona no sólo es lo que su condición refleja, sino que además debe de comportarse como tal y hacer lo que está previsto que haga. No vale eso de hombres haciendo de mujeres, mujeres realizando lo de los hombres, inmigrantes como si fueran españoles… ni nada parecido.

Para ellos la sociedad es incapaz por esencia. Es mundana y en presente, busca lo inmediato y lo material, es envidiosa y celosa, y no pretende tanto compartir como quitar a quien tiene… idea que trasladan con frecuencia a la izquierda y a todo el significado de las políticas de igualdad. Y por eso cuestionan en privado la democracia sobre la idea de “una persona un voto”, y dicen que cómo va ser lo mismo el voto de un parado sin formación que el de un catedrático de universidad, por ejemplo. Y por ello recurren a menudo a cuestionar a las personas de izquierda que están en política intentando jugar con los mitos  y diciendo de ellas que no tienen títulos universitarios ni apenas formación, algo que usan más con las mujeres (recordemos los ataques a las Ministras de Rodríguez Zapatero), puesto que las ven doblemente intrusas, por ser de izquierdas y por ser mujeres.

Pero como todo esto no lo pueden presentar de manera explícita juegan al disimulo y al engaño, y sólo cuando las circunstancias lo permiten se muestran tal y como son. Es lo que ha ocurrido con la mayoría absoluta obtenida en las elecciones de 2011 y con las principales reformas que han abordado: la reforma laboral, la reforma educativa y la reforma del aborto.

Las tres reformas son instrumentos para reconstruir la estructura jerarquizada que se había difuminado en parte con el estado del bienestar, y que cada persona vuelva a ocupar la casilla asignada para desde ella desarrollar las funciones otorgadas. La idea es que los hombres sean hombres según el modelo tradicional, que las mujeres sean mujeres de manera complementaria, y que los trabajadores sean trabajadores a la antigua usanza: atemorizados y agradecidos. Y que no sólo sean de este modo por la vía de los hechos, sino que la educación lleve a entender que es la mejor forma de convivir, de ahí las prisas.

Esa organización social se basa en la familia como célula y en la mujer como núcleo de esa célula. Si la mujer no actúa como núcleo de la célula familiar el tejido social se necrosa.

Y la forma de retener a las mujeres dentro de la familia es reforzando su identidad sobre los roles de esposas, madres y amas de casa. Por eso limitan su libertad y la igualdad a la hora de afrontar las situaciones que les afectan de manera directa, y por ello han utilizado la reforma del aborto para reivindicar todos sus valores e ideas, entre ellas: la mujer es incapaz necesita autorización, la mujer es mala, hasta el punto de acabar con una vida por egoísmo, la víctima no sólo es el embrión, el hombre también es víctima de la mujer que no lo deja decidir sobre su paternidad…

Y si las mujeres son incapaces, malas y contrarias a los hombres, ¿qué es lo que necesitan? Fácil. Requieren hombres que las asesoren, controlen y le ayuden a decidir lo mejor para ellas, que es ser madres, esposas y amadísimas amas de casa…

¿Difícil…?, qué va… Gallardón lo ha conseguido de un plumazo. El Ministro ha tenido que venir con su reforma a redimirlas de su propia libertad.

Divide más y vencerás otra vez

FRAGMENTOS
Lo escribí hace tiempo y hoy vuelvo a insistir, “todo está pasando como si no pasara nada”… Es la estrategia del Gobierno y del PP a través de los continuos cambios que están introduciendo con el claro objetivo de volver a una sociedad de clases jerarquizada sobre dos referencias, por un lado la mezcla de una serie de valores, ideas y creencias compartidas, y por otro, el poder económico que se tenga.

Su estrategia es hábil y permite evitar el rechazo frontal que se puede producir ante la instauración de esta estructura, puesto que su construcción se basa en dos elementos funcionales. Por un lado, la permeabilidad, al presentar cada una de las "clases" creadas como vasos comunicantes, no como compartimientos estancos, de manera que un “pobre” puede llegar a ser rico, aunque luego siempre será considerado como un “nuevo rico”, es decir, como alguien diferente a los ricos de toda la vida, aunque ya no lo sean. Y por otro, aunque no se tenga ese poder económico, si se tienen las ideas, valores y creencias del grupo de referencia, de alguna manera esa persona también es considerada como “uno de los nuestros”.

El Gobierno pretende instaurar esa sociedad "clasificada" en la que los de arriba siempre tengan mejores vistas y facilidades, y que los de abajo no sólo tengan más problemas para progresar, sino que además deban pedir permiso para hacerlo. De este modo sus ideas, valores, creencias, principios… se verán reforzados por su vinculación al éxito y por el amparo divino, y sus asuntos económicos se verán potenciados por un nuevo diseño dirigido a que las necesidades y la dependencia de la mayoría de la sociedad sufraguen y paguen sus lujos y riquezas con la hipoteca de su propia pobreza y limitaciones. Si la gente tiene que invertir en pagar la atención médica y sanitaria, los medicamentos, los análisis, la educación, los servicios sociales, los asuntos judiciales… no contará con dinero ni posibilidades para emprender nuevos retos, salvo el de la emigración, que esa puerta siempre está abierta bajo la idea de “enemigo que huye, puente de plata”.

El objetivo de imponer un cambio de modelo está claro en otras tácticas que sigue el Gobierno, entre ellas la utilización de la crisis económica para culpabilizar a quien plantea un modelo de sociedad distinto. Por dicha razón utiliza los problemas de la realidad para atacar a la izquierda en general, y muy especialmente al PSOE, curiosamente no tanto a otras propuestas “más a la izquierda”, porque sabe que esas no le hacen sombra. Y lo ha conseguido, hoy la mayoría de la sociedad piensa que la culpa de todo la tienen las "personas que han vivido por encima de sus posibilidades" y el partido que ha permitido que eso ocurra.

Para seguir adelante con su idea de cambios y culpas, necesita que la sociedad perciba la realidad sobre dos referencias. Una de ellas es el miedo de la población, objetivo que ha conseguido a través de las medidas incluídas en sus reformas, y que luego ha prolongado bajo la amenaza de nuevas acciones y el recordatorio de que “todo puede ser peor”. La otra referencia que busca conseguir es que la población perciba su capacidad de premiar, y es lo que veremos a partir del año próximo con algunas de las reformas que supondrán bajar impuestos, subir salarios, aumentar algunas ayudas… Todo forma parte de un plan concebido al detalle que, además, no es la primera vez que se ha utilizado, ya lo hizo Aznar, aunque ahora es cierto que se ha ido mucho más lejos para evitar cualquier posibilidad de reacción y cambio.

Lo que sorprende es que no se haya detectado esta estrategia desde la oposición ni desde muchos sectores críticos de la sociedad, o al menos no se responda como si se conociera,  y que la realidad venga caracterizada por reacciones puntuales y ocasionales a cada una de las decisiones que se adoptan. Reacciones importantes y necesarias, pero que terminan por agotarse conforme los medios de comunicación dirigen su atención a cada una de las nuevas medidas planificadas que, gota a gota, BOE  a BOE, van saliendo. 

La situación es tal que hasta en las críticas se cae en la trampa y se habla de “pobres energéticos”, “pobres sanitarios”, “pobres en alimentación”, “pobres de vivienda”, “pobres dependientes”, “pobres en la educación”… para referirse a las personas que no pueden afrontar económicamente los costes de cada una de esos servicios y necesidades en cuestión, cuando en realidad son las mismas personas las que son “pobres de todo”, una especie de “pobres integrales” que no pueden asumir los gastos de lo que supone el vivir y que tienen que ir limitando el uso de cualquiera de esas necesidades. Uno no es pobre para pagar los medicamentos y rico para costearse la calefacción, ni otro es pobre para que sus hijos e hijas puedan estudiar tras retirarle la beca, y rico para poder comer y vivir dignamente….

El Gobierno y el PP han conseguido que veamos la realidad fragmentada y atada a la deriva de unos días que terminan por pasar, y que la luz de final del túnel sea siempre la esperanza que nos lleve, no a avanzar hacia ella, sino a quedarnos quietos contemplándola.

Ahora ha vuelto a ocurrir con la nueva Ley sobre el Aborto del Ministro del Gobierno del PP, Alberto Ruíz-Gallardón, y la reacción ha sido la misma: respuesta crítica social y promesa política en la oposición de que será modificada en cuanto lleguen al Gobierno, como antes sucedió con la ley de educación, con las cuestiones sanitarias, con la dependencia, con las tasas judiciales, con los recortes en los servicios sociales…

Y está bien que ocurra así como reacción al gobierno autoritario que sufrimos, pero también hay que llamar a la conciencia crítica y reflexiva de la sociedad y a su posicionamiento sobre su dignidad. No se trata de que los partidos nos digan lo que es bueno, sino que la sociedad le diga a los partidos lo que quiere y que les exija por ello. 

La democracia no puede ser un pack que permita que las personas voten por el caramelo de “bajar el paro”, y que luego el Gobierno no haga lo prometido y sí lo que no ha planteado. ¿Qué clase de contrato social es ese?.

En democracia no se puede construir la convivencia sobre la mentira y la desconfianza, ni plantear los objetivos y el progreso social sobre las referencias de unos pocos. Al futuro se llega con todas las personas unidas de la mano, la sociedad no puede vivir en dos tiempos a la vez… Otra cosa distinta es pretender no salir del pasado.