PIB, Putas y Ladrones

PIB-PRETTY WOMAN
Me van a perdonar la expresión, pero ahora resulta que el PIB, o sea, el “Producto Interior Bruto”, esa referencia que nos dice cuánto valemos económicamente, está relacionado con ciertas actividades al margen de la legalidad, y no sólo con la formalidad de los contratos. Por lo que se ve, parece que el PIB se puede interpretar bajo dos referencias: como ese “Producto Interior Bruto” de la economía,  y como la “Brutalidad Interior de un País”, recogida sobre la referencia de la prostitución y determinadas formas de delincuencia que giran alrededor del tráfico de drogas, también el de personas para alimentar a la primera, y el contrabando.

Da la sensación que para algunos el “bienestar” significa “estar bien”; y qué mejor para “estar bien”, deben pensar desde esos planteamientos, que estar en los brazos de una meretriz y bajo los efectos placenteros de alguna sustancia cautivadora… Puede parecer una broma, pero el planteamiento es bastante  peligroso por su significado y por sus consecuencias. Pues bajo la idea de que “todo suma” se llega a la conclusión de que “todo vale”, y así pasamos de un “Estado del bienestar” a un “Estado de beneficencia” donde sólo pueden los que tienen, y a los que no tienen se les deriva a la caridad y a la ilegalidad, y de ese manera hacerlos más culpables.

Un país debería avergonzarse de su delincuencia y de la prostitución alimentada a través de la trata de mujeres explotadas laboral y sexualmente, no presumir de ellas. Sabíamos que las mafias internacionales y la criminalidad organizada estaban cambiando el tráfico de armas por el tráfico de drogas y personas, pero no pensábamos que se llegaría hasta este punto.

Y no sorprende que haya ocurrido cuando la crisis económica propiciada por un capitalismo depredador y agotado en su imaginación financiera, ha hecho que el negocio se vuelva sobre las propias personas para intentar arrebatarles parte de su dignidad y hacerlas así más sumisas. Hombres y mujeres han tenido que ceder en todo (en salud, educación, trabajo, dependencia, bienestar, sentimientos, tierra, tiempo, autoestima…) para continuar en la nada más fría y profunda. En ese pozo que han vuelto a cavar en la historia para ocultar el daño y los abusos, y de esa manera responsabilizar de su destino a las propias víctimas por medio de la invisibilidad y la negación; es lo que sucede con el franquismo, lo que afirman los terroristas sobre sus “objetivos”, o como responde una parte de la sociedad cuando se enfrenta a la violencia de género.

Quien tiene el poder tiene “su solución”, y parte de esa solución pasa por culpar a las propias víctimas (del franquismo, del terrorismo, de la violencia de género… o de lo que sea, basta con que la agresión parte de una posición de poder). Por eso necesitan los pozos y las fosas, porque en ellos entierran la realidad y a las personas bajo las condiciones impuestas, y porque de ellos desentierran la amenaza y los miedos de siempre; unos miedos que pasan por la jerarquía, las clases, la desigualdad, y el destino como castigo.

Y por ello la historia se repite, porque no cambia, sólo aguarda su oportunidad para reaparecer. No es casualidad que sea en épocas de crisis cuando surgen esos fantasmas que la cultura, sus ideas tradicionales y valores sempiternos, guardan en la estantería de la necesidad hasta que entienden que hacen falta de nuevo.

El ejemplo lo tenemos en lo que está ocurriendo.

Los mensajes que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida vuelven a cobrar actualidad, pero ahora suman en el PIB. Siempre hemos oído a hombres decir, “si le falta para comer a mis hijos, yo me pongo a robar”, y con ello nos enseñaban a ser hombres bajo esos valores y conductas. Pero también hemos oído la versión en femenino, que no iba de robos, precisamente… “si le falta comida a mis hijos, yo me meto a puta”, mostrando el camino de lo que una “buena mujer” debe hacer por sus hijos en caso de necesidad.

Las mujeres no deben robar ni los hombres prostituirse, entre otras cosas porque unas y otros no lo tendrían fácil. Las mujeres como ladronas se encontrarían con hombres que defenderían con fuerza y violencia lo suyo, tal y como les han enseñado; y los hombres como gigolós no tendrían tanta clientela en una cultura que juega con los espacios, los tiempos y los significados de las cosas y conductas.

Ahora vemos que el Estado no es inocente en todo esto tampoco. No lo es por promover esas conductas, ideas y decisiones, al construir y alimentar una cultura de desigualdad donde los roles de hombres y mujeres vienen condicionados por identidades construidas sobre los valores del androcentrismo, y donde los caminos están perfectamente dibujados para unos y para otras, incluso en los casos más graves de necesidad que surgen de las crisis. Y no es inocente tampoco, por ser receptor y beneficiario de esas actividades que suceden al margen de lo que debe ser la convivencia en igualdad, libertad y dignidad.

Y parece que el Estado “no lo hace mal del todo” cuando en la Memoria de la Fiscalía General de 2012, los robos con violencia e intimidación han aumentado un 14’5%, y los robos con fuerza en casas habitadas se han incrementado un 19’1%. Por su parte, las Organizaciones de Mujeres que trabajan en los entornos de la prostitución informan que hay más prostitutas, que cada vez son más jóvenes, y que cada vez hay más mujeres explotadas víctimas de trata entre ellas.

No es extraño que todo esto se traduzca en “producto interior bruto”, pues en definitiva representa la brutalidad que habita el interior de una sociedad producto de la cultura machista.

Los tramposos y su vídeo trampa (Hombres al borde de un ataque de nervios)

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El vídeo podría titularse “Sexo, mentiras y cintas de video”, pero en lugar de jugar con la ficción, como ocurre con la película de Steven Soderbergh, el anuncio que recorre las redes sociales juega con la realidad para manipularla y darle un sentido diferente. Es lo que hace habitualmente el posmachismo, y por ello no es casualidad que el vídeo proceda del Reino Unido, uno de los países donde más organizado está.

El objetivo siempre es el mismo y el instrumento para alcanzarlo uno de los habituales. 

El objetivo busca desviar la atención sobre la violencia contra las mujeres, y desvincularla de los elementos culturales que dan lugar a ella a través de la desigualdad y de la figura del hombre como referencia encargada de mantener el orden que él decide, y de corregir aquello que se desvía de su criterio, incluso por medio de la violencia. Y para ello han jugado con un mensaje y unas circunstancias: el mensaje es presentar a los hombres como víctimas de las mujeres, y el contexto es un escenario público donde la pasividad y las sonrisas de la gente ante la agresión al hombre intenta demostrar la desconsideración de la sociedad ante esta violencia que sufren los hombres. La intención es clara, procurar romper con la idea de que la sociedad calla ante la violencia contra las mujeres, y afirmar que es justo al contrario, que su silencio es cómplice con la violencia que sufren los hombres por parte de las mujeres.

Todo ello se refuerza al final con un dato contundente obtenido, según el propio anuncio, del Office of National Statistics: el 40% de la violencia doméstica la sufren los hombres.

Todo muy objetivo en apariencia, sin embargo, está cargado de trucos y trampas para, una vez más, generar la confusión que necesita el posmachismo con vistas a que todo continúe como siempre, es decir, bajo las referencias de la desigualdad y con los privilegios en el lado de los hombres. No por casualidad la organización responsable de esta campaña, Mankind Initiative, tiene como uno de sus objetivos que las violencias sean consideradas y tratadas de la misma forma, sin distinción de quien la sufre, lo cual, como se puede ver, busca descontextualizar la violencia de género y todo su significado dentro de la cultura de la desigualdad, algo que, como pueden entender, beneficia a los hombres que la ejercen, no a las mujeres que la sufren. 

Mankind Initiative podía pedir recursos, ayudas de todo tipo, medios y personas para combatir la violencia que sufren los hombres, pero no tiene por qué hacerlo en contraste con la violencia de género. Además, dado su interés por la paz de los hombres, podía llevar a cabo alguna iniciativa en contra de la violencia que sufren los hombres de mano de otros hombres, que es la principal y la que más homicidios masculinos ocasiona. Pero eso parece quedar en un segundo plano, lo importante para ellos es la violencia que ejercen las mujeres.

Por eso manipula la realidad y actúa de ese modo, porque su estrategia busca borrar la palabra “género” y todo su significado con relación a la cultura androcéntrica que normaliza la desigualdad y la violencia contra las mujeres como parte de ella. Es la esencia de lo que defienden desde su organización, y clave del posmachismo. Si una organización sanitaria defendiera que se desarrollaran medidas y campañas a favor del cáncer de pulmón cuestionando las que se desarrollan contra el cáncer de colon sería muy sospechosa, por mucho que se basara en que el porcentaje del cáncer de pulmón representa el 23.2% del total.

Y como su objetivo tiene esa carga de perversidad necesita de campañas con trampa, como la que han presentado con el video en cuestión, para manipular y confundir a la sociedad. Veamos algunos elementos. VIDEO-Minuto 0-14

– Se busca un mismo escenario público para desarrollar las dos acciones, la de la agresión del hombre a la mujer y la contraria, la que lleva a cabo la mujer contra el hombre. Sin embargo, ese aparente espacio neutral se utiliza de manera diferente jugando con el montaje de la grabación para mezclar escenas, caras y actitudes de las personas presentes, así como tiempos diferentes, como si se tratara de un mismo momento lineal, cuando no es así. De hecho, si observamos la diferente intensidad de la luz del sol y de las sombras, y las distintas personas que hay en el escenario, se aprecia claramente que se tata de momentos diferentes que se presentan con continuidad temporal.  VIDEO-Minuto 0-47

– Otra cuestión es la presentación del video como una hecho global, es decir, como si todo hubiera ocurrido de manera natural y espontánea un día aislado en un momento determinado, sin explicar cuántos intentos han hecho falta y en cuántos escenarios diferentes se han grabado hasta dar con ese resultado.

– En el caso de la violencia contra la mujer, la idea que intenta mostrar el anuncio es que la sociedad responde contra la mujer atacada, pero en verdad la situación es muy diferente. No se trata de una respuesta “general” de las personas que presencian la escena, sino que son 5 mujeres, y al cabo de un rato, las únicas que defienden a la mujer agredida. Sólo al final, cuando ya está todo resuelto, se acerca un hombre. VIDEO-5 Mujeres defienden

– En el caso de la violencia contra el hombre, la pasividad de la sociedad se intenta potenciar con la sonrisa de las personas que la contemplan, que no sólo no hacen nada, sino que además el video busca mostrar que se burlan del hombre agredido. Sin embargo, ninguna de esas caras sonrientes se muestran junto a la agresión, sólo se pone la imagen de la cara con el sonido de fondo de la agresión de la mujer, algo que es fácilmente manipulable y que parece haberse hecho cuando comparamos el contraste de las sombras en los protagonistas de la violencia, que es intenso y marcado, y en las personas que se ríen, que apenas se percibe; indicando que se trata de momentos diferentes unidos por el montaje, algo que hace creer que el origen de las sonrisas está en la escena de la agresión. Lo mismo sucede con la mujer de rojo que aparece girando la cabeza, como si se dirigiera a la escena violenta y después sonríe, sin embargo la presencia de una chica sentada en la verja justo al lado de donde se produce la escena en la que la mujer agrede al hombre, revela que pasa y sonríe en un momento diferente a la agresión. Como se puede ver, todo indica que se trata de una manipulación para potenciar el odio contra las mujeres, pues son ellas las que, principalmente, se ríen del hombre atacado. VIDEO-Sonrisas

– El vídeo pretende mostrar la actitud pasiva de la gente como una respuesta exclusiva a la violencia que sufren los hombres, cuando en realidad es general a otras muchas escenas en las que se considera (con razón o sin razón) que la persona agredida tiene capacidad y recursos para defenderse. Un ejemplo, si la escena hubiera sido la misma, pero cambiando de protagonistas, con un padre agrediendo e insultando a un hijo de 17 años primero, y después el hijo agrediendo e insultando al padre, probablemente la reacción habría sido la misma. La gente habría defendido más al muchacho ante la agresión del padre, que al padre ante la agresión del hijo. Lo mismo habría ocurrido con una hija y una madre o con otras situaciones donde la relación de desigualdad condiciona la respuesta de la persona atacada. VIDEO-Mujer de rojo

– El posmachismo y Mankind Initiative ignoran que uno de los factores más importantes a la hora de utilizar la violencia y de reaccionar ante ella, tal y como demostraron los trabajos de Dibble y Strauss (1980), es la capacidad de generar amenaza y riesgo para la víctima. Dichos estudios demostraron que los hombres no se sentían amenazados ni en riesgo ante la violencia de las mujeres, incluso cuando estas portaban un arma de fuego; en cambio, las mujeres sí se sentían amenazadas por los hombres sin necesidad de que estos llevaran ningún arma o instrumento. Las simples manos de los hombres sirven para atemorizar y amenazar a las mujeres, de hecho, tal y como recoge el análisis de las sentencias de homicidios por violencia de género que realiza el CGPJ, el 33’5% de las mujeres son asesinadas por sus parejas o exparejas directamente con las manos.

Esta misma percepción de indefensión, no sólo respecto a las mujeres, también frente a otras personas que se ven como vulnerables, es la que lleva a actuar en su defensa, y por el contrario, no se actúa contra quien se percibe que tiene recursos para defenderse.

Como pueden observar, la manipulación del vídeo parece evidente y no es casual que se haga en el sentido de intentar mezclar todas las violencias para que, de ese modo, no se pueda avanzar en la prevención y abordaje de la violencia de género. Por eso la manipulación termina con el dato rotundo de la violencia que sufren los hombres: el 40% de la violencia doméstica es sufrida por los hombres, y para ello citan la fuente, concretamente el Office of National Statistics.

Pero cuando uno se va a la Web de dicha entidad y comprueba los datos, con independencia de que los porcentajes no coinciden del todo, algo en lo que no voy a entrar puesto que el anuncio no dice nada sobre cuál es el periodo de tiempo que utiliza para obtener el dato, lo que sí se aprecia es otra trampa propia del posmachismo.

Concretamente, lo que hace es mezclar todas las violencias que sufren los hombres y las mujeres en las relaciones íntimas, de manera que las mujeres sufren el 60% y los hombres el 40%, que es su mensaje, aunque callan lo del 60% de la violencia contra las mujeres. Sin embargo, la cosa tiene trampa.

Y tiene doble trampa. Por un lado, porque mientras que la mayoría de la violencia que sufren los hombres está dentro de las formas menos graves por sus características y circunstancias (intensidad, frecuencia, duración del ataque, combinación de diferentes tipos de violencia, utilización de objetos…), las mujeres sufren violencias más graves, entre ellas la violencia sexual en porcentajes mucho más altos. Y por otro lado, porque los datos del Informe del Office of National Statistics también habla de “violencia familiar”, no sólo de la pareja, y mientras que la mayoría de la violencia que sufren las mujeres  es ocasionada por hombres (fundamentalmente la pareja, pero también el padre, los hermanos u otros familiares), la que sufren los hombres dentro del contexto familiar no sólo la ocasionan las mujeres, y también es llevada a cabo por esos otros hombres (padre, hermanos y familiares). A pesar de ello, el vídeo habla de un 40% total intentando jugar para que sea interpretado como causado sólo por las mujeres.

Mankind initiative y el posmachismo están obsesionados con la violencia de género, no tanto con la violencia que sufren los hombres, por eso parecen estar al borde de un ataque de nervios ante los cambios sociales. Nunca han dicho nada ni han propuesto iniciativa alguna hasta que no se ha empezado a hablar y actuar frente a la violencia que sufren las mujeres como un problema enraizado en una construcción cultural desigual, de ahí el término “violencia de género”, y, curiosamente, salen en defensa de los hombres pidiendo que se actúe sólo contra la violencia que ejercen las mujeres, no contra la que producen otros hombres que, como hemos indicado, es la más frecuente y la más grave.

La Igualdad busca erradicar todas las violencias, pues pretende acabar con los privilegios de quienes se sienten en posiciones de poder y de quienes creen que el uso de la violencia es un instrumento más para resolver los conflictos que ellos mismos generan. Pero para alcanzar la igualdad hace falta corregir la desigualdad y sus manifestaciones, entre ellas la violencia de género, sin que ello sea incompatible con otras medidas y actuaciones dirigidas a las otras violencias y circunstancias que se traducen en discriminación. Pero tratando las circunstancias específicas de cada violencia, no mezclando medidas que no aborden las causas  y manifestaciones de cada una de ella, y que sólo sirvan como justificación política y social, no como solución.

“Violencia es violencia”, por supuesto, como “enfermedad es enfermedad”, “discriminación es discriminación”, y “abuso es abuso”, pero no es lo mismo una cirrosis que una encefalitis, ni una discriminación por las ideas que otra por el país de origen, ni un abuso laboral que un abuso sexual…  Por eso la violencia de género no es igual que la violencia que sufren los hombres, o los niños y niñas, o los ancianos, ni tampoco es lo mismo que la violencia terrorista, ni a ninguna otra, aunque en todas ellas se produzcan lesiones y homicidios. Cada una ha de ser abordada desde sus características diferenciales.

Por eso no es un error el vídeo del anuncio, Mankind Initiative y el posmachismo buscan más la confusión y que no se avance en igualdad, que la solución a la violencia que sufren los hombres, porque la desigualdad significa privilegios para los hombres. Esa es la razón de que no le guste el “género” y de que callen ante una cultura que acepta la violencia contra las mujeres, hasta el punto que, según el Eurobarómetro de 2010, el 3% de la UE considera que  la violencia contra las mujeres es “aceptable en algunas ocasiones”, y un 1% que afirma que es “aceptable en todas las circunstancias”.

Ante esa realidad el posmachismo y Mankind Initatitive no hacen ningún anuncio ni llama a la acción, tampoco pide donativos, como sí lo hace en el anuncio para lograr “sus objetivos”.

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Sobre las diferentes violencias: "La violencia no tiene género. El género sí tiene violencia": http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/la-violencia-no-tiene-g%C3%A9nero-el-g%C3%A9nero-s%C3%AD-tiene-violencia.html

Homo sapiens, “mujer habilis” *

CAÑETE-VALENCIANO
Los “escarabajos llaman soles a sus hijos”, y los machistas llaman inteligencia a aquello que los hombres hacen… al menos es lo que se deduce de la “sabiduría popular”. La historia está llena de estas trampas que han venido a justificar lo que previamente se ha considerado como adecuado y correcto, nada es casual, por eso la repetición ha sido uno de los elementos que más definen la normalidad. 

Ya se sabe, “quien parte y reparte, se lleva la mejor parte”, y los hombres han diseñado una cultura androcéntrica en la que aquello que hacían ellos era lo importante, lo necesario, lo trascendente… lo inteligente. Lo demás lo podía hacer cualquiera, pero como no había nadie más, sólo hombres y mujeres, pues asignaron a las mujeres todas esas tareas asimiladas a base de repetición, cuyas circunstancias invariables llevaba a que se aprendieran sin mayor problema, sólo era cuestión de más o menos tiempo. 

El Homo habilis vivió hace  1’6 millones de años, pero para muchos hombres las mujeres nunca superaron ese periodo evolutivo, y hoy aparecen como el eslabón que demuestra que hubo un día en que todo el género humano pasó por esa parte de la cadena. Sus funciones no requieren inteligencia, sólo habilidad para llevarlas a cabo, por eso para ellos todo sigue como entonces.

Las declaraciones de Cañete no son una excepción; no lo son en él, que ya ha echado mano de ese tipo de argumentaciones, y no lo son en la sociedad, donde muchos hombres y mujeres siguen pensando que las mujeres no alcanzan el nivel ni la capacidad de los hombres, bien sea porque no pueden debido a “limitaciones propias de su condición”, o bien porque, aun pudiendo, sus “obligaciones” con la maternidad, el cuidado y el afecto… no deben hipotecarse para ocupar espacios que no les corresponden.

La trampa de esta cultura que toma lo masculino por universal ha buscado argumentos de todo tipo para mantener la desigualdad en el tiempo, y la biología ha sido su principal aliada al haber situado sobre ella la esencia de las funciones de hombres y mujeres. En los hombres la fuerza y la razón, en las mujeres la maternidad y las emociones, de ahí que insista tanto en todo lo relacionado con ese referente objetivo y palpable centrado en el cuerpo y en la mente de las mujeres. 

Una de las polémicas más serias en este sentido se produjo en febrero  de 2005, cuando Lawrence Summers, entonces Presidente de la Universidad de Harvard, sugirió que las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino podían ser un factor para explicar la baja presencia de mujeres en el mundo de la ciencia. Por aquella época basó su planteamiento en el tamaño del cerebro (los hombres siempre a vueltas con el tamaño de ciertas partes anatómicas), el cual podía conducir a una inteligencia inferior. La polémica se zanjó con múltiples estudios y trabajos que demostraron que no había relación alguna ente el tamaño y la función cerebral, menos aún con la inteligencia, y que, de hecho, las funciones del cerebro masculino y femenino son muy similares.

Sin embargo, dichos estudios también demostraron la existencia de algunas diferencias estructurales, bioquímicas y funcionales entre los dos cerebros, por lo que muchos científicos se acogieron a ellas para mantener la teoría, no de la diferencia, sino de la superioridad masculina, a pesar de que la mayoría de estos estudios se hicieron con animales de laboratorio. ¿Ciencia?, no, cultura; que es la que da un significado previamente concebido.

Las diferencias en el funcionamiento cerebral son objetivas, por ejemplo, aquellas relacionadas con la respuesta emocional, con ciertas habilidades, o con algunas funciones cognitivas influidas por las hormonas sexuales, que pueden llevar, según algunos estudios, hasta conductas innatas en la selección de juguetes y juegos, así como a distintas formas en la manera de responder ante determinados estímulos. Las estructuras implicadas en algunas de estas diferentes respuestas funcionales del cerebro han sido relacionadas con la amígdala, el hipocampo, y con la liberación de serotonina, dopamina y adrenalina.

Todo ello demuestra la existencia de diferencias en el modo de percibir la realidad y de responder ante ciertos estímulos, especialmente relacionados con el estrés y las emociones, pero en ningún caso, como afirman la mayoría de los científicos, pueden servir para justificar desigualdades y, menos aún, discriminación sobre las mujeres. Por otra parte, estos trabajos  también indican que hay cerebros masculinos con conexiones similares a las del cerebro femenino, y viceversa; por lo que no se puede concluir que dichos hallazgos condicionan el comportamiento y la conducta global, y menos aún las identidades masculina y femenina.

La conclusión es justo la contraria, y lo que demuestran estas diferencias es la necesidad de contar con todos las capacidades humanas existentes para resolver los problemas que se puedan presentar en sociedad. 

Esa es la trampa principal, tomar todo aquello relacionado con las mujeres como inferior, no como diferente, y, en  consecuencia, no considerarlo en igualdad para enriquecer y mejorar a toda la sociedad y a la propia cultura que nos define.

Pero no es un error. Las consecuencias de la desigualdad para hombres y mujeres son objetivas, y mientras que los primeros viven su “superioridad intelectual”, económica, laboral, directiva, empresarial, profesional, académica… las mujeres la sufren doblemente: por tener que soportarla desde la injusticia que supone, y por no poder acceder a esos espacios en igualdad para desmontar los mitos y sus trampas. 

El ejemplo más cercano de que no se trata de un error lo tenemos en las reacciones a las declaraciones de Arias Cañete por parte de su entorno; no sólo no ha rectificado ni las ha criticado, sino que ha actuado como un coro para reforzarlas o matizarlas, pero siempre bajo su enunciado principal de la “superioridad intelectual” de los hombres sobre las mujeres.

Y es que, tal como dice otras de las referencias de la “sabiduría popular”, las cosas y las personas van “del caño al coro”, y ahora parece que lo hacen “del Cañete al corete” orquestado de voces.

 

* Tomado del capítulo: “Laberintos y neuronas. La trampa cerebral” del libro “Tu haz la comida, que yo cuelgo los cuadros” (Crítica, 2014)

En sumisión

SUMISION
Se puede vencer, dominar, oprimir, humillar… pero someter exige algo más que la acción dirigida a doblegar a otras personas más allá de su voluntad. Someter exige un doble elemento, por un lado necesita obligar a las personas sometidas a unas referencias previas, que a partir de ese momento actúan como instrumento de control; y por otro lado, someter conlleva continuidad en el tiempo.

Y ese doble componente implica que el ajuste a las referencias previas para que se mantenga en el tiempo ha de hacerse sobre quienes son presentados como “susceptibles de ser objeto de sumisión”. Si no existiera esa condición previa en la persona sometida, cuando la sumisión se lleva a cabo sobre grupos amplios de la población, el número de personas sometidas y la prolongación a lo largo de los días harían que se produjera una reacción crítica contra la sumisión, bien por parte de una sociedad que no podría contemplar impasible la injusticia de ese sometimiento, o bien por parte del propio grupo afectado, que se rebelaría antes o después.

La desigualdad histórica que aún impera en una sociedad bañada por una cultura androcéntrica, se debe a la adopción arbitraria e interesada de lo masculino como referencia universal para condicionar las manifestaciones de la realidad, y para darle sentido y significado una vez ocurridas. De este modo, la desigualdad hace que los hombres y lo de los hombres se sitúe en una posición jerárquicamente superior, y las mujeres y lo de las mujeres quede relegado a los espacios concedidos y cedidos por la cultura y los hombres. 

La estructura así construida está llena de trampas, trucos y escondites para que todo transcurra según le manual de instrucciones de la cultura, y para que cuando algo o alguien se sale del guión tenga una explicación acorde a los valores que se establecen para organizar la convivencia.  Así, por ejemplo, la cultura “normaliza” la violencia contra las mujeres bajo el argumento de que es "aceptable en algunas circunstancias", y no es una deducción hecha a partir de lo observado en el día a día, es lo que muestran los estudios sociológicos realizados en nuestro país y en la Unión Europea (Eurobarómetro), donde el 2% manifiesta que esta violencia es justificable ante determinadas circunstancias. No dice cuáles, lo cual permite que cada maltratador decida, interpretando la referencia general de la cultura aplicada a su entorno particular, qué es motivo y qué no es motivo para utilizar la violencia, y qué grado de violencia merece cada situación.

La propia estrategia construida por la cultura contempla una explicación incluso para los casos más graves, de manera que los homicidios son ampliamente justificados por la sociedad en nombre del alcohol, las drogas, los trastornos psíquicos, las enfermedades mentales, la pasión del momento o los celos de siempre. Esta justificación no llega ya a la impunidad, como ocurría hasta los 60 con la regulación penal del uxoricidio, pero hace que en lugar de actuar contra las causas se pierda el tiempo y los esfuerzos preguntándose por unas razones que en verdad no se quieren conocer.

Todo forma parte de esa desigualdad que la cultura ha presentado como “orden natural”, y que perpetúa a través de un “control social” que lleva a que las cosas sean “como tienen que ser”, y a que las mujeres asuman como parte de su identidad las condiciones que los hombres y su cultura han establecido con anterioridad. Y si no lo hacen, entonces aplican elementos activos y directos para conseguirlo.

Los ejemplos los tenemos muy cercanos. Por un lado está el libro editado por el Arzobispado de Granada, “Cásate y sé sumisa”, un libro criticado por quien cuestiona la desigualdad, pero al que la jerarquía de la iglesia no ha desautorizado, ni del que los sectores más conservadores de la sociedad han dicho nada, a pesar de ser un libro que recoge de manera explícita el papel subordinado de las mujeres a los hombres y su obligación a los roles asignados. Claro que muchos pueden entender que es una cuarta entrega de "50 sombras de Grey" para que realidad y ficción no estén tan distantes. Y por otro lado, tenemos el ejemplo de la afirmación realizada por la mujer que fue atacada con ácido por orden de su exmarido, que en el juicio declaró, “si llego a saber esto no me habría separado jamás”. Es decir, si hubiera conocido el precio de su insumisión, habría permanecido sometida a los dictados de su marido.

La situación es clara, en una época de insumisión social las mujeres siguen sometidas a los hombres y a las referencias que han normalizado a través de la cultura. Ha sido la cultura androcéntrica la que hace a las mujeres personas susceptibles de ser sometidas, y la que decide cuáles son las referencias a las que pueden quedar obligadas, para que las circunstancias y la violencia lo consigan con el silencio y la pasividad de una gran parte de la sociedad. 

Por eso el silencio y la pasividad se convierten en palabras y acciones en el posmachismo ante los avances en igualdad y en la erradicación de la violencia de género, lo cual es una demostración más de que la cultura no es casual, y que obedece a una estrategia de poder levantada sobre las referencias y privilegios de los hombres. De lo contrario, no tendría sentido que ante la corrección de una injusticia como lo es la desigualdad y del objetivo de acabar con la violencia de género, se levanten tantos argumentos críticos construidos sobre la distorsión de la realidad y su falseamiento, como lo hacen al hablar de denuncias falsas inventando los datos, o al intentar evitar que se hable y se actúe sobre la violencia contra las mujeres a partir del argumento de que hay que hablar de “todas las violencias”. 

Debemos ser insumisos contra la sumisión de la desigualdad, y para ello debemos ser críticos con la cultura histórica que ha llegado a las orillas de la actualidad, y con quienes  arrojan nuevos argumentos por el desfiladero que conduce a la igualdad para detener el avance y permanecer, aunque sea un día más, dentro de los límites de la propiedad privada que algunos hombres han escriturado a su nombre tras arrebatarle su terreno a toda la sociedad, es decir, a las mujeres y a otros hombres.

Silencio, se maltrata

SILENCIONo es que hayan vuelto a las andadas, es que sus pasos siempre avanzan por el camino de regreso a un tiempo anterior para intentar desandar el progreso de la sociedad, de ahí que el machismo haya cambiado de mensaje a lo largo del tiempo, pero manteniendo siempre su posición de poder y referencia como eje sobre el que hacer girar la convivencia y las relaciones sociales. Unos giros mucho más intensos y rápidos conforme el contexto de la relación se reduce, lo mismo que el patinador aumenta la velocidad de las vueltas sobre el hielo cuando junta sus brazos al cuerpo.

El silencio ha sido el mayor cómplice de la violencia que las mujeres han sufrido a lo largo de la historia, la invisibilidad sólo ha sido una de sus consecuencias. La violencia siempre ha existido, y los entornos de las mujeres que la sufrían lo han sabido en todo momento, pero no se ha reconocido porque se decía a las mujeres que callaran, que no denunciarán ni lo contaran, que era algo normal del matrimonio, que en el fondo sus maridos las querían mucho, pero que el amor a veces se equivoca de camino y en lugar de en los besos termina en golpes, que por eso hace llorar quien bien quiere… Que era el alcohol, las drogas o los celos quienes maltrataban, que esta vida era de lágrimas, pero en la otra dios dirá…

El silencio ha escrito las páginas de la violencia de género, nunca tantas palabras calladas dijeron tanto, ni nunca el aire fue tan opaco e impenetrable. Cada palabra abría una vía de esperanza, pero luego llegaban los silenciadores que las apagaban para ocultarlas entre las sombras del hogar, de manera que nadie pudiera ver lo que todo el mundo sabía. De este modo silencio e invisibilidad formaron la sociedad anónima que hoy tenemos, productora infatigable de violencia de género y discriminación a partir de la materia prima de la desigualdad.

La cultura ha creado ese juego de luces y espejos para ocultar a las mujeres tras sus roles, y para mostrar su mundo a través del filtro del significado que la sociedad da a cada acontecimiento de su realidad. Esa es la razón por la que las tareas domésticas no han sido valoradas como trabajo, ni las capacidades de las mujeres admitidas como bienes comunes para la sociedad, y por ello tampoco los golpes dados por sus parejas han sido considerados como violencia… Todo ello forma parte de la normalidad que la cultura ha creado para ese escenario doméstico en el que las mujeres se desenvuelven bajo la supervisión y el control de un hombre. De ahí ese mensaje tan divino para los hombres que se lanza desde la Iglesia: "cásate y sé sumisa", o lo que es lo mismo, "cásate y somete", en versión original masculina. De este modo, ellas se ganan el cielo y ellos la Tierra, porque el mejor paraíso siempre ha sido el terrenal.

La situación está tan normalizada que los estudios sociológicos sobre la realidad de la violencia de género realizados desde el Ministerio de Igualdad, reflejan que la mayoría de las mujeres que sufren esta violencia no denuncia (78%). Los motivos principales para no hacerlo, según lo entiende la propia sociedad, son el miedo (el 61% así lo cree) y la vergüenza (19%). Podrían sacarse muchas conclusiones, pero ¿qué clase de sociedad tenemos para además de dar cabida a la violencia de género, hacer que las mujeres que la sufren callen por miedo y por vergüenza?

Las palabras están presentes en la violencia de género, es la respuesta de las mujeres cuando se les pregunta si acudirían a alguien tras sufrir estas agresiones: el 49% se lo diría a un familiar y el 8% a una amiga. Por lo tanto, hay palabras, también signos producidos por los golpes, y muchas evidencias que revelan el maltrato, sin embargo permanece invisible debido al efecto de quien impone el silencio para que los trapos sucios manchados con la sangre de las mujeres maltratadas se laven en casa.

Esa ha sido su táctica a lo largo de la historia, ocultar la realidad de la violencia de género para presentar lo invisible como inexistente.

La estrategia se completa cuando luego se justifican aquellos casos de violencia que por sus características o circunstancias traspasan la barrera del silencio y llegan a los ojos de la gente. Entonces es el alcohol, las drogas o los trastornos mentales lo que causan la violencia, cuando no es la propia mujer la responsable. Es lo que afirma el 34% de la sociedad al considerar que las mujeres que son maltratadas frecuentemente son culpables por no dejar la relación; para esa gente nada importa el silencio impuesto, la complicidad callada de los entornos, el miedo que genera el violento, el daño emocional que acompaña a los golpes, la distancia a la que se ve la sociedad cuando se vive en una isla hundida…

Por eso el machismo quiere el silencio a gritos y el posmachismo lo reivindica, de hecho, el acontecimiento que revolucionó la actitud de la sociedad ante la violencia de género fue la respuesta al asesinato de Ana Orantes. Una respuesta que abrió las primeras grietas en el muro levantado por la cultura violenta de la desigualdad, y por las que se colaron las palabras que empezaron a iluminar las oscuras sombras de los violentos, y su idea del “todo queda en casa”.

Por eso ahora piden volver al silencio, no hay nada más que ver sus tuits y comentarios. No quieren que hablemos de desigualdad y de violencia de género. Quieren que no escribamos blogs, ni libros, ni tuits… que callemos para hacer del eco ausente la demostración de su mentira. Ellos (y ellas), en cambio, sí pueden continuar imponiendo valores, conductas y palabras a través de blogs, tuits y libros… Por eso quienes nunca se habían preocupado de la violencia de menores, hombres, ancianos… ahora hablan de ellas, no porque les importen, sino para que no se hable de violencia contra las mujeres. Quieren mantener sus privilegios y para ello necesitan la desigualdad; y la desigualdad sólo se pueden mantener por medio de la violencia.

Los mismos estudios el Ministerio de Igualdad revelan que sólo un 0’7% de la población no ha oído hablar nunca de violencia de género, es decir, el 99’3% sí sabe de esta violencia, sin embargo, la respuesta generalizada ha sido el silencio.

Para el posmachismo “el camino se hace al desandar” y la mejor palabra es la que no se dice… Así todo continúa en silencio y en el mismo lugar.

Ucrania, Rusia y el “machismo de Estado”

UCRANIA-RUSIA-MACHISMO
Lo he comentado en varias ocasiones, la desigualdad es una forma de entender las relaciones dentro de la sociedad, y una manera de organizar la convivencia a partir de una estructura jerarquizada de poder en la que el poderoso utiliza su posición de superioridad para condicionar la realidad de forma favorable, e imponer sus instrumentos a la hora de resolver los conflictos que se generan. El machismo es esa estructura de poder, es la cultura de la desigualdad diseñada sobre las referencias de los hombres de cara a beneficiar a sus intereses, no sólo la actitud y condiciones impuestas en las relaciones entre hombres y mujeres.

La discriminación de las mujeres es esencial para la continuidad del modelo y sobre la que nació la percepción de que someter da poder y permite ejercerlo sin la necesidad del uso constante de la fuerza, basta la imposición y el control del propio diseño para mantener la desigualdad. Por eso para el machismo es clave mantener a las mujeres encerradas en su rol tradicional de esposas, madres y amas de casa, porque las necesitan como sustento de su modelo de familia, el cual actúa como núcleo de la sociedad, y sobre todo, porque las mujeres en igualdad desmontan los mitos, prejuicios e ideas construidas a lo largo de la historia sobre su incapacidad. Sólo hay que echar un vistazo a todo lo que se ha dicho que las mujeres no podían hacer y que ahora hacen igual que los hombres, para entender que las limitaciones y la discriminación actual sólo es la forma de mantener la desigualdad en el siglo XXI.

Un hombre no es machista en casa e igualitario en el trabajo, no está a favor de la igualdad de las mujeres en la política pero en contra de la paridad en las empresas, no entiende la resolución pacífica de conflictos en la sociedad, pero es partidario de los enfrentamientos bélicos ante los problemas con un país vecino o lejano… La posición de poder hace que los hombres impregnados por la cultura de la desigualdad, es decir, los hombres impregnados por el machismo de la cultura (y por tanto con la posibilidad de que esos valores lleguen a las mujeres que se identifiquen con ellos), entiendan que lo que no se ajusta a sus ideas y deseos es un ataque a su posición, y que el uso de la fuerza está legitimado en defensa de sus valores y pertenencias, pues como tales están por encima del resto.

Esta es la razón por la que ante un conflicto no les interesa buscar el consenso  y el diálogo en igualdad, si lo hacen no pueden utilizar sus instrumentos de poder para imponer sus criterios y se ven inseguros. Su estrategia es la contraria, avivar el conflicto al máximo porque cuanto más grave sea, más legitimados se verán para recurrir a la fuerza y a la violencia. Lo hacen los maltratadores al provocar el “conflicto” o la “discusión” que luego sirve de justificación para dar la paliza, lo hace el empresario cuando quiere someter a sus trabajadores a determinadas condiciones, lo hacen los violentos ante cualquier discusión que surja en los ambientes más insospechados (un bar, un campo de futbol…), y lo hacen los gobiernos cuando parten de una posición de poder y quieren someter a un país o al resto de la comunidad internacional. Lo hemos visto en multitud de ocasiones, y ahora lo estamos viendo en Ucrania con la reacción de Rusia.

Los análisis políticos, económicos, geoestratégicos… en clave interna y externa nos aportan multitud de datos e informaciones sobre los motivos de esta reacción rusa en términos de objetivos a corto, medio y largo plazo. Pero todos estos análisis olvidan el papel de cada uno de los hombres que toma las decisiones, y la organización de la comunidad internacional sobre el reconocimiento de las posiciones que ocupa cada país según su posición dentro de la estructura jerarquizada de poder, así como la propia recompensa que obtiene Rusia por el simple hecho de actuar de manera violenta, al margen de un resultado que nunca será negativo del todo.

El resumen gráfico de lo ocurrido nos muestra cómo el depuesto presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, utilizó su posición legal y legítima para ir más allá de lo legal y abusar de la ciudadanía de su país a favor de Rusia. Ante esta situación la sociedad respondió en la calle con múltiples protestas, lo cual hizo que desde los sectores de poder ucranios se interpretaran los sucesos como un ataque a su posición, circunstancia que llevó a aumentar la violencia sobre el pueblo. Es lo mismo que hace un maltratador, utiliza su posición de hombre, de marido, de cabeza de familia… y todo lo que la cultura le ha dicho que es y que debe hacer, para someter a la mujer y a la familia, y cuando estas le dicen basta, entonces lo toma como un ataque que intenta resolver con un aumento de la violencia. Unas veces lo consiguen, otras no y las mujeres logran salir de la relación, y otras llevan la violencia hasta el último extremo y acaban con la vida de las mujeres.

La situación de Ucrania es paralela a la de Rusia. Rusia tenía en Yanukovich un aliado para imponer sus ideas y mantener su poder en una zona cada vez más alejada de sus valores y decidida a abandonarlos del todo para arrojarse en brazos de la Unión Europea. Y cuando ha visto que Ucrania no está dispuesta a seguir sometida a sus dictados, ha recurrido al uso de la fuerza y a la amenaza de aumentarla como no se pliegue a sus imposiciones. Y para que todo el mundo vea que las amenazas van en serio, lo primero que ha hecho es quitarle Crimea, del mismo modo que muchos maltratadores amenazan a las mujeres con los hijos, cuando no los asesinan directamente, como ha sucedido en algunos casos.

Una de las estrategias de la cultura androcéntrica ha sido relegar la desigualdad a las relaciones de  hombres y mujeres, y presentar el machismo como un exceso, no como la propia desigualdad inherente a esas relaciones basadas en  la figura del hombre  como referencia. De este modo la desigualdad se invisibiliza y sólo se cuestionan determinadas manifestaciones consideradas “graves” por sus elementos cuantitativos, no por su significado, como ocurre con la violencia de género, que sólo se cuestiona cuando los golpes producen determinadas lesiones (recordemos la expresión “mi marido me pega lo normal”). Todo lo que no sea ese resultado no es violencia y si se denuncia, porque realmente lo es, se considera “denuncia falsa”. Esta estrategia de limitar la desigualdad a hombres y mujeres y luego presentarla como "lo normal", es la que permite que no se vean las claves de poder en términos de jerarquía e instrumentos utilizados para provocar y resolver conflictos a otros niveles.

Centrar el problema de la desigualdad en las relaciones “hombres-mujeres” oculta toda la estructura levantada sobre la jerarquía de determinadas ideas, valores, creencias, “razas”, países, pueblos… siempre con lo masculino en lo más alto. Pero en verdad todo obedece a la misma forma de entender la realidad y de buscar el beneficio propio desde el poder. No es casualidad que la misma persona que ordena invadir la península de Crimea mantenga una política contra la homosexualidad, el feminismo y la igualdad en general.

El poder siempre tiene algo de ilícito al haberse construido a partir de elementos que pertenecían a otras personas. Perpetuar este modelo  que busca acumular cada vez más poder, aunque no siempre sobre las mismas personas, países, ideas… sólo dará lugar a más conflictos. Pero eso es, precisamente, lo que quiere el poder, crear más conflictos para resolverlos con sus métodos impositivos y violentos en busca de nuevos beneficios.

El poder, la derecha y la izquierda

PODER DERECHA E IZQUIERDA
El poder es inaccesible en sí mismo,
no se sabe muy bien quién lo tiene ni dónde está y sólo se manifiesta en determinados ámbitos que representan una parte de él. Es lo más parecido a la idea clásica de Dios, nadie lo había visto, pero todo el mundo lo había sentido en alguna ocasión y todo el mundo le temía. No por casualidad lo llamaban el “Todopoderoso” y a sus obras milagros.

Hoy el poder se ha situado a nivel terrenal, “el cielo puede esperar” y por ello las religiones han pasado a mandar mensajes para este mundo en lugar de elevar oraciones para el otro, ahora buscan más ir con el “mazo dando” que  con el “a Dios rogando”.

Pero el poder tiene muchos pretendientes, y los partidos políticos, solos o en compañía, se disputan una parte del poder para influir en la sociedad y facilitar su transformación y desarrollo en el sentido que consideran más adecuado. Y cuando lo consiguen, la forma de ejercerlo nos aporta una información muy interesante sobre las distintas maneras  de entender la realidad y los objetivos que pretenden desde cada una de las posiciones políticas.

A raíz de algunos acontecimientos ocurridos estos días pasados, resulta curioso ver cómo hay más diferencias entre el PP y el PSOE en la lucha por el poder que en la forma de ejercerlo. 

En la derecha, los principales conflictos internos se producen cuando está en el ejercicio del poder, mientras que en la izquierda los problemas se presentan cuando pierde el poder. Y estas diferencias en los tiempos en que se producen los enfrentamientos internos en la derecha y en la izquierda, muestran que el poder no se percibe ni se entiende de la misma manera.

Como decía, el PP presenta sus enfrentamientos más intensos cuando está en el gobierno: Por ejemplo, el PP de Madrid es una olla a presión con claros problemas dentro de la organización regional y con el partido a nivel nacional, situación  que se observa a diario en las manifestaciones del Presidente de la Comunidad, de la Presidenta del Partido, Esperanza Aguirre, de la alcaldesa, de algunos senadores, de Ruiz Gallardón… Por otra parte, Cospedal está a muerte con Sáenz de Santamaría, como se ha puesto de manifiesto en la designación del candidato a la Junta de Andalucía, o como ha salido en mas de una ocasión por los nombramientos de sus maridos. En Valencia continúan las luchas entre la batalla original de los seguidores de Zaplana y Camps y las cenizas de Fabra y lo que queda de Fabra;  y en el País Vasco también ha surgido otro enfrentamiento claro entre el sector más tradicional de Mayor Oreja y la nueva dirección respaldada por Génova.

El PSOE, por el contrario, presenta sus conflictos fuera del ejercicio del poder, incluso hasta el punto de respetar en relativa paz el tiempo de gobierno ejercido por una persona a la que después ignora, como ha ocurrido con José Luis Rodríguez Zapatero. El enfrentamiento en el PSOE surge al margen del poder y se manifiesta en las primarias, donde los movimientos son claros, y a veces no exentos de cierta dureza, para elegir a la persona que competirá por el poder. Pero a partir de ese momento, con más o menos críticas y convencimiento, no suele haber una guerra clara ni enfrentamientos abiertos.

Imagino que se podrán hacer muchos análisis e interpretaciones, pero hay dos que me gustaría plantear.

Un primer análisis gira sobre la idea, ya comentada en otro post, que se tiene en los sectores de la derecha sobre el poder como un estado natural en ellos, lo cual lleva de manera directa a que haya determinadas personas que crean que son ellas las que se merecen estar en el uso del poder y no otras, de manera que cuando su pensamiento no coincide con la práctica se produce el conflicto.

La otra está directamente relacionada con el uso que se hace del poder. Si alguien se pelea por el poder dentro de una misma organización durante su ejercicio, lo que demuestra es que el proyecto común no existe o no importa, y que lo que se busca son los beneficios particulares, del tipo que sean, que se pueden obtener para uno mismo o los suyos.

La izquierda parte de la situación contraria, la idea que se tiene en un sector de la sociedad es que son unos intrusos en el poder, una especie de ocupas, y por ello desde la propia izquierda se evitan las fisuras que puedan debilitar su ejercicio.

Pero quizás lo más destacado es la otra consecuencia. Al no partir de la idea preconcebida de que el poder pertenece a ciertos elementos, tampoco hay una clara concepción de que determinadas personas son las que han de desarrollarlo, se piensa que unos pueden hacerlo mejor que otros, pero no en términos de merecimiento. Esta forma de entender la situación hace que las primarias faciliten este debate y que sea el conjunto de la organización el que decida, no que una persona imponga a otra a partir de esa idea de que “el poder soy yo e invisto a quien considero”. 

La situación que se deduce de estas circunstancias es que en la izquierda pesa más el proyecto común y el interés social que el beneficio particular, de ahí las importantes diferencias que se observan en uno y otro partido.

El problema básico que se observa en el fondo de la situación comentada es que en la práctica ni el PP ni el PSOE obtienen el poder, sino tan sólo una parte de él, aquella que corresponde al ejercicio de las funciones de gobierno, con todas las relaciones que se establecen con otros ámbitos de poder. Esto hace que a la postre se busque contentar a esos otros espacios de poder, y que en ocasiones la izquierda renuncie de manera voluntaria  a algunos de sus compromisos para mantener al poder contento y en armonía, o que, incluso, reproduzca actitudes y tome derivas similares a las de la derecha.

No por casualidad se dice que el PSOE se derechiza cuando desarrolla una segunda legislatura, y no es casual tampoco que una parte de la sociedad diga que PP y PSOE son lo mismo. 

Está claro que no lo son, pero además de no serlo, no deben parecerlo, ni dentro ni fuera del ejercicio del poder. Cuando todo se mezcla todo se confunde, y mientras que la derecha no se desgasta por mostrarse tal y como es, la izquierda no sólo queda en evidencia, sino que además queda deslegitimada.

El universo contractivo de la Justicia

UNIVERSO JUSTICIA
El pasado martes (11-2-14) vivimos en nuestro Parlamento un ejemplo de lo que podríamos considerar el “universo de la justicia”, un universo que al igual que el espacio sideral está en movimiento, si bien en sentido contrario. Y mientras nuestras galaxias se expanden, el universo de la Justicia se contrae y empequeñece.

Por un lado asistimos a la limitación de la “Justicia Universal”, o lo que es lo mismo, a la imposición de criterios particulares para impedir que la Justicia prevalezca, y por otro, a la imposición de un criterio personal sobre la conciencia de muchos diputados y diputadas que habían manifestado sus críticas, y hasta rechazo, a la reforma del aborto planteada por el Ministro Gallardón, refrendada después por Rajoy y su Gobierno, y respaldada ahora por todo el PP. 

En los dos casos se pone de manifiesto una instrumentalización de la Justicia para defender aquello que se considera importante, no para la sociedad, sino para una parte de ella que obtiene beneficios a través de estas imposiciones. En definitiva, lo que se ha hecho es, por un lado, dar libertad a los criminales, y por otro, limitar los derechos de las personas para ejercer su libertad en un marco de convivencia plural y diverso, e imponer unos límites a esa convivencia en nombre de una unas ideas, de una moral y de unas creencias que son muy respetables, pero que no pueden obligar a quien no las comparta.

Las consecuencias de estas decisiones no se reducen sólo al hecho en sí de la restricción, sino que con ellas se producen injusticias difícilmente aceptables y asumibles en una democracia y en un universo social que pretende girar alrededor de los Derechos Humanos. No hablamos de situaciones futuribles y abstractas, sino de realidades concretas que llevan a que sus consecuencias sean inmediatas. En el caso de la limitación de la Justicia Universal se facilita que los crímenes contra la humanidad no se investiguen y que, por tanto, sus autores utilicen la Justicia para defender su impunidad. Y la reforma del aborto conlleva que las mujeres queden reducidas a una especie de “electrodomésticos” obligándolas a ser madres en contra de su voluntad, como si una consecuencia tan trascendente pudiera imponerse sin contar con su decisión.

Quien entiende que el universo es un error porque gira alrededor del sol, no de su propio planeta moral e ideológico, como cree que debería ser, todo lo ve desde esa distancia que pone colores a los planetas (azul la Tierra, rojo Marte, rayado Júpiter, Venus blanco…) y que impide mirar a los ojos de quien convive a su lado. Lo único que pretende es inclinar todavía más el eje de rotación hacia su parte para sacar aún  más ventaja de su poder.

Pero cometen un pequeño error.  Olvidan que ha sido el ideal de justicia el que ha movido la expansión de lo humano dentro de la humanidad, el que ha hecho el planeta más habitable, el que ha borrado fronteras y derribado dictaduras… Un ideal al que no renunciará nunca nuestra especie ni nuestras sociedades, por más que especulen ahora con la moral ante el fracaso de sus ideas.

Si echan un vistazo a la historia se darán cuenta de que las sociedades han ido ganando progresivamente en libertad y en derechos, y ello significa que lo han hecho arrebatando espacio a quienes desde el poder actuaban en contra. No ha sido una evolución lineal ni constante, tampoco pacífica, en ella ha habido fases de expansión y otras de contracción, como si el corazón que nos inunda el cuerpo de emociones y sentimientos hubiera nutrido también nuestras acciones como pueblos, pero el tiempo le ha dado la razón a la libertad y la igualdad.

La sociedad cada vez es más consciente de su papel y más fuerte en sus ideales, aún así, quien se cree ungido para imponer sus criterios sobre los “impulsos de una masa descarriada” también sabe que el escenario es más complejo, y que necesita mecanismos e instrumentos de control cada vez más sofisticados  y directos, algo que ahora está consiguiendo con la ayuda de la economía. No por casualidad la crisis ha traído los vientos secos del pasado, y no por casualidad entre los argumentos dados para crear este nuevo universo contractivo de la justicia se ha recurrido a las razones económicas. En el caso de la justicia universal tras la imputación del expresidente chino Hu Jintao, por las consecuencias económicas sobre nuestro país dadas las relaciones comerciales con China y la deuda adquirida por su economía, y en la reforma del aborto porque, según afirman, el nacimiento de más niños y niñas será un revulsivo económico.

Cualquier argumento es deplorable para defender la injusticia, pero sin duda una de los mayores es el económico. Lo de cambiar euros por derechos raya, sencillamente, la miseria moral. Ahora que Stephen Hawking dice que no existen los agujeros negros en el espacio, no me extrañaría que se hubieran mudado al universo social.

 

La sociedad incapaz y la redención

SOCIEDAD-REDENCIONLas posiciones conservadoras siempre han tenido un halo redentor… Es cierto que éste surge más de la compasión que del compromiso, pero es esta circunstancia la que las lleva a moverse entre la salvación y la redención.

La derecha se ha presentado como la salvadora de la deriva de un mundo empujado por la izquierda hacia el abismo que supone sacarlo de su órbita androcéntrica y teocéntrica (valga la redundancia)…  Dios creó al mundo e hizo al hombre a su imagen y semejanza, y el hombre, para no ser menos, se hizo dios y creó su mundo (el patriarcado) a imagen y semejanza propia.

En este diseño la mujer no cuenta mucho, salvo como ladrona de costillas en el Paraíso y usurpadora de funciones y espacios en la Tierra, o lo que es lo mismo, pecadora de principio a fin… De ahí la necesaria redención masculina.

La concepción androcéntrica de la sociedad se basa en la jerarquización de las personas, los contextos, las ideas, las creencias, las costumbres… Cada elemento tiene un valor diferente que va sumando en las personas que lo integran como parte de su identidad y comportamiento. Y para las posiciones androcéntricas sus ideas, valores, creencias… no sólo tienen un valor superior al resto, sino que dicho valor es tan elevado que debe ser impuesto al resto de la sociedad para evitar su deriva. Así es su generosidad.

De este modo siempre encuentran razones para la desigualdad y la discriminación, cuando no son las ideas son las creencias, cuando no son las creencias pues son los valores, y cuando no es nada de lo anterior se recurre al color de la piel, a la orientación sexual o el origen de la persona… Siempre hay algún motivo, y con frecuencia muchos, para defender su status y la consecuente inferioridad del resto.

Y en todo este entramado, las mujeres, que de entrada ya hemos dicho que cuentan poco, son situadas en una posición inferior a la de los hombres y dependientes de ellos de manera doble. Por un lado porque su función principal es aportar estabilidad al modelo, y en particular a los hombres con quienes comparten una relación, y por otro, porque deben ser controladas para que no hagan aquello que no deben, pues en el fondo el temor a las mujeres es doble: se les teme por lo que pueden dejar de hacer, y se les teme por lo que pueden llegar a hacer fuera de ese control.

Y claro, como no siempre la parte conservadora hace y deshace de manera directa, cuando la izquierda introduce medidas de progreso social sobre la responsabilidad, la igualdad y la libertad de las personas, llega la derecha con su manto redentor para salvar a la sociedad de su pecado levógiro.

La actitud de la derecha representa el gobierno de las élites, el poder en su esencia, la presión de lo que debe ser, el “¡que se jodan!” de Andrea Fabra. La derecha se siente ungida para gestionar el destino de un país y de una sociedad porque su modelo se basa en una en una explicación racional del sentido de la vida a partir de referencias divinas, donde no queda espacio para la casualidad ni la espontaneidad. Todo tiene un fin y una función. Cuenta con un principio que se inicia en el origen de la propia vida, sabe perfectamente el camino a seguir, y conoce el final ansiado que conduce al mundo de la salvación, justo donde todo comienza y  donde se cierra el círculo. Y para que esto ocurra de ese modo cada cual está encasillado en su papel y función, del que nadie debe salirse para que no haya sorpresas. De manera que el hombre ha de ser hombre, la mujer mujer, el obrero obrero, el inmigrante ha de ser inmigrante, el enfermo enfermo… y así todo el mundo. O lo que es lo mismo, cada persona no sólo es lo que su condición refleja, sino que además debe de comportarse como tal y hacer lo que está previsto que haga. No vale eso de hombres haciendo de mujeres, mujeres realizando lo de los hombres, inmigrantes como si fueran españoles… ni nada parecido.

Para ellos la sociedad es incapaz por esencia. Es mundana y en presente, busca lo inmediato y lo material, es envidiosa y celosa, y no pretende tanto compartir como quitar a quien tiene… idea que trasladan con frecuencia a la izquierda y a todo el significado de las políticas de igualdad. Y por eso cuestionan en privado la democracia sobre la idea de “una persona un voto”, y dicen que cómo va ser lo mismo el voto de un parado sin formación que el de un catedrático de universidad, por ejemplo. Y por ello recurren a menudo a cuestionar a las personas de izquierda que están en política intentando jugar con los mitos  y diciendo de ellas que no tienen títulos universitarios ni apenas formación, algo que usan más con las mujeres (recordemos los ataques a las Ministras de Rodríguez Zapatero), puesto que las ven doblemente intrusas, por ser de izquierdas y por ser mujeres.

Pero como todo esto no lo pueden presentar de manera explícita juegan al disimulo y al engaño, y sólo cuando las circunstancias lo permiten se muestran tal y como son. Es lo que ha ocurrido con la mayoría absoluta obtenida en las elecciones de 2011 y con las principales reformas que han abordado: la reforma laboral, la reforma educativa y la reforma del aborto.

Las tres reformas son instrumentos para reconstruir la estructura jerarquizada que se había difuminado en parte con el estado del bienestar, y que cada persona vuelva a ocupar la casilla asignada para desde ella desarrollar las funciones otorgadas. La idea es que los hombres sean hombres según el modelo tradicional, que las mujeres sean mujeres de manera complementaria, y que los trabajadores sean trabajadores a la antigua usanza: atemorizados y agradecidos. Y que no sólo sean de este modo por la vía de los hechos, sino que la educación lleve a entender que es la mejor forma de convivir, de ahí las prisas.

Esa organización social se basa en la familia como célula y en la mujer como núcleo de esa célula. Si la mujer no actúa como núcleo de la célula familiar el tejido social se necrosa.

Y la forma de retener a las mujeres dentro de la familia es reforzando su identidad sobre los roles de esposas, madres y amas de casa. Por eso limitan su libertad y la igualdad a la hora de afrontar las situaciones que les afectan de manera directa, y por ello han utilizado la reforma del aborto para reivindicar todos sus valores e ideas, entre ellas: la mujer es incapaz necesita autorización, la mujer es mala, hasta el punto de acabar con una vida por egoísmo, la víctima no sólo es el embrión, el hombre también es víctima de la mujer que no lo deja decidir sobre su paternidad…

Y si las mujeres son incapaces, malas y contrarias a los hombres, ¿qué es lo que necesitan? Fácil. Requieren hombres que las asesoren, controlen y le ayuden a decidir lo mejor para ellas, que es ser madres, esposas y amadísimas amas de casa…

¿Difícil…?, qué va… Gallardón lo ha conseguido de un plumazo. El Ministro ha tenido que venir con su reforma a redimirlas de su propia libertad.

El concebido y el aborto

UNIVERSO
No está muy claro qué es lo que pretende defender Gallardón
con su reforma de la Ley del Aborto. Se dice que es la vida del nasciturus, y con ella la vida en general, hasta el punto de que las organizaciones que lo apoyan han tomado esa idea y se auto-denominan “pro-vida”.

Pero si analizamos la situación y los planteamientos que hacen vemos que no es así.

– Si lo que se defiende es la vida depositada en el embrión a toda costa no se admitiría ningún supuesto para abortar nunca, ni violación, ni enfermedad física de la madre que pudiera ser tratada, aunque el riesgo fuera alto, ni menos aún una enfermedad psíquica, que difícilmente podría afectar a la vida de la madre, salvo que diera lugar a riesgo de suicidio, ideación suicida que sería la que exigiría un tratamiento según estas posturas, no un aborto.

– Tampoco parece que sea la vida en sí misma cuando en Irlanda una mujer nacida en India, Savita Halappanavar,  dentista de 31 años, falleció junto al hijo que esperaba por no practicarle un aborto http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/14/actualidad/1352919338_098702.html. Y cuando en El Salvador se estaba dispuesto a que llegado el caso, la madre una joven de 22 años llamada Beatriz y con una situación clínica grave debida al lupus que padecía, a una insuficiencia renal y a una pre-eclampsia, muriera durante el embarazo de un feto con anencefalia que no sobreviviría al nacer http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/05/30/actualidad/1369894974_531835.html.

– Y sigue sin ser la vida lo que se defiende cuando  ante casos como el de unos siameses que compartían un corazón de seis cavidades, y una situación clínica que exigía una intervención quirúrgica para que uno de ellos pudiera tener posibilidades de vivir, desde esas mismas posiciones se decía que no había que actuar, y que la solución era que murieran los dos “de forma natural” http://es.catholic.net/laicos/466/2257/articulo.php?id=4328.

– Y definitivamente no es la vida lo que protegen cuando en lugar de prevenir los embarazos no deseados, que son los que causan los abortos, no la maldad de las mujeres, y de apostar por una ley como es la actual Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que trabaja la educación sexual y la prevención de embarazos no deseados, y que ha disminuido un 5% el número de abortos en un año, lo que se hace es mantener las circunstancias que darán lugar a los abortos y esconder sus cifras en la clandestinidad o en el extranjero. Pero serán vidas que terminarán por la práctica de abortos, aunque no se cuenten.

Estos ejemplos nos dicen claramente que no es la vida lo que se defiende, no ya en términos de dignidad ni libertad, sino en su propio concepto biológico. Es lo que se deduce cuando las decisiones que se adoptan para “defender” la vida del no nacido, ahora llamado “concebido”, conllevan la muerte de la madre, como ocurrió en Irlanda, como se podría haber producido en El Salvador, o como se defiende ante la supervivencia de un siamés. 

Es más, todo  lo anterior nos indica que tiene más valor impedir un aborto en sí mismo que la vida de la mujer, ni siquiera se equipara la vida de la mujer con la vida del no nacido, puesto que en el caso de El Salvador la grave alteración que presentaba el feto (anencefalia) hacía que muriera al nacer, y en el caso de Irlanda el feto de 17 semanas no iba a sobrevivir, pero daba igual, lo importante era no practicar un aborto hasta el punto de que le costó la vida a Savita, una mujer hindú fallecida por la imposición de una ley basada en la moral católica. Es decir, desde esas posiciones que defienden la vida, la vida de una mujer vale menos que el embarazo de un feto “en estado terminal” que espera nacer para morir, gracias a la vida que le da la misma madre a la que terminará “matando” ese embarazo. 

La vida de las mujeres importa poco incluso después de la muerte, como ha ocurrido ahora en Texas, donde una mujer embarazada, Marlise Muñoz enfermera de 33 años que había dejado instrucciones en vida para ser desconectada en caso de necesitar de esa vida artificial, han sido despreciadas y se mantendrá en esa vida artificial por “criterio médico” hasta que el feto sea viable. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/08/actualidad/1389189160_967673.html 

No deja de ser paradójico que las mimas posiciones y leyes que impiden que un hombre sea padre después de fallecer utilizando su esperma donado en vida, no impidan a una mujer ser madre en contra de su voluntad y después de muerta.

Si esa misma mujer en coma no estuviera embarazada se la desconectaría sin problema. Y si estuviera consciente y necesitara un soporte mecánico que sólo pudiera prestarse en el hospital, y ella renunciara a él para morir en su hogar, podría pedir el alta hospitalaria y fallecer en paz. Nadie podría obligarla a mantenerse conectada a los aparatos, del mismo modo que un paciente puede renunciar a un tratamiento a sabiendas que al hacerlo morirá con toda seguridad.

La vida de las personas no se defiende a cualquier precio, del mismo modo que no se puede obligar a una persona histocompatible a donar un órgano o sangre de un grupo poco frecuente en una situación de urgencia, a pesar de que al no hacerlo la persona enferma morirá.

Todas estas circunstancias nos indican lo siguiente:

– Lo que se defiende no es la vida, sino algunas circunstancias que pueden afectarla.

– Se dice que se defiende la vida del embrión o del feto, pero no siempre.

– No se dice, pero se ve de forma clara que no se defiende a las mujeres en ningún caso, sino a su función de madre. Se la obliga a la maternidad violentando su voluntad para defender, no la vida como se dice, sino la muerte en nombre de algo o de alguien, como se proponía en El Salvador, como ocurrió en Irlanda, o como se aconsejaba con los siameses. 

Si el sexo sin consentimiento es una violación o una agresión sexual, ¿qué es una maternidad sin consentimiento?

¿Por qué se defiende a toda costa la vida del embrión y del feto, y no se defiende la vida en otras circunstancias, tal y como hemos visto?

Lo que se defiende e impone con esta reforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo que propone Gallardón, es una moral y unos valores que utilizan la idea de la vida del embrión y del feto como pivote para justificar todas la demás ideas, y para demonizar al resto de propuestas y posiciones que no respetan esa idea básica y esencial de la vida que se impone. Esa es la estrategia.

Por eso no es casualidad que se refieran a esa vida del no nacido como “concebido”, ni que  los valores, ideas y creencias que se pretenden defender se hagan a través de negarle a las mujeres que decidan libremente.

Concebir, según el Diccionario de la RAE es:  CONCEBIDO-DRAE

  1. Quedar preñada una hembra.
  2. Formar idea, hacer concepto de una cosa.
  3. Comprender, encontrar justificación a los actos o sentimientos de alguien.
  4. Comenzar a sentir alguna pasión o afecto.

Por lo tanto, el “concebido” de la reforma de Gallardón se supone que es “la idea sobre la preñez de una hembra (entendemos que mujer) que justifica los valores y creencias de quienes defienden esa idea, y hace sentir pasiones entre el grupo  que la comparte”…. Como pueden ver, no es la vida lo que se defiende. 

Y la clave para entenderlo, aunque con matices, desde los más terrenales a los más trascendentales, es sencilla, al menos  en el planteamiento que hacen tradicionalmente sobre el origen de la vida y el papel de las mujeres.

La religión ha establecido que la vida se crea por obra de Dios y que le pertenece a Él. La biología sólo es el instrumento que utiliza Dios para crear la vida, por eso hay miles de relaciones sexuales sin que haya embarazo. Para estas posiciones esa realidad es el ejemplo de que el origen de la vida no es una cuestión biológica y necesita una especie de chispa que la haga prender, la cual escapa a la condición humana para situarse en la divinidad. Y por esa misma razón, para estas ideologías, no se pueden poner obstáculos a dicha acción sobrenatural utilizando preservativos u otros medios anticonceptivos, puesto que con ello estaríamos limitando la decisión divina para crear la vida, aunque al impedir el uso del preservativo mueran millones de personas por SIDA u otras enfermedades… Pero ya no sería obra de Dios, sino de la maldad humana y su asociación con el sexo.

El embrión es mucho más que una vida y que una persona en potencia. Para la religión el embrión es la obra directa de Dios antes de que la condición humana pueda decir o hacer nada desde su libre albedrío. La vida humana para la religión es una especie de “recreo” del cual ha de rendir cuentas ante Dios, pero antes del inicio de ese espacio propio, lo mismo que cuando finaliza con la muerte, sólo la referencia de Dios tiene validez. Y por dicha razón la religión ha de velar para que en ese mientras tanto  terrenal que es la vida, las personas no se alejen demasiado de sus referencias ni se pierdan por otros caminos.

Actuar sobre el embrión o sobre el feto es hacerlo directamente sobre la obra de Dios, y los humanos deben estar sometidos a Dios, no enfrentados. Por eso las mujeres no pueden decidir, porque ellas no sólo están sometidas a Dios, sino que tienen una triple sumisión: a Dios, a la naturaleza en su maternidad, y a los hombres (recuerden el “Cásate y se sumisa”)… Y ellas deben ser para los demás antes que para sí mismas, y decidir pensando en su misión trascendental, no en su propia vida. Por eso deben ser antes que nada esposas y madres, y serlo como “Dios manda”.

Ya lo dijo Gallardón, “la maternidad libre hace a las mujeres auténticamente mujeres”… pues eso Sr. Ministro deje que las mujeres disfruten su derecho a la libertad.

Su idea es respetable, pero no exigible a toda la sociedad.