Mis adorables machistas no van al gimnasio

TUITS--2
En un año he pasado de “gilipollas” a “sinvergüenza, pos-capullo y estúpido”… no va mal la cosa entre mis “per-seguidores” que tanto me aprecian, una evolución en su actitud muy significativa y propia de un posmachismo que cada vez se parece más a su padre, el machismo. 

Y qué le vamos a hacer, ellos son así de cariñosos, por eso, tal y como escribí hace casi un año, son adorables, “mis adorables machistas”  http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/02/mis-adorables-machistas.html

La situación demuestra que quién envaró en el curso del tiempo cada día está más lejos de una realidad que ya no saben si la recuerdan o la imaginan. Quizás por ello en estos momentos en los que el paso de los días se convierte en tránsito a un nuevo periodo, los remordimientos hacen aflorar su consideración hacia todo ese cambio climático en los valores de la sociedad, responsable de la disminución del caudal de la desigualdad y de que hayan envarado muchas de las naves cargadas de privilegios que iban cauce abajo.

La actitud agresiva y violenta que muestran en sus comentarios y tuits puede tener dos explicaciones, una propia de este cambio de año y otra derivada del cambio social. Demasiados cambios para quienes no quieren cambiar.

El cambio de año conlleva en la mayoría de las personas nuevos propósitos, entre los que no faltan el “dejar de fumar” y el “apuntarse a un gimnasio” para perder esos kilos de más. Lo que se deduce de ese incremento repentino de los ataques e insultos que he recibido estos días, es que mis “adorables machistas” han decidido llevar unos hábitos de vida más saludables, lo cual están muy bien, y que han dejado de fumar. El problema es que les ha generado un incremento de la ansiedad, y como por lo visto no han querido apuntarse al gimnasio, han decidido quemar su agresividad atacándome a mi y a otras personas que defendemos la Igualdad.

Y no está mal la cosa, mientras que la paguen con nosotros seguro que no le hacen pagar a nadie más.

El otro cambio que no puede asumir quien permanece envarado en el curso de un tiempo que no para de avanzar es la transformación social. Y este cambio es el que más les duele y molesta, puesto que es una transformación liderada por las mujeres y dirigida hacia la igualdad, o lo que es lo mismo, a la desaparición de los privilegios masculinos.

Las mujeres ya no son las esposas sumisas, ni las ciudadanas que miraban por la ventaja a ver si algún hombre se acercaba para sacarlas del hogar paterno y llevarlas a otro. Las mujeres han demostrado su capacidad en cualquier ámbito y han empezado a estar presentes en todos los espacios que le habían sido negados por esa cultura hecha a imagen y semejanza de los hombres. Y con todos estos cambios no sólo están mostrando sus capacidades, sino que están demostrando la injusticia de una desigualdad histórica que les había negado esas oportunidades, simplemente porque eran mujeres y porque muchos hombres así lo habían decidido.

Y claro, quien están acostumbrado a la imposición y violencia, cuando percibe el problema y la rebelión de las mujeres, pues recurre a su lenguaje habitual: la violencia. Es lo que ha pasado en nuestra sociedad. Según las Macroencuestas de 2006 y 2011 (los estudios sociológicos más amplios sobre la situación de la violencia de género en nuestra sociedad), desde 2006 a 2011, en los años con más campañas de sensibilización, con más conciencia crítica en la sociedad, con más recursos, más ayudas, más información… para combatir la violencia de género, el número de mujeres maltratadas ha pasado de 400.000 al año a 600.000. Podría parecer una contradicción, pero no lo es, todo lo contrario, es el claro reflejo de esta transformación social  liderada por las mujeres y de la resistencia de muchos hombres.

Las mujeres no están dispuestas a vivir el control, limitaciones, restricciones y la violencia que muchos hombres les imponen en sus relaciones, y han dicho ¡basta!. Pero ellos, en lugar de aceptar que las cosas ya no son como eran, lo que hacen es usar más violencia para imponer esa visión de la relación, de la familia, de la sociedad, de la vida. Ellas intentan que ellos cambien, pero ellos imponen que ellas no cambien.

La respuesta de las mujeres es la salida de esas relaciones. La mayoría de ellas, un 73% según la Macroencuesta de 2011, salen por medio de la separación y  sin denunciar la violencia que han sufrido.

Y muchos hombres no soportan esta iniciativa de las mujeres y su posicionamiento, por eso el posmachismo ha brotado en este ambiente de cambio para intentar confundir y tomar las riendas de una igualdad desbocada. Y por ello, en lugar de entender que la inmensa mayoría de las mujeres que sufren la violencia de género no denuncia a los hombres que la ejercen, lo que dicen es que las mujeres que denuncian lo hacen falsamente… ¡Llegan a afirmar que el 90% de las denuncias son falsas… cuando la Memoria de la Fiscalía General del Estado ha presentado que sólo han sido el 0’01%, y si nos limitamos a las condenas que demuestran que en realidad hubo tal denuncia falsa, el porcentaje es del 0’0045%! (http://www.europapress.es/sociedad/noticia-denuncias-falsas-violencia-genero-son-cada-cien-20100921131449.html)

¿Creen que bastan estos datos para que tomen conciencia de la realidad?… En absoluto, si su posición fueran producto del conocimiento y la razón serían suficientes, pero ellos reivindican valores y una identidad determinada para los hombres y las mujeres, y eso no se mueve en el plano de la razón. Según el posmachismo, y pueden leer los tuits que me dedican (@Miguel__Lorente https://twitter.com/i/connect), todo forma parte de un complot del “feminazismo” que ha conseguido que la Fiscalía General del Estado, el Consejo General del Poder Judicial, la Policía, la Guardia Civil, la Medicina Forense, las Administraciones, el CIS como autor de la Macroencuesta de 2011… que todo el mundo esté en contra de ellos…

No deja de tener gracia que “las mujeres y el feminismo” sean capaces de aglutinar a todas las instituciones del Estado para ocultar las denuncias falsas, y apenas sean capaces de hacer que se corrija algo la desigualdad, que se proteja a las mujeres en situación de riesgo por violencia de género, que se les den recursos para que puedan salir de ella, que no se modifique la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que no se cambie la ley de educación en la que se promueve la igualdad… Nada de eso pueden conseguir, pero sí poner a todo el Estado en contra de la teoría posmachista de las denuncias falsas… Absurdo, ¿verdad?. Pues es lo que plantean.

Quienes ahora critican las medidas para promocionar la Igualdad y corregir la desigualdad, y dicen que por qué una ley sólo para la violencia de género, que por qué las custodias se las dan mayoritariamente a las madres, que todo va contra los hombres… son los mismos que nunca han hecho nada para cambiar la realidad de la desigualdad que vinculaba a las mujeres con la maternidad, con la sumisión, con la “normalidad de la violencia”… Y nunca han hecho nada porque hasta hace muy poco no lo han necesitado, pero ahora que la sociedad ha comenzado a transformarse gracias a las mujeres (y a algunos hombres), ponen el grito en el cielo ante el cambio de panorama. No les importan las otras violencias, ni nada relacionado con los problemas de la desigualdad… lo que les molesta es que los cambios liberen a las mujeres de su identidad y roles tradicionales, puesto que los deja en evidencia. 

Si en verdad les importara no harían planteamientos en negativo: “no a la Ley Integral”, “no a las propuestas de igualdad”, “no al feminismo”, “no a las denuncias por violencia hacia las mujeres”, “no a las personas que trabajan por la equidad”… Si les importara algo lo que en teoría defienden harían planteamientos en positivo: “sí a la Ley integral contra la violencia de género y sí a otra ley que aborde otras situaciones de violencia”, “si a la igualdad y sí a cuestiones relacionadas con los hombres y que son consecuencia de la desigualdad”, “sí a las personas que trabajan por todo ello”…

Pero no les importa nada excepto su propia situación y privilegios.

El incremento de la agresividad y violencia del posmachismo se debe a la influencia de los cambios en quien no está dispuesto a cambiar, lo cual les produce una especie de vértigo que les lleva a arrojar muchas de las palabras que dicen.

Imagino que continuarán “per-siguiédome” e inventarán más curriculum sobre mi, hablarán de mis hermanos, que mis amistades son peligrosas… imagino que mis próximos amigos, ante el poco efecto de los que me han conseguido, los buscarán entre algún narcotraficante o directamente con alguien de Al-Qaeda (en 1985 y en 2010 estuve en Egipto, por si les viene bien establecer algún vínculo), y que seguirán con sus insultos… 

Tal como les dije el año pasado, gracias. Difícilmente podría explicar lo que significa la desigualdad y las resistencias a la igualdad real sin su colaboración.

 

PD. Todos los tuits y sus autores están en mi cuenta de Twitter, como entenderán, no les voy a dar publicidad en este blog.

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