Tú abdica, que yo me encargo de todo lo demás

REY CORAZONESComo diría el mismísimo Joaquín Sabina, “para decir con dios a los dos nos sobran los motivos” Al Rey le sobran años, compromiso, presión, viajes, soledad, familia real, mensajes televisados, altares y tribunas, silencios, desfiles y credenciales, tropas que revisar y trapos sucios que lavar… de todo ello ha tenido de sobra. Y le faltan días, abrazos, compañías sin regimientos, aceras que caminar, filas y colas que esperar, hijos e hijas en lugar de herederos, llamarle reina a su nieta en vez de princesa… De nada de eso ha tenido suficiente.

Por su parte, al pueblo le sobran tronos intermitentes, coronas descorazonadas, palacios de cristal blindado, yates a la deriva, amistades peligrosas… Y le faltan espejos para mirarse, jardines en los que meterse, Coronitas con las que brindar, papeletas que resolver, príncipes de corazones, reinas de colores… y tantas otras cosas.

Si se observa despacio, en verdad no hay tanto desencuentro entre uno y otro, entre el pueblo y su rey, al final es más una cuestión de principios que de finales inesperados y sorpresivos… Y aunque han sido casi 40 años, su reinado se puede resumir en dos frases que pronunció cuando los micrófonos miraban para otro lado, y salió el plebeyo que todo rey lleva dentro, el que con frecuencia pone la cabeza sobre la que se deposita la corona. Una de ellas fue el “hablando se entiende la gente” que le dijo a Ernest Benach como un “hasta luego”, a sabiendas de que podría ser “hasta nunca” por parte de cualquiera de los dos; y la otra fue el “por qué no te callas” a Chaves, pura majestad en una cumbre borrascosa de palabras heladas y afiladas, como el granizo de la primavera que apedrea al verano que se acerca por el camino de los días.

Quizás por eso cuando la gente ha dejado de hablar y de entenderse, y cuando los silencios son más amenazantes y gélidos que esas granizadas de palabras precipitadas por las borrascas sociales y políticas, entonces el rey ha dicho me voy…

Me voy y dejo a mi hijo a cargo del negocio, que tiene más manejo con el Whatsapp y con el Twitter, esos nuevos medios llenos de silencios con los que se entiende la gente… Quizás piense que su hijo es el príncipe azul que tanto esperaba la democracia para emanciparse de un pasado, que hasta ahora no la ha dejado salir de casa más allá de las 10 de la noche, ni acudir a determinados lugares… Quizás sólo sea eso… No lo sé, pero lo veremos.

Hasta ahí todo bien dentro de la lenta lógica de palacio, lo que no queda tan claro es el momento, ni siquiera los motivos que ha barajado su majestad. Si uno aprende algo cuando mira las decisiones políticas de trascendencia, es que nadie da “puntadas sin hilo”, y cuando el rey de la monarquía “juancarlista” decide poner fin, no a su reinado, sino al propio “juancarlismo”, hasta ahora la única garantía real, y decide comunicar su abdicación una semana después de unas elecciones europeas que han agitado al sistema y a sus instituciones, dos semanas antes de un mundial que hará olvidarnos de todo menos del árbitro del último partido, unas semanas antes de que, quizás, imputen a su hija Cristina… Cuando todo eso está por suceder, y quizás algo más, no puede ser casual que un rey abdique, así, de repente y por boca de un Presidente de Gobierno. Alguien busca más que se olviden algunas cosas en lugar de que se recuerden otras.

Por de pronto las infantas dejarán de ser parte de la familia real, con lo cual no imputarán a uno de sus miembros, la juventud crítica con la monarquía se sentirá más cerca de su rey y de su “reina del pueblo”, y Rajoy estará muy contento cuando ha declarado que “este es el mejor momento” para la abdicación.      http://politica.elpais.com/politica/2014/06/02/actualidad/1401702157_721435.html

No creo en la sorpresa primaveral de una decisión tomada en enero, según ha declarado el propio rey, y tampoco pienso que se haya hecho por generosidad. Todo forma parte de unas circunstancias que no nos han explicado y que debemos conocer antes de que se dé nada por supuesto. La situación es extraña, quizás por ello se empeñan en explicar al mismo tiempo lo importante y lo irrelevante que es la figura del rey.

Alguien ha escrito un guión para el playback que estamos escuchando, pero no suena del todo bien, por ello deben explicarnos las causas reales de esta abdicación, y no taparlas con el boato de la coronación ni con la repetición de los goles de la selección.

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En canal

EN CANAL
Sintonizar los canales no siempre significa ver bien lo que se observa en ellos
, y cuando lo que se hace es ajustarlos, aún mucho menos. Depende de con qué o quién se establezca esa sintonía, y cuáles sean los ajustes que se lleven a cabo.

El cierre de Canal 9 en la Comunidad Valenciana ha sido muy representativo de la instrumentalización de los medios de comunicación por parte de determinados sectores de poder que, a su vez, están relacionados con los diferentes gobiernos y partidos.

La decisión última del cierre  se basa fundamentalmente en una cuestión de utilidad más que de dinero, como suele ser habitual en estas situaciones. Ninguno de los recortes llevados a cabo, de las Consejerías suprimidas, ni de los Ministerios fusionados, han afectado a aquellos sectores o elementos que un gobierno considera esenciales o estratégicos. Todo se limita a lo accesorio o prescindible, y Canal 9, por las razones que sean, ha sido considerado “no necesario”.

Algunas de esas razones se deducen ahora a raíz de las protestas de sus trabajadores y trabajadoras, otras eran de sobra conocidas en todo lo que se refiere a su mala gestión y a los escándalos que la han acompañado. Y de todo ello me preocupa de manera muy especial las denuncias sobre las manipulaciones que les obligaban a realizar, para desinformar sobre cuestiones del día a día que afectaban al Gobierno valenciano o a su partido.

No quiero parecer un iluso, pero me preocupa porque es algo que no debería hacer un Gobierno, pero, sobre todo, que no deberían permitir los profesionales de los medios de comunicación. La política puede establecer directrices de actuación, prioridades o líneas de trabajo, y apoyarlas con más o menos presupuesto, pero no puede decir lo que deben hacer quienes trabajan en los medios. Es algo que se entiende perfectamente para otros sectores, por ejemplo el sanitario. El Gobierno de turno podrá desarrollar planes y programas de actuación en el ámbito de la sanidad, pero ante una persona enferma no puede ser el Gobierno quien decida si operarla o no, y qué tipo de intervención llevar a cabo. 

Eso que se entiende de forma clara para otros ámbitos, es algo que, según han denunciado en Canal 9, se ha hecho de forma frecuente con la información y que muchos profesionales han aceptado “obligados por las circunstancias”. A pesar de todo ello, y no por casualidad, la decisión ha sido el cierre del canal. 

Cuando un medio de comunicación falta a su responsabilidad principal de informar a la sociedad, esta percibe el problema y deja de confiar en el medio, con lo cual este pierde influencia y se hace prescindible. Por eso tampoco es casual que la confianza de la sociedad en los medios sea muy baja, concretamente, según el Barómetro del CIS de marzo de 2013, se sitúa en un 5’1. Y si una sociedad no confía en quien tiene que aportarle las referencias para posicionarse ante los problemas y la gestión que los gobiernos hacen de ellos, ¿cómo puede decidir y qué valor tiene lo decidido?

Algunos medios han jugado al poder por el poder y van a perder, es cuestión de tiempo.  Los nuevos predicadores  no buscan informar ni entretener, sino retener a las  personas frente al “aparato de turno” (televisor, radio u ordenador) para que el medio sea rentable con la publicidad, y para que la persona no piense en otras cosas, por eso lanzan la información adaptada a la que cada uno quiere escuchar. De este modo conseguirán, precisamente, lo contrario a lo que se supone, y en lugar de una conciencia crítica en la ciudadanía predominará una conciencia acrítica.

Es por ello que muchos medios se han empeñado en abrir en canal a la sociedad para ir directamente al corazón amarillo y evitar que llegue la sangre roja al cerebro. Se busca la información como entretenimiento y el entretenimiento como información para que las mentes sean planas como las pantallas de plasma.

De lo contrario es difícil entender cómo los mismos medios que pusieron el grito en el cielo, en las pantallas y en el papel por la “liberación” de asesinos y violadores a raíz  del rechazo de la doctrina Parot, sean los mismos que corren de manera desesperada para conseguir entrevistar en exclusiva a Miquel Ricart tras salir de prisión, uno de los asesinos y violadores de las niñas de Alcásser.

Todo vale mientras todo sirve… El problema es que la utilidad de la información no está en su uso por los medios, sino por la sociedad.

Como continúe la cosa por esa senda vamos a tener que recurrir a “cataplasmas”, como antes hubo “catavenenos”.

“No toca”


NO TOCA-2
La orquesta de instrumentos desafinados que dirige la mano invisible,
más que una partitura sigue una partida, y a la más mínima sale corriendo para dejar tras de si ese silencio delator de su responsabilidad.

Los instrumentos de cuerda, viento y tempestades, se esconden entre los metales y la re-percusión para interpretar el playback de la actualidad… Todos se mueven al dictado del director, pero nada suena… Es la ficción de una mentira, o lo que es lo mismo, una doble mentira, la de quien mueve los labios para hacer como que pregunta, y la de quien los mueve sin contestar nada para que sean los subtítulos que ponen otros los que  respondan.

No es casualidad que la respuesta más frecuente en estos días de tránsito sea “no toca”. Da igual a quién se le pregunte y lo que se pregunte, la respuesta es “no toca”. Con esta crisis de “no tocar” y silencios, hasta a Sam, el solícito pianista de "Casablanca" estaría en el paro.

Cuando al Ministro Montoro le piden bajar el IVA, él responde que “no toca”; cuando al Presidente del Gobierno le preguntan sobre Cataluña dice que “no toca”; si a la Ministra de Empleo le hablan de paro y pensiones ella saca el “no toca”; si es el Ministro de Justicia el interpelado sobre la reforma de la Constitución comenta que “no toca”; si a Rubalcaba le indican que comente el tema de las primarias, él rápidamente afirma que “no toca”; y cuando a otros miembros de la Ejecutiva del PSOE le hablan de fechas y “flechas”, ellos nos dicen a coro que “no toca”. 

Ya no es que la orquesta esté desafinada, sino que está callada porque no sabe lo que tocar, y mientras que el público pide un pasodoble al frente, los músicos ensimismados cada uno en su instrumento, miran a una pantalla de plasma a la espera de que aparezca un compás y una brújula.

¿Quién decide qué es lo que toca o no toca?, ¿ y quién cuándo toca lo que toca o no toca lo que no toca?

La situación que estamos viviendo y la respuesta que se da ante la demanda de información por parte de la sociedad, es paradigmática de esa otra realidad paralela que la crisis ha creado para que las miradas se dirijan a ella y eviten los problemas que nos encontramos en el día a día. La clave que garantiza el éxito es que “todo ocurra como si no ocurriera nada”, y eso es lo que han conseguido al mezclar la culpa, el miedo, la esperanza y la mentira.

Hace unos años, cuando alguien no quería contestar a una pregunta la respuesta era “sin comentarios”, lo cual no rompía el silencio pero reconocía una realidad encajada en el tiempo y en el lugar… De alguna manera, se aceptaba que había un problema ante el cual no se quería opinar por diferentes cuestiones o estrategias.

Sin embargo ahora, cuando existe una situación delicada o comprometida que se quiere evitar, la respuesta es “no toca”, una forma de contestar que diluye el problema. Y lo diluye en el tiempo, al no negarlo y al dar a entender que en otro momento indefinido se hablará de él, pero también lo disuelve como realidad, al indicar que si ahora no es el momento de hablar sobre el tema, de alguna manera se dice que no es tal problema, que tiene algo de invención.

Es una respuesta propia de una situación de poder. La da quien puede evitar el debate y lo hace en beneficio propio, por eso lo hacen desde la izquierda y desde la derecha respecto a sus respectivos campos de influencia.

La estrategia es un error que, dependiendo del tema y de su trascendencia, puede llegar al territorio de la gravedad. Y es una equivocación porque que con ella no se evita que “no se hable” de ese problema, más bien lo contrario, facilita que lo hagan quienes tienen más interés en presentarlo como tal problema o conflicto. Si quienes tienen la posibilidad de opinar con criterio y rigor sobre una cuestión callan y dicen que “no toca”, los que no disponen de las referencias adecuadas y buscan avivar un debate para mandar sus barcas a pescar en las aguas revueltas, hablarán sobre él… y mucho.

Una democracia se construye desde la Libertad para luego alcanzar la Justicia, la Igualdad y el resto de los Derechos Humanos, pero se mantiene sobre la información, que es la que crea la conciencia crítica de una sociedad que debe tomar las decisiones sobre su destino.

El nivel de desinformación que existe en la actualidad es realmente preocupante, y el problema no está sólo en quien calla, también reside en quienes teniendo la responsabilidad de informar juegan con los silencios y callan ante ellos como si fueran una opción, para de este modo presentar sus opiniones  e intereses como información. 

Los medios de comunicación tienen una doble responsabilidad, la de informar a la sociedad y la de exigir esa información para luego compartirla. Un Gobierno o un responsable político no pueden jugar a la beneficencia informativa en su interés, y si lo hacen deben ser cuestionados por ello, y hacerlo fundamentalmente desde los medios de comunicación. 

La información es la sangre que corre por las arterias y pasillos de sus redacciones, sin ella morirán de anemia. Y si la reciben preparada en bolsas del grupo cero negativo y no la contrastan, podrá llegar intoxicada y acabar con el medio por sobredosis, como ha sucedido con Canal 9 en la Comunidad Valenciana. En cualquiera de los dos casos la democracia habrá perdido salud.

No necesitamos intrumentos orquestados para interpretar el silencio. No se puede buscar que la sociedad participe más en democracia, como pretenden los grandes partidos, y al mismo tiempo no dar información sobre las cuestiones que preocupan. No podemos aceptar el “no toca” como respuesta, y menos cuando quienes callan no paran de “tocar” ciertas partes del cuerpo de la gente con sus políticas. El paternalismo político no vale con una democracia que supera los 30 años. Ya hemos crecido y somos adultos.

Hay que cambiar de ambiente, romper con la rigidez en las formas de relacionarse las instituciones y la sociedad, e instalarnos en una gran pradera para vivir la política de forma más espontánea y flexible. Allí no hará falta una orquesta y se podría “poner una tómbola”… al menos “siempre toca”, si no es un pito es una pelota.

Halloween: “¿Truco o maltrato?”

HALLOWEEN
Como si las estaciones del año se retrasaran al igual que las horas del reloj, el otoño vuelve a una primavera lúgubre que llena los camposantos de flores y aromas entremezclados con el olor de la cera ardiente en recuerdo de unas vidas ya apagadas. Son días para todos los Santos y para los Difuntos… no hay santos en vida. Parece que la vida es el temario de las oposiciones para ser santo, y la muerte el tribunal que aprueba o suspende.

Y no es casualidad que sea la estación marchita la que busque dar una naturaleza inmarcesible a la vida celebrando la muerte, como tampoco es fortuito que las fiestas religiosas de hoy hayan ocupado las celebraciones paganas de antes. Es la idea del “renovarse o morir” que las religiones, dueñas de este mundo y del otro, tan bien han aplicado.

Halloween el 31 de octubre, la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre y el día de los Difuntos el 2 del mismo mes, tienen su origen en la cultura Celta, en el culto que rendía a la naturaleza, y en especial al dios que guiaba su trabajo y su descanso, el sol. El día 31 de octubre celebraban la despedida del año, una forma de decirle adiós a la temporada de luz y calor que finalizaba con la recogida de la cosecha, y de anunciar la llegada de los días de frío y oscuridad, quizá la misma frialdad y oscuridad en la que quedaban envueltas las semillas que debían germinar al final de la nueva temporada para dar vida a los frutos y a los pueblos. Los ritos celebrados alrededor de los cambios de temporadas, al final de una y al principio de la otra, favorecían la creencia de que el señor de la muerte y príncipe de la oscuridad, llamado Shamhain, venía para tomar prisionero al sol y convocar a los espíritus de los muertos, precisamente esa noche en que la barrera entre ambos mundos, el de la luz y las tinieblas, el de la vida y la muerte, se debilitaba.

El día de Shamhain (posteriormente Halloween) los druidas celtas hacían recordar a los muertos y celebraban la muerte como continuidad de la vida, no como su final. Posteriormente los romanos, al invadir las tierras se apropiaron de parte de sus tradiciones y creencias, y pasaron a conmemorar la “fiesta de la cosecha” en honor a la diosa Pomona, que coincidía en esas fechas, ese mismo día final de octubre.

La fiesta cristiana de Todos los Santos se uniría a esos días con posterioridad, pero tuvo un origen y significado distintos. Ya en el siglo IV la Iglesia de Siria dedicaba un día del año a recordar a “todos los mártires”, y tres siglos más tarde (año 615) el Papa Bonifacio IV hizo transformar un templo romano dedicado a todos los dioses en un templo cristiano en conmemoración de todos los santos. Años más tarde, en el 741, el Papa Gregorio III cambió la fecha a la misma época en que se celebraban las fiestas paganas que hacían referencia a la muerte y a los difuntos, y trasladó la celebración del día de Todos los Santos al día 1 de noviembre, pero no fue hasta un siglo más tarde, en el año 840, cuando el Papa Gregorio IV estableció que esta fiesta se celebrara universalmente. Ante el significado de la nueva celebración, y dados los numerosos preparativos que conllevaba su organización, la víspera, el 31 de octubre, adquirió un protagonismo especial en las regiones que habían estado bajo la influencia celta,  sobre todo en la cultura anglosajona, llamando a ese día el “All Hallow’s Eve”, que venía a significar la “víspera de Todos los Santos”. Posteriormente, esa denominación fue transformándose sucesivamente hasta que quedó tal y como la conocemos hoy en día: “Halloween”.

Ese día de Halloween, que no era una fiesta propiamente religiosa, sino su preparación, al coincidir con el día de Shamhain recogió el testigo de la tradición pagana y de las costumbres celtas que hablaban del regreso de los muertos para visitar a sus familiares. Los disfraces surgieron para dar ambiente a esa extraña visita desde el más allá y buscar relacionarse mejor con los seres queridos, de manera que esa noche los vivos se vestían con ropas horribles buscando la mayor armonía con las "almas que venían al encuentro". La costumbre arraigó de una forma especialmente festiva en Estados Unidos con la inmigración inglesa e irlandesa, donde cada año se celebraba la fiesta de Halloween para dar entrada a la fiesta religiosa, en una tradición similar a lo que ocurre en otros lugares con las tradiciones alrededor de la primavera y la Semana Santa  y las fiestas del carnaval y la cuaresma.

Hoy parece que la fiesta pagana está recuperando el terreno arrebatado en su día por la celebración religiosa, y que los muertos prefieren regresar cubiertos por las sombras alegres de una noche diferente, que mostrarse a la luz de un día siempre oscurecido por las lágrimas. Quizás por eso en lugar de oraciones  y el sonido de las campanas a muerto de antaño lo que más se escucha es lo del “¿truco o trato?”.

Pero también hoy las tinieblas superan los límites del 31 de octubre.  Ahora tenemos una noche de Halloween y 365 días en los que las visitas y los encuentros se producen en la sombra y fuera de la luz de la información necesaria en una democracia. Reuniones secretas, encuentros opacos, decisiones oscuras, espionaje masivo, imágenes en ecto-plasma, el silencio soplando por las esquinas de los días… A veces la sociedad se parece más a un camposanto que al lugar donde reside la vida antes de que la desahucien. 

Hoy los dioses de las tinieblas del poder se manifiestan a través de titulares que nos dicen: “¿Truco o maltrato?”, para que el miedo sea una poderosa razón y vayamos a votar como "muertos vivientes". 

“El que no llora no mama”


GRITOEl sistema no falla.
Una de las cosas que siempre funciona en la estructura de la desigualdad es la capacidad de premiar la injusticia de quien se aprovecha de su posición y recurre a la amenaza o al abuso. Y al contrario, castiga a quien apuesta por el proyecto común y cede en lo personal para que lo de los demás (que también es de uno mismo), siga hacia delante y mejore. 

Cuando el modelo está levantado sobre el poder, cualquier manifestación del mismo se percibe en sintonía con lo que se dice desde sus estructuras, y en armonía con los valores que se defienden. No falla. Por eso se retroalimenta sobre las conductas que refuerzan el modelo, y por ello cualquiera está deseando ascender a posiciones de poder para utilizarlas de manera injusta y verse reconocido en esa figura de superioridad.

Si echamos un vistazo a cualquier ámbito de relación comprobaremos que, por regla general, la persona más egoísta, la que menos mira por el equipo, la que suele responder con más agresividad ante cualquier indicación, la que no hace nada que no se ajuste específicamente a su cometido… es la que nunca ve alterado su orden y a la que nadie molesta cuando surge un problema o una cuestión inesperada. Todo el mundo les teme, hasta los jefes, y todo el mundo las evita… A nadie se le ocurre pedirle que aborden una cuestión imprevista o que resuelvan algún problema que se haya presentado de forma inesperada. Todo lo contrario, se recurre a la persona más dispuesta, a aquella que siempre piensa en los demás y en el proyecto común, y que por ello suele ser la que más trabajo realiza y asume, y a la que se le castiga con todo lo “extra”.

En las familias y en las relaciones entre amistades ocurre algo parecido, aquel miembro más respondón e individualista, ese que siempre se queja de todo, es el que siempre se evita y al que nunca se acude con un problema. Los demás son los que tienen que afrontarlo y resolverlo. Y cuando ya está resuelto nadie suele recordar cómo se ha arreglado. Lo pasado pasado está, de manera que a la próxima vez sucederá algo parecido. 

De alguna manera el modelo premia ese abuso y hace que se traduzca en reconocimiento, da igual que se acompañe de críticas, al final lo que queda es que esa persona se muestra por encima de los demás, y abusa de su actitud para estar mejor a cambio de lo que otros tienen que ceder.

Es la esencia de la desigualdad, obtener beneficios y ventajas a costa de quitárselos a otras personas, la cuales ven limitadas sus oportunidades por no estar en una posición de igualdad frente a los abusadores. Por ello, en lugar de reconocer la injusticia y el abuso, el sistema la integra dentro de su normalidad y estimula su uso para reforzar el modelo y los valores que lo sustentan. El mensaje es tan claro que desde la “sabiduría popular” se afirma eso de que “el que no llora no mama”. Da igual que haya comido más que el resto o que no tenga apetito, lo importante es llorar para seguir comiendo, y si los demás no comen, pues que lloren más. Ese es el mensaje. No es una cuestión de justicia, sino de poder.

Un mensaje que alcanza a todos los niveles, desde las relaciones individuales en diferentes ámbitos, como hemos apuntado, hasta las relaciones formales de grupos de personas e instituciones. Estos días atrás hemos visto cómo algunas Comunidades Autónomas han empezado a llorar sobre la financiación que reciben para así recibir más alimento presupuestario, y como saben que el sistema favorece esa práctica, en cuanto lo ha planteado Cataluña, ha salido Madrid y después otras con el mismo llanto. En la UE ocurre algo parecido, con el agravante de que quien más llora es el que más tiene que repartir, como sucede con Alemania, que siempre está quejándose del resto de Estados miembros para justificar una dieta baja en calorías y euros para ellos, mientras que ella sigue engordando.

En la economía llevamos años escuchando el llanto famélico de los bancos, que después de sus atracones a mano armada con la comida de los demás, han dejado vacías de nuestro dinero sus despensas y alacenas, y han acudido al Gobierno para que les dispense bombones de eurochocolate con los que recuperar su figura (literal y metafóricamente).

En la sociedad ha ocurrido otro tanto de lo mismo. Los machistas ven cómo los avances y el progreso social han traído más Igualdad y Justicia, y además perciben que no es una moda y que son cambios que llegan con las raíces plegadas dispuestas a extenderse y profundizar. Por eso, como dueños de la situación y licenciados en estrategia de poder, han comenzado a llorar contra todo lo que empiece por “igual-“ y termine por “-dad”. Les resulta indiferente que se busque corregir la discriminación, la asignación rígida de roles, la violencia de género… lo importante es que ellos tengan más ventajas y privilegios a costa de los demás, especialmente de las mujeres.

La cultura de la desigualdad no es un accidente, es un diseño que permite que las cosas sucedan tal y como está contemplado en sus planes y, además, permite dar significado a la realidad que crea a través de los valores que forman parte de ese modelo. De este modo todo ocurre como está previsto con un significado de “normalidad”, da igual que se trate de violencia de género, de discriminación o de abuso… es lo normal. Y cuando algo se aparta de los planes, aunque sea mejor y suponga un avance para la sociedad, como por ejemplo lo es avanzar en la erradicación de la violencia de género, impedir los abusos, aumentar los derechos de las personas discriminadas… se ve como un ataque al orden establecido. Por esa razón, las protestas contra el sistema, aún mostrando el llanto de quienes sufren la insjusticia, no son consideradas y no sirven para obtener "alimento", todo lo contrario, son presentadas como una amenaza y como la justificación para mantener un control sobre esas personas o grupos. La clave no está en las conductas, sino en el significado que se les da, y sólo vale lo que apuntala al modelo.

Es el sistema y sus mecanismos de refuerzo, por eso el que “llora mama”, aunque lo haga con lágrimas de cocodrilo y, en cambio, las personas que lloran el dolor de la injusticia y la desigualdad son silenciadas, y cuando hablan dicen que mienten o que atacan.

Los exámenes de septiembre y las denuncias falsas

2+2=5
Septiembre es un mes de encuentros,  de retornos, de volver a empezar proyectos o de retomar temas que la crecida del verano separó y llevó a orillas diferentes. Por eso hay muchas personas que se citan en septiembre para continuar o para iniciar algunos de esos nuevos proyectos, y otras que no pueden salir de este mes porque forman parte de su escenario. 

Es algo que ocurre, por ejemplo, con los estudiantes que no han aprobado las asignaturas durante el resto del año, pero también con otras muchas personas que tienen asignaturas pendientes en su vida. Cada septiembre la apertura oficial del año judicial demuestra que una de esas asignaturas pendientes de mucha gente es la Igualdad y, como si se tratara de un examen, tenemos la oportunidad de poner en contraste algunas de las respuestas que dan estas personas a lo largo del curso, con el resultado del problema que presenta el Fiscal General del Estado en la pizarra pública de la Memoria de la Fiscalía.

Así, entre otras cosas, podemos comprobar el nivel del conocimiento del posmachismo y deducir parte de su estrategia. La cuestión que se plantea son las denuncias falsas en violencia de género, a lo que los posmachistas y las posmachistas responden que suponen un 80% del total (aproximadamente), y la respuesta correcta dada por el Fiscal General en la Memoria de la Fiscalía es… 0.024% Ooooohhhh!!!!! Han vuelto a suspender, y lo hacen con un “muy deficiente”. 

Y no será porque no se lo trabajan, se pasan todo el año haciendo cálculos con sus fórmulas peculiares, pero al final la verdad de su falacia se demuestra en sus propios argumentos, en esa forma de concluir que todo lo que no sean sentencias condenatorias son denuncias falsas. Circunstancia que también pone de manifiesto su gran desconocimiento de la violencia de género y de las mujeres que la sufren al ignorar la situación psicológica de las víctimas, el peso del control social, y el impacto que las amenazas y presiones de los entornos tienen a la hora de retractarse o de retirar una denuncia. A ellos les da igual todo eso, sólo les importa tener argumentos para cuestionar la realidad de la violencia de género. 

Lo cierto es que estos chicos y chicas del posmachismo ni progresan ni hacen las cosas adecuadamente, piensan que con alimentar sus argumentos entre ellos y tomar algún caso que encaje en sus planteamientos es suficiente, y que con ello pueden cambiar la realidad que ni siquiera se atreven a mirar. Una realidad que han ignorado históricamente (imagino que también habrán suspendido en Historia), y que sólo les ha preocupado cuando los cambios sociales y las leyes han cuestionado su posición de privilegio e impunidad.

El planteamiento es tan incoherente que pretenden defender la “presunción de inocencia” de los hombres denunciados con la “presunción de culpabilidad” de las mujeres que denuncian. Y curiosamente no lo cuestionan en ningún otro delito ni sobre ninguna otra denuncia, sólo las que hacen las mujeres por violencia de género. Sin duda una visión muy democrática y muy respetuosa con los Derechos Humanos y la Igualdad.

Todo forma parte de su estrategia para mantener su estatus, sus privilegios y su distancia frente a la asunción compartida e igualitaria de responsabilidades y derechos. De hecho sólo hay que ver su reacción ante el dato recogido en la Memoria de la Fiscalía General del Estado, ese que sitúa las denuncias falsas en violencia de género en el 0.024% del total, y las realmente comprobadas con sentencia condenatoria a las mujeres que las han interpuesto, en el 0’0045%. 

Lo primero que hacen es decir que es mentira porque según sus cálculos, esos que todo lo que no sea condena es falso, el porcentaje que a ellos les sale es diferente, después, como ven que por ahí no van muy lejos, atacan a la Ley Integral y la ponen como causa de las denuncias falsas que, curiosamente, la Memoria de la FGE dice que apenas existen. A continuación, como ven que tampoco es muy eficaz esa crítica, pasan a decir que la Ley Integral sí, pero no para mujeres, que debe extenderse a toda la familia, como si la violencia contra las mujeres fuera un problema de familia y no de cultura machista. Al final, como ven que se les desmoronan los argumentos empiezan a recurrir a otros temas y a tomar otras derivadas, entre las que no faltan las separaciones, el llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) la custodia de los hijos e hijas, y la panacea de la “custodia compartida impuesta”, como si todas las mujeres victimas de la violencia de género estuvieran conviviendo, con hijos e hijas y con problemas en la custodia, o como si todas las mujeres que se separan y tienen problemas en la forma de deshacer lo compartido y en la forma de mantener las relaciones con los hijos e hijas, fueran víctimas de violencia de género.

Sólo buscan desarrollar la estrategia de la confusión propia del posmachismo. Mezclarlo todo para que nada sea en sí mismo ni tenga el significado que la cultura le ha dado. La desorientación y la confusión conducen a la distancia, la distancia a la pasividad, la pasividad a no posicionarse ni actuar en contra de los elementos que facilitan la violencia de género que existe, y esa ausencia en la acción se traduce en continuidad de la desigualdad, de sus valores y de sus consecuencias, entre ellas la violencia.

Todo forma parte del precio que se debe pagar para que ellos mantengan sus privilegios. Para ellos es más importante el 0.024% de denuncias falsas que el hecho de que el 80% de las mujeres que sufren violencia no denuncien, les da igual que el 80% de las mujeres asesinadas nunca hayan denunciado tampoco, y que el 20% de las que al final denunciaron hayan sido asesinadas, quizás porque no las creyeron del todo al pensar que se trataba de una denuncia falsa para quedarse con la “paga, la casa y los niños”.

Podrán seguir con sus argumentos, críticas y ataques, como pueden comprobar la sociedad cada vez es más conocedora de su mentira, y cada día es más consciente de la desigualdad y de la violencia que genera. El año que viene, en septiembre, volverán a ser examinados, y me temo que sus calificaciones no variaran mucho.

Reality show


REALITY SHOW
Un hombre asesina a su mujer y cuelga la foto en Facebook
, un concurso (Campamento de Verano) “castiga” a una participante haciéndole aparecer en bikini ante la audiencia y echándole chocolate por encima para, según el presentador (Joaquín Prats Jr.), “endulzarle la noche y que otros concursantes le ayudaran a quitarse el chocolate a lametazos”. Un pederasta español es indultado en Marruecos, Gibraltar pone piedras en el camino de los pescadores de Algeciras, y Reino Unido pone peñones en el camino de la historia, de manera que Rajoy ya tiene su Perejil para aumentar los sentimientos nacionales, ahora que la roja selección española de fútbol cambia la competición por los encuentros amistosos en plan Alianza de Civilizaciones. Menos mal que aún queda el Real Madrid para ganarle 3-1 a Mourinho y su Chelsea, y recordarle que ni alianzas, ni civilizaciones, ni peñones… y que como sigan por esa senda, en lugar de mandar al ejército enviarán a Cristiano y los suyos en plan cruzada para tomar la roca.

Bárcenas veranea en una celda con vistas judiciales y al PP se le nubla cada vez mas la vista a pesar del sol radiante de agosto… Parece que es cuestión del destino eso de que las nubes acompañen a su Presidente, al igual que la lluvia no abandona del todo a su Galicia natal. En Andalucía la Audiencia de Sevilla "invita" a una ronda de declaraciones a los altos cargos imputados en los ERE, y estos le preguntan que si la va a pagar en la terraza o en el comedor. En Baleares no se hablan con eso de la lengua, en Cataluña desafían a las matemáticas con unos presupuestos que indican que “más por Más es menos, y en Valencia no comprenden cómo el 24% de las facturas a proveedores son suyas cuando la Biblia dice eso de que “Dios proveerá”.

Todo pasa como si no pasara nada, como si cada acontecimiento naciera por generación espontánea y no tuviera más consecuencias que la estela de comentarios que levanta al surcar este tiempo acuático. Nadie se detiene ante las circunstancias que generan los hechos que luego aparecen en las redes de los pescadores de noticias, ni nadie mira más allá de la lonja donde la realidad es ordenada en cajas y por secciones.

Se crea así la sensación de que todo lo que pasa no tendría por qué pasar, como si lo que ocurre fuera un accidente. Las noticias hacen de la normalidad algo extraordinario, no porque lo sea, sino porque lo muestran como tal confundiendo lo infrecuente con lo ajeno, y revistiendo de normalidad aquello que no debería ocurrir. Un ejemplo, la criminalidad, los accidentes laborales, las enfermedades, los premios en los sorteos, los homicidios por violencia de género… son infrecuentes, pero son “normales”, es decir, nacen de una serie de circunstancias presentes dentro de la estructura de organización social y convivencia que nos hemos dado, y se manifiestan cuando una serie de factores, también presentes en nuestro día a día, coinciden y precipitan esa serie de conductas o acontecimientos. Por lo tanto, no deberíamos confundir su “infrecuencia” con la idea de  hechos “extraordinarios” o anormales.

Otro ejemplo: seis millones de parados con una tasa superior al 25%, con especial repercusión sobre la juventud y las mujeres, la corrupción política, los recortes sistemáticos en servicios públicos que impactan más sobre los más necesitados (sanidad, dependencia, educación, servicios sociales…), el silencio parlamentario que cada vez se parece más a una sala de espera, la reducción drástica de los presupuestos para investigación… Todo ello, a pesar de ser frecuente y de que el sol de la información nunca se pone en los dominios punto “com” o punto “es”, no es normal, ni debemos aceptarlo como tal.

Al final, sobre todo desde la política, lo que se pretende es que los ciudadanos y las ciudadanas se mantengan distantes y pasivos, temerosos de protagonizar alguna de las noticias que contemplan, pero sin que se vean responsables de evitarlo. La política, la mala política, quiere a la sociedad sentada en un sofá y mirando una pantalla de plasma, como los antepasados observaban las nubes y el vuelo de las gaviotas para interpretar la realidad.

Es la idea del “reality show” trasladada a la convivencia. El “espectáculo de la realidad” como entretenimiento, como si en ese sofá y con la pantalla de plasma como protección estuviésemos a salvo. Y así nos hacen caer en la trampa de la pasividad para esconder que el verdadero significado es justo lo contrario. No es que se haga espectáculo con un trozo de realidad, sino que es la propia realidad la que se entiende  como espectáculo, un show que cuenta con sus guionistas, productores y directores, y que el único papel que reserva a la sociedad es el de la contemplación pasiva.

Te hacen sentir ajeno y distante para luego responsabilizarte de ello. Es el mensaje de una crisis debida a que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, y  la idea que está detrás del “¡que se jodan!” de Andrea Fabra, y que ahora ha rescatado Rafael Hernando para culpabilizar a los padres de la malnutrición de los hijos. Es el recurso a la culpa judeo-cristiana que en lugar de exigir derechos y responsabilidades a quien las tiene, lleva a sentirte pecador, a pedir perdón y a ser merecedor del castigo y los recortes.

Lo dicho, un reality show demasiado real como para ser reality, y demasiado show como para ser espectáculo.