Los tramposos y su vídeo trampa (Hombres al borde de un ataque de nervios)

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El vídeo podría titularse “Sexo, mentiras y cintas de video”, pero en lugar de jugar con la ficción, como ocurre con la película de Steven Soderbergh, el anuncio que recorre las redes sociales juega con la realidad para manipularla y darle un sentido diferente. Es lo que hace habitualmente el posmachismo, y por ello no es casualidad que el vídeo proceda del Reino Unido, uno de los países donde más organizado está.

El objetivo siempre es el mismo y el instrumento para alcanzarlo uno de los habituales. 

El objetivo busca desviar la atención sobre la violencia contra las mujeres, y desvincularla de los elementos culturales que dan lugar a ella a través de la desigualdad y de la figura del hombre como referencia encargada de mantener el orden que él decide, y de corregir aquello que se desvía de su criterio, incluso por medio de la violencia. Y para ello han jugado con un mensaje y unas circunstancias: el mensaje es presentar a los hombres como víctimas de las mujeres, y el contexto es un escenario público donde la pasividad y las sonrisas de la gente ante la agresión al hombre intenta demostrar la desconsideración de la sociedad ante esta violencia que sufren los hombres. La intención es clara, procurar romper con la idea de que la sociedad calla ante la violencia contra las mujeres, y afirmar que es justo al contrario, que su silencio es cómplice con la violencia que sufren los hombres por parte de las mujeres.

Todo ello se refuerza al final con un dato contundente obtenido, según el propio anuncio, del Office of National Statistics: el 40% de la violencia doméstica la sufren los hombres.

Todo muy objetivo en apariencia, sin embargo, está cargado de trucos y trampas para, una vez más, generar la confusión que necesita el posmachismo con vistas a que todo continúe como siempre, es decir, bajo las referencias de la desigualdad y con los privilegios en el lado de los hombres. No por casualidad la organización responsable de esta campaña, Mankind Initiative, tiene como uno de sus objetivos que las violencias sean consideradas y tratadas de la misma forma, sin distinción de quien la sufre, lo cual, como se puede ver, busca descontextualizar la violencia de género y todo su significado dentro de la cultura de la desigualdad, algo que, como pueden entender, beneficia a los hombres que la ejercen, no a las mujeres que la sufren. 

Mankind Initiative podía pedir recursos, ayudas de todo tipo, medios y personas para combatir la violencia que sufren los hombres, pero no tiene por qué hacerlo en contraste con la violencia de género. Además, dado su interés por la paz de los hombres, podía llevar a cabo alguna iniciativa en contra de la violencia que sufren los hombres de mano de otros hombres, que es la principal y la que más homicidios masculinos ocasiona. Pero eso parece quedar en un segundo plano, lo importante para ellos es la violencia que ejercen las mujeres.

Por eso manipula la realidad y actúa de ese modo, porque su estrategia busca borrar la palabra “género” y todo su significado con relación a la cultura androcéntrica que normaliza la desigualdad y la violencia contra las mujeres como parte de ella. Es la esencia de lo que defienden desde su organización, y clave del posmachismo. Si una organización sanitaria defendiera que se desarrollaran medidas y campañas a favor del cáncer de pulmón cuestionando las que se desarrollan contra el cáncer de colon sería muy sospechosa, por mucho que se basara en que el porcentaje del cáncer de pulmón representa el 23.2% del total.

Y como su objetivo tiene esa carga de perversidad necesita de campañas con trampa, como la que han presentado con el video en cuestión, para manipular y confundir a la sociedad. Veamos algunos elementos. VIDEO-Minuto 0-14

– Se busca un mismo escenario público para desarrollar las dos acciones, la de la agresión del hombre a la mujer y la contraria, la que lleva a cabo la mujer contra el hombre. Sin embargo, ese aparente espacio neutral se utiliza de manera diferente jugando con el montaje de la grabación para mezclar escenas, caras y actitudes de las personas presentes, así como tiempos diferentes, como si se tratara de un mismo momento lineal, cuando no es así. De hecho, si observamos la diferente intensidad de la luz del sol y de las sombras, y las distintas personas que hay en el escenario, se aprecia claramente que se tata de momentos diferentes que se presentan con continuidad temporal.  VIDEO-Minuto 0-47

– Otra cuestión es la presentación del video como una hecho global, es decir, como si todo hubiera ocurrido de manera natural y espontánea un día aislado en un momento determinado, sin explicar cuántos intentos han hecho falta y en cuántos escenarios diferentes se han grabado hasta dar con ese resultado.

– En el caso de la violencia contra la mujer, la idea que intenta mostrar el anuncio es que la sociedad responde contra la mujer atacada, pero en verdad la situación es muy diferente. No se trata de una respuesta “general” de las personas que presencian la escena, sino que son 5 mujeres, y al cabo de un rato, las únicas que defienden a la mujer agredida. Sólo al final, cuando ya está todo resuelto, se acerca un hombre. VIDEO-5 Mujeres defienden

– En el caso de la violencia contra el hombre, la pasividad de la sociedad se intenta potenciar con la sonrisa de las personas que la contemplan, que no sólo no hacen nada, sino que además el video busca mostrar que se burlan del hombre agredido. Sin embargo, ninguna de esas caras sonrientes se muestran junto a la agresión, sólo se pone la imagen de la cara con el sonido de fondo de la agresión de la mujer, algo que es fácilmente manipulable y que parece haberse hecho cuando comparamos el contraste de las sombras en los protagonistas de la violencia, que es intenso y marcado, y en las personas que se ríen, que apenas se percibe; indicando que se trata de momentos diferentes unidos por el montaje, algo que hace creer que el origen de las sonrisas está en la escena de la agresión. Lo mismo sucede con la mujer de rojo que aparece girando la cabeza, como si se dirigiera a la escena violenta y después sonríe, sin embargo la presencia de una chica sentada en la verja justo al lado de donde se produce la escena en la que la mujer agrede al hombre, revela que pasa y sonríe en un momento diferente a la agresión. Como se puede ver, todo indica que se trata de una manipulación para potenciar el odio contra las mujeres, pues son ellas las que, principalmente, se ríen del hombre atacado. VIDEO-Sonrisas

– El vídeo pretende mostrar la actitud pasiva de la gente como una respuesta exclusiva a la violencia que sufren los hombres, cuando en realidad es general a otras muchas escenas en las que se considera (con razón o sin razón) que la persona agredida tiene capacidad y recursos para defenderse. Un ejemplo, si la escena hubiera sido la misma, pero cambiando de protagonistas, con un padre agrediendo e insultando a un hijo de 17 años primero, y después el hijo agrediendo e insultando al padre, probablemente la reacción habría sido la misma. La gente habría defendido más al muchacho ante la agresión del padre, que al padre ante la agresión del hijo. Lo mismo habría ocurrido con una hija y una madre o con otras situaciones donde la relación de desigualdad condiciona la respuesta de la persona atacada. VIDEO-Mujer de rojo

– El posmachismo y Mankind Initiative ignoran que uno de los factores más importantes a la hora de utilizar la violencia y de reaccionar ante ella, tal y como demostraron los trabajos de Dibble y Strauss (1980), es la capacidad de generar amenaza y riesgo para la víctima. Dichos estudios demostraron que los hombres no se sentían amenazados ni en riesgo ante la violencia de las mujeres, incluso cuando estas portaban un arma de fuego; en cambio, las mujeres sí se sentían amenazadas por los hombres sin necesidad de que estos llevaran ningún arma o instrumento. Las simples manos de los hombres sirven para atemorizar y amenazar a las mujeres, de hecho, tal y como recoge el análisis de las sentencias de homicidios por violencia de género que realiza el CGPJ, el 33’5% de las mujeres son asesinadas por sus parejas o exparejas directamente con las manos.

Esta misma percepción de indefensión, no sólo respecto a las mujeres, también frente a otras personas que se ven como vulnerables, es la que lleva a actuar en su defensa, y por el contrario, no se actúa contra quien se percibe que tiene recursos para defenderse.

Como pueden observar, la manipulación del vídeo parece evidente y no es casual que se haga en el sentido de intentar mezclar todas las violencias para que, de ese modo, no se pueda avanzar en la prevención y abordaje de la violencia de género. Por eso la manipulación termina con el dato rotundo de la violencia que sufren los hombres: el 40% de la violencia doméstica es sufrida por los hombres, y para ello citan la fuente, concretamente el Office of National Statistics.

Pero cuando uno se va a la Web de dicha entidad y comprueba los datos, con independencia de que los porcentajes no coinciden del todo, algo en lo que no voy a entrar puesto que el anuncio no dice nada sobre cuál es el periodo de tiempo que utiliza para obtener el dato, lo que sí se aprecia es otra trampa propia del posmachismo.

Concretamente, lo que hace es mezclar todas las violencias que sufren los hombres y las mujeres en las relaciones íntimas, de manera que las mujeres sufren el 60% y los hombres el 40%, que es su mensaje, aunque callan lo del 60% de la violencia contra las mujeres. Sin embargo, la cosa tiene trampa.

Y tiene doble trampa. Por un lado, porque mientras que la mayoría de la violencia que sufren los hombres está dentro de las formas menos graves por sus características y circunstancias (intensidad, frecuencia, duración del ataque, combinación de diferentes tipos de violencia, utilización de objetos…), las mujeres sufren violencias más graves, entre ellas la violencia sexual en porcentajes mucho más altos. Y por otro lado, porque los datos del Informe del Office of National Statistics también habla de “violencia familiar”, no sólo de la pareja, y mientras que la mayoría de la violencia que sufren las mujeres  es ocasionada por hombres (fundamentalmente la pareja, pero también el padre, los hermanos u otros familiares), la que sufren los hombres dentro del contexto familiar no sólo la ocasionan las mujeres, y también es llevada a cabo por esos otros hombres (padre, hermanos y familiares). A pesar de ello, el vídeo habla de un 40% total intentando jugar para que sea interpretado como causado sólo por las mujeres.

Mankind initiative y el posmachismo están obsesionados con la violencia de género, no tanto con la violencia que sufren los hombres, por eso parecen estar al borde de un ataque de nervios ante los cambios sociales. Nunca han dicho nada ni han propuesto iniciativa alguna hasta que no se ha empezado a hablar y actuar frente a la violencia que sufren las mujeres como un problema enraizado en una construcción cultural desigual, de ahí el término “violencia de género”, y, curiosamente, salen en defensa de los hombres pidiendo que se actúe sólo contra la violencia que ejercen las mujeres, no contra la que producen otros hombres que, como hemos indicado, es la más frecuente y la más grave.

La Igualdad busca erradicar todas las violencias, pues pretende acabar con los privilegios de quienes se sienten en posiciones de poder y de quienes creen que el uso de la violencia es un instrumento más para resolver los conflictos que ellos mismos generan. Pero para alcanzar la igualdad hace falta corregir la desigualdad y sus manifestaciones, entre ellas la violencia de género, sin que ello sea incompatible con otras medidas y actuaciones dirigidas a las otras violencias y circunstancias que se traducen en discriminación. Pero tratando las circunstancias específicas de cada violencia, no mezclando medidas que no aborden las causas  y manifestaciones de cada una de ella, y que sólo sirvan como justificación política y social, no como solución.

“Violencia es violencia”, por supuesto, como “enfermedad es enfermedad”, “discriminación es discriminación”, y “abuso es abuso”, pero no es lo mismo una cirrosis que una encefalitis, ni una discriminación por las ideas que otra por el país de origen, ni un abuso laboral que un abuso sexual…  Por eso la violencia de género no es igual que la violencia que sufren los hombres, o los niños y niñas, o los ancianos, ni tampoco es lo mismo que la violencia terrorista, ni a ninguna otra, aunque en todas ellas se produzcan lesiones y homicidios. Cada una ha de ser abordada desde sus características diferenciales.

Por eso no es un error el vídeo del anuncio, Mankind Initiative y el posmachismo buscan más la confusión y que no se avance en igualdad, que la solución a la violencia que sufren los hombres, porque la desigualdad significa privilegios para los hombres. Esa es la razón de que no le guste el “género” y de que callen ante una cultura que acepta la violencia contra las mujeres, hasta el punto que, según el Eurobarómetro de 2010, el 3% de la UE considera que  la violencia contra las mujeres es “aceptable en algunas ocasiones”, y un 1% que afirma que es “aceptable en todas las circunstancias”.

Ante esa realidad el posmachismo y Mankind Initatitive no hacen ningún anuncio ni llama a la acción, tampoco pide donativos, como sí lo hace en el anuncio para lograr “sus objetivos”.

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Sobre las diferentes violencias: "La violencia no tiene género. El género sí tiene violencia": http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/la-violencia-no-tiene-g%C3%A9nero-el-g%C3%A9nero-s%C3%AD-tiene-violencia.html

Mujeres que matan

MUJERES QUE MATAN
El machismo los espera como si fuera el nuevo lanzamiento de un disco, un videojuego o alguno de los libros de Harry Potter… Hacen cola durante días ante las pantallas de sus ordenadores a la espera de que se produzca el “acontecimiento”, y cuando ocurre saltan a la calle de las palabras y a los teclados de la red, para lanzar sus gritos al viento en busca de alguna tempestad que los acoja.

Cada vez que una mujer asesina al alguien, da igual a quien sea y en las circunstancias en que ocurra el homicidio, su caso es utilizado para demostrar algo que nadie niega ni ha negado: el hecho de que las mujeres también utilizan la violencia y que pueden ser tan crueles como los hombres (http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/04/mujeres-asesinas.html). En cambio, desde esas mismas posiciones posmachistas, cada vez que se produce un homicidio por violencia de género y un hombre asesina a la mujer con la que comparte o mantenía una relación de pareja, el caso es utilizado para decir que las mujeres también son violentas, que ellas también matan, que muchos hombres son víctimas, que no hay por qué centrarse en una violencia…

Es decir, ocurra lo que ocurra, el mensaje desde estas posiciones siempre es el mismo, como ha sido el mismo a lo largo de la historia: las mujeres son malas y perversas, violentas y asesinas, manipuladoras y aprovechadas… 

Estas reacciones y argumentos demuestran de manera directa que la desigualdad no es una deriva incontrolada del tiempo, y que la violencia de género no es un accidente, sino todo lo contrario. Muestran cómo forman parte de la estructura sobre la que se definen las identidades de hombres y mujeres, y cómo a partir de ellas se distribuyen los diferentes roles y funciones, se abren y cierran espacios para desarrollarlos, y se establece la normalidad. Una normalidad desigual e injusta con los hombres y lo masculino como referencia, pero que a su vez permite que todo transcurra según el guión previsto, y que las conductas que forman parte de ella tengan su encaje según el significado que esa cultura androcéntrica les da. Por eso la violencia contra las mujeres ha formado parte de la normalidad, porque estaba considerada como un mecanismo corrector en las manos y en los pies de los hombres para que “sus mujeres” hicieran lo que se esperaba de ellas como buenas “esposas, madres y amas de casa”.

Esa es la razón que llevaba a muchas mujeres a afirmar lo de “mi marido me pega lo normal”, y a que hace unos días Pedro Ruíz, el párroco de Canena, dijera que “hace 30 años los hombres pegaban, pero no mataban” (http://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/hostias-cura_6_257284298.html). Es decir, el peso de la normalidad impuesta por la cultura androcéntrica hacía que las mujeres estuvieran sometidas a sus roles, y que las desviaciones fueran corregidas de manera contundente con los golpes del buen marido vigilante, pero “nada más”. En cambio, ahora, como la Igualdad, el feminismo y todos los demonios que se quieran han alterado ese orden, pues la violencia ha aumentado y los homicidios  de mujeres han aparecido, y los presentan como consecuencia de unos cambios cuando en realidad es lo contrario. Los cambios y la transformación que se ha producido en la sociedad debido, fundamentalmente, a las mujeres, al feminismo y a la Igualdad, son los que abogan por una convivencia en paz, y quienes permanecen inmóviles y buscan mantener sus privilegios y la estructura que los protege hacen lo que han hecho siempre, pero adaptando su intensidad y objetivos a las nuevas circunstancias. De ahí la situación actual.

Estos mismos hombres y mujeres del posmachismo, tan preocupados ahora por la “violencia en general”, curiosamente no tanto por la violencia de género, y tan pendientes de seguir presentando a las mujeres como malas, perversas y asesinas, nunca han dicho ni hecho nada para acabar con la violencia hasta que se ha hablado de violencia de género. Ni nunca han dicho ni hecho nada para cambiar las referencias que lleva a esa identidad masculina enraizada en la dominación, sometimiento y en una violencia que también es dirigida contra otros hombres, puesto que la mayoría de los hombres son asesinados por hombres, no por mujeres. Pero parece que esto son matices que nada importan.

Por eso mezclan todas las violencias que ejercen las mujeres (contra hijos e hijas, contra hombres, contra personas conocidas  o desconocidas… da igual a quien la dirijan, todos los casos suman en la cuenta de la maldad de las mujeres). Y por esa misma razón, hablan de circunstancias, de alcohol, de “ataque de cuernos”, de contextos, de conflictos, de provocación… cuando son los hombres los que matan, especialmente cuando asesinan a una mujer.

Lo hemos dicho y repetido innumerables veces, y volveremos a decirlo y repetirlo cada vez que sea necesario: la violencia no tiene género, pero el género sí tiene una violencia específica construida sobre esas referencias culturales que lleva a los hombres a controlar a las mujeres, y a considerarse legitimados para agredirles cuando “les llevan la contraria”, o cuando tienen que devolverlas a la senda abandonada de lo que ellos decidan que debe ser una buena mujer, esposa, madre y ama de casa (http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/la-violencia-no-tiene-g%C3%A9nero-el-g%C3%A9nero-s%C3%AD-tiene-violencia.html).

Por eso, en España y en todo el mundo, se habla y se sufre la violencia de género. Y por ello, en España y en todo el mundo, hay personas (la inmensa mayoría mujeres) que trabajan a diario por la Igualdad y para erradicar la violencia de género. Es la única forma de alcanzar la paz en la sociedad. La paz no es un armisticio, sino una forma de convivir que no se puede lograr si miles de niños y niñas crecen en hogares donde sus padres maltratan a sus madres.

Intentar mezclar todas las violencias, sus diferentes circunstancias y los distintos objetivos que persiguen, es no querer solucionar ninguna de ellas y dejar que todo transcurra como hasta ahora.

Y responsabilizar a las mujeres y a quienes trabajamos por la Igualdad de la transformación que busca una convivencia pacífica en sociedad, algo que también es bueno para los hombres, revela su interés en que nada cambie, y que persistan los mitos sobre la perversidad y la maldad de las mujeres… Aunque sea con nuevas estrategias y con nuevos cuentos.

Y es que ya se lo decía su madre al lobo al salir de casa, “¡Ten cuidado con Caperucita, que es mujer, joven y roja… Seguro que es feminista!”  “¡Y, además, te puede poner una denuncia falsa!”

Mis adorables machistas no van al gimnasio

TUITS--2
En un año he pasado de “gilipollas” a “sinvergüenza, pos-capullo y estúpido”… no va mal la cosa entre mis “per-seguidores” que tanto me aprecian, una evolución en su actitud muy significativa y propia de un posmachismo que cada vez se parece más a su padre, el machismo. 

Y qué le vamos a hacer, ellos son así de cariñosos, por eso, tal y como escribí hace casi un año, son adorables, “mis adorables machistas”  http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/02/mis-adorables-machistas.html

La situación demuestra que quién envaró en el curso del tiempo cada día está más lejos de una realidad que ya no saben si la recuerdan o la imaginan. Quizás por ello en estos momentos en los que el paso de los días se convierte en tránsito a un nuevo periodo, los remordimientos hacen aflorar su consideración hacia todo ese cambio climático en los valores de la sociedad, responsable de la disminución del caudal de la desigualdad y de que hayan envarado muchas de las naves cargadas de privilegios que iban cauce abajo.

La actitud agresiva y violenta que muestran en sus comentarios y tuits puede tener dos explicaciones, una propia de este cambio de año y otra derivada del cambio social. Demasiados cambios para quienes no quieren cambiar.

El cambio de año conlleva en la mayoría de las personas nuevos propósitos, entre los que no faltan el “dejar de fumar” y el “apuntarse a un gimnasio” para perder esos kilos de más. Lo que se deduce de ese incremento repentino de los ataques e insultos que he recibido estos días, es que mis “adorables machistas” han decidido llevar unos hábitos de vida más saludables, lo cual están muy bien, y que han dejado de fumar. El problema es que les ha generado un incremento de la ansiedad, y como por lo visto no han querido apuntarse al gimnasio, han decidido quemar su agresividad atacándome a mi y a otras personas que defendemos la Igualdad.

Y no está mal la cosa, mientras que la paguen con nosotros seguro que no le hacen pagar a nadie más.

El otro cambio que no puede asumir quien permanece envarado en el curso de un tiempo que no para de avanzar es la transformación social. Y este cambio es el que más les duele y molesta, puesto que es una transformación liderada por las mujeres y dirigida hacia la igualdad, o lo que es lo mismo, a la desaparición de los privilegios masculinos.

Las mujeres ya no son las esposas sumisas, ni las ciudadanas que miraban por la ventaja a ver si algún hombre se acercaba para sacarlas del hogar paterno y llevarlas a otro. Las mujeres han demostrado su capacidad en cualquier ámbito y han empezado a estar presentes en todos los espacios que le habían sido negados por esa cultura hecha a imagen y semejanza de los hombres. Y con todos estos cambios no sólo están mostrando sus capacidades, sino que están demostrando la injusticia de una desigualdad histórica que les había negado esas oportunidades, simplemente porque eran mujeres y porque muchos hombres así lo habían decidido.

Y claro, quien están acostumbrado a la imposición y violencia, cuando percibe el problema y la rebelión de las mujeres, pues recurre a su lenguaje habitual: la violencia. Es lo que ha pasado en nuestra sociedad. Según las Macroencuestas de 2006 y 2011 (los estudios sociológicos más amplios sobre la situación de la violencia de género en nuestra sociedad), desde 2006 a 2011, en los años con más campañas de sensibilización, con más conciencia crítica en la sociedad, con más recursos, más ayudas, más información… para combatir la violencia de género, el número de mujeres maltratadas ha pasado de 400.000 al año a 600.000. Podría parecer una contradicción, pero no lo es, todo lo contrario, es el claro reflejo de esta transformación social  liderada por las mujeres y de la resistencia de muchos hombres.

Las mujeres no están dispuestas a vivir el control, limitaciones, restricciones y la violencia que muchos hombres les imponen en sus relaciones, y han dicho ¡basta!. Pero ellos, en lugar de aceptar que las cosas ya no son como eran, lo que hacen es usar más violencia para imponer esa visión de la relación, de la familia, de la sociedad, de la vida. Ellas intentan que ellos cambien, pero ellos imponen que ellas no cambien.

La respuesta de las mujeres es la salida de esas relaciones. La mayoría de ellas, un 73% según la Macroencuesta de 2011, salen por medio de la separación y  sin denunciar la violencia que han sufrido.

Y muchos hombres no soportan esta iniciativa de las mujeres y su posicionamiento, por eso el posmachismo ha brotado en este ambiente de cambio para intentar confundir y tomar las riendas de una igualdad desbocada. Y por ello, en lugar de entender que la inmensa mayoría de las mujeres que sufren la violencia de género no denuncia a los hombres que la ejercen, lo que dicen es que las mujeres que denuncian lo hacen falsamente… ¡Llegan a afirmar que el 90% de las denuncias son falsas… cuando la Memoria de la Fiscalía General del Estado ha presentado que sólo han sido el 0’01%, y si nos limitamos a las condenas que demuestran que en realidad hubo tal denuncia falsa, el porcentaje es del 0’0045%! (http://www.europapress.es/sociedad/noticia-denuncias-falsas-violencia-genero-son-cada-cien-20100921131449.html)

¿Creen que bastan estos datos para que tomen conciencia de la realidad?… En absoluto, si su posición fueran producto del conocimiento y la razón serían suficientes, pero ellos reivindican valores y una identidad determinada para los hombres y las mujeres, y eso no se mueve en el plano de la razón. Según el posmachismo, y pueden leer los tuits que me dedican (@Miguel__Lorente https://twitter.com/i/connect), todo forma parte de un complot del “feminazismo” que ha conseguido que la Fiscalía General del Estado, el Consejo General del Poder Judicial, la Policía, la Guardia Civil, la Medicina Forense, las Administraciones, el CIS como autor de la Macroencuesta de 2011… que todo el mundo esté en contra de ellos…

No deja de tener gracia que “las mujeres y el feminismo” sean capaces de aglutinar a todas las instituciones del Estado para ocultar las denuncias falsas, y apenas sean capaces de hacer que se corrija algo la desigualdad, que se proteja a las mujeres en situación de riesgo por violencia de género, que se les den recursos para que puedan salir de ella, que no se modifique la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que no se cambie la ley de educación en la que se promueve la igualdad… Nada de eso pueden conseguir, pero sí poner a todo el Estado en contra de la teoría posmachista de las denuncias falsas… Absurdo, ¿verdad?. Pues es lo que plantean.

Quienes ahora critican las medidas para promocionar la Igualdad y corregir la desigualdad, y dicen que por qué una ley sólo para la violencia de género, que por qué las custodias se las dan mayoritariamente a las madres, que todo va contra los hombres… son los mismos que nunca han hecho nada para cambiar la realidad de la desigualdad que vinculaba a las mujeres con la maternidad, con la sumisión, con la “normalidad de la violencia”… Y nunca han hecho nada porque hasta hace muy poco no lo han necesitado, pero ahora que la sociedad ha comenzado a transformarse gracias a las mujeres (y a algunos hombres), ponen el grito en el cielo ante el cambio de panorama. No les importan las otras violencias, ni nada relacionado con los problemas de la desigualdad… lo que les molesta es que los cambios liberen a las mujeres de su identidad y roles tradicionales, puesto que los deja en evidencia. 

Si en verdad les importara no harían planteamientos en negativo: “no a la Ley Integral”, “no a las propuestas de igualdad”, “no al feminismo”, “no a las denuncias por violencia hacia las mujeres”, “no a las personas que trabajan por la equidad”… Si les importara algo lo que en teoría defienden harían planteamientos en positivo: “sí a la Ley integral contra la violencia de género y sí a otra ley que aborde otras situaciones de violencia”, “si a la igualdad y sí a cuestiones relacionadas con los hombres y que son consecuencia de la desigualdad”, “sí a las personas que trabajan por todo ello”…

Pero no les importa nada excepto su propia situación y privilegios.

El incremento de la agresividad y violencia del posmachismo se debe a la influencia de los cambios en quien no está dispuesto a cambiar, lo cual les produce una especie de vértigo que les lleva a arrojar muchas de las palabras que dicen.

Imagino que continuarán “per-siguiédome” e inventarán más curriculum sobre mi, hablarán de mis hermanos, que mis amistades son peligrosas… imagino que mis próximos amigos, ante el poco efecto de los que me han conseguido, los buscarán entre algún narcotraficante o directamente con alguien de Al-Qaeda (en 1985 y en 2010 estuve en Egipto, por si les viene bien establecer algún vínculo), y que seguirán con sus insultos… 

Tal como les dije el año pasado, gracias. Difícilmente podría explicar lo que significa la desigualdad y las resistencias a la igualdad real sin su colaboración.

 

PD. Todos los tuits y sus autores están en mi cuenta de Twitter, como entenderán, no les voy a dar publicidad en este blog.

En canal

EN CANAL
Sintonizar los canales no siempre significa ver bien lo que se observa en ellos
, y cuando lo que se hace es ajustarlos, aún mucho menos. Depende de con qué o quién se establezca esa sintonía, y cuáles sean los ajustes que se lleven a cabo.

El cierre de Canal 9 en la Comunidad Valenciana ha sido muy representativo de la instrumentalización de los medios de comunicación por parte de determinados sectores de poder que, a su vez, están relacionados con los diferentes gobiernos y partidos.

La decisión última del cierre  se basa fundamentalmente en una cuestión de utilidad más que de dinero, como suele ser habitual en estas situaciones. Ninguno de los recortes llevados a cabo, de las Consejerías suprimidas, ni de los Ministerios fusionados, han afectado a aquellos sectores o elementos que un gobierno considera esenciales o estratégicos. Todo se limita a lo accesorio o prescindible, y Canal 9, por las razones que sean, ha sido considerado “no necesario”.

Algunas de esas razones se deducen ahora a raíz de las protestas de sus trabajadores y trabajadoras, otras eran de sobra conocidas en todo lo que se refiere a su mala gestión y a los escándalos que la han acompañado. Y de todo ello me preocupa de manera muy especial las denuncias sobre las manipulaciones que les obligaban a realizar, para desinformar sobre cuestiones del día a día que afectaban al Gobierno valenciano o a su partido.

No quiero parecer un iluso, pero me preocupa porque es algo que no debería hacer un Gobierno, pero, sobre todo, que no deberían permitir los profesionales de los medios de comunicación. La política puede establecer directrices de actuación, prioridades o líneas de trabajo, y apoyarlas con más o menos presupuesto, pero no puede decir lo que deben hacer quienes trabajan en los medios. Es algo que se entiende perfectamente para otros sectores, por ejemplo el sanitario. El Gobierno de turno podrá desarrollar planes y programas de actuación en el ámbito de la sanidad, pero ante una persona enferma no puede ser el Gobierno quien decida si operarla o no, y qué tipo de intervención llevar a cabo. 

Eso que se entiende de forma clara para otros ámbitos, es algo que, según han denunciado en Canal 9, se ha hecho de forma frecuente con la información y que muchos profesionales han aceptado “obligados por las circunstancias”. A pesar de todo ello, y no por casualidad, la decisión ha sido el cierre del canal. 

Cuando un medio de comunicación falta a su responsabilidad principal de informar a la sociedad, esta percibe el problema y deja de confiar en el medio, con lo cual este pierde influencia y se hace prescindible. Por eso tampoco es casual que la confianza de la sociedad en los medios sea muy baja, concretamente, según el Barómetro del CIS de marzo de 2013, se sitúa en un 5’1. Y si una sociedad no confía en quien tiene que aportarle las referencias para posicionarse ante los problemas y la gestión que los gobiernos hacen de ellos, ¿cómo puede decidir y qué valor tiene lo decidido?

Algunos medios han jugado al poder por el poder y van a perder, es cuestión de tiempo.  Los nuevos predicadores  no buscan informar ni entretener, sino retener a las  personas frente al “aparato de turno” (televisor, radio u ordenador) para que el medio sea rentable con la publicidad, y para que la persona no piense en otras cosas, por eso lanzan la información adaptada a la que cada uno quiere escuchar. De este modo conseguirán, precisamente, lo contrario a lo que se supone, y en lugar de una conciencia crítica en la ciudadanía predominará una conciencia acrítica.

Es por ello que muchos medios se han empeñado en abrir en canal a la sociedad para ir directamente al corazón amarillo y evitar que llegue la sangre roja al cerebro. Se busca la información como entretenimiento y el entretenimiento como información para que las mentes sean planas como las pantallas de plasma.

De lo contrario es difícil entender cómo los mismos medios que pusieron el grito en el cielo, en las pantallas y en el papel por la “liberación” de asesinos y violadores a raíz  del rechazo de la doctrina Parot, sean los mismos que corren de manera desesperada para conseguir entrevistar en exclusiva a Miquel Ricart tras salir de prisión, uno de los asesinos y violadores de las niñas de Alcásser.

Todo vale mientras todo sirve… El problema es que la utilidad de la información no está en su uso por los medios, sino por la sociedad.

Como continúe la cosa por esa senda vamos a tener que recurrir a “cataplasmas”, como antes hubo “catavenenos”.

“No toca”


NO TOCA-2
La orquesta de instrumentos desafinados que dirige la mano invisible,
más que una partitura sigue una partida, y a la más mínima sale corriendo para dejar tras de si ese silencio delator de su responsabilidad.

Los instrumentos de cuerda, viento y tempestades, se esconden entre los metales y la re-percusión para interpretar el playback de la actualidad… Todos se mueven al dictado del director, pero nada suena… Es la ficción de una mentira, o lo que es lo mismo, una doble mentira, la de quien mueve los labios para hacer como que pregunta, y la de quien los mueve sin contestar nada para que sean los subtítulos que ponen otros los que  respondan.

No es casualidad que la respuesta más frecuente en estos días de tránsito sea “no toca”. Da igual a quién se le pregunte y lo que se pregunte, la respuesta es “no toca”. Con esta crisis de “no tocar” y silencios, hasta a Sam, el solícito pianista de "Casablanca" estaría en el paro.

Cuando al Ministro Montoro le piden bajar el IVA, él responde que “no toca”; cuando al Presidente del Gobierno le preguntan sobre Cataluña dice que “no toca”; si a la Ministra de Empleo le hablan de paro y pensiones ella saca el “no toca”; si es el Ministro de Justicia el interpelado sobre la reforma de la Constitución comenta que “no toca”; si a Rubalcaba le indican que comente el tema de las primarias, él rápidamente afirma que “no toca”; y cuando a otros miembros de la Ejecutiva del PSOE le hablan de fechas y “flechas”, ellos nos dicen a coro que “no toca”. 

Ya no es que la orquesta esté desafinada, sino que está callada porque no sabe lo que tocar, y mientras que el público pide un pasodoble al frente, los músicos ensimismados cada uno en su instrumento, miran a una pantalla de plasma a la espera de que aparezca un compás y una brújula.

¿Quién decide qué es lo que toca o no toca?, ¿ y quién cuándo toca lo que toca o no toca lo que no toca?

La situación que estamos viviendo y la respuesta que se da ante la demanda de información por parte de la sociedad, es paradigmática de esa otra realidad paralela que la crisis ha creado para que las miradas se dirijan a ella y eviten los problemas que nos encontramos en el día a día. La clave que garantiza el éxito es que “todo ocurra como si no ocurriera nada”, y eso es lo que han conseguido al mezclar la culpa, el miedo, la esperanza y la mentira.

Hace unos años, cuando alguien no quería contestar a una pregunta la respuesta era “sin comentarios”, lo cual no rompía el silencio pero reconocía una realidad encajada en el tiempo y en el lugar… De alguna manera, se aceptaba que había un problema ante el cual no se quería opinar por diferentes cuestiones o estrategias.

Sin embargo ahora, cuando existe una situación delicada o comprometida que se quiere evitar, la respuesta es “no toca”, una forma de contestar que diluye el problema. Y lo diluye en el tiempo, al no negarlo y al dar a entender que en otro momento indefinido se hablará de él, pero también lo disuelve como realidad, al indicar que si ahora no es el momento de hablar sobre el tema, de alguna manera se dice que no es tal problema, que tiene algo de invención.

Es una respuesta propia de una situación de poder. La da quien puede evitar el debate y lo hace en beneficio propio, por eso lo hacen desde la izquierda y desde la derecha respecto a sus respectivos campos de influencia.

La estrategia es un error que, dependiendo del tema y de su trascendencia, puede llegar al territorio de la gravedad. Y es una equivocación porque que con ella no se evita que “no se hable” de ese problema, más bien lo contrario, facilita que lo hagan quienes tienen más interés en presentarlo como tal problema o conflicto. Si quienes tienen la posibilidad de opinar con criterio y rigor sobre una cuestión callan y dicen que “no toca”, los que no disponen de las referencias adecuadas y buscan avivar un debate para mandar sus barcas a pescar en las aguas revueltas, hablarán sobre él… y mucho.

Una democracia se construye desde la Libertad para luego alcanzar la Justicia, la Igualdad y el resto de los Derechos Humanos, pero se mantiene sobre la información, que es la que crea la conciencia crítica de una sociedad que debe tomar las decisiones sobre su destino.

El nivel de desinformación que existe en la actualidad es realmente preocupante, y el problema no está sólo en quien calla, también reside en quienes teniendo la responsabilidad de informar juegan con los silencios y callan ante ellos como si fueran una opción, para de este modo presentar sus opiniones  e intereses como información. 

Los medios de comunicación tienen una doble responsabilidad, la de informar a la sociedad y la de exigir esa información para luego compartirla. Un Gobierno o un responsable político no pueden jugar a la beneficencia informativa en su interés, y si lo hacen deben ser cuestionados por ello, y hacerlo fundamentalmente desde los medios de comunicación. 

La información es la sangre que corre por las arterias y pasillos de sus redacciones, sin ella morirán de anemia. Y si la reciben preparada en bolsas del grupo cero negativo y no la contrastan, podrá llegar intoxicada y acabar con el medio por sobredosis, como ha sucedido con Canal 9 en la Comunidad Valenciana. En cualquiera de los dos casos la democracia habrá perdido salud.

No necesitamos intrumentos orquestados para interpretar el silencio. No se puede buscar que la sociedad participe más en democracia, como pretenden los grandes partidos, y al mismo tiempo no dar información sobre las cuestiones que preocupan. No podemos aceptar el “no toca” como respuesta, y menos cuando quienes callan no paran de “tocar” ciertas partes del cuerpo de la gente con sus políticas. El paternalismo político no vale con una democracia que supera los 30 años. Ya hemos crecido y somos adultos.

Hay que cambiar de ambiente, romper con la rigidez en las formas de relacionarse las instituciones y la sociedad, e instalarnos en una gran pradera para vivir la política de forma más espontánea y flexible. Allí no hará falta una orquesta y se podría “poner una tómbola”… al menos “siempre toca”, si no es un pito es una pelota.

Halloween: “¿Truco o maltrato?”

HALLOWEEN
Como si las estaciones del año se retrasaran al igual que las horas del reloj, el otoño vuelve a una primavera lúgubre que llena los camposantos de flores y aromas entremezclados con el olor de la cera ardiente en recuerdo de unas vidas ya apagadas. Son días para todos los Santos y para los Difuntos… no hay santos en vida. Parece que la vida es el temario de las oposiciones para ser santo, y la muerte el tribunal que aprueba o suspende.

Y no es casualidad que sea la estación marchita la que busque dar una naturaleza inmarcesible a la vida celebrando la muerte, como tampoco es fortuito que las fiestas religiosas de hoy hayan ocupado las celebraciones paganas de antes. Es la idea del “renovarse o morir” que las religiones, dueñas de este mundo y del otro, tan bien han aplicado.

Halloween el 31 de octubre, la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre y el día de los Difuntos el 2 del mismo mes, tienen su origen en la cultura Celta, en el culto que rendía a la naturaleza, y en especial al dios que guiaba su trabajo y su descanso, el sol. El día 31 de octubre celebraban la despedida del año, una forma de decirle adiós a la temporada de luz y calor que finalizaba con la recogida de la cosecha, y de anunciar la llegada de los días de frío y oscuridad, quizá la misma frialdad y oscuridad en la que quedaban envueltas las semillas que debían germinar al final de la nueva temporada para dar vida a los frutos y a los pueblos. Los ritos celebrados alrededor de los cambios de temporadas, al final de una y al principio de la otra, favorecían la creencia de que el señor de la muerte y príncipe de la oscuridad, llamado Shamhain, venía para tomar prisionero al sol y convocar a los espíritus de los muertos, precisamente esa noche en que la barrera entre ambos mundos, el de la luz y las tinieblas, el de la vida y la muerte, se debilitaba.

El día de Shamhain (posteriormente Halloween) los druidas celtas hacían recordar a los muertos y celebraban la muerte como continuidad de la vida, no como su final. Posteriormente los romanos, al invadir las tierras se apropiaron de parte de sus tradiciones y creencias, y pasaron a conmemorar la “fiesta de la cosecha” en honor a la diosa Pomona, que coincidía en esas fechas, ese mismo día final de octubre.

La fiesta cristiana de Todos los Santos se uniría a esos días con posterioridad, pero tuvo un origen y significado distintos. Ya en el siglo IV la Iglesia de Siria dedicaba un día del año a recordar a “todos los mártires”, y tres siglos más tarde (año 615) el Papa Bonifacio IV hizo transformar un templo romano dedicado a todos los dioses en un templo cristiano en conmemoración de todos los santos. Años más tarde, en el 741, el Papa Gregorio III cambió la fecha a la misma época en que se celebraban las fiestas paganas que hacían referencia a la muerte y a los difuntos, y trasladó la celebración del día de Todos los Santos al día 1 de noviembre, pero no fue hasta un siglo más tarde, en el año 840, cuando el Papa Gregorio IV estableció que esta fiesta se celebrara universalmente. Ante el significado de la nueva celebración, y dados los numerosos preparativos que conllevaba su organización, la víspera, el 31 de octubre, adquirió un protagonismo especial en las regiones que habían estado bajo la influencia celta,  sobre todo en la cultura anglosajona, llamando a ese día el “All Hallow’s Eve”, que venía a significar la “víspera de Todos los Santos”. Posteriormente, esa denominación fue transformándose sucesivamente hasta que quedó tal y como la conocemos hoy en día: “Halloween”.

Ese día de Halloween, que no era una fiesta propiamente religiosa, sino su preparación, al coincidir con el día de Shamhain recogió el testigo de la tradición pagana y de las costumbres celtas que hablaban del regreso de los muertos para visitar a sus familiares. Los disfraces surgieron para dar ambiente a esa extraña visita desde el más allá y buscar relacionarse mejor con los seres queridos, de manera que esa noche los vivos se vestían con ropas horribles buscando la mayor armonía con las "almas que venían al encuentro". La costumbre arraigó de una forma especialmente festiva en Estados Unidos con la inmigración inglesa e irlandesa, donde cada año se celebraba la fiesta de Halloween para dar entrada a la fiesta religiosa, en una tradición similar a lo que ocurre en otros lugares con las tradiciones alrededor de la primavera y la Semana Santa  y las fiestas del carnaval y la cuaresma.

Hoy parece que la fiesta pagana está recuperando el terreno arrebatado en su día por la celebración religiosa, y que los muertos prefieren regresar cubiertos por las sombras alegres de una noche diferente, que mostrarse a la luz de un día siempre oscurecido por las lágrimas. Quizás por eso en lugar de oraciones  y el sonido de las campanas a muerto de antaño lo que más se escucha es lo del “¿truco o trato?”.

Pero también hoy las tinieblas superan los límites del 31 de octubre.  Ahora tenemos una noche de Halloween y 365 días en los que las visitas y los encuentros se producen en la sombra y fuera de la luz de la información necesaria en una democracia. Reuniones secretas, encuentros opacos, decisiones oscuras, espionaje masivo, imágenes en ecto-plasma, el silencio soplando por las esquinas de los días… A veces la sociedad se parece más a un camposanto que al lugar donde reside la vida antes de que la desahucien. 

Hoy los dioses de las tinieblas del poder se manifiestan a través de titulares que nos dicen: “¿Truco o maltrato?”, para que el miedo sea una poderosa razón y vayamos a votar como "muertos vivientes". 

“El que no llora no mama”


GRITOEl sistema no falla.
Una de las cosas que siempre funciona en la estructura de la desigualdad es la capacidad de premiar la injusticia de quien se aprovecha de su posición y recurre a la amenaza o al abuso. Y al contrario, castiga a quien apuesta por el proyecto común y cede en lo personal para que lo de los demás (que también es de uno mismo), siga hacia delante y mejore. 

Cuando el modelo está levantado sobre el poder, cualquier manifestación del mismo se percibe en sintonía con lo que se dice desde sus estructuras, y en armonía con los valores que se defienden. No falla. Por eso se retroalimenta sobre las conductas que refuerzan el modelo, y por ello cualquiera está deseando ascender a posiciones de poder para utilizarlas de manera injusta y verse reconocido en esa figura de superioridad.

Si echamos un vistazo a cualquier ámbito de relación comprobaremos que, por regla general, la persona más egoísta, la que menos mira por el equipo, la que suele responder con más agresividad ante cualquier indicación, la que no hace nada que no se ajuste específicamente a su cometido… es la que nunca ve alterado su orden y a la que nadie molesta cuando surge un problema o una cuestión inesperada. Todo el mundo les teme, hasta los jefes, y todo el mundo las evita… A nadie se le ocurre pedirle que aborden una cuestión imprevista o que resuelvan algún problema que se haya presentado de forma inesperada. Todo lo contrario, se recurre a la persona más dispuesta, a aquella que siempre piensa en los demás y en el proyecto común, y que por ello suele ser la que más trabajo realiza y asume, y a la que se le castiga con todo lo “extra”.

En las familias y en las relaciones entre amistades ocurre algo parecido, aquel miembro más respondón e individualista, ese que siempre se queja de todo, es el que siempre se evita y al que nunca se acude con un problema. Los demás son los que tienen que afrontarlo y resolverlo. Y cuando ya está resuelto nadie suele recordar cómo se ha arreglado. Lo pasado pasado está, de manera que a la próxima vez sucederá algo parecido. 

De alguna manera el modelo premia ese abuso y hace que se traduzca en reconocimiento, da igual que se acompañe de críticas, al final lo que queda es que esa persona se muestra por encima de los demás, y abusa de su actitud para estar mejor a cambio de lo que otros tienen que ceder.

Es la esencia de la desigualdad, obtener beneficios y ventajas a costa de quitárselos a otras personas, la cuales ven limitadas sus oportunidades por no estar en una posición de igualdad frente a los abusadores. Por ello, en lugar de reconocer la injusticia y el abuso, el sistema la integra dentro de su normalidad y estimula su uso para reforzar el modelo y los valores que lo sustentan. El mensaje es tan claro que desde la “sabiduría popular” se afirma eso de que “el que no llora no mama”. Da igual que haya comido más que el resto o que no tenga apetito, lo importante es llorar para seguir comiendo, y si los demás no comen, pues que lloren más. Ese es el mensaje. No es una cuestión de justicia, sino de poder.

Un mensaje que alcanza a todos los niveles, desde las relaciones individuales en diferentes ámbitos, como hemos apuntado, hasta las relaciones formales de grupos de personas e instituciones. Estos días atrás hemos visto cómo algunas Comunidades Autónomas han empezado a llorar sobre la financiación que reciben para así recibir más alimento presupuestario, y como saben que el sistema favorece esa práctica, en cuanto lo ha planteado Cataluña, ha salido Madrid y después otras con el mismo llanto. En la UE ocurre algo parecido, con el agravante de que quien más llora es el que más tiene que repartir, como sucede con Alemania, que siempre está quejándose del resto de Estados miembros para justificar una dieta baja en calorías y euros para ellos, mientras que ella sigue engordando.

En la economía llevamos años escuchando el llanto famélico de los bancos, que después de sus atracones a mano armada con la comida de los demás, han dejado vacías de nuestro dinero sus despensas y alacenas, y han acudido al Gobierno para que les dispense bombones de eurochocolate con los que recuperar su figura (literal y metafóricamente).

En la sociedad ha ocurrido otro tanto de lo mismo. Los machistas ven cómo los avances y el progreso social han traído más Igualdad y Justicia, y además perciben que no es una moda y que son cambios que llegan con las raíces plegadas dispuestas a extenderse y profundizar. Por eso, como dueños de la situación y licenciados en estrategia de poder, han comenzado a llorar contra todo lo que empiece por “igual-“ y termine por “-dad”. Les resulta indiferente que se busque corregir la discriminación, la asignación rígida de roles, la violencia de género… lo importante es que ellos tengan más ventajas y privilegios a costa de los demás, especialmente de las mujeres.

La cultura de la desigualdad no es un accidente, es un diseño que permite que las cosas sucedan tal y como está contemplado en sus planes y, además, permite dar significado a la realidad que crea a través de los valores que forman parte de ese modelo. De este modo todo ocurre como está previsto con un significado de “normalidad”, da igual que se trate de violencia de género, de discriminación o de abuso… es lo normal. Y cuando algo se aparta de los planes, aunque sea mejor y suponga un avance para la sociedad, como por ejemplo lo es avanzar en la erradicación de la violencia de género, impedir los abusos, aumentar los derechos de las personas discriminadas… se ve como un ataque al orden establecido. Por esa razón, las protestas contra el sistema, aún mostrando el llanto de quienes sufren la insjusticia, no son consideradas y no sirven para obtener "alimento", todo lo contrario, son presentadas como una amenaza y como la justificación para mantener un control sobre esas personas o grupos. La clave no está en las conductas, sino en el significado que se les da, y sólo vale lo que apuntala al modelo.

Es el sistema y sus mecanismos de refuerzo, por eso el que “llora mama”, aunque lo haga con lágrimas de cocodrilo y, en cambio, las personas que lloran el dolor de la injusticia y la desigualdad son silenciadas, y cuando hablan dicen que mienten o que atacan.

Los exámenes de septiembre y las denuncias falsas

2+2=5
Septiembre es un mes de encuentros,  de retornos, de volver a empezar proyectos o de retomar temas que la crecida del verano separó y llevó a orillas diferentes. Por eso hay muchas personas que se citan en septiembre para continuar o para iniciar algunos de esos nuevos proyectos, y otras que no pueden salir de este mes porque forman parte de su escenario. 

Es algo que ocurre, por ejemplo, con los estudiantes que no han aprobado las asignaturas durante el resto del año, pero también con otras muchas personas que tienen asignaturas pendientes en su vida. Cada septiembre la apertura oficial del año judicial demuestra que una de esas asignaturas pendientes de mucha gente es la Igualdad y, como si se tratara de un examen, tenemos la oportunidad de poner en contraste algunas de las respuestas que dan estas personas a lo largo del curso, con el resultado del problema que presenta el Fiscal General del Estado en la pizarra pública de la Memoria de la Fiscalía.

Así, entre otras cosas, podemos comprobar el nivel del conocimiento del posmachismo y deducir parte de su estrategia. La cuestión que se plantea son las denuncias falsas en violencia de género, a lo que los posmachistas y las posmachistas responden que suponen un 80% del total (aproximadamente), y la respuesta correcta dada por el Fiscal General en la Memoria de la Fiscalía es… 0.024% Ooooohhhh!!!!! Han vuelto a suspender, y lo hacen con un “muy deficiente”. 

Y no será porque no se lo trabajan, se pasan todo el año haciendo cálculos con sus fórmulas peculiares, pero al final la verdad de su falacia se demuestra en sus propios argumentos, en esa forma de concluir que todo lo que no sean sentencias condenatorias son denuncias falsas. Circunstancia que también pone de manifiesto su gran desconocimiento de la violencia de género y de las mujeres que la sufren al ignorar la situación psicológica de las víctimas, el peso del control social, y el impacto que las amenazas y presiones de los entornos tienen a la hora de retractarse o de retirar una denuncia. A ellos les da igual todo eso, sólo les importa tener argumentos para cuestionar la realidad de la violencia de género. 

Lo cierto es que estos chicos y chicas del posmachismo ni progresan ni hacen las cosas adecuadamente, piensan que con alimentar sus argumentos entre ellos y tomar algún caso que encaje en sus planteamientos es suficiente, y que con ello pueden cambiar la realidad que ni siquiera se atreven a mirar. Una realidad que han ignorado históricamente (imagino que también habrán suspendido en Historia), y que sólo les ha preocupado cuando los cambios sociales y las leyes han cuestionado su posición de privilegio e impunidad.

El planteamiento es tan incoherente que pretenden defender la “presunción de inocencia” de los hombres denunciados con la “presunción de culpabilidad” de las mujeres que denuncian. Y curiosamente no lo cuestionan en ningún otro delito ni sobre ninguna otra denuncia, sólo las que hacen las mujeres por violencia de género. Sin duda una visión muy democrática y muy respetuosa con los Derechos Humanos y la Igualdad.

Todo forma parte de su estrategia para mantener su estatus, sus privilegios y su distancia frente a la asunción compartida e igualitaria de responsabilidades y derechos. De hecho sólo hay que ver su reacción ante el dato recogido en la Memoria de la Fiscalía General del Estado, ese que sitúa las denuncias falsas en violencia de género en el 0.024% del total, y las realmente comprobadas con sentencia condenatoria a las mujeres que las han interpuesto, en el 0’0045%. 

Lo primero que hacen es decir que es mentira porque según sus cálculos, esos que todo lo que no sea condena es falso, el porcentaje que a ellos les sale es diferente, después, como ven que por ahí no van muy lejos, atacan a la Ley Integral y la ponen como causa de las denuncias falsas que, curiosamente, la Memoria de la FGE dice que apenas existen. A continuación, como ven que tampoco es muy eficaz esa crítica, pasan a decir que la Ley Integral sí, pero no para mujeres, que debe extenderse a toda la familia, como si la violencia contra las mujeres fuera un problema de familia y no de cultura machista. Al final, como ven que se les desmoronan los argumentos empiezan a recurrir a otros temas y a tomar otras derivadas, entre las que no faltan las separaciones, el llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) la custodia de los hijos e hijas, y la panacea de la “custodia compartida impuesta”, como si todas las mujeres victimas de la violencia de género estuvieran conviviendo, con hijos e hijas y con problemas en la custodia, o como si todas las mujeres que se separan y tienen problemas en la forma de deshacer lo compartido y en la forma de mantener las relaciones con los hijos e hijas, fueran víctimas de violencia de género.

Sólo buscan desarrollar la estrategia de la confusión propia del posmachismo. Mezclarlo todo para que nada sea en sí mismo ni tenga el significado que la cultura le ha dado. La desorientación y la confusión conducen a la distancia, la distancia a la pasividad, la pasividad a no posicionarse ni actuar en contra de los elementos que facilitan la violencia de género que existe, y esa ausencia en la acción se traduce en continuidad de la desigualdad, de sus valores y de sus consecuencias, entre ellas la violencia.

Todo forma parte del precio que se debe pagar para que ellos mantengan sus privilegios. Para ellos es más importante el 0.024% de denuncias falsas que el hecho de que el 80% de las mujeres que sufren violencia no denuncien, les da igual que el 80% de las mujeres asesinadas nunca hayan denunciado tampoco, y que el 20% de las que al final denunciaron hayan sido asesinadas, quizás porque no las creyeron del todo al pensar que se trataba de una denuncia falsa para quedarse con la “paga, la casa y los niños”.

Podrán seguir con sus argumentos, críticas y ataques, como pueden comprobar la sociedad cada vez es más conocedora de su mentira, y cada día es más consciente de la desigualdad y de la violencia que genera. El año que viene, en septiembre, volverán a ser examinados, y me temo que sus calificaciones no variaran mucho.

La energía se crea, destruye y transforma


EMC2
Nos engañaron,
o al menos no  nos contaron toda la verdad cuando nos dijeron eso de que “la energía no se crea ni se destruye, que sólo se transforma”. Puede ser que sea cierto desde el punto de vista físico y desde la asepsia de un laboratorio en condiciones controladas, pero en la vida real la energía no empieza en un tubo de ensayo, sino que se crea a través de la obtención de sus fuentes.

Y nos mintieron porque para que exista esa energía “que no se crea ni se destruye” ha de obtenerse la fuente capaz de generarla, y en ese proceso de obtención la energía sí destruye bosques, selvas, fondos marinos… y todo lo que se ponga a su alcance, y transforma sus hábitats en esquilmados parajes donde llegan vehículos todoterrenos lujosos, de los que se bajan ejecutivos con gafas de sol, botas Timberland relucientes, y chalecos del Coronel Tapioca repletos de bolsillos por llenar. Son los ejecutivos que al ver su huella en el terreno piensan eso de “un pequeño paso para mi, y que le vayan dando a la humanidad”.

Y conforme llegan los vehículos salen los viaductos para llevar la fuente de energía a las plataformas y refinerías donde la transforman en el combustible que creará la energía falaz. Aunque en eso de la transformación no mintieron del todo, pues todo este proceso es capaz de transformar la “fuente de energía” en “fuente de ingresos”, que hacen subir como un geiser el capital de compañías y de algunas personas que antes ni sabían que existía en el planeta esa región explotada.

Y no es teoría. En estos últimos días hemos visto cómo la energía está dispuesta a destruir el parque de Yasuní en Ecuador, una parte de la selva amazónica declarada reserva mundial de la biosfera por la ONU en 2008, con el beneplácito de su Presidente, Rafael Correa, que se ha comportado como un secuestrador y ha retenido ese trozo de biosfera a cambio de pedir un rescate a la comunidad internacional de 2700 millones de euros. “O me dais el rescate o mato el Parque de Yasuní”, parece que ha dicho para así  poder bañarse en su sangre, como hacían los vampiros de Transilvania. Las razones que da el Presidente es que necesita dinero para luchar contra la pobreza.

Un poco más al Norte, el Presidente de México, Peña Nieto, va a aprobar una reforma que permitirá que la empresa petrolera Pemex explote yacimientos de crudo y gas en aguas profundas. El argumento que utiliza Emilio Lozoya, director de la empresa, es que México está en la disyuntiva de “quedarse rezagado por décadas o ir hacia la modernidad”.

Y un poco más al Este, en las Islas Canarias, el Gobierno español apoya la explotación de unos yacimientos frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura, y también lo explica alrededor de los beneficios que supondrá para Canarias. Pero para darle un poco de mas morbo, juega con la rivalidad hacia Marruecos e insinúa que si no lo hacemos nosotros lo harán, como ya lo están haciendo, desde las costas de enfrente. 

Al final todo se reduce a beneficios económicos de unos pocos a costa de unos muchos y de la destrucción de espacios naturales que son fuente de vida y de tiempo, pues el futuro se mide en días, no en lujos ni en comodidades. Parece que la relatividad de Albert Einstein y su fórmula que explica la constancia de la energía, la conocida ecuación E=mc2 , también sirve para demostrar otra constante en el mundo energético: la obtención de fuentes de energía (E) es igual al “money” (m)  que se obtiene, por la cara al cuadrado (c2) de quienes explotan el presente y lo hacen saltar por los aires a cambio de un poco más de poder.

La lucha por las fuentes de energía ha sido una constante en la historia que ha generado más guerras, luchas y muertes  que la mayoría de los motivos que habitualmente se identifican con las “declaraciones de guerra”. Pero también, muchas de las “declaraciones de paz”, de esa teórica ausencia de conflictos, están construidas sobre la injusticia y la desigualdad de unas dictaduras que someten a sus pueblos, y que están mantenidas por los mismos intereses de quienes están dispuestos a destruir el planeta con tal de conseguir un palco VIP para ver el día del juicio final. No tenemos nada más que mirar dónde se han producido los últimos conflictos armados y en qué lugares hay enfrentamientos en la actualidad para entender su relación con la energía y el poder.

Alguien tendría que haber considerado en su día el “tráfico de energía” como el tráfico de armas, de personas o de otros elementos y circunstancias que generan todo un mercado ilícito a su alrededor, y actúan como fuentes constantes de conflictos y violencia.

La humanidad debe protegerse de la marionetas del poder y del vértigo del presente. El debate sobre la energía no debe basarse sólo en lo que contamina o destruye por su utilización, ni siquiera en lo que destruye para ser obtenida. El debate debe comenzar sobre la necesidad de renunciar a vivir una vida en la que nos han hecho entender la calidad como comodidad, y el bienestar como “estar bien”.

No falta energía, lo que sobra son usos superfluos de la energía.

Recuerdo un programa de televisión de mi infancia y la canción que lo presentaba. El programa era “Un globo, dos globos, tres globos”, y la canción, que se hizo muy popular, decía aquello de “…la Tierra es un globo donde vivo yo…” La conclusión es clara, si pinchamos el globo en el que vivimos todo acabará, como un día acabó ese programa.

Reality show


REALITY SHOW
Un hombre asesina a su mujer y cuelga la foto en Facebook
, un concurso (Campamento de Verano) “castiga” a una participante haciéndole aparecer en bikini ante la audiencia y echándole chocolate por encima para, según el presentador (Joaquín Prats Jr.), “endulzarle la noche y que otros concursantes le ayudaran a quitarse el chocolate a lametazos”. Un pederasta español es indultado en Marruecos, Gibraltar pone piedras en el camino de los pescadores de Algeciras, y Reino Unido pone peñones en el camino de la historia, de manera que Rajoy ya tiene su Perejil para aumentar los sentimientos nacionales, ahora que la roja selección española de fútbol cambia la competición por los encuentros amistosos en plan Alianza de Civilizaciones. Menos mal que aún queda el Real Madrid para ganarle 3-1 a Mourinho y su Chelsea, y recordarle que ni alianzas, ni civilizaciones, ni peñones… y que como sigan por esa senda, en lugar de mandar al ejército enviarán a Cristiano y los suyos en plan cruzada para tomar la roca.

Bárcenas veranea en una celda con vistas judiciales y al PP se le nubla cada vez mas la vista a pesar del sol radiante de agosto… Parece que es cuestión del destino eso de que las nubes acompañen a su Presidente, al igual que la lluvia no abandona del todo a su Galicia natal. En Andalucía la Audiencia de Sevilla "invita" a una ronda de declaraciones a los altos cargos imputados en los ERE, y estos le preguntan que si la va a pagar en la terraza o en el comedor. En Baleares no se hablan con eso de la lengua, en Cataluña desafían a las matemáticas con unos presupuestos que indican que “más por Más es menos, y en Valencia no comprenden cómo el 24% de las facturas a proveedores son suyas cuando la Biblia dice eso de que “Dios proveerá”.

Todo pasa como si no pasara nada, como si cada acontecimiento naciera por generación espontánea y no tuviera más consecuencias que la estela de comentarios que levanta al surcar este tiempo acuático. Nadie se detiene ante las circunstancias que generan los hechos que luego aparecen en las redes de los pescadores de noticias, ni nadie mira más allá de la lonja donde la realidad es ordenada en cajas y por secciones.

Se crea así la sensación de que todo lo que pasa no tendría por qué pasar, como si lo que ocurre fuera un accidente. Las noticias hacen de la normalidad algo extraordinario, no porque lo sea, sino porque lo muestran como tal confundiendo lo infrecuente con lo ajeno, y revistiendo de normalidad aquello que no debería ocurrir. Un ejemplo, la criminalidad, los accidentes laborales, las enfermedades, los premios en los sorteos, los homicidios por violencia de género… son infrecuentes, pero son “normales”, es decir, nacen de una serie de circunstancias presentes dentro de la estructura de organización social y convivencia que nos hemos dado, y se manifiestan cuando una serie de factores, también presentes en nuestro día a día, coinciden y precipitan esa serie de conductas o acontecimientos. Por lo tanto, no deberíamos confundir su “infrecuencia” con la idea de  hechos “extraordinarios” o anormales.

Otro ejemplo: seis millones de parados con una tasa superior al 25%, con especial repercusión sobre la juventud y las mujeres, la corrupción política, los recortes sistemáticos en servicios públicos que impactan más sobre los más necesitados (sanidad, dependencia, educación, servicios sociales…), el silencio parlamentario que cada vez se parece más a una sala de espera, la reducción drástica de los presupuestos para investigación… Todo ello, a pesar de ser frecuente y de que el sol de la información nunca se pone en los dominios punto “com” o punto “es”, no es normal, ni debemos aceptarlo como tal.

Al final, sobre todo desde la política, lo que se pretende es que los ciudadanos y las ciudadanas se mantengan distantes y pasivos, temerosos de protagonizar alguna de las noticias que contemplan, pero sin que se vean responsables de evitarlo. La política, la mala política, quiere a la sociedad sentada en un sofá y mirando una pantalla de plasma, como los antepasados observaban las nubes y el vuelo de las gaviotas para interpretar la realidad.

Es la idea del “reality show” trasladada a la convivencia. El “espectáculo de la realidad” como entretenimiento, como si en ese sofá y con la pantalla de plasma como protección estuviésemos a salvo. Y así nos hacen caer en la trampa de la pasividad para esconder que el verdadero significado es justo lo contrario. No es que se haga espectáculo con un trozo de realidad, sino que es la propia realidad la que se entiende  como espectáculo, un show que cuenta con sus guionistas, productores y directores, y que el único papel que reserva a la sociedad es el de la contemplación pasiva.

Te hacen sentir ajeno y distante para luego responsabilizarte de ello. Es el mensaje de una crisis debida a que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, y  la idea que está detrás del “¡que se jodan!” de Andrea Fabra, y que ahora ha rescatado Rafael Hernando para culpabilizar a los padres de la malnutrición de los hijos. Es el recurso a la culpa judeo-cristiana que en lugar de exigir derechos y responsabilidades a quien las tiene, lleva a sentirte pecador, a pedir perdón y a ser merecedor del castigo y los recortes.

Lo dicho, un reality show demasiado real como para ser reality, y demasiado show como para ser espectáculo.