Género y genéricos

GENERO Y GENERICOS
Eso de ahorrar en sanidad a costa de la salud no tiene mucho sentido.
Me recuerda aquello que contaban de dos hombres que se encuentran por un camino, uno a pie y otro sobre sobre un asno famélico. El primero de ellos sorprendido por la excesiva delgadez del animal pregunta, “¿pero qué haces con el burro para que esté en los huesos?”, a lo que contesta, “pues nada, que lo estoy acostumbrado a no comer”. El primer hombre, sorprendido por la respuesta, le replica, “entonces mátalo y que no sufra”, a lo que el dueño le dice, “para qué, para lo que come…” Con los medicamentos va a pasar igual, primero nos los quitan y después, cuando empeoremos y nos hagan falta, dirán que ya no son necesarios por habernos acostumbrado a vivir con achaques y sin fármacos. 

La situación no es tan sencilla ni lineal como la presentan. Si retiran medicamentos, la salud, que no es sólo la ausencia de enfermedad, si no un "estado completo de bienestar físico, psíquico y social", tal y como dice la OMS, empeorará y estaremos más enfermos. Y si estamos más enfermos será necesario gastar más en sanidad, así de claro. Es decir, vamos a pagar más por tener peor salud. 

Pero si la cosa no tiene mucho sentido como planteamiento general, aún lo tiene menos en lo particular. Sería difícil entender que una decisión de este tipo hubiera sido tomada por cualquier Ministerio, pero que lo haya hecho el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de Ana Mato, atenta contra la esencia de la responsabilidad de sus diferentes áreas. 

Ya hemos explicado que no actuar sobre los trastornos que se padecen lleva a un deterioro de la salud, con lo cual la medida va en contra de la parte Sanitaria del Ministerio. Por otro lado, tener que pagar para conseguir los medicamentos necesarios que lleven a alcanzar el estado de salud que se ha venido disfrutando gracias a la universalidad y gratuidad del sistema, es una medida que afecta fundamentalmente al bienestar de las personas más desfavorecidas, por lo que la parte Social del Ministerio queda seriamente cuestionada. Y la parte de Igualdad pierde todo su sentido cuando comprobamos que de las 16 categorías diagnósticas que ha establecido el Ministerio para excluir los fármacos, sólo en una de ellas la incidencia de la patología en cuestión es mayor en los hombres, mientras que en 10 la incidencia de los trastornos es más alta en mujeres, nada más y nada menos que en el 66’7% de todas las categorías. En las 5 restantes no se puede establecer su incidencia al tratarse de referencias vagas y muy generales (tos, diarrea, sequedad vías respiratorias altas…) 

A la vista de todo esto, no me extraña que no se quiera aceptar por la RAE ni por otros muchos la acepción “género” como construcción cultural. Como se puede ver la realidad no resiste el análisis de género y para una mayoría es preferible ocultarla antes que enfrentarse a ella, posición que lleva a una consecuencia  objetiva: A la injusticia de la desigualdad se une la agresión de las decisiones que se toman sin tener en cuenta cómo inciden sobre hombres y mujeres, y cómo afectan al objetivo de alcanzar esa justicia pendiente de la convivencia en igualdad. 

Pero la situación es aún más grave. Múltiples estudios, entre ellos los clásicos de J.C. Campbell, publicados en la prestigiosa revista médica The Lancet en 2002, han demostrado que las mujeres que sufren violencia de género acuden un 30% más en demanda de asistencia sanitaria, y lo hacen por problemas derivados del estrés crónico y manifestaciones como las infecciones de repetición de vías altas, dolores osteo-articulares inespecíficos, ansiedad, trastornos gastrointestinales, fibromialgia… patologías que son tratadas con muchos de los medicamentos ya retirados, y que ahora tendrán que ser costeados por las propias mujeres que sufren la violencia. 

Alguien debe tomar cartas en el asunto cuando el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad atenta contra la salud de la gente, contra los objetivos de las políticas sociales y contra la igualdad que se debe alcanzar; y lo que es aún peor, haciendo responsables de las consecuencias de sus decisiones a quienes las sufren. 

Género y genéricos, como se puede ver, no tienen muy buena relación, pero no todo va en contra de las mujeres, también han retirado las lágrimas artificiales y eso perjudica más a los hombres. Ya se sabe… “los hombres no lloran”, por lo que tendrán que gastarse unos cuantos euros para mostrar sus lágrimas de farmacia.

 

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