Ciudad Real irreal

CIUDAD REALPodría parecer lo contrario, pero el problema está en que en verdad lo es. 

La política se ha cargado de eufemismos y de argumentos giratorios para esconder la realidad en la cobardía. Se dice lo contrario a lo que se plantea, lo cual supone actuar con el agravante de la planificación, puesto que esa actitud significa que las estrategias se diseñan incluyendo el mensaje falaz de su presentación pública.  

Todos los recortes en las políticas sociales parece que no tienen nada que ver con el impacto en las personas que los sufren, al menos eso es lo que nos quieren hacer ver. La destrucción de puestos de trabajo, nos dicen, no tiene nada que ver con la reforma laboral, el descenso de los salarios tampoco, el deterioro de la asistencia sanitaria y de la salud de las personas está al margen de los recortes en sanidad, los problemas de la personas dependientes es independiente de la reducción en sus presupuestos, las muertes de inmigrantes en las fronteras es producto de las circunstancias, no de la política sobre inmigración, y la situación de la violencia de género, con una disminución del número de denuncias y un aumento de los homicidios tampoco está relacionado, según intentan presentar, con los recortes en las medidas de prevención, protección, asistencia y atención a las mujeres que las sufren. 

Lo dijimos hace tiempo, la erradicación de la violencia de género exige la lucha contra la desigualdad y la atención a las mujeres que la sufren para que puedan salir de la prisión violenta del hogar, y para que la sociedad pueda criticar la normalidad impuesta por una cultura que prefiere hablar de la mentira de las denuncias falsas antes que de la verdad de la violencia que sufren las mujeres. 

Cambiar una situación estructural, como es la desigualdad y la violencia que genera,  exige acciones mantenidas en el tiempo, no medidas aisladas y discontinuas, pero parece que desde el PP se prefieren las palabras sin contenido, o sea, la charlatanería, para que el silencio de las víctimas parezca que les da la razón. 

Por eso no se puede entender lo que está ocurriendo en Ciudad Real con el Centro de la Mujer.

No es comprensible que las administraciones implicadas, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación Provincial y el ayuntamiento de Ciudad Real se “hayan puesto de acuerdo” para cerrar el Centro de la Mujer de la ciudad, pues en definitiva,  el desacuerdo para resolver un problema que tiene solución se traduce en “acuerdo” para que continúe el conflicto y que el centro se cierra… Así de sencillo y terrible. 

Está claro que las administraciones no consideran que el problema sea lo suficientemente grave como para tener que implicarse, de lo contrario lo resolverían, como hacen en cualquier otra circunstancia. De hecho, si en su día hubo acuerdo para llevar a cabo una atención con una estructura y con un equipo profesional que ha venido actuando en diferentes contextos, primero con la Diputación y después con el Ayuntamiento, significa que desde el punto de vista administrativo es posible la continuidad del Centro de la Mujer.

Y lo que es incuestionable es su necesidad a partir de la realidad de la violencia de género. Si tomamos como referencia los últimos datos del CGPJ sobre denuncias por violencia de género (tercer trimestre de 2013), vemos que en Ciudad Real se produjeron 293 denuncias, de las cuales prácticamente el 90% las interpusieron directamente las víctimas, mientras que los familiares lo hicieron sólo en el 0’3% de los casos. Esta situación refleja la enorme soledad de las mujeres que sufren la violencia de género en la provincia de Ciudad Real y, por tanto, la importancia de contar con un centro donde puedan ser atendidas para abordar todas las cuestiones relacionadas con esta violencia, desde las terapéuticas y asistenciales, hasta las informativas y de asesoramiento.

Un centro de la mujer donde sus profesionales están haciendo un gran trabajo, tal y como demuestra su trayectoria, la voz de las propias mujeres atendidas y los datos. No es casualidad que, según el citado informe del CGPJ, la ratio de renuncias respecto a las denuncias interpuestas sea en Ciudad Real de 0’02, de las más bajas de todo el país, lo cual sin duda es en gran parte consecuencia del trabajo que las profesionales del centro realizan con las mujeres.

Ciudad Real no puede ser irreal al permitir que se cierre el Centro de la Mujer y que el saber y la experiencia de sus trabajadoras se pierda. Las mujeres y los hombres de Ciudad Real y de todo el país necesitamos que se siga trabajando en todos los lugares para erradicar la violencia y promocionar la igualdad, y que se haga con mayor intensidad y especialización sobre quienes ya han sufrido las consecuencias del impacto de la desigualdad.

Pero, como decía, nada es casualidad cuando se observa cómo se vienen haciendo recortes en las partidas destinadas a luchar contra la violencia de género, y cuando hoy mismo aparece la noticia de  recortes de más del 20% en el presupuesto y del 40% en el personal del centro mujeres maltratadas de Valencia (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/02/26/valencia/1393446251_456163.html). Todo lo que sea sumar y seguir en recortes será restar y parar en desarrollo y justicia social.

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Divide más y vencerás otra vez

FRAGMENTOS
Lo escribí hace tiempo y hoy vuelvo a insistir, “todo está pasando como si no pasara nada”… Es la estrategia del Gobierno y del PP a través de los continuos cambios que están introduciendo con el claro objetivo de volver a una sociedad de clases jerarquizada sobre dos referencias, por un lado la mezcla de una serie de valores, ideas y creencias compartidas, y por otro, el poder económico que se tenga.

Su estrategia es hábil y permite evitar el rechazo frontal que se puede producir ante la instauración de esta estructura, puesto que su construcción se basa en dos elementos funcionales. Por un lado, la permeabilidad, al presentar cada una de las "clases" creadas como vasos comunicantes, no como compartimientos estancos, de manera que un “pobre” puede llegar a ser rico, aunque luego siempre será considerado como un “nuevo rico”, es decir, como alguien diferente a los ricos de toda la vida, aunque ya no lo sean. Y por otro, aunque no se tenga ese poder económico, si se tienen las ideas, valores y creencias del grupo de referencia, de alguna manera esa persona también es considerada como “uno de los nuestros”.

El Gobierno pretende instaurar esa sociedad "clasificada" en la que los de arriba siempre tengan mejores vistas y facilidades, y que los de abajo no sólo tengan más problemas para progresar, sino que además deban pedir permiso para hacerlo. De este modo sus ideas, valores, creencias, principios… se verán reforzados por su vinculación al éxito y por el amparo divino, y sus asuntos económicos se verán potenciados por un nuevo diseño dirigido a que las necesidades y la dependencia de la mayoría de la sociedad sufraguen y paguen sus lujos y riquezas con la hipoteca de su propia pobreza y limitaciones. Si la gente tiene que invertir en pagar la atención médica y sanitaria, los medicamentos, los análisis, la educación, los servicios sociales, los asuntos judiciales… no contará con dinero ni posibilidades para emprender nuevos retos, salvo el de la emigración, que esa puerta siempre está abierta bajo la idea de “enemigo que huye, puente de plata”.

El objetivo de imponer un cambio de modelo está claro en otras tácticas que sigue el Gobierno, entre ellas la utilización de la crisis económica para culpabilizar a quien plantea un modelo de sociedad distinto. Por dicha razón utiliza los problemas de la realidad para atacar a la izquierda en general, y muy especialmente al PSOE, curiosamente no tanto a otras propuestas “más a la izquierda”, porque sabe que esas no le hacen sombra. Y lo ha conseguido, hoy la mayoría de la sociedad piensa que la culpa de todo la tienen las "personas que han vivido por encima de sus posibilidades" y el partido que ha permitido que eso ocurra.

Para seguir adelante con su idea de cambios y culpas, necesita que la sociedad perciba la realidad sobre dos referencias. Una de ellas es el miedo de la población, objetivo que ha conseguido a través de las medidas incluídas en sus reformas, y que luego ha prolongado bajo la amenaza de nuevas acciones y el recordatorio de que “todo puede ser peor”. La otra referencia que busca conseguir es que la población perciba su capacidad de premiar, y es lo que veremos a partir del año próximo con algunas de las reformas que supondrán bajar impuestos, subir salarios, aumentar algunas ayudas… Todo forma parte de un plan concebido al detalle que, además, no es la primera vez que se ha utilizado, ya lo hizo Aznar, aunque ahora es cierto que se ha ido mucho más lejos para evitar cualquier posibilidad de reacción y cambio.

Lo que sorprende es que no se haya detectado esta estrategia desde la oposición ni desde muchos sectores críticos de la sociedad, o al menos no se responda como si se conociera,  y que la realidad venga caracterizada por reacciones puntuales y ocasionales a cada una de las decisiones que se adoptan. Reacciones importantes y necesarias, pero que terminan por agotarse conforme los medios de comunicación dirigen su atención a cada una de las nuevas medidas planificadas que, gota a gota, BOE  a BOE, van saliendo. 

La situación es tal que hasta en las críticas se cae en la trampa y se habla de “pobres energéticos”, “pobres sanitarios”, “pobres en alimentación”, “pobres de vivienda”, “pobres dependientes”, “pobres en la educación”… para referirse a las personas que no pueden afrontar económicamente los costes de cada una de esos servicios y necesidades en cuestión, cuando en realidad son las mismas personas las que son “pobres de todo”, una especie de “pobres integrales” que no pueden asumir los gastos de lo que supone el vivir y que tienen que ir limitando el uso de cualquiera de esas necesidades. Uno no es pobre para pagar los medicamentos y rico para costearse la calefacción, ni otro es pobre para que sus hijos e hijas puedan estudiar tras retirarle la beca, y rico para poder comer y vivir dignamente….

El Gobierno y el PP han conseguido que veamos la realidad fragmentada y atada a la deriva de unos días que terminan por pasar, y que la luz de final del túnel sea siempre la esperanza que nos lleve, no a avanzar hacia ella, sino a quedarnos quietos contemplándola.

Ahora ha vuelto a ocurrir con la nueva Ley sobre el Aborto del Ministro del Gobierno del PP, Alberto Ruíz-Gallardón, y la reacción ha sido la misma: respuesta crítica social y promesa política en la oposición de que será modificada en cuanto lleguen al Gobierno, como antes sucedió con la ley de educación, con las cuestiones sanitarias, con la dependencia, con las tasas judiciales, con los recortes en los servicios sociales…

Y está bien que ocurra así como reacción al gobierno autoritario que sufrimos, pero también hay que llamar a la conciencia crítica y reflexiva de la sociedad y a su posicionamiento sobre su dignidad. No se trata de que los partidos nos digan lo que es bueno, sino que la sociedad le diga a los partidos lo que quiere y que les exija por ello. 

La democracia no puede ser un pack que permita que las personas voten por el caramelo de “bajar el paro”, y que luego el Gobierno no haga lo prometido y sí lo que no ha planteado. ¿Qué clase de contrato social es ese?.

En democracia no se puede construir la convivencia sobre la mentira y la desconfianza, ni plantear los objetivos y el progreso social sobre las referencias de unos pocos. Al futuro se llega con todas las personas unidas de la mano, la sociedad no puede vivir en dos tiempos a la vez… Otra cosa distinta es pretender no salir del pasado.

“El que no llora no mama”


GRITOEl sistema no falla.
Una de las cosas que siempre funciona en la estructura de la desigualdad es la capacidad de premiar la injusticia de quien se aprovecha de su posición y recurre a la amenaza o al abuso. Y al contrario, castiga a quien apuesta por el proyecto común y cede en lo personal para que lo de los demás (que también es de uno mismo), siga hacia delante y mejore. 

Cuando el modelo está levantado sobre el poder, cualquier manifestación del mismo se percibe en sintonía con lo que se dice desde sus estructuras, y en armonía con los valores que se defienden. No falla. Por eso se retroalimenta sobre las conductas que refuerzan el modelo, y por ello cualquiera está deseando ascender a posiciones de poder para utilizarlas de manera injusta y verse reconocido en esa figura de superioridad.

Si echamos un vistazo a cualquier ámbito de relación comprobaremos que, por regla general, la persona más egoísta, la que menos mira por el equipo, la que suele responder con más agresividad ante cualquier indicación, la que no hace nada que no se ajuste específicamente a su cometido… es la que nunca ve alterado su orden y a la que nadie molesta cuando surge un problema o una cuestión inesperada. Todo el mundo les teme, hasta los jefes, y todo el mundo las evita… A nadie se le ocurre pedirle que aborden una cuestión imprevista o que resuelvan algún problema que se haya presentado de forma inesperada. Todo lo contrario, se recurre a la persona más dispuesta, a aquella que siempre piensa en los demás y en el proyecto común, y que por ello suele ser la que más trabajo realiza y asume, y a la que se le castiga con todo lo “extra”.

En las familias y en las relaciones entre amistades ocurre algo parecido, aquel miembro más respondón e individualista, ese que siempre se queja de todo, es el que siempre se evita y al que nunca se acude con un problema. Los demás son los que tienen que afrontarlo y resolverlo. Y cuando ya está resuelto nadie suele recordar cómo se ha arreglado. Lo pasado pasado está, de manera que a la próxima vez sucederá algo parecido. 

De alguna manera el modelo premia ese abuso y hace que se traduzca en reconocimiento, da igual que se acompañe de críticas, al final lo que queda es que esa persona se muestra por encima de los demás, y abusa de su actitud para estar mejor a cambio de lo que otros tienen que ceder.

Es la esencia de la desigualdad, obtener beneficios y ventajas a costa de quitárselos a otras personas, la cuales ven limitadas sus oportunidades por no estar en una posición de igualdad frente a los abusadores. Por ello, en lugar de reconocer la injusticia y el abuso, el sistema la integra dentro de su normalidad y estimula su uso para reforzar el modelo y los valores que lo sustentan. El mensaje es tan claro que desde la “sabiduría popular” se afirma eso de que “el que no llora no mama”. Da igual que haya comido más que el resto o que no tenga apetito, lo importante es llorar para seguir comiendo, y si los demás no comen, pues que lloren más. Ese es el mensaje. No es una cuestión de justicia, sino de poder.

Un mensaje que alcanza a todos los niveles, desde las relaciones individuales en diferentes ámbitos, como hemos apuntado, hasta las relaciones formales de grupos de personas e instituciones. Estos días atrás hemos visto cómo algunas Comunidades Autónomas han empezado a llorar sobre la financiación que reciben para así recibir más alimento presupuestario, y como saben que el sistema favorece esa práctica, en cuanto lo ha planteado Cataluña, ha salido Madrid y después otras con el mismo llanto. En la UE ocurre algo parecido, con el agravante de que quien más llora es el que más tiene que repartir, como sucede con Alemania, que siempre está quejándose del resto de Estados miembros para justificar una dieta baja en calorías y euros para ellos, mientras que ella sigue engordando.

En la economía llevamos años escuchando el llanto famélico de los bancos, que después de sus atracones a mano armada con la comida de los demás, han dejado vacías de nuestro dinero sus despensas y alacenas, y han acudido al Gobierno para que les dispense bombones de eurochocolate con los que recuperar su figura (literal y metafóricamente).

En la sociedad ha ocurrido otro tanto de lo mismo. Los machistas ven cómo los avances y el progreso social han traído más Igualdad y Justicia, y además perciben que no es una moda y que son cambios que llegan con las raíces plegadas dispuestas a extenderse y profundizar. Por eso, como dueños de la situación y licenciados en estrategia de poder, han comenzado a llorar contra todo lo que empiece por “igual-“ y termine por “-dad”. Les resulta indiferente que se busque corregir la discriminación, la asignación rígida de roles, la violencia de género… lo importante es que ellos tengan más ventajas y privilegios a costa de los demás, especialmente de las mujeres.

La cultura de la desigualdad no es un accidente, es un diseño que permite que las cosas sucedan tal y como está contemplado en sus planes y, además, permite dar significado a la realidad que crea a través de los valores que forman parte de ese modelo. De este modo todo ocurre como está previsto con un significado de “normalidad”, da igual que se trate de violencia de género, de discriminación o de abuso… es lo normal. Y cuando algo se aparta de los planes, aunque sea mejor y suponga un avance para la sociedad, como por ejemplo lo es avanzar en la erradicación de la violencia de género, impedir los abusos, aumentar los derechos de las personas discriminadas… se ve como un ataque al orden establecido. Por esa razón, las protestas contra el sistema, aún mostrando el llanto de quienes sufren la insjusticia, no son consideradas y no sirven para obtener "alimento", todo lo contrario, son presentadas como una amenaza y como la justificación para mantener un control sobre esas personas o grupos. La clave no está en las conductas, sino en el significado que se les da, y sólo vale lo que apuntala al modelo.

Es el sistema y sus mecanismos de refuerzo, por eso el que “llora mama”, aunque lo haga con lágrimas de cocodrilo y, en cambio, las personas que lloran el dolor de la injusticia y la desigualdad son silenciadas, y cuando hablan dicen que mienten o que atacan.

La conversación de Rajoy con Obama en la cumbre del G-20

RAJOY-OBAMA
No se está muy seguro,   pero se  piensa que ha podido ser   Edward Snowden,   que como saben se encuentra acogido en Rusia   y puede que   no esté   muy lejos de la  cumbre del G-20, escondido en algún lugar de San Petesburgo. El caso es que se han filtrado varias conversaciones de los líderes mundiales, entre ellas la del Presidente de Estados Unidos, Barak Obama, con el Presidente del Gobierno Español, Mariano Rajoy.

Este es el documento en exclusiva de su trasncripción:

Mariano Rajoy (MR): Hello Mr. President… Yes we can!! (se le acerca con una sonrisa más de duda que de confianza)

Barak Obama (BO): Hello there. Who are you?… What´s your name? (responde con cierta sorpresa siendo consciente que tiene que ser algún presidente, dado el lugar del abordaje)

MR: Mariano…

BO: Ok, I guess that you are not María… So, what´s your name?

MR: Mariano (repite nuestro presidente con un gesto de cierta preocupación)

BO: (Ahora con un tono de ligero enfado…) I know it. You already said that your name is not María. You spoke clear, you said: Maria-no

MR: No, no, Mr. President… My name is “Mariano”. It is a spanish name: “Ma-ria-no all together”

BO: ¿Marianol Together? (De nuevo sorprendido)… De repente sonríe, se inclina hacia delante, se echa la mano derecha a la zona lumbar y dice: It sounds like Chiquito of the Calzada… “Marianoooool… no puedo, no puedo… Hooool”

MR: (Rajoy se queda pasmado, y dice) No, no, President…  don´t be confused “we always yes we can”… In Spain we say “Yes we can”… just like you, because you like us… 

The only one who says “No puedo, no puedo…” is Chiquito… He must be socialist

BO: (Obama parece no entender nada) Ok, ok… Marainoool… How is your economy?

MR: (Rajoy pone cara de satisfacción, como diciendo “esta es la mía” y le responde) Don’t ask me about the economy. I’m crazy about it… As we say in Spain “it me saca de mis casillas”

BO: (Con cara de sorpresa y enfado) Whaaaat?, I can´t believe it!! You also want to “sacar a Iker Casillas from the portería”…

(Entonces hace un gesto de afirmación y dice) “Little-houses titular”

MR: (Que no sabe como arreglarlo le contesta) Yes, yes… of course Mr “yes we can”… I told to Florentino and Ancelotti that “yes we can-sillas titular”. No doubt.

BO: Good!!, thats the way I like it…

MR: Rajoy, en cuanto oye esas palabras cree que Obama se ha puesto a cantar la canción de “KC and the Sunshine Band”, y salta: “Ahá, ahá I like it, ahá, ahá…” “Nice song Mr President”… (https://www.youtube.com/watch?v=OM7zRfHG0no)

BO: Cada vez más sorprendido le pregunta: Do you like soul music?

MR: (Feliz de haber encontrado un tema de conversación, le responde) Yes, I like to "sold" music and to buy music. What I don’t like is “piratería”…

BO: ¿Pirate… what? (de nuevo sorprendido)

MR: (Con claro gesto de tristeza) Ok Mr. President, “me piro ya…” Y conforme se va en busca de su sitio en la mesa del G-20, se gira de nuevo y le dice: “Nice to meet you!! Give my best regards to Michelle…”

Ya sentado en su sitio, cuando Barak Obama va a tomar la palabra, le hace un gesto desde el otro lado de la habitación para llamar su atención, y al mirarlo levanta el pulgar de la mano derecha y le dice guiñando un ojo… “Remember Barak, yes we can”, y le da un codazo al de al lado al tiempo que le susurra… “He is my friend”…

Un verano sin hombres

VERANO SIN HOMBRESSi algo caracteriza la vida del ser humano son las ausencias, puede parecer extraño que sea lo ausente los que nos condicione cuando vivimos rodeados de cosas y personas, y cuando la cultura y el desarrollo nos han ido arropando de necesidades materiales que se nos hacen imprescindibles, pero si algo ayuda a tomar conciencia de nuestra propia realidad son los límites que marca la ausencia, y los sentimientos que genera ese reencuentro con la desnudez de uno mismo.

A pesar de ese componente emocional e íntimo, hay quien entiende las ausencias como carencias, como aquello que se ha perdido o que no se ha podido conseguir, en lo que sin duda es una visión simple reflejo del materialismo gris que ha ido amueblando el cerebro conforme ha sacado la sustancia del mismo color de su corteza. Las ausencias son las que hacen sentir que eres otra persona sin aquello que habitualmente te acompaña, las que te desubican del tiempo, las que llevan a perderte en el pensamiento en busca de una respuesta. Por eso el ser humano ha aprendido a evadirse de lo inmediato y de lo concreto, y se lanza a caminar por el continente conocido de la memoria o por los territorios no expugnados de la imaginación, para encontrar esas emociones que aprendió a sentir con alguna ausencia.

Sin embargo, no todo el mundo actúa del mismo modo, y ante los problemas que se presentan en el día a día nos encontramos con una doble actitud, especialmente ante aquellos que afectan a elementos profundos de los sentimientos, ideas o valores que acompañan a la motivación en el momento de decidir un comportamiento. Por una parte están las personas que necesitan “ausentarse” de lo inmediato para hacer de la reflexión una razón a la hora de decidir, y por otra quienes se limitan a responder de manera automática sin más razonamiento que la propia reacción

En el primer caso, la evasión suele venir de la mano de la imaginación o de la abstracción, pero en ocasiones la fuerza de la voluntad no es lo suficientemente intensa para superar los límites de lo inmediato, y la persona necesita tomar distancia para poder salir de una presencia que le inquieta o preocupa hasta alcanzar una ausencia accesible a la mirada, no sólo a la imaginación o al recuerdo. Sólo entonces puede sentarse a su sombra en busca de esas sensaciones y de alguna respuesta. 

En el segundo caso, el problema de esas personas es el contrario, no saben muy bien dónde están ni dónde quieren ir, y sólo se limitan a responder de manera automática ante cada estímulo que perciben, como si fueran las migas de Hansel y Gretel que les señalan el camino. Son personas desorientadas que sólo esperan a que ocurra algo para entonces responder, y si no sucede nada permanecen extraviados en su desconcierto, pues en el fondo no buscan meta alguna, sino que otras personas no logren sus objetivos. Confunden la manifestación con la  presencia y el camuflaje del silencio con la ausencia. 

El verano, con esa luz intensa e incansable que se prolonga más allá del horizonte, es un tiempo muy propicio para desvelar presencias y ausencias.

El análisis se podría aplicar a cualquier ámbito de la sociedad, pero hay dos en los que llama la atención este juego de luces opacas y sombras con velcro de quita y pon. Uno de ellos es el de la política y otro el del posmachismo. Y no es casualidad.

Los dos añoran posiciones de poder o referencia desde las que sus ideas y valores son tomadas como verdades incuestionables, y en los dos hay personas que viven en esa desorientación que lleva a entender la manifestación como presencia y el silencio como ausencia, cuando en realidad sus palabras y manifestaciones demuestran su nimiedad, y sus silencios revelan esa presencia expectante para saltar a la primera oportunidad con las soflamas y llamadas al cierre de filas de los suyos. Todo lo diferente se entiende como una amenaza, no como la consecuencia de la reflexión y el pensamiento de otras personas con ideas distintas, de ahí que su respuesta sea el ataque. 

Siri Hustvedt escribió en 2011 “El verano sin hombres”, una historia que lleva a una mujer a buscar la ausencia en la distancia. No era suficiente la abstracción ni el pensamiento para poder evadirse de la realidad que la envolvía, y Mia Fredricksen decide marcharse a un pequeño pueblo del interior. Allí se encuentra con mujeres de todas las edades que, al contrario que ella, no se habían alejado de sus problemas ni de sus inquietudes. En la novela hay poesía, se ve de cerca el final de la vida, la vitalidad de la ancianidad, las extrañas alianzas de la juventud. También hay dolor, violencia de género, soledad, risas, amistad… Al final, todo ese juego de claroscuros, de luces y sombras proyectados por un verano sin hombres, ayuda a resolver los problemas de esas mujeres y a conocernos mejor en ellas. Lo que nos trasmite Siri Hustvedt no sólo está en sus palabras, también aflora en cada una de las ausencias que las acompañan como si fueran su eco, en aquellos detalles y cuestiones que no aparecen en su historia, pero guardan la esencia que te conmueve.

Este septiembre amenazante con sus tormentas y sus titulares ha puesto fin a un “verano sin hombres”. A un estío en el que muchos de los que presumen de su hombría posmachista han preferido esconderse en el silencio a la  espera de una ocasión para volver a atacar. Un verano en el que la política y sus hombres han callado y en el que una mujer, como la protagonista de la novela de Siri Hustvedt, ha decidido ausentarse para impartir clases en una universidad de Miami y así estar más presente.

Todo lo que se defiende a voces y a golpe de titular no da para un verano… Curioso.

El otoño traerá de vuelta a los hombres, las mujeres nunca se fueron.

Reality show


REALITY SHOW
Un hombre asesina a su mujer y cuelga la foto en Facebook
, un concurso (Campamento de Verano) “castiga” a una participante haciéndole aparecer en bikini ante la audiencia y echándole chocolate por encima para, según el presentador (Joaquín Prats Jr.), “endulzarle la noche y que otros concursantes le ayudaran a quitarse el chocolate a lametazos”. Un pederasta español es indultado en Marruecos, Gibraltar pone piedras en el camino de los pescadores de Algeciras, y Reino Unido pone peñones en el camino de la historia, de manera que Rajoy ya tiene su Perejil para aumentar los sentimientos nacionales, ahora que la roja selección española de fútbol cambia la competición por los encuentros amistosos en plan Alianza de Civilizaciones. Menos mal que aún queda el Real Madrid para ganarle 3-1 a Mourinho y su Chelsea, y recordarle que ni alianzas, ni civilizaciones, ni peñones… y que como sigan por esa senda, en lugar de mandar al ejército enviarán a Cristiano y los suyos en plan cruzada para tomar la roca.

Bárcenas veranea en una celda con vistas judiciales y al PP se le nubla cada vez mas la vista a pesar del sol radiante de agosto… Parece que es cuestión del destino eso de que las nubes acompañen a su Presidente, al igual que la lluvia no abandona del todo a su Galicia natal. En Andalucía la Audiencia de Sevilla "invita" a una ronda de declaraciones a los altos cargos imputados en los ERE, y estos le preguntan que si la va a pagar en la terraza o en el comedor. En Baleares no se hablan con eso de la lengua, en Cataluña desafían a las matemáticas con unos presupuestos que indican que “más por Más es menos, y en Valencia no comprenden cómo el 24% de las facturas a proveedores son suyas cuando la Biblia dice eso de que “Dios proveerá”.

Todo pasa como si no pasara nada, como si cada acontecimiento naciera por generación espontánea y no tuviera más consecuencias que la estela de comentarios que levanta al surcar este tiempo acuático. Nadie se detiene ante las circunstancias que generan los hechos que luego aparecen en las redes de los pescadores de noticias, ni nadie mira más allá de la lonja donde la realidad es ordenada en cajas y por secciones.

Se crea así la sensación de que todo lo que pasa no tendría por qué pasar, como si lo que ocurre fuera un accidente. Las noticias hacen de la normalidad algo extraordinario, no porque lo sea, sino porque lo muestran como tal confundiendo lo infrecuente con lo ajeno, y revistiendo de normalidad aquello que no debería ocurrir. Un ejemplo, la criminalidad, los accidentes laborales, las enfermedades, los premios en los sorteos, los homicidios por violencia de género… son infrecuentes, pero son “normales”, es decir, nacen de una serie de circunstancias presentes dentro de la estructura de organización social y convivencia que nos hemos dado, y se manifiestan cuando una serie de factores, también presentes en nuestro día a día, coinciden y precipitan esa serie de conductas o acontecimientos. Por lo tanto, no deberíamos confundir su “infrecuencia” con la idea de  hechos “extraordinarios” o anormales.

Otro ejemplo: seis millones de parados con una tasa superior al 25%, con especial repercusión sobre la juventud y las mujeres, la corrupción política, los recortes sistemáticos en servicios públicos que impactan más sobre los más necesitados (sanidad, dependencia, educación, servicios sociales…), el silencio parlamentario que cada vez se parece más a una sala de espera, la reducción drástica de los presupuestos para investigación… Todo ello, a pesar de ser frecuente y de que el sol de la información nunca se pone en los dominios punto “com” o punto “es”, no es normal, ni debemos aceptarlo como tal.

Al final, sobre todo desde la política, lo que se pretende es que los ciudadanos y las ciudadanas se mantengan distantes y pasivos, temerosos de protagonizar alguna de las noticias que contemplan, pero sin que se vean responsables de evitarlo. La política, la mala política, quiere a la sociedad sentada en un sofá y mirando una pantalla de plasma, como los antepasados observaban las nubes y el vuelo de las gaviotas para interpretar la realidad.

Es la idea del “reality show” trasladada a la convivencia. El “espectáculo de la realidad” como entretenimiento, como si en ese sofá y con la pantalla de plasma como protección estuviésemos a salvo. Y así nos hacen caer en la trampa de la pasividad para esconder que el verdadero significado es justo lo contrario. No es que se haga espectáculo con un trozo de realidad, sino que es la propia realidad la que se entiende  como espectáculo, un show que cuenta con sus guionistas, productores y directores, y que el único papel que reserva a la sociedad es el de la contemplación pasiva.

Te hacen sentir ajeno y distante para luego responsabilizarte de ello. Es el mensaje de una crisis debida a que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, y  la idea que está detrás del “¡que se jodan!” de Andrea Fabra, y que ahora ha rescatado Rafael Hernando para culpabilizar a los padres de la malnutrición de los hijos. Es el recurso a la culpa judeo-cristiana que en lugar de exigir derechos y responsabilidades a quien las tiene, lleva a sentirte pecador, a pedir perdón y a ser merecedor del castigo y los recortes.

Lo dicho, un reality show demasiado real como para ser reality, y demasiado show como para ser espectáculo.

Miopía política

MIOPIA
Cuando uno gobierna con miras cortas termina por tropezar con el futuro, es cierto que evitará alguna que otra piedra en el camino, pero no podrá evitar el propio camino.

Sólo hay una cosa peor que gobernar con miopía, con esa cortedad de vistas, y es hacerlo con la mente recortada. Una mente recortada es más peligrosa que una escopeta de cañones cortos, y la mente se recorta por una ideología que trata de hacer de sus valores e ideas un collage con el que cubrir a una sociedad que es más amplia, diversa y plural que esa tela tejida para la ocasión. 

Lo grave de toda esta situación de recortes de suministro, de cortes de manga con dedos al sol y “¡que se jodan!” al aire, y de ideas recortadas en mentes cerradas por despidos, es que no se trata de un accidente. Todo indica que forma parte de un plan para que los suyos, “los que no se joden”, los que no se mueren en urgencias y cuentan con un equipo de cirujanos que se desplaza 120 km para operar a sus madres, los que siempre encuentran una empresa que los acoge cuando dejan de ser consejeros, las que abortan en Londres, los que hacen escrache en misa de 12… no lo pasen mal. A ver si de este modo el resto se convence y se pasa a su bando.

La otra consecuencia de la miopía política es que se gobierna y gestiona de oídas. Se va al bulto, a lo macro, y es incapaz de ver el detalle de lo que pasa a nivel individual, aunque ocurra 6 millones de veces. La mirada se pierde en la arruga macroscópica, en esos balances y equilibrios que siguen inclinando y desequilibrando a millones de personas que no pueden moverse del paro, y a las que no paran de ser movidas de sus casas. Pero eso da igual, el Presidente dice que hace lo que tiene que hacer, aunque lo que hace no tenga nada que ver con lo que dijo que iba hacer. Pocos reparan en esos pequeños detalles de una democracia, quizás no intervenida, pero sí invertida.

Quien espera al mañana, mañana también espera.

Ahora los cálculos que les importan son los que tienen que decidir cuándo es mejor bajar algo los impuestos, subir un poco los salarios y devolver parte de lo recortado, para crear así una ilusión temporal que dé rédito electoral. El plan del Gobierno va más allá de esta primera tétrada anual que han conseguido con el “nada por aquí, nada por allá” de un programa chistera que saca gaviotas en vez de palomas; ya dijo el ministro Wert que su reforma educativa iría en la próxima legislatura, y para que haya próxima legislatura debe haber una victoria electoral con mayoría absoluta. En eso están, no en Alemania ni despistados, no son tan torpes, a nadie se le escapan esos gruesos detalles, ni tampoco que la hipoteca del presente se cobra en el futuro, y con intereses.

El problema es que la miopía existe, y tiene un doble componente. Por un lado es material en la cortedad de la mirada, y por otro espiritual en lo cercano de sus valores. Es una miopía con dioptrías para defender sus políticas económicas, y con “dios-trías” para justificar sus políticas sociales y decisiones morales. La solución es compleja, puesto que mientras hay quien se ha puesto unas gafas de lejos, otros se han puesto lentillas para verlo todo a cámara lenta. Aunque también es cierto que hay algún ministro muy gallardo que va de moderno y se ha colocado unas “Gafas Google”, pero con un espejo en lugar de una pantalla para ver más cerca el pasado que el presente.

En fin, como pueden apreciar, entre lo que no ven y lo que no quieren ver esto parece una política de coches de choque, todo sigue su ritmo hasta que golpea algún obstáculo y cambia de dirección en un aparente ejercicio de rectificación, pero sólo hasta que la oportunidad los lleva a recuperar el rumbo.

Es lo que tiene la política miope, que sólo ve parte de lo más inmediato. Todo esto me recuerda a una frase que se utilizaba hace años,  y que decía: “eres más tonto que Abundio, que vendió la moto para comprar gasolina”. Parece que los “Abundios” abundan, pues en eso se basan los recortes, en dejar de gastar entendiendo que todo son costes, no inversiones, y luego cuando hayamos conseguido dinero para invertir, resultará que no habrá en qué hacerlo, ni siquiera sociedad a la que dirigirse como proyecto común.