Los tramposos y su vídeo trampa (Hombres al borde de un ataque de nervios)

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El vídeo podría titularse “Sexo, mentiras y cintas de video”, pero en lugar de jugar con la ficción, como ocurre con la película de Steven Soderbergh, el anuncio que recorre las redes sociales juega con la realidad para manipularla y darle un sentido diferente. Es lo que hace habitualmente el posmachismo, y por ello no es casualidad que el vídeo proceda del Reino Unido, uno de los países donde más organizado está.

El objetivo siempre es el mismo y el instrumento para alcanzarlo uno de los habituales. 

El objetivo busca desviar la atención sobre la violencia contra las mujeres, y desvincularla de los elementos culturales que dan lugar a ella a través de la desigualdad y de la figura del hombre como referencia encargada de mantener el orden que él decide, y de corregir aquello que se desvía de su criterio, incluso por medio de la violencia. Y para ello han jugado con un mensaje y unas circunstancias: el mensaje es presentar a los hombres como víctimas de las mujeres, y el contexto es un escenario público donde la pasividad y las sonrisas de la gente ante la agresión al hombre intenta demostrar la desconsideración de la sociedad ante esta violencia que sufren los hombres. La intención es clara, procurar romper con la idea de que la sociedad calla ante la violencia contra las mujeres, y afirmar que es justo al contrario, que su silencio es cómplice con la violencia que sufren los hombres por parte de las mujeres.

Todo ello se refuerza al final con un dato contundente obtenido, según el propio anuncio, del Office of National Statistics: el 40% de la violencia doméstica la sufren los hombres.

Todo muy objetivo en apariencia, sin embargo, está cargado de trucos y trampas para, una vez más, generar la confusión que necesita el posmachismo con vistas a que todo continúe como siempre, es decir, bajo las referencias de la desigualdad y con los privilegios en el lado de los hombres. No por casualidad la organización responsable de esta campaña, Mankind Initiative, tiene como uno de sus objetivos que las violencias sean consideradas y tratadas de la misma forma, sin distinción de quien la sufre, lo cual, como se puede ver, busca descontextualizar la violencia de género y todo su significado dentro de la cultura de la desigualdad, algo que, como pueden entender, beneficia a los hombres que la ejercen, no a las mujeres que la sufren. 

Mankind Initiative podía pedir recursos, ayudas de todo tipo, medios y personas para combatir la violencia que sufren los hombres, pero no tiene por qué hacerlo en contraste con la violencia de género. Además, dado su interés por la paz de los hombres, podía llevar a cabo alguna iniciativa en contra de la violencia que sufren los hombres de mano de otros hombres, que es la principal y la que más homicidios masculinos ocasiona. Pero eso parece quedar en un segundo plano, lo importante para ellos es la violencia que ejercen las mujeres.

Por eso manipula la realidad y actúa de ese modo, porque su estrategia busca borrar la palabra “género” y todo su significado con relación a la cultura androcéntrica que normaliza la desigualdad y la violencia contra las mujeres como parte de ella. Es la esencia de lo que defienden desde su organización, y clave del posmachismo. Si una organización sanitaria defendiera que se desarrollaran medidas y campañas a favor del cáncer de pulmón cuestionando las que se desarrollan contra el cáncer de colon sería muy sospechosa, por mucho que se basara en que el porcentaje del cáncer de pulmón representa el 23.2% del total.

Y como su objetivo tiene esa carga de perversidad necesita de campañas con trampa, como la que han presentado con el video en cuestión, para manipular y confundir a la sociedad. Veamos algunos elementos. VIDEO-Minuto 0-14

– Se busca un mismo escenario público para desarrollar las dos acciones, la de la agresión del hombre a la mujer y la contraria, la que lleva a cabo la mujer contra el hombre. Sin embargo, ese aparente espacio neutral se utiliza de manera diferente jugando con el montaje de la grabación para mezclar escenas, caras y actitudes de las personas presentes, así como tiempos diferentes, como si se tratara de un mismo momento lineal, cuando no es así. De hecho, si observamos la diferente intensidad de la luz del sol y de las sombras, y las distintas personas que hay en el escenario, se aprecia claramente que se tata de momentos diferentes que se presentan con continuidad temporal.  VIDEO-Minuto 0-47

– Otra cuestión es la presentación del video como una hecho global, es decir, como si todo hubiera ocurrido de manera natural y espontánea un día aislado en un momento determinado, sin explicar cuántos intentos han hecho falta y en cuántos escenarios diferentes se han grabado hasta dar con ese resultado.

– En el caso de la violencia contra la mujer, la idea que intenta mostrar el anuncio es que la sociedad responde contra la mujer atacada, pero en verdad la situación es muy diferente. No se trata de una respuesta “general” de las personas que presencian la escena, sino que son 5 mujeres, y al cabo de un rato, las únicas que defienden a la mujer agredida. Sólo al final, cuando ya está todo resuelto, se acerca un hombre. VIDEO-5 Mujeres defienden

– En el caso de la violencia contra el hombre, la pasividad de la sociedad se intenta potenciar con la sonrisa de las personas que la contemplan, que no sólo no hacen nada, sino que además el video busca mostrar que se burlan del hombre agredido. Sin embargo, ninguna de esas caras sonrientes se muestran junto a la agresión, sólo se pone la imagen de la cara con el sonido de fondo de la agresión de la mujer, algo que es fácilmente manipulable y que parece haberse hecho cuando comparamos el contraste de las sombras en los protagonistas de la violencia, que es intenso y marcado, y en las personas que se ríen, que apenas se percibe; indicando que se trata de momentos diferentes unidos por el montaje, algo que hace creer que el origen de las sonrisas está en la escena de la agresión. Lo mismo sucede con la mujer de rojo que aparece girando la cabeza, como si se dirigiera a la escena violenta y después sonríe, sin embargo la presencia de una chica sentada en la verja justo al lado de donde se produce la escena en la que la mujer agrede al hombre, revela que pasa y sonríe en un momento diferente a la agresión. Como se puede ver, todo indica que se trata de una manipulación para potenciar el odio contra las mujeres, pues son ellas las que, principalmente, se ríen del hombre atacado. VIDEO-Sonrisas

– El vídeo pretende mostrar la actitud pasiva de la gente como una respuesta exclusiva a la violencia que sufren los hombres, cuando en realidad es general a otras muchas escenas en las que se considera (con razón o sin razón) que la persona agredida tiene capacidad y recursos para defenderse. Un ejemplo, si la escena hubiera sido la misma, pero cambiando de protagonistas, con un padre agrediendo e insultando a un hijo de 17 años primero, y después el hijo agrediendo e insultando al padre, probablemente la reacción habría sido la misma. La gente habría defendido más al muchacho ante la agresión del padre, que al padre ante la agresión del hijo. Lo mismo habría ocurrido con una hija y una madre o con otras situaciones donde la relación de desigualdad condiciona la respuesta de la persona atacada. VIDEO-Mujer de rojo

– El posmachismo y Mankind Initiative ignoran que uno de los factores más importantes a la hora de utilizar la violencia y de reaccionar ante ella, tal y como demostraron los trabajos de Dibble y Strauss (1980), es la capacidad de generar amenaza y riesgo para la víctima. Dichos estudios demostraron que los hombres no se sentían amenazados ni en riesgo ante la violencia de las mujeres, incluso cuando estas portaban un arma de fuego; en cambio, las mujeres sí se sentían amenazadas por los hombres sin necesidad de que estos llevaran ningún arma o instrumento. Las simples manos de los hombres sirven para atemorizar y amenazar a las mujeres, de hecho, tal y como recoge el análisis de las sentencias de homicidios por violencia de género que realiza el CGPJ, el 33’5% de las mujeres son asesinadas por sus parejas o exparejas directamente con las manos.

Esta misma percepción de indefensión, no sólo respecto a las mujeres, también frente a otras personas que se ven como vulnerables, es la que lleva a actuar en su defensa, y por el contrario, no se actúa contra quien se percibe que tiene recursos para defenderse.

Como pueden observar, la manipulación del vídeo parece evidente y no es casual que se haga en el sentido de intentar mezclar todas las violencias para que, de ese modo, no se pueda avanzar en la prevención y abordaje de la violencia de género. Por eso la manipulación termina con el dato rotundo de la violencia que sufren los hombres: el 40% de la violencia doméstica es sufrida por los hombres, y para ello citan la fuente, concretamente el Office of National Statistics.

Pero cuando uno se va a la Web de dicha entidad y comprueba los datos, con independencia de que los porcentajes no coinciden del todo, algo en lo que no voy a entrar puesto que el anuncio no dice nada sobre cuál es el periodo de tiempo que utiliza para obtener el dato, lo que sí se aprecia es otra trampa propia del posmachismo.

Concretamente, lo que hace es mezclar todas las violencias que sufren los hombres y las mujeres en las relaciones íntimas, de manera que las mujeres sufren el 60% y los hombres el 40%, que es su mensaje, aunque callan lo del 60% de la violencia contra las mujeres. Sin embargo, la cosa tiene trampa.

Y tiene doble trampa. Por un lado, porque mientras que la mayoría de la violencia que sufren los hombres está dentro de las formas menos graves por sus características y circunstancias (intensidad, frecuencia, duración del ataque, combinación de diferentes tipos de violencia, utilización de objetos…), las mujeres sufren violencias más graves, entre ellas la violencia sexual en porcentajes mucho más altos. Y por otro lado, porque los datos del Informe del Office of National Statistics también habla de “violencia familiar”, no sólo de la pareja, y mientras que la mayoría de la violencia que sufren las mujeres  es ocasionada por hombres (fundamentalmente la pareja, pero también el padre, los hermanos u otros familiares), la que sufren los hombres dentro del contexto familiar no sólo la ocasionan las mujeres, y también es llevada a cabo por esos otros hombres (padre, hermanos y familiares). A pesar de ello, el vídeo habla de un 40% total intentando jugar para que sea interpretado como causado sólo por las mujeres.

Mankind initiative y el posmachismo están obsesionados con la violencia de género, no tanto con la violencia que sufren los hombres, por eso parecen estar al borde de un ataque de nervios ante los cambios sociales. Nunca han dicho nada ni han propuesto iniciativa alguna hasta que no se ha empezado a hablar y actuar frente a la violencia que sufren las mujeres como un problema enraizado en una construcción cultural desigual, de ahí el término “violencia de género”, y, curiosamente, salen en defensa de los hombres pidiendo que se actúe sólo contra la violencia que ejercen las mujeres, no contra la que producen otros hombres que, como hemos indicado, es la más frecuente y la más grave.

La Igualdad busca erradicar todas las violencias, pues pretende acabar con los privilegios de quienes se sienten en posiciones de poder y de quienes creen que el uso de la violencia es un instrumento más para resolver los conflictos que ellos mismos generan. Pero para alcanzar la igualdad hace falta corregir la desigualdad y sus manifestaciones, entre ellas la violencia de género, sin que ello sea incompatible con otras medidas y actuaciones dirigidas a las otras violencias y circunstancias que se traducen en discriminación. Pero tratando las circunstancias específicas de cada violencia, no mezclando medidas que no aborden las causas  y manifestaciones de cada una de ella, y que sólo sirvan como justificación política y social, no como solución.

“Violencia es violencia”, por supuesto, como “enfermedad es enfermedad”, “discriminación es discriminación”, y “abuso es abuso”, pero no es lo mismo una cirrosis que una encefalitis, ni una discriminación por las ideas que otra por el país de origen, ni un abuso laboral que un abuso sexual…  Por eso la violencia de género no es igual que la violencia que sufren los hombres, o los niños y niñas, o los ancianos, ni tampoco es lo mismo que la violencia terrorista, ni a ninguna otra, aunque en todas ellas se produzcan lesiones y homicidios. Cada una ha de ser abordada desde sus características diferenciales.

Por eso no es un error el vídeo del anuncio, Mankind Initiative y el posmachismo buscan más la confusión y que no se avance en igualdad, que la solución a la violencia que sufren los hombres, porque la desigualdad significa privilegios para los hombres. Esa es la razón de que no le guste el “género” y de que callen ante una cultura que acepta la violencia contra las mujeres, hasta el punto que, según el Eurobarómetro de 2010, el 3% de la UE considera que  la violencia contra las mujeres es “aceptable en algunas ocasiones”, y un 1% que afirma que es “aceptable en todas las circunstancias”.

Ante esa realidad el posmachismo y Mankind Initatitive no hacen ningún anuncio ni llama a la acción, tampoco pide donativos, como sí lo hace en el anuncio para lograr “sus objetivos”.

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Sobre las diferentes violencias: "La violencia no tiene género. El género sí tiene violencia": http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/la-violencia-no-tiene-g%C3%A9nero-el-g%C3%A9nero-s%C3%AD-tiene-violencia.html

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Mujeres que matan

MUJERES QUE MATAN
El machismo los espera como si fuera el nuevo lanzamiento de un disco, un videojuego o alguno de los libros de Harry Potter… Hacen cola durante días ante las pantallas de sus ordenadores a la espera de que se produzca el “acontecimiento”, y cuando ocurre saltan a la calle de las palabras y a los teclados de la red, para lanzar sus gritos al viento en busca de alguna tempestad que los acoja.

Cada vez que una mujer asesina al alguien, da igual a quien sea y en las circunstancias en que ocurra el homicidio, su caso es utilizado para demostrar algo que nadie niega ni ha negado: el hecho de que las mujeres también utilizan la violencia y que pueden ser tan crueles como los hombres (http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/04/mujeres-asesinas.html). En cambio, desde esas mismas posiciones posmachistas, cada vez que se produce un homicidio por violencia de género y un hombre asesina a la mujer con la que comparte o mantenía una relación de pareja, el caso es utilizado para decir que las mujeres también son violentas, que ellas también matan, que muchos hombres son víctimas, que no hay por qué centrarse en una violencia…

Es decir, ocurra lo que ocurra, el mensaje desde estas posiciones siempre es el mismo, como ha sido el mismo a lo largo de la historia: las mujeres son malas y perversas, violentas y asesinas, manipuladoras y aprovechadas… 

Estas reacciones y argumentos demuestran de manera directa que la desigualdad no es una deriva incontrolada del tiempo, y que la violencia de género no es un accidente, sino todo lo contrario. Muestran cómo forman parte de la estructura sobre la que se definen las identidades de hombres y mujeres, y cómo a partir de ellas se distribuyen los diferentes roles y funciones, se abren y cierran espacios para desarrollarlos, y se establece la normalidad. Una normalidad desigual e injusta con los hombres y lo masculino como referencia, pero que a su vez permite que todo transcurra según el guión previsto, y que las conductas que forman parte de ella tengan su encaje según el significado que esa cultura androcéntrica les da. Por eso la violencia contra las mujeres ha formado parte de la normalidad, porque estaba considerada como un mecanismo corrector en las manos y en los pies de los hombres para que “sus mujeres” hicieran lo que se esperaba de ellas como buenas “esposas, madres y amas de casa”.

Esa es la razón que llevaba a muchas mujeres a afirmar lo de “mi marido me pega lo normal”, y a que hace unos días Pedro Ruíz, el párroco de Canena, dijera que “hace 30 años los hombres pegaban, pero no mataban” (http://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/hostias-cura_6_257284298.html). Es decir, el peso de la normalidad impuesta por la cultura androcéntrica hacía que las mujeres estuvieran sometidas a sus roles, y que las desviaciones fueran corregidas de manera contundente con los golpes del buen marido vigilante, pero “nada más”. En cambio, ahora, como la Igualdad, el feminismo y todos los demonios que se quieran han alterado ese orden, pues la violencia ha aumentado y los homicidios  de mujeres han aparecido, y los presentan como consecuencia de unos cambios cuando en realidad es lo contrario. Los cambios y la transformación que se ha producido en la sociedad debido, fundamentalmente, a las mujeres, al feminismo y a la Igualdad, son los que abogan por una convivencia en paz, y quienes permanecen inmóviles y buscan mantener sus privilegios y la estructura que los protege hacen lo que han hecho siempre, pero adaptando su intensidad y objetivos a las nuevas circunstancias. De ahí la situación actual.

Estos mismos hombres y mujeres del posmachismo, tan preocupados ahora por la “violencia en general”, curiosamente no tanto por la violencia de género, y tan pendientes de seguir presentando a las mujeres como malas, perversas y asesinas, nunca han dicho ni hecho nada para acabar con la violencia hasta que se ha hablado de violencia de género. Ni nunca han dicho ni hecho nada para cambiar las referencias que lleva a esa identidad masculina enraizada en la dominación, sometimiento y en una violencia que también es dirigida contra otros hombres, puesto que la mayoría de los hombres son asesinados por hombres, no por mujeres. Pero parece que esto son matices que nada importan.

Por eso mezclan todas las violencias que ejercen las mujeres (contra hijos e hijas, contra hombres, contra personas conocidas  o desconocidas… da igual a quien la dirijan, todos los casos suman en la cuenta de la maldad de las mujeres). Y por esa misma razón, hablan de circunstancias, de alcohol, de “ataque de cuernos”, de contextos, de conflictos, de provocación… cuando son los hombres los que matan, especialmente cuando asesinan a una mujer.

Lo hemos dicho y repetido innumerables veces, y volveremos a decirlo y repetirlo cada vez que sea necesario: la violencia no tiene género, pero el género sí tiene una violencia específica construida sobre esas referencias culturales que lleva a los hombres a controlar a las mujeres, y a considerarse legitimados para agredirles cuando “les llevan la contraria”, o cuando tienen que devolverlas a la senda abandonada de lo que ellos decidan que debe ser una buena mujer, esposa, madre y ama de casa (http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/la-violencia-no-tiene-g%C3%A9nero-el-g%C3%A9nero-s%C3%AD-tiene-violencia.html).

Por eso, en España y en todo el mundo, se habla y se sufre la violencia de género. Y por ello, en España y en todo el mundo, hay personas (la inmensa mayoría mujeres) que trabajan a diario por la Igualdad y para erradicar la violencia de género. Es la única forma de alcanzar la paz en la sociedad. La paz no es un armisticio, sino una forma de convivir que no se puede lograr si miles de niños y niñas crecen en hogares donde sus padres maltratan a sus madres.

Intentar mezclar todas las violencias, sus diferentes circunstancias y los distintos objetivos que persiguen, es no querer solucionar ninguna de ellas y dejar que todo transcurra como hasta ahora.

Y responsabilizar a las mujeres y a quienes trabajamos por la Igualdad de la transformación que busca una convivencia pacífica en sociedad, algo que también es bueno para los hombres, revela su interés en que nada cambie, y que persistan los mitos sobre la perversidad y la maldad de las mujeres… Aunque sea con nuevas estrategias y con nuevos cuentos.

Y es que ya se lo decía su madre al lobo al salir de casa, “¡Ten cuidado con Caperucita, que es mujer, joven y roja… Seguro que es feminista!”  “¡Y, además, te puede poner una denuncia falsa!”

Silencio, se maltrata

SILENCIONo es que hayan vuelto a las andadas, es que sus pasos siempre avanzan por el camino de regreso a un tiempo anterior para intentar desandar el progreso de la sociedad, de ahí que el machismo haya cambiado de mensaje a lo largo del tiempo, pero manteniendo siempre su posición de poder y referencia como eje sobre el que hacer girar la convivencia y las relaciones sociales. Unos giros mucho más intensos y rápidos conforme el contexto de la relación se reduce, lo mismo que el patinador aumenta la velocidad de las vueltas sobre el hielo cuando junta sus brazos al cuerpo.

El silencio ha sido el mayor cómplice de la violencia que las mujeres han sufrido a lo largo de la historia, la invisibilidad sólo ha sido una de sus consecuencias. La violencia siempre ha existido, y los entornos de las mujeres que la sufrían lo han sabido en todo momento, pero no se ha reconocido porque se decía a las mujeres que callaran, que no denunciarán ni lo contaran, que era algo normal del matrimonio, que en el fondo sus maridos las querían mucho, pero que el amor a veces se equivoca de camino y en lugar de en los besos termina en golpes, que por eso hace llorar quien bien quiere… Que era el alcohol, las drogas o los celos quienes maltrataban, que esta vida era de lágrimas, pero en la otra dios dirá…

El silencio ha escrito las páginas de la violencia de género, nunca tantas palabras calladas dijeron tanto, ni nunca el aire fue tan opaco e impenetrable. Cada palabra abría una vía de esperanza, pero luego llegaban los silenciadores que las apagaban para ocultarlas entre las sombras del hogar, de manera que nadie pudiera ver lo que todo el mundo sabía. De este modo silencio e invisibilidad formaron la sociedad anónima que hoy tenemos, productora infatigable de violencia de género y discriminación a partir de la materia prima de la desigualdad.

La cultura ha creado ese juego de luces y espejos para ocultar a las mujeres tras sus roles, y para mostrar su mundo a través del filtro del significado que la sociedad da a cada acontecimiento de su realidad. Esa es la razón por la que las tareas domésticas no han sido valoradas como trabajo, ni las capacidades de las mujeres admitidas como bienes comunes para la sociedad, y por ello tampoco los golpes dados por sus parejas han sido considerados como violencia… Todo ello forma parte de la normalidad que la cultura ha creado para ese escenario doméstico en el que las mujeres se desenvuelven bajo la supervisión y el control de un hombre. De ahí ese mensaje tan divino para los hombres que se lanza desde la Iglesia: "cásate y sé sumisa", o lo que es lo mismo, "cásate y somete", en versión original masculina. De este modo, ellas se ganan el cielo y ellos la Tierra, porque el mejor paraíso siempre ha sido el terrenal.

La situación está tan normalizada que los estudios sociológicos sobre la realidad de la violencia de género realizados desde el Ministerio de Igualdad, reflejan que la mayoría de las mujeres que sufren esta violencia no denuncia (78%). Los motivos principales para no hacerlo, según lo entiende la propia sociedad, son el miedo (el 61% así lo cree) y la vergüenza (19%). Podrían sacarse muchas conclusiones, pero ¿qué clase de sociedad tenemos para además de dar cabida a la violencia de género, hacer que las mujeres que la sufren callen por miedo y por vergüenza?

Las palabras están presentes en la violencia de género, es la respuesta de las mujeres cuando se les pregunta si acudirían a alguien tras sufrir estas agresiones: el 49% se lo diría a un familiar y el 8% a una amiga. Por lo tanto, hay palabras, también signos producidos por los golpes, y muchas evidencias que revelan el maltrato, sin embargo permanece invisible debido al efecto de quien impone el silencio para que los trapos sucios manchados con la sangre de las mujeres maltratadas se laven en casa.

Esa ha sido su táctica a lo largo de la historia, ocultar la realidad de la violencia de género para presentar lo invisible como inexistente.

La estrategia se completa cuando luego se justifican aquellos casos de violencia que por sus características o circunstancias traspasan la barrera del silencio y llegan a los ojos de la gente. Entonces es el alcohol, las drogas o los trastornos mentales lo que causan la violencia, cuando no es la propia mujer la responsable. Es lo que afirma el 34% de la sociedad al considerar que las mujeres que son maltratadas frecuentemente son culpables por no dejar la relación; para esa gente nada importa el silencio impuesto, la complicidad callada de los entornos, el miedo que genera el violento, el daño emocional que acompaña a los golpes, la distancia a la que se ve la sociedad cuando se vive en una isla hundida…

Por eso el machismo quiere el silencio a gritos y el posmachismo lo reivindica, de hecho, el acontecimiento que revolucionó la actitud de la sociedad ante la violencia de género fue la respuesta al asesinato de Ana Orantes. Una respuesta que abrió las primeras grietas en el muro levantado por la cultura violenta de la desigualdad, y por las que se colaron las palabras que empezaron a iluminar las oscuras sombras de los violentos, y su idea del “todo queda en casa”.

Por eso ahora piden volver al silencio, no hay nada más que ver sus tuits y comentarios. No quieren que hablemos de desigualdad y de violencia de género. Quieren que no escribamos blogs, ni libros, ni tuits… que callemos para hacer del eco ausente la demostración de su mentira. Ellos (y ellas), en cambio, sí pueden continuar imponiendo valores, conductas y palabras a través de blogs, tuits y libros… Por eso quienes nunca se habían preocupado de la violencia de menores, hombres, ancianos… ahora hablan de ellas, no porque les importen, sino para que no se hable de violencia contra las mujeres. Quieren mantener sus privilegios y para ello necesitan la desigualdad; y la desigualdad sólo se pueden mantener por medio de la violencia.

Los mismos estudios el Ministerio de Igualdad revelan que sólo un 0’7% de la población no ha oído hablar nunca de violencia de género, es decir, el 99’3% sí sabe de esta violencia, sin embargo, la respuesta generalizada ha sido el silencio.

Para el posmachismo “el camino se hace al desandar” y la mejor palabra es la que no se dice… Así todo continúa en silencio y en el mismo lugar.

“Por mis cojones”

HOMBRES VIOLENTOS“Esa no se iba a salir con la suya… Por mis cojones que si me dejas te mato, le advertí…” Fue lo que me dijo un maltratador, ya detenido, después de haber cumplido con su palabra…

Cuando se pierde el nexo de causalidad de las cosas la sorpresa se presenta como resultado, y el resultado se interpreta como un accidente, lo cual es un error. 

Los hombres asesinan a las mujeres porque dentro de la relación crean una convivencia basada en la violencia; y crean esa violencia porque su masculinidad los lleva a entender que ellos, como hombres, deben hacerse respetar e imponer el criterio que consideran más adecuado; y piensan de ese modo por una cultura construida sobre la desigualdad que ha situado a los hombres y lo masculino como referencia universal, y a las mujeres sometidas a sus dictados y órdenes. Por lo tanto, si de verdad se quiere acabar con los homicidios y la violencia de género hay que trabajar, y mucho, para romper con esa identidad en los hombres que lleva a la violencia como forma de conseguir sus objetivos.

Para estos hombres, la violencia no sólo les ayuda a imponer su voluntad, sino que además al hacerlo de ese modo los convierte en “más hombres”, por eso asumen las consecuencias de su conducta criminal y se reivindican como hombres al entregarse de forma voluntaria (aproximadamente el 74% lo hace) o por medio del suicidio (un 17% lo comete tras el homicidio).

Los homicidios por violencia de género ya no sorprenden a nadie, seamos sinceros, sólo hay que ver el poco espacio que ocupan en la agenda política e informativa cuando se produce un caso, para entender que, tristemente, la realidad es así. Sólo cobran interés cuando la forma de llevarlo a cabo es especialmente dramática, porque se mata también a un hijo o a una hija, o porque se producen varios homicidios en pocos días. Entonces de nuevo el silencio y el murmullo de fondo se transforma en gritos que preguntan, ¿qué está pasando?, como si tuviera que pasar "algo especial” para que un hombre decida matar a “su mujer” después de llevar siglos haciéndolo. 

Por eso tampoco es casualidad que se olvide que cuando se habla de 5 mujeres asesinadas, de lo que se está hablando es de 5 hombres que asesinan a las mujeres con las que compartían una relación de pareja, y que cuando aparece una información que recoge que “700 mujeres han sido asesinadas en los últimos 10 años”, lo que en verdad dice esa noticia es que 700 hombres han asesinado a esas mujeres. La clave está en la conducta violenta de los hombres y en la cultura que los ampara antes de llegar al homicidio. El grado de “colaboración” entre la cultura y los violentos es tan estrecho, que en el mientras tanto que va de homicidio a homicidio se sigue con el ataque y cuestionamiento de las mujeres a través de mitos como el de las “denuncias falsas”, la violencia que ellas ejercen, la instrumentalización del sistema para obtener beneficios… sin que nada ocurra ni el silencio cómplice se rompa. Es  lo que hace el posmachismo falseando o inventando datos.

La sociedad está cambiando, pero los cambios no están siendo los mismos en los hombres y las mujeres. Las mujeres lideran unos cambios que rompen con ese corsé de roles y espacios que les impedía incorporarse en igualdad a la sociedad y disfrutar de libertad e independencia.  por el contrario, los hombres no cambian y permanecen en esa idea de que “su mujer” debe hacer lo que se espera de ella, es decir, ser ante todo una “buena esposa, madre y ama de casa”. Y cuando intentan imponer ese criterio y la mujer no lo acepta, recurren a un mayor grado de violencia, y cuando este aumento de la violencia también fracasa y la mujer decide no continuar con la relación, se entra en la zona de riesgo del homicidio. Y cuanto más acostumbrados estén los hombres a razonar "por mis cojones", mayor será el riesgo.

Todos estos elementos están en la raíces de la violencia de género y los homicidios, por ello hay que abordarlos desde todos los frentes, pero de manera muy directa rompiendo con esa imagen de “más hombre” que la cultura ha creado para el violento. Hay que hacerlo con concienciación, con recursos para que las mujeres puedan salir de la violencia y con educación para prevenir y evitar la construcción de esas identidades violentas… Justo lo que no se está haciendo.

El precio de la libertad de las mujeres no puede ser la muerte, ni el de la vida la sumisión.

La violencia no tiene género. El género sí tiene violencia

GENERO - VIOLENCIAQuien no quiere cambiar una realidad ventajosa utiliza una doble estrategia de efecto exponencial, por una parte la niega y por otra la difumina… y entre lo que borra y lo que emborrona permite que la vida continúe en la zona gris y sombría del desconocimiento, para así mantener sus privilegios.

Es la forma de no posicionarse frente a una realidad concreta con la apariencia de que se está en contra de ella… Imaginen las siguientes respuestas ante las preguntas que se hacen: ¿Qué le parece la guerra de Siria?… Todas las guerras son malas. ¿Qué le parece el problema del SIDA?… Todas las enfermedades son terribles. ¿Qué le parecen las muertes por accidente de tráfico?. Todas las muertes accidentales son tristes… Sería absurdo intentar ocultar una realidad concreta, con sus causas y sus características específicas, en una generalidad con la que comparte el resultado y el marco conceptual, pero que es completamente diferente en sus circunstancias, pues aparte de esconderla no se resolvería jamás…

Pues bien, ante la situación de la violencia de género, con más de 700 mujeres asesinadas por los hombres con quienes compartían su relación en los últimos diez años, y con 600.000 casos de maltrato al año, el posmachismo responde que “todas las violencias son malas”.  Algo obvio, y lo hacen porque lo que busca es que no se haga nada contra la violencia que sufren las mujeres, y no al contrario. Pretender presentar sus ataques a las medidas dirigidas a erradicar la violencia de género como una reivindicación para que se adopten medidas contra todas las demás violencias, al tiempo de insinuar que no las hay, es una falacia. Y lo es, primero, porque para hacer algo contra otras violencias no exige dejar de hacer contra la violencia que sufren las mujeres, y segundo, porque no proponen nada, sólo que se acabe con la Ley Integral.

Ahora bien, no todo puede beneficiarse de esta estrategia del “borrar y emborronar”. Está claro que si alguien intentara negar hoy, por ejemplo, los accidentes de tráfico, los problemas de la situación económica, el envejecimiento de la población… no lo iba a tener fácil, aunque lo intentara. La “estrategia de la negación y confusión” funciona con situaciones estructurales que han formado parte de la “normalidad” histórica de la sociedad, de aquello que se entendía propio de determinadas circunstancias habituales y promovidas desde la misma organización social, y además, funciona cuando a través de esa estrategia se defienden y reivindican determinados valores, no cuando se busca reordenar u organizar de otra manera determinadas cuestiones formales.

Por eso desde las posiciones clásicas de una sociedad desigual estructurada sobre las referencias masculinas, y asignando a los hombres esa capacidad de interpretar y dar significado a la realidad, y de manera muy especial a la posición, comportamiento, conductas y actitudes de las mujeres, o lo que es lo mismo, desde la desigualdad y el machismo, cuando se habla de violencia de género lo que se pretende es buscar esa confusión esencial para que no haya reacción social ni respuesta institucional ante ella, y así permanecer en esa desigualdad que tanto bien les ha hecho a algunos hombres y tantos privilegios les ha dado a todos.

“La violencia no tiene género” dicen, y es cierto, lo hemos comentado, repetido y escrito multitud de veces (http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/04/mujeres-asesinas.html), aunque el posmachismo no le interesa mostrar cómo desde la igualdad se rechaza y condena todo tipo de violencias. Algo muy diferente y, precisamente, lo que quieren borrar y emborronar es que “el género sí tiene violencia”. 

La construcción cultural de lo que significa ser hombre y mujer en cada contexto social, es decir, lo que se espera de cada hombre en cada lugar a través de su comportamiento y actitud, y de cada mujer en esos mismos términos, aquello por lo que los hombres son reconocidos o cuestionados como hombres y las mujeres como mujeres, que es lo que conforma el “género”, es lo que ha atribuido una serie de funciones a los hombres que llevan a decidir qué es lo correcto dentro de sus relaciones de pareja y familia, y a corregirlo cuando se desvía o no se cumple, recurriendo incluso a la violencia, es decir, a la violencia de género. Esta construcción cultural aplicada a la sociedad es la que permite decir a las mujeres que sufren la violencia aquello de “mi marido me pega lo normal”, a un arzobispo lo de “cásate y se sumisa”, al Tribunal Supremo sentenciar que “si una violación es habitual, no es violación” (http://blogs.elpais.com/etiqueta-roja/2013/05/violacion.htmlo a un grupo musical hacer una canción y un video banalizando el femicidio (http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/01/los-tres-errores-a-propósito-de-hey-hey-hey-del-grupo-chileno-los-tres.html).

Y todo ello, en lugar de dar lugar a una revolución y a la insumisión ciudadana, lo que hace es reforzar esa normalidad construida sobre las referencias de lo que significa ser hombre y ser mujer. Es decir, la construcción de los géneros desde la visión androcéntrica de una cultura desigual basada en la imagen de los hombres.

Estas circunstancias y características son las que dan lugar la violencia que sufren las mujeres a manos de los hombres en la sociedad y dentro de las relaciones de pareja o familia, o sea, la violencia de género. No a otras violencias, y mucho menos la violencia que sufren los hombres a manos de las mujeres, ni las que padecen los niños y niñas o los ancianos a manos de hombres y  mujeres. Nadie dice “mi mujer me pega lo normal”, ni se escriben libros dirigidos a los hombres titulados “cásate y sé sumiso”. 

Al posmachismo no le interesa nada de esto, como no lo ha interesado nunca al machismo las violencias que sufrían menores, ancianos y hombres, puesto que respondían a un criterio de “ordeno y mando” impuesto desde su modelo basado en una estructura jerarquizada sobre el poder.

Nunca han propuesto nada para acabar con las otras violencias, y tampoco con la violencia que sufren los hombres,  que  es producida mayoritariamente por otros hombres, no por las mujeres. Lo único que plantean es acabar con los instrumentos e iniciativas que la sociedad española se ha dado para acabar con la violencia que sufren las mujeres, especialmente con la llamada Ley Integral contra la Violencia de Género, que recordemos fue aprobada por unanimidad en el Parlamento, lugar donde reside la soberanía popular.

A ellos les da igual, dicen que es inconstitucional, aunque el Tribunal Constitucional ha dicho que es constitucional, dicen que produce el 90% de denuncias falsas, cuando la Fiscalía General del Estado establece que representan el 0’01%, dicen que detienen a los hombres injustamente, cuando en ninguno de sus artículos habla de detenciones tras las denuncia… Y callan que el 80% de las mujeres que sufren violencia por sus parejas no denuncia, y que el 80% de las mujeres asesinadas tampoco había denunciado a pesar de que la violencia era tan grave que terminó en el homicidio de la mujer, y que el 20% de las mujeres asesinadas, a pesar de denunciar (algunas hasta 11 veces) no obtuvo una protección suficiente y también fue asesinada.

¿Ustedes creen que todo eso va contra los hombres en general, o lo hace contra los hombres violentos? ¿Ustedes creen que callar ante esta violencia, mirar para otro lado o mezclar todas las violencias para que no ser resuelva ninguna es querer a los hombres? ¿Ustedes creen que establecer medidas para que los hombres violentos no puedan someter, maltratar y poder llegar a matar a las mujeres con las que conviven, y en ocasiones a sus hijos e hijas, es odiar a los hombres?… 

Yo sinceramente creo que no. Creo que acabar con la violencia de género y con las circunstancias que llevan a los hombres a entender que su uso está justificado  es querer a los hombres y querer una sociedad donde la convivencia se base en la paz y en el respeto, o lo que es lo mismo, en la Igualdad.

Y todo ello es compatible con el resto de medidas dirigidas a cada violencia, como lo es realizar campañas contra el cáncer de pulmón y otras contra el infarto de miocardio, sin que nadie se sienta discriminado; o como lo es realizar campañas contra los accidentes de tráfico y otras contra la siniestralidad laboral….

Nadie se queja de esas iniciativas, el posmachismo, es decir, la visión camuflada del machismo, sólo se queja cuando las medidas se dirigen a las mujeres, aunque el problema les afecte a ellas. Su visión de la posición que ocupan las mujeres no sólo refleja que no les importan mucho como personas, sino que no las ven como parte de la sociedad, puesto que si se resuelve un problema grave que afecta al 50% de la sociedad, es la propia sociedad la que mejora y gana. 

Pero ellos como siempre a lo suyo, es decir, sólo a lo suyo…

Mis adorables machistas no van al gimnasio

TUITS--2
En un año he pasado de “gilipollas” a “sinvergüenza, pos-capullo y estúpido”… no va mal la cosa entre mis “per-seguidores” que tanto me aprecian, una evolución en su actitud muy significativa y propia de un posmachismo que cada vez se parece más a su padre, el machismo. 

Y qué le vamos a hacer, ellos son así de cariñosos, por eso, tal y como escribí hace casi un año, son adorables, “mis adorables machistas”  http://blogs.elpais.com/autopsia/2013/02/mis-adorables-machistas.html

La situación demuestra que quién envaró en el curso del tiempo cada día está más lejos de una realidad que ya no saben si la recuerdan o la imaginan. Quizás por ello en estos momentos en los que el paso de los días se convierte en tránsito a un nuevo periodo, los remordimientos hacen aflorar su consideración hacia todo ese cambio climático en los valores de la sociedad, responsable de la disminución del caudal de la desigualdad y de que hayan envarado muchas de las naves cargadas de privilegios que iban cauce abajo.

La actitud agresiva y violenta que muestran en sus comentarios y tuits puede tener dos explicaciones, una propia de este cambio de año y otra derivada del cambio social. Demasiados cambios para quienes no quieren cambiar.

El cambio de año conlleva en la mayoría de las personas nuevos propósitos, entre los que no faltan el “dejar de fumar” y el “apuntarse a un gimnasio” para perder esos kilos de más. Lo que se deduce de ese incremento repentino de los ataques e insultos que he recibido estos días, es que mis “adorables machistas” han decidido llevar unos hábitos de vida más saludables, lo cual están muy bien, y que han dejado de fumar. El problema es que les ha generado un incremento de la ansiedad, y como por lo visto no han querido apuntarse al gimnasio, han decidido quemar su agresividad atacándome a mi y a otras personas que defendemos la Igualdad.

Y no está mal la cosa, mientras que la paguen con nosotros seguro que no le hacen pagar a nadie más.

El otro cambio que no puede asumir quien permanece envarado en el curso de un tiempo que no para de avanzar es la transformación social. Y este cambio es el que más les duele y molesta, puesto que es una transformación liderada por las mujeres y dirigida hacia la igualdad, o lo que es lo mismo, a la desaparición de los privilegios masculinos.

Las mujeres ya no son las esposas sumisas, ni las ciudadanas que miraban por la ventaja a ver si algún hombre se acercaba para sacarlas del hogar paterno y llevarlas a otro. Las mujeres han demostrado su capacidad en cualquier ámbito y han empezado a estar presentes en todos los espacios que le habían sido negados por esa cultura hecha a imagen y semejanza de los hombres. Y con todos estos cambios no sólo están mostrando sus capacidades, sino que están demostrando la injusticia de una desigualdad histórica que les había negado esas oportunidades, simplemente porque eran mujeres y porque muchos hombres así lo habían decidido.

Y claro, quien están acostumbrado a la imposición y violencia, cuando percibe el problema y la rebelión de las mujeres, pues recurre a su lenguaje habitual: la violencia. Es lo que ha pasado en nuestra sociedad. Según las Macroencuestas de 2006 y 2011 (los estudios sociológicos más amplios sobre la situación de la violencia de género en nuestra sociedad), desde 2006 a 2011, en los años con más campañas de sensibilización, con más conciencia crítica en la sociedad, con más recursos, más ayudas, más información… para combatir la violencia de género, el número de mujeres maltratadas ha pasado de 400.000 al año a 600.000. Podría parecer una contradicción, pero no lo es, todo lo contrario, es el claro reflejo de esta transformación social  liderada por las mujeres y de la resistencia de muchos hombres.

Las mujeres no están dispuestas a vivir el control, limitaciones, restricciones y la violencia que muchos hombres les imponen en sus relaciones, y han dicho ¡basta!. Pero ellos, en lugar de aceptar que las cosas ya no son como eran, lo que hacen es usar más violencia para imponer esa visión de la relación, de la familia, de la sociedad, de la vida. Ellas intentan que ellos cambien, pero ellos imponen que ellas no cambien.

La respuesta de las mujeres es la salida de esas relaciones. La mayoría de ellas, un 73% según la Macroencuesta de 2011, salen por medio de la separación y  sin denunciar la violencia que han sufrido.

Y muchos hombres no soportan esta iniciativa de las mujeres y su posicionamiento, por eso el posmachismo ha brotado en este ambiente de cambio para intentar confundir y tomar las riendas de una igualdad desbocada. Y por ello, en lugar de entender que la inmensa mayoría de las mujeres que sufren la violencia de género no denuncia a los hombres que la ejercen, lo que dicen es que las mujeres que denuncian lo hacen falsamente… ¡Llegan a afirmar que el 90% de las denuncias son falsas… cuando la Memoria de la Fiscalía General del Estado ha presentado que sólo han sido el 0’01%, y si nos limitamos a las condenas que demuestran que en realidad hubo tal denuncia falsa, el porcentaje es del 0’0045%! (http://www.europapress.es/sociedad/noticia-denuncias-falsas-violencia-genero-son-cada-cien-20100921131449.html)

¿Creen que bastan estos datos para que tomen conciencia de la realidad?… En absoluto, si su posición fueran producto del conocimiento y la razón serían suficientes, pero ellos reivindican valores y una identidad determinada para los hombres y las mujeres, y eso no se mueve en el plano de la razón. Según el posmachismo, y pueden leer los tuits que me dedican (@Miguel__Lorente https://twitter.com/i/connect), todo forma parte de un complot del “feminazismo” que ha conseguido que la Fiscalía General del Estado, el Consejo General del Poder Judicial, la Policía, la Guardia Civil, la Medicina Forense, las Administraciones, el CIS como autor de la Macroencuesta de 2011… que todo el mundo esté en contra de ellos…

No deja de tener gracia que “las mujeres y el feminismo” sean capaces de aglutinar a todas las instituciones del Estado para ocultar las denuncias falsas, y apenas sean capaces de hacer que se corrija algo la desigualdad, que se proteja a las mujeres en situación de riesgo por violencia de género, que se les den recursos para que puedan salir de ella, que no se modifique la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que no se cambie la ley de educación en la que se promueve la igualdad… Nada de eso pueden conseguir, pero sí poner a todo el Estado en contra de la teoría posmachista de las denuncias falsas… Absurdo, ¿verdad?. Pues es lo que plantean.

Quienes ahora critican las medidas para promocionar la Igualdad y corregir la desigualdad, y dicen que por qué una ley sólo para la violencia de género, que por qué las custodias se las dan mayoritariamente a las madres, que todo va contra los hombres… son los mismos que nunca han hecho nada para cambiar la realidad de la desigualdad que vinculaba a las mujeres con la maternidad, con la sumisión, con la “normalidad de la violencia”… Y nunca han hecho nada porque hasta hace muy poco no lo han necesitado, pero ahora que la sociedad ha comenzado a transformarse gracias a las mujeres (y a algunos hombres), ponen el grito en el cielo ante el cambio de panorama. No les importan las otras violencias, ni nada relacionado con los problemas de la desigualdad… lo que les molesta es que los cambios liberen a las mujeres de su identidad y roles tradicionales, puesto que los deja en evidencia. 

Si en verdad les importara no harían planteamientos en negativo: “no a la Ley Integral”, “no a las propuestas de igualdad”, “no al feminismo”, “no a las denuncias por violencia hacia las mujeres”, “no a las personas que trabajan por la equidad”… Si les importara algo lo que en teoría defienden harían planteamientos en positivo: “sí a la Ley integral contra la violencia de género y sí a otra ley que aborde otras situaciones de violencia”, “si a la igualdad y sí a cuestiones relacionadas con los hombres y que son consecuencia de la desigualdad”, “sí a las personas que trabajan por todo ello”…

Pero no les importa nada excepto su propia situación y privilegios.

El incremento de la agresividad y violencia del posmachismo se debe a la influencia de los cambios en quien no está dispuesto a cambiar, lo cual les produce una especie de vértigo que les lleva a arrojar muchas de las palabras que dicen.

Imagino que continuarán “per-siguiédome” e inventarán más curriculum sobre mi, hablarán de mis hermanos, que mis amistades son peligrosas… imagino que mis próximos amigos, ante el poco efecto de los que me han conseguido, los buscarán entre algún narcotraficante o directamente con alguien de Al-Qaeda (en 1985 y en 2010 estuve en Egipto, por si les viene bien establecer algún vínculo), y que seguirán con sus insultos… 

Tal como les dije el año pasado, gracias. Difícilmente podría explicar lo que significa la desigualdad y las resistencias a la igualdad real sin su colaboración.

 

PD. Todos los tuits y sus autores están en mi cuenta de Twitter, como entenderán, no les voy a dar publicidad en este blog.

“Miss Andria”

MISS ANDRIAComo si fuera un concurso de belleza de esos que tanto les gustan para mantener las tradiciones y el ego, y para retener a las mujeres dentro de su estereotipo, no sólo en su tipo, además de tomar las medidas de siempre, entre otras las famosas 90-60-90 (para que luego digan en el informe de la OCDE que los españoles no saben matemáticas ni de cálculos), los posmachistas no paran de ampliar su campo de acción e influencia con esa estrategia que ya hemos explicado en otros posts. Y para ello insisten mucho en presentar a los hombres como víctimas de la “conspiración jodida-feminista” (también conocida como “feminazista” o “hembrista”), pero al comprobar que no es suficiente buscan el ataque directo a las personas que defendemos la igualdad, de manera muy especial a los hombres que lo hacemos.

El machismo y posmachismo siempre han tenido fácil la crítica a las mujeres, de hecho si no hubiera sido así no estaríamos reivindicando la Igualdad en estos finales de 2013. Para ellos las mujeres “o eran tontas o eran malas”, les bastaba con desacreditarlas en lo personal hablando de su incapacidad, y en lo social al decir que pretendían acabar con la familia, los hombres… o al plantear que buscaban un interés personal para conseguir a través de ayudas lo que no eran capaces de conseguir “en igualdad” con los hombres. De este modo sus críticas bloqueaban parte de las acciones y propuestas que se hacían desde los movimientos de mujeres, y todo seguía como siempre.

Pero eso de que haya hombres que reivindiquen la Igualdad y trabajen por ello y en contra de las manifestaciones de la desigualdad, entre ellas la violencia de género, les produce mucha inquietud y ansiedad al romper su principal argumento, ese que dice que todo es una estrategia de las mujeres para quitarle cosas a los hombres. Por eso arremeten con tanta intensidad contra nosotros, y de manera muy especial contra mí, quizás por llevar muchos años en esta lucha y por trabajar desde la ciencia y con la palabra para poner en evidencia sus mentiras y estrategias. Los ataques que recibo de mis “per-seguidores” están ahí escritos en los comentarios de este blog y en Twitter, y aunque siempre lo he dicho, vuelvo a repetir que son la mejor ayuda que puedo tener al demostrar con sus intervenciones lo que explico en mis textos. 

Y como ven que su estrategia no tiene repercusión más allá del eco en las paredes de sus propios ambientes, tratan de ir un poco más lejos en esos ataques y críticas. En el fondo se hablan a sí mismos a través de mensajes dirigidos a otros, como en las sectas o en los grupos cerrados, que cada uno intenta demostrar a los demás que es el más fiel, el más leal, el más convencido… y como no tienen forma de hacerlo dentro del propio grupo dada la vacuidad de sus planteamientos, lo hacen atacando a los de fuera.

Entre los calificativos que me han dirigido buscando el doble efecto de la crítica y del victimismo masculino, está el de misándrico, para transmitir el mensaje de que mis planteamientos parten de un “odio a los hombres” y que me mueve el sectarismo.  Y no deja de ser gracioso e ilustrativo de su desorientación que recurran a este tipo de argumentos. Les adelanto que por mí pueden seguir utilizándolo y buscar nuevos adjetivos e intereses ocultos en lo que hago, seguro que aportaran más luz a mis explicaciones y que quedarán más en su estrategia .

Ya he recogido en más de una ocasión que no tengo nada contra los hombres, incluso lo he escrito en un post de manera específica ("Nosotros los hombres") y lo he repetido en numerosas ocasiones, pero una vez más me dan la oportunidad de poner en evidencia sus ideas y valores.

No deja de resultar curioso que hablen de “odio a los hombres” quienes defienden la identidad histórica de los hombres que lleva a la violencia contra las mujeres, contra los niños y niñas, contra los ancianos, contra otros hombres… que justifiquen la hombría que hace que la inmensa mayoría de hombres asesinados lo sean por otros hombres, eso sí, muy machos. Que amparen que mujeres y niñas sean violadas en todo el mundo, que sean asesinadas a manos de sus propios padres porque han “deshonrado a la familia”, que sufran mutilaciones genitales para mantener la “traición” de su cultura. Que quieran a unos hombres que pasean el ser machos por prostíbulos, aceras y cunetas, y que se crean superiores por pagar por sexo a otros hombres que trafican con ellas y las explotan sexualmente, o que no digan nada de los hombres que explotan a otros hombres también víctimas de trata. Yo no quiero esa masculinidad ni esos hombres, no los odio, pero no quiero esa identidad para mis hijos ni para ningún hombre.

Y sorprende que los posmachistas minimicen a los hombres que con “su personalidad, criterio y profesionalidad” abusan de sus trabajadores y trabajadoras, que engañan al que se acerque a ellos para sacar más beneficios, que no les importen los problemas mientras no les afecten, que destruyan la naturaleza para siempre por unos euros para hoy. Insisto, yo no quiero esa masculinidad ni esos hombres, no los odio, pero no quiero esa identidad para mis hijos ni para ningún hombre.

Y no quiero una identidad “made in macho” que ha alejado a los hombres del cariño, del afecto y del ejercicio responsable de la paternidad. Que les ha dicho que un buen sentimiento es el que no se muestra, que les repite que los hombres no lloran, que llorar es de niñas, ni una conciencia que les susurra que las emociones revelan debilidad. Una identidad que lleva a los hombres a una carrera hacia la meta de la frustración y la soledad por la vía del materialismo y del reconocimiento hueco… Una identidad que hace de los hombres olvido para sólo recordar sus “obras”.

Sinceramente, creo que es el posmachismo y el machismo quien odia a los hombres. Es el machismo y el posmachismo el que utiliza a los hombres y su identidad para defender unos privilegios cargados de ideología y de poder, de ventajas y de beneficios en lo inmediato y material, pero que sólo genera desengaños.

Y como no quieren enfrentarse a esa realidad definida por una cultura patriarcal y androcéntrica, juegan con sus estrategias para generar la confusión, la duda, la distancia y la pasividad. Que nada ni nadie se mueva para que todo siga igual.

Quizás por ello sus argumentos son cada vez más simples y muestran cada vez más su impotencia. Ya es típico del posmachismo coger un argumento y darle la vuelta pata intentar volverlo en contra, pero la torpeza los lleva a creer que cuando hablamos de Igualdad como un valor y de Derechos Humanos estamos hablando sólo de mujeres, como si los hombres no se beneficiaran de la Igualdad, y que cuando hablamos de cultura como el escenario de conocimiento y significado creado sobre la referencia de los hombres sólo hablamos de ellos, dejando al margen a las mujeres que han crecido en esa misma cultura y que asumen sus mandatos como parte de su identidad. 

A partir de ese desconocimiento profundo de la realidad que planteamos, su estrategia es tan pueril que cuando se produce un caso de violencia de género su argumento es que "también hay casos de violencia ejercida por mujeres", y como alumnos aplicados se ponen a buscar alguno de ellos, aunque sea de hace años o de países lejanos, lo importante es el efecto de contrarrestar la realidad de la violencia de género y crear esa confusión que necesitan. Del mismo modo, como ha ocurrido estos días atrás, cuando se critica la forma de abordar los homicidios machistas por algunos medios, ellos buscan un titular similar en el que la víctima sea un hombre, creyendo que el significado de la realidad viene en la literalidad de la frase y no en el contexto, y en lo que se refuerza o contrasta con las palabras. Para ellos sería igual un titular que dijera “Un marroquí roba una joyería” que otro que recogiera “Un vecino de Getafe roba una joyería”, argumentado que los dos hacen referencia al origen de la persona que comete el robo, y obviando que el primero refuerza los sentimientos racistas y xenófobos que existen en la sociedad.

Todo ello es reflejo de su desconocimiento, de su impotencia y de la rabia que les produce el que se vayan desenmascarando situaciones que hasta ese momento beneficiaban a sus posiciones.

No creo que ellos quieran a los hombres, quizás se quieren mucho a sí mismos, pero no a otros hombres.

Lo dicho, yo no quiero la masculinidad que ellos defienden ni que los hombres la ejerzan, no los odio, pero no quiero esa identidad para mis dos hijos ni para ningún hombre.